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    Hispania [Publicaciones periódicas]. Volume 75, Number 5, December 1992
    
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La labor periodística de Miguel Delibes


Pilar Concejo Álvarez


Colegio Universitario San Pablo LEU, Madrid, España


El presente trabajo intenta ser una aproximación a la labor periodística de Delibes, consciente de que el escritor y el periodista se unen con frecuencia en la misma persona.

El periodismo de Miguel Delibes está ligado al Norte de Castilla, diario de Valladolid fundado en 1854. Así lo expresa en carta al Decano de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid: «Al periodismo nací hace ahora 40 años y a través de ‘El Norte de Castilla’ y de mis colaboraciones esporádicas en diarios y revistas he permanecido vinculado a él a lo largo de cuatro décadas» (Delibes, Estudios 9).

El periodismo practicado en el Norte de Castilla ha sido para Delibes una escuela literaria; ha sido su escuela de narrador:

En este tiempo aprendí dos cosas fundamentales para mi posterior dedicación a la novela: la valoración humana de los acontecimientos cotidianos -los que la prensa refleja- y la operación de síntesis que exige el periodismo actual... Con este bagaje periodístico pasé a la narrativa y a pesar de los años transcurridos permanezco fiel a aquellos postulados, es decir, mi condición de novelista se apoya y se sostiene en mi condición de reportero.


(Estudios 10)                


Lo que el periodismo le da que no le da la literatura es el contacto inmediato con el público lector: «Mi objetivo ha sido siempre buscar al otro, conectar con mis conciudadanos, tenderles un puente. Periodismo y literatura han sido en mi vida dos actividades paralelas que se han enriquecido mutuamente» (Delibes, Pegar 185-86).

Hay quienes contraponen periodismo y literatura y quienes no conceden al periodismo otro valor que el ser el desecho de la literatura o un subgénero menor de ésta. Delibes lo tiene claro. «Sostengo desde siempre que periodismo y novela van unidos. No son caminos diferentes». Para él, el periodismo es la escuela donde aprende, practica y va madurando el escritor:

¿Qué hace el periodista que redacta un suceso sino narrar? ¿Qué diferencia hay entre el diálogo de una entrevista y el que se entable en una novela, aparte de la objetividad que debe caracterizar esta última? ¿Cómo puede entender nadie que estas actividades sean incompatibles? Consustancial al periodismo es el apremio y la crispación pero en todo lo que no sea técnica ni estructura, ambas actividades se dan la mano.


(Delibes, Pegar 190)                


En Delibes todo lo que escribe es literatura. La diferencia entre el periodista y el escritor radica fundamentalmente en que aquél denuncia de forma inmediata las anomalías que pueden darse en la sociedad mientras que el escritor indaga en el origen de esas disfunciones. Además hoy percibimos que el lenguaje de la prensa escrita tiende a ser más conciso, más sobrio, más preciso, al mismo tiempo que el lenguaje literario se simplifica. El periodismo de Delibes estaría en la línea de un periodismo literario, del bien hacer y del bien decir.

En una ocasión Delibes definió el periodismo como «el borrador de la literatura». Recientemente, en una entrevista publicada en El Mundo de Valladolid, se le pide que explique lo que quiere decir esta frase. Su respuesta es sencilla: «Una entrevista, el reportaje de un suceso, sería literatura si el señor que los relata en el periódico lo hiciera con más tiempo, con más reposo y con más posibilidades de reflexionar... Yo creo que todo periodista puede ser literato; no me parece que sean oficios distintos. La única diferencia es el apremio del tiempo» (Huelves).

Estamos de acuerdo con lo que dice, pero hay que distinguir entre un periodismo literario y otro periodismo de la calle. Delibes cultiva ambos, pero todo lleva la impronta de lo literario porque lleva la literatura en la punta de los dedos.

Delibes confiesa que le cuesta escribir y que mientras otros se divierten escribiendo, (Paco Umbral), él trabaja y se esfuerza. En el periodismo actual español, Delibes es la voz de la conciencia

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social que alerta ante el peligro de un progreso manipulador y deshumanizante. Es el cronista minucioso que nunca pierde contacto con la realidad y que denuncia los graves problemas de esta sociedad insensible a los problemas del hombre. Es la voz de una conciencia ecológica que alerta ante la progresiva destrucción de la naturaleza por el hombre. Es la voz de una conciencia lingüística que lucha contra el empobrecimiento progresivo de la lengua castellana y por la puridad y riqueza del lenguaje.


Géneros periodísticos

Delibes desde que inició su labor periodística en El Norte de Castilla, ha cultivado prácticamente todos los géneros periodísticos: artículos, reportajes, editoriales, ensayos, entrevistas, etc. Se incorpora a la plantilla de redacción el 9 de febrero de 1944, después de haber hecho los cursos acelerados que se impartieron en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid. Antes, colabora como dibujante y caricaturista. Recordemos los «monos futbolísticos», especie de monigotes vestidos con las camisetas correspondientes y cuya estatura depende de los puntos conseguidos en la Liga. Están firmados con el pseudónimo Max. Crea diecisiete viñetas de humor, destacando un humor ingenuo que hace sonreír. Diseña los rótulos de las secciones, «Espectáculos», «Los deportes en El Norte» y «De la ciudad». Busca con todo esto obtener algunos ingresos al mismo tiempo que satisfacer su gran afición por el dibujo. Su meta profesional, sin embargo, era obtener la cátedra de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio y sustituir a su padre cuando éste se jubilase. Esta meta orientaba todos sus pasos.

