 Sonetos del siglo XV al XVII
 Prólogo
Todos los poetas que figuran en esta Antología están por haber escrito sonetos y pertenecen a la época llamada del «Siglo de Oro».
En ella se encuentran algunos que consiguieron tanta fama como los Lope, Quevedo, Góngora y un largo etc., pero que no fueron capaces de superar el paso de los siglos. Algunos por el olvido de aquellos que pudieron o por envidia de los que teniendo los manuscritos los ocultaron o destruyeron.
Aquellos que consiguieron dedicación aparte de esta Antología, algunos no lo fueron por su calidad, sino por la cantidad de sonetos que produjeron y que me permitió hacerlo individualmente.
Sin embargo, el objetivo más importante de esta Antología es dar a conocer la gran cantidad de poetas que acompañaron a los más famosos, unos siendo muy apreciados entre sus propios colegas y otros porque fueron capaces de alcanzar en aquella época la fama.
Desde el poeta que se supone escribió el primer soneto, hasta el último del siglo XVII, es fácil encontrarlos en esta Antología.
Para mayor comodidad se ha estructurado el índice de esta Antología por autores. Los que no están incluidos en esta obra, es fácil encontrarlos en capítulo individual dada la cantidad de sonetos que tiene cada uno de los que aquí no figuran.
Al margen de encontrar a la mayoría de todos los poetas que figuran en esta Antología en los libros publicados entre los siglos XVI y XVII, también han sido muchos de ellos encontrados en las comedias de algunos autores dramáticos, que siguiendo la norma de Lope de Vega incluían algún soneto en sus comedias.
Desde los Reyes que reinaron en esta época (Felipe II, Felipe IV); Cardenales, Obispos y Canónigos, hasta los más infortunados escritores, todos han dejado como legado literario de su época algún soneto.
Muchos de los sonetos que empiezan y acaban por el mismo endecasílabo, es debido a un concurso de sonetos que organizó Lope de Vega, para conmemorar las fiestas del Santo Patrón de Madrid, San Isidro. Ejemplo:
Empiezan: «Los campos de Madrid, Isidro santo...»
Acaban: «sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.»
También se encuentra recogido en este trabajo el primer soneto que se conoce dedicado al soneto, de Baltasar de Alcázar.
Este trabajo es el fruto de haber dedicado toda una vida a recoger sonetos para mi «Biblioteca del soneto» de todos los tiempos. Y aunque la época moderna ha dado grandes sonetistas, el Siglo de Oro tiene sin dudar los mas grandes especialistas del género.
Muchos de los sonetos de esta Antología están dedicados a Lope de Vega o al Doctor Juan Pérez de Montalbán. No deben de sorprender al lector ya que los dos tenían una verdadera corte de admiradores entre los poetas de su tiempo.
Como final diré que en esta Antología figuran poetas de todos los sitios del mundo donde el castellano es usado como herramienta de comunicación entre los seres humanos, tanto españoles como de los pueblos al otro lado del océano que hablan nuestra misma lengua.
 Abarca de Bolea, Ana
Casbas de Huesca. Huesca. 1623 - Fines del siglo XVII Religiosa.
Soneto a la muerte del príncipe Baltasar
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| Lapidario sagaz, duro diamante | | | | labra, resiste firme al golpe fiero, | | | | tíñelo en sangre y pierde aquel primero | | | | rigor a la labor menos constante. | | |
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| Contra Carlos el mal no era bastante, |
5 | | | que queda al golpe cual diamante entero, | | | | tíñelo en sangre amor, y el mal severo, | | | | sujeta con amor aun hijo amante. | | |
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| El mal lo agrava y el amor lo aflige, | | | | aquél pide remedio, éste no tiene, |
10 | | | y quien conoce aquél a éste no alcanza. | | |
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| No rige el mal, que amor de madre rige, | | | | y Carlos por amor a perder viene | | | | la vida en flor, y España la esperanza. | | |
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 Abarca de Bolea y Castro, Luis
Huesca. Siglo XVII Poeta. Marqués de Torres, Conde de las Almunias, Caballero del Hábito de Santiago.
