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    Poesías
     Andrés Bello ; prólogo de Fernando Paz Castillo
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La cometa

(1846)

 
                                                  ArribaAbajoPor la región del viento,                                   
una bella Cometa se encumbraba;
y ufana de mirarse a tanta altura
sobre el terreno asiento,
que habita el hombre y el servil jumento, 5
de esta manera entre sí misma hablaba:
 
   ¿Por qué la libertad y la soltura,
dada a toda volátil criatura
esta cuerda maldita,
tan sin razón me quita? 10
¡Ah; qué feliz estado fuera el mío,
si espaciarme pudiese a mi albedrío
por esa esfera luminosa y vaga
del aire, imprescriptible patrimonio [257]
de lo volante, en brazos de Favonio, 15
que amoroso me halaga;
y ya, a guisa del águila altanera,
al sol me remontase, ya rastrera
girase, como suelto pajarillo,
de jardín en jardín, de prado en prado, 20
entre el nardo, la rosa y el tomillo!
¿A qué el instinto volador me es dado,
si he de vivir encadenada al suelo,
juguete de un imbécil tiranuelo,
que, según se le antoja, 25
o me tira la rienda, o me la afloja?
¡Pluguiese a Dios viniera
una ráfaga fiera
que os hiciese pedazos,
ignominiosos lazos!» 30
 
   Oyó el Tonante el temerario voto.
Viene bufando el Noto.
La cuerda silba, estalla... ¡Adiós, Cometa!
La pobrecilla da una voltereta;
cabecea, ya a un lado, 35
ya al otro; y mal su grado, [258]
entre las risotadas y clamores
de los espectadores,
que celebran su mísero destino,
de cabeza fue a dar en un espino. 40
 
   De esta pandorga, tú, vulgo insensato,
eres vivo retrato,
cuando a la santa ley, que al vicio enfrena,
llamas servil cadena;
y en licenciosa libertad, venturas 45
y glorias te figuras. [259]
 
 

[256]

Texto B relacionado con la redacción de 1846:

La cometa

 
          Una Cometa, que a favor del viento
          por la región etérea se encumbraba,
          engreída de verse en tanta altura,
          consigo misma de esta suerte hablaba:
        V  Por qué la libertad del movimiento
       * dada a toda volátil criatura,
       * tan sin razón me quita
       * esta cuerda maldita?
 
             ¿Por qué de esta manera mi persona
       X  se embarga y aprisiona?
          ¡Oh qué destino venturoso el mío,
          si pudiese, dejada a mi albedrío,
          por los aires cruzar, exenta y vaga, [257]
          en alas de este blando cefirillo
     XV* que amoroso me halaga;
          ¿acaso no pudiera
          cual águila altanera
          osadamente remontarme al cielo,
          o viajar, como el suelto pajarillo,
      XX  de vergel en vergel, de prado en prado?
          ¿Es justo que un imbécil muchachuelo
          así me ataje el vuelo?
          ¿A qué el instinto volador me has dado
          oh próvida natura,
     XXV si condenada a sujeción tan dura
          he de vivir? ¡Pluguiera a Dios viniera
          una súbita ráfaga que hiciera
          la cuerda reventar, y de la mano
          de ese rapaz tirano
     XXX que conmigo se huelga, me librara!
 
             Escuchó Jove el voto:
          (¡valiera más que nunca lo escuchara!)
       * Viene bufando el Noto.
          ¡La cuerda silba, estalla, adiós Cometa!
     XXXV La desgraciada dio una voltereta,
          cabecea ya a
 
 
                            xiv Primera redacción tachada:
                                 en brazos del süave cefirillo
 
 
                            xxi Tachado rapazuelo y sustituido por muchachuelo.
 
 
                            xxxvi Aquí se interrumpe el manuscrito del cual se transcribe esta redacción.
 
 
 
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La moda

  (112)
   ArribaAbajoQuise más de una vez, en mala hora,
escribir una página, Isidora,
que detener tu vista mereciera.
Desoyome mi Musa. Toda entera
me pasé, te lo juro, esta mañana, 5
hilando coplas con tenaz porfía.
-Musa, son para el álbum, le decía,
de una joven beldad. -¡Plegaria vana!
No me salió una sola ni mediana.
-Para este bello altar que se atavía 10
con tanta flor de amena poesía,
entretejer una guirnalda quiero,
digna de la deidad que en él venero. [260]
Es (tú lo sabes) cosa
de obligación forzosa. 15
Si agradable te fue mi culto un día,
te ruego, te conjuro, te requiero,
amada Musa mía,
que lo muestres ahora; y si ya cesas
de mirarme propicia, este postrero 20
favor te pido sólo. -¡Ni por ésas!
 
   Despechado, el papel hice pavesas;
al tintero, la pluma consignaba;
y ofrecerle pensaba,
por único tributo, humilde excusa 25
la culpa echando a la inocente Musa,
como es costumbre en semejantes casos;
cuando acercarse miro a lentos pasos
una, no sé si diga ninfa, diosa,
aparición, fantasma: caprichosa 30
forma que cada instante
de color, de semblante,
y de tocados, y de ropas muda: [261]
ora triste, ora alegre, ora sañuda;
ya pálida, ya rubia, ya morena. 35
Tan presto por el cuello y las espaldas
derrama en ondas de oro la melena;
tan presto, en trenzas de ébano cogida,
adórnala de joyas y guirnaldas;
y tan presto ¡qué horror! encanecida 40
la lleva; o sin piedad la troncha y tala,
y de prestados rizos hace gala.
Ora el ropaje en anchuroso vuelo
desplega; y va arrastrando luenga falda
verde, azul, carmesí, purpúrea, gualda, 45
de gasa, de tisú, de terciopelo.
Señala luego en mórbido relieve
su figura gentil basquiña leve.
Sus ojos aprisiona en blanco velo, [262]
pudibunda beata, 50
que hace de más valor lo que recata.
Y un momento después, traviesa niña,
ríe, retoza, guiña;
no sabe tener quieta
su pupila de fuego; 55
busca y rehuye luego:
cuanto más melindrosa, más coqueta.
 