En 1942 envía a El Norte de Castilla un artículo desde Molledo (Santander) donde pasa el verano preparándose para las oposiciones. Se titula «El deporte de la caza mayor». Pocos días más tarde envía otro, «La exposición del corisco», sobre una exposición de dibujos humorísticos realizados por Jesús Fragoso. Firma por primera vez, «Miguel Delibes», nombre con el que alcanzará fama de novelista (Sánchez 36-37).

A los veintitrés años Delibes pasa a ser redactor del periódico. Comienza así a forjarse la futura vocación del escritor y del novelista: «Me fue muy útil el ejercicio del periodismo provinciano, dice, porque en él tienes que hacer de todo. Solté la pluma. Y sobre todo, aprendí algo fundamental: Decir mucho en poco espacio».

En febrero de 1944 se inicia como crítico de cine. Redacta e ilustra sus propias críticas cinematográficas y las firma con las iniciales de su nombre y dos apellidos, «M.D.S.», firma que reservará para sus críticas de cine y de espectáculos.

Sobre sus inicios en crítica teatral, Delibes confiesa sus dificultades a la vez que reconoce su agradecimiento a quien le hizo ver que lo fundamental es la sensibilidad artística:

En la iniciación de mi carrera periodística tropecé un día con la necesidad de hacer una crítica teatral. Yo, con mis veinte y pocos años, no entendía de estas cosas, había visto poco teatro, y así se lo dije al entonces director de El Norte de Castilla, Francisco de Cossío. Pero Cossío, hombre de dilatada experiencia, no se inmutó. ¿Qué importa eso?, me dijo. Si has enjuiciado un libro o una película sabrás enjuiciar una comedia; en arte, todo es cuestión de sensibilidad. Con los años he comprobado esta verdad elemental.


(Delibes, Creación 4)                


Hoy estas críticas han perdido interés pero son material valioso para estudiar la evolución del estilo de Miguel Delibes.

En 1945 gana la cátedra de Legislación Mercantil Española. Comienza, por otra parte, una faceta nueva en el periódico con siete artículos editoriales. Son textos escritos al dictado, obligados por las consignas de prensa del momento, lo cual provoca el uso de varios pseudónimos: M. de Lesbi, Miguel de Seco, Miguel Molledo Santa Cruz, etc.21

En abril de 1946 se casa con Ángeles de Castro y en el viaje de novios inicia una serie de artículos titulados «Meditaciones de un solitario», que se publican entre mayo de 1946 y febrero de 1947. Son artículos sobre temas diversos, algunos de tipo costumbrista, otros más de reflexión como el titulado «Reivindicaciones del intelectual». En todos ellos hay una fina ironía y el recurso a la comparación y al diálogo. Delibes los calificará más tarde como «veleidades literarias».

A los veintiséis años (1948), obtiene el Premio Nadal. Desde entonces comienza a recorrer un camino largo en el que siempre ha compaginado periodismo y literatura. El Nadal abrió a Delibes como periodista nuevos campos de actividad. Acrecentó su prestigio en El Norte de Castilla e inicia colaboraciones con otros periódicos y revistas como Destino, Ateneo, El Español, Cuadernos Hispanoamericanos, etc.

La década de los 50 fue muy fructífera como periodista, novelista y catedrático. Periodismo y literatura comienzan a enriquecerse mutuamente. Publica su tercera novela El camino, donde descubre su propia técnica como narrador y su

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estilo. En El Norte de Castilla se le encarga de la sección «Los Libros» y comienza su faceta de crítico literario. Critica todo tipo de libros, fundamentalmente novela, española y extranjera. Escribe con conciencia periodística, para un público amplio y consciente de que nadie está libre de equivocarse en este campo de la crítica: «...yo particularmente en esta cuestión de estimación literaria, me guío un poco por el olfato y por un elemental instinto; ando un tanto a ciegas, sin base sólida y adecuada».

Delibes escribe no para una élite intelectual ni con un propósito estético sino con una finalidad informativa y orientadora, criticando la obra pero salvando siempre al autor.

En 1952 Delibes comparte con Francisco de Cossío su condición de redactor editorialista. Escribe editoriales sobre política nacional e internacional, sobre temas educativos, y sobre la defensa de la cultura occidental y de la unidad europea, destacando por su talente europeo. Escribe también varios artículos donde muestra su preocupación social como «Los problemas de los demás», «Hombres inadaptados», «Esfuerzos inútiles», «Vivir al día» etc. En el titulado «La opinión pública» (1952), nos descubre la alta función que atribuye a la prensa en la sociedad: «La prensa debe ser siempre un puente o un vínculo de comunicación entre los ciudadanos y su gobierno; es decir, un constante diálogo mediante el cual conozcan aquellos las directrices de éste y éste las aspiraciones de aquellos».

