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[233] Cuaderno IV. Abril, 1883Acuerdos y discusiones de la Academia (Noticias)La Academia ha experimentado la dolorosa pérdida de uno de sus más antiguos y beneméritos individuos de número. El dia 26 del pasado mes de Marzo, y casi de improviso, ha bajado á la tumba el Excmo. Sr. D. Cayetano Rosell, meritísimo bibliotecario de este Cuerpo que tanto ennobleció con las luces de su saber é ingenio. La Academia conservará por siempre indeleble la buena memoria de tan esclarecido miembro. ____ Con el título de Monumentos antiguos de la Iglesia Compostelana ha visto la luz pública, y ha sido presentado á nuestra Academia, un interesante libro escrito por los Académicos de número y correspondiente respectivamente, Sres. D. Fidel Fita y Don Antonio López Ferreiro. ____ La Academia ha recibido con singular aprecio un ejemplar de la obra Málaga musulmana, dirigida á este Cuerpo por su autor, el correspondiente en aquella ciudad D. Francisco Guillén Robles. ____ El Sr. Conde de Greppi, Ministro de Italia en esta corte é individuo honorario de nuestra Academia, se ha dignado ofrecer á ésta una numerosa colección de cartas del almirante Alejandro Malaspina cuando se hallaba al servicio de España, dirigidas casi [234] todas al conde Paolo Greppi, y relativas á los trabajos científicos llevados á cabo en Ultramar por aquel distinguido y sabio italiano; una extensa biografía de tan esclarecido varón, redactada por Emmanuele Greppi, sobrino del expresado señor conde, y además otro trabajo del mismo escritor, referente á la correspondencia, familiar en parte y en parte oficial, del famoso abate Casti con el marqués de Gherardini, sobre los sucesos políticos de que era teatro Europa por los años 1793. ____ El Académico Sr. Balaguer ha puesto en conocimiento de la Academia el hallazgo en Ripoll de una interesante lápida de la Edad Media, perteneciente al sepulcro de Bernat Tallaferro, conde de Besalú; acerca de cuya inscripción ha sido comisionado el señor Fita para emitir informe. ____ También lo ha sido el mismo Sr. Académico para informar sobre el libro de M. Vinson, titulado Les Basques et le pays basque: moeurs, langage et histoire, dirigido por su autor á la Academia. ____ El celoso Académico correspondiente D. Pedro Alcántara Berenguer ha dado cuenta a la Academia del descubrimiento hecho últimamente en el término de Arroniz, en la provincia de Navarra, de un mosaico y fragmentos arquitectónicos, entre los cuales son de notar algunos capiteles. La Academia ha acordado dirigirse al Sr. Ministro de Fomento impetrando su auxilio para adquirir y trasladar á Madrid el expresado mosaico. ____ D. José González, vecino de Talavera de la Reina, muy dedicado al estudio de antigüedades, ha ofrecido una lápida votiva encontrada en Fuente el Apio, cerca de la ciudad de Vascos, co la intención de que el monumento cedido en propiedad á nuestra Academia se guarde perpetuamente en el Museo de la misma, expresándose con un rótulo el nombre del generoso donante. Así lo acordó la Academia, y lo ha cumplido habiendo enviado al Sr. González por tan generoso regalo un voto de acción de gracias. ____ [235] InformesI. Études sur les forestiers et l'établissement du comté héréditaire de FlandreCon este titulo han publicado en Arras los señores Jules Bertin y George Vallée una obrita de 107 páginas en 8.º, la cual ha remitido el primero de dichos señores á la Academia, expresando al propio tiempo su deseo de ser nombrado nuestro Correspondiente. La obra, aunque reducida, es de sustancia; y aunque adolece algún tanto de falta de método y, por consiguiente, tiene que incurrir en repeticiones que salven su incoherencia, este mismo defecto contribuye á que se aclaren las dudas y nebulosidades del asunto, que pertenece á una época, todavía tenebrosa de los principios de la Edad Media. Los forestiers, nombre que latinizado escribiríamos farestarios y forestales, españolizado, significaba, como dicen los diccionarios franceses, el funcionario que tenía á su cargo el cuidado de las aguas y de los bosques (forêt), el aprovechamiento de las primeras y la conservación de las segundas; y como en Flandes y en los países contiguos los canales de riego, la dirección de los manantiales por una parte, y por otra el beneficio de las maderas y el producto de la caza eran la renta más pingüe y segura de aquellas regiones en los tiempos de Carlomagno y posteriores, de aquí que los forestales fuesen administradores de la cosa pública y ejerciesen autoridad civil, militar y marítima, ó verdaderos gobernadores que cuidaban del orden, paz y seguridad pública, [236] jefes supremos de la milicia, encargados de la defensa del territorio, jueces natos, intérpretes de las leyes y sus aplicaciones. Gozaba Flandes de una libertad propia en los tiempos anteriores á Carlomagno; mas al dictar él sus famosas capitulares, atendió á dar unidad y cohesión á su imperio, combatido por la soltura de los guildos, juntos en cofradías, y con espíritu semejante á los propósitos de nuestras Comunidades. Inquietábanle también los 60.000 sajones trasladados á Flandes para oficios mecánicos, como lo fueron después á las montañas de Helvecia, para servir de germen á las ideas de libertad que allí arraigaron tan fuertemente; y aprovechándose del antiguo régimen, creó gran forestal á Lyderico II, haciendo hereditaria la institución, y nombrándole además conde de Harleteche, dignidad de tal naturaleza, que llevaba en sí una especie de soberanía. Trázase en estos estudios la genealogía de los grandes forestales hasta Balduino I, apellidado Brazo de hierro, perpetuo azote de los normandos en sus nuevas invasiones, y conde ó marqués de Flandes desde 863 á 879. Queda, pues, dividida la historia de este país en tres períodos bien determinados: el primero, los tiempos anteriores á 792, fundación del gran Forestalato; el segundo, la época subsiguiente hasta el 862; y, por fin, el último, que se distingue por la creación en principado de la marca ó marquesado de Flandes. Van nutridas estas investigaciones con la transcripción de algunos textos tan raros como curiosos, con multiplicadas citas de fuentes y autoridades, y con noticias singulares; por ejemplo, las fiestas de los Forestales de Brujas desde 1218 á 1417; la existencia de la Sociedad del Oso Blanco, y los premios que en aquellos torneos se adjudicaban. Del libro no se deduce cuál parte corresponda á cada uno de los dos colaboradores: M. Bertin figura en primer termino; es natural que no sea mero auxiliar de su compañero. Negarle el título de Correspondiente de la Academia que solicita, cuando ofrece una muestra de sus estudios y trabajos, seria calificar estos de defectuosos ó insuficientes, ó advertirlo con sobrada severidad de que tales distinciones se otorgan al que las merece antes que al que las pide. [237] Propongo, pues, como Académico correspondiente de nuestro Cuerpo en Douai, su residencia, á M. Bertin, que lo es de la Sociedad Académica de Boulogne-sur-Mer y de otras históricas y científicas, y coautor del Estudio sobre los Forestales y el establecimiento del Condado hereditario de Flandes. Madrid 29 de Junio de 1882. CAYETANO ROSELL. ____ II. Anales de la nobleza de España, por J. Fernández de Bethencourt.Evacuado el informe que se sirvió encargarme nuestro Director accidental, acerca de la obra de D. J. Fernández de Bethencourt, intitulada Anales de la Nobleza de España, tengo el honor de manifestar á la Academia, que la he examinado con detenimiento, y encuentro que es un libro, no sólo utilísimo para la clase aristocrática, sino importante para todas las demás que amen la historia de su patria; pues en la de las antiguas familias de una nación puede decirse que se encuentra mejor su historia interna, que en las crónicas generales. Si la reunión de historias parciales, escritas con desapasionada crítica, de cada uno de los antiguos estados y regiones de un país, sería el mejor medio de llegar á escribir una historia general, las historias de cada una de las familias que ilustraron los anales de cada pueblo, son á su vez uno de los más eficaces medios de que aquellas historias parciales se completan. Enlazadas las de nuestras casas nobiliarias con diversas fases de la historia de nuestro pasado, ofrece además á los que han tenido la fortuna de heredar sus blasones, dignos y levantados ejemplos que imitar; y obra meritoria es ponerlos ante sus ojos, para animarles á proseguir en el buen camino, si son dignos de ellos, ó para correctivo de sus extravíos. Con razón ha dicho un reputado escritor inglés, que los trabajos genealógicos son como la entraña de la grande y definitiva historia. No es razón para mirar estos libros con desdén la vulgar [238] creencia de que las modernas ideas tienden á la igualdad y á destruir