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     José de Espronceda
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ArribaAbajo

Poesías

José de Espronceda



     [Nota preliminar: Edición digital a partir de la edición de Madrid, Imprenta de Yenes, 1840 y cotejada con las ediciones críticas de Robert Marrast (Madrid, Castalia, 1970) y Domingo Yudurain (Madrid, Cátedra, 1992)]



ArribaAbajo

A ***

dedicándole estas poesías

 
                             ArribaAbajoMarchitas ya las juveniles flores,
Nublado el sol de la esperanza mía,
Hora tras hora cuento y mi agonía
Crecen y mi ansiedad y mis dolores.           
 
   Sobre terso cristal ricos colores, 5
Pinta alegre tal vez mi fantasía,
Cuando la triste realidad sombría
Marcha el cristal y empaña sus fulgores.
 
   Los ojos vuelvo en incesante anhelo,
Y gira entorno indiferente el mundo, 10
Y entorno gira indiferente el cielo.
 
   A ti las quejas de mi mal profundo,
Hermosa sin ventura, yo te envío:
Mis versos son tu corazón y el mío.
 
 
ArribaAbajo

Serenata

ArribaAbajoDelio a las rejas de Elisa
Le canta en noche serena
       Sus amores.
 
Raya la luna, y la brisa
Al pasar plácida suena 5
       Por las flores.
 
Y al eco que va formando
El arroyuelo saltando
       Tan sonoro,
 
Le dice Delio a su hermosa 10
En cantilena amorosa:
       «Yo te adoro».
 
En el regazo adormida
Del blando sueño, presentes
       Mil delicias, 15
 
En tu ilusión embebida,
Feliz te finges, y sientes
       Mis caricias.
 
Y en la noche silenciosa
Por la pradera espaciosa 20
       Blando coro
 
Forman, diciendo a mi acento,
El arroyuelo y el viento:
       «Yo te adoro».
 
En derredor de tu frente 25
Leve soplo vuela apenas
       Muy callado,
 
Y allí esparcido se siente
Dulce aroma de azucenas
       Regalado, 30
 
Que en fragancia deleitosa
Vuela también a la diosa
       Que enamoro,
 
El eco grato que suena
Oyendo mi cantilena: 35
       «Yo te adoro».
 
Del fondo del pecho mío
Vuela a ti suspiro tierno
       con mi acento;
 
En él, mi Elisa, te envío 40
El fuego de amor eterno,
       Que yo siento.
 
Por él, mi adorada hermosa,
Por esos labios de rosa
       De ti imploro 45
 
Que le escuches con ternura,
Y le oirás cómo murmura:
       «Yo te adoro».
 
Despierta y el lecho deja:
No prive el sueño tirano 50
      De tu risa
 
A Delio, que está a tu reja,
Y espera ansioso tu mano,
       Bella Elisa.
 
Despierta, que ya pasaron 55
Las horas que nos costaron
       Tanto lloro;
 
Sal, que gentil enramada
Dice a tu puerta enlazada:
       «Yo te adoro». 60

Londres, 1828

 
 
ArribaAbajo

A una dama burlada

   ArribaAbajoDueña de rubios cabellos,
       Tan altiva,
Que creéis que basta el vellos
Para que un amante viva
       Preso en ellos 5
El tiempo que vos queréis;
Si tanto ingenio tenéis
Que entretenéis tres galanes,
¿Cómo salieron mal hora,
       Mi señora, 10
       Tus afanes?
 
   Pusiste gesto amoroso
       Al primero;
Al segundo el rostro hermoso
Le volviste placentero, 15
 
       Y con doloso
Sortilegio en tu prisión
Entró un tercer corazón;
Viste a tus pies tres galanes,
Y diste, al verlos rendidos, 20
       Por cumplidos
       Tus afanes.
 
   ¡De cuántas mañas usabas
       Diligente!
Ya tu voz al viento dabas, 25
Ya mirabas dulcemente,
       O ya hablabas
De amor, o dabas enojos;
Y en tus engañosos ojos
A un tiempo los tres galanes, 30
Sin saberlo tú, leían
       Que mentían
       Tus afanes.
 
   Ellos de ti se burlaban;
       Tú reías; 35
Ellos a ti te engañaban,
Y tú, mintiendo, creías
       Que te amaban:
Decid, ¿quién aquí engañó?
 