Delibes va demostrando progresivamente un dominio de la palabra escrita, y va introduciendo algunos rasgos que definirán su futuro estilo periodístico, como son, la interpelación al lector, el recurso a frases interrogativas, el uso de expresiones coloquiales y frases cortas, el recurso a la ironía junto a consideraciones de tipo moral.

En 1952 inicia tres actividades periodísticas nuevas: entrevistas a personajes del mundo local. En general deja hablar a su interlocutor y las ilustra con una caricatura. Las firma con «Setien», «Seco» y «Delibes». Una sección de Información Internacional, «Vistas al exterior» y otra tercera, «Momento Deportivo», que son comentarios sobre fútbol y caza que salen sin una periodicidad predeterminada.

En junio de 1952 asciende a redactor de primera y al año siguiente asciende a Subdirector del periódico. Se propone ahora recuperar la vieja línea liberal y regionalista de El Norte de Castilla. Inicia una sección «De la región» en la que recoge crónicas de los corresponsales de los pueblos y capitales de provincia.

Como Director del Norte de Castilla, Delibes sigue escribiendo editoriales. Ahora se centra en temas locales y regionales. Crea los suplementos semanales «Las cosas del campo» y «Ancha es Castilla», donde reivindica con un cariz más combativo, la vida digna de los pueblos castellanos y de sus gentes. Le preocupa la educación como medio indispensable de elevar al pueblo. Asume la defensa de los intereses campesinos, lo que le costó enfrentarse con la Administración y de rechazo, su puesto. En estos artículos «agrarios» está el germen de sus facetas ulteriores de narrador.




Crónicas de viajes

Uno de los géneros más cultivados por Delibes es la Crónica de viajes. Son un compendio de crónicas periodísticas en las que informa y comparte sus impresiones. En 1955 viaja a Hispanoamérica invitado por el Círculo de Periodistas de Santiago de Chile. Desde allí escribe una serie de artículos bajo el título «Del otro lado del Charco», que luego recogerá en el libro Por esos mundos. Sudamérica con escala en Canarias. Tiene dos partes: «Un novelista descubre América» y «Tenerife» (Editorial Destino, 1961).

En abril de 1956 viaja a Italia y al año siguiente a Portugal. Desde ambos países envía crónicas del viaje al periódico, que luego recopila en el libro Europea, parada y fonda (Destino, 1963). Fruto de su viaje a los Estados Unidos es el libro USA y yo, donde confiesa que aquel mundo le asombró y que es el resultado de su asombro. Nos ofrece un repertorio de impresiones «deshilvanadas» que se cimentan sobre un caudal de observaciones. «El desarrollo de la inventiva de este país es literalmente abrumador... » «Si estas gentes son poderosas, es porque no han eludido arrimar el hombro». «En Norteamérica se trabaja y se paga el trabajo... » «El americano no vive para comer, se limita a comer para vivir», «Los viejos son las víctimas de la sociedad americana que está organizada para gente sana y fuerte... » etc. Hoy muchas de estas observaciones han perdido actualidad porque las distancias se han acortado, pero sigue siendo actual la actitud con la que el cronista aborda su trabajo. «Yo no me atrevo a decir que los Estados Unidos sean así, sino que así los he visto o así me han parecido». Actitud de observador atento y humilde, nunca absolutizador de nada; abierto a la revisión de sus ideas y hasta la rectificación si es necesario.

Una crónica de mayor contenido político es «La primavera de Praga», donde recoge las impresiones

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de su viaje a Checoslovaquia.

Yo nunca podré olvidar el entusiasmo que encontré en Praga tras la reunión de intelectuales en la Unión de Escritores reclamando juego limpio, ni el inteligente comedimiento con que se intentó llevar a cabo la reforma. Aquello no podía ser un gesto improvisado, un exabrupto, sino que revelaba un estado de opinión, un talante liberal que ninguna fuerza del mundo podía acallar.


(Delibes, «Primavera»)                


De corte más provinciano es Castilla habla (Destino, 1986), que es una colección de artículos-reportajes, que inicia en junio de 1982 bajo el título «La vuelta a mi mundo en 80 folios» y que hemos consultado en el banco de datos de la Agencia Efe de Madrid. Delibes se muestra como el gran cronista de la región castellana y la voz redentora del campo castellano. Voces tan sencillas como la de un pastor, un capador, un caracolero, o un piñero, apuntan con gran riqueza de expresión a los problemas ancestrales de Castilla: sequía, pobreza del suelo, abandono oficial, despoblación, etc.

En los archivos de la Agencia Efe hemos encontrado también otras dos series de crónicas relacionadas con sus viajes a Suecia y los Países Bajos22. No hay nada premeditado ni sistemático en estas crónicas, que en general publica por entregas. Domina en todas ellas un estilo conversacional y la sinceridad. Nos ofrecen simples impresiones humanas recogidas por los caminos con una gran preocupación por la justicia social. No pretende hacer literatura de ficción. «Lo que pretendo, es como en toda mi obra, dar testimonio de vida».