linajes aristocráticos; la aristocracia ha existido y existirá siempre, aunque sea diversa en cada época, según el período histórico á que corresponda; pero los merecimientos de la virtud, de la lealtad, del valor, del talento y del saber, han de dar siempre origen á aristocracias que se levantaron sobre el nivel general de los hombres, escribiendo las páginas más brillantes de la historia humana. Útiles, utilísimos son, por lo tanto, libros que ofrezcan en abreviada síntesis la historia de las primeras casas españolas, así de la grandeza como de la aristocracia titulada y sin titular; mucho más cuando se hacen como el presente, con el buen acuerdo de haber reunido no sólo las casas de la nobleza de la sangre, sino también de las modernas, dándole mayor interés las noticias que contiene referentes á las defunciones, nacimientos y enlaces; lo cual forma una especie de estadística contemporánea de la nobleza misma, necesaria para lo presente y para lo porvenir. Avaloran además esta obra escudos heráldicos de casi todas las familias que en ella figuran, perfectamente dibujados é iluminados por la cromolitografía, y hechos con todas las reglas de la que llamaron los antiguos, con disculpable arrogancia, ciencia del blasón; la cual, aunque no pase de la esfera de conocimiento, no por eso es menos importante, si han de conocerse esa especie de jeroglíficos caballerescos, simbólicos, ideográficos y aun parlantes, con que desde los principios de la centuria undécima fueron consignando su emblemática historia los nobles de la Edad Media, y á imitación de ellos los obispos, los municipios, las comunidades, las cofradías, y hasta los gremios de las artes y oficios. El libro, además, está escrito con sobriedad en la narración y con exactitud en las noticias; por todo lo cual, cree el que suscribe, podría proponerse al Gobierno, como de verdadero mérito en su clase, para que le preste su protección dentro de los límites que prescriben las disposiciones vigentes en la materia, á las cuales se ha ajustado el autor en la instancia que motiva este informe. Madrid 9 de Febrero de 1883. J. DE LA RADA Y DELGADO. ____ [239] III. Piraterías y agresiones de los ingleses y otros pueblos de Europa en la América española, deducidas de las obras de Alsedo y Herrera, por D. Justo Zaragoza.Tiene la monarquía inglesa, desde el siglo de Guillermo el Conquistador, su Domesday book, donde registra y minuciosamente escribe sus propiedades todas, así públicas como privadas, puntualizando su calidad, extensión, productos, etc., ejemplo de buen orden administrativo y estadístico que en nuestro país sólo ha sido imitado por la gran casa de Osuna, cuando en 1864 anunció su liquidación, debajo de la mano inteligente de D. Juan Bravo Murillo. En cambio, la literatura histórica, apegada con exceso á las tristezas del tradicionalismo, no parece abrigar otro propósito que el inventario de nuestras grandezas pasadas, antes para desconsuelo que para lección de los presentes; pues las que se deducen de las escuelas más válidas en nuestros días, abultan nuestros errores, exageran nuestras flaquezas morales ó intelectuales, y pintan, en fin, á nuestra raza, como incapaz ó poco menos de recobrar su antiguo poderío; el cual viene á ser así para los historiadores de esa escuela, mero accidente producido por causas excepcionales y transitorias, con que amenguan el ánimo, ahogan todo impulso restaurador y todo pensamiento atrevido, como en aquel á quien se prueba hasta la evidencia que tiene cerrados los horizontes de la vida. Por eso nos son doblemente simpáticas las sociedades y corporaciones, ya abundantes por fortuna en nuestro país,que tienen por objeto la generalización de nuestra gran literatura hispanoamericana, donde, si nuestros errores políticos y económicos se ven igualmente de mucho bulto, en cambio lo toman mayor todavía los cometidos por las naciones extrañas, saliendo nosotros de la comparación tan bien librados, como se ve palmariamente, por ejemplo, en el libro Piraterías y agresiones de los ingleses en [240] la América española, que el Ministerio de Fomento remite á informe de nuestra Real Academia para los efectos del decreto de 12 de Marzo de 1875. Encargado de este trabajo por nuestro dignísimo Director, no debo ocultar desde el primer momento la satisfacción que me ha producido libro tan patriótico que ha ilustrado copiosamente D. Justo Zaragoza con notas interesantes y documentos muy peregrinos. Él prueba que la enérgica y excesiva concentración del poder público en manos de Felipe II, no fué tan arbitraria y caprichosa como pretenden las escuelas históricas más aplaudidas en nuestros días, sino imposición y exigencia ineludible de la política de Maquiavelo, que empezaba á predominar en Europa singular y principalísimamente en sus relaciones con España. Es ley natural que á la violencia del ataque responda la defensa con igual violencia; y cuando las principales naciones llegaban hasta hacerse piratas para arrebatar á España sus dominios, ¿quien podrá negarnos el derecho de imponer á las naciones el castigo de los piratas? Si de algo debemos lamentarnos es de nuestra falta de fuerzas y de nuestro excesivo respeto á las leyes y principios morales que más de una vez nos hicieron olvidar las lecciones del libro de El Príncipe, tan sabidas de memoria por nuestros adversarios. Eran tiempos aquéllos en que la Reina de Inglaterra no tenía inconveniente en armar caballero á un corsario, como el Rey de Francia nombraba teniente general á un jefe de filibusteros, ambos comprendidos en las leyes universales de toda civilización antigua y moderna. La horca es su único premio; pues no en balde los tratadistas de derecho público los llaman hostes humani generis (enemigos del género humano). ¡Ah! si España en vez de flotas regulares y de navíos cargados de oro con capitanes de la primera nobleza, ya por entonces muy degenerada, hubiera puesto enfrente de los Drakes y Ducassés, bergantines con bandera negra, tripulados por los descendientes de aquellos aventureros salidos del pueblo, que por confesión del mismo Macaulay eran mirados por los ingleses con terror por su astucia y su valentía, la suerte de América hubiera cambiado, quizás, y la historia misma nos haría hoy mayor justicia. Caballeros y cristianos, fué nuestra arma la espada, cuando nuestros enemigos blandían el puñal únicamente. [241] Viniendo ya al libro del Sr. Zaragoza, por no engolfarnos en reflexiones interminables, á dos géneros pertenecen las obras de D. Dionisio de Alsedo, que aquel escritor reproduce é ilustra en este volumen, impresa la primera, pero muy rara, por haberla sin duda quitado los ingleses de la circulación, é inéditas las otras y alguna desconocida casi completamente de los eruditos, como la Descripción de las Islas Malvinas. Fué peritísimo el Alsedo en las cosas de Indias, como que pasó en ellas los mejores años de su vida sirviendo cargos de tanta monta como el de Oficial Mayor de la Secretaría de Cámara del Obispo de Lima, Virey del Perú, Contador general del Derecho de la Sisa, Corregidor de la provincia de Canta, Presidente de la Audiencia de Quito y Gobernador, luégo, de la de Panamá, á que iba anejo el cargo de Gobernador y Capitán general de Tierrafirme, que parece haber sido su último empleo, pues no consta la fecha de su muerte. En tan larga y meritoria carrera, hizo á España más de un viaje que le permitió contrastar el estado de aquellas regiones con las de Europa; hacer profundos estudios de las navegaciones, y penetrarse, en fin, del espíritu que reinaba respecto á nuestro poder y política en las tierras y en los mares. De aquí el de sus libros, abiertamente hostil á Inglaterra, el mayor enemigo de nuestra patria desde los tiempos de Isabel, cuyos barcos infestaban las costas americanas, y cuya política corrompía hasta el aire que respirábamos. Para ella, segun Alsedo, no había tratados de paz ni fe jurada; que así se iba engrandeciendo y haciéndose emporio de riqueza y poder. La paz de Utrech, que, apremiado por las circunstancias, firmó Felipe V, fué tan ruinosa para nuestro imperio ultramarino, que el mismo Rey se propuso ilustrar á las naciones, próximas á reunirse en Aquisgran, acerca del proceder de los ingleses con España, y á este fin, encargó á Alsedo el Ministro D. José Patiño la publicación del Aviso histórico-político-geográfico, producción fundamental de este volumen. Los ejemplares del Aviso fueron recogidos por los ingleses, si damos crédito al mismo autor, por lo cual hubo de reimprimirlo en visperas de la paz de Versalles. También esta segunda edición escasea no poco. Las producciones inéditas de Alsedo, que acompañan al Aviso [242] y forman este hermoso volumen de 130-LII-526-10 páginas, estas últimas sin foliar, y tres planos, son las siguientes: Proemio al registro