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Celestino Pujol y Camps
- IV -4 Rara vez me será dable presentar á esta Corporación doctísima una colección de dibujos de monedas ibéricas tan notables como la que acompaña á estas líneas, pues además de las curiosas variedades de Varea, Iesso, Aregrat y Dianium que van en ella contenidas, avaloran la importancia de la estampa las dos piezas que la encabezan, cuyo interés no debo encarecer, puesto que con su publicación agrega la Academia un nuevo pueblo monetal á la numismática ibérica. Helo aquí:
Inédita debo considerar esta especie numismática.
Los dos ases que de ella publico deben ser rarísimos, pues ni Delgado ni
Zobel los conocieron. No mucho montan las variantes que los diferencian, ya que
consisten tan solo en pequeños accidentes de
Estos dos ejemplares ha poco tiempo que ingresaron en el escogido acopio de monedas ibéricas que con gran empeño y no menores dispendios viene juntando D. Rafael Cervera, cuyo monetario posee el del Sr. Otin y Duaso, en otros tiempos muy nombrado. He pretendido averiguar la procedencia de estos ases y los resultados no han correspondido á mis ambiciones. Solo sé fijamente que formaron parte de la colección del presbítero D. Ramón Andrés de la Pastora, avecindado en Sigüenza, que fué comprada por D. Valentín Gil comerciante de monedas. Este ha tenido la bondad de informarme que hallando estas dos piezas envueltas en un papel con sobre en que se leía monedas inclasificables y no encontrando continuada su leyenda en las láminas de Delgado, enteró de ello al Sr. Cervera quien recogió las monedas. ¿De qué región las adquirió de segunda ó primera mano el señor de la Pastora? Aquí desaparece el rastro de la pesquisa y de consiguiente siendo desconocido el sitio del hallazgo, este no puede darnos luz ninguna para atribuir estos ases á tierras determinadas: de toda suerte, indispensable fuera siempre tener que acudir al examen detenido de los caracteres que aquellos presentan, para que nos hablen y digan la ceca que los acuñó. Para este estudio no cabe emplear otro método que el comparativo enseñado por mi insigne maestro Sr. Delgado. La lectura de una moneda no es antecedente bastante por sí solo para que podamos acudir con acierto á hojear los textos de geógrafos e historiadores: antes de esta tarea, si es que intenta ser fructífero el resultado, conviene juntar criterios numismáticos á fin de localizar la acuñación, ya que procediendo de otra suerte, la raíz de un nombre fuera motivo sobrado para llevarnos á divagar por regiones entre sí apartadas de nuestra antigua España, dándose el caso, que no es nuevo, de repartir monedas sin el debido concierto. Ganoso de acertar expondré cuantos ensayos he practicado para fijar una solución, que creo responde á las exigencias científicas. Las monedas con leyenda
Los puntos de contacto que existen entre estas monedas y la
especie nueva que he dado á la estampa, se reducen á la igualdad
de módulo y peso; á que en todas la cabeza es imberbe y con un
delfín á cada lado, y el jinete corre lanza en ristre sobre una
línea. Pero de dichas semejanzas no pueden derivarse razones
concluyentes, cuando las diferencias que separan estas monedas son de gran
importancia. Las distintas acuñaciones que he tomado por punto de
comparación, se caracterizan no solo por tener los delfines del anverso
vueltos hacia arriba, sino también, y el detalle es sustancial, porque
la leyenda campea debajo de la línea que sirve de base al caballo,
circunstancia que sin duda fué la que inclinó á Delgado
para agrupar las monedas relacionadas, en los alrededores de Yecla, exceptuando
la de los
caravenses
¿Podrá el sufijo
No produciendo pues, estos tanteos una norma segura para decidir
sin vacilaciones la atribución de la moneda en cuestión, me
haré cargo del cotejo que se ha hecho de su epígrafe con otro muy
raro en que Zobel lee Th(i)th(i)akos (t. II, pág. 15). La aludida
leyenda
Forzando la lectura, con la cómoda ventaja de suplir vocales á conveniencia, tampoco es lícito hallar igualdad entre el letrero
Ni las fábricas de estas respectivas piezas permiten una interpretación tan amañada, ni los tipos de las monedas la consienten, y contraríala también la indicación omonóica de las primeras que no aparece en las últimas. Sólo una acuñación, entre las muchas del
abundante dinero ibérico, corresponde perfectamente á la
fábrica y tipos de nuestras monedas, revelando entre ambas no solo su
coetaneidad, sino
Obtenido ya este punto de partida, que creo seguro, podemos fijar ahora la lectura del rótulo, apuntando de paso que los dos últimos autores que se han ocupado de fijar el valor de los caracteres ibéricos, nos ofrecen substancialmente igual resultado. La leyenda dice así:
No hay duda pues: 1.º Que la moneda fué emitida por unos Lutzakos, ó sea de los de Lutza y 2.º Que estas gentes habitaron una comarca no lejana del gran centro numismático aregradense. Dueños de estas conclusiones, ahora es la ocasión de acudir á los textos de los antiguos escritores buscando en la Celtiberia, alguna cita éthnica, ó de población, cuyo nombre reclame la ceca que nos ocupa. Afortunadamente la raíz Lut es tan escasa en nuestra geografía ibero-romana, que el problema resulta de facilísima resolución. Los Lutzakos de la moneda no pueden ser otros que las habitantes de Lutia, mencionada por Appiano Alejandrino en sus Guerras ibéricas. Esta atribución no solo conviene con los criterios numismáticos expuestos, si que también la abonan las noticias que nos ha trasmitido el historiador, quien nos refiere que Lutia estaba emplazada á trescientos estadios de Numancia (trecentis stadiis Numantia distans) y no es de extrañar por otra, parte que contara con taller monetario, cuando nos dice el Alejandrino que era una ciudad opulenta (oppidum fuit opulentum.)