Las crónicas de viajes le sirven a Delibes para comparar pueblos y culturas con la idiosincracia española. En el fondo, parece buscar, como Larra, cambiar la manera de ser del español. Desearía una España más emprendedora, con más iniciativa propia y más sensible a los problemas de las gentes necesitadas.

Todos los viajes le sirven no tanto para acumular conocimientos y experiencia, sino para descubrir Castilla. «En efecto, dice, sólo he acertado a ver Castilla tal y como es, después de recorrer Europa, África, y todo el continente americano. Cada salida mía al extranjero me ayuda a percibir un nuevo matiz de Castilla, matiz que hasta ese momento me había pasado inadvertido» (Delibes, «Universalidad»).




Ensayos

El género ensayista es muy cultivado por Delibes. Entre los ensayos destacamos Castilla, lo castellano y los castellanos y El mundo que agoniza, que es un ensayo ecológico en el que manifiesta su disconformidad con el progreso que deshumaniza al hombre y pone a la Naturaleza en término de competencia con la técnica. Tiene otros muchos ensayos sobre la caza, la pesca, la censura y el arte de novelar, sobre los que trataremos más adelante.

A través de sus ensayos, podemos observar la preocupación constante por la formación del individuo dentro de una sociedad concreta y la reflexión crítica de las estructuras de esa misma sociedad. El ensayo es una aportación que se hace sobre un tema determinado, siempre desde el punto de vista del pensador. «El novelista opera con personas y cosas; el ensayista opera con ideas» (Concejo 168).

Escribe varios Diarios como «Con la escopeta al hombro», «Un año de mi vida» y «Vivir al día», en los que recoge a manera de cajón de sastre donde cabe todo, anotaciones sobre sus lecturas, sus venturas y desventuras cinegéticas o sus impresiones ante un hecho político.

Escribe también entrevistas y monólogos. Entre éstos destacan los escritos en 1986 con los títulos «La trapa» «Los galleros de Boñar», y «El capador». Hoy los encontramos incluidos en Castilla habla pero en la versión original los presenta como monólogos. Son a manera de diálogos con un supuesto «tú» que no es más que el yo desdoblado del cronista Delibes. Son ejemplo de periodismo literario en el que lo cotidiano se eleva a categoría literaria por la fuerza y la riqueza del lenguaje.

En 1973 Delibes es nombrado miembro de la Real Academia y al año siguiente muere su mujer. Desde entonces su actividad periodística se reduce pero sigue siendo constante. Desde 1979, escribe un artículo por mes para la sección de «Grandes Firmas» de la Agencia Efe de Madrid. Escribe artículos al hilo de los acontecimientos de cada día como «La muerte del mar», escrito en mayo de 1989 con motivo del desastre del petrolero ruso frente a las costas de Alaska. Alterna lo observado y la reflexión, con interrogantes incisivos con los que intenta despertar la conciencia adormecida del lector:

Es obvio que el mar se ha convertido en el basurero universal porque una humanidad irracional, dando de lado a sus exigencias vitales, lo ha querido así. ¿Tendremos que aceptar que la muerte del mar es el precio que tenemos que pagar por un progreso técnico y limitado? Es urgente que el hombre detenga por un momento su ciega marcha, reflexione y se pregunte hacia donde caminamos, cual es el límite que debemos imponer a nuestro delirio de progreso industrial.







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Temas

La temática de Delibes en su labor periodística es amplísima, pero centrándonos en los últimos diez años se podría agrupar en cuatro grandes apartados.




Creación artística y novela

En 1979 escribe tres artículos sobre la creación artística, en los que expresa que el artista actúa en virtud de un movimiento de dentro a fuera, de tal manera que su obra viene a representar algo así como «la salida de humos con que alivia su combustión interior». La actitud del artista -creador- es de constante vigilia. El arte no es cuestión de voluntad sino de sensibilidad. Para realizar su obra precisa adecuar temperatura de creación y capacidad de concentración, la cual varía según las personas, por eso no es difícil descubrir qué páginas se deben al talento del escritor y qué otras al oficio del escribiente.

En 1980 escribe tres artículos sobre «Una interpretación de Nada de Carmen Laforet». Se centra en «El pesimismo de la novela de posguerra», «Carmen Laforet innovadora», «La guerra civil en una novela». En este mismo año escribe «Los personajes de la novela» y «La universalidad del escritor». Para Delibes el factor fundamental de una novela es el personaje o los personajes que la pueblan.

Crear tipos vivos, he ahí el principal deber del novelista. Captar la esencia del hombre y apresarla entre las páginas de un libro es la misión del novelista... El arte narrativo reside antes que en la originalidad del tema y su importancia, en el don de ahondar en la trascendencia de lo aparentemente trivial sirviéndonos para ello de unos personajes humanos y consistentes... La universalidad estriba en ahondar en el hombre y acertar con su última diferencia...


En 1981 publica «El novelista en sus personajes» y «La experiencia narrativa en España». Para Miguel Delibes hay siempre una base autobiográfica en toda obra de ficción. «El último secreto del creador nato es acertar a dividir en porciones su yo, a darse indirectamente y con cuentagotas...» «El narrador auténtico recata dentro de sí no solamente el personaje que es sino cientos de personajes, tantos personajes como en la vida pudo ser».

