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Adiós campiña hermosa
¡Ah, qué de marchitas rosas
Aleccionado por el alma fuerte
Amable Pepa, en esa edad florida
Amable Pepa, en esa edad florida
Ante la reja está de un locutorio
A plantar mis versos van
Aquel tributo que mi pobre ingenio
Árbol bello, ¿quién te trajo
Atesore el avaro
A un Caballo dio un Toro tal cornada
Boscajes apacibles de la Hermita
Cambió Sïón la pompa de alegría
Canto las armas de la fe, y al héroe
Celebra, ¡oh patria!, el venturoso día
¡Compañeras, al baño! alumbra el día
Deja, discordia bárbara, el terreno
Despierta, Chile, del letal reposo
Diez y ocho de Setiembre, hermosa fiesta
Divina Poesía
En la ciudad celeste de los dioses
Epigrama me titulo
Errante pasajero
Escucha, amigo Cóndor, mi exorcismo
Es fuerza que te diga, caro Olmedo
...Fuese Lucilio enhorabuena
Hay una magia en tu cantar, Teresa
Hijo alado
Hoy que comienza, Darmid
Irrite la codicia
La ciudad por el campo dejé un día
La joven beldad que quiera
«Líbranos de la fiera tiranía
Lleno de susto un pobre cabecilla
Madama Ardilla con un Dogo fiero
Maravillas nos cuentan las canciones
No bulle
No dudes, hermosa Elvira
¿No es éste el suelo que mi débil planta
No habrá pulso que siga su carrera
¿No ha vuelto el mensajero todavía?
No para mí, del arrugado invierno
Nunca más bella iluminó la aurora
¡Oh Casma, Llaclla, Buin! mientras los
hombres
Otra vez con cadenas y muerte
¿Para qué el odio mutuo entre las gentes?
Pide la dulce paz del alma al cielo
¡Piedad, piedad, Dios mío!
Por la región del viento
¿Qué nuevas esperanzas
Que se corone el pabellón de estío
¡Quién pudiera, Biobío
Quise más de una vez, en mala hora
Quisiera amarte, pero...
¿Recuerdas, Olimpio , aquella
Rompe el león soberbio la cadena
¿Sabes, rubia, qué gracia solicito
Saludad, pobres cautivos
¡Salve, fecunda zona
Santa casa de oración
Si es humilde homenaje, si es tardío
Solemne audiencia un día
Solemne audiencia un día
Subiste, Ovalle, a la mansión que el cielo
Tirsis, habitador del Tajo umbrío
Una bella Cometa se encumbraba
Vasconcelos ilustre, en cuyas manos
Vaya que mejor albergue
Ve a rezar, hija mía. Ya es la hora
Viva perpetuamente en la memoria
Ya de la primavera el blando aliento
Yo siento a par del alma que no hubiera
Poesías
Andrés Bello ; prólogo de Fernando Paz Castillo
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