   ¿Quién aquí ganó o perdió? 40
Sus deseos tus galanes
Al fin miraron cumplidos,
       Tú, fallidos,
       Tus afanes. (1)
 
 
ArribaAbajo

A la noche

Romance

 
ArribaAbajoSalve, oh tú, noche serena,
Que al mundo velas augusta,
Y los pesares de un triste
Con tu oscuridad endulzas.
 
El arroyuelo a lo lejos 5
Más acallado murmura,
Y entre las ramas el aura
Eco armonioso susurra.
 
Se cubre el monte de sombras
Que las praderas anublan, 10
Y las estrellas apenas
Con trémula luz alumbran.
 
Melancólico rüido
Del mar las olas murmuran,
Y fatuos, rápidos fuegos 15
Entre sus aguas fluctúan.
 
El majestüoso río
Sus claras ondas enluta,
Y los colores del campo
Se ven en sombra confusa. 20
 
Al aprisco sus ovejas
Lleva el pastor con presura,
Y el labrador impaciente
Los pesados bueyes punza.
 
En sus hogares le esperan 25
Su esposa y prole robusta,
Parca cena, preparada
Sin sobresalto ni angustia.
 
Todos süave reposo
En tu calma, ¡oh noche!, buscan, 30
Y aun las lágrimas tus sueños
Al desventurado enjugan.
¡Oh qué silencio! ¡Oh qué grata
Oscuridad y tristura!
¡Cómo el alma contemplaros 35
En sí recogida gusta!
 
Del mustio agorero búho
El ronco graznar se escucha,
Que el magnífico reposo
Interrumpe de las tumbas. 40
 
Allá en la elevada torre
Lánguida lámpara alumbra,
Y en derredor negras sombras,
Agitándose, circulan.
 
Mas ya el pértigo de plata 45
Muestra naciente la luna,
Y las cimas del otero
De cándida luz inunda.
 
Con majestad se adelanta
Y las estrellas ofusca, 50
Y el azul del alto cielo
Reverbera en lumbre pura.
 
Deslízase manso el río
Y su luz trémula ondula
En sus aguas retratada, 55
Que, terso espejo, relumbran.
 
Al blando batir del remo
Dulces cantares se escuchan
Del pescador, y su barco
Al plácido rayo cruza. 60
 
El ruiseñor a su esposa
Con vario cántico arrulla,
Y en la calma de los bosques
Dice él solo sus ternuras.
 
Tal vez de algún caserío 65
Se ve subir en confusas
Ondas el humo, y por ellas
Entreclarear la luna.
 
Por el espeso ramaje
Penetrar sus rayos dudan, 70
Y las hojas que los quiebran,
Hacen que tímidos luzcan.
 
Ora la brisa süave
Entre las flores susurra,
Y de sus gratos aromas 75
El ancho campo perfuma.
 
Ora acaso en la montaña
Eco sonoro modula
Algún lánguido sonido,
Que otro a imitar se apresura. 80
 
Silencio, plácida calma
A algún murmullo se juntan
Tal vez, haciendo más grata
La faz de la noche augusta.
 
¡Oh! salve, amiga del triste, 85
Con blando bálsamo endulza
Los pesares de mi pecho,
Que en ti su consuelo buscan.
 
 
ArribaAbajo

El pescador

   ArribaAbajoPescadorcita mía,
Desciende a la ribera,
Y escucha placentera
Mi cántico de amor;
   Sentado en su barquilla, 5
Te canta su cuidado,
Cual nunca enamorado
Tu tierno pescador.
 
   La noche el cielo encubre
Y acalla manso el viento, 10
Y el mar sin movimiento
También en calma está:
   A mi batel desciende,
Mi dulce amada hermosa:
La noche tenebrosa 15
Tu faz alegrará.
 
   Aquí apartados, solos,
Sin otros pescadores,
Suavísimos amores
Felice te diré, 20
   Y en esos dulces labios
De rosas y claveles
El ámbar y las mieles
Que vierten libaré.
 
   La mar adentro iremos, 25
En mi batel cantando
Al son del viento blando
Amores y placer;
   Regalarete entonces
Mil varios pececillos 30
Que al verte, simplecillos,
De ti se harán prender.
 
   De conchas y corales
Y nácar a tu frente
Guirnalda reluciente, 35
Mi bien, te ceñiré;
   Y eterno amor mil veces
Jurándote, cumplida
En ti, mi dulce vida,
Mi dicha encontraré. 40
 
   No el hondo mar te espante,
Ni el viento proceloso,
Que al ver tu rostro hermoso
Sus iras calmarán;
   Y sílfidas y ondinas 45
Por reina de los mares
Con plácidos cantares
A par te aclamarán.
 
