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    Sonetos del siglo XV al XVII
     edición de Ramón García González
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ArribaAbajoArias Montano, Benito

Fregenal de la Sierra (Badajoz). 1527 - Sevilla. 1598

Humanista, eclesiástico de la Orden de Santiago. Fue director de la Biblioteca del Escorial en tiempo de Felipe II




Soneto


   ¿Qué es esto Entendimiento? ¿Qué revuelta
te hace disparar de tu carrera,
que aquello do menor razón se espera
te vas desatinando a rienda suelta?

   Solías tú correr, parar, dar vuelta,  5
movido de la mano más certera
de la razón, llevando por bandera
la vela que el sentido al viento suelta.

   Desesperado de mi luz avara,
que, cuando más pensaba ir atinando,  10
muy más sin tino y ciego me llevaba,

   sentí, sin sentir cómo, otra tan clara
que aquella que primero me guiaba
me va tiniebla oscura remedando.




Soneto


   Quien las graves congojas huir desea,
de que está vuestra vida siempre llena,
ame la soledad quieta y amena,
donde las ocasiones nunca vea.

   En ella de paciencia se provea  5
contra los pensamientos que dan pena,
y de memoria del morir, que es buena
para defensa de cualquier pelea.

   Mas el que está de amor apasionado,
no piense estando solo remediarse,  10
ni con paciencia ni acordar de muerte;

   porque la causa trae de su cuidado
dentro en sí, y mientras más quiere alejarse,
la fuerza de amor siente muy más fuerte.




ArribaAbajoArteaga, Inarda de

Siglos XVI y XVII




Soneto


   Alegres horas de memorias tristes
que, por un breve punto que durastes,
a eterna soledad me condenastes
en pago de un contento que me distes.

   Decid: ¿por qué de mí, sin mí, os partistes  5
sabiendo vos, sin vos, cuál me dejastes?
Y si por do venistes os tornastes,
¿por qué no al mismo punto en que vinistes?

   ¡Cuánto fue esta venida deseada
y cuán arrebatada esta venida!  10
Que, en fin, la mejor hora fue menguada.

   No me costastes menos que una vida
la media en desear vuestra llegada
y la media en llorar vuestra partida.




ArribaAbajoArteaga, Juana de

Siglo XVI.

Poeta de gran mérito en su tiempo.




Soneto


   Alegres horas de memorias tristes
que por un breve punto que durasteis
a eterna soledad me condenasteis
en pago del contento que me disteis.

   Decid: ¿por qué de mí sin mí os partisteis  5
sabiendo vos sin vos cual me dejastes?
Y si por do vinisteis os tornastes,
¿por qué no al mismo punto que vinisteis?

   ¡Cuánto fue esta venida deseada
y cuán arrebatada esta venida!  10
Que, en fin, la mejor hora fue menguada.

   No me costasteis menos que una vida:
la media en desear vuestra llegada
y la media en llorar vuestra partida.




ArribaAbajoAstete de Monroy, Juan

Valladolid. Siglo XVII.

Capitán de Infantería, Poeta y amigo de Lope de Vega.




A la muerte de Lope de Vega


   El grande, el raro, el solo, el peregrino
admirado esplendor del suelo Hispano,
hoy a la muerte satisfizo humano
las sospechas que tuvo de divino.

   En sus obras la pira se previno,  5
que ofrecérsela digna fuera en vano,
cuanto excelsa Pirámide el Gitano
Nilo ostenta en espejo cristalino.

   Emula de su fama, ¡o muerte fiera!
el vital tronco tu fatal guadaña  10
deshizo al golpe de mortal herida.

   Mas renaciendo a superior esfera
procedió del eclipse luz a España,
y de la muerte a su memoria vida.




ArribaAbajoAtaide y Sotomayor, Francisco

España. Siglo XVII

Poeta. Caballero del Hábito de Santiago.




A don Juan de Vera Tassis y Villarroel


   ¡Qué bien de nuestro Cisne idolatrado
robas al aire la esparcida suma
y qué dulce el acento de su pluma
permanece en la voz de tu cuidado!

   Con su rayo del Sol arrebatado,  5
Prometeo excedido se presuma,
pues a Borcas le arrancas, vuelto espuma,
tato infuso esplendor, nuca inspirado.

   Y aun resta el desafirme tu victoria,
que en la sondas de mi desasosiego,  10
o se inunda, o se abrasa lo que miro.

   Pero no, que se inflama la memoria,
y al Volumen que en lágrimas anego,
sacaré cada letra de un suspiro.




ArribaAbajoAustria, Carlos de

Valladolid. 1545 - Madrid. 1568

Hijo de Felipe II y María de Portugal



   ¡Oh!, rompa ya el silencio el dolor mío,
y salga deste pecho desatado;
que sufrir los rigores de callado
no cabe en lo que siento, aunque porfío.

   De obedecerte, Anarda, desconfío,  5
ni quieres que sea tuyo mi cuidado,
ni nada que me pueda haber matado,
ni dejas que yo tenga mi albedrío.

   Mas ya tanto la pena me maltrata,
que vence al sufrimiento; ya no espero  10
vivir alegre; el llanto se desata,

   y otra vez de la vida desespero;
pues si me quejo, tu rigor me mata,
y si callo mi mal, dos veces muero.




ArribaAbajoAvellaneda, Francisco de

España Siglo XVII




Soneto


   Vino Benito en cierne de marido
a vistas de la bella Teresona,
él le parece a ella ruin persona
y por ahora poco para erguido.

   Trajo de paje todo lo buido,  5
con algunas mudanzas de chacona,
y para su hermosura quintañona
menos lindo le quiere, y más fornido.

   Vuélvase a envanecer, dijo la Junta,
que hasta ahora no es mozo de esperanza,  10
y en este ministerio aún no despunta.

