|
||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
Boletín de la Real Academia de la Historia![]() [5] Cuaderno IElogio fúnebre de D. Valentin CardereraNECROLOGÍA Parece paradoja, y no lo es: para trazar el retrato fiel de cualquier difunto ilustre que haya logrado una larga vida, conviene dejar que se desvanezca el recuerdo de sus años postreros. Al declinar hácia la tumba, el genio pierde algo de su brillo, como pierde sus rayos el sol al descender al ocaso, y no ha habido apenas hombre grande que en la vejez no haya incurrido en descarríos y extravagancias. Es preciso olvidar los eclipses que padecen los más privilegiados talentos en la ancianidad, y acordarse sólo de sus destellos y triunfos en la edad viril, durante el apogeo de la vida, para retratarlos como eran en el tiempo en que sus hechos les valieron el renombre glorioso y la envidiable aureola que los distingue del comun de los mortales. Estas semblanzas son las que deben perpetuarse; no la del hombre caduco, deforme envoltura del genio en las últimas etapas de su peregrinacion terrestre. Sirva esta reflexion de justificante al que, deseoso hace ya mucho tiempo de bosquejar con la pluma la esclarecida personalidad moral del artista, escritor y arqueólogo, que es asunto de esta breve biografía, ha dejado sin embargo transcurrir por más de año y medio y perderse lentamente en el silencio las memorias últimas de aquel amigo tan querido, viniendo hoy á evocar los recuerdos [6] de sus mejores años, y recogerlos religiosamente para que no se disipen en el olvido. Don Valentin Carderera y Solano nació en Huesca por los años de 1796. Plugo á Dios que un rayo de su inefable gracia iluminase su modesta cuna: precoz talento y elevados instintos hicieron que desde la primera adolescencia las flores de la literatura y del arte antiguo le ennoblecieran y embalsamaran el alma, y que se distinguiese en las escuelas de su ciudad natal por su amor á los autores clásicos latinos y sus notables facultades estéticas. Su familia le hubiera de grado ofrecido á la difícil milicia del templo, y dócil el jóven oblato, habría sin protesta abrazado la carrera eclesiástica, en la cual ya entraba con paso seguro consagrándose no sin fruto al estudio de la filosofía; pero un dignísimo prócer aragonés, natural tambien de Huesca, y el más ilustre de los grandes de aquella tierra por su regia alcurnia y sus Estados, -el Duque de Villahermosa,- descubriendo en él las dotes con que le había enriquecido la naturaleza, se declaró su Mecénas, obtuvo de sus padres que le confiasen su porvenir, y mandándole pensionado á Italia, le hizo continuar allí los estudios artísticos comenzados en su patria. No había Carderera nacido para perderse en el servum pecus de los idólatras rutineros de la Roma de los Césares. Dotado de prodigiosa memoria, recordaba y repetía con gusto, cuando venía á cuento, versos de Horacio y Virgilio, y áun de Catulo y Juvenal, y textos y sentencias de Séneca y Suetonio; pero nutrido en las máximas de la sana filosofía cristiana, si admiraba la forma clásica antigua, no desconocía la superioridad de la ciencia revelada sobre la humana especulativa, y la preeminencia de Cristo sobre Platon; y respetuoso con las enseñanzas de la religion en que había nacido, protestó siempre como artista contra las tendencias neo-paganas que aún pugnaban por mantener su imperio en la ciudad eterna en la época en que él allí vivía pensionado por su egregio protector, y que dominaron luego por mucho tiempo en el [7] mediodía de Europa hasta la hora en que asomó por los horizontes del arte la enseña de la reaccion romántica. Verdaderamente los que más ensalzaban el arte griego y romano no lo conocían á fondo; las peligrosas seducciones que su arquitectura y su plástica han descubierto despues, eran verdaderos secretos para los mismos adeptos de Palladio, Serlio y Vignola, para los Cicognara, los Visconti y los D'Agincourt. Esto pudo contribuir quizá á la repugnancia de Carderera á seguir la senda trillada por los benévolos y supersticiosos admiradores del Coloseo y de la columna Trajana, y á que buscase la fuente de sus inspiraciones en otras escuelas más accesibles á la comprension del artista en la presente edad del mundo. El arte antiguo, estudiado á la sazon de una manera incompleta y superficial, era para él convencional y mudo, y se le representaba como divorciado de la naturaleza. Necesitaba el jóven pintor un arte de más vida, de más pasion y movimiento, más halagüeño por su naturalismo y su color, y lo halló en los grandes maestros de los siglos XV y XVI: con el prestigio de la pureza y del candor, en el beato de Fiésole; con el de la gracia, en Leonardo de Vinci y en Correggio; con el de la nobleza y elegancia, en Rafael; robusto, terrible, grandioso, en Miguel Angel; majestuoso y digno, en Mantegna; seductor y palpitante, deslumbrador por sus matices, en Tiziano, Veronés y los venecianos. En una cosa se acercaba Carderera al arte antiguo, creyendo que se separaba de él: en la amorosa contemplacion de la naturaleza; porque el sabio naturalismo de los estatuarios y escultores griegos, sólo se ha revelado á la observacion sagaz de estos últimos tiempos. Carderera, merced á su amor á la forma real y á su prodigiosa y tenaz memoria, percibía la impresion de lo bello con tal energía y la conservaba en su mente con tal pasion, que no necesitaba tenerlo presente para reproducirlo. Confesábame él mismo, allá por los años 1834, cuando aún podía él pasar por jóven, siéndolo yo apenas, y aunque no me lo hubiera confesado, yo lo sabía, [8] porque la cosa fué pública en Roma, y con ella le daban mis padres y hermanos mayores cariñosa vaya, -que un precioso retrato de la princesa Doria, una de las mejores obras de su pincel, colgado en su estudio del palacio de Villahermosa entre los retratos de otras muchas princesas y damas ilustres que allí tenía, era fruto de esa amorosa y enérgica contemplacion. Lo que Laura de Novés para el Petrarca, había sido aquella aristocrática hermosura para el sensible Carderera: el cual, prendado de sus hechizos, sin que ella lo supiese, la retrató repetidas veces á sus solas, encerrado en su estudio, poniendo el modelo á la luz de su fidelísima memoria y trasladándole al lienzo, vivo y radiante, cual le veía en el santuario de su corazon. Dan testimonio de la rara perfeccion de la obra, creacion de su exaltado platonismo, el ruego que le hizo el jóven príncipe Doria, muerta ya su madre, de que le cediese uno de aquellos retratos para que figurase en su famosa galería de cuadros, y el bello soneto que un eclesiástico poeta, preceptor ó capellan del romano prócer, escribió en elogio del pintor y de la princesa difunta, del cual recordamos estos conceptos:
El retrato, en efecto, salió lleno de magia y atractivo: la noble dama, que ignoró en vida la pasion mediante la cual fué obtenido su hermoso trasunto por el tímido artista, de quien podía con toda verdad decirse:
[9] parecía en aquel lienzo una creacion espléndida y robusta del Tiziano ó del Pordenone. Los grandes coloristas cautivaban visiblemente al pintor español más que los grandes dibujantes de las escuelas romana y florentina. Cuando en 1831 volvió á España, despues de haber recorrido diferentes Estados de Italia, deteniéndose principalmente en Milan y en Nápoles, apuntaban ya en las aficiones de nuestro artista, por efecto de no sé qué cambio ó secreto llamamiento, las tendencias que luego decidieron de sus ulteriores tareas y que le granjearon la envidiable reputacion que alcanzó como juicioso crítico y erudito arqueólogo. ¿Conoció él acaso que la pintura le reservaba laureles ménos frondosos? Es posible: sus cuadros, sin embargo, especialmente sus retratos, obtenían el más lisonjero favor del público. Aún recordamos el justo aplauso que en las públicas exposiciones, celebradas en aquella época durante las ferias, en los salones y galerías, y hasta en el patio entoldado de la Real Academia de San Fernando, se tributó á los retratos, verdaderamente muy bellos, que hizo de las marquesas de Branciforte y de Labrador, y del entónces jóven poeta D. Mariano Roca de Togores, hoy Marqués de Molins, respetable hombre de Estado y por raro privilegio no ménos poeta que en su florida juventud, á quien representó en el elegante traje de Conde de Leicester, con el cual acaso quitó el sueño á más de una hermosura de la corte de las que le vieron en el gran baile costumé que acababa de darse en palacio en el cuarto del Infante D. Francisco de Paula Antonio y de su esposa la Infanta Doña Luisa Carlota. Pero Carderera era hombre de gran seso, y nunca locas ilusiones oscurecieron su clarísimo entendimiento. Sin renunciar, pues, á la paleta, que reservó para sus horas de verdadera inspiracion se entregó de lleno á los estudios arqueológicos. Las circunstancias de la época favorecían su nueva vocacion. Corría el tiempo en que una reforma total se anunciaba en los estudios literarios y artísticos: las letras y las [10] artes de consuno conspiraban á una completa emancipacion del yugo en que las había tenido el pseudo-clasicismo entronizado en Europa por el Renacimiento. En el campo de las letras, Mad. de Staël, Chateaubriand, Schlegel, Byron y Walter Scott, aquélla con su libro sobre la Alemania, el hijo de la brumosa Bretaña con su Genio del Cristianismo, su René y sus Mártires, el sabio literato de Hannover con sus traducciones de Skakespeare y Calderon, el excéntrico poeta inglés con su Childe Harold y su Don Juan, y el gran prosador escocés con sus Novelas históricas, habían