hidrográfico de ambas Américas. -Incursiones y hostilidades de las naciones extranjeras en la América meridional, con las providencias de España para defender y guardar el paso de la mar del Sur por el estrecho de Magallanes. -Comento anual geográfico é histórico de las guerras del presente siglo en Europa y en América, tratados de paz de Utrech, de Aquisgran y de Versalles, etc. -Continuación del Comento anual respecto á la América septentrional. -Descripción y etimología de las islas Falkland ó Malvinas. -Presupuestos y consecuencias de la extinción de galeones para los puertos de Tierrafirme y retardación de flotas para los de Nueva España. Ya dicen esos títulos bien claro que no hay que atender en las obras de Alsedo al estilo ni al lenguaje ni á otras condiciones literarias; pero tiene en cambio erudición, verdad, llaneza y conocimiento del asunto, prenda esta última en que puede competir el autor con los Solórzanos, los Pinedos y los más renombrados tratadistas de la política y administración indianas. Todas las obras son en puridad amplificaciones al Aviso histórico, pues las informa, como ahora se dice, el mismo interés político, el mismo, sentimiento patriótico. A las veces se echa de ver que no ahonda en sus investigaciones, bien porque los puntos que toca hayan sido tratados por sus antecesores, principalmente el Inca Garcilaso y Herrera, tan conocidos y populares allende el mar, bien por temor político ó acaso por consejo de sus Directores y Mecenas burocráticos; que á la verdad no eran los tiempos tan propicios para España, que pudiera un escritor prudente levantar con desenfado el velo de los errores y vicios gubernamentales. Con esto queda dicho que no es tampoco el autor un reformista, ni menos un arbitrista, sino un simple narrador partidario del statu quo. Los aspectos jurídico é histórico son los más importantes de sus obras. Bajo este último considerado, y principalmente cuando trata [243] de aquellas provincias y tiempos en que él figura como actor en los sucesos, nada su relato deja que desear. Siempre que se refiere, por ejemplo, á Panamá, donde ejerció el gobierno, sus noticias son peregrinas y completas, habiéndolas el Sr. Zaragoza, á mayor abundamiento, ilustrado en su prólogo con el dramático y horrible episodio de las tiranías que sufrió aquella interesante región por las incursiones piráticas, principalmente la de Morgán. Nótase tambien que Alsedo, en su odio á Inglaterra, llama siempre piraterías á todos los actos agresivos de aquella nación contra los dominios españoles; y aunque, por la mayor parte de las veces, le sobra razón para ello, pues sabido es que hasta los marinos ingleses más afamados y las escuadras más respetables se ayudaban con mil amores de los piratas y filibusteros cuando no los ponían por vanguardia, el mismo proceder tuvieron Francia y Holanda en más de una ocasión, sin que él tan rigurosamente las tilde y censure. Séale disculpa como hombre, ya que no como historiador, el injusto proceso en que le envolvieron los contrabandistas ingleses de Jamaica por sus medidas un tanto extremadas contra ellos, siendo Gobernador de Panamá. El editor de este libro se ha inspirado en sentimientos análogos á los del autor, y en un extenso prólogo y en numerosas notas ha llenado con muy buen criterio las lagunas del original. La censura política y administrativa que Alsedo no supo ó no pudo ejercer, se halla aquí desempeñada con energía, no siempre indiscutible. En buen hora se condene á los gobernantes de acá y de allá que faltaban á sus deberes; pero el espíritu, pero el móvil, pero el fundamento en una palabra de la política comercial de España en los siglos XVII y XVIII, ¿se encuentra en el mismo caso? Los principios, la ciencia económica, la libertad de los mares y de la contratación han venido después, traídos justamente para poner á salvo los derechos de esas mismas naciones, que atropellaban los nuestros en América. La Inglaterra misma, que en este siglo ha sido el paladín de la abolición del tráfico negrero, en los anteriores lo explotó como ninguna, y en nuestras Factorías del Asiento de negros entablaba con Francia lucha vergonzosa, hasta que en las conferencias para la paz de Utrech sentó las bases de un tratado que se firmó en Madrid el 26 de Marzo de [244] 1713, y que á la luz del siglo XIX parece calumnia inventada por los mayores enemigos de Inglaterra de la introducción de esclavos en la América española durante treinta años, con el aditamento de la facultad de comercio allí con exclusión de cualquiera otra potencia. Cuando tales principios dirigían á las naciones ¿por qué censurar que nosotros fuéramos exclusivistas; que pretendiéramos mantener cerrados aquellos puertos á todas las banderas, y que no practicáramos, en fin, principios que ellas han inventado á posteriori para repartirse en paz nuestros despojos? Basta lo dicho para formar idea de la publicación del Sr. Zaragoza, y ya el que escribe se cree autorizado á aconsejar á la Academia que conteste al Ministerio de Fomento en los términos más favorables; pues á la verdad, libros tan trascendentales y tan costosos como las Piraterías y agresiones de los ingleses en la América española, merecen mejor que muchos la protección que otorga el Estado en virtud del decreto de 1875. Madrid 8 de Febrero de 1883. VICENTE BARRANTES. ____ IV. Inscripciones romanas inéditas de Vascos y de ValdeverdejaEn un valle, rodeado de pequeños cerros, sobre la margen derecha del río Tajo y en el partido judicial de Puente del Arzobispo, se halla Valdeverdeja, linda villa de 700 vecinos, que parte lindos al Occidente con el lugar de Berrocalejo de la provincia de Cáceres. Fué en tiempos esta comarca notable por su posición estratégica; mas ahora, desde la guerra de la Independencia, tiene [245] cortado y no ha reparado el puente del Conde, y no conserva sino vagos recuerdos de las acciones empeñadas en torno de su arruinado castillo de Peñaflor. El cual en 1568 merecía llamar la atención del rey Don Felipe II, y era descrito en estos términos (203): «En un ribero á la parte de medio dia junto á la ribera del río Tajo está una gran peña alta y muy fuerte, que por su nombre se llama Peñaflor; y en la redonda y circuito de ella ay muchos edificios y antiguallas de cimientos de casas antiguas, y piedras labradas en las quales y algunas de ellas están unas letras esculpidas que dicen las unas Galerio Valerio, y otras dicen Julia Felicitas.» Lástima es que los arqueólogos no se hayan fijado mejor en tan copioso venero de antigüedades. El epígrafe de Galerio Valerio Maximiano indicaba tal vez la presencia de un miliario, testigo de la construcción ó reparación del puente entre los años 296 y 305 de la era cristiana; ó bien la dedicación de una estatua al emperador, en cuyo caso el nombre romano de la localidad habría hecho por ventura dar un paso más á nuestra Geografía. Del mismo sitio probablemente brotó el cipo romano inédito, que trajo á Talavera de la Reina no ha muchos años el ilustrado académico D. Ramón Depret, después de haberlo recogido en las inmediaciones de Valdeverdeja. Con el cipo se halló un mojón terminal en figura de jabalí. Ambos objetos fueron cedidos á don Luis Jiménez de la Llave, distinguido anticuario de Talavera, quien los conserva y acaba de mostrármelos en el jardín de su casa, calle de la Concha, 7. El cipo es de mármol blanco, coronado por un ático triangular y dos cilindros colaterales, donde campean las cifras sacramentales de estilo que expresan la dedicación á los Manes. El monumento, de elegante construcción, mide 39 centímetros de alto por 19 de ancho y 10 de grueso. Lo hizo labrar Aurelio Cosconiano, y lo consagró á la memoria de su difunta hermana Julia Vital, fallecida en la no temprana edad de sesenta y cinco años. Las letras, de forma un tanto prolongada y de carácter marcadísimo, reflejan el del siglo II. [246]
D(is) N(anibus) s(acrum). Jul(iae) Vitali: serori carissimae; ann(orum) LXV, Aurelius Cosconianus frater f(aciendum) c(uravit). En Cádiz otra, ó quizá la miseria Julia Vitalis de Peñaflor ó de Valdeverdeja, puso recuerdo
sepulcral á su esposo Aplasto, cuyo nombre provino (si mal no creo) del griego No es menos digna de atención el árula votiva, recien hallada á corto trecho de la despoblada ciudad de Vascos, en la labranza [247] de Fuente el Apio. Su dueño, D. José González, vecino de Talavera, guarda en su casa (calle de la Corredera, 10) la preciosa lápida. Mide 25 por 15 centímetros de cara y 7 de profundidad. Dice así:
Surisca vot(um) I(ubens) a(nimo) m(erito) so(lvit) Jovi so(lutorio). A Júpiter libertador cumplió gustosa y merecidamente Surisca el voto que le habia hecho. Este epígrafe viene á fijar la dudosa leyenda de otro de Barcelona (205), donde suena el ex-voto
de una esclava ahorrada llamada tambien Surisca. La desinencia del nombre parece indicar un