   Suspenso, absorto estaba yo pensando
si era ilusión aquello; y lo estuviera,
sabe Dios hasta cuándo, 60
si ella misma por fin no me dijera:
-Nadie puede sacarte del empeño
en que te ves, sino mi numen solo.
El arte de agradar yo sola enseño.
Ríete de las Musas y de Apolo. 65
Si aplaudido un poeta en boga está,
y ante los ojos de las damas brilla,
y con el loro, el gato y la perrilla,
divide los honores del sofá,
débelo todo a mí, que, cuando tomo 70 [263]
esta mágica vara, lo más pobre
hago rico, y trasmuto el oro en cobre.
Sea su entendimiento agudo o romo,
tosco o pulido, vista larga o corta,
ingenio estéril o feraz, no importa, 75
todo aquel que se viste mi librea,
altivo, ufano, espléndido campea.
Y a más de cuatro orates
coronas di tempranas,
que, a despecho de críticos embates, 80
durarán (no lo afirmo) tres semanas.
Por no cansarte más, yo soy la Moda.
Oye; y aprenderás mi ciencia toda.
En tres o cuatro prácticas lecciones,
voy a especificar mis opiniones; 85
y podrás expedirte en el presente
caso, y en los demás, gallardamente. [264]
 
   -¿Una leyenda o cuento
es a lo que dedicas el intento?
Manos a la labor; o da principio 90
con gran proemio de elegante ripio;
o si te place, empieza
con esa nonchalance de buen tono,
con ese aire de lánguido abandono
de quien al despertar se despereza, 95
como si del lector no hicieses caso,
ni de la historia; y cuando paso a paso,
por entre mil rodeos,
ambages y floreos,
llegue al fin el momento de contarla; 100
y ya el lector dé al diablo tanta charla;
allá como a la octava ciento y cuatro,
mudarás de teatro,
y en una digresión... (importa un pucho
que no tenga que ver poco, ni mucho, 105 [265]
con el sujeto, porque, amigo, hoy día
¿qué es para un escritor de fantasía,
en resumidas cuentas, el sujeto?
Es una percha cómoda, de donde
cuanto en su seno tu cartera esconde; 110
estudio, ensayo, informe mamotreto,
puedes colgar sin el menor empacho.
Uno de mis pupilos,
excelente muchacho,
ha escrito en diversísimos estilos 115
composiciones vastas, panteísticas,
escépticas, católicas y místicas,
patrióticas, y báquicas, y eróticas,
miríficas y exóticas;
y se propone hacer una leyenda 120
en que bonitamente las ensarte
todas, sin que aparezca en nada el arte
(que es lo que más a un genio recomienda),
dando en ella a lectores eruditos,
que tengan razonables apetitos, 125
una merienda monstruo, una merienda
con variedad de platos estupenda).
Pues, como digo, en una
digresión... (cuanto menos oportuna
mejor); produces de esa 130
suerte mayor sorpresa,
que es en el arte un mérito sublime,
a que debe aspirar todo el que rime.
Era una transición obra de suma
dificultad para la inhábil pluma 135
de aquellos escritores desdichados
de los tiempos pasados.
Era, como ponerlos en un potro,
el tener que pasar de un tema a otro,
de modo que el lector inteligente, 140
con movimiento el más süave y blando, [266]
se hallara, sin saber cómo, ni cuándo,
arrebatado a un mundo diferente.
En esto, como en todo,
los modernos han dado 145
un paso agigantado.
Hácese de este modo:
¿hay que pasar de un baile, por ejemplo,
a una batalla, de un mesón a un templo,
de una choza a un palacio soberano? 150
Se pone en medio un número romano.
Por tan sencillo arbitrio, como ése,
al discreto lector, mal que le pese,
en menos de un segundo,
se le dispara a donde tú le mandes, 155
desde los Pirineos a los Andes,
desde la tierra al Tártaro profundo,
o al bañado de luz coro seráfico,
con más velocidad que va un aviso
por el alambre electro-telegráfico; 160
y sin que de antemano, o al proviso,
se tome la fatiga
de preparar la cosa;
y gruña cuanto quiera y lo maldiga [267]
el bueno de Martínez de la Rosa; 165
y hágalo con el clásico areopago.
Pero yo mismo sin pensar divago;
de uno en otro paréntesis, me pierdo.
Lo que quise decir, si bien me acuerdo,
es que la línea recta, cuanto puedas, 170
evites; tortüosas las veredas
son que prefiere el consumado artista
para el placer del alma o de la vista.
Como sobre un terreno,
de matorrales y malezas lleno, 175
un raudal serpentino [268]
va abriéndose camino
lenta y difícilmente;
y aquí desaparece de repente
bajo el tupido monte; 180
y en lejano horizonte,
vuelve a mostrar su clara o turbia onda
para que, a poco trecho,
cuando algunos pantanos haya hecho,
bosque denso otra vez su curso esconda; 185
no de modo distinto,
aunque el fino lector se desanime,
el sujeto camine,
y por entre el espeso laberinto
de las enmarañadas digresiones, 190
se hunda, reaparezca, se zabulla
de nuevo, y nuevamente salga y bulla
hasta llegar al fin que te propones.
Mas ora en filosóficos zigzagues
teológicos, políticos, divagues, 195
o en un rocín aprietes los talones,
lanzándote a remotas excursiones,
o vía recta el argumento vaya,
y la locomotiva,
potencia de no fútil inventiva, 200
quieras tener a raya,
(lo que, si mis preceptos obedeces,
harás muy pocas veces) [269]
haya sin falta alguna
en tus poemas luna, 205
que esplendorosa o pálida rïele.
¡Oh de la noche solitaria reina!
¿cuál hay que a ti no apele,
vate, que canas peina,
o que rubio mostacho apenas hila? 210
Pero tan socorrida como ahora
nunca fuiste. Vigila
todo autor, toda autora
que a veces aúlla o canta, ríe o llora,
porque la bella luz con que plateas 215
el universo, irradie sus ideas,
desde el que hijo mimado de la fama
ciñe a su frente inmarcesible rama,
hasta el que dice veya por veía
en tosca jerigonza todavía. 220
No deje, pues, de rïelar la luna,
o en el cristal de límpida laguna
que el aura arrulle y que entre sauces duerma.
o en el follaje oscuro de una yerma [270]
cumbre, recién mojada de rocío, 225
o en bullicioso río
que al voraz oceano,
en que se abismará, corre anhelante,
¡imagen, ay, del existir humano!
 
