Publicidad
Publicidad
|
||||
Notas940. Es el caso de Isabel Álvarez-Borland, Discontinuidad y ruptura en Guillermo Cabrera Infante, Gaithersburg, Hispamérica, 1982, pág. 94; Reinaldo L. Jiménez, Guillermo Cabrera Infante y tres tristes tigres, Miami, Universal, 1977, págs. 78-79; José Sánchez Boudy, La nueva novela hispanoamericana y Tres tristes tigres, Miami, Eds. Universal, 1971, págs. 80-81; Emir Rodríguez Monegal, «Estructura y significaciones de Tres tristes tigres», en Narradores de esta América, tomo II, Caracas, Alfadil Eds., 1992, pág. 344. Más espacio le dedica Ernesto Gil López, Guillermo Cabrera Infante: La Habana, el lenguaje y la cinematografía, Santa Cruz de Tenerife, Cabildo Insular de Tenerife, 1991, págs. 94-123. Algunos de estos autores, en especial este último, desvelan algunas de las claves del texto; ampliamos y, en algunos casos, modificamos sus interpretaciones. 941. Es el caso de Carmen Bustillo en Barroco y América Latina, un itinerario inconcluso, (Caracas, Monte Ávila, 1990, pág. 259) que sólo ve en ella «el juego de las diferentes versiones de lo real, esta vez por medio de la parodia del estilo de cuatro (sic) escritores cubanos», pues «el objetivo es la travesura misma, la dislocación del eje narrativo que se detiene arbitrariamente en un motivo que nada tiene que ver con las historias que se han venido desarrollando». 942. Véase Rosa Mª Pereda, Cabrera Infante, Madrid, EDAF, 1979, pág. 24. 943. Traición y traducción están muy próximos en la obra. Véase al respecto: Suzanne Jill Levine, «La escritura como traducción: Tres tristes tigres y una Cobra», en Revista Iberoamericana, XLI, núm. 92-93 (1975) págs. 557-567; es evidente que se cumple la noción de hipertextualidad tal y como la describe Genette (Gérard Genette, Palimpsestos, La literatura en segundo grado, Madrid, Taurus, 1989, pág. 14 y sigs.) en la que un texto B, el hipertexto, en este caso el texto de Cabrera Infante, tiene una relación paródica o de imitación satírica con un texto anterior A, hipotexto: los autores cubanos nombrados. 944. Para la caracterización de Tres tristes tigres como obra neobarroca utilizamos la terminología del fundamental trabajo de Severo Sarduy: «El barroco y el neobarroco» en César Fernández Moreno (Coord.), América Latina en su Literatura, México, Siglo XXI, 4.ª ed. 1976, págs. 167-184. Algunos procedimientos barrocos de esta y otras obras del autor han sido estudiados por Isabel Román: La invención en la escritura experimental. Del Barroco a la literatura contemporánea, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1993. 945. Guillermo Cabrera Infante, Vidas para leerlas, Madrid, Alfaguara, 1998. Recoge ensayos biográficos publicados con anterioridad y entre los cuales podemos encontrar alusiones directas e indirectas a los escritores cubanos parodiados en Tres tristes tigres. Haremos referencia a ellos a lo largo de este trabajo. 946. Severo Sarduy, op. cit., pág. 175 y sigs. 947. José Martí, La Edad de Oro, edición facsimilar, La Habana, Letras Cubanas/Centro de Estudios Martianos, 1989, págs. 94-96. 948. José Martí: La Edad de Oro, op. cit., págs. 3-6. 949. Ibidem, pág. 3. No es de extrañar que en la revista Verde Olivo, Órgano de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, se proclame, bajo el nombre de Leopoldo Ávila, seudónimo al parecer del conocido crítico marxista José Antonio Portuondo, y al lado de variados ataques a Cabrera Infante, que todas estas parodias están «coronadas por la irreverencia injustificada y cainesca de una parodia de Martí» («Las respuestas de Caín» en Verde Olivo, IX, 44, 1968, pág. 18).
|