abierto á los ingenios nuevos y fascinadores derroteros. En el de las artes, principalmente en la pintura, la guerra contra el arcaísmo, contra las teorías del bello visible, contra el desnudo, contra el plegado sistemático, estaba enérgicamente iniciada desde la muerte de David por Hersent y Géricault en Francia, por Cornelius y Overbeck en Alemania é Italia. Varios caminos se brindaban á los jóvenes escritores y artistas por efecto del ruidoso aplauso que la llamada escuela romántica obtenía desde la revolucion francesa de 1830; y notemos, aunque, no sea más que de pasada, un fenómeno curioso que con esta revolucion ocurría. El impulso contra las ideas arcaicas dado en nombre de la libertad intelectual, de que era la Francia para nosotros el representante más autorizado,-pues para los países del Norte lo era la Alemania,- procedía de diversos orígenes: en primer lugar, ya desde los preparativos de guerra que la Europa septentrional había venido haciendo de 1812 á 1814 para sacudir el yugo del árbitro del Occidente, el amor de patria y el espíritu religioso combinados habían producido una especie de poesía nueva, en que los recuerdos de la vieja Alemania y las antiguas creencias cristianas se daban la mano para exaltar el entusiasmo militar de todos los pueblos de raza germánica. Este gran movimiento patriótico y religioso, que ahuyentaba los recuerdos mitológicos de los tiempos paganos para glorificar en cambio los de la Edad Media cristiana, no podía ménos [11] de producir en el terreno de la literatura y de las artes una revolucion análoga á la que se operaba en el mundo político. De aquí los poetas místicos y soñadores: de aquí los pintores y escultores puristas. -Pero al propio tiempo, el arcaísmo era combatido en Inglaterra por otros dos terribles adalides: Byron y Walter Scott, á quienes poco há citábamos. Byron le combatía con el irresistible ariete del ridículo y de la ironía; Walter Scott haciendo retroceder la historia, de las ficciones y del artificio clásico, á la realidad y naturalidad de las crónicas y memorias. Y esta triple influencia del misticismo aleman, de las inspiraciones satánicas del gran poeta escéptico, y de las narraciones entretenidas y veraces del gran novelista, sistemas en su esencia opuestos, pero concordes todos en el menosprecio del clásico antiguo, venía trabajando á la juventud de todas las naciones desde que el estandarte del romanticismo había comenzado á ondear en las esferas de la literatura y del arte de nuestro siglo. ¿Se afilió Carderera, segun lo hicieron muchos de nuestros jóvenes literatos y artistas, á alguna de estas escuelas románticas como escritor y crítico? Él no era poeta, es decir, no escribía versos, aunque sabía admirablemente sentirlos; no era tampoco novelista. De Byron y de Walter Scott tenía, pues, poco que tomar; si hubiera sido su vocacion la de escritor lírico ó dramático, nunca hubiera imitado al autor del Don Juan ó de Manfredo: la impiedad era repugnante á sus sólidas creencias cristianas. Si envidió alguna vez los lauros del poeta, de seguro no fueron los de Espronceda, satélite del vate inglés, sino más bien los de Lamartine, á quien sinceramente admiraba. Y si no se afilió á ninguna de las escuelas ultramontanas que se disputaban en Francia la direccion del movimiento intelectual en la region de la fantasía, ¿de qué le aprovechó aquel nuevo impulso? ¿Qué partido sacó de la derrota del viejo sistema con el cual tiranizaba la Francia antes de 1830 á las escuelas de toda la Europa meridional sometiéndolas á un yugo exclusivo y uniforme? [12] Pues aquel impulso, aquella victoria, aquel grito de emancipacion fueron para Carderera la señal de que había recobrado su plena libertad de accion para consagrarse, sin temor de censuras académicas, al estudio de la ignorada y calumniada Edad Media, inaugurando en la Península Ibérica las útiles investigaciones, poderosas auxiliares de la Historia, merced á las cuales la marcha y las transformaciones del arte nos revelan las mutuas influencias de las diferentes civilizaciones en los Estados y pueblos que la naturaleza ó la conquista pusieron en contacto durante aquella trabajosa y fecunda edad. Con generoso afan se dedicó desde entónces á acopiar materiales para sus tareas arqueológico-artísticas, imitando el hermoso ejemplo que le daban en la vecina Francia los Lenoir, los Letronne, Raoul-Rochette, De Caumont, Didron y los Champollion; en Italia, Rossi, Fea, Vermiglioli, Cattaneo y Malaspina; en Inglaterra, Boeck, Ottley, Britton y Kosegarten; en Alemania, Ottfried Müller y BSttiger; y completando las que, con exagerado exclusivismo, realizaron en España Cean Bermudez en el campo histórico de nuestra pintura y escultura, y Llaguno y Amírola en el de nuestra arquitectura. (Continuará.) P. de Madrazo. [13] Acuerdos y discusiones de la Academia (Noticias)NOTICIAS En la Biblioteca de la Academia existe depositada, para que pueda servir de consulta á los que lo soliciten, la obra titulada Coleccion de modelos de las Armas y de los Trajes usados por las tropas de mar y tierra, desde la más remota antigüedad hasta nuestros días. Dibujada y escrita por el Capitán de Caballería Don Manuel Jimenez Gonzalez. ____ La Junta organizadora del Congreso internacional de Americanistas, que se reunió en esta corte en Setiembre del pasado año, pidió á varios establecimientos públicos, y entre ellos á nuestra Academia, notas de los mapas, cartas, planos, relaciones geográficas de Indias (Nueva España, Perú y otros reinos y provincias) y noticias de documentos relativos á nuestras investigaciones en el continente descubierto por Colon. La Academia se prestó gustosa á esta peticion, y reunió los documentos que han figurado en la Exposicion recientemente verificada. ____ Á propuesta del señor Bibliotecario, se ha reformado el Catálogo de precios para las obras que tiene en venta nuestra Academia: novedad que ha producido excelentes resultados. ____ Entre otros descubrimientos, de que frecuentemente se da noticia á la Academia, merecen citarse el de multitud de sepulcros hallados al SE. de la ciudad de Vitoria, segun comunicacion dirigida por el señor Vicepresidente de aquella Comision provincial de monumentos. ____ [14] El Sr. D. Basilio Sebastian Castellanos ha ofrecido y regalado á nuestra Biblioteca las obras del diplomático y literato español D. José Nicolás de Azara, con algunas otras producciones sobre historia y literatura; desprendimiento que agradeció la Academia como era debido. ____ Con igual satisfaccion ha recibido ésta el donativo, hecho por Mr. Charles Boy, del drama lírico de Santa Inés, en verso provenzal, perteneciente al siglo XIII, y descubierto por el Sr. D. Víctor Balaguer. ____ El Sr. D. Jacobo Zóbel, Académico electo, ha presentado el primer tomo de su Estudio histórico de la moneda antigua española, y leido algunos trozos, acompañados de observaciones que fueron oidas con mucho interés en la sesion correspondiente. ____ Nuestro individuo de número D. Juan Facundo Riaño, autor del interesante libro titulado The industrial arts in Spain, ha remitido un ejemplar de él por medio de la Seccion de ciencias y artes de la Comision del Consejo de instruccion del Museo de Kensington del Sur. ____ A cierta distancia de la ciudad de Córdoba, en el partido de la Fuente de las piedras, sitio de la Dehesilla, segun comunicacion del Sr. Marqués de la Corte, se han encontrado casualmente varias estancias sepulcrales subterráneas, y dentro de ellas despojos humanos, armas y otros objetos de pedernal, de los cuales acompañó los correspondientes dibujos. Acordándose dar las gracias al Sr. Marqués, se le ha rogado al propio tiempo que excite el celo del dueño del terreno, á fin de que se preste á continuar las excavaciones. ____ El Excmo. Sr. D. Antonio Romero Ortiz y el Ilmo. Sr. D. Cesáreo Fernandez Duro, ocupan ya en la Academia las plazas de individuos de número, vacantes por defuncion de los Sres. D. Pedro Sabau y D. Antonio Delgado. ____ [15] Por la Direccion general de Instruccion pública ha sido nombrado Jefe del Museo de antigüedades de Barcelona D. Antonio Elías de Molins, cesando en este cargo su antiguo conservador D. José de Manjarrés. ____ La Academia ha remitido á Mr. Rohault de Fleury los calcos, que había pedido, de unos monumentos sepulcrales descubiertos á fines del siglo pasado y principios del presente en la provincia de Sevilla. ____ El Sr. Jené y Gimbert, correspondiente en Lérida, ha hecho donacion á la Academia de una moneda celtibérica, mediano bronce, que el señor Anticuario ha colocado en el Monetario de la Corporacion. ____ El Sr. Hans Hildebrand, como Secretario de la Academia de Bellas Letras, Historia y Antigüedades de Suecia, se ha dirigido á la nuestra desde Stokolmo, proponiéndola entrar con ella en cambio de publicaciones, remitir todas las obras que ha dado á luz aquel Cuerpo, y contribuir con cuantas noticias se crean interesantes respecto á la rica coleccion de monedas españolas que formó el Sr. Lorichs, y que adquirió el Gobierno sueco. ____ El Académico Sr. Pezuela ha escrito y leido en sesion ordinaria una Memoria sobre la urgente necesidad de velar por la conservacion de los Archivos históricos parciales, que existen en la Habana, correspondientes á Santo Domingo, la Luisiana y las Floridas, y acerca de la conveniencia de que sus papeles sean trasladados al Archivo general de Indias de Sevilla. ____ El Sr. Gomez de Arteche ha regalado á la Academia, en nombre del Excmo. Sr. Brigadier D. Hipólito Llorente, un manuscrito en vitela, libro