El nombre de Lutia era conocido también en la
epigrafía ibérica, pues figura en la notabilísima
lámina metálica de Luzaga, de cuya publicación la ciencia
le es deudora á esta Real Academia5. Al analizarla Zobel, hizo notar que en la segunda
línea de la inscripción se lee
Hoy sustituye á la antigua Lutia entre los Pelendones, la humilde aldea de Cantalucia, en la cuenca del Ucero, á 43 kilómetros de Agreda y 19 al Nordeste de Osma, y de consiguiente, siendo muy próxima su fundación á Voluce, mansión de la vía romana, cuyo trayecto de Uxama á Augustobriga, ha merecido un concienzudo estudio7. Añadiré para salirme de este asunto, que la emisión de los ases de Lutia que acabo de clasificar, merecen el interés ó simpatía de haber sido batidos por las gentes que presenciaron la renombrada caída de Numancia. (631 de Roma, 133 a. J. C.) Su acuñación es á todas luces poco anterior á la sublime catástrofe con que terminó aquella guerra épica, cuya fama con poderosa mano escribió la Celtiberia en la mente de todos los siglos que habían de venir. Lutia tributaría con ese dinero á los legionarios opresores, que al mando de Scipión el Africano cayeron una mañana sobre la conmovida ciudad, dejándola una horrible memoria de su paso8.
No habían sido aún dados á la estampa estos dos ejemplares de las acuñaciones de Varea los cuales resultan variedades del que dió á conocer Zobel grabándolo de una pieza que existe en la colección del Sr. Domingo Bazán (lám. VI, núm. 7, t. II, Estudio, etc.) Sin embargo acerca del citado ejemplar abrigo la duda de que esté completo, pues quizá por efecto del roce no conserva el arado detrás de la cabeza, símbolo que parece característico de esta clase de acuñaciones.
En la obra Delgado se atribuyen á Guisona los ases con
las leyendas
No es extraño el error en que cayó mi maestro, pues conociendo solamente una variedad del as de Iesso, no pudo apreciar con toda holgura la diferente fábrica de las acuñaciones de dichos dos pueblos. Las monedas de Iesso no son comunes: después de los esfuerzos de todos solo se han descubierto cuatro variedades. Delgado, Guisona, 2. Zobel núm. 132 y las dos que he tenido la suerte de llevar á este BOLETÍN números 1 y 49. No han llegado á mi noticia los divisores de esta moneda, ni tampoco los de los ases de Aeso. En vano he revisado en su busca un gran número de colecciones; avara la tierra les esconde aún y su desconocimiento es una prueba más, que añadida á las que continuamente se presentan, nos dejan comprender las muchas variedades de monedas ibéricas que quedan por conocer.
Esta variedad, por la media luna de su anverso, marca el tránsito de las emisiones de Setisacum con el jinete llevando enseña ó caduceo (Delgado 1 y 2 y este BOLETÍN moneda núm. 19) á los ases con los tres delfines. (Delgado 4 y 5.)
Al grabar por vez primera estos dos rarísimos divisores del dinero Aregradense, debo advertir que la moneda núm. 51 ha sido descrita por Zobel (núm. 555) de un ejemplar mal conservado que figura en la colección Cervera. Comparándolo con el que poseo, resulta que los dos, únicos que conozco, tienen ambos el delfín y la media luna en el anverso, sin cuyos símbolos aparece mencionada esta moneda en la aludida descripción de Zobel. La aparición de la media luna en monedas de bronce de Aregrad, no dejó de llamarme la atención. Era conocido dicho símbolo en piezas ibéricas de Segobriga, Sástago etc. pero figurando en bronces aregradenses resultaba un hecho tan desusado, que teniendo en cuenta la desmedrada conservación de las monedas, inducía á sospechar si la media luna que en ella se dibujaba fuese realmente la delgada silueta de un delfín. Pero como quiera que Zobel ha publicado un denario de dicha serie en que sin ninguna duda aparece el indicado símbolo (núm. 520, láms. 7-11 tomo I), me he convencido de que la novedad que ostenta esta moneda de plata fué continuada en la de bronce. Esperemos pues, de consiguiente que aparezcan algún día los ases de la rara emisión con la media luna.
En la Revista de Ciencias históricas (t. III, pág. 153) describí las cuatro monedas que anteceden y aprovecho ahora la ocasión para darlas á conocer grabadas, atendiendo á la importancia de sus variedades. La disposición de las leyendas núm. 53 y 56 y sobre todo esta última, convencen de que no siempre las leyendas atribuidas al distrito cartaginense, se caracterizan por tener la leyenda debajo de una línea. CELESTINO PUJOL Y CAMPS. Madrid, 28 Mayo de 1881.
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