| Tus brillantes, y tersas narraciones, | | | | han de ser de los Doctos aplaudidas, | | | | porque están con ornato enriquecidas, | | | | de rumbosas, y agudas locuciones. | | |
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| Con armonioso adorno las compones, |
5 | | | dándoles de conceptos dulces vidas, | | | | donde contemplo con primor unidas, | | | | Humanas, y Divinas atenciones. | | |
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| Galán a un mismo tiempo, y entendido, | | | | fertilizas del Ebro las corrientes, |
10 | | | dejándole tu Lira suspendido. | | |
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| Vive Feliz, edades Excelentes, | | | | y exento de los riesgos del olvido, | | | | tus prendas le veneren, Eminentes. | | |
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A Alonso Pérez, padre del doctor Juan Pérez de Montalbán
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| Virtud ha sido tuya, que mejora | | | | el dolor que de Padre experimenta | | | | este afecto que próvido calienta | | | | una ceniza que lo fue a deshora. | | |
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| Cuando la noche vale por Aurora, |
5 | | | corrida está la educación atenta, | | | | y al ejemplo sintiéndose violenta | | | | la juventud desprecia lo que ignora. | | |
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| Aunque te admito con semblante ajeno | | | | de los que el alma no reparte enojos, |
10 | | | bebiéndose hasta el último veneno. | | |
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| No siente los cordeles menos flojos | | | | el ansia impía de un sufrir sereno, | | | | que no llora el valor hacia los ojos. | | |
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 Acevedo, Alonso de
Plasencia. Cáceres. 1550 - Siglo XVII Fue canónigo en Valencia. Poeta que en 1615, en Roma, hizo este soneto en alabanza a Jáuregui por su traducción de la Aminta de Tasso.
| Nació, junto al Erídano abundoso, | | | | Aminta, en su ribera esclarecida; | | | | noble zagal, cuya niñez florida | | | | sintió de Amor el arco riguroso. | | |
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| Este, con Tirsis, un pastor famoso, |
5 | | | pasaba en amistad su triste vida, | | | | y en voz se lamentaba repetida | | | | con su toscano plectro numeroso. | | |
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| Mas vino de la bética ribera | | | | un joven de gallardo ingenio y brío; |
10 | | | y Aminta, por el docto sevillano, | | |
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| dejó su patria y amistad primera, | | | | y ya en el Betis, en estilo hispano, | | | | canta, olvidado de su lengua y río. | | |
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 Agreda y Vargas, Diego de
España. Siglos XVI - XVII
A Lope de Vega
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| En Hércules, Atlante el grave peso | | | | puso que el cielo sólo del confía, | | | | temiendo si en otro hombro le ponía | | | | de la pesada máquina el exceso. | | |
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| De vos puede contarse este suceso, |
5 | | | oh fértil Vega donde el cielo envía | | | | tanto divino néctar y ambrosía | | | | que tenéis al Parnaso sacro en peso. | | |
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| Las nueve hermanas y el divino Apolo | | | | teniéndoos en el mundo han descuidado |
10 | | | de mostrar su furor santo y profundo. | | |
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| Y en vos como el de Arabia único y solo | | | | el peso de sus ciencias han cargado | | | | haciéndoos un nuevo Hércules del mundo. | | |
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 Agüera, Miguel de
España. Siglo XVII Poeta.
A la muerte del doctor Montalbán
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| Este que miras bulto inanimado, | | | | con señas de mortal, siendo divino, | | | | cuyo ingenio, por claro y peregrino | | | | fue de propios, y extraños celebrado; | | |
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| este que fue de muchos envidiado, |
5 | | | postrado yace a fuerza del destino, | | | | que parece que el cielo le previno | | | | en corta edad el premio dilatado. | | |
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| Este que en vida fue de Apolo llama, | | | | y adviertes en ceniza convertido, |
10 | | | aunque eterna será siempre su fama. | | |
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| Es Montalbán, que no podrá el olvido | | | | secarse del laurel la verde rama | | | | que en sus libros las Musas le han ceñido. | | |
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A la muerte de Lope de Vega
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| Ese que admiras polvo inanimado, | | | | deshecho nudo, corazón partido, | | | | lino cortado, estambre destejido, | | | | barro para quebrar, vidrio quebrado. | | |
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| Roto edificio, alcázar derribado, |