En 1982 publica «Novela divertida y novela interesante» y «La novela objetiva». Estos dos artículos los recoge en Pegar la hebra bajo el título único de «Novela divertida y novela interesante», en el que reflexiona sobre las características que singulariza la novela moderna. Se tiende a la obra abierta de Eco y a una compleja simplicidad. Se tiende a potenciar la «sugerencia» como virtud estética; se fomenta la objetividad del narrador frente a los personajes y peripecias de la novela y, se advierte una atención preferente por la forma. El novelista ve las cosas y los hombres desde fuera, sus criaturas se manifiestan como son a través de sus palabras y sus gestos, de ahí la importancia del diálogo como casi el único vehículo de que el novelista dispone para decir lo que quiere decir.

El novelista empieza a perder autoridad sobre sus personajes, al tiempo que se debilita la del padre sobre los hijos, la del profesor sobre los discípulos o la del alcalde sobre los ciudadanos. Es decir, los cambios no se deben solamente a la moda, sino a razones históricas, culturales y sociales a las cuales la literatura no es ajena.


(Delibes, Pegar 67)                


En abril de 1984 publica «El antihéroe» con motivo de la reacción y los calificativos que mereció su Sexagenario voluptuoso. Es uno de los contados antihéroes en estado puro que se ha dado en la literatura de todos los tiempos, escribe Delibes. «...No sólo no nos incita a admirarle sino que tampoco nos mueve a compadecerle. El lector ante él, se muestra indiferente cuando no hostil».

En diciembre de este mismo año publica «Juventud y novela», en el que se constata el hecho de que hoy los jóvenes leen más y están más cerca del hecho literario como fenómeno, pero están más lejos de la pura creación. En 1985 escribe «Novela y cine»; en 1988, «Un novelista y su generación» y en 1989 «Los silencios del escritor», en el que señala que estos silencios suelen obedecer o bien a falta de tema o de palabra o a la imposibilidad de concentrarse. «Son fases de esterilidad que hay que aceptar y superar».

A través de todos estos artículos deducimos que Delibes aporta al periodismo no sólo sus reflexiones sobre la novela, el proceso creador y su concepción de la creación artística, sino que nos da a la manera que lo hicieran Galdós o Unamuno, su teoría de la novela y su yo de escritor en porciones pequeñas y dosificadas pero indispensables para conocer la evolución y las constantes de su estilo y de su hacer literario.




La prensa

El 10 de febrero de 1979 Miguel Delibes escribe una carta al entonces director de la Agencia Efe de Madrid, D. Luis María Ansón, ofreciéndose a colaborar en la sección «Grandes

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Firmas» con artículos sobre «temas culturales, literarios, sociológicos, políticos o los que Ud. desee». Colaboran ya en esta sección autores hispanoamericanos de primera línea como Carlos Onnetti, Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, Cortázar, Carlos Fuentes, Borges. Delibes es el primer autor español que comienza a colaborar y lo hará con una serie de artículos sobre «La prensa española en los años cuarenta», que se publican de marzo a junio de 1979. Cada uno de ellos lleva un subtítulo expresivo:

    «Lo que ya es historia»
    «Las uvas de Almería y los salmones del Sil»
    «El escaso poder del cuarto poder»
    «El aparato sancionador de la nueva inquisición».

Estos artículos los recoge en un único ensayo en Pegar la hebra y constituye un trabajo indispensable para conocer los avatares de la censura y la lucha que los rotativos de provincia mantenían diariamente con las autoridades de Madrid.

Es interesante comprobar los cambios de lenguaje entre los artículos publicados en la prensa y el ensayo recogido en el libro. En los artículos, el lenguaje se adapta a la circunstancia histórica del momento, es mucho más sutil y emplea expresiones propias de la censura de la época con una intención irónica. La fidelidad a sus ideas es total pero el lenguaje del ensayo es más directo y más claro.

El primer cambio se observa en el título. «La prensa en los años cuarenta», que cambia a «La censura de prensa en los años cuarenta». En los años 40 se organizó una campaña para demostrar que el nivel de vida español respecto a los alimentos era superior al europeo. En el artículo, Delibes comenta que los periodista «invitaban» a la población a consumir uvas de Almería; en el ensayo sustituye este término por convencer. Es decir, lo que antes se decía con sutileza y elipsis, se aborda ahora de manera directa.

En el artículo, Delibes califica a esos años como de «penuria económica», mientras que en el ensayo tras esta frase añade entre paréntesis «o más exactamente de hambre». Delibes no duda de calificar a la censura en los artículos de «Instrumento de intimidación de la prensa»; con el paso de los años la calificará con gran ironía de «una misión orientadora».