de rezo, al parecer, cogido en una de las iglesias de Magdala en la época de la expedicion inglesa á Abisinia. Este libro fué cedido al Sr. Llorente por el General Lord Napier. ____ [16] La Direccion general de Instruccion pública ha comunicado á la Academia la Real órden en virtud de la cual se ha declarado monumento nacional histórico y artístico el ex-monasterio de Benedictinos de la Oliva, con su iglesia, en la provincia de Navarra. ____ Por el Sr. Ministro de Fomento se ha hecho saber á la Academia que la de Ciencias, Letras y Artes de Módena deseaba entrar en correspondencia con la nuestra, y ésta acordó contestar que está dispuesta á aceptar las mencionadas relaciones. ____ La Sociedad Columbina Onubense, constituida para conmemorar el aniversario de la salida de Colon al descubrimiento del Nuevo-Mundo por medio de una funcion cívico-religiosa, que se celebrará anualmente el dia 3 de Agosto en el histórico monasterio de Santa María de la Rábida, participó al Sr. Director de nuestra Academia que había sido nombrado por unanimidad Socio honorario de aquélla. ____ El Sr. Darío Bertolini ha remitido á la Academia desde Portogruaro (Veneto) una inscripcion, descubierta en el territorio de Julia Concordia, en el Estado romano, la cual pasó á estudio del señor Anticuario. ____ El Sr. Académico D. Vicente de la Fuente ha hecho á la Academia el obsequio de dos ejemplares, uno de su libro titulado Los Toribios de Sevilla, y otro del tomo I de su Historia de Calatayud. ____ El Bibliotecario Sr. Rosell ha dado cuenta del resultado de las investigaciones hechas en nuestros Archivos para satisfacer el deseo del Sr. Ministro de Estado relativamente al sitio, extension y límites del establecimiento de pesquería que tuvo antiguamente España en la costa del Océano, junto á Santa Cruz la Pequeña, territorio del imperio de Marruecos. Los documentos consisten en copias del testimonio de las ciudades, villas y fortalezas que se sometieron y reconocieron por señores á los Reyes [17] Católicos Don Fernando y Doña Isabel en 15 de Febrero y 24 de Marzo de 1499; y de otros extractos y apuntamientos, relativos á Taraoz, Santa Cruz y Mar Pequeña. ____ Han sido nombrados:
InformesI. Nobiliario y Blasón de Canarias, por don Francisco Fernández Bethencourt.Evacuando el informe, que de órden de nuestro Director accidental se me pide, sobre la obra intitulada Nobiliario y Blason de Canarias. Diccionario histórico, biográfico, genealógico y heráldico de la Provincia, por D. Francisco Fernandez Bethencourt, obra sobre cuyo primer ó segundo volúmen ha debido dar su informe favorable mi querido amigo, paisano y compañero D. Juan Facundo Riaño, segun manifiesta el autor en el último párrafo del Prólogo con que encabeza el tomo tercero, debo manifestar á la Academia que la obra continúa en este volúmen digna de los elogios que se le han prodigado en doctas corporaciones extranjeras. El lenguaje simbólico y figurado de la llamada ciencia del Blason que, no por pertenecer á instituciones que casi pueden considerarse muertas, deja de tener grandísima importancia, porque en él está escrita la historia caballeresca y legendaria de los siglos medios, adulterado y corrompido por el mismo abandono de tales estudios, había dejado de ser una especie de lenguaje universal para todas las naciones donde predominaron los poéticos y levantados pensamientos de la caballería y servicio importante para estos estudios es volverlo, como lo hace el Sr. Fernandez Bethencourt, á su pristina pureza. Y sin embargo, su obra no es una acumulacion indigesta de nombres raros é ininteligibles casi siempre para los no conocedores del arte del Blason, -que yo nunca podré llamar ciencia, aunque así [20] le llamen, y á más le califiquen de noble, desde Toison de Oro, el rey de armas de Cárlos el Temerario, hasta nuestro Argote de Molina,- sino un libro hecho á la moderna, en el que, al lado de todos esos revesados vocablos de sinople, sotuer, perla, giron, lambell, timbre, dentellado, brisura, rustas, cremelin, y otros no ménos extraños para los profanos en tales materias, vocablos que sólo usa cuando el tecnicismo del asunto lo reclama, contiene curiosos y, á veces, peregrinos datos históricos de las familias á cuyos apellidos se refiere, relacionados con la historia general de la patria, y justificados todos con oportunas, pero sobrias citas; lo cual da á la obra un carácter indudable de interés general, sacándola del estrecho círculo en que otros genealogistas encerraron libros de índole parecida. La abreviada historia de las importantes familias nobles españolas, portuguesas, francesas, italianas, flamencas, holandesas é irlandesas, que se fueron estableciendo en las Islas Canarias, contiene la historia propia ó íntima de las mismas en los mejores períodos de las edades media y moderna; y, relacionado todo esto, como hábilmente se encuentra enlazado, con la historia general de la madre patria, resulta una verdadera historia particular de aquellas islas, en lugar de un seco y adulatorio volúmen, escrito sólo papa halagar á determinada clase social, digna por otra parte de consideracion y de respeto para quien ama ardientemente lo pasado por su propio valor y por las enseñanzas que ofrece para lo porvenir. Si á esto se agrega que el libro está escrito en correcto y fácil estilo, como acontece con frecuencia con las obras de los escritores de aquellas islas, comprenderá la Academia que mi dictámen no puede ménos de ser favorable á esta obra, cuyo tomo tercero es digno de los anteriores, y que conceptúe que debe recomendarse al Gobierno, para que le dispense la proteccion que dentro de sus facultades considere oportuna. La Academia, sin embargo, resolverá. Madrid 20 de Febrero de 1880. -J. De Dios de la Rada y Delgado. ____ [21] II. Lecciones de Historia Universal, por don Manuel de Góngora y Martínez.Evacuando el informe, que se había servido confiarme nuestro digno Director accidental, acerca de la obra de D. Manuel de Góngora y Martinez, intitulada Lecciones de Historia universal, debo manifestar á la Academia que, despues de haberla leido con el detenimiento que un libro de su índole requiere, he formado de ella favorable juicio, encontrándola digna de aplauso y de la proteccion que su ilustrado autor pide. Producto este libro de más de treinta años de asíduos trabajos en la enseñanza y en el cultivo de la Historia, que han valido á su autor repetidos premios y una reputacion merecida, no es la más ó ménos exacta, más ó ménos metódica compilacion de hechos, escogidos muchas veces con escaso criterio, que la especulacion, más que el amor á la ciencia, reune y apila para formar volúmenes que ofrecer en los mercados escolares á preciso y, á veces, impuesto consumo. La obra de Góngora, por el contrario, es fruto de largas lecturas, de sana crítica, de esa pedagogía académica que sólo se aprende enseñando, y por eso participa tanto de buena y depurada doctrina, como de acendrada exposicion, juicios críticos, y fácil y filosófico método. En tres lecciones prolegomenales fija el valor del tecnologismo de la vasta ciencia que trata de exponer, sus fuentes de conocimiento, la nocion de la verdadera crítica, y las divisiones de la Historia y sus subdivisiones en épocas; presentando así en fácil encadenamiento cronológico, enlazada en inmensa cadena, sin solucion de continuidad, la historia del género humano desde su aparicion en la superficie de la tierra hasta los principios de la contemporánea; pues, al llegar aquí, comprende que, más que á nosotros, toca á los venideros escribirla y juzgarla, aplicando aquella tan célebre y exacta frase:
[22] Despues de esto, con el digno valor que dan arraigadas convicciones, entra en el exámen de otras cuestiones, preliminares tambien á la narracion histórica, acerca de la antigüedad del mundo, del origen del hombre, de su unidad y de sus primeros pasos sobre la tierra; y, guiado por un criterio eminentemente cristiano y católico, las resuelve con arreglo á los últimos adelantos, demostrando que no existe el menor desacuerdo, sino estrecha é intima union, entre las lucubraciones de la ciencia y las revelaciones de la fe. De la misma manera, ya dentro de la narracion, se ocupa de las llamadas edades preshistóricas; demostrando, como hace mucho tiempo tuve la fortuna de afirmar, que, más que épocas cronológicas, los monumentos que á ellas se refieren revelan períodos de civilizaciones primitivas: y entra despues en los tiempos ya conocidos de la Edad antigua, llevando siempre en tan remotas épocas como primera guía las Sagradas Letras, armonizadas siempre con los datos que la erudicion y la crítica han ido atesorando á través de los siglos. Pero, desde el momento en que llega á períodos donde aquéllas no alcanzan, por referirse los hechos históricos á épocas posteriores, pone al frente de cada leccion las fuentes de los conocimientos que en la misma expone, para que los alumnos tengan donde acudir y encontrar la confirmacion de sus palabras, ó ampliacion de la doctrina expuesta; conociendo que en los procesos históricos no hay afirmacion que no necesite probanza. Y no se limita á exponer los hechos con fácil y correcta diccion y, á veces, hasta galano lenguaje que, quitando aridez al estudio, le hace ameno y le da interés y atractivo, sino que, comprendiendo no pueden juzgarse bien los hechos, sin conocer el medio en que se han realizado y el lugar que les ha servido de teatro, antes de narrarlos, asienta la geografía y topografía, y hasta las condiciones climatológicas de los países en que los hechos, objeto de la narracion, pasaron; con lo que el libro que nos ocupa puede considerarse, no sólo como una obra elemental de Historia, sino tambien de Geografía antigua. Las Lecciones de Historia del Doctor Góngora están además escritas con un criterio verdaderamente progresivo y universal; [23] porque, lejos de limitarse, como la mayor parte de los libros de esta clase, á los que pudiéramos llamar acontecimientos políticos, militares y civiles, se extiende á las diferentes fases que presenta la actividad humana en sus manifestaciones científicas, literarias y artísticas, haciendo en cada período un cuadro completa de la historia en él comprendida. Por cuanto llevo expuesto, creo que la obra de que se trata reune las condiciones, pedidas por la legislación vigente, para que por el Ministerio de Fomento se conceda á su autor, que es al mismo tiempo el propietario y editor, el mayor auxilio que á bien tenga. La Academia, sin embargo, resolverá. Madrid 18 de Mayo de 1880. -J. de Dios de la Rada y Delgado. ____ III. Recuerdos históricos de España, por d. José Marín Ordoñez.Cumpliendo con la órden del Sr. Director accidental, que se sirvió nombrarme para dar informe, he examinado detenidamente la obra titulada España. Recuerdos Históricos, por D. José Marin Ordoñez, compuesta de un tomo de 510 páginas, en 4.