5 | | | anegado bajel, muro rompido, | | | | seco jardín, clavel descolorido, | | | | mortal cuaderno y libro deshojado. | | |
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| Fue caja, fue depósito, fue Atlante | | | | de un diamante, que al sol hizo ventaja; |
10 | | | adora sus cenizas, caminante. | | |
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| Que aunque no está el diamante en la mortaja, | | | | mientras que no gozares del diamante, | | | | templarás el dolor con ver la caja. | | |
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 Aguilar, Gaspar de
Valencia, 1581-1623 Poeta y comediógrafo español. Acudió a la Academia de los Nocturnos con el nombre poético de «Sombra»
Soneto a San Vicente Ferrer
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(Ramillete de la Huerta de Valencia)
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| Juan ofreció el jazmín, que es el dechado | | | | de la virginidad maravillosa; | | | | Diego, menor, la trascendente rosa; | | | | Bernardo, amante, el alelí morado. | | |
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| Domingo, noble, el lirio aventajado; |
5 | | | Antonio, fuerte, la azucena hermosa; | | | | Tomás, sutil, la nepta provechosa; | | | | Lorenzo, mártir, el clavel leonado. | | |
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| Jacinto, el arrayán de su esperanza; | | | | Pablo, la maravilla de su celo; |
10 | | | Francisco, el trébol, que humildad promete. | | |
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| Con estas flores, dignas de alabanza, | | | | hizo el grande Vicente, para el Cielo, | | | | como era valenciano, un ramillete. | | |
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Soneto
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| Hurta a Abril la mano artificiosa | | | | del tiempo la hermosura soberana, | | | | y de aquellos despojos que le gana | | | | compone el rostro de Belisa hermosa. | | |
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| A sus mejillas da encarnada rosa |
5 | | | con que oscurece a Venus y a Diana; | | | | con la azucena, de su frente ufana | | | | descubre la hermosura milagrosa. | | |
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| Del tornasol le forma los cabellos, | | | | del lirio azul las venas transparentes, |
10 | | | de la alegre mosqueta los colores, | | |
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| del hermoso clavel los labios bellos, | | | | del nevado jazmín los blancos dientes. | | | | ¡Quién fuese abeja de tan bellas flores! | | |
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Soneto
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| Del sol que en vuestros ojos resplandece | | | | sale una luz que turba mi sosiego, | | | | de cuyo resplandor se engendra luego | | | | un nuevo ardor que de continuo crece. | | |
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| Cualquier de estos efectos permanece, |
5 | | | aunque yo tengo por mayor el fuego, | | | | que como ha tanto tiempo que estoy ciego | | | | tropiezo en cualquier cosa que se ofrece. | | |
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| Por eso estoy, mi Tirsi, retirado | | | | por ver que ha tropezado el alma mía; |
10 | | | pero pues no cayó, no ha sido afrenta. | | |
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| No os espantéis de verme tan postrado, | | | | porque yendo sin vos, que sois mi guía, | | | | en todo caeré sino en la cuenta. | | |
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Soneto
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| Cuando con mayor gusto florecía | | | | la fértil primavera del contento, | | | | un dulce y amoroso sentimiento | | | | el ciego amor en mis entrañas cría. | | |
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| Y es porque ha sido madre el alma mía |
5 | | | de más sublime y alto pensamiento | | | | y porque de su alegre nacimiento | | | | es que ha llegado el venturoso día. | | |
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| Y aunque de la ocasión tanto me aparto, | | | | con ser el apartarme peligroso, |
10 | | | mayor vida, señora, me segura. | | |
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| Por no morir cual víbora en el parto, | | | | del monstruo tan horrendo y espantoso | | | | que ha engendrado en mi alma tu hermosura. | | |
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A don Gaspar Mercader
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| A Cortes los Planetas se han juntado | | | | por darte, don Gaspar, blasón famoso, | | | | Júpiter, por tu bello rostro hermoso, | | | | te da el ser de los hombres respetado. | | |
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| Saturno, por tu término encumbrado, |
5 | | | te da la compostura, y el reposo, | | | | Marte, por tu semblante belicoso, | | | | te da su estoque y te lo ciñe al lado. | | |