   Ven ¡ay! a mi barquilla,
Completa mi fortuna; 50
Naciente ya a la luna
Refleja el ancho mar;
   Sus mansas olas bate
Süave, leve brisa;
Ven ¡ay! mi dulce Elisa, 55
Mi pecho a consolar.
 
 
ArribaAbajo

Óscar y Malvina

Imitación del estilo de Ossián
 
(A tale of the times of old)
 
LA DESPEDIDA
ArribaAbajoMagnífico Morvén, se alza tu frente
De sempiterna nieve coronada;
Al hondo valle bramador torrente
De tu cumbre enriscada
Se derrumba con ímpetu sonante, 5
Y zumba allá distante.
La lira de Ossián resonó un día
En tu breñosa cumbre:
Tierna melancolía
Vertió en la soledad, y repetiste 10
Su acento de dolor lánguido y dulce,
Como el recuerdo del amante triste
De su amada en la tumba.
El eco de su voz clamando guerra
Al rumor del torrente parecía, 15
Que en silencio retumba.
Aun figuro tal vez que las montañas
De nuevo esperan resonar su acento,
Cual muda la ribera
De las olas que tornan, 20
El ronco estruendo y el embate espera.
¿Dónde estás, Ossián? ¿En los palacios
De las nubes agitas la tormenta,
O en el collado gira allá en la noche
Vagorosa tu sombra macilenta? 25
Siento tierno quejido,
Y oigo el nombre de Óscar y de Malvina
Del aura entre el rüido,
Si el alta copa del ciprés inclina;
Y al resonar el hijo de la roca, 30
Cuando su voz se pierde
Cual la luz de la luna entre la niebla,
Mi mente se figura
Que escucho tus acentos de dulzura.
Miro el alcázar de Fingal cubierto 35
De innoble musgo y yerba,
Y en silencio profundo sepultado
Como la noche el mar, el viento en calma.
¿Do las armas están? ¿Dónde el sonido
Del escudo batido? 40
¿Do de Carril la lira delicada,
Las fiestas de las conchas y tu llanto,
Moina desconsolada?
Blando el eco repite
Segunda vez el nombre de Malvina 45
Y el de su dulce Óscar: tiernos se amaron,
Gime en su losa de la noche el viento,
Y repite sus nombres que pasaron.
   Óscar de negros ojos, en las paces
Dulce su corazón como los rayos 50
Del astro bello precursor del día,
Y fiero en la batalla de la lanza,
A la suya seguía
La muerte que vibraba su pujanza.
   Llamó al héroe la guerra 55
Que el tirano Cairvar fiero traía,
Y su Malvina hermosa
Tierno llanto vertiendo le decía:
«¿Dónde marchas, Óscar? Sobre las rocas,
Donde braman los vientos, 60
Me mirarán llorar mis compañeras:
No más fatigaré vibrando el arco
Por el monte las fieras,
Ni a ti cansado de la ardiente caza
Te esperaré cuidosa, 65
Ni oiré ya más la voz de tus amores,
Ni mi alma estará nunca gozosa.
'¿En dónde está mi Óscar?' a los guerreros
Preguntaré anhelante,
Y ellos pasando junto a mí ligeros 70
Responderán: '¡Murió!'». Dice, y expira
En sollozos su acento más süave
Que del arpa el sonido,
al vislumbrar la luna
En solitario bosque y escondido. 75
   «Destierra ese temor, Malvina mía
-Óscar responde con fingido aliento-;
Muchos los héroes son que Fingal manda:
Caiga el Fiero Cairvar y yo perezca,
Si es forzoso también; mas tú, Malvina, 80
Bella como la edad de la inocencia,
Vive, que ya destina
Himnos el barco a eternizar mi gloria.
Mis hazañas oirás y entre las nubes
Yo sonreiré feliz, y vagaroso 85
Allá en la noche fría
Bajaré a tu mansión; verás mi sombra
Al triste rayo de la luna umbría».
   Y dice y se desprende de los brazos
De su infeliz Malvina; 90
A pasos rapidísimos avanza,
Y a la llama oscilante
De las hogueras del extenso campo
Brillar se ven sus armas cual radiante,
Rápida exhalación. Yace en silencio 95
El campamento todo,
Y sólo al eco repetir se siente
El crujir al andar de su armadura
Y el blando susurrar del manso ambiente.
   Cual por nubes la luna silenciosa 100
Su luz quebrada envía
Trémula sobre el mar que la retrata,
Que ora se ve brillar, ora perdida
Pardo vellón de nube la arrebata,
Cielo y tierra en tinieblas sepultando; 105
Así a veces Óscar brilla y se pierde,
La selva atravesando.
 