A pesar de todo, Delibes reconoce que siempre dijo lo que quería decir y que la censura le hizo sufrir pero también agudizó su ingenio y la sutileza. En 1987 publica el artículo «El grupo Norte 60», donde recoge las experiencias vividas en El Norte de Castilla y la escuela que allí existió. Aclara que el no fue el maestro sino «un beneficiario más de las enseñanzas que todos impartíamos». «Fue aquella una escuela comunal», comenta, «sin maestros ni discípulos, en la que todos enseñábamos y aprendíamos simultáneamente, es decir, dábamos lo que teníamos y recibíamos lo que tenían los demás». Lo importante es que tanto a Delibes como a muchos de aquel grupo (Umbral, Martín Descalzo, Leguineche), su iniciación periodística les facilitó luego el acceso a la literatura.

En 1990 publicó dos artículos en ABC titulados "Medio siglo de periodista" (enero) y «Frivolidades Periodísticas», (septiembre), en los que reaparece su interés y su sensibilidad por el tema de la prensa. Reconoce los avances de la prensa española en el último medio siglo, tanto en el aspecto literario como en el técnico, pero llama la atención sobre la práctica cada vez más frecuente de lo que califica como «el periodismo de escándalo»; las manipulaciones de una prensa frívola que no respeta la intimidad de las personas o que coloca al entrevistado en una actitud de indefensión frente a la manipulación de frases o expresiones usadas.

Delibes cultiva el periodismo y reflexiona sobre el hacer periodístico. Reflexiona sobre un hecho grave de nuestro tiempo y llama la atención sobre él para que el poder de la prensa se ejerza de una manera responsable y no frívolamente. Prensa de opinión y no de destrucción.




Temas deportivos

Delibes confiesa que es un deportista polimorfo. Es cazador, ciclista, pescador, futbolista, nadador y hasta alpinista o montañero. En su obra Mi vida al aire libre (1989) nos ofrece una imagen deportiva de sí mismo, alejada de toda espectacularidad. Se trata de unas memorias en las que evoca sus andanzas deportivas; a la vez son expresión de un modo de entender el mundo, de un talante y de un estilo vital. El deporte como el escribir es en Delibes una mezcla de deber y placer, una exigencia y una necesidad.




El fútbol

Su vocación de escritor se inicia en el Colegio de Lourdes de Valladolid con crónicas de fútbol. Desde entonces, ha sido un tema constante en sus colaboraciones periodísticas. Ha seguido con interés todos sus avatares nacionales y se duele de la degradación de este deporte que se ha

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convertido en una competencia absurda y en un medio más de violencia. «Hoy interesa más que jugar, no dejar jugar, destruir mas que crear» («El otro fútbol», julio, 1980).

Los artículos se suceden desde un mismo interés y desde una misma inquietud. En julio de 1986 escribe «Empacho de fútbol gris»; en agosto de 1988, «El fútbol en baja», y en junio de 1989, «Fútbol y televisión», en el que critica la verbosidad y la redundancia de los comentaristas. «...En lugar de parlotear, lo que procede es revalorizar la imagen, otorgarle toda la pureza, toda la expresividad posibles».




La pesca

Pescador y amante de la pesca, Delibes añora la riqueza de los ríos castellanos y se duele del deterioro progresivo de éstos debido a la frivolidad con que la Administración plantea problemas tan serios como la desaparición de la trucha leonesa: «Frivolizar con cuestiones tan importantes ya revela nuestro tercermundismo mental, nuestra dejadez, nuestra tradicional desidia». En diciembre de 1987 escribe «La trucha leonesa en peligro» y en junio de 1990, «Los ríos moribundos».

En diciembre de 1987 inicia una serie de siete artículos bajo el título «Yo, pescador de caña». Cada uno lleva un subtítulo y vienen a ser una especie de memorias en las que recuerda sus inicios en la pesca con los cangrejos, la mordedera y la trucha, las innovaciones que ponía en práctica con su amigo Antonio Merino, y la iniciación de sus hijos en este deporte. Una idea se repite en todos, la tristeza y el desencanto al constatar que la pesca ha pasado de ser una afición solitaria y desafiante a una actividad controlada, dirigida y seguida por gente sin verdadera afición:

Hasta mediados de los años 70 gocé una enormidad con este deporte. Era la época de los grandes ríos, de las cestas abundantes, y de los ejemplares desmedidos. Pero progresivamente, y a ritmo acelerado, los cotos célebres fueron perdiendo población y prestigio... Paso a paso llegaron la invasión de advenedizos, el furtismo, las repoblaciones».23


(Delibes, Mi vida 157-58)                


Delibes se duele de que se haya pasado de una situación natural a la artificiosidad de una pesca preparada y controlada perdiendo así todo su significado de reto y aventura:

...atrapar una trucha que previamente ha sido puesta en el río por el servicio piscícola para que yo me entretenga, es algo que contraría mi filosofía de la pesca, el carácter de pugna entre un ser inteligente y un animal silvestre, que yo le asigné al principio.


(Delibes, Mi vida 147)                





La caza

La caza es el deporte favorito de Delibes. Ha escrito mucho sobre este tema. Entre sus libros recordemos, Diario de un cazador y Con la escopeta al hombro. Escribir sobre asuntos de caza es para Delibes una liberación de los condicionamientos que rigen el resto de su actividad literaria. «Si cazando me siento libre, escribiendo sobre caza reproduzco fielmente aquella placentera sensación, torno a sentirme libre, y, por no operar, no opera sobre mí ni la coacción de la forma expresiva» (Delibes, Con la escopeta).