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| Mercurio, por tu ingenio, inteligencia; | | | | Venus, por tu afición, suerte amorosa; |
10 | | | Diana, por tu honor, honra excesiva, | | |
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| y Apolo, por El Prado de Valencia, | | | | que tanto ilustras con tu verso y prosa, | | | | circuye de laurel tu frente altiva. | | |
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Al nacimiento de Cristo
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| Pues sois, Eterno Padre, el hortelano, | | | | de este guardado defendido huerto, | | | | que cultiva con orden y concierto, | | | | vuestra divina poderosa mano. | | |
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| Recibid este fruto soberano |
5 | | | del árbol de mi fe, pues sabéis cierto | | | | que es del tronco divino, que un injerto | | | | puso en el tronco del linaje humano. | | |
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| Recibidle, Señor, porque conviene | | | | que el reino oscuro de Luzbel se asombre |
10 | | | de nuestro grande eterno regocijo. | | |
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| Pues sin trocar ninguno el ser que tiene, | | | | vos vendréis a tener por hijo a un hombre, | | | | y yo vendré a atener a Dios por hijo. | | |
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Contra la gloria del amor
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| El alma que en las cosas celestiales | | | | pone su voluntad y pensamientos, | | | | tiene de amor las glorias y tormentos, | | | | como ella es inmortal por inmortales. | | |
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| Juzga ser sus efectos naturales |
5 | | | las tristezas, angustias, sentimientos, | | | | y que los gustos, gozos y contentos | | | | no pueden ser en ella temporales. | | |
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| Por gloria eterna la de amor alaba, | | | | pero cuando se parte de este suelo |
10 | | | no lleva rastro de ella en la memoria. | | |
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| Advierte al fin que aquella que se acaba, | | | | gloria no puede ser, pues la del cielo, | | | | si se acabara, no sería gloria. | | |
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A un espejo de una dama
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| En ese cristal puro y transparente, | | | | dichoso espejo contemplar pudiera | | | | la viva luz, la imagen verdadera | | | | de mi querido sol resplandeciente. | | |
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| Mas tu temida respetada frente, |
5 | | | resplandece en la luna de manera, | | | | que en mis turbados ojos reverbera | | | | con el reflejo de su rayo ardiente. | | |
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| Pues eres claro y la razón es clara, | | | | si te mira Belisa en ella inspira |
10 | | | la justa claridad de mi querella. | | |
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| De suerte que mostrándole su cara | | | | le muestra mi razón, que si la mira, | | | | podría ser enamorarse de ella. | | |
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A un desengaño
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| Muero pensando en mi dolor presente | | | | y procuro remedio al mal instante, | | | | pero en mi vida soy tan inconstante, | | | | que a cualquier ocasión vuelvo la frente. | | |
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| Cuando me aparto y pienso estar ausente |
5 | | | de mi peligro estoy menos distante, | | | | siempre voy con mis yerros adelante, | | | | sin que de tantos daños escarmiente. | | |
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| En tus manos ¡oh noble desengaño!, | | | | fío las vanidades que en mi pecho |
10 | | | con tantas muestras de verdad desvío. | | |
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| Porque si tú me libras de este daño, | | | | podré decir con honra de este hecho | | | | que sólo debo a ti poder ser mío. | | |
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Soneto a la devoción
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| «El verde campo de la humana suerte | | | | brota un aparra al cielo consagrada, | | | | que al árbol santo de la fe abrazada | | | | ningún aire del mundo la pervierte. | | |
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| Ni el duro golpe del contrario fuerte |
5 | | | puede en su corazón hallar entrada, | | | | pues nace con la fe más sublimada, | | | | que tuvo ningún mártir en la muerte. | | |
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| Tanto, que si en el cielo al Sol detuvo | | | | el fuerte Josué, por las extrañas |
10 | | | maravillas de Fe que en él se han visto, | | |
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| mayor grado de Fe la Virgen tuvo, | | | | pues con ella detuvo en sus entrañas | | | | al grande Sol de la justicia, Cristo. | | |
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 Aguilar, Juan Bautista
España. Siglo XVII Poeta.