EL COMBATE

   Cairvar yace dormido
Y tiene junto a sí lanza y escudo,
Y relumbra su yelmo 110
Claro a la llamarada reluciente
De un tronco carcomido,
Casi despojo de la llama ardiente,
Mitad de él a cenizas reducido.
   «Levántate, Cairvar -Óscar le grita-; 115
Cual hórrida tormenta
Eres tú de temer, mas yo no tiemblo:
Desprecio tu arrogancia y osadía;
La lanza apresta y el escudo embraza,
Álzate pues, que Óscar te desafía.» 120
   Cual en noche serena
Súbito amenazante, inmensa nube
La turbulenta mar de espanto llena,
Se levanta Cairvar, alto cual roca
De endurecido hielo. 125
«¿Quién osa del valiente
-En voz tronante grita-
Ora turbar el sueño, y quién irrita
La cólera a Cairvar armipotente?»
   «Vigoroso es tu brazo en la pelea, 130
Rey de la mar de aurirrolladas olas
-Óscar de negros ojos le responde-,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Hará ceder tu indómita pujanza.»
   Como el furor del viento proceloso
Ondas con ondas con bramido horrendo 135
Estrella impetuoso,
Los guerreros ardiendo se arremeten
Y fieros se acometen.
   Chispea el hierro, la armadura suena:
Al rumor de los golpes gime el viento, 140
Y su son, dilatándose violento,
Al ronco monte atruena.
   Cayó Cairvar como robusto tronco
Que tumba el leñador al golpe rudo
De hendiente hacha pesada, 145
Y cayó derribada
Su soberbia fiereza,
Y su insolente orgullo y aspereza.
   Mas ¡ay! que moribundo
Óscar yace también: ¡triste Malvina! 150
Aún no los bellos ojos apartaste
Del bosque aquel que le ocultó a tu vista,
Y del último adiós aún no enjugaste
Las lágrimas hermosas,
Tú más dulce a tu Óscar que las sabrosas 155
Auras de la mañana,
Siempre sola estarás; si entre las selvas
Pirámide de hielo
Reverbera a la luna,
En tu ilusión dichosa 160
Figurarás tu amante,
Pensando ver su cota fulgurosa;
Pasará tu delirio
Y verterás al llanto de amargura
Sola y desconsolada... 165
   «¡Ay! ¡Óscar pereció!», gemirá el viento
Al romper la alborada,
Y al ocultar el sol la sombra oscura
De la noche callada.
 