   Aprenda por lo bajo alguna danza,
que según de la estirpe se barrunta,
aún no será con ello buena lanza.




ArribaAbajoÁvila, Joseph Antonio

España. Siglo XVII

Poeta.




A la muerte del doctor Juan Pérez de Montalbán


   Este que en lustros breves se prefiere
tanto a lo que el estudio le apercibe,
muerto, en las glorias de su acierto vive,
vivo, en las luces de su Ingenio muere.

   Pimpollo a quien si airado el Noto hiere  5
en hojas tantas su verdor escribe,
almendro, que aunque el Marco le cultive
no hay flor que airado deshojar no espere.

   Mas aunque de la Envidia el pecho ardiente
brote el veneno vil entre congojas  10
para apagar la sed de sus ardores;

   vivirá a su pesar eternamente
como Pimpollo el fruto de sus hojas,
y como Almendro el ámbar de sus flores.




ArribaAbajoAyala, Gonzalo de

España. Siglo XVII

Poeta y amigo de Lope de Vega




Soneto


   Ímpetu superior, amor ardiente
de IGNACIO solicitan el deseo
pendiente de Jesús, dichoso empleo,
unido al bien que admira ya presente.

   A los divinos rayos de su Oriente  5
humilde vuela para más trofeo,
y en total suspensión dulce recreo,
luz sobrenatural el alma siente.

   Siete días IGNACIO, el cuerpo en calma,
y el alma heroicamente entretenida,  10
de amores muere, por amores vive.

   Despierta con Jesús en cuerpo y alma,
porque en cuerpo y en alma nueva vida
IGNACIO a un tiempo de Jesús recibe.




ArribaAbajoBaca, Jacinta

España. Siglo XVII

Poeta y amiga de Lope de Vega.




A la muerte de Lope de Vega


(Aludiendo a un eclipse de luna que hubo la noche en que murió)


   Llegó ya a las montañas de Apenino,
llegó a la Libia ardiente y Seythia helada
la fama por justicia acreditada
de este varón de tanto laurel digno.

   Y así del más remoto al más vecino  5
con himnos de dolor será llorada,
su falta, y la memoria venerada
del que en el velo humano fue divino.

   Hasta en el campo de zafir hermoso
la noche, que dio término a su vida,  10
mostraron sus lumbreras sentimiento.

   Y con afecto triste y amoroso,
cuando Delio llegó a su luz cumplida,
le formó en sombras sacro monumento.




ArribaAbajoBalbuena, Bernardo de

Valdepeñas, (Ciudad Real) 1568-1627

Sacerdote en México. Abad en Jamaica. Obispo en Puerto Rico. Parte de su vida transcurrió en los países americanos de habla hispana.




Perdido ando , señora, entre la gente


   Perdido ando, señora, entre la gente
sin vos, sin mí, sin ser, sin Dios, sin vida;
sin vos porque de mí no sois servida,
sin mí porque sin vos no estoy presente;

   sin ser porque del ser estando ausente  5
no hay cosa que del ser no me despida;
sin Dios porque mi alma a Dios olvida
por contemplar en vos continuamente;

   sin vida porque ausente de su alma
nadie vive, y si ya no estoy difunto  10
es en fe de esperar vuestra venida;

   ¡oh, bellos ojos, luz preciosa y alma,
vuelve a mirarme, volveréisme al punto
a vos, a mí, mi ser, mi Dios, mi vida!




ArribaAbajoBaños, Pedro de

España. Siglo XVII

Poeta.




A la muerte del doctor Juan Pérez de Montalbán


   Haz por caber un rato en poca lira,
pues supiste caber en tierra poca,
o Montalbán, por quien la Fama toca
cuanto metal sonoro el Orbe admira.

   Ya estás do sólo alcanza el que suspira  5
de la Envidia envidiado, a cuya boca
fue tu pluma veloz gigante roca,
adonde nace el Sol, a donde espira.

   O tú que estás donde el vivir no muere
en sacro Solio eterno, y sin mudanza  10
recuerdo general de nuestro olvido.

   Nadie podrá decir que defendiere
tus obras, que defiende aun lo que alcanza
que lo imposible nace defendido.




ArribaAbajoBarahona de Soto, Luis

Lucena, 1548 - Antequera, 1595

Primeros estudios con el humanista Juan de Vilches. Estudia en Granada la carrera de Medicina y ejerce como tal en Archidona.




- I -


   Genil, que ves la sombra en tu corriente,
que amor llenó de glorias y despojos
la lumbre digo de los claros ojos,
que sombra en tanta luz no se consiente;

   en beneficio del amigo ausente  5
revuelve de tus riendas los manojos,
con nuevas de mis lástimas y enojos,
adonde es mi levante y tu poniente;

   y al tiempo que el sereno rostro veas
de aquellos ojos verse entre tus ondas,  10
dirásle: "Ingrato corazón, venciste.

   Venciste, no me huyas ni te escondas:
alégrate, pues sé que lo deseas;
que muerto es ya el que tanto aborreciste.




- II -


   Ve, suspiro caliente, al pecho frío
de aquella viva piedra por quien muero;
que libre va de culpa el mensajero,
aunque no sé en tal parte, siendo mío.

   Loarte has que en extraño señorío  5
entraste mis querellas tú el primero,
y que ablandaste un corazón de acero,
que se templó en mis ojos, hechos río.

   Seguro vas, pues el amor te guía,
y más llevando nuevas de mi muerte  10
adonde buscan gloria con mis daños.

   Quizá entrará el amor do no solía,
y con el fin de mis pasados años
comenzarán los buenos de mi suerte.