Epitafio
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| Una esperanza, yace aquí burlada, | | | | no muerta, que aunque a polvo reducida, | | | | nunca (si el dueño es muerte) tuvo vida, | | | | porque como fue mía, fue soñada. | | |
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| Creyó de Amor la flecha imaginada, |
5 | | | y nada cierto fue, sino la herida, | | | | pues empezó en el gusto, prevenida, | | | | y acabó en el dolor, desesperada. | | |
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| ¡Ese mortal despojo, o Caminante! | | | | eterno es, que para mi ventura, |
10 | | | sólo en ser mármol dura la belleza. | | |
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| Atiéndele si sabes ser amante, | | | | porque dure suspenso en su hermosura, | | | | lo que yo he sepultado en su dureza. | | |
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Soneto
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| No a ti te culpo Amor, no Dios vendado, | | | | mis quejas contra Ti se han dirigido, | | | | que Tú eres ciego Dios, y no ha podido | | | | hacer quien ciego es, tiro acertado. | | |
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| Laura cruel, es quien ha ocasionado |
5 | | | mi Corazón así se vea herido, | | | | sorda a mis penas Ella, ha conseguido | | | | en hielo de un desdén, viva abrasado. | | |
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| ¿Por qué Tirana, di, hacer que vea | | | | en mi Pecho un volcán sino me amas? |
10 | | | ¿Por qué un incendio anhelas que Yo sea? | | |
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| Ya sé porque así mi Pecho inflamas, | | | | porque en Desdén, y Amor, quieres se crea, | | | | somos los dos un Etna, en Nieve, y Llamas. | | |
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 Aguilar y Acuña, Manuel
España. Siglo XVII Poeta y Amigo de Lope de Vega.
A San Isidro
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| Los campos de Madrid, Isidro santo, | | | | hoy a vuestra labor agradecidos, | | | | a vuestro altar ofrecen sus vestidos | | | | guarnecidos de rosas y amaranto. | | |
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| ¡O rústico de sabios mil espanto, |
5 | | | confusión de desvelos tan perdidos, | | | | que alcanzaste secretos escondidos, | | | | que encubre Dios a los soberbios tanto! | | |
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| Si me dijera el mundo, que en la tierra | | | | vivió Isidro en pobreza y desconsuelo, |
10 | | | dando al valle de lágrimas tributo. | | |
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| Yo le responderé, dichosa guerra, | | | | que si lloró y sudó, cogió en el cielo, | | | | sembrando aquí sus lágrimas, el fruto. | | |
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 Ahumada, Bernardino de
España. Siglo XVII Caballero del Hábito de Santiago.
A la muerte de don Juan Pérez de Montalbán
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| No ultrajes, caminante, lo secreto | | | | de esta pira, devoto el paso mueve, | | | | no pises su decoro menos leve; | | | | porque paga obediencias de sujeto. | | |
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| De este Varón que yazca lo perfeto, |
5 | | | aun insensible paga lo que debe, | | | | en sí la tierra de atención se embebe, | | | | y el mármol se aligera de respeto. | | |
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| Aun el polvo por suyo se eterniza, | | | | y en fe de tanta merecida palma |
10 | | | los horrores mortales autoriza. | | |
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| Y alienta sólo tan segura calma | | | | la verdad, con que espera su ceniza | | | | que a de volver a unirse con el alma. | | |
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 Alabaña, Tomás de
España. Siglo XVII Poeta. Caballero de Cristo y Ayuda de Cámara de la Majestad Católica de Felipe IV, el Grande Rey de uno y otro Mundo.
A la muerte del insigne y en toda Europa aplaudido Juan Pérez de Montalbán, heroico alumno de Apolo
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| En esta irrevocable despedida, | | | | que los fueros apura de la ausencia, | | | | que tierna llora (Montalbán) la ciencia, | | | | que triste gime sin tu luz la vida. | | |
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| No menos arde fiel por escondida, |
5 | | | que en tanta de virtudes eminencia | | | | poros halla en el mármol su influencia, | | | | por donde sabiamente se liquida. | | |
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| Aunque a los vientos de vulgar mudanza | | | | el envidioso Piélago se altere, |
10 | | | gozas en la tormenta la bonanza. | | |
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| De tu fin el destino desespere, | | | | porque un grande saber sin destemplanza | | | | es pedazo de Dios, y nunca muere. | | |
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 Alcaraz, Rodrigo de
España. Siglo XVII Poeta.
A los Reyes Católicos
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| De Hesperia invictas armas habían dado | | | | templo a su fama en crudas guerras, cuando | | | | de los ilustres Césares Fernando | | | | e Isabel la piedad dio aun mayor grado. | | |
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| A la que en pura luz tuvo el sagrado |
5 | | | origen, siempre Reina, un claro bando | | | | instituyeron, que su gloria honrando, | | | | la aclame libre del primer pecado. | | |
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| Prestas responden al decreto augusto | | | | villas, ciudades, y con vivo anhelo |
10 | | | los corazones rinden a María. | | |
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| Cual don reciben, que en aplauso justo | | | | su nombre y gloria midan con el cielo, | | | | de donde nace a donde muere el día. | | |
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 Alcázar, Baltasar del
Sevilla. 1530 - Sevilla. 1606 Poeta, alcalde, administrador y músico.