La caza ha sido y lo es todavía hoy, un medio de relajarse y de cargar baterías. Por eso no extraña que guste definirse como un cazador que escribe y no como un escritor que caza. En el «Suplemento del domingo» de El Norte de Castilla viene escribiendo desde hace tres años la sección «Diario de un cazador a salto». Son artículos en los que capta toda la luz y el colorido del paisaje, la poesía de los campos en un día de caza, con pinceladas cortas y precisión de lenguaje. Son relatos periodísticos en los que muestra su amor a la Naturaleza y su reacción ante las cosas. «A mí estos días abiertos, de cielo alto y viento contenido, no me disgustan... Uno camina a gusto, sintiendo el frío pero sin padecerlo».

Relata los incidentes pequeños de la caza, la reunión previa a la cacería, la espantada de codornices, el ojeo... y se duele de que desaparezcan especies animales de caza y de que la perdiz salvaje haya sido sustituida por «perdices de plástico», por «pájaros de invernadero», que vuelan sin brío y que de cara a la escopeta son aves simplonas y poco incitantes. «La caza puesta, decididamente no nos interesa a los cazadores fetén», comenta Delibes.




Preocupación social y Castilla

La inquietud social de Delibes va unida a su amor a Castilla y al conocimiento de sus campos y de sus gentes. Su interés personal y su labor de periodista le han puesto en contacto íntimo con el pueblo y con el campesinado de las partes más áridas y más pobres de Castilla. Su sensibilidad social le empuja a recorrer pueblos y caminos para después con sus artículos despertar la conciencia de sus contemporáneos.

A raíz de la promulgación de la Ley de Prensa en España, Delibes lanza en El Norte de Castilla una campaña en favor de la agricultura

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y los medios rurales de Castilla, a lo que se opuso el gobierno de Madrid. Al no poder expresarse como periodista, recurre a la novela. En Las ratas y en Viejas historias de Castilla la Vieja da a conocer las condiciones en que se encontraban los campesinos. Lucha por conseguir reformas agrarias, consciente de que lo importante son ideas e inversiones rentables.

Le duele y denuncia que la solución para progresar sea el desarraigo de la propia tierra, el renunciar a sus tradiciones y a sus valores. «Es como si el hombre tuviera que estar al servicio del progreso y no el progreso al servicio del hombre», comenta.

Castilla es una constante en la obra de Delibes. Presenta al desnudo sus problemas ancestrales: sequía, individualismo, envejecimiento de los pueblos... Se siente especialmente atraído por los tipos populares, que tienen una filosofía de la vida conmovedora y un conocimiento de la profesión muy preciso: «Yo me considero un escritor sincero que aspira a ser justo. Si digo que los pueblos de Castilla siguen esperando su redención es porque creo que es cierto. Si digo que no me gusta que un hombre gaste en un aperitivo, es porque me parece injusto».

Castilla es su medio y donde el escritor encuentra sus raíces. Esto explica, quizás, el que en junio de 1982 inicie la serie de 24 artículos con el título «La vuelta a mi mundo en 80 folios»24, donde recrea y describe con detalle la belleza de sus campos y el tipismo de sus personajes como «el canaricultor», «el cepero», «el pastor». En todos ellos parece querer ahondar en las raíces castellanas y ofrecernos un paisaje de Castilla fiel y auténtico. No en vano aspira a que en el epitafio a la hora de su muerte pueda inscribirse la frase «Acertó a pintar Castilla».




Lenguaje y estilo

Delibes es el «escritor espejo» porque refleja claramente en su obra la calidad de hombre que hay detrás. Sus virtudes literarias son sus cualidades humanas. El escritor es el hombre. El estilo responde a su condición de hombre castellano, llano y andariego, que reflexiona andando y que piensa al compás de sus pies. Delibes escribe al fluir del pensamiento y al leerlo tenemos la impresión de estar escuchando un relato de camino (García de la Concha 23). De ahí que domine en su obra el arte conversacional de contar. Muchos de sus artículos son relatos periodísticos en los que muestra mejor que en sus novelas la preocupación de cada momento, los altibajos de su estado de ánimo y el que la luz de cada día no es siempre la misma para el escritor.

Se complace en los tipos sencillos, que viven en espontaneidad porque siente pasión por la autenticidad de la vida y horror por la falsedad y la máscara social. Hay en Delibes un misterioso deseo de ayudar sobre el que comenta Martín Descalzo:

...Porque esa defensa de los humildes que hay tras todas sus páginas, no es una careta, ni tiene nada de demagógico. No he conocido hombre más amigo de sus amigos, más abierto a prestar una ayuda o conseguir un favor. Los jóvenes periodistas que en El Norte crecimos a su sombra lo sabemos muy bien. ¿Cuántos de nosotros -y fuimos muchísimos- habríamos llegado a escribir algo sin su estímulo? ... Fue una suerte que aquel periodismo de El Norte fuera, antes aún que periodismo, una piña de amigos que sin Miguel no habría existido.