- III -


Contra un poeta (Herrera) que usaba mucho de estas voces en poesía


   Esplendores, celajes, riguroso,
salvaje, llama, líquido, candores,
vagueza, faz, purpúrea, Cintia, ardores,
otra vez esplendores, caluroso;

   ufanía, apacible, numeroso,  5
luengo, osadía, afán, verdor, errores,
otra y quinientas veces esplendores;
más esplendores, crespo, glorioso;

   cercos, ásperos, albos, encrespado,
esparcir, espirar, lustre, fatales,  10
cambiar, y de esplendor otro poquito;

   luces, ebúrneo, nítido, asombrado,
orna, colora, joven, celestiales...
Esto quitado, cierto que es bonito.




A Gregorio Silvestre


   Si la arpa, si el órgano sabroso,
si el monacordio, si la dulce lira
que en vuestras manos, gran Silvestre, admira
y suspende el ingenio más furioso;

   si el dulce verso fácil y gracioso,  5
con que a los vientos refrenáis la ira,
algún consuelo, aunque liviano, inspira
a un seso apasionado y amoroso,

   ¡aquí, Señor, que me ha rompido el pecho
con punta de oro de acerado dardo  10
la mano más gentil que el cielo ha hecho!

   ¡Aquí; que huyo el bien y el mal aguardo;
espero el daño y temo mi provecho;
he frío en brasas y entre hielos ardo!




Soneto


   ¿A quién me quejaré de mi enemiga?
¿Al tiempo? No es razón, que me ha burlado.
¿Al cielo? No es juez de mi cuidado.
Ni al fuego, pues el fuego me castiga.

   ¿Al viento? Ya no escucha mi fatiga,  5
que está en mis esperanzas ocupado.
¿A Amor? Es mi enemigo declarado
y en condenarme piensa que me obliga.

   Ya, pues ninguno de mi parte siento,
Filis ingrata, a ti de ti me quejo:  10
juzguen tus ojos, reos y testigos.

   Y el tiempo, el cielo, el fuego, Amor y el viento
lloren mi muerte pus mi causa dejo
en manos de mis propios enemigos.




ArribaAbajoBarbosa Bacelar, Antonio

España. Siglo XVII

Poeta y amigo de Lope de Vega.




A la muerte de Lope de Vega


   Mientras Sirena en piélagos de llanto
a la muerte se opuso tu armonía,
pues las vidas, que indómita rendía,
vivificaban armónico tu canto.

   Alta ruina al Reino del espanto  5
temió la muerte, y con razón temía,
mas cuando más vengarse presumía,
en tu armonía receló su encanto.

   Hoy que a tu vida se atrevió la muerte,
sin duda que tu Musa suspendida  10
suspendido tenía el dulce acento.

   Pues si cantando te envistiera fuerte,
en vez de dar la muerte a tanta vida,
vida diera a la muerte tu contento.




ArribaAbajoBarceló, Martín Juan

España. Siglos XVII

Poeta.




Al fuerte que en empezó a fabricar en la playa de Valencia, año 1644 y no se prosiguió, quedándose en los cimientos sólo


   Este, que ves en medio de la Playa,
padrastro, que no bien llegó a cimiento,
de Piratas creyó ser escarmiento,
y aun la espuma del mar, no tiene a raya.

   Sus cristales sobre él, soberbio explaya  5
impelido del uno, y otro viento,
y mal seguro en su primer asiento,
a más ruina en sí, vemos se ensaya.

   Nada es, nada fue, y su infeliz hado
le miente en su temor, mal defendido  10
con verse en el olvido sepultado.

   Como si algo le hubiera permitido,
quien nada que perder le ha reservado,
negándole el consuelo de haber sido.




Soneto


   Una, dos, tres Estrellas, veinte, ciento,
mil, un millón, millares de millares,
¡Válgame Dios! ¡qué tengan mis pesares
su retrato en el alto firmamento!

   Tú, Norte, siempre fijo en un asiento,  5
a mi Fe será bien que te compares.
Tu, Bocina, con buenas circulares
siempre por un nivel, a mi Tormento.

   Las estrellas errante, son mis Dichas,
las fijas son, como los males míos,  10
los Luceros, los Ojos que yo adoro.

   Las Nubes, en efecto mi Desdichas,
pues lloviendo crecer hacen los Ríos,
como mi mal, las lágrimas que lloro.




ArribaAbajoBardagi, Josef de

Aragón. Siglo XVII

Poeta.



   No ya cambie sus plácidas corrientes
el Asturiano Ibero Peregrino,
ni al Tajo Lusitano cristalino
mendigue los Camoes excelentes.

   Sus diáfanas aguas transparentes,  5
no emulen las del Bético divino,
si de Rufo burlesco, cuanto fino,
de Alberto, imitan prendas eminentes.

   Por, Diez, escribe, si por muchos canta,
aquella Cisne, que sus aguas bebe,  10
en primor, y noticia se adelanta.

   Ni desafecta pluma se le atreve
por Padre, y Tío, con segura planta,
hereditaria Estatua se le debe.




ArribaAbajoBarreda, Antonia Jacinta

Villalpando. Zamora. Siglo XVII




A Alonso Pérez de Montalbán, en la muerte del doctor Juan Pérez de Montalbán, su hijo


   No cubra el rostro, venerable anciano,
el diluvio de lágrimas que viertes,
que serán con tu lástima dos muertes
que enternezcan el pecho más tirano.

   Ya no te obliga sentimiento humano  5
si a tanto extremo prodigioso adviertes,
porque llorando el mundo de mil suertes
tu llanto suple el cielo soberano.

   Mas ¡ay! que no es consuelo suficiente
al dolor que te oprime, tan prolijo,  10
aunque a la piedad mía más le cuadre.

   Porque, aunque llore el mundo amargamente,
no hay quien a un padre llore como un hijo
ni quien a un hijo llore como un padre.




Al sepulcro de don Juan Pérez de Montalbán


   Aquí vive, aquí muere, aquí renace,
aquí desmaya, y triunfa, aquí animado
hasta los mismos Cielos levantado
este que humilde por la tierra yace.