º mayor, que acaba de publicarse en esta capital. El texto del libro corresponde perfectamente á su título, trazando el autor á grandes rasgos y por órden cronológico todos los episodios más notables de nuestra Historia Nacional. Si su lenguaje, siempre correcto, deja de ser feliz en la expresion algunas veces, el juicio del Sr. Marin es, en general, exacto en cuanto á la naturaleza de los hechos, y la filosofía con que los considera, acredita la bondad de sus ideas y sus sanísimas doctrinas. Parécenme, por tanto, sus Recuerdos Históricos, un seguro guía para que los que estudien nuestra Historia Nacional no se [24] extravíen en el laberinto de publicaciones, más ó ménos históricas y no escasas de errores, que desde principios del siglo actual se vienen publicando. Esta es la opinion sintética del que suscribe sobre la expresada obra, que merece por lo tanto todo el apoyo del Gobierno de S. M., si la Academia con su superior criterio no es de sentir distinto. Madrid 14 de Junio de 1880. -Jacobo de la Pezuela. ____ IV. Historia del renacimiento literario contemporáneo de Cataluña, Baleares y Valencia, por d. Francisco María Tubino.No es esta la primera vez que la Real Academia de la Historia informa acerca de una obra de D. Francisco María Tubino. Hace diez años, en 1870, lo hizo tambien dando su parecer al Gobierno sobre el Viaje científico á Dinaniarca y Suecia, que aquél había escrito en union del Doctor Vilanova; y en verdad, en un notable informe, cuya ponencia desempeñó, como todo lo que salía de su docta y elegante pluma, nuestro respetable Director el Excmo. Sr. D. Antonio Benavides, encareciendo los méritos contraidos con aquel trabajo por uno y otro autor. Hoy el que suscribe, despues de haber examinado la nueva obra debida al Sr. Tubino, sobre la que se pide su informe á la Academia, y que se intitula Historia del Renacimiento literario contemporétneo de Catalaña, Baleares y Valencia, se cree en el deber, con no menor fundamento, para pedir en pro de esta obra el ilustrado apoyo de la Academia. El estudio de las literaturas llamadas romances, tan brillantemente proseguido por Ditz y Bactsch en Alemania, por Mussafia en Austria, por Meyer en Francia, y por otros, no ménos distinguidos filólogos y literatos en Italia é Inglaterra, si viene siendo objeto de notables explicaciones, hace muchos años, en [25] la Escuela Superior de Diplomática, debidas primero al docto D. Pedro Felipe Monlau, despues á su antiguo discípulo y hoy dignísimo profesor, D. Vicente Vignau, y si se ha de cultivar tambien, como supieron hacerlo siempre en su relacion más literaria y lingüística nuestros dignísimos compañeros los Excelentísimos Sres. D. José Amador de los Rios y D. Víctor Balaguer, no lo había sido en el momento histórico de nuestro siglo, lo cual hace en la obra que nos ocupa con acertada crítica su diligente autor. El Sr. Tubino se ha fijado en una de las manifestaciones de esa literatura, en el renacimiento de que son teatro las provincias de la region oriental de España, con sus islas adyacentes; y, comprendiendo el carácter y los alcances del problema, lo plantea y resuelve, en cuanto es dado juzgar por lo publicado, con seguridad y acierto, con crítica desapasionada y con verdadero amor de patria, no perdiendo de vista lo que se debe á la unidad que felizmente alcanza nuestro país. Comprenden los cuadernos recibidos una filosófica introduccion, donde el autor prepara el ánimo de sus lectores para que le sigan con fruto en el curso de las investigaciones comenzadas. Sobre fijar lo que llamaríamos personalidad política que en lo antiguo alcanzaron Cataluña, Valencia y Baleares, determinando los elementos que figuraban en su organismo, ocúpase del orígen y formacion de las lenguas neo-latinas, y de cómo nacen y crecen las nuevas formas y géneros literarios, á ellas peculiares. En esta parte, la novedad en los puntos de vista acompaña á la justicia con que el autor procede. No se había atribuido cumplidamente hasta ahora al sacerdocio católico la parte que de pleno derecho le corresponde en la formacion de las lenguas romances; habíanse, sí, emitido consideraciones valiosas acerca de su representacion en la constitucion de las nuevas sociedades, y quilatado su influjo en la poesía popular; mas, en lo que toca á la filología, necesario era ofrecer á buena luz y con la debida extension los hechos, para señalar, como lo hace el Sr. Tubino, la principal, la decisiva influencia sobre el lenguaje del poder conservador y docente, que su importancia y la pureza de su doctrina habían dado á la jerarquía eclesiástica, al fenecer el [26] cesarismo y al empezar la alianza entre el Pontificado y el elemento germano. Entraña el florecimiento literario, de que se ocupa la obra del Sr. Tubino, problemas de la mayor importancia para la historia general de nuestra patria; y el autor, aunque sin creerse en la necesidad de resolverlos, allega datos muy útiles para guiar al hombre de Estado que se proponga estudiarlos; y, relacionando el desarrollo puramente estético con el de las instituciones, hace ver la compenetracion de la cultura nacional y de la provincial, y la parte que en los adelantos literarios de la region que estudia corresponde á cada una de ellas. Al historiar el Renacimiento desde el comienzo de nuestro siglo hasta lo presente, el Sr. Tubino acumula los hechos que á aquel se refieren con gran copia de datos, dando así testimonio de actividad constante y bien encaminada. Y es de tal suerte, que puede asegurarse no habrá medio de escribir con fruto la historia de la literatura española contemporánea, ni ménos la de nuestra civilizacion actual, sin tener presentes los documentos reunidos en la obra del Sr. Tubino; porque éste ha dado á su digno empeño las consideraciones necesarias para que sea tan fecunda en enseñanza, como meritoria en buenos propósitos. En vista de lo expuesto, el que suscribe, teniendo tambien en cuenta que el mismo autor es el editor, lo que á los hombres de letras impone penosos sacrificios, cree que esta obra debiera recomendarse al Gobierno para que le otorgue la proteccion que estime conveniente. La Academia, sin embargo, resolverá. Madrid 18 de Junio de 1880. -J. de Dios de la Rada y Delgado. ____ V. Manual de Arquivonomía, por D. José Morón y Liminiana.Nombrado por nuestro Sr. Director para informar lo que me parezca acerca de la obra titulada Manual de Arquivonomia, que su autor D. José Moron y Liminiana, individuo del Cuerpo [27] de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, ha presentado á la Direccion general de Instruccion pública, solicitando los beneficios del Real decreto de 12 de Marzo de 1875, tengo la satisfaccion de hacerlo en términos favorables. Es un opúsculo en la apariencia, pero en el fondo un libro de extenso contenido, más difuso y doctrinal quizá de lo que conviene á su objeto, si éste es, como parece, dar á los empleados en nuestros Archivos históricos instrucciones metódicas y completas para el arreglo y conservacion, ó lo que es lo mismo, para el buen servicio de sus respectivos establecimientos, y áun de los puramente administrativos, por desgracia harto desorganizados en la mayor parte de las dependencias del Estado, no ménos que en las de las provincias y los municipios. Esa difusion, sin embargo, el tecnicismo un tanto ostentoso y los conceptos puramente filosóficos de que el autor se vale para encarecer la importancia del asunto, no redundan en demérito de su obra, sino en cuanto perjudican á la sencillez y concision que deben resaltar en los libros didácticos y esencialmente expositivos; así como las opiniones, que á veces emite con cierta novedad y desenfado, prueban su genialidad característica, más que la propension á zaherir, ó el deseo de singularizarse. En la obra del Sr. Moron tienen no poco que aprender los que se dedican á este género de estudios. Hay en ella copioso caudal de erudicion, espíritu investigador, apreciaciones muy exactas, hijas de una observacion sagaz, y métodos y reglas deducidas de la práctica y autorizadas por la experiencia. El propósito de juzgar con la debida severidad los libros, cuyos autores demandan el auxilio del Gobierno, porque difícilmente contarían con el del público, modestia de que involuntariamente hacen alarde, no puede alcanzar al Sr. Moron, que en su Arquivonomía (perdonémosle la invencion de la palabra) se ha hecho verdaderamente digno de la proteccion que solicita. Por esto, y porque conviene alentar sus esfuerzos, hacerle grata su carrera y estimular á otros á que sigan su laudable ejemplo, puede recomendarse al Gobierno la adquisicion de suficiente número de ejemplares de la obra á que este informe se refiere, para que se difunda y sirva de estudio á las personas que deben consagrarse á él, sea [28] en los establecimientos oficiales, históricos ó administrativos, sea en las Bibliotecas públicas, mudas cátedras de enseñanza. La Academia, sin embargo, resolverá lo más acertado y justo. Madrid 1.