   Un ay de cuando en cuando es importante. 230
Por lo pronto, hará ver que tienes hecho
de hebras delicadísimas el pecho,
blandas en sumo grado y sensitivas;
y no será preciso que te afanes,
y los sesos que tengas los devanes, 235
buscando frases nuevas, expresivas
con que secretos íntimos reveles
del corazón. Atente a tus rïeles;
y pon de trecho en trecho uno o dos ayes,
cuando la cuerda del dolor ensayes. 240
 
   Tras un cuadro de vívidos colores
en que retrates lúbricos amores,
encaja bellamente una homilía
contra la corrupción social; y luego
que a la ya inaguantable tiranía 245
de este gobierno jesüita, godo,
que lo Inficiona y lo agangrena todo,
lances una filípica de fuego,
llora la servidumbre de la prensa,
que prohíbe decir lo que se piensa, 250 [271]
y por ninguna hendrija
permite que respire uno siquiera
(sábenlo los lectores demasiado),
útil verdad, de tantas que cobija
en sus profundidades tu mollera; 255
es el cuadro encantado
que se descubre en más dichosa era.
Leyendo tan espléndida bambolla,
habrá mil que suspiren por el día
en que eches a volar la fantasía 260
que tu medula cerebral empolla.
 
   Si el tono blando tomas,
conviene que derrames
profusamente aromas,
y que todas las voces embalsames 265
de azahares, jazmines y azucenas,
y que de olores la nariz abrumes.
«Sacudir las alillas pueda apenas
el céfiro, agobiadas de perfumes.
Bello concepto, a que echarás el guante, 270
aunque no faltará tal vez pedante
que a Byron lo atribuya.
¡Necios! ¡cómo si fuera culpa tuya
que, cuando para ti del cielo vino,
Byron lo interceptase en el camino! 275
 
   Es de rigor que llores
alguna pobre niña arrebatada
en verdes años ¡ay! a los amores. [272]
Su imagen adorada
de tu memoria un punto no se aparte; 280
y para más desgracia atormentarte,
y de esas penas aguzar la punta,
dirás que la difunta
era un ángel de amor, era un modelo
de perfección, en que vació natura 285
toda virtud, y gracia, y hermosura;
divina joya, incomparable perla,
que, para tu regalo y tu consuelo,
quiso envïar expresamente el cielo
a un mundo vil, indigno de tenerla; 290
y con estos elogios, y otros tales,
conocerán las damas lo que vales,
y el tuyo propio harás sin que te cueste
una sola palabra
que tu modestia en lo menor moleste, 295
¡Sólo con un diamante otro se labra!
 
   Tenga abundante acopio
de ensueños tu paleta.
Nada más de mi gusto, ni más propio.
Cual suele de abejillas tropa inquieta 300
volar entre el tomillo y la violeta,
así acudir se ve legión alada
de ensueños en la silla o la almohada
de todo aquel que el inspirado pecho
a su pupitre arrima, 305
o se desvela en solitario lecho,
dándole caza a la difícil rima.
 
   Pero lo que en el día
logra aplauso mayor, es una cosa [273]
que se suele llamar misantropía. 310
Huye a la selva umbrosa,
o más bien a la selva que desnuda
de su follaje la estación sañuda;
oculta allí el hastío que devora
tu gastada existencia; el negro tinte 315
que los odios fantásticos colora,
de cada objeto alrededor se pinte.
Huye a donde jamás hiera tu oído
el eco envenenado, aborrecido,
de humana voz; allí donde la roca 320
amortaja de nieves su cabeza
titánica; o allí donde bosteza
de apagado volcán lóbrega boca. [274]
¿Ves cómo ya el postrero
rayo del sol expira en el otero, 325
y al entreabrirse cárdenos nublados,
de tempestad preñados,
lámpara sepulcral arde el lucero
sobre la tierra que la sombra enluta?
Huye al amigo seno de la gruta. 330
Medita allí, cavila;
y de tu pecho el negro humor destila
sobre todos los seres gota a gota;
y llama al mundo en que naciste, infierno,
de que fue a Lucifer dado el gobierno 335
para jugar con él a la pelota,
y con este menguado, pobre, triste,
infinitesimal átomo humano,
discorde unión de espíritu y materia,
que monarca se cree de cuanto existe, 340
porque le cupo el privilegio vano
de conocer él mismo su miseria.
Todo allí muerte, esplín, hondo fastidio,
no el que con el champaña se disipa,
o con el humo de cigarro o pipa, 345
sino el que pensamientos de suicidio
engendra; y logren sólo distraerte
impresiones de horror, de duelo y, muerte.
O el ronco trueno música te sea,
y de encontrados vientos la pelea, 350
y de natura atormentada el grito
cuando sobre sus bases de granito
el bosque secular se bambolea;
o el esquilón distante
que llora la agonía 355
del moribundo día,
aunque de plagio se te queje el Dante;
o del buho el fatídico graznido,
que por la soledad pavor derrama:
o el gemir de la tórtola que llama, 360
y llama sin cesar... y llama en vano,
en el desierto nido, [275]
al esposo querido,
que presa fue de cazador villano.
 
   Pero no es bien que mucho te demores 365
en silvestres y rústicas escenas,
que huelen a la edad de los pastores,
cuando andaban Belardos y Filenas
cantando a las orillas de los ríos
insulsos inocentes amoríos. 370
¿Inocencias ahora? Nada de eso
en un siglo de luz y de progreso.
Loca algazara aturda
en infernal zahurda,
do el adusto Timón, medio beodo, 375
haga de todo befa, insulte a todo;
y brillen entre copas las espadas,
y se mate, y se ría a carcajadas;
y retumbe en satánicos cantares
audaz blasfemia, horrífica, inaudita, 380
que es para ejercitados paladares
una salsa exquisita.
 