Al amor
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| Di, rapaz mentiroso, ¿es esto cuanto | | | | me prometiste presto y a pie quedo? | | | | ¿Andar mirando entre esperanza y miedo, | | | | cercado de respetos, hecho un tanto? | | |
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| Sustos, celos, favores, risa y llanto |
5 | | | dalos, Amor, a quien se lame el dedo; | | | | los que me diste a mí te vuelvo y cedo, | | | | no quiero tomar más cosa de espanto. | | |
|
| Bien siento las heridas y que salgo | | | | de tu poder para ponerme en cura, |
10 | | | porque tengo aun abiertas las primeras. | | |
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| Y juro por la fe de hijodalgo | | | | de si mi buen propósito me dura | | | | de no partir de hoy más contigo peras. | | |
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A Cristo
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| Cansado estoy de haber sin Ti vivido, | | | | que todo cansa en tan dañosa ausencia. | | | | Mas, ¿qué derecho tengo a tu clemencia, | | | | si me falta el dolor de arrepentido? | | |
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| Pero, Señor, en pecho tan rendido |
5 | | | algo descubrirás de suficiencia | | | | que te obligue a curar como dolencia | | | | mi obstinación y yerro cometido. | | |
|
| Tuya es mi conversión y Tú la quieres; | | | | tuya es, Señor, la traza y tuyo el medio |
10 | | | de conocerme yo y de conocerte. | | |
|
| Aplícale a mi mal, por quien Tú eres, | | | | aquel eficacísimo remedio | | | | compuesto de tu sangre, vida y muerte. | | |
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A la esperanza vana
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- I - |
| Cruel arpía en amoroso traje, | | | | fuerza que levantar haces las peñas, | | | | pródiga en tus palabras halagüeñas, | | | | siendo el mentir tu natural lenguaje; | | |
|
| funesta cruz, plantada en el pasaje, |
5 | | | con que tus tristes hechos nos enseñas, | | | | guía que precipitas y despeñas | | | | a todos los que siguen tu viaje; | | |
|
| Orión turbulento en la bonanza | | | | de engañosa sierran dulce canto, |
10 | | | cometa claro, de gran mal presagio; | | |
|
| fingida risa, paliado llanto, | | | | tus atributos son, vana esperanza, | | | | por quien padezco mísero naufragio. | | |
|
|
- II - |
| No siento yo, bellísima María, |
15 | | | con no veros dolor, porque deseo | | | | y amor os representan, y así, os veo | | | | y están con vos gozando el alma mía. | | |
|
| En mi juego con vos con osadía | | | | y gozo por verdad lo que no creo, |
20 | | | y en este libre estado que poseo | | | | no hallo quien me turbe el alegría. | | |
|
| Pero buscan mis ojos sus derecho | | | | y alégranme, con lágrimas y fieros, | | | | que no veros con ellos es mal hecho. |
25 | |
|
| Que, pues fueron autores de quereros, | | | | no he de usurparme yo todo el provecho, | | | | y así, por darles parte, acuerdo veros. | | |
|
|
- III - |
| La novedad, Amor, en que me pones | | | | no es de discurso honroso ni discreto; |
30 | | | no son maduros años buen sujeto | | | | en que poder fundar tus pretensiones. | | |
|
| Hácesme dar con públicos pregones | | | | noticia al mundo de tu mal conceto, | | | | pues quieren que en mí lean sin respeto |
35 | | | lo que es mejor pasallo entre renglones. | | |
|
| Bástete, Amor, saber que he militado | | | | siguiendo tus banderas y tu imperio, | | | | cuando tuvo disculpa un mal ejemplo. | | |
|
| No me rompas la ley de jubilado, |
40 | | | pues ya las armas deste ministerio | | | | adornan las paredes de tu templo. | | |
|
|
Soneto
|
| Dime, hermoso Baco, ¿quién me aparta | | | | contra mi voluntad de tu servicio | | | | y de aquel gustosísimo ejercicio | | | | que alegre, hinche, traba, mas no harta? | | |
|
| ¿No me contaste tú por buena sarta, |
5 | | | con el pincel colmado al sacrificio? | | | | ¿No he gastado en sainetes del oficio | | | | cuanto Pedro devana e hila Marta? | | |
|
| Pues ¿cómo agora, triste, no te veo? | | | | ¿Cómo no vuelvo a ti? ¿Cómo la vida |
10 | | | gasto, sin tu licor divino ardiente? | | |
|
| Dulcísimo peligro es ¡oh Fineo! | | | | Seguir un rojo dios que trae ceñida | | | | siempre de verdes pámpanos la frente. | | |
|
Soneto
|
| Amor, no es para mí ya tu ejercicio, | | | | porque cada cosa que importa no la hago; | | | | antes, lo que tú intentas yo lo estrago, | | | | porque no valgo un cuarto en el oficio. | | |
|
| Hazme, pues, por tu fe, este beneficio: |
5 | | | que me sueltes y des carta de pago; | | | | infamia es que tus tiros den en vago; | | | | procura sangre nueva en tu servicio. | | |