   Aquí a la fiera muerte satisface  5
de nueva vida, y gloria coronado,
este cadáver vivo sepultado,
que Sol fulgente de su sombra nace.

   No llore pues el alma enternecida,
que no s justo llorar tan feliz muerte  10
en su gloriosa fama divertida.

   Cántese la victoria al Joven fuerte,
que aquí la muerte, no venció a la vida,
sino la vida aquí venció a la muerte.




Al mismo tema


   Suspende el sentimiento, o Caminante,
que el bronce más rebelde permitiera,
si alma para sentir aquí tuviera,
y el corazón tuviera de diamante.

   Si ves por tierra este sublime Atlante,  5
que de Apolo tocó la clara Esfera,
que fue su muerte justa considera,
aunque la vida fue tan breve instante.

   Toda la gloria tuvo conseguida
de un mundo sólo que ay, con feliz suerte  10
lo poco de su vida esclarecida.

   No había otra Fama que ganara (advierte)
luego faltara premio a la más vida,
pues la vida sin premio, que más muerte.




ArribaAbajoBarreto Bogado, Juan

Lisboa. Siglo XVII

Poeta.




A la muerte del gran Montalbán


   ¿Quién eres? que al aspecto horrible aplicas
(por divertir la débil vista humana)
confusa sombra en sombra soberana,
con que sombras mortales multiplicas;

   terrible gesto, en quien nos pronosticas  5
el fin con desengaño en pompa vana,
y con el te acreditas por tirana,
y Homicida del Orbe te publicas.

   Si eres la Parca que el cabello ondoso
airada descompones sin respeto,  10
retira el paso atrás en tu fiereza;

   si a Montalbán embistes, victorioso,
no adviertes que tan único Sujeto,
vence con su saber tu fortaleza.




En la muerte del doctor Juan Pérez de Montalbán, gran poeta de España


   Esta luz que celeste comunica
humano pensamiento el rayo ardiente
al hombre que inmortal entre la gente
con glorioso renombre le publica.

   Del muerto Montalbán, y testifica  5
que en copas de diamante reluciente
la bebe el alma en gloria eternamente,
deidad que a su Cadáver significa.

   Aquí desde el sepulcro que le oculta
pirámide levanta Manzanares,  10
que su lira en España ya suspende.

   De aquí la trompa suena que resulta
de la fama inmortal que en mis Altares
aclararlo por único pretende.




Al sepulcro de don Juan Pérez de Montalbán


   Suspende el paso, no sin pena, y llanto
errante Peregrino, y considera,
que el Sol, la Luna, Estrellas, la carrera
de su curso veloz, dejan de espanto.

   Parados se suspenden, entre tanto  5
que al Monte subes, donde en él te espera
un cadáver, que vivo ser pudiera
Maestro de las Musas por su canto.

   Llega al sepulcro, que el heroico estilo
en lo cómico encierra sepultado,  10
el Águila de Apolo en pompa mira.

   En pompa funeral del Tajo, y Nilo,
del Pindo, y del Parnaso celebrado
el muerto Montalbán hoy se retira.




ArribaAbajoBarreto Mendoza, Domingo

España. Siglo XVII

Poeta y amigo de Lope de Vega.




A San Isidro


   Los campos de Madrid, Isidro santo,
en Dios arrebatadas sus acciones,
fertiliza con llanto y oraciones,
rico cultor será quien siembra tanto.

   Espíritus Angélicos en tanto  5
sustituyen sus rústicas pensiones,
dando al suelo y al cielo admiraciones,
y aun a la propia admiración espanto.

   Lágrimas siembra, y aunque es fértil suelo,
del surco nunca de su llanto enjuto  10
cosecha ofrece al celestial desvelo.

   En otras eras libra este tributo,
porque coger esperan en el cielo,
sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.




ArribaAbajoBarrionuevo, Jerónimo de

Granada. 1587 - Madrid. 1658

Religioso.




A la ingratitud de un criado a quien di mucha renta y le hice prebendado


   Viña mía, yo mismo te he criado
plantando vides y podando flores,
para que en el abril de tus verdores
dieses envidia al más florido prado.

   De mármol y alabastro te he cercado,  5
librándote de todos los rigores,
así de pasajeros robadores
como de golosina del ganado.

   La tierra te mullí, podé sarmientos
dejándote las guías de provecho,  10
porque llevases frutos más opimos.

   Desvaneciste todos mis intentos;
no sé que pude hacer más de lo hecho,
cuando en labruscos vuelves los racimos.

   ¡Oh que lindos parecen tus esquilmos!  15
Pero de mala cepa todo es malo
pues no vale el sarmiento para palo.




ArribaAbajoBarrionuevo y Carrión, Clara de

Toledo. Siglos XVI - XVII

Publicó sus poesías entre 1604 y 1605




En nombre de España a la majestad de la Reina


   Deje el mar inquieto el navegante,
de congojas la cárcel y el archivo,
los temores del viento fugitivo,
el mirar a poniente y a levante;

   que al pobre, al rico, al sabio, al ignorante  5
que hay ya en mí, nuevas Indias apercibo;
que del nácar de Austria las recibo,
do el sol Felipe me crió un diamante.

   Vos, Margarita, habéis mi Arabia sido,
pues cambiáis en riqueza mi pobreza,  10
vos sois la oliva que mi paz promete

   con el Fénix de España que ha nacido:
que espero en su valor y su grandeza
que no habrá libertad que no sujete.




ArribaAbajoBarrios, Miguel de

Montilla h. 1625 - Amsterdam, 1701

Su verdadero nombre era Daniel Leví de Barrios. Judío converso, volvió a su religión en Amsterdam, donde vivió parte de su vida. Poeta de la escuela culterana.




A su amada


   En el coro de amor con voz sirena
corazones atraes, vidas encantas,
Nise divina, con dulzuras tantas,
que reduces a gloria lo que es pena.