º de Octubre de 1880. -Cayetano Rosell. ____ VI. Codices manuscripti hispanici ad historiam medii aevi et praesertim ad res historicas Germaniae spectantes.Reise nach Spanien im winter von 1878 auf 1879. Von P. Ewald. Aus dem neuen archiv D. Gesellsch F. Ältere deutsche geschichtkunde, BD. VI. Hannover. Hahn'sche Buchhandlung. 1881. Tiene este folleto 178 páginas en 8.º, fuera de la portada y de la fe de erratas, conservando la numeracion (pág. 214-392), que ha tomado al publicarse por primera vez en el Nuevo archivo de la Sociedad estudiosa de la antigua historia alemana, tomo VI. Se propone dar á conocer lo que su autor, el señor Ewald, recabó como fruto de su exploracion científica por España durante el invierno de 1878 á 1879. El Sr. Ewald examinó dentro de nuestros principales archivos y bibliotecas los códices que pueden contribuir al estudio histórico de la Edad Media, y en particular al de Alemania. El autor, no sin alabar, como es justo, los trabajos de esta índole, debidos á nuestro socio honorario el R. P. JulioTailhan, al ya difutito Sr. Eguren, á nuestro correspondiente Sr. Villaamil y al eminente helenista D. Cárlos Graux, pondera la valía sin igual de los códices góticos españoles, tanto por su número, como por su esmero y riqueza. Forman un ramo, y no el ménos escaso ni el ménos bello, de nuestra gloria nacional. Prelados, monasterios y reyes, y áun próceres y municipalidades, cifraban en estos códices, con primor escritos, y las más de las veces brillantemente coloreados, el mayor lustre de su fama, el mejor tipo de su cultura y el terso espejo de su historia. Con ser tantos los [29] manuscritos góticos, artísticos y literarios que, desde la infausta supresion de los conventos y la vandálica tormenta de las guerras civiles, se han destruido, ó bien han pasado á manos de extranjeros, quedan todavía, y se han salvado sobre los dilatados campos de nuestra Península, abundantes panes en flor, de los cuales puede y debe hacer acopio la ciencia universal. No pocos de estos códices, buscados y adquiridos á peso de oro, habían venido á España desde varios puntos de Europa; demostrando con este movimiento el alto nivel á que subieron nuestros estudios literarios, mayormente durante el siglo de Cisneros y de Felipe II. Lo que el siglo actual cierra entre sus brazos, no todo han sido guerras, desolaciones, fieros males; ha brillado tambien á intervalos, sembrando flores y despuntando abrojos, la Paz serena. Así es que muchos códices han salido del fondo de las tinieblas que los ocultaban, y áun algunos han vuelto á nuestro territorio; y todos se han estimado y estudian con creciente interés, merced á los generosos esfuerzos del Estado y á la incesante accion, así de las Academias nacionales y del Cuerpo de Bibliotecarios y Archiveros, como de otras Corporaciones y personajes ilustres. Sentados estos preliminares, discurre luego hacia su propio objeto el Sr. Ewald; y con paso firme, con ojo avizor y con diestra mano logra penetrar en el recinto de nuestras fuentes históricas y sacar á la luz del dia, sus arcanas preciosidades. Visita fuera de Madrid los depósitos del Escorial, Toledo, Valladolid, Salamanca, Sevilla, Córdoba, Granada, Cádiz, Barcelona y Lisboa, y en Madrid, además de nuestro Archivo, el Histórico Nacional y el del Museo Arqueológico, la Biblioteca Nacional y la de la Universidad, la de S. M. el Rey y la particular de nuestro digno Presidente interino el Sr. Gayangos. En cada uno de estos parajes clasifica el Sr. Ewald los códices, que hacen á su intento, por órden cronológico, teje su análisis, extracta, y aún copia por entero, las piezas inéditas de mayor interés, y, en una palabra, eslabona todos los datos que bastan y se requieren para orientar al lector, ávido de conocer el fondo y la trama del manuscrito. Todas las piezas ya publicadas las designa por el libro más acreditado que las contiene; como las bulas, por el Regesta de Jaffé; nuestros cronicones, por La España Sagrada; y los trozos de Patrología é [30] Historia eclesiástica, por la Coleccion de Migne. La Nomina Sedium episcopalium del siglo VIII, que hizo ya fotografiar y explicó nuestro compañero D. Aureliano Fernandez-Guerra en su Discurso de contestacion al del Sr. Rada; el texto de Rangerio, arzobisp de Luca, en parte inédito, y en parte ya publicado por el Sr. La Fuente, con aplauso de toda Europa; la Crónica del Pacense el códice Complutense; nuestros magníficos códices de San Millan, Cardeña y San Isidro de Leon; los cartularios de Sahagun y Samos en el Archivo Histórico Nacional; la Biblia de Huesca en el Museo Arqueológico; la Crónica de España, manuscrita en el siglo XIV, y el Fuero y Privilegio de Sahagun en la biblioteca de Sr. Gayangos; y mil otras joyas de primer órden que, dignamente custodiadas, pueden verse en los archivos de Toledo, Valladolid, Salamanca, Sevilla, y demás arriba citados, hacen esperar que el Sr. Ewald, encariñado con monumentos de tanta valía, como él ha sabido cuidadosamente reconocer y exactamente describir, no limitará ahí su estudio; sino que, á no tardar, querrá completarlo con el de otros archivos de aquellas mismas y otras ciudades, que la premura del tiempo no le permitió recorrer. Tales son, por ejemplo, el archivo de la catedral de Barcelona, que encierra códices en pergamino, de letra uncial, y el Tumbo del siglo XIII en cuatro volúmenes, analizados por Caresmar, y el insigne Templum Domini, que dí á luz, escrito por el Cardenal D. Juan Margarit, y es como el primer esbozo de historia universal europea, hecho en España; los archivos catedralicios de Gerona, Tarragona, Tortosa, Valencia y Lérida; los de Sigüenza, Palencia, Compostela, etc., y muy en especial, los de Astorga, Leon y Oviedo, los cuales ofrecian para el objeto que se propuso el Sr. Ewald abundantísima mies, segun es de ver en el informe que sometí, no há mucho, al juicio de la Academia, cumpliendo el encargo que ella me hizo de explorar el estado en que se encuentran aquellos centros históricos de ambas Asturias. En suma, la obra del Sr. Ewald, aunque no completa en su género, es digna de grande aprecio, y merece considerarse como un adelanto nuevo y egregio de nuestra Historia nacional, estudiada en sus fuentes. El regalo que de esta obra nos hace el autor muestra que la hidalguía de su ánimo va de par con su noble [31] ingenio. Por ello creo justo que al Sr. Ewald se envien los plácemes y las gracias de nuestra Corporacion, y (me atrevo á insinuarlo) el título de socio correspondiente. La Academia, no obstante, acordará lo que mejor sea. Madrid 3 de Junio de 1881. -Fidel Fita. ____ VII. Sepulcro de San Pedro de Osma en la iglesia catedral de El Burgo.El Sr. D. Lorenzo Aguirre, Correspondiente en Soria, dirigió á la Academia con fecha 2 de Julio de 1879 la comunicacion siguiente: «Excmo. Sr.: En mi propósito de tener á V. E. al corriente de todo descubrimiento que se realice en esta provincia, no debo omitir el que ha tenido lugar en la catedral de este Obispado de Osma, situada en la villa de El Burgo. En su capilla, hoy denominada de El Espino, y ántes de El Sacramento, cubierto por un lienzo se ha encontrado el primitivo sepulcro de San Pedro de Osma. Segun las noticias que se me dan, está construido de mármol del país. Consta de tres cuerpos. En el superior se ve la estatua yacente del Santo, descansando sobre almohadones. En el segundo, sostenido por seis pequeñas columnas góticas, se ven los bajo relieves que representan los milagros realizados durante la vida del Santo. El tercero es el basamento, que lo constituye una losa sostenida por dos grifos. [32] Construido con poco esmero, segun la época á que corresponde, y sin duda por los escasos medios con que podría entonces contarse en este país, se considera sin embargo de bastante mérito, y tal vez se trata de colocarlo en la capilla donde actualmente descansan los restos del Santo. Cuando el Arquitecto provincial regrese, le pediré más detalles, que pondré en conocimiento de V. E. Dios guarde á V. E. muchos años. Soria 2 de Julio de 1879. -Excmo. Sr.:-Lorenzo Aguirre.» El mismo señor participa sobre el mismo asunto con fecha 19 de Octubre de 1880: «Excmo. Sr.: Tengo un compromiso, que voy á cumplir, con esa Real Academia; y á la vez algo que rectificar, en las noticias que dí respecto del descubrimiento del antiguo sepulcro de San Pedro de Osma, en la Iglesia catedral, situada en la villa de El Burgo. Los datos que he tomado demuestran que no se ignoraba su existencia, y que tampoco se encuentran en él los restos del Santo Patron del Obispado. Ligeros antecedentes históricos bastan para esta rectificacion. D. Juan Loperraez Corvalan, en su Descripcion histórica del Obispado de Osma, refiere que San Pedro, primer Obispo de este nombre desde 1101 á 1109, falleció en Palencia, siendo