|
| Ya yo con solas cuentas y buen vino | | | | holgaré de pasar hasta el extremo; |
10 | | | y si me libras de prisión tan fiera, | | |
|
| de aquí te ofrezco un viejo mi vecino | | | | que te sirva por mí en el propio remo, | | | | como quien se rescata de galera. | | |
|
Soneto
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| Rindamos, cuerpo, los cansados bríos; | | | | tiempo es que el tiempo los comprima y venza | | | | y que la mísera alma te convenza | | | | a no enlazarla más en yerros míos. | | |
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| Los dulces y amorosos desafíos |
5 | | | en esta edad que a descender comienza | | | | caúsanos confusión, ira y vergüenza | | | | pues por venir sin tiempo, vienen fríos. | | |
|
| La voluntad indómita que andaba | | | | corriendo el campo como vencedora, |
10 | | | rinda ya la cerviz áspera y brava. | | |
|
| A la razón, que arrinconada mora, | | | | bastan los años que mando la esclava: | | | | gobierne ya su casa la señora. | | |
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Soneto
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| Cercada está mi alma de contrarios; | | | | la fuerza, flaca; el castellano, loco; | | | | el presidio, infiel, bisoño y poco; | | | | ninguno los pertrechos necesarios; | | |
|
| los socorros que espero, voluntarios, |
5 | | | porque ni los merezco ni provoco; | | | | tan desvalido que aun a Dios no invoco, | | | | porque mis consejeros andan varios. | | |
|
| Los combates, continuos, y la ofensa; | | | | los enemigos, de ánimo indomable; |
10 | | | rotas por todas partes la muralla. | | |
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| Nadie quiere acudir a la defensa... | | | | ¿Qué hará el castellano miserable | | | | que en tanto estrecho y confusión se halla? | | |
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El alma
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| ¿Por qué, sin fruto ¡ay alma! te suspendes | | | | en renovar por horas la memoria | | | | de tu infelice y lamentable historia, | | | | que es atizar el fuego en que te enciendes? | | |
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| Pues se te dio discurso, mal aprendes |
5 | | | en conocer que tu pasada gloria | | | | huyó como mortal y transitoria, | | | | y que en el cielo está lo que pretendes. | | |
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| Busca de hoy más la celestial morada; | | | | que allí la hallarás, libre del triste |
10 | | | y general tributo de la muerte, | | |
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| tan lejos del estado en que la viste, | | | | su temporal belleza eternizada, | | | | pidiendo para ti la misma suerte. | | |
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Soneto
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| Clarísimo Marqués, en quien depende | | | | de su poder el cielo larga muestra, | | | | honor de juventud, guía que adiestra | | | | a cuanto bien de Dios acá se extiende. | | |
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| Por el fuego amoroso que así enciende |
5 | | | de la divina Clori, el alma vuestra | | | | que recibáis por vuestro a quien os muestra | | | | que no tiene otro bien ni lo pretende. | | |
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| El alma ya os la di desde aquel día | | | | que vi partes en vos de tanto gusto, |
10 | | | que no me fue posible defendella. | | |
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| Lo que pido es que esta alma que fue mía | | | | y es vuestra ya con título tan justo, | | | | que la estiméis, pues que moráis en ella. | | |
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Al pintor Francisco Pacheco
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| En tanto, nuevo Apeles, que, ocupado | | | | en las ideas, tu ingeniosa mano | | | | les formas cuerpos que, al juicio humano, | | | | vence al original cualquier traslado. | | |
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| La Fama, que de ti tiene el cuidado, |
5 | | | ligera rompe por el aire vano, | | | | dilatando tu nombre soberano | | | | del Etíope adusto al Scita helado. | | |
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| Rinde, pues, caro amigo, al alto Cielo | | | | divinos dones, por la larga suma |
10 | | | de partes que te dio dignas de gloria. | | |
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| Yo, por la mía, con el bajo vuelo | | | | de esta mi tosca y mal cortada pluma, | | | | celebraré, Pachecho, tu memoria. | | |
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Soneto