   Mucho más dijo la parlera Diosa,
sin que de tanto embrollo
de lindos disparates, otra cosa 385
engendrarse pudiera en mi meollo,
que confusión, y vértigo, y mareo.
En el estado que me vi, me veo;
impotente la voz, el alma seca,
y por añadidura, una jaqueca. 390
Pero, para decir, bella Isidora,
que eres un ángel que la tierra adora,
que sabes ser honesta y ser amable,
¿ha de ser necesario que me empeñe
por selvas y por riscos, que me ensueñe, 395
que me arome, y por último, me endiable?
Antes seguro estoy de que sería
imperdonable insulto
el ofrecerte semejante culto.
Si ya no soy ni aquello que solía, 400
pues de la frente que la edad despoja,
huye, como el amor, la poesía, [276]
puedo hablar a lo menos el lenguaje
de la verdad, que, ni al pudor sonroja,
tu hacer procura a la razón ultraje. 405
Aunque de la divina lumbre, aquella
que al genio vivifica, una centella
en mi verso no luzca, ni lo esmalte
rica facundia, y todo en fin le falte
cuanto en la poesía al gusto halaga,
lo compone benigna una alma bella
que de lo ingenuo y lo veraz se paga. [277]
 
 

[259]

1-3. Primera redacción:
          * Quise más de una vez, en mala hora,
          escribir una página, siquiera,
          que detener tus ojos, Isidora,
          Por algunos momentos mereciera.
 
 
8. Primera redacción:
          de la bella Isidora». Ni por ésas,
Tacha Ni por ésas y escribe: Empresa vana!
 
 
10-23. Primera redacción:
          «Para este altar, que ufano se atavía
       * con tanta flor de amena poesía,
          Musa, tejer una guirnalda quiero,
       * digna de la deidad que en él venero. [260]
 
 
          Es. tú lo sabes, cosa
          de obligación forzosa.
          Si grato, pues, amada musa mía
          le fue mi culto un día,
          te ruego, te conjuro, te requiero
          que me asistas ahora; y si ya cesas
          de mirarme benigna, este Postrero
          favor te pido sólo». Ni por ésas.
          Sorda a mi ruego vano (?). Ya al tintero
          ¡a pluma despechado consignaba,
          Enmiendas a esta primera redacción:
          Musa, para este altar, que se atavía
          con tanta flor de poesía galana.
          Si no mísera pues benigna y pía
          y agradable te fue mi culto un día
          Despechado, al tintero
          la maldecida pluma consignaba,
 
 
26. Primera redacción:
          la culpa echando a la rebelde Musa,
 
 
27. Siguen estos versos tachados:
          cuando hete aquí. No pienses que lo invento
          Es la pura verdad lo que te cuento.
 
 
28. Primera redacción:
          Veo que se me acerca, a lentos Pasos,
 
 
35. Primera redacción:
          y de ropajes y de galas muda; [261]
 
 
37-49. Primera redacción:
          descuelga en ondas de oro la melena;
          tan presto de tocados, de guirnaldas,
          la cubre, en negras trenzas recogida;
          y tan presto, encanecida ¡qué horror!
          la ostenta. Arrastra ahora largas faldas
          y de prestados rizos hace alarde.
 
          El suelo barre ya con luengas faldas
          azules, carmesíes, rojas, gualdas.
          Apretada basquiña, corta, leve,
          señala ahora en mórbido relieve
          la figura gentil. Inclina al suelo
          la vista aprisionada en bruno velo,
 
 
Enmiendas a esta primera redacción:
          y tan presto de joyas, de guirnaldas,
 
          y cubierta de joyas, de guirnaldas,
 
          la ostenta, en negras trenzas recogida;
 
          la ostenta en trenzas de ébano, cogida
 
          había comenzado a redactar este verso así:
          la muestra, en negr[as]
 
          la muestra, Para troncharla más tarde
 
          la muestra, o sin piedad la troncha y tala
 
Comenzó a redactar el quinto verso, así:
          Tan presto luengas faldas
 
          Ahora luengas faldas
 
Luego le hizo las modificaciones que se dan a continuación:
          Si arrastra ahora sueltas, luengas faldas,
 
          Da a sus vestidos anchuroso vuelo,
          o arrastra luengas faldas,
 
          Ya a sus vestidos da anchuroso vuelo, [262]
 
 
Los últimos versos sufren también varias enmiendas:
          azules, carmesíes, verdes, gualdas
 
          carmesíes, azules, verdes, gualdas,
          y apretada basquiña, corta y leve
          ora señala en mórbido relieve
 
 
62. Comenzó a redactar este verso así:
          -Nadie sacarte puede
 
 
64. Primera redacción:
          El arte de escribir yo sola enseño.
 
Siguen dos versos tachados, no incluídos en la redacción definitiva del poema:
          Yo enseño a dominar las opiniones,
          a Pesar de Epictetos y Catones.
 
 
66-72. De estos siete versos hay varias redacciones, entre las cuales unas están sin tachar. En el texto se deja la misma que tomó Amunátegui, por considerarla definitiva.
          Por mí sola un poeta es aceptado
          y de las damas a los ojos brilla,
          y hasta con la pelota o la perrilla
          divide los honores del Estrado.
          Cuando a la diestra tomo
       * esta mágica vara, lo más pobre
          hago (ileg.) rico, hago oro el cobre. [263]
          Si piensas que un poeta en boga está,
          y que su libro a las hermosas grato
          logra con la perrilla o con el gato
          dividir los honores del sofá
 
          Piensas que si un poeta en boga está,
          y ante las damas brilla,
          que con el loro, el gato, la perrilla
          divide los honores del sofá.
          ¿Lo debe a nadie sino a mí?
 