   Suspendida no canta Filomena,  5
la suavidad oyendo con que cantas,
y a las métricas voces que levantas,
el céfiro en los árboles no suena.

   El arroyo entre flores detenido
al dulce quiebro de tu dulce lira,  10
queda en florido tálamo dormido.

   Pues si como tu luz, tu canto admira
a quien falta razón, vida y sentido,
¿qué hará con alma quien por ti suspira?




Soneto


   El primer hombre fui, que, por Dios hecho,
le semejé, de todo cifra hermosa;
y, con gratitud al cielo odiosa,
el quererme hacer grande me ha deshecho.

   Dominé el mundo, a mi altivez estrecho,  5
y por comer la fruta venenosa,
de la muerte en la cárcel espantosa,
me viene grande el más pequeño trecho.

   Denominéme, de adamá (que tierra
denota), Adán, (que es «hombre»), por tal modo  10
que he vuelto a mi materia inanimada.

   Lo que esta losa hasta mi nombre encierra,
cuando Adán fue pensaba que era todo
y, leído al contrario, ya soy nada.




A la muerte de Raquel


   Llora Jacob de su Raquel querida
la hermosura marchita en fin temprano,
que cortó poderosa y fuerte mano
del árbol engañoso de la vida.

   Ve la purpúrea rosa convertida  5
en cárdeno color, en polvo vano,
y la gala del cuerpo más lozano
postrada en tierra, a tierra reducida.

   «¡Ay! dice, ¡gozo incierto! ¡gloria vana!
¡mentido gusto! ¡estado nunca fijo!  10
¿quién fía en tu verdor vida inconstante?

   Pues cuando más robusta y más lozana,
un bien que me costó tiempo prolijo
me lo quitó la muerte en un instante.»




Soneto


   Ausente el sol, el prado se oscurece,
reina la noche, madre de temores,
y de las fuentes, árboles y flores
la diversa color igual parece.

   Mas, cuando con sus rayos resplandece,  5
dando lustre al matiz de los colores,
por más que apure el sol sus resplandores,
quien negro anocheció, negro amanece.

   Bien podría admitir la color verde
con varios accidentes de alegría  10
a la negra color que mi alma viste;

   mas quien de la esperanza el color pierde,
aunque pase la noche y vuelva el día,
triste amanece, si anochece triste.




ArribaAbajoBayona, Alonso de

España. Siglo XVII

Poeta.




Soneto


   Pudo rendirse a la cruel dolencia,
la Majestad del Cedro más pomposo;
que tan bien buscan triunfo glorioso
los rayos del dolor en la Eminencia.

   Cesen lamentos ya, pues su violencia  5
sólo fue amago, en trueno escandaloso,
porque topó del golpe lo furioso,
en el Laurel Augusto resistencia.

   Pudo morir, y resistióse altiva
(¡o nunca al riesgo su valor se ablande!)  10
Mariana, que siempre inmortal viva,

   que no el golpe por más que se desmande,
lo grande luego de su ser derriba,
aunque lo encuentre luego por lo grande.




ArribaAbajoBeana, Matías Juan

Valencia. Siglo XVII

Poeta. Capellán de Su Majestad.




Soneto


   En globo azul, que el euro no violenta,
tranquilidades de su seno undoso,
no hallando en amarguras su reposo,
el pasajero en sed corre tormenta.

   Javier Sagrado su desmayo alienta,  5
y a los clamores míseros piadoso,
solicita el licor venga precioso,
que socorra una pena que atormenta.

   A Cristo invoca, de la Cruz pendiente,
cuyo costado (fuente a los mortales)  10
el bote de una lancha abrió con brío.

   Bendijo el mar la Cruz, Sacro Tridente,
y como sintió el ponto en sus cristales,
aquella dulce fuente, se hizo río.




Soneto


   Que sentimiento cielo tan extraño,
descubro en este Bulto peregrino,
de aquel que el río Tabor en luz divino,
en Navarra se de sangriento un baño.

   Si cada fuente vierte por su caño,  5
licor precioso que del cielo vino,
segunda vez redime su amor fino,
al mundo todo, que rindió el engaño.

   Mas ay, que afán le hiere, aunque distante,
que del Indio Javier por Dios padece,  10
correspondido con dolor profundo.

   Y siendo de Javier el más amante,
si por el Orbe su coral ofrece,
le vierte por Javier, que pesa un mundo.




ArribaAbajoBelisa

España. Siglo XVII

Poeta y musa del Manzanares.




A don Agustín de Salazar y Torres


   El Tesón numeroso de tu lira,
que con cláusulas graves hirió al viento,
en docto superior dulce contento
ya de la Patria al blando ruido, admira.

   Con la música afable que respira,  5
mezclando suavidad, y sentimiento,
nos renueva en dulceras el lamento,
que al inflamar caduco, acorde inspira.

   Si póstumo el sonido recibiera
de la voz de su métrica Poesía,  10
es porque en ecos la recoge Vera.

   Y del eco, y la voz la melodía,
en la Fama inmortal, siempre ligera,
resonarán en unísona armonía.




ArribaAbajoBelmonte Bermúdez, Luis

Sevilla. 1587 - 1650

Dramaturgo, comediógrafo y poeta.




De El mejor tutor es Dios


Jornada II - Dialogado: Carlos y Serafina



   Car. - Imágenes confusas del deseo.
Ser. - Ilusiones de amor, y de los ojos.
Car. - Alma, es esto verdad o son enrojos?
Ser. - Es fantástico bien esto que veo?

   Car. - Conozco mi desdicha, no lo creo.  5
Ser. - No renovéis engaños mis enojos.
Car. - O muerte, no me muestres tus despojos¡
Ser. - Memoria baste y a tu devaneo.