grecismo, visible en El castillo de Peñaflor y la ciudad de Vascos (206) ofrecen muy claros indicios de haber tenido en la autigüedad población [248] romana. Como Valdeverdeja, Vascos está comprendida en el distrito de Puente del Arzobispo; pero descuella en la otra ribera del Tajo, sobre el cerro de la confluencia del Juso. El reconocimiento de sus fuertes murallas, casi intactas, en donde habita la soledad, y la luz que sobre la explotación de sus minas de oro pueden asimismo derramar las crónicas árabes, mayormente al tratar de la época de los Almoravides, no serían de poca, sino de mucha utilidad para los adelantos históricos. Una prueba, bastante perentoria de su antigüedad, resalta e la obra de Yacut. Este autor (III
542), describiendo á Talavera dice que es de las amelías de Toledo. Mas en los artículos
siguientes, refiriéndose á una división geográfica, más antigua, que tomaron probablemente los
árabes de los visigodos, añade que Talavera de la Reina, 7 de Febrero de 1883. FIDEL FITA. ____ V. Inscripciones romanas de la ciudad y partido de Talavera (provincia de Toledo)Me propongo revisar las coleccionadas por Hübner (207), aumentar de una mitad su número; y del conjunto de todas ellas, metódicamente ordenado, proceder á nuevos adelantos en el terreno de nuestra antigua Historia y Geografía. [249] FUENTES. A las impresas y manuscritas que ha reseñado el sabio aleman (208), he de añadir: 1) «Historia de la antiquísima ciudad y colonia romana Elvora de la Carpentania, hoy Talavera de la Reyna. Dividida en tres libros. El primero trata de su antigua fundación, el segundo describe la planta que hoy tiene; el tercero menciona los santos y varones ilustres que ha tenido. Su autor D. Francisco de Soto, canónigo de la insigne Colegial de dicha villa» (209) Cód. ms. en fol.- Existen dos ejemplares: uno en Talavera en poder del docto jurisconsulto D. Pedro Delgado, y otro más moderno en Madrid (Hortaleza 25), que heredó en 1846 su dueño actual D. Antonio María Gutierrez. El más antiguo, al que me refiero en las citas, está apostillado de mano y puño de D. Pedro Antonio Policarpo García de Bores y la Guerra, quien se firmaba constantemente Guerra y es autor de la fuente siguiente: 2) Antigüedades de Elvora Carpentana, hoy Talavera de la Reyna por D. Pedro Antonio de Guerra. Para hacer el suplemento de la Historia (210) tenía ánimo de hacer un artículo que dixese «Varias inscripciones inéditas;» poniendo las que van aquí, y dando razon de donde se hallan y por quien se comunicaron á la Academia. Biblioteca de la Real Academia de la Historia, est. 18,66. -El manuscrito autógrafo de Guerra, se reduce á dos cuadernos en 12.º, uno de papel con las incripciones recopiladas por Soto; y otro de cartón, [250] donde van dibujadas y brevemente anotadas las inscripciones 6, 7, 10, 12, 13, 18, 24, 28, 31, 32, 35, con otras dos de la Edad Media, y una moderna. A esta colección aludía D. Ignacio de Hermosilla en las Actas de la Academia (24 Setiembre 1762), que firmó como secretario interino: «Dí cuenta que de Talavera de la Reyna me enviaron veinte y una inscripciones de las que existen, en aquella villa: las leí, y habiendo asegurado que las romanas y antiguas están copiadas al vivo y con exactitud, sin embargo de la ninguna instruccion del copiante, cuya ignorancia se manifiesta en sus notas, se mandaron poner con las demas» (211). Guerra las dibujó en Junio del mismo año. 3) Carta de D. Fermín Caballero, fechada en Talavera á 18 de Octubre de 1825. Bibliot. de la R. A. de la Historia, est. 18,66. -Descríbela en las Actas académicas de 11 de Noviembre el secretario D. Antonio Siles. «Leí asimismo un oficio de D. Fermin Caballero, vecino de esta Corte con el que remite dos inscripciones que dice copiadas exactísimamente de los originales que ha encontrado en este mismo año; la una en la obra del molino de aceite de D. Juan Yuguero, comerciante de la villa de Talavera de la Reina, y es romana sepulcral, dedicada á Rufo, hijo de Rufino de 43 años por su hijo Rufino; y la otra tambien sepulcral, de difícil inteligencia, que se halla en la hermita de nuestra Señora de Bernuí, sita en el término de la villa de Malpica en la dehesa del Sr. Marqués de este título.» 4) Carta del presbítero D. Francisco José Molle (Talavera, 28 Julio, 1829), al académico de número D. Francisco Antonio González, donde explica como las inscripciones 7 y 32 «se hallaron pocos meses hace en unas excavaciones;» y deduce de la primera que «era pueblo de estas inmediaciones» la ciudad lusitana Caesarobriga, Bibliot. de la R. A. de la Hist. est. 18,66. 5) Noticia y explicación de dos Lápidas romanas, nuevamente [251] descubiertas en la villa de Talavera de la Reina; é impugnacion de la que sobre ellas se ha dado á la Real Academia de la Historia. Por D. Joseph María de la Paz Rodriguez, Médico honorario de la Real familia, condecorado por S. M. con la Cruz y Escudo de la Fidelidad, socio de la Real Academia de la Historia y Miembro de Reales Academias Médicas de Madrid y Barcelona. Cuaderno autógrafo del autor, en folio, enriquecido con cuatro láminas. Bibliot. de la R. A. de la Hist. est. 18,66. -En la página 4 de esta notable Monografía se lee: «En mis Apuntamientos Crítico-Históricos sobre la antigua Elbora de los Carpetanos, que tuve el honor de presentar á la Real Academia en 1816 (212), dí noticia de las Lápidas que actualmente existian en Talavera de la Reyna, y de las que habian visto, recogido y observado otros Eruditos.» 6) Informe acerca de nuevas inscripciones romanas descubiertas en Talavera por D. Antonio Delgado. Secretaría de la Real Academia de la Hist., legajo Delgado. El más antiguo de estos informes está fechado en 1.º de Mayo de 1860; y es un elogio de los méritos contraidos por D. Luis Jimenez de la Llave, el cual, había dado noticia de las inscripciones notabílisímas 4, 11 y 34 á raíz de su descubrimiento. El otro informe (10 de Octubre de 1861), estriba sobre un comunicado del Sr. Jimenez, que indicaba la reaparición del epígrafe 12. 7) Noticia del sarcófago cristiano-romano y de la cripta recien hallada en la dehesa de Santa María de las Albueras, sita en término del lugar de Pueblanueva, partido de Talavera por Don Luis Jimenez de la Llave (Talavera 1871). Al manuscrito acompañan un diseño de la cripta y una copia fotográfica del sepulcro. Secretaría de la Real Academia de la Historia, legajo de 6 de Octubre de dicho año. [252] 8) Informe acerca de la antigüedad de las murallas de Talavera (15 Enero 1882), publicado en el Boletin núm. 11 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. -Su autor, el académico Sr. Tubino, «se atreve á dar por averiguado, el que sus murallas no son romanas, sino del período mahometano, añadiendo que según todas sus señales fueron construidas probablemente en los comienzos del siglo X.» Por lo que toca á la parte geográfica y epigráfica, sólo entiendo que «en la fábrica se utilizaron las destrozadas ruinas de Aquis allí contiguas;» y que «en las defensas exteriores los alarifes mahometanos colocaron sin orden ni concierto buen número de fragmentos de origen romano, algunos con sus inscripciones, por desgracia mutiladas, pero que declaran indirectamente el sistema que presidió de la construcción de las murallas y las manos que hubieron de ejecutarla.» 9) El alcázar y las murallas de Talavera. Artículo que sacó á luz El Eco Talaverano en los números del 4, 11, 18 y 25 Enero de 1882. Va firmado por D. Ildefonso Fernández y Sánchez, actual cronista del municipio, quien ignora por desgracia el estado de la ciencia moderna. De las treinta y tres lápidas auténticas, reseñadas y esclarecidas por Hübner, once no más (213), y no las mejores, cita el Sr. Fernández; y las descifra con el criterio reinante en la época de los Sotos y Ajofrines. Sin embargo, el artículo es digno de aprecio en razon de la descripción que el tutor hace del recinto amurallado de Talavera. Hübner no se detuvo en esta ciudad (214), entonces villa, sino muy de paso: y elogia, como es justo, el favor y auxilio que le dispensó nuestro antiguo Correspondiente D. Luis Jimenez de la Llave (215). El cual acaba de mostrar una vez más su ilustrado celo y noble voluntad siempre atenta á las elevadas miras de nuestra corporación, ya indicándome, ya investigando conmigo el [253] paradero de las inscripciones originales, cuyas improntas hemos tomado juntos. En nombre de los dos tengo el honor de ofrecéroslas. LÁPIDAS RELIGIOSAS. 1) (H. 893). Mariana la vió en el santuario de la Virgen del Piélago, cuatro leguas al Norte de Talavera. El Sr. Monje se equivocó situándola en las murallas del primer recinto de la ciudad, «hacia la mitad de una de las torres albarranas que mira al Poniente». Allí siempre ha estado y únicamente esta la 18.