(Martín Descalzo)                


Amor al hombre y amor a la Naturaleza son dos ejes axiales de su obra escrita. Hombre rural, alcanza la plenitud en el campo. Se considera humanista porque antepone el hombre a las conquistas del hombre. Periodista honesto, ha procurado decir siempre lo que sentía y esto a pesar de sus avatares con la censura.

No me he sentido amordazado por la censura; lo que pasa es que tenía que recurrir al tiro por elevación o a la elipsis para decir lo que quería decir. La censura nos ha hecho sutilizar las fórmulas y la sutileza envuelve siempre un sentido estético. Esa sutileza se ha perdido al perderse la censura.


(Concejo 168 y ss.)                


Fiel a sí mismo, Delibes no se ha dejado corromper por el éxito ni por los premios. Construye su obra, artículo a artículo, libro a libro, casi podríamos decir, artesanalmente, con un estilo sencillo, directo y comprometido.

En el discurso de ingreso en la Real Academia Española, Delibes dijo: «Si algo estimable hay en mis escritos, ello no se debe a mérito personal mío, sino a la circunstancia de haber nacido en Valladolid, ciudad y provincia, donde el idioma se manifiesta, en especial en los medios rurales, con una riqueza y vivacidad que todo el mundo reconoce». En otra ocasión afirma: «Escribo como oigo que hablan aquí en Valladolid, y si escribo bien es porque hablan bien». Y en otra, «Yo diría que soy un hombre que escribe sencillamente. Yo creo que la originalidad no estriba tanto en tratar grandes temas, sino en un localismo estéticamente interpretado». Delibes ha recogido un mundo lingüístico riquísimo y variado de boca de las gentes del pueblo y ha hecho suya la naturalidad y sencillez del «escribo como hablo» del Diálogo de la lengua de Juan de

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Valdés.

El profesor García de la Concha ha señalado que Delibes hace suyo el propósito cervantino de «escribir a la llana». Naturalidad, sencillez y precisión de lenguaje son notas distintivas del hacer periodístico de Delibes. Decir lo más llanamente lo que se quiere decir tomando como norma de referencia el habla del pueblo porque aquí se encuentra lo auténtico, lo aún no contaminado, y esto se puede decir tanto del lenguaje como de las gentes que lo habitan.

Y precisión. Hay que seleccionar, dirá Valdés, para decir con precisión lo que se quiere decir y decirlo bellamente. Lo espontáneo no es lo chabacano. La precisión se apoya en el uso del adjetivo. La naturalidad y la precisión del lenguaje reflejan su sensibilidad a la palabra, sus lecturas y su riqueza de vocabulario. Hay además unas notas personales que caracterizan su estilo periodístico, como son: el recurso al subtítulo, la interpelación al lector, el tono conversacional, el uso de frases interrogativas, de fórmulas coloquiales y la mezcla de lo descriptivo, lo dialogal y lo narrativo para dar más vivacidad al artículo.

Recurre con frecuencia a formas impersonales: «se dice», «se observa», «es de interés» para introducirse enseguida en el relato en primera persona. La obra periodística de Delibes constituye una especie de autobiografía anticonvencional y entrañable que nos brinda al lector a base de pinceladas sueltas y de divagaciones.




Conclusión

Para terminar nos preguntamos, ¿qué aporta Delibes al periodismo español? Yo diría que la aportación está fundamentalmente en la línea de un periodismo literario, del bien hacer y del bien decir. Eleva lo cotidiano y lo aparentemente vulgar a categoría literaria. Aporta claridad de expresión, riqueza de vocabulario, precisión, gran capacidad de síntesis y una gran dosis de ironía a la valoración humana de los acontecimientos cotidianos. Delibes sabe mediar entre los valores viejos y los nuevos. Es un escritor comprometido con su tiempo y a la vez independiente, que defiende la verdad y el castellano por encima de presiones de todo tipo.




OBRAS CITADAS

Concejo Álvarez, Pilar. «Entrevista con Miguel Delibes». Anales de la Narrativa Española Contemporánea 5 (1980): 165-71.

Delibes, Miguel. «La creación artística», I. (Julio de 1979). En archivos de la Agencia Efe de Madrid.

_____. Pegar la hebra. Barcelona: Destino, 1990.

_____. «La primavera de Praga». En La Vanguardia, 18 de febrero 1990.

_____. Prólogo de Con la escopeta al hombro.

_____. «La universalidad del escritor». (Diciembre de 1980). En archivos de la Agencia Efe.

Estudios sobre Miguel Delibes. Ed. Universidad Complutense de Madrid, 1982.

García de la Concha, Víctor. «Miguel Delibes a la llana». Insula 528 (1991): 23.

Huelves, Elvira. «Entrevista a Miguel Delibes». En El mundo de Valladolid, 2 junio 1991.

Martín Dascalzo, José Luis. En Homenaje a Delibes. Sábado Cultural de ABC (6 septiembre 1986).

Sánchez, José Francisco. Miguel Delibes, periodista. Barcelona: Destino, 1989.





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    Hispania [Publicaciones periódicas]. Volume 75, Number 5, December 1992
    
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