          ¿A otro que a mí lo debe?
          Lo que yo apruebo es lo que el mundo aprueba.
          Y en tres o cuatro fáciles lecciones
          voy a exponerte mi destreza toda
 
          Si tal vez un Poeta en boga está,
 
 
78-81. Primera redacción:
          A intrépidos petates,
          coronas doy tempranas,
          a despecho de críticos embates,
          podrán jurar muy bien cuatro semanas,
          Y qué es sin mi favor el literato.
          Un hombre sin principio, sin boato,
          un rancio pedagogo, un estafermo,
          nacido para el charco o para el yermo.
 
 
El cuarto verso tiene otra redacción:
          brillan, con mi opinión los disparates.
 
 
83. Primera redacción:
          Oye, y en breve rato
          aprendida tendrás mi ciencia toda;
 
 
87. Otra redacción:
          caso, y en los demás, lucidam[ente] [264]
 
 
88-92. Primera redacción:
             ¡Manos a la labor! Hacer una oda,
          una canción, leyenda, historia o cuento
          sobre cualquier materia,
          patética o sublime, bufa o seria,
          séase o no apropiada a tu talento;
          y le darás principio
          con gran proemio de vistoso ripio;
          o si te agrada, empieza
          con aquella franqueza
 
En el cuarto verso tacha bufa y escribe alegre.
 
 
89. En el manuscrito se lee: es a lo que dedicas tu talento?
Dejamos en el poema, el texto dado por Amunátegui, porque desconocemos en qué basó la lectura de el intento por tu talento.
 
 
93-94. Primera redacción:
          con citar nonchalance de buen tono,
          y aquel aire de lánguido abandono
 
 
100-101. Primeros intentos de redacción:
          llegue por fin a la ocasión precisa
 
          llegue por fin la hora de contarla;
 
          el punto de contarla;
 
          y que del tiempo se abusa
 
          y dé a todos los diablos tanta charla;
 
          y se aburra y dé al diablo tanta charla;
 
          y el lector dé a los diablos tanta charla; [265]
 
 
106-107. Primeros intentos de redacción:
          en una obra de ingenio y fantasía,
          ¿qué se imagina que es el tal sujeto?
 
 
115. Primera redacción: ha escrito en todo género de estilos
 
 
118. En el manuscrito se lee:
          satíricas, y báquicas, y eróticas, [266]
 
 
142-146. Primera redacción:
          por un maravilloso oculto puente
       * se hallara, sin saber cómo ni cuándo,
          transportado a una escena diferente.
          En eso, como en todo,
          en esta venturosa edad se ha dado
       * un paso agigantado.
 
Enmienda el verso penúltimo:
          la edad presente ha dado
 
 
149. Primera redacción:
          a una función marcial, de un bosque a un templo.
 
 
152-185. Primera redacción:
          Por un tan simple arbitrio, como ése,
          el discreto lector, mal que te pese,
          tendrá que dispararse a do le mandes;
       * desde los pirineos a los Andes,
          desde el terreno asiento
          a los coros seráficos,
          can la celeridad que el pensamiento
          vuela por los alambres telegráficos,
          y sin que tú te esfuerces
          en preparar la cosa
       * y gruña cuanto quiera y lo maldiga [267]
       * el bueno de Martínez de la Rosa;
          y todo el dueto clásico
       * y hágalo con el clásico areopago.
       * Pero yo mismo sin pensar divago;
          de una en otra digresión me pierdo.
          Lo que quise decir, según recuerdo,
       * es que la línea recia, cuanto puedas,
       * evites; tortüosas las veredas
       * son que prefiere el consumado artista
          para halagar la vista.
          Como sobre un terreno enmarañado
       * de matorrales y malezas lleno,
          un raudal serpentino
          con gran dificultad se abre camino,
          de repente se pierde
          bajo el ramaje verde;
       * y en lejano horizonte,
       * vuelve a mostrar su clara o turbia [onda]
          para que el denso monte
          a pocos pasos otra vez le esconda
 
 
Otros intentos de redacción de algunos versos de este fragmento:
          Por ese arbitrio natural
 
          Por un medio tan fácil como ése
          haces que el lector, mal que le pese
          vaya en un santiamén
 
          irá veloz a donde tú le mandes
 
          irá veloz a do le mandes
 
          se dispara a doquiera que le mandes
 
          tiene que dispararse a do le mandes;
          con la velocidad que el pensamiento
 
          y de lo que decía no me acuerdo.
 
          y lo que iba a decir ya no recuerdo.
 
          de lo que iba a decirle no me acuerdo. [268]
          de maleza, un hilo cristalino
          se abre difícil[mente]
 
          hace difícilmente su camino
 
Los seis últimos versos presentan estos otros intentos de redacción:
       * bajo el tupido monte;
          y en distante horizonte,
          otra vez a la luz su curso ofrece
 
          nuevamente a la luz su curso ofrece
 
          a la lumbre solar de nuevo ofrece
          su clara o turbia onda,
          para que nuevamente
          bajo la densa ramazón se esconda;
 
          la densa ramazón su curso esconda;
 
 
196. Lo comenzó a redactar:
          o en tu Pegaso [269]
 
 
204-207. La primera redacción es ilegible, por las tachaduras. En segunda redacción escribe:
          O en caprichosos, rápidos zigzagues
          Y excursiones erráticas divagues.
          No falta en obra alguna
          la inspiradora antorcha de la luna,
          que de dulces tristezas es fecunda
          ya en placentera luz el orbe inunda
          o pálida rïela.
          ¡Oh de la noche vaporosa reina!
 
          ¡Oh del nocturno imperio que es la reina!
 
       * que esplendorosa o pálida rïele
          y de dulces tristezas es fecunda
 
          No falta en obra alguna
          en que mi numen creador te infunda,
          cerca del genio del amor, la luna,
          que de dulces tristezas es fecunda
          la inspiradora antorcha de la luna.
 
 
221-224. Primera redacción:
       * Pero yo mismo sin pensar divago
          y de una en otra digresión me pierdo.
          ¿No hablaba de la luna? (ya me acuerdo).
          Haz que rïele en el cristal de un lago
          que el aura arrulle y entre sauces duerma,
          o en el verde tapiz de alguna yerma [270]
 
 
241-257. Primeros intentos de redacción:
       *    Tras un cuadro de vívidos colores
       * en que retrates lúbricos amores,
       * encaja bellamente una homilía
       * contra la corrupción social; y luego,
          escribe una filípica de fuego
          contra la abominable tiranía
          que no deja salir una siquiera
          de las verdades mil, que en su mollera
          se cocinan; encantado
          tesoro, destinado
          a enriquecer más venturosa era.
 