trasladado á la Catedral, donde descansan sus restos: colocándolo á los pocos dias en humilde sepulcro, empezado á construir por el Santo; en el cual permaneció por espacio de ciento cincuenta años. Este historiador incurre en error notable, que ocasiona confusion cronológica al referir la primera traslacion al sepulcro que motiva este informe. En la página 93, tomo I, edicion de 1788, dice que tuvo lugar el año 1275 «siendo Obispo de Osma D. Agustin, del humilde sitio donde yacía, al altar de la capilla que llamaban de la Resurreccion, en la que hoy se le dá culto á Nuestra Señora de El Espino.» [33] En la página 247 refiere que se hizo la traslacion por órden de D. Gil, único de su nombre, en el año 1258 «por hallarse en un sepulcro humilde, aunque señalado y conocido, en el que había estado ciento cincuenta años; previniendo antes una arca de piedra muy bien labrada, con sus adornos y molduras de baxo relieve, que colocó en un retablo de la capilla que llamaban entónces de la Resurreccion, donde ahora se venera la Imágen de Nuestra Señora con el título de El Espino.» Habiendo muerto San Pedro en el año 1109, y el Obispo D. Gil en el de 1261; contrayéndose la permanencia de los restos del Santo en su primitivo sepulcro á un espacio de ciento cincuenta años, fué indudablemente una equivocacion la referencia de la traslacion al tiempo del obispo D. Agustin, que obtuvo la mitra de Osma inmediatamente despues de la muerte de D. Gil; equivocacion que se comprende más, al considerar que el mismo Loperraez nada indica al narrar la vida de D. Agustin, no obstante las citas que hace acerca de los medios que empleó para concluir la fábrica de la catedral de Osma, promoviendo á la vez la devocion á San Pedro, á cuyo efecto cita las indulgencias que despachó D. Estéban, Obispo de Calahorra, en Valladolid, á 11 de Marzo de 1275. El sepulcro á que se contrae este informe es el que ocupó el Santo desde su primera traslacion, verificada el año 1258, hasta la que en 12 de Noviembre de 1551 se realizó, siendo Obispo de Osma el Sr. D. Pedro Alvarez de Acosta, desde la capilla, antiguamente denominada de la Resurreccion y despues de Nuestra Señora de El Espino, al suntuoso mausoleo donde hoy reposan sus restos. El que sirvió desde 1258 á 1551 se encuentra detras de la mesa altar de Nuestra Señora de El Espino, y en lo poquísimo que permiten la carencia absoluta de luz, la estrechez y la falta de limpieza, se observan los detalles siguientes: El sepulcro es de mármol blanco. En su tapa se ve la estatua yacente del Santo. En los costados están esculpidos los principales milagros de su vida. Descansa sobre cuatro formas de animales, cuya especie sería difícil determinar. A pesar de sus desproporciones, y de lo rígido y duro de sus paños, defectos ambos [34] muy comunes en la escultura de los siglos XII y XIII, es notable este sepulcro por el esmero de su trabajo, por la riqueza de los detalles de adorno, y en general por la buena composicion de sus figuras. Proyectada su traslacion á punto más conveniente dentro de la misma iglesia, toda vez que por lo insignificante de su presupuesto no hay motivo para retardarla, urge que se realice, no sólo para que sirva al estudio de los inteligentes, sino porque no es justo que permanezca oculta una de las mejores alhajas esculturales que la catedral de Osma encierra. Dios guarde á V. E. muchos años. Soria 19 de Octubre de 1880. -Excmo. Sr.:-Lorenzo Aguirre.» ____ El Sr. D. Lorenzo Aguirre, Correspondiente de nuestra Academia en Soria, avisó hace algun tiempo que se había hallado el sepulcro de San Pedro, llamado comunmente de Osma, primer Obispo de aquella diócesis, despues de la restauracion de aquella Iglesia en el siglo XII. La Academia acordó excitarle á que diese alguna noticia más sobre el hallazgo de este monumento. Así lo ha hecho aquel celoso Correspondiente, remitiendo un curioso informe sobre las vicisitudes de él, á partir desde la muerte del Santo Prelado, segun lo que dice Loperraez en su importante obra acerca de los Obispos de Osma; añadiendo una curiosa descripcion del dicho cenotafio, del cual dice que es de mármol blanco, con la estatua yacente del Santo, y relieves que representan algunos milagros y acontecimientos de su santa vida. El Sr. Aguirre, despues de rectificar alguna inexactitud del Sr. Loperraez, manifiesta el deseo de que la sobredicha urna, respetable por su antigüedad, sea trasladada á paraje donde pueda ser más apreciado su mérito arqueológico, en la misma Iglesia. El que suscribe, evacuando la comision que se le encargó por el Sr. Director en 20 del mes pasado, es de parecer se den las gracias al Sr. D. Lorenzo Aguirre, y que pase el informe á la Comision del Boletin para que ésta lo inserte en él, si parece conveniente, tanto por la importancia de la noticia, como para [35] estímulo de nuestros Correspondientes; y asimismo que se escriba sobre ello al Prelado de la Diócesis. La Academia, sin embargo, acordará lo que crea más acertado. Madrid 5 de Noviembre de 1880. -Vicente de la Fuente. ____ VIII. Lámina celtibérica de bronce, hallada en el término de Luzaga, partido judicial de Sigüenza.Al ingresar en esta Real Academia (1) cité el monumento insigne, objeto de esta memoria. Diéronme noticia de él, cuatro años há, los Sres, D. Roman Andrés de la Pastora, presbítero domiciliado en Madrid, y don Cárlos Rodriguez Tierno, canónigo magistral de Sigüenza. De sus informes, contextes, inferí que no podía ménos de ser auténtico, y que se hallaba en poder de una familia avecindada en Huerta-Hernando, lugar del partido de Cifuentes, provincia de Guadalajara. Decíase entónces, y así lo he creido hasta no há muchos dias, que el sitio de su descubrimiento era el que llaman El Despoblado, en el término de Huerta-Hernando, donde ha parecido un fragmento de miliario romano, del que he pedido calco á su dueño D. Juan María Morales. El Sr. Morales, avecindado efectivamente en Huerta-Hernando, si bien suele pasar largas temporadas en Sigüenza, es el dueño de la lámina celtibérica, que me ha permitido disfrutar a su grabado y estudio, y tengo el honor de presentaros en su propio original que aquí veis. En carta firmada y escrita de su puño y letra, que acabo de recibir, atestigua el Sr. Morales «que [36] la plancha celtibérica fué encontrada en el término de Luzaga, transmitiéndose de unos á otros poseedores; y que pasando por las transformaciones de pantalla de velon y cobertera de olla, vino á parar á Huerta-Hernando, en cuyo punto llegó á nuestro poder.» El sitio preciso del término de Luzaga donde apareció la lámina no ha podido averiguarlo el Sr. Morales, «por hacer (dice) mucho tiempo que fué hallada.» «En Luzaga (añade) existen ruinas de antigua poblacion, así como las de un castillo derruido hasta los cimientos, donde se encuentran algunas monedas de plata de cuño celtibérico. Yo poseo una encontrada en dicho punto.» La moneda de plata que posee y me ha remitido el Sr. Morales, es un denario Arregorradense
en buena conservacion, con la marca El facsímile polícromo, de tamaño natural, que acompaño (2) y ha obrado el inteligente artífice Sr. Kraus, excusa con ventaja y hace inútil toda descripcion del bronce. Ahumado y agujereado el original, presenta evidentes vestigios del oficio humilde y casero á que la ignorancia rústica lo destinó. Debo advertir, no obstante, que en la ejecucion del facsímile se han omitido, adrede y para economizar mayor gasto, algunas manchas de pátina verde antiquísima que conserva el bronce original y tantas vicisitudes no han logrado destruir. Al pié del facsímile se dice que el monumento fué hallado en el término de Huerta-Hernando; pero esta indicacion debe corregirse con los datos precisos que acaba de suministrar el Sr. Morales y de que arriba hice mérito. Se halló el bronce en Luzaga, y se guarda en Huerta-Hernando. El lugar de Luzaga está situado cuatro leguas al SE. de la ciudad de Sigüenza, en la ladera de
un cerro, sobre la margen izquierda del rio Tajuña, que nace dos leguas más al Oriente en la villa
de Luzon. Luzon pertenece al distrito judicial de Molina; Luzaga al de Sigüenza, pero en la raya
del de Cifuentes. Las divisiones modernas poco montan para indagar las de los antiguos [37]
pueblos de España, que ha respetado y conservado mejor la Iglesia. En lo eclesiástico, Luzon y
Luzaga se adjudicaron al arciprestazgo de Medinaceli, partido de Sierra Alta: ni faltan razones
para sospechar que todo este arciprestazgo de la diócesis Seguntina fuese comprensivo, siquiera
en parte, del territorio de los Lusones, citados por Estrabon, que llegaban hasta las fuentes del