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| Si a vuestra voluntad yo soy de cera, | | | | ¿cómo se compadece que a la mía | | | | vengáis a ser de piedra dura y fría? | | | | De tal desigualdad, ¿qué bien se espera? | | |
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| Ley es de amor querer a quien os quiera, |
5 | | | y aborrecerle, ley de tiranía: | | | | mísera fue, señora, la osadía | | | | que os hizo establecer ley tan severa. | | |
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| Vuestros tengo riquísimos despojos, | | | | a fuerza de mis brazos granjeados, |
10 | | | que vos nunca rendírmelos quisisteis; | | |
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| y pues Amor y esos divinos ojos | | | | han sido en el delito los culpados, | | | | romped la injusta ley que establecisteis. | | |
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Soneto con estrambote
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| «Haz un soneto que levante el vuelo | | | | sobre el Cáucaso, monte inaccesible, | | | | de estilo generoso y apacible, | | | | lleno de variedad de Cipro y Delo. | | |
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| Con perlas, ámbar, oro, grana y yelo |
5 | | | (nieve quise decir, no fue posible): | | | | no sea lo esencial inteligible, | | | | pues que no ha de faltarle un Velutelo. | | |
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| Luego que este soneto se concluya | | | | cuenta el caudal; si ves que ha mejorado, |
10 | | | bueno será, pues hizo algún efecto. | | |
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| Mas si, por mi desgracia y por la tuya, | | | | no hallas un bayoco mejorado, | | | | ¿para qué será de bueno este soneto? | | |
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| Aunque yo te prometo |
15 | | | que sé para qué es bueno el cuitadillo; | | | | pero tengo vergüenza de decillo. | | |
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| Si quieres conferillo | | | | sin la pasión de padre, allá en tu seno, | | | | tú sabrás, como yo, para qué es bueno». |
20 | |
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Contra un mal soneto
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| Al soneto, vecinos, al malvado, | | | | al sacrílego, al loco, al sedicioso, | | | | revolvedor de caldos, mentiroso, | | | | afrentoso al Señor que lo ha criado. | | |
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| Atadle bien los pies, como el taimado |
5 | | | no juegue dellos pues será forzoso | | | | que el sosiego del mundo y el reposo | | | | vuelva en un triste y miserable estado. | | |
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| Quemadle vivo; muera esta cizaña, | | | | y sus cenizas Euro las derrame |
10 | | | donde perezcan al rigor del cielo. | | |
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| Eso dijo el honor de nuestra España | | | | viendo un soneto de discurso infame; | | | | pero valióle poco su buen celo. | | |
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Primer soneto del soneto que se conoce en letra castellana1 |
| Yo acuerdo revelaros un secreto | | | | en un soneto, Inés, bella enemiga; | | | | mas por buen orden que yo en esto siga, | | | | no podrá ser en el primer cuarteto. | | |
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| Venidos al segundo, yo os prometo |
5 | | | que no se ha de pasar sin que os lo diga; | | | | mas estoy hecho, Inés, como una hormiga | | | | al trabajo diario y bien sujeto. | | |
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| Pues ved, Inés, que ordena el duro hado: | | | | que, teniendo el secreto ya en la boca |
10 | | | y el orden de decillo ya estudiado, | | |
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| conté los versos todos y he hallado | | | | que por la cuenta que a un soneto toca, | | | | ya este soneto, Inés, está acabado. | | |
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A Gutierre de Cetina
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- I - |
| Si subiera mi pluma tanto el vuelo | | | | que el deseo igualara que la inclina | | | | a celebrar, carísimo Cetina, | | | | cuanto bien sobre vos derrama el cielo. | | |
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| Vierades, en honor del patrio suelo, |
5 | | | la clara fama que la rueda empina | | | | del gran hijo de Tetis, como indina, | | | | cubierta a vuestros pies de negro velo; | | |
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| mas ya que el hado le negó esta palma | | | | al tardo ingenio, porque tal supuesto |
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