       * Tras un cuadro de nítidos colores
       * en que retrates lúbricos amores,
       * encaja bellamente una homilía
       * contra la corrupción social; y luego,
          que a la ya intolerable tiranía
          de este gobierno jesüita, godo,
          que a tu fecunda voz pone un candado, [271]
          que no deja salir una siquiera
          de las verdades mil que en tu mollera
          se cocinan; encantado
          tesoro, destinado
          a enriquecer más venturosa era.
 
          Contra el gobierno torpe, corrompido,
          que lo compra todo y lo deprava
          y tiene en hierros la verdad, y esclava
          la prensa y la conciencia
 
          la conciencia y la prensa
 
          y tiene la nación la prensa esclava
 
 
277. Primera redacción:
          alguna tierna niña arrebatada [272]
 
 
283-284. Intentos de redacción:
          harás de la difunta
          angélica modelo
 
 
       * dirás que la difunta
          era un cabal modelo
 
 
306. Primera redacción:
          o que da vueltas en mullido lecho
 
 
309. Siguen varios intentos de redacción de versos tachados, bastante inconexos:
          Apenas uno toma,
          Para escribir, asunto, [273]
          en aquel mismo Punto,
          de los ensueños la bandada acosa;
          cogerás en el aire cuantos quieras.
 
          Pueda coger al vuelo
          cuantos vengan a pelo,
          que pasaporte franco y libre tienen
 
          cuantos quisieras y no importa nada
          que no vengan a pelo.
 
          Puedes coger al vuelo;
          y como pasaporte franco tienen
 
          pues pasaporte libre y franco tienen
          y nadie el tiempo gasta
          de decir lo que son
 
          darás muestra de todo, y nadie gasta
          una línea en decir a lo que vienen.
          Embuchas (?) a granel; con eso basta.
 
          Para escribir, no bien se toma asunto
 
          para escribir no bien elige asunto
 
          no bien algún poeta elige asunto
 
          no bien para escribir escoge asunto
          algún ingenio, citando
          tiene a la memoria la bandada.
 
          Cuantos quisieras, vengan o no a pelo,
          puedan coger al vuelo.
 
          puedas coger al vuelo
          cuantos quisieras o no, a pelo,
 
          Cuantos quisieras y no importa un pito [274]
 
 
335. Primera redacción:
          de que sólo Satán tiene el gobierno
 
  349. Al margen figuran unos versos totalmente ilegibles. [276]
406-410. Intentos de redacción:
          Aunque en mi tosco verso dos reales
          de inspiración no luzca, ni lo esmalte
       * rica facundia, y todo en fin le falte,
          cuando en obras de ingenio al justo vales
          yo sé que lo veraz
 
          Aunque, a mi tosco verso una centella
          de inspiración no luzca, ni la esmalte
        * rica facundia, y todo en fin le falte,
          cuando ya a la razón y al gusto halaga
          yo sé que lo veraz
 
 
 
ArribaAbajo

Diálogo entre la amable Isidora y un poeta del siglo pasado

  (113)
 
POETA -ArribaAbajoAquel tributo que mi pobre ingenio
ha ofrecido, Isidora, consagrarte...
ISIDORA -Me lo has hecho aguardar todo un trienio,
y pudiera mandarte
que fueras con tu música a otra parte; 5
pero con una condición lo admito:
que tenga de lo nuevo y lo bonito.
POETA -¿De lo bonito y de lo nuevo sólo?
A tus influjos me encomiendo, Apolo,
para salir de tan terrible aprieto: 10
inspírame un soneto,
que el fino gusto de Isidora apruebe.
ISADORA -¿Sonetos en el siglo diez y nueve? [278]
POETA -Un romancito, pues, en asonante...
ISADORA -Es cosa de poeta principiante, 15
que el oído desgarra,
y merece cantarse con guitarra.
POETA -Pero si no sé más, querida mía.
¿Cómo de tan estéril fantasía
creaciones hermosas 20
podrán salir? No da el espino rosas.
ISADORA -Todo cuanto me digas es en vano.
En estas hojas, con tu propia mano,
algo que a los lectores interese,
algo que de ponerse digno sea, 25
después de estas dos emes y esta ese, (114)
has de escribir; lo exijo.
POETA                                      -¡Fuerte empeño!
Mas aguarda; una idea
me ocurre de improviso.
Fingiré que adormido en blando sueño 30
se presenta a mi vista un paraíso,
donde...
ISADORA              -Toma la pluma, pues, y al caso.
POETA (escribiendo y declamando)
-«Sobre la verde falda
del erguido Parnaso, [279]
guiaba yo mi vacilante paso, 35
tejiéndote, Isidora, una guirnalda,
cuando de ninfas majestuoso coro,
sueltos sobre la espalda
alabastrina, los cabellos de oro
coronados de flores, 40
con ropas que robaron sus colores
a la primera luz de la mañana,
con cítaras de etérea melodía,
que arroba en dulce rapto el alma humana...»
ISADORA -Jesús! ¡Qué altisonante algarabía! 45
Amigo mío, en lengua castellana,
ésa se llama entrada de pavana.
¿No ves que tus poéticos primores
son estrujadas flores
de que cualquiera nene 50
en este siglo innovador se mofa?
Apostaré que en la siguiente estrofa
vas a beber las aguas de Hipocrene.
Guía, por Dios, tu vacilante paso
lo más lejos que puedas del Parnaso. 55
POETA -Eso yo lo sabré, sin que lo mandes.
Mas, si te place, hagamos una cosa.
Dame un asunto tú, no de los grandes
que pidan alto ingenio, estilo fuerte,
inspiración fogosa, 60
sino sencillo, fácil, en que acierte,
no a idealizar angélica armonía
(eso a tu voz divina sólo es dado),
no a contentar tu gusto delicado,
a que dan cuatro idiomas alimento 65
(¿cupiera en mí tan alto pensamiento?),
sino a probar lo que conmigo vales;
pues dócil a tu imperio soberano,
tomo otra vez con atrevida mano
la lira, que en las ramas funerales 70
de sauces lloradores, monumento [280]
de una temprana tumba, colgué un día (115).
Juré que nunca más la tocaría;
quebrantaré por ti mi juramento.
En suma, sólo pido 75
que tú me des el tema.
ISADORA                                   -Concedido.
POETA -¿Cuál es?
ISADORA                  -Amor.
POETA                             -¡Jesús!
ISADORA                                         -¿Qué es lo que temes?
¿Pido yo por ventura que en las aras
del ciego dios, profano incienso quemes?
¿Pido que a lo Petrarca o lo Macías 80
le entones quejumbrosas elegías?
Comprendo bien que ajeno lo estimaras
de ti y de mí; mas dime, ¿qué tendría
la propuesta materia [281]
de impropia ni de ingrata 85
para la cosquillosa fantasía
de la más zahareña mojigata
que allí vertida viese alguna seria
máxima de moral filosofía?
POETA -¿Conque un sermón en verso? ¡Linda cosa 90
por cierto para el álbum de una hermosa!
ISADORA -Sai che lá corre il mondo, ove piú versi
di sue dolcezze il lusinghier Parnaso
e che'l vero condito in molli versi
i piú schivi, allettando, ha persüaso. 95
POETA -¡Basta! Me rindo al Tasso;
me rindo a ti. Permite solamente
que hurtada inspiración mi verso aliente.
(El poeta traduciendo del italiano) (116) [282]
 