   Car. - Qué miro? No es aquella Serafina?
Ser. - Carlos, no es ese, el qué perdido lloro?  10
Car. - Me conoces, imagen peregrina?

   Ser. - Sí, que eres vida tú del bien que ignoro.
Car. - No me mates placer, mi luz divina.
Ser. - Mi dueño. Car. - Vida esta? Ser. - Ven, te adoro.


Jornada III - Dialogado: Ricardo e Irene


   Ri. - De qué modo será, dulce, mi suerte  15
el yugo de mujer aborrecida?
Ir. - El matrimonio es luz de nuestra vida,
pero faltando amor, es sombra, y muerte.

   Ri. - Qué culpa tengo yo en aborrecerte?
Pasión fatal será no pretendida.  20
Ir. - La ambición de un imperio me convida
y el desengaño su peligro advierte.

   Ri. - Si fueras semejante a Serafina.
Ir. - Si fueras a Alejandro semejante
Ri. - Te amara siempre. Ir. - Amor tuviera eterno.  25

   Ri. - Si amor en esta unión no nos inclina.
Ir. - Si el marido no tiene algo de amante.
Ri. - Es muerte. Ir. - Es pena. Ri. - Es rabia. Ir. - Y es infierno.




A San Isidro


   Los campos de Madrid, Isidro santo,
suspensa el alma en oración dichosa
angélico escuadrón con planta hermosa
labra por vos, que le obligáis a tanto.

   ¿A quién no causa venerable espanto,  5
si el fruto de la tierra más copiosa
responde siempre a la semilla ociosa,
y vos sembráis el fruto en vuestro llanto?

   Mas el que labra campos de los cielos,
cogiendo siembra, sin que espere en vano,  10
porque el mismo sembrar es el tributo.

   Todo es a un tiempo, sin temer desvelos,
y así en el cielo Isidro coge ufano,
sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.




ArribaAbajoBenavides Manrique, Francisco

España. Siglo XVII

Poeta y noble.




A la muerte del doctor Juan Pérez de Montalbán, insigne ingenio de España


   Vive oh grande Varona mayor fama
que te sepa querer la Musa mía,
vive, que a tu ceniza, aún no bien fría,
aliento induce repetida llama.

   Desprecio de la luz que el sol derrama  5
te presta ardientes mientras forma el día,
y como a Fénix Átropos te fía,
y a tu nuevo vivir Laquesis trama.

   Oh tú siempre feliz, pues no es incierto
que te fomenta Apolo como al ave,  10
aquella que antes leve fue ceniza.

   Oh tú siempre feliz, pues aun no has muerto,
cuando empezando vida más suave
en tu muerte tu vida se eterniza.




Al mismo tema


   Al Fin de España, si preciso fuera
que más fama a la tuya superara;
yo defendiera entonces, yo afirmara
que tu fama a tu fama se excediera.

   Aquella pues sofística pudiera  5
igualarte o vencerte, mas si hallara
quien no la desmintiera cara a cara,
todo el tiempo a una vez la desmintiera.

   Si el vulgo que profesa de ignorante
siente otra cosa, como vulgo siente  10
por mas que su mentira se adelante.

   Mas la igual atención eternamente
tendrá tu fama por la más constante,
y siempre volará de gente en gente.




Del mismo al mismo tema


   A pesar de la envidia repetida
goza heroico Varón nombre famoso,
y cuéstete el vivir, que si es forzoso,
más importa la fama esclarecida.

   Ya recobra tu gloria aborrecida  5
del tumulto profano envidioso,
que si en la vida fuiste no dichoso,
feliz eres, y eterno sin la vida.

   Mientras vives las glorias te difieren:
Mueres en fin, y al odio satisfaces,  10
¡o cuántos con tu fin vengarse quieren!

   Mas vuelven a penar porque renaces,
y así desde que nacen siempre mueren,
y tú desde que mueres siempre naces.




ArribaAbajoBeneyto, Miguel

Valencia. 1560 al 1565 - 1599

Escritor. Poeta y dramaturgo. Ocupó cargos relacionados con la gobernación de la Ciudad.




Soneto


   Ya me canso, señora, de cansarte,
y así procuraré seguir tu gusto;
pues lo requiere la razón, y es justo
que nadie persevere en enfadarte.

   No quiero algunas cosas acordarte,  5
que son en mi provecho y tu disgusto;
porque dirás que es caso muy injusto
querer por tal camino granjearte.

   Al fin, señora, porque no te asombre
mi vista ni te cause algún despecho,  10
te juro de dejar la patria y nombre,

   pues bañando con lágrimas el pecho,
borrare, por ser tuyo, aquel renombre,
quedando con tu gusto satisfecho.




ArribaAbajoBermúdez, Fray Jerónimo

Orense. 1530 - Madrid. 1599

Dramaturgo. Poeta. Dominico. Profesor de Teología en Salamanca. Escribió bajo el seudónimo de Antonio de Silva su obra Nise laureada, que trataba de la vida de Inés de Castro.




Soneto con diálogo


Este soneto es el primero que aparece en una obra dramática y pertenece a Nise lauredada


   Coro Segundo: Buen Conde, bien será que te consueles
de suerte así rompido el noble pecho.
Condestable: ¡Ay, que en España veo, a mi despecho,
tres Pedros reyes, todos tres crueles!

   Coro segundo: Este misterio no se le reveles  5
que donde hay fuerza piérdese el derecho.
Condestable: ¡Ay, que me tiene un trueque tan mal hecho
amargo el corazón más que las hieles.

   Coro segundo: Mira que cuelga el público sosiego
del tuyo, y con este duro ensayo  10
atizas contra ti la cruda llama.

   Condestable: Soy lauro verde contra el seco rayo,
y planta larisea, que en el fuego
conservo en su verdor mi tronco y rama.




ArribaAbajoBermúdez, Pedro

España. Siglo XVI

Poeta.