Ex-voto de Lucio Vibio Prisco á Togotes. 2) (H. 894).
A las Ninfas. Alia liberta de Neréo cumplió gustosa y merecidamente su voto. Era de piedra berroqueña y su figura la de una base rectangular, alta 1m, 12, y ancha 0m,56, con dos ménsulas en la parte superior y el foco distintivo del ara. La cara del epígrafe, honda una pulgada, y en cuadro, tenía de lado una sesma, ó 14 centímetros. Halló el ara el P. Ajofrín á mediados del siglo XVII, casi una legua al Occidente de Talavera, á 200 pasos y á mano izquierda del antiguo camino que conduce á esta ciudad desde el Pinar de la Alcoba. Muy cerca del sitio del hallazgo están la fuente del Piojo y la Tejada, famosas por la bondad de sus aguas. Rodean el paraje al Sur el camino antiguo de Extremadura, que salía de [254] Talavera por la puerta de Mérída; al occidente el Pinar de la Alcoba, y al oriente el arroyo Albaladiel, que desagua en el próximo Tajo. Llámase el pago desde tiempo inmemorial «Saucedo», acaso del latín Saliceto. Por el lado Norte tiene un repecho, ó acirate, cubierto de retamas, é inculto, donde apareció precisamente la inscripción consagrada á las Ninfas. Todo el pago, cubierto de alegres viñedos, descubre las ruinas de una corta población que debió de ser una villula (alquería) romana, ó quizá la primera mansión de la vía. Allí, además del ara se descubrieron pendientes de oro que posee el Sr. Jiménez, un busto marmóreo de medio cuerpo que figuraba á un varón togado (216), sepulturas con sus cadáveres, molduras de mármol, y monedas muchas de cobre, la mayor parte del Bajo Imperio, que ha recogido sobre el lugar el Sr. Jimenez fuera de otras de que hay memoria, (217) é innumerables [255] restos cerámicos de vasijas y tejas que esmaltan el campo (218). Del nombre árabe (calzada, camino), tomó el suyo el arroyo Albaladiel (219). Desde el pago Saucedo iba la vía en derechura hacía la Cruz de la Alcoba, que dista una carrera de caballo al oriente de la fuente aneja al cortijo de Torrejón. Entre la Alcoba y Torrejón halló el P. Ajofrín un berraco de piedra (220) terminal que hizo trasladar en 1649 al pié de la cruz (221), donde hoy persevera. Animado con este descubrimiento el erudito monje, sacó del pago Saucedo el ara de las ninfas; la llevó á su monasterio de Talavera, «para ponerla, dice, (222) en lugar público y decente; y á pocos dias la hicieron llevar y echar á donde no se pudo remediar; ello lo hicieron de industría.» El sitio donde la echaron fué la presa de los molinos que dicho monasterio tiene en esta villa sobre el rio Tajo. ¡Triste fortuna la de los objetos artísticos que pasaron á manos de otros monjes menos ilustrados que el docto Ajofrin! Cuando en 1622 se abrieron las zanjas para los cimientos de la Capilla mayor de su monasterio, «hallaron los oficiales una Caveza de Becerro de bronze baziado, continuada con su pescuezo hasta los hombros, con un movimiento y havitud de gran maestria y primor. Guardóla un monje antiguo y curioso; y á dos años despues, labrándose una campana, la echó en la fundición, quizá [256] con consideración que, si avia sido Instrumento de idolatría en la ciega Gentilidad, de allí adelante se incorporase en otro Instrumento que llama y despierta á dar el verdadero y divino culto a Dios» (223). 3 Inédita.
D(eo) s(ancto) I(ovi) Mela exs voto p(osuit) l(ibens) a(nimo) m(erito). Mela al santo dios Júpiter puso de buen grado este ex-voto. Ara de piedra bien conservada con sus molduras en la faz superior y fragmentada por ambos lados en la inferior. La primera linea del epígrafe está totalmente gastada; en la segunda hay ligatura de M y E y en la última la M final se dejó arrebatar la mitad de su forma. Las mayores dimensiones de la piedra son 25 centímetros de alto por 20 de ancho. La hice arrancar del suelo, donde yacía, enfrente de la puerta lateral de la parroquia de Santa María, entre fustes de columna y otros escombros del pórtico antiguo. La he dejado en manos del digno párroco, rogándole que la ceda al Sr. Jiménez. 4) (H. 895). Se halló, hace un cuarto de siglo, al abrir unos cimientos de construcción para la fábrica de paños, casi contigua al templo de Santa María y adosada á la calle del Adalid Meneses, dentro y cerca de la muralla meridional del primer recinto, que da sobre el Tajo. Del hallazgo dió parte á nuestra Real Academia el Sr. Jiménez, acompañando copia, la cual sacó á luz, interpretándola inexactamente, el Sr. Sabau (224), de quien la tomó Hübner. Es un zócalo de piedra, privado tristemente de su remate inferior, que en dicha fábrica llegó á servir de sostén al eje de una rueda. Mide su faz escrita 70 por 50 centímetros, y [257] ![]() [258] persevera (225) en el jardín de la casa del Sr. Jiménez, calle de la Concha, 7.
Fácilmente se explica esta inscripción por la encontrada en Alcocer do Sal (H. 32).
Flavia Rufina era flamínica municipal de Salacia, y había nacido en Mérida. No pudo llamarse como la Talaverana Domicia Proculina flamínica de su propio municipio, esto es, de Caesarobriga, donde se puso la inscripción. Ya hizo notar el ilustre Hübner que la dignidad de municipio no cupo á Talavera romana desde su origen; pues, según Plinio (226), el pueblo cesarobrigense era, como el de Coria, estipendiario de Lusitania. Obtuvo probablemente [259] aquella dignidad al inaugurarse el imperio de Vespasiano, en el año 69 de Cristo (227). Y esto es lo que de una parte confirma la paleografía y de otra la circunstancia de nombrarse Domicia flaminica municipii sui prima. Así, tan pronto como el emperador Antonino Caracalla hubo partido en dos la provincia Tarraconense, Cayo Julio Cereal, en inscripción famosísima de Leon (U. 2.661) se nombró legatus Augusti pro pretore provinciae Hispaniae Novae Citerioris Antoninianae post divissionem provinciarum primus ab eo missus. 5) (U. 898). Perdida.