Tajo. Á los Lusones parece deben atribuirse los cuños celtibéricos con las leyendas No son indiferentes estos datos para la interpretacion de la plancha celtibérica de Luzaga, supuesto que caminando entre tinieblas, es forzoso é imprescindible orientarnos por algun punto conocido, si no hemos de perdernos ó divagar en un caos de conjeturas estériles. Aun cuando había yo reducido á latinos los caractéres celtibéricos, y cual yo lo habían hecho tambien otros amigos mios, quise oir sobre el particular á nuestro sabio compañero electo, Sr. D. Jacobo Zóbel de Zangróniz, dedicado mucho tiempo hace al exámen comparativo de las inscripciones ibéricas en piedras y en metales. De su atencion he logrado una muy docta carta, que hace á mi propósito, y que creo de justicia dársela á conocer á la Academia, ántes de proceder yo á [38] preparar la traduccion de escritura tan difícil, faltándonos, como nos faltan, hallazgos de algunas inscripciones bilingües que nos pongan en camino de descifrar el que hasta ahora ha sido enigma impenetrable. ¡Ojalá que de igual suerte que se descubrieron inscripciones políglotas, como la de Roseta y la de Behistun, las cuales dieron la clave para interpretar y hacer revivir en sus propias lenguas los fastos del Egipto y los anales de Darío Histaspes, se acerque el dia en que parezca algun monumento de la España antigua en caractéres celtibéricos y púnicos, ó griegos, ó latinos, en donde pueda estudiarse verdaderamente la gramática y el génio de aquel idioma, que alentó vigoroso, espléndido, en boca de los Numantinos, y ha entrado por mucho en la formacion del habla castellana! Yo me contentaré si logro desbrozar el principio del camino, para que hombres más doctos y afortunados lleven á feliz término la empresa. Hé aquí la carta del Sr. Zóbel á que me refiero: «Madrid 1.º de Marzo de 1881. Amigo y compañero: Si no me constara por otros conceptos la extrema modestia de V., la hallaria hoy en su deseo de conocer mi humilde juicio acerca de la inscripcion ibérica de Luzaga, cuya copia ha tenido la bondad de remitirme. Usted, que en varios trabajos, y muy especialmente en el notabilísimo sobre los Restos de la declinacion céltica y celtibérica, ha llegado á derramar luz sobre el oscuro campo de los idiomas que debieron estar en uso entre los indígenas de nuestra península durante la edad antigua, concede ahora excesivo honor al ímprobo trabajo mio de deletrear los monumentos epigráficos ibéricos; paso primero y esencial para la inteligencia de su contenido, y preparatorio para el conocimiento gramatical de las lenguas en que se escribieron. Confieso á V. ingénuamente que la impresion que en mi ánimo produjo á su primera vista el bronce de Luzaga, fué de grandísima sorpresa, acompañada de cierta duda sobre su legitimidad; duda pasajera, pero excusable, si se tiene en cuenta la excesiva rareza de epígrafes ibéricos en general, y especialmente de la importancia que á primera vista presenta esta inscripcion; porque, compuesta de 123 caractéres, es [39] la segunda en extension de cuantas hasta hoy se han descubierto, y, demás de citar en su primera palabra la tribu de los Aregoradenses, que acuñaba moneda en la invicta Numantia, contiene los nombres de otras poblaciones de la celtiberia, como Lutia y Velia, cuya importancia histórica parece avenirse mal con monumento de tan modestas proporciones. Mas bien pronto desvaneció mi primera sospecha, no sólo un exámen detenido del original, sino tambien la certeza de que, dado el estado del conocimiento de la escritura ibérica por el año de 1877, en que esta inscripcion seguramente fue conocida, no podía entónces haber inteligencia suficiente para crear invencion tan próxima á la verdad. Porque hoy dia, que sobre la base de un concienzudo estudio de la emision ibero-romana, hemos conseguido clasificar el alfabeto ibérico en divisiones geográficas y cronológicas, resulta que la plancha de Luzaga evidentemente procede del undécimo distrito, es decir, cuarto de la region tercera ó central de aquel monedaje, distrito por nosotros llamado «segobrigense», y pertenece, en cuanto al tiempo, al que hemos denominado período cuarto, y que comienza con la guerra de Numantia en 154 ántes de la era cristiana. Todas las formas paleográficas contenidas en este notable monumento encajan con tal precision entre las que conocemos ó debemos racionalmente suponer de uso en dicho distrito y período, como puede verse en nuestro «Cuadro alfabético ibérico de la Citerior», publicado al final del tomo IV del «Memorial Numismático Español,» que no aparece en ellas ningun anacronismo ni disonancia geográfica alguna. Verdad es que en dicho distrito apénas se batió moneda en el periodo cuarto, dando fin la emision en el tercero en su casi totalidad; pero ayúdannos á llenar este vacío, tanto las monedas de los tiempos tardíos que se batieron en los distritos colindantes del Norte, como las de los períodos segundo y tercero acuñadas en el distrito cartaginense, situado al Sur del segobrigense, y en el cual se habían conservado, algo más que en otros, las formas paleográficas del período primero. Pues, como ya queda dicho en otro lugar (ibid. t. v, pág. 9), la escritura del cuarto período en sus manifestaciones populares y bárbaras del interior está caracterizada por un retroceso hácia las formas antiguas del primer período, demostrando con esto, que, si bien en el transcurso de medio siglo había podido sufrir alteraciones en las esferas oficiales y localidades cultas, el pueblo del centro conservaba latentes aún las formas empleadas con anterioridad á la conquista romana. Todas las vocales están representadas en la plancha de bronce de [40] Luzaga. La a en las
formas redondas De las vocales aconsonantadas encontramos la Faltan las labiales En las guturales se hallan representadas las tres variantes. La suave, g (nuestra g ante a, o, u),
por la forma Tambien las dentales se presentan en sus tres variedades. La suave, d, De las silbantes vemos empleada tanto la forma Entre las paladiales, la l se ve representada por el signo Fácil será ahora, sobre la base de las observaciones que preceden, reconstruir la transcripcion latina del epígrafe ibérico, resultando la siguiente.
Vénse repetidas varias palabras: karvoh, dos veces; la raíz keg, tres en kegei y kegis; y el grupo kortka otras tres, presentando en una de ellas una n añadida al final. Esta misma palabra kortka se encuentra tambien en el breve epígrafe de la figurita de bronce hallada en Los Fosos de Bayona, y perteneciente por lo tanto á la misma comarca celtibérica de que procede nuestra plancha. Ciertamente es digno de notar que el referido grupo kortka sea la única palabra, raíz ó terminacion que se presente en el monumento epigráfico de Luzaga á la vez que en otro alguno de la España Citerior, exceptuando sólo el final ei, que se encuentra repetido tanto en el grupo kegei de nuestra inscripcion, como en la palabra kduei de la plancha de Plomo de Castellon. Y para comprobar los poquísimos puntos de contacto que existen entre el epígrafe que nos ocupa y los demás ibéricos hasta hoy conocidos, permitame V. Llamarle la atencion sobre los finales siguientes que se repiten en otros monumentos de la citerior.
de los cuales ninguno se encuentra en la plancha de Luzaga. Por el contrario, hállanse en esta última las siguientes terminaciones:
que (exceptuando los dos casos ya citados) no se repiten en ninguna de las demás inscripciones ibéricas de la citerior. Las palabras are, aredk, aredj y ngki, con que comienzan muchas inscripciones del Litoral, tampoco forman parte de la de Luzaga. Pero este hecho tendría una fácil explicacion al considerar que la casi totalidad de las inscripciones ibéricas son muy probablemente sepulcrales, como puede comprobarse con certeza en algunos casos; mientras que el contenido del texto de nuestra plancha, como ya dejo indicado al principio de esta carta, parece prestarle un carácter de importancia histórica, ó cuando ménos geográfica, y administrativa quizás, por contener algunos nombres locales ó étnicos que nos han conservado los autores ó los monumentos de la antigüedad. El primer grupo de letras, La palabra novena, En la quinta palabra, La palabra octava, La situacion de estas cuatro poblaciones corresponde: Numantia al pueblo de Garray, á unos cinco kilómetros al Norte de Soria; Velia, segun los Sres. Fernandez-guerra y Saavedra (Discursos, etc., 1862, página 88), á Estavillo, á cinco kilómetros al norte de Miranda de Ebro; Lutia, que distaba trescientos estadios, ó sea unas nueve leguas de Numantia, á juicio de Cortés (Diccionario, t. III, pág. 147), a Cantalucia, á diez y siete kilómetros al Nornordeste de Osma; y Erga, a una localidad incierta entre Lérida y los Pirineos. De las cuatro poblaciones nombradas pertenecían la primera y la tercera, ó sea Numantia, y Lutia, á los Arévacos y Lusones, respectivamente, pueblos vecinos y aliados; la segunda, Velia, á los Verones (segun Fernandez-Guerra y Saavedra), situados á distancia mucho mayor o considerable en direccion Norte; por cuya razon pudiera ocurrir que, si la palabra Vel[i]a de nuestra inscripcion contiene el nombre de algun pueblo vecino ó aliado de los numantinos y no muy distante del sitio del hallazgo de esta plancha, haga referencia, no á la ciudad de Velia ó Beleia ya nombrada, sino á otra del mismo nombre, esto es, á la Beliá de Ptolemeo (2, 6, N, g), probablemente capital de los Belitanos, que Plinio (3, 4) dice pertenecían al partido judicial de Caesaraugusta, y de los Bellos, citados por Polybio (35, 2), Appiano (44, 45, 48, 66) y Estrabon,(3, 162), como Arévacos aliados de sus vecinos los de Numantia. La ciudad de Erga la sitúa Ptolemeo á demasiada distancia, así de los pueblos ya nombrados, como de la misma Luzaga, para creer que nuestra inscripcion haga referencia á aquella, aunque no por eso niego que tambien pudo existir en la Celtiberia otra población del mismo nombre. Llegado á este punto, considero cumplido el encargo que recibí de V., y dejo a su profunda ilustracion é infatigable talento analítico el estudio de la parte, por decirlo así, moral del monumento, cuya estructura física acabo de presentarle. Ahí tiene V. el cuerpo; anímelo con el soplo del espíritu, y haga que esas letras extrañas, trazadas por [44] nuestros antepasados hablen y nos descubran, aunque sea en proporcion mínima, algo de lo que, dos mil años há, quizás durante la misma guerra numantina, entre ellos vivía y se agitaba.» Hasta aquí la carta del Sr. Zóbel de Zangroniz, clara, precisa, docta y llena de ingenio, como todo lo suyo. Deja comprobados hasta la evidencia dos teoremas que en este primer artículo me he propuesto demostrar, y son: 1.