A Francisco Núñez


   Magnífico señor, yo no defiendo
ni favorezco caso deshonesto,
sino con amor limpio y muy honesto
como Alpino le entiende y yo le entiendo.

   Y así en lo que escribo no pretendo  5
sino mostralle el punto en que está puesto
y la causa y razón que para esto
le sobra, por ser tal se la encomiendo.

   Que acto tan insigne y virtuoso
no es justo que ninguno le resista,  10
y menos quien no sabe aquel secreto.

   Por do sería juicio temeroso
constando clara la experiencia y vista
mudar ni las palabras ni el sujeto.




ArribaAbajoBermúdez Carvajal, Fernando

España. Siglo XVII

Poeta y amigo de Lope de Vega




A la muerte de Lope de Vega


   Atiende, o huésped, y que canta admira
muerta la voz de Apolo el monumento,
que son por resolverse en su elemento
los nervios cuerdas y los huesos lira.

   Suena, no arde, que cortés la pira,  5
como por desnudar el instrumento,
llegó a quitar la piel a aquel portento
mudo que canta, muerto que respira.

   Las primeras cenizas que han mentido,
que en la urna, que Sessa las construye,  10
faltando el alma, asiste la viveza.

   Mas no, que siempre con igual partido,
porque viva este cuerpo sustituye,
o LOPE el alma, o Sessa su grandeza.




ArribaAbajoBermúdez de Escobedo, Agustín

España. Castilla. Siglo XVII

Poeta.




Soneto


   Fatigado Javier, más no rendido,
no tributo, sí paga, ofrece al sueño,
cuando (porque hizo espaldas el beleño)
traidor afecto, le asaltó atrevido.

   Quiere crecer el fuego introducido,  5
en fe de que Javier de sí no es dueño,
pero (mal confiado en el empeño)
halló con centinelas el sentido.

   La sangre (que por suya leal se mira)
fe desprende, al sentir ardor extraño,  10
por anegarle, cuando así se inflama.

   En tres, una victoria nos admira,
pues a triunfar Javier llegó (sin daño)
de sí mismo, del sueño, y de la llama.




ArribaAbajoBernardo del Castillo, Felipe

España. Siglo XVII

Licenciado, poeta y amigo de Lope de Vega




A San Isidro


   Los campos de Madrid, Isidro santo,
Ángeles aran, cuando tú arrobado,
estás con Dios y en Dios tan endiosado,
que el héroe labrador da al cielo espanto.

   Angélicas cohortes entre tanto  5
a Iban por ti ministran tu cuidado,
cándidos bueyes, celestial arado,
el campo fructifican sacrosanto.

   Aqueste Labrador orando alcanza
con lágrimas de gozo enternecido  10
labrarse para Dios, darse en tributo.

   Las Ángeles que están en su labranza,
por cosecha del cielo le han cogido,
sembrando aquí sus lágrimas el fruto.




ArribaAbajoBerrio, Gonzalo Mateo

Granada. 1554 - Antequera (Málaga) Siglo XVII

Licenciado en Jurisprudencia. Fue elogiado por Lope y Cervantes. Escribió para la escena. Poeta. Su obra está prácticamente perdida.




Estrago de amor


   No estraga en batallón de armada gente
tanto la bala del cañón fogoso,
ni el rayo celestial que impetuoso
al suelo baja de la nube ardiente,

   ni el ábrego horrísono y valiente  5
en la flota del mar tempestuoso,
ni el fuego que con ímpetu furioso
del monte ciñe la salvaje frente;

   cuanto estraga el amor el pecho amante
amando en parte donde no es amado,  10
que es un linaje de infernal tormento;

   tanto que es a la gloria semejante,
con esta mortal furia comparado,
rayo, bala, naufragio, fuego y viento.




ArribaAbajoBetancourt, Joseph

España. Siglo XVII

Poeta. Consiliario de Andalucía en la Universidad de Salamanca




Soneto


   Detén el curso rápido y violento,
o generoso bruto, en tu carrera,
no apresures el vuelo, aguarda, espera,
que un nuevo Sol arrastra tu ardimiento.

   Advierte, de tu crin el lucimiento,  5
que eclipsara sus luces a la esfera,
si de envidia los Astros no encendiera,
con los tuyos que presta al firmamento.

   Tu luz, que alumbra el último Horizonte,
a donde antigua huellas no llegaron,  10
corona de dos orbes ya se admira.

   Asómbranse los brutos de Faetonte,
pues si los cuatro a un mundo no bastaron,
ya con un bruto el Sol dos mundos gira.




ArribaAbajoBocanegra y Guzmán, Jacinto

España. Siglo XVII

Poeta y amigo de Lope de Vega




A la muerte de Lope de Vega


   Hable el dolor, la lengua sustituya
en los ojos su acción, publique el llanto,
o prodigio Español, o LOPE, cuanto
debe el mundo sentir la muerte tuya.

   Suspenda triste la corriente suya  5
el por tu pluma célebre Amaranto,
y en su cristal tu nombre escriba en cuanto
a la inmortalidad le restituya.

   Si las fertilidades de tu vega
tantos lustros al Tajo han coronado  10
de glorioso laurel la clara fuente.

   Hado infeliz este esplendor las niega,
bien que al sol de tu fama ha reservado
en triste ocaso, luminoso oriente.




ArribaAbajoBorges Pacheco, Francisco

España. Siglo XVII

Poeta y amigo de Lope de Vega




A la muerte de Lope de Vega


   Mientras, Lope, que al orbe producía
tu Vega celestial fruto canoso,
España, aunque admiraba tu decoro,
parece que el aplauso suspendía.

   Mas hoy que inundaciones de armonía  5
glorioso rindes al supremo coro,
prepara en su poder, en su tesoro
a tu cadáver un eterno día.

   Bien esta acción al mundo desengaña
que respeta a tus méritos, no ofende,  10
mientras el alma no celebra España.