Al arúspice Iconio. El P. Ajofrin la coloca (228) en el lienzo del muro junto á la puerta de la Miel. De esta puerta y de la cortina de muralla adyacente, derribadas larguísimo tiempo há, ya nadie se acuerda en Talavera. Se abría hacia el remate meridional del recinto segundo, que corre á lo largo del riachuelo Portiña, al occidente de la ciudad. Cerca estaba la puerta de Mérida, propia del recinto primero. Un recuerdo, no poco antiguo, de aquella situación suministran los Acuerdos municipales (29 Abril 1450): «Los dichos señores dieron la puerta de la Miel á los vecinos de la colacion de San Salvador, asy cristianos como judíos ó moros; é que guarden cada dia dos; é el que non quisiera guardar, que peche en pena dose maravedis, é los den á un ome que lo guarde.» LÁPIDAS GEOGRÁFICAS. 6) (H. 896). Perdida. Con la siguiente se sacó de las ruinas de las murallas en 1757, y se colocaron en la fuente del jardín de las Reales fábricas. Era de mármol blanco. [260]
Consagrado á los dioses Manes. A Lucio Annio Plácido, de la tribu Quirina, Cesarobrigense, de edad de 40 años, edil, y tres veces duumviro, marido óptimo, lo hizo labrar su esposa Domicia Atcia. Hübner (pág. 112) afirma, no sin razón, que la esposa de Annio Plácido era hija de la flaminica Domicia Proculina: Lusitanae oppidum Caesarobrigam fuisse praeter Plinium docet etiam titulus Domitiae Proculinae, parentis sine dubio Domitiae Attiae illius Caesarobrigensis. Bien veis lo importante de esta observación, que viene por una parte á fijar la resolución del problema geográfico, y la del cronológico por otra. Si la ciudad obtuvo el flaminato municipal en el último tercio del primer siglo, y la esposa de Annio Plácido falleció no mucho después, ello se hará visible por el carácter paleográfico de la inscripción funeraria siguiente. 7) (11. 897). Existe empolvada en la pared del patio de la casa (plaza de San Andrés, 16), que pertenece á Doña Librada Redonda. Alta, 69; ancha, 38 centímetros. D(is) m(anibus) s(acrum). Domitia Attia Caesarobrig(ensis), annor(um, XXVII, hic) s(ita) e(st). S(it) t(ibi) t(erra) l(evis). Annii Tagana et Paulinus filii f(aciendum) c(uraverunt). [261]
[262] Consagrada á los dioses Manes. Domicia Atcia, Cesarobrigense, de 27 años de edad aqui yace. Séate la tierra ligera. Sus hijos Annio Tagana y Annio Paulino cuidaron de hacer este monumento. «Ara sepulcral de mármol, perfectamente construida. La moldura inferior tiene 10 dedos y la superior 12; la lápida de la inscripción una cuarta y 8 dedos; de modo que su alto son 42 dedos, y el grueso ó ángulo una cuarta, ó 2 dedos. Hoy está fixada en un corralillo del pasadizo de la Real fábrica, desde la plazuela de San Andrés al almacen general y despacho de galones.» Guerra, Colección (Julio 1762). -«Nota, que existe en el patio de mi casa custodiada.» Guerra, ibid. -«Tampoco podemos describir como quisiéramos aquellos monumentos tan preciosos de la antigüedad, que á costa de tantos trabajos y afanes adquirió el Sr. Bores Guerra; porque arruinada su casa por los franceses, se hallan sepultados en ella.» Paz Rodriguez, Apuntamientos (año 1816) citados en la Noticia (1831). -«Se halló pocos meses hace en una excavación para edificar unas casas. Está en un jardin de D. José Belluga, labrador, y encima ponen macetas con flores.» Molle, (28 Julio 1829). -«Despues de sufrir (Talavera) la mayor catástrofe, de resultas de una batalla dada á sus puertas, se vió desamparada de sus vecinos y moradores, y sus casas ocupadas y arruinadas por enemigos feroces é implacables. La casa de Bores Guerra, situada en la plazuela de San Andrés, fué una de ellas; y la coleccion de inscripciones lapidarias quedó sepultada entre escombros de tal consideracion, que no sin grandes dispendios era fácil descubrir. Vendida despues esta casa por la ley de solares, fué adquirida á censo redimible por D. Antonio Belluga, el qual á tiempo de reedificarla la limpió de escombros, alzó sus paredes sobre los cimientos antiguos, como las aguas, ó techó, y al presente le sirve de pajar. Muchas de las lápidas fueron destinadas en clase de piedra comun para alzar las tapias; y el Sr. Belluga, sin gusto para la Lapidaria y sin los convenientes conocimientos de la materia, sólo trató de conservar dos cippos sepulcrales, que le parecieron buenos y curiosos para poner macetas de flores sobre ellos, y los trasladó al jardinito de una casa de labor que posee contigua a la que fué del Sr. Bores Guerra. Estos, pues, son los [263] que tienen en su frente las dos inscripciones de que se ha dado noticia á la Real Academia por el Sr. D. Francisco Molle (segun él mismo me ha referido), Capellan de honor de S. M., que desterrado de Madrid se halla al presente confinado en esta villa de Talavera de órden del Gobierno. Uno de los expresados cippos estuvo en tiempo de los Romanos sobre el sepulcro de Domicia Aitia. Es de un excelente mármol, que por sus caracteres es idéntico al que se admira dentro de la Real Capilla de San Pedro de Alcántara, contigua á la villa de Arenas; y de consiguiente es de presumir pudo sacarse de la preciosa mina ó cantera de Montesclaros, 3 leguas distante de Talavera. Tiene de altura 3 cuartas y 6 dedos de la vara castellana. La anchura es de media vara. La adornan molduras, ó cenefas, por todos lados. Sobre la superior, que hace de cornisa, hay un remate muy gracioso que forma una especie de triángulo de líneas desiguales, sobre cuya cima se advierte una concavidad circular á manera de agujero, y á los dos lados, corriendo de la frente á la espalda, dos rollos circulares.» Paz Rodriguez, Noticia (año 1831), páginas 7, 8, 10 y 11. 8) Inédita. Habiala visto el Sr. Monje en 1847 dentro de un patio, en una casa de la calle de Gaspar Duque. Sacó á luz el texto (229), pero tan desfigurado, que Hübner lo condenó por apócrifo. Es un cipo de mármol blanco, alto 45 centímetros, ancho 21, grueso 15. La calle de Gaspar Duque está flanqueada por la muralla septentrional del primer recinto, que corre desde el arco ó puerta de San Pedro hasta el sitio de la Puerta Nueva, construida en 1579 y derribada en 1676. El cipo se hallaba, no precisamente en el patio, sino empotrado en el lienzo interior de la muralla sobre el cual estriba la casa núm. 6, cuya propietaria, Doña Concepción Delgado, es altamente benemérita de la historia de Talavera; pues con efecto, en 1870 mandó arrancar el mármol, y deseosa de facilitarlo al estudio lo cedió espontáneamente al señor Jiménez, quien lo guarda entre las mejores joyas monumentales que embellecen el jardín de su casa, calle de la Concha,7. [264] ![]() D(is) M(anibus) s(acrum). Gr(anius?) Pateiu Quir(ina) Cae(sarobrigensis) ex cas(tello) Ciseli ann(orum) LXV. Ambat(a) mar(ito) pint(issimo) de suo p(osuit). Consagrado á los dioses Manes. Yace aqui Granio Pateyo, de la tribu Quirina, Cesarobrigense, fallecido á la edad de 65 años. Ambata puso y costeó este sepulcro en memoria de su marido piadosisimo. [265] Las letras son del siglo IV. Pateiu... pintissimo recuerdan una chanza de Cicerón sobre el
acento de los poetas Cordobeses (230). Pateius no era cognomen hasta hoy conocido por
inscripciones españolas; mas tiene estructura tan legítima como la de los vocablos Longeia (417),
Doutaius (453), Ponceia (620), Turaius (2633); y su raíz la ostentan así Patietus, Patina,
Patiscus, que registra Cicerón, como Pateas, Patna, Patto y Pata de las inscripciones dálmatas
y británicas (231). Todo el dictado y giro de la nuestra corren parejas con los de otra lusitana (821):
C(aius) Caelius Paternu Gal(eria) Cluniensis ann(orum) XXV. Sin duda alguna Pateyo blasonaba
de pertenecer á la romana tribu Quirina por haber nacido en el distrito del municipio de
Caesarobriga, ó haber tomado, cuando menos, en él carta de ciudadanía. A ese distrito
correspondía el castellum Ciseli, ó Ciselitano, que ha dejado, al parecer, rastro de su nombre y
situación en la Pontezuela, arroyo inmediato al molino de Silos, sobre la derecha del Tajo al
occidente de Talavera. Al eminente geógrafo D. Francisco de Asís Coello, que me escucha, debo
agradecer importantes noticias sobre la posición estratégica de aquel paraje. «Hay allí, me ha
dicho en atenta carta, alturas que vienen a cerrar el círculo de las de Segurilla, y que avanzando
hasta el Tajo marcan la linde natural del término de Talavera. El nombre de La Pontezuela, que