º La plancha de Luzaga es auténtica. 2.º La escritura que aparece en ella es celtibérica, y celtibérico debe ser tambien el idioma en que está redactado el epígrafe. Madrid 22 de Abril de 1881. -Fidel Fita. (Se continuará.) ____ IX. Informe dado al Gobierno con ocasión de una instancia del Señor Marqués de Rays, solicitando la protección de España á la colonia que ha fundado en Nueva Irlanda.Con la comunicacion del Sr. Director de nuestra Real Academia, en que se sirve trasladarme una del Sr. Ministro de Ultramar, requiriendo informe de la misma acerca de los antecedentes históricos en que pueda fundarse el derecho de los españoles á las Islas de Salomon, á fin de resolver una instancia del Sr. Marqués de Rays, de nacionalidad francesa, que solicita la protección de España á la colonia por él fundada en Nueva Irlanda, una de las islas, segun cree, de aquel archipiélago, he recibido el encargo de emitir mi opinion sobre este punto. Aunque á primera vista es extraño que el Marqués de Rays comprenda la isla llamada Nueva Irlanda en el grupo de las llamadas Salomon, descubiertas por Mendaña en 1568, convendrá exponer lo más esencial de este descubrimiento, por si [45] alguna noticia aislada, ó carta marítima extranjera, ó la proximidad de aquella á la más occidental del mencionado archipiélago le hubiera inducido en algun error, de que fácilmente pudo dejarse llevar tratándose de una de las regiones no bien exploradas todavía. En papeles inéditos, y en escritos publicados con diversas y apartadas fechas, consta que, por noticias de un tal Juan Montañés, marinero de un buque español que, corriendo un tiempo, diera en tierras desconocidas, ó por las que dedujera de otras relaciones el piloto y cosmógrafo Pedro Sarmiento de Gamboa, recibió despachos del Rey Don Felipe II el gobernador de los reinos del Perú, en ausencia del Virey, D. Lope García de Castro, para aprontar una expedicion exploradora de aquel mar. Compúsose de dos naos de armada; la una de siete mil arrobas, y de más de tres mil de porte la otra, pertrechadas de artillería, provistas de bastimentos para un año, y con los útiles á bordo necesarios para poblar las tierras que se descubriesen, y ganar á la civilizacion y á la religion católica á sus habitantes; que tal era el objeto de la expedicion. Alvaro de Mendaña, sobrino del Gobernador D. Lope, obtuvo el mando de ella, é iban por Maese de Campo Pedro Ortega de Valencia; por Capitan de la nao capitana el mencionado Pedro Sarmiento; D. Fernando Enriquez por Alférez general; Pedro Xuarez Coronel por Capitan de la artillería; Piloto mayor éralo Hernando Gallego, y á más de tres de la misma profesion y cuatro religiosos del hábito de San Francisco, sumaba el total de la dotacion unos ciento y cincuenta hombres, entre soldados y marineros. Listas las naos, hiciéronse á la vela desde el puerto de la Ciudad de los Reyes (el Callao de Lima) un miércoles 19 de Noviembre de 1567. No seguiré las peripecias de este viaje, ni la derrota que llevaron, ni el cambio que en ella inició la diferencia de opiniones entre Pedro Sarmiento y el Piloto mayor Hernan Gallego. Todo ello encuéntrase detallado en las diversas relaciones que corren impresas, alguna de Mendaña, y otras de anónimos; creyendo que sobre todas merece preferencia la escrita por Gallego. Con referencia á ésta, se sabe que en 16 de Enero [46] descubrió Mendaña la primera isla, que nombró de Jesus, y situó el Piloto mayor en latitud de seis y tres cuartos de grado, y por distancia estimada á mil cuatrocientas y cincuenta leguas del Perú isla pequeña, que las circunstancias no les permitieron reconocer bien, y ménos desembarcar. En 1.º de Febrero, andadas unas ciento sesenta leguas desde esta primera isla y rumbo promedio del SO. ¼ O., avistaron unos bajos, que corrían en direccion NE. SO., de unas quince leguas, y nombraron de Candelaria. El 9 del mismo mes pudieron por vez primera surgir las naos en un puerto limpio y cómodo de una isla, que los naturales llamaban Samba, y Mendaña nombró de Santa Isabel; así como al puerto Santa Isabel de la Estrella, por haberse visto en pleno día enfilada una estrella con su abra. En este puerto desembarcaron; y, despues de tomar posesion en nombre de S. M. Católica y de poner una cruz, se comenzó á construir un bergantin con las excelentes maderas que, entre mil hermosas producciones, les brindaba el territorio: se internó Pedro Sarmiento con cuarenta hombres unas cinco leguas, y el Maese de Campo Pedro Ortega fué con treinta y cinco á explorar por otra parte la isla. Terminado el bergantin en primeros de Abril, salieron en él Gallego y Ortega con diez soldados y doce de marinería; descubrieron varias abras y puertos, y una isla NO. SE. con la de Santa Isabel, llamada Malaita por los naturales, y por ellos de Ramos. Costeándola, doblaron un cabo que nombraron Prieto; y, al doblarlo, presentáronse á la vista en direccion al S. E. nuevas islas; á una pusieron la Galera, á otra Buenavista; á una, en que desembarcaron y de que tomaron posesion, Florida. Despues descubrieron las por ellos llamadas San Dimas, San German, Guadalupe y Sesagar, hasta dar en una de gran bojeo, á que dieron, y hoy conserva, el nombre de Guadalcanal, en 10º 30' de latitud S. Tambien de ésta tomaron posesion; y, continuando sus descubrimientos, exploraron multitud de islas, como la de Jorge, San Nicolás, San Marcos, la Treguada, las tres Marías, Santiago y San Juan, San Urbano, San Cristóbal (Pauro), Santa Catalina (Aguari), Santa Ana (Itapa); entraron en puertos que llamaron de la Palma en San Cristóbal; de la Asuncion en la Malayta; [47] de la Cruz en la Guadalcanal, y dieron a varios rios los nombres de Ortega, Gallego, San Bernardino y Santa Elena. En alguno de estos puntos trataron con los naturales, que les llevaban provisiones, y en más de uno celebraron el Santo Sacrificio de la Misa. En otros fueron hostilizados; y á principios de Agosto, sucios y roidos de la broma los fondos de las naos, determinaron, en junta del General con los Pilotos, regresar al Perú para dar cuenta del descubrimiento. Salieron efectivamente el 11 de aquel mes, y, descubriendo en su derrota las islas de San Bartolomé en los 8º N. y la de San Francisco en 19 y llegaron al puerto de Santiago en la costa de Nueva España, seis leguas del de Natividad; tocaron en Acapulco, despues en el de Realejo, donde carenaron las naos para proseguir al Perú, y terminaron la expedicion en Agosto de 1569. Las noticias de los expedicionarios, principalmente las comunicadas por Mendaña en Lima, y luego en Madrid, si no dieron otro resultado inmediato que las relaciones de los países descubiertos, movieron al cabo de veintiseis años al segundo viaje de Mendaña, que ya con el carácter de Adelantado verificó en 1595, llevando á bordo a su mujer doña Isabel de Barreto, su cuñado, otras mujeres de diversas condiciones en los demás buques, provisiones para un año, útiles de labranza y demás enseres indispensables para el fin de la empresa, que era poblar las islas por él descubiertas en 1568, y de que tomó posesion en nombre del Rey Católico. Omito la descripcion de este su segundo viaje, de fatal recuerdo, por no haber llegado más que á la isla de Santa Cruz. El pueblo que comenzaron á fundar, sito á orillas del puerto, en la Bahía Graciosa, fué abandonado á los dos meses; y, dispersa la flota, sólo pudieron contar los pocos expedicionarios que sobrevivieron las escenas de horror y de muerte de que había sido teatro aquel suelo, descrito por ellos como uno de los más fértiles del mundo. Tampoco juzgo pertinente al objeto de este informe la expedicion capitaneada por Pedro Fernandez de Quirós en 1605; pues, aunque el fin era reanudar el intento de la anterior de [48] Mendaña, en que Quirós ejercía el cargo de Piloto mayor, el término fué el descubrimiento y posesion de las tierras, que nombró de la Australia del Espíritu Santo, sin llegar á ver ni la isla de San Cristóbal, ni ninguna de las comprendidas en el grupo, nombrado por Mendaña de Salomon. Pero cumple exponer algunas circunstancias, relacionadas con el primer viaje, que es el que interesa al asunto. Al examinar la derrota apuntada por Gallego en su diario, nótase á primera vista un error tan de bulto en las distancias de las islas descubiertas, que, de no haberse corregido por situaciones más seguras en viajes muy posteriores, diríase que las nombradas en aquel diario no eran las que hoy figuran en la carta, conservando algunas los nombres que entónces les pusieron. Error que no se comprende, ni áun computándose la legua la decimaséptima, ni áun la decimaquinta parte del grado; y al cual atribuye Quirós en sus relaciones el no haber encontrado las islas en el segundo viaje, conjeturando varias causas, dimanadas, ó de ignorancia, ó de malicia. Tal error y el abandono que se hizo de este descubrimiento, dieron ocasion á que, visitadas aquellas tierras un par de centurias despues por navegantes extranjeros, lo tomaran algunos, con más ó ménos razon, como suyo, dándole nombres de los jefes de las expediciones; de aquí los de Bougainville, que hoy lleva una, en recuerdo del navegante francés que creyó haberla visto el primero en 1768, ignorando que en el año anterior fuese avistada por el inglés Carteret; la de Choiseul, que paso á otra en memoria del famoso ministro; la de Première Vue, as&ia |