   Que como ser temeridad entiende
usurpar a los astros esta hazaña,
para el cuerpo después la acción suspende.




ArribaAbajoBotello, Miguel

España. Siglo XVII

Poeta y amigo de Lope de Vega.




A San Isidro


   Los campos de Madrid, Isidro santo,
verdor anticipado a las riberas,
para fertilizar sus primaveras,
tus ojos riegan con devoto llanto.

   La elevación levantas, y entre tanto  5
guían tus tardos bueyes, que aligeras,
los que habitan las célicas esferas,
dando a los orbes prodigioso espanto.

   Tu alma como flor se levantaba
del campo al cielo a darle un atributo,  10
que la tierra en tu nombre acreditaba.

   Y allí cogiendo de la fe el tributo
te da de la esperanza que te daba,
sembrando aquí sus lágrimas, el fruto.




ArribaAbajoBoyl, Carlos

Valencia. 1577 - 1618

Escritor y poeta. Muere en una emboscada tras ser herido.




Soneto a la venida del ilustrísimo y excelentísimo señor Duque de Feria, virrey y capitán general en esta ciudad y reino de Valencia


   El sol de Feria envuelto en Ferias vino
delas grandezas de su insigne estado,
por quien trae el que menos obligado,
que contar de la feria de contino.

   Según le va en la Feria, me imagino  5
que habla el deseo que obligó al Feriado,
y así en mi obligación en Feria he dado
loas al dueño desta Feria dino.

   La tienda de esta Feria es la venida
del mayor atributo que en el suelo  10
prestó a la fama para hallar materia.

   Por quien la voz del bien agradecido
en Ferias de su amor puso en el Cielo
la tienda alegre que le dio esta Feria.




Al nacimiento del señor Marqués de Villalba, su hijo del señor Duque de Feria, y de mi señora doña Isabel de Córdoba, hija del Duque de César


   La Cesarina excelsa hermosa Luna
del sol de Feria amando el nuptio asiento
al alma ( de sus rayos movimiento)
entre llamas de luz puso en la cuna.

   Diole estado en naciendo la Fortuna,  5
Mercurio y Marte, letras y ardimiento,
Apolo y Iove raro entendimiento,
que es don que de los otros es columna.

   El Cielo (por remate de los bienes
que a esta Alba suya venturosa envía)  10
al nacer en Valencia le hizo salva.

   ¡Oh suceso que a ser único vienes!
pues vio Valencia al Alba en medio día,
naciendo el marqués bello de Villaba.




A Lope de Vega cuyo nombre va en él cifrado


   Lacedemonia se honra de Bulides,
Ortigia de su oráculo y su suerte,
Préciase Atenas de su Codro fuerte,
Esparta de Cleomenes y sus lides.

   Del gran Teseo y del famoso Alcides  5
Es Grecia madre, y tiene aunque, en la muerte,
Vivo al famoso hijo de Laerte,
En el estado en que se vio su Euclides.

   Gentil renombre Córdoba la llana
Adquiere, porque ha Séneca ha criado,  10
Crisosl y espejo de la ciencia Hispana.

   Ahora, mejorando más su estado,
Recibe honor Madrid, alegre, ufana
Por el varón insigne que ha engendrado.

   Y pues su cielo ha dado  15
otro retrato de estas sombras vivo,
loen mis versos su saber altivo.




A Francisco Cascales, cuyo nombre va en el cifrado


   Famoso nombre Córdoba la llana
recibe, porque a Séneca ha criado.
Apuleyo a Africa ha ensalzado
no menos que a su traza soberana.

   Catón el sabio a la nación Romana  5
inmensa gloria con su ciencia ha dado.
Sinón su humilde patria ha levantado.
Crisipo estableció la ley Tebana.

   Homero a Grecia puso en gran alteza.
Cartago por Cresón fue ennoblecida.  10
Apolo a Delfos dio dichosa suerte.

   Si en estas caber vemos tal grandeza,
¿con cuánta más razón engrandecida
a de ser Cartagena sabia y fuerte?

   Los cielos, porque acierte,  15
en un poeta influyen arte y ciencia
sólo para que alabe su excelencia.




ArribaAbajoBruton y Mójica, Joseph

España. Siglo XVII

Poeta. Religioso de la Compañía de Jesús del Reino de Aragón.




Soneto


   ¿Quién muere allí? Detente, escucha, mira,
no ves (que gran dolor) Otra vez huerto
cadáver tronco, que de horror cubierto,
a otro tronco en sufrir, alma respira.

   Desde la Cruz un Héroe aliento inspira  5
al gran Javier, que mide con pie incierto,
el Indio suelo, y congojado, o muerto,
la tierra, el aire, el agua, el fuego admira.

   Suda Javier (todo alma) padeciendo,
sude Cristo, que es cuerpo en pena aguda,  10
en cuerpo y alma está el amor muriendo.

   El cuerpo, y al verdad mueren sin duda,
que como el alma gime, falleciendo,
el Cuerpo allá en la Cruz, sangre trasuda.




ArribaAbajoBueno, Francisco

España. Siglo XVII

Poeta. Secretario del Exmo. Señor Duque de Íjar.




Soneto


   Cuando en Cruz interior Javier penaba,
Cristo ansioso también sangre vertía,
tan cerca de divino parecía,
que las venas la Cruz equivocaba.

   Tanto su corazón crucificaba,  5
que del dolor el mérito quería
explicarse cruento, y no podía,
porque en su sangre el mérito no hallaba.

   Y este fue el padecer más exquisito,
pues de unas ansias, de tormento llenas,  10
limitó el merecer, un ser finito.

   Y a su Cruz no bastando humanas venas,
por que el mérito llegue a lo infinito,
puso la sangre Dios, Javier las penas.




    Sonetos del siglo XV al XVII
     edición de Ramón García González
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