tiene el arroyo, indicio acaso es de que existió puente sobre el río, y la bondad del paso lo
demuestra la circunstancia de que recientemente se ha estudiado un ferrocarril de Talavera
hacia Extremadura, cruzando el Tajo en este mismo punto, próximo á la union del Gébalo.» Con
informe tan claro como preciso, tengo por excusadas mayores averiguaciones sobre localidades
homónimas, pero demasiado lejanas de Talavera, como son la villa de Cisla, en la provincia de
Avila, á cinco leguas de Arévalo; 9) (H. 913). Perdida. La vió Ramberto en 1561, sin indicar el paraje. ![]() A Cayo Lucinio Fuscino, de la tribu Quirina (234). Cumpliendo su testamento mandó hacerle este sepulcro su madre Licinia. 10) (H. 899). Cipo marmóreo, alto 30, ancho 48 centímetros. Su primer descubrimiento es del año 1732, «en un muro cercano de la iglesia del colegio de la Compañía de Jesús.» Su penúltimo dueño, D. Angel Vidarte, la regaló al Sr. Jiménez, en cuya casa (Concha, 7) está. La copia que Palomares hizo, es exactísima: mas no pudo ver la pátera ni el preferículo que adornan las caras literales, por hallarse entonces engastado el monumento en la capilla del Cristo, calle de la Guía. Las letras son del primer siglo. ![]() A los dioses Manes de Sextilia Marcela, hija de Marco, nacida en Clunia, de 18 años de edad, su marido Cayo Valerio Cárico. 11) (H. 900). Laja de mármol blanco, incrustada en el primer [267] replano de la escalera, mirando á la puerta principal, de la casa que poseo y habita Doña Luisa Sánchez en la calle de la Corredera, núm. 49. Se halló al pié de la muralla del primer recinto, sobre la que descansa el edificio, cuando éste se reconstruía en 1859. Mide 88 centímetros de ancho por 60 de alto. Sus letras y puntos triangulares son de la mejor época. ![]() A los dioses Manes. Antonio Severo, natural de Segisama y de 78 años de edad, hizo labrar esta sepultura para si, para su madre Alia (235), hermana Severa, tio materno Antonio, esposa Valeria, é hijo Severino fallecido en la edad de 21 años. Este monumento no ha de pasar á los herederos (236). 12) (H. 901). «Entre la torre albarrana (del monasterio de San Benito) y la que se sigue al poniente, en el lienzo de la muralla que está por la parte de adentro, á menos de dos estados del suelo, sacó una piedra blanca en el año 1699, que hoy (1722) está puesta sobre la puerta principal de la casa, de D. Juan Caraveo.» Soto, fol. 17. -«Ara sepulcral de mármol. Su alto 2 piés y medio su ancho poco mas de una quarta. La cornisa superior tiene 8 dedos y la inferior 6. Está fixada sobre el umbral de la Puerta de la Cassa que llaman de las Ruas á la calle de los Tramposos. Está [268] perfectamente construyda é igualmente gravada la inscripcion.» Guerra, Colección (9 Junio 1762) núm. 4. -Actualmente la tiene en su casa y jardín D. Luis Jiménez. Es un cipo de mármol blanco, alto 60, ancho 24, profundo 11 centímetros. Hübner al publicarlo se valió del informe del señor Delgado (10 Octubre 1861), que omite la priniera línea, ó las cifras sacramentales, distribuidas en los rollos y ático triangular del coronamiento. En la línea 3.ª pone VIT, en lugar de VET, quo el original expresa con toda claridad.
Consagrado á los dioses Manes. Á Lucio Antonio Rufino vet(erano), de edad de 48 años. Al amigo benemérito mandó hacer esta sepultura su heredero Maternio Materniano. Aqui yace. Séate la tierra ligera. En la 3.ª línea, VET puede interpretarse «veterano», como lo prueban las inscripciones 2630,
2890, 4169 y 4196. Bajo este supuesto, la presencia de un veterano en Talavera nos hace pensar
en el recinto fortificado por las antiguas murallas. Sin embargo, tampoco sería extraño que la
indicación fuese taxativamente geográfica. La curia ó cuerpo municipal de Ciudad-Rodrigo se
nombra O(rdo) m(unicipii) v(?) en el zócalo del pedestal que erigió á una estatua del emperador
Septimio Severo (863), que pesaba cinco libras de plata ú oro. Mas las piedras terminales (858,
859) de aquella población, ó sus trifinios con las de Ledesma (Bletisa) y Sálamanca, inclinan el
ánimo á leer Vt(aris). Otra ciudad menos inadmisible es la de Huete, en la provincia de Cuenca.
Algunos [269] geógrafos árabes, los más antiguos (237), la nombraron 13) Inédita. «Piedra berroqueña, de tres quartas de largo y media vara de ancho. Está puesta por valdosa en el sotechado del patio de la casa de la viuda de Andrés Collazos, al arco de San Pedro. Esta asegura haver otra Lápida en el cimiento; y añade que oyó decir á su marido se trajeron estas piedras de las murallas del cordon de la villa.» Guerra, Colección (8 Junio 1762).El Sr. Jiménez, valiéndose de mis indicaciones, ha encontrado el original en casa de Doña Joaquina Delgado (Arco de San Pedro, 71), y lo tiene ya en su propia casa (Concha, 7). Mide 61 por 42 centímetros. ![]() Mantua hizo labrar á su costa este sepulcro de su benemérito hermano Celio, de la gente Aucia hijo de Sereno, de edad de 70 años. [270] En el 2.º renglón, y en el centro, puso AE únicamente Guerra, sin indicar si había ó no letras gastadas al uno y otro lado. El sentido general las exige, supliéndolas por medio de la inscripción talaverana (20, H. 908) dedicada á Flavia, hija de Celio Flavio. El original las pone, como asimismo al pié de la inscripción BE... DE SVO, que omitió Guerra. Mantua, nombre de la dedicante, se tomó probablemente del de la población carpetana Mantua (Villamanta, provincia de Madrid, partido de Navalcarnero), que en sus lápidas (3081-3084) ha Conservado el recuerdo de la gens Dagencia. Asimismo en Malamoneda, despoblado de Hontanar, partido de Navahermosa, en la provincia de Toledo, se menciona por otra lápida (3088) la gens Lanciqcum; en la ciudad de Toledo (3074), Bedo Canbaricum;en Torres, cerca de Alcalá de Henares (3044), Fuscus Metturicum, y en Ciudad-Rodrigo (865), Aper Acceicum. Datos son estos que interesan altamente á nuestra antigua Historia y Geografía (241). LÁPIDAS COMUNES. 14) (H. 904). Sillar cúbico. No se halló en la huerta (alcázar), sino en el corral ó patio del convento de San Agustín, que está casi tocando al alcázar. Cuando iba el Sr. Jiménez á recogerla, le dijeron haberla sepultado dentro de la pared, que labraron á pocos pasos en la calle de la Pescadería. ![]() A Estivo, hijo de Niger y á su mujer Annea, hija de Mústaro, los hijos de ambos, Aquilo, Albino y Maturo consagraron este recuerdo. [271] 15). Se sacó del alcázar. Perdida hoy. Andrei es dativo de 16) (H. 903). La vió Ramberto. Perdida.
Quizá no es diversa de la que Soto (fol. 16) indicó así: «El año de 1644, para una obra que Luis de Carabajal hizo en su casa, hizo traer del alcázar de esta villa una piedra que está por linter de una puerta; y en dicha piedra están escritas las letras siguientes: Arleca. M. C. M. S. S. F. ano XXXV. H. s. e. s. t. t. 1. 17) Perdida. «En una teneria, que fué de Domingo Jimenez vecino de esta villa, que estava cerca del rio Tajo, se descubrió.» Soto, fol. 16.
18) (H. 907). «En la torre Albarrana, que cae al Poniente y [272] es de las monjas de San Benito.» (Soto, fol. 16). Allí subsiste casi tocando á las almenas. ![]() Flacco, hijo de Ambato, de edad de 55 años. Aqui yace. 19) Inédita. Larga estela de piedra; en el patio de la casa que habita y posee Doña Teresa Jiménez, calle de Mesones, 22. En el centro de la comba superior se ve esculpida la rueda del sol lanzando seis rayos. Se cree provino del alcázar. Mide 85 centímetros de altura por 47 de ancho y 33 de grueso.
A los dioses Manes. Flacco, hijo de Sulas, de 80 años de edad yace aqui. Mario su hijo lo mandó hacer. Sulas corresponde á 20) (H. 908). Perdida. La vió Bourdelot.
[273] 21) (H. 909). Perdida. Se halló y se guardaba con la 6.
22) (H. 910). Extraviada. Salió del lienzo de la muralla junto á la puerta de la Miel juntamente con la 5. No la cita Bores Guerra en su colección.
A los dioses Manes. Julia Sempronia, hija de Marco... 23) «Por este mismo tiempo (1644), se quitó otra piedra de la misma parte (alcázar) para una escalera de la casa que tiene á la calle del Sol D. Martin de Azeituno, cavallero del ávito de Santiago. Hize diligencia para verla y los caracteres que tiene son estos» (242). Soto, fol. 16. -Persiste gastadísima en la escalera de la casa, que tiene ahora D. Pedro Aceituno (plaza de Santiago, 1). Mide 1m,27 de longitud, por 34 centímetros de ancho, y 18 de grueso.
Consagrado á los dioses Manes. Aquí yace Julia Nerea, de edad de 86 años. Séate la tierra ligera. [274] 24) (H. 912). Arrancada de las murallas en 1557. Pereció.
25) (H. 914). Perdida. «En la torre albarrana que llaman del abeçante, que es la penúltima cerca del Tajo por la banda occidental, en la esquina siniestra de su extremo que mira al occidente.» Ajofrín, fol. 82.
A los dioses Manes. A Lu[cula?] lo hizo labrar su hija Valeria [Juliana?] 26) (H. 915). «Entre la torre albarrana y la que se sigue al poniente; en el lienzo de la muralla que está por la parte de adentro, á menos de dos estados del suelo.» Soto, fol. 17. -Soto designa la casa que lleva actualmente el núm. 8 en la calle de Gaspar Duque, de cuyo fondo interior, formado por el lienzo de muralla cercano al arco de San Pedro, se extrajo no ha muchos años la preciosa lápida, empleándose para primer peldaño de la escalera. Su generosa propietaria, Doña Mercedes Delgado, ha dispuesto á mi ruego que á sus expensas la piedra fuese quitada de aquel sitio que la exponía al deterioro continuo de los entrantes y salientes, y llevada al Museo de nuestro ilustrado Correspondiente D. Luis Jiménez (calle de la Concha, 7), donde debe de estar á estas horas. Es de grano duro y fino, casi marmóreo, color ceniciento. Su forma, la de una estela combada por la parte superior y ostentando como la 19, notable moldura, que aquí figura dos círculos concéntricos. La leyenda segurísima es, y harto diversa de la que [275] pudo rastrear Hübner, tomándola de copias infelices. Mide 1m,52 de alto, 0,47 de ancho, y de grosor 0,30.
D(is) M(anibus). Lucullo Maura et Flavinus et Lucanus d(e) s(uo) f(aciendum) c(uraverunt). H(ic) s(itus) e(st). A los dioses Manes. A Lúculo, que yace aquí, lo hicieron y costearon Maura y Flavino y Lucano. 27) (H. 911). Perdida. Tenía, como la anterior, dos círculos concéntricos que encabezaban la leyenda. Estuvo en la casa de D. Francisco Arellano, habiéndose extraido de la ruina de una torre menor del muro, que se alzaba cerca de la huerta de los jesuitas y correspondió á la plazuela de la Corredera.
Dis Ma(nibus). Lucullo Vale(rii) Capitonis f(ilio) annorum XIIX, m(ater) f(aciendum) c(uravit). A los dioses Manes. A Lúculo, hijo de Valerio Capitón, de 18 años, lo mandó hacer su madre. En la segunda línea el P. Ajofrin trasladó LVL. MEO con, equivocación manifiesta. Estaría la parte central, CVLL, bastante [276] gastada ó corroida para que sin tropiezo anduviese la pluma, fantaseando la versión y sentido preconcebido. 28) Inédita. Bores Guerra la cita y describe en su Colección n. 2. La he visto en lo alto de la torre de la parroquia de Santa María sirviendo de lintel al tragaluz que mira al Mediodía. Es de piedra arenisca; alta, 80; ancha, 40 centímetros.
Dibus Manibus. Mag(io) Polibio Ca(mali) Marinus de suo f(aciendum) c(uravit) Q(ui) r(elegis) t(ransiens) [d(ic) sit) t(ibi) t(erra) l(evis).] A los dioses Manes. A Magio Polibio, hijo de Cámalo, lo mando hacer y lo costeó Marino. Tú, viandante, que lees, di: séate la tierra ligera. El renglón que suplo para completar el sentido quizá esté dentro de la jamba del tragaluz, á mano izquierda del que mira la losa. 29) Inédita. En todo el revestimiento interior de la torre se destacan piedras epigráficas, con signos arquitectónicos de la Edad Media. Hacia la mitad de la escalera, dos sillares, poco distantes entre sí, de un palmo de largo, presentan sendas letras romanas, altas medio decímetro, del primer siglo. T O ... [exs testamen?]to 30) (H. 916). Perdida. Dicen que se ocultó en el revoco de la casa de la Audiencia y en su fachada del Sur que mira á la plaza del Pan. [277]
31) (H. 917). Perdida. «Lápida de mármol. Está sumamente perfecta su inscripcion. Su ancho es de dos tercias, y el alto de media vara. Está fixada en la pared que hace Bassa á una fragua de Plateria del Maestro Andres Collazos en la plazuela de San Pedro.» Guerra (8 Junio, 1762).
Consagrado á los dioses Manes. A Mario Luperco, de 33 años de edad. Lo hizo y costeó su hermano Mario Castrense. 32) (H. 918). «Ara sepulcral de mármol se halló entre las ruinas de las murallas; y D. Juan Rulieve la mandó labrar y colocar en la fuente del jardin de la Real fábrica; pero antes la copió D. Gaspar de Leiva en el año de 1757 á presencia del Dr. D. Manuel Herranz, Canónigo Magistral de la insigne Colegial de esta villa y del Licenciado D. Nicolas de Lovo, Canónigo de dicha Iglesia. Así lo refieren.» Guerra (9 Junio 1762). Siguió este monumento las vicisitudes del 7. Sepultados uno y otro bajo las ruinas de la casa del Sr. Bores Guerra, volvieron á parecer en 1829, para sumirse otra vez en el olvido, en 1853, con motivo de labrarse nuevas casas en el que fué pajar del Sr. Belluga. Guiado por estas indicaciones el Sr. Jiménez acaba de encontrar la preciosa piedra en casa de Doña Sinforosa Castro (plaza de San Andrés, 11); la ha comprado, y la tiene ya en su jardín (Concha, 7). Mide 34 por 27 centímetros. [278]
33) Inédita. Sillar de piedra común que estaba, no ha muchos días, metido de punta en la muralla del alcázar, que mira al corralón de D. José Crespo, quien lo ha cedido al Sr. Jiménez, en cuya casa (Concha, 7), ahora se ve. Está roto por ambos lados. Mide 1m,10 de alto: 0,55 de ancho; 0,9 grueso.
Dis Manibus. Minic(io) Secundo Aviti f(ilio) Minicia Marcella v(iro) o(ptimo) fec(it). 34) (H. 905). En casa de Doña Luisa Sánchez, calle de la Corredera, 49. Sirve de dintel á la puerta cochera, amenazando perderse la inscripción y aun los dibujos que la coronan. Figuran estos un astro con tres rayos, orlado de ramos de palmera y campeando sobre la media luna. Mide la superficie 1m,11 por 0,48. En la parte inferior se destacan grabados tres pilares cuadrangulares. La copia que Hübner obtuvo, dista mucho de ser exacta. Leo:
D(is) M(anibus). Ofelio Rufini Apinia, filia p(otuit). A los dioses Manes. A Ofelio, hijo de Rufino, púsole Apina, su hija, esta memoria. [279] 35) (H. 906). En el zócalo de la casa del conde de la Oliva, calle del Teatro, 2. Mide 95 por 43 centímetros. Se ha prestado á extrañas interpretaciones (243). Las letras largas y apretadas, son e buena época. ![]() Pellieio Danceti f(ilio) a(nnorum) LX. S(it) t(ibi) t(erra) l(evis). Rufus f(ilius) f(aciendum) c(uravit). A Pellieyo, hijo de Danceto, de edad de 60 años. Séate la tierra ligera. Rufo su hijo cuidó de hacerle esta memoria. La primera letra, despojada de la cal que la revestía, ha resultado ser una P clarísima. La raíz
del nombre se ostenta en otros de ascripciones lusitanas: Pellus (406, 675, 831, 851) Pelliocus
(687). Corresponde á la de los griegos Tampoco hay duda, en vista del original, ó bien del calco que os presento, sobre la lectura del segundo vocablo, Danceti. La raíz danc es forma suavizada de tanc, que sale con Tancinus y Tanginus en muchísimas lápidas de la región del Tajo. 36) (H. 919). En la parte interior del arco y puerta de San Pedro.
No se ve más en este magnífico sillar, ocultándose lo restante de la inscripción dentro del muro. Las letras son ciertamente del [280] siglo Augustéo y las del primer renglón tienen de alto casi nu decímetro. Naugerio leyó:
Ajofrin á su vez:
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