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    La isla posible
     Carmen Alemany Bay, Remedios Mataix, José Carlos Rovira, con la colaboración de Pedro Mendiola Oñate, (eds.)
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Notas

790.       Los otros serían: la «audacia temática», el «carácter más abierto a cualquier aspecto de la realidad», el «afán de comunicación», la «preferencia por lo implícito, lo no explicativo», la «frecuente utilización de formas tropológicas» y el «tono íntimo, extraño a todo énfasis declamatorio». Han sido recogidos por Arturo Arango en su artículo «En otro lugar la poesía» que sirve de prólogo a la antología Los ríos de la mañana. Poesía cubana de los 80 preparada por Norberto Codina, La Habana, Ediciones Unión, 1995, págs. 9-20; pág. 10. Una versión del prólogo había sido publicada anteriormente en La Gaceta de Cuba (noviembre-diciembre de 1993), págs. 38-41.

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791.       Se publicó en México, U.A.M. (Azcapotzalco), 1982.

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792.       En la antología preparada por Jorge Iglesias, Donde irrumpe la luz. 18 poetas cubanos (Universidad del Magdalena, Ediciones Diálogo, 1995), sólo son antologados dos poetas de los que comenzaron a publicar sus libros a partir de 1980: Reina María Rodríguez y Ángel Escobar.

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793.       Sánchez Aguilera, Osmar: «Poesía en claro. Cuba, años 80 (long play/variaciones)», segundo prólogo a Poesía cubana de los años 80. Antología, Madrid, Ediciones La Palma, 1993, págs. 33-79; págs. 40-41. La selección la realizó Alicia Llarena, y la obra cuenta con una primera introducción suya. Una apretada síntesis del artículo fue publicada con el título «Poesía cubana de fin de siglo: otra poesía» en La Gaceta de Cuba (noviembre-diciembre de 1993), págs. 42-45.

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794.       Hoz, León de la: «Prólogo», op. cit., pág. 21. Señala entonces cómo «en el empeño por dotar a la Revolución de una poesía revolucionaria se dogmatizó la función cognoscitiva hacia objetivos políticos e ideológicos, en detrimento de otras funciones», con lo que la poesía de los primeros «caimanes» mostró una «marcada tendencia panfletaria» que legitimó la «pobreza expresiva» (pág. 33).

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795.       A propósito de un encuentro de poetas cubanos tanto de la isla como del inmenso territorio del exilio que tuvo lugar en Estocolmo en mayo de 1993, Reina María Rodríguez impugnaba la imposibilidad del diálogo real a causa de «esos extremos dogmáticos y empobrecedores de la polarización». En «Estocolmo: intolerancia, retractaciones, diálogos», La Gaceta de Cuba 4, (1994), pág. 61.

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796.       Con ello no pretendemos negar la fuerte presencia de lo erótico en la obra de Reina, sino más bien situarla en un contexto más amplio en el que hacerla inteligible: «(mi lujo) a la hora del mediodía, con el intenso calor, abrir las piernas y dejar que esa lengua delgada ande otra vez hurgando allí una vía de entrar a la ciudad, de conocer su ruido, saber si yo era cierta a través de una capa de olores puros, o ácidos, mezclados (olores que sobrepasan cualquier ph, tierra, virilidad, femenidad; olores que un perfumista esencial decidió combinar con tonos de rojos, fresa, claro, púrpura) yo pensando qué estaría descubriendo allí bajo el vértigo, qué fórmula se haría de verdad de su saliva conmigo». Pertenece a «luz acuosa» de Páramos, La Habana, Unión, 1995, pág. 24. A partir de este momento seguiremos esta edición.

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797.       Leemos: «busco explicarme la imposible dualidad símbolo-objeto: lo que parece que somos y nos creemos y la realidad. inscribir la memoria de un tiempo en la historia, ser protagónico (agónico) de ese momento, más allá de su representación (sin las parodias de mí misma en el oficio de «lo poético»)» («como las cosas caras», Páramos, pág. 36).

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798.       De Páramos: «hay símbolos que han impedido que tal sustancia al derramarse sea la vida (prefijación alquímica de las cosas), entre el momento en que se produce y el que la escribo, describo en ese espacio, hay una corrupción (como una comida recalentada, o una ensalada mustia que volvemos a rociar con vinagre)» («tutaoille ziguedau», pág. 20).

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799.       Fernández, Teodosio: «La última poesía cubana», loc. cit., pág. 153.

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