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La serpiente es un ofidio de un cuerpo largo y estrecho que suele emitir un silbo agudo y siseante, y se traslada de lugar rozando la tierra en forma de «S» o en zigzag. La forma alargada de una serpiente tiene elementos comunes con el de un cohete de pólvora (un petardo con mecha que va inserto al extremo de un junco o carrizo), cuando sube produce un silbido a la vez que describe zigzagueantes movimientos ascendentes como serpenteando. La figura de la serpiente, en sus distintas evoluciones, también se asemeja a la trayectoria tortuosa del borracho, embriagado por la bebida alcohólica La segunda parte de la octava real contiene claras referencias bíblicas. Según el relato del Génesis (2,17 y 3,6), Dios advirtió a nuestros primeros padres que no comieran del árbol de la ciencia del bien y del mal, la mujer, seducida por la serpiente, tomó de su fruto (una manzana) y comió, y dio también al hombre, al que indujo a cometer el mismo pecado de desobediencia, por lo que ambos fueron expulsados del jardín del Edén. La serpiente hizo, pues, caer en la tentación nuestra primera madre, a Eva, y él dijo: «Dios sabe que en el momento en que comáis del árbol que está en medio del huerto se abrirán vuestros ojos y seréis como Dios, conocedores del bien y del mal». El poeta pide a la serpiente su veneno. En el poema «El adolescente», anterior a Perito..., Miguel nos había explicado que el Miguel nos construye un constante paralelismo de los mitos bíblicos en sus octavas, en lo que Francisco Brines llama En la ilustración he querido representar a la serpiente del paraíso enroscada en un árbol suspendido cuyas hojas están ocultas por una nube (celestial). El fondo un acantilado daliniano con un sol reflejado sobre el mar. Debajo una manzana podrida después de haber sido mordida por Adán y Eva.
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