 
ArribaAbajo

Al sol

Himno
 
   ArribaAbajoPara y óyeme ¡oh Sol! yo te saludo
Y estático ante ti me atrevo a hablarte;
Ardiente como tú mi fantasía,
Arrebatada en ansia de admirarte,
Intrépidas a ti sus alas guía. 5
¡Ojalá que mi acento poderoso,
Sublime resonando,
Del trueno pavoroso
La temerosa voz sobrepujando,
¡Oh sol!, a ti llegara 10
Y en medio de tu curso te parara!
¡Ah! si la llama que mi mente alumbra
Diera también su ardor a mis sentidos,
Al rayo vencedor que los deslumbra,
Los anhelantes ojos alzaría, 15
Y en tu semblante fúlgido atrevidos
Mirando sin cesar los fijaría.
¡Cuánto siempre te amé, sol refulgente!
¡Con qué sencillo anhelo,
Siendo niño inocente, 20
Seguirte ansiaba en el tendido cielo,
Y extático te vía
Y en contemplar tu luz me embebecía!
   De los dorados límites de Oriente,
Que ciñe el rico en perlas Oceano, 25
Al término asombroso de Occidente
Las orlas de tu ardiente vestidura
Tiendes en pompa, augusto soberano,
Y el mundo bañas en tu lumbre pura.
Vívido lanzas de tu frente el día, 30
Y, alma y vida del mundo,
Tu disco en paz majestuoso envía
Plácido ardor fecundo,
Y te elevas triunfante,
Corona de los orbes centellante. 35
   Tranquilo subes del cenit dorado
Al regio trono en la mitad del cielo,
De vivas llamas y esplendor ornado,
Y reprimes tu vuelo.
Y desde allí tu fúlgida carrera 40
Rápido precipitas,
Y tu rica encendida cabellera
En el seno del mar trémula agitas,
Y tu esplendor se oculta,
Y el ya pasado día 45
Con otros mil la eternidad sepulta.
   ¡Cuántos siglos sin fin, cuántos has visto
En su abismo insondable desplomarse!
¡Cuánta pompa, grandeza y poderío
De imperios populosos disiparse! 50
¿Qué fueron ante ti? Del bosque umbrío
Secas y leves hojas desprendidas,
Que en círculo se mecen,
Y al furor de Aquilón desaparecen.
   Libre tú de la cólera divina, 55
Viste anegarse el universo entero,
Cuando las aguas por Jehová lanzadas,
Impelidas del brazo justiciero,
Y a mares por los vientos despeñadas,
Bramó la tempestad; retumbó en torno 60
El ronco trueno y con temblor crujieron
Los ejes de diamante de la tierra;
Montes y campos fueron
Alborotado mar, tumba del hombre.
Se estremeció el profundo; 65
Y entonces tú, como Señor del mundo,
Sobre la tempestad tu trono alzabas,
Vestido de tinieblas,
Y tu faz engreías,
Y a otros mundos en paz resplandecías. 70
   Y otra vez nuevos siglos
Viste llegar, huir, desvanecerse
En remolino eterno, cual las olas
Llegan, se agolpan y huyen de Oceano,
Y tornan otra vez a sucederse; 75
Mientra inmutable tú, solo y radiante
¡Oh sol! siempre te elevas,
Y edades mil y mil huellas triunfante.
   ¿Y habrás de ser eterno, inextinguible,
Sin que nunca jamás tu inmensa hoguera 80
Pierda su resplandor, siempre incansable,
Audaz siguiendo tu inmortal carrera,
Hundirse las edades contemplando,
Y solo, eterno, perenal, sublime,
Monarca poderoso dominando? 85
No, que también la muerte,
Si de lejos te sigue,
No menos anhelante te persigue.
¿Quién sabe si tal vez pobre destello
Eres tú de otro sol que otro universo 90
Mayor que el nuestro un día
Con doble resplandor esclarecía!!!
   Goza tu juventud y tu hermosura
¡Oh sol!, que cuando el pavoroso día
Llegue que el orbe estalle y se desprenda 95
De la potente mano
Del Padre Soberano,
Y allá a la eternidad también descienda,
Deshecho en mil pedazos, destrozado
Y en piélagos de fuego 100
Envuelto para siempre, y sepultado
De cien tormentas al horrible estruendo,
En tinieblas sin fin tu llama pura
Entonces morirá. Noche sombría
Cubrirá eterna la celeste cumbre; 105
Ni aun quedará reliquia de tu lumbre!!!
 
 
ArribaAbajo

La cautiva

   ArribaAbajoYa el sol esconde sus rayos,
El mundo en sombras se vela,
El ave a su nido vuela,
Busca asilo el trovador.
   Todo calla: en pobre cama 5
Duerme el pastor venturoso;
En su lecho suntüoso
Se agita insomne el señor.
 
   Se agita, mas ¡ay! reposa
Al fin en su patrio suelo; 10
No llora en mísero duelo
La libertad que perdió.
   Los campos ve que a su infancia
Horas dieron de contento,
Su oído halaga el acento 15
Del país donde nació.
 
   No gime ilustre cautivo
Entre doradas cadenas,
Que si bien de encanto llenas,
Al cabo cadenas son. 20
   Si acaso triste lamenta,
En torno ve a sus amigos,
Que, de su pena testigos,
Consuelan su corazón.
 
   La arrogante erguida palma 25
Que en el desierto florece,
Al viajero sombra ofrece,
Descanso y grato manjar;
   Y, aunque sola, allí es querida
Del árabe errante y fiero, 30
Que siempre va placentero
A su sombra a reposar.
 
   Mas ¡ay triste! yo cautiva,
Huérfana y sola suspiro,
En clima extraño respiro, 35
Y amo a un extraño también;
   No hallan mis ojos mi patria;
Humo han sido mis amores;
Nadie calma mis dolores,
Y en celos me siento arder. 40
 
   ¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... No puedo,
Ni ceder a mi tristura,
Ni consuelo en mi amargura
Podré jamás encontrar.
   Supe amar como ninguna, 45
Supe amar correspondida;
Despreciada, aborrecida,
¿No sabré también odiar?
 
   ¡Adiós, patria!, ¡adiós, amores!
La infeliz Zoraida ahora 50
Solo venganzas implora,
Ya condenada a morir.
   No soy ya del castellano
La sumisa enamorada:
Soy la cautiva cansada 55
Ya de dejarse oprimir. (2)
 
 
ArribaAbajo

Canción del pirata

   ArribaAbajoCon diez cañones por banda,
Viento en popa, a toda vela,
No corta el mar, sino vuela
Un velero bergantín:
   Bajel pirata que llaman 5
Por su bravura el Temido,
En todo el mar conocido
Del uno al otro confín.
 
   La luna en el mar rïela,
En la lona gime el viento, 10
Y alza en blando movimiento
Olas de plata y azul;
   Y ve el capitán pirata,
Cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, a otro Europa, 15
Y allá a su frente Estambul (3).
 
«Navega, velero mío,
       Sin temor,
Que ni enemigo navío,
Ni tormenta, ni bonanza 20
Tu rumbo a torcer alcanza,
Ni a sujetar tu valor.
 
       »Veinte presas
       Hemos hecho
       A despecho 25
       Del inglés,
       Y han rendido
       Sus pendones
       Cien naciones
       A mis pies. 30
 
»Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley, la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
 
»Allá muevan feroz guerra 35
       Ciegos Reyes
Por un palmo más de tierra,
Que yo aquí tengo por mío
Cuanto abarca el mar bravío,
A quien nadie impuso leyes. 40
 
       »Y no hay playa,
       Sea cualquiera,
       Ni bandera
       De esplendor,
       Que no sienta 45
       Mi derecho
       Y dé pecho
       A mi valor.
 
»Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad, 50
Mi ley, la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
 
»A la voz de '¡barco viene!'
       Es de ver
Cómo vira y se previene 55
A todo trapo a escapar:
Que yo soy el rey del mar,
Y mi furia es de temer.
 
       »En las presas
       Yo divido 60
       Lo cogido
       Por igual.
       Sólo quiero
       Por riqueza
       La belleza 65
       Sin rival.
 
»Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley, la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar. 70
 
»¡Sentenciado estoy a muerte!
       Yo me río;
No me abandone la suerte,
Y al mismo que me condena
Colgaré de alguna entena 75
Quizá en su propio navío.
 
       »Y si caigo,
       ¿Qué es la vida?
       Por perdida ya la di,
       Cuando el yugo 80
       Del esclavo,
       Como un bravo,
       Sacudí.
 
»Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad, 85
Mi ley, la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
 
   »Son mi música mejor
       Aquilones,
El estrépito y temblor 90
De los cables sacudidos,
Del ronco mar los bramidos
Y el rugir de mis cañones.
 
       »Y del trueno
       Al son violento, 95
       Y del viento
       Al rebramar,
       Yo me duermo
       Sosegado,
       Arrullado 100
       Por el mar.»
 
»Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley, la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.» 105
 
 
ArribaAbajo

El canto del cosaco

Donde sienta mi caballo los pies
no vuelve a nacer yerba.             
 

Palabras de Atila.                   

 
CORO
   ArribaAbajo¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra!
La Europa os brinda espléndido botín;
Sangrienta charca sus campiñas sean,
De los grajos su ejército festín.
 
   ¡Hurra! ¡A caballo, hijos de la niebla! 5
Suelta la rienda, a combatir volad;
¿Veis esas tierras fértiles? Las puebla
Gente opulenta, afeminada ya.
   Casas, palacios, campos y jardines,
Todo es hermoso y refulgente allí; 10
Son sus hembras celestes serafines,
Su sol alumbra un cielo de zafir.
 
   ¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra!
La Europa os brinda espléndido botín;
Sangrienta charca sus campiñas sean, 15
De los grajos su ejército festín.
 
   Nuestros sean su oro y sus placeres,
Gocemos de ese campo y ese sol;
Son sus soldados menos que mujeres.
Sus reyes viles mercaderes son. 20
   Vedlos huir para esconder su oro,
Vedlos cobardes lágrimas verter...
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