 
 
ArribaAbajo

La corte de amor

(Texto A)

  (117)
   ArribaAbajoSolemne audiencia un día
daba el Amor; servía 100
Capricho de portero
y a Dama y Caballero
que de su gusto era
fácil entrada abría.
Con los demás hacía 105
de diversa manera.
Vestida entró de gala
Juventud en la sala
y ocupó la testera. [283]
Entraron Risa y juego 110
y se salieron luego.
La Gracia a la Hermosura
llevaba de la mano,
y le alcanzó Ventura.
Llega con gesto ufano 115
Necedad, y se engríe
porque el Amor se ríe.
Mas ya del Chisme aleve
se oye el susurro leve,
y van tras él llegando 120
en bullicioso bando
Sospechas y Recelos
y pendencieros Celos.
La Lisonja apercibe
su más meliflua charla, 125
y gran placer recibe
Amor al escucharla,
Triscaban la Alegría
y la Coquetería,
y con semblante huraño 130
acecha el Desengaño.
Va el Rendimiento tímido,
que aún del desdén se paga;
va la Traición que pérfida
a los que vende halaga. 135
Fe, Modestia, Inocencia
lograron corta audiencia;
y avergonzadas salen
de lo poco que valen. [284]
La Locura no falta, 140
que de Cupido era
antigua consejera
y tiene allí vara alta.
Alrededor del trono
Querellas y Suspiros 145
cantando en flébil tono
hacen variados giros,
y mézclanse en la Danza
Consuelo y, Esperanza.
 
   Falta entre tanta gente 150
la Razón solamente,
porque el Ujier Capricho
que es un perverso bicho
no está en buena harmonía
con la señora mía, 155
y anunciarla rehusa
con una y otra excusa.
Al cabo fue preciso. [285]
«La Razón allí fuera
(dice) su turno espera, 160
y si le dais permiso
hablar con vos querría
antes que se haga tarde».
Responde Amor: «Que aguarde,
o que vuelva otro día». 165 [286]
 
 
 
ArribaAbajo

La corte de amor

(Texto B)

 
   ArribaAbajoSolemne audiencia un día
daba el Amor; servía 100
Capricho de portero
y, solamente abría
a Dama o Caballero
que bien le parecía.
Juventud en la sala 105
vestida entró de gala
y ocupó la testera.
Entraron Risa y juego
y se salieron luego.
Llevó de compañera 110
la Gracia a la Hermosura,
y le alcanzó Ventura. [287]
Esperanzas, temores,
ilusiones que ostentan
del Iris los colores, 115
deseos que atormentan
placeres que embriagan.
Requiebros y suspiros
en torno el numen vagan
en fantásticos giros. 120
Mas hete al Chisme aleve,
que todo lo remueve;
tras su susurro blando
llegan en fiero bando
Sospechas y Recelos 125
y pendencieros Celos.
Fe, Constancia, Inocencia
lograron corta audiencia.
Ruborizadas salen
viendo cuán poco valen. 130
La Locura no falta,
que de Cupido era
antigua consejera
y tiene allí vara alta.
Y el traidor Fingimiento 135
que a los que muerde halaga,
y el fino Rendimiento
que aun del desdén se paga,
el presumido Entono [288]
que del triunfo se precia, 140
el pérfido Abandono,
la Confianza necia
cercan el áureo trono.
 
   Falta entre tanta gente
la Razón solamente, 145
y fue que el tal Capricho
que es un perverso bicho,
nunca en buena harmonía
con la señora mía,
dar al Amor no quiso 150
de su llegada aviso.
Al fin, como precisa
cosa «Una noble dama»
(con solapada risa
le dijo) «aguarda afuera. 155
Doña Razón se llama
que la admisión espera». [289]
 
   Cuando hubo el nombre oído
turbose el tiranuelo;
confuso y amorrido 160
los ojos baja al suelo:
¿Pero por qué cobarde
le he de temer?» decía.
«Entre... mas no... ya es tarde.
Di que venga otro día». 165 [290]
 
 

[280]

77-88. Otra redacción manuscrita de estos versos. Van seguidos de una estrofa totalmente ilegible:
          -¿Cuál es? - Amor - Pardiez, linda materia
          Para un Matusalén - Más grave y seria,
          no puede ser, que enamoradas canas
          no poseo yo, ni propio en mí sería.
          Yo te pido verdad, filosofía -
          pero tantos y tantos
          afamados ingenios han escrito
          sobre ese derecho (ileg.) -
          Plágialos, que con eso me contento -
          ¿Me lo Permites tú? - Tal permito -
          Pues con esa licencia va de cuento. [281]
 
 
92-95. Tasso. - La Jerusalén Libertada, canto I, octava 3.
             Sabes que allá va el mundo do se estima
          el licor lisonjero del Parnaso,
          cuando en sonora y deleitosa rima,
          mejora al hombre de virtud escaso.

(Traducción de Juan Sedeño).

(EDICIÓN CHILENA. SANTIAGO).

[282]
 
 
99. Primera redacción:
          Audiencia daba un día
          Amor
 
 
102-104. Primeros intentos de redacción:
          que a Dama y Caballero
          entrada fácil daba
       * que de su gusto era
 
 
          que a Dama y Caballero
       * que de su gusto era
          gustosamente abría.
 
Este último verso fue tachado y sustituido sucesivamente por los siguientes:
          La puerta al punto abría.
 
          Prontamente admitía.
 
 
105. Otra redacción, que aparece sin tachar en el original:
          Con los demás no hacía [283]
 
 
120. Primera redacción:
          Y van tras él entrando
 
Tacha entrando y escribe llegando. Sin tachar esta última, escribe de nuevo entrando, y la deja igualmente sin tachar.
 
 
127. Primera redacción:
          el Dios al escucharla.
 
 
128-131. Primera redacción:
          Triscaba la Alegría
          con la Coquetería,
          y acecha en un escaño
          ceñudo el Desengaño.
 
 
136. Comenzó a redactar este verso con la palabra Locura.
 
 
137. Primera redacción:
          tuvieron corta audiencia [284]
 
 
140. Primera redacción:
          Locura allí no falta
 
 
114-147. Primera redacción:
       * Cantando en flébil tono
       * Querellas y Suspiros
       * hacen variados giros,
 
 
Segunda redacción:
       * Cantando en flébil tono
       * Querellas y Suspiros
          en torno al regio trono
       * hacen variados giros,
 
 
156-165. Primera redacción:
          y anunciarla no quiso.
       * Al cabo fue preciso.
          «Hay una noble dama,
          dice; Razón se llama
          y hablaros desearía
          si le mandáis que aguarde».
          Responde Amor: «Ya es tarde;
          di que venga otro día».
 
 
Otra redacción de los versos quinto y sexto:
          y preguntar me hacía
          si permitís que aguarde».
 
 
Al dorso del manuscrito intentó Bello nuevas redacciones, sumamente enmendadas. Por las tachaduras es indescifrable el primer intento de redacción. Damos a continuación lo que queda legible:
       * Al cabo fue preciso.
          Y Pide así el permiso
          (ileg.) «Anciana dama, [285]
          que la Razón se llama,
          y hablaros desearía
       * antes que se haga tarde».
          Responde Amor:«Que aguarde,
          o que vuelva otro día».
 
          «Pide vuestro permiso
          (dice) una noble dama
          que la Razón se llama,
          y hablar con vos querría
          de cosas de valía,
       * antes que se haga tarde».
       * Responde Amor: «Que aguarde...
       * o que vuelva otro día».
 
 
Cuarta redacción, no tachada:
       * «La Razón allí fuera,
          señor, su turno espera,
       * y si le dais Permiso,
       * hablar con vos querría».
          «Di que vuelva otro día». [286]
 
 
99. Sigue la numeración correlativa, correspondiente a la página 281.
 
 
99-104. Primera redacción:
          Audiencia daba un día
          Amor, y de portero
          Capricho le servía,
          que solamente abría
          la apetecida puerta
       * a Dama o Caballero
          que a complacerle acierta.
 
 
Otra redacción:
          Audiencia daba un, día
          Amor y le servía
       * Capricho de Portero,
          que sólo abrir solía
          la apetecida puerta
 
 
Los dos últimos versos fueron refundidos así:
          que sólo abre la puerta
 
 
105-109.La primitiva ordenación era: 107, 108, 109, 105, 106. [287]
 
 
123-124. Primera redacción:
          y en susurro blando
          siguen en fiero bando
 
 
129-131. Primera redacción:
          Y avergonzadas salen
          de ver cuán poco valen.
          Locura allí no falta
 
 
134. Siguen estos versos tachados:
          La partera Lisonja,
          que de viento se esponja,
 
 
Corrige el primer verso:
          La pérfida Lisonja
 
 
Tacha y vuelve a dejar la redacción inicial.
 
 
135-165. Primera redacción:
          El fino Rendimiento
       * que aun del desdén se paga,
       * y el traidor Fingimiento [288]
          que a los que mata halaga,
          y el pérfido Abandono
          cercan el áureo trono.
 
       *    Falta entre tanta gente
       * la Razón solamente,
       * y fue que el tal Capricho
       * que es un perverso bicho,
       * nunca en buena harmonía
       * con la señora mía,
       * dar al Amor no quiso
       * de su llegada aviso.
       * Al fin, como precisa
          cosa, «Una dama espera
       * (con solapada risa
          dijo) en la puerta espera,
          saludarlo quisiera.
       * Doña Razón se llama».
          Mucho el Amor se altera.
          Turbado el rapazuelo
          la vista inclinó al suelo
          y habló de esta manera:
          «Que, por mucho tiempo aguarde,
          ¡Qué descortesía!
       * ¡Entre!... Mas no... ya es tarde.
          Di que vuelva otra día».
 
 
Enmiendas hechas a los seis primeros versos:
       * El pérfido Abandono
          y la Confianza necia
          y el presumido Entono,
          que de triunfar se precia, [289]
 
 
158-160. Otras redacciones:
          Amor se turba todo
          cuando su nombre ha oído.
          Cabizbajo, amorrido
          respondió de este modo:
 
          Cuando aquel nombre ha oído
          Amor se turba todo.
          La vista inclina al suelo.
          Contesta de este modo:
 
 
163. Siguen dos versos tachados:
          enojosa, a fe mía,
          la visita» decía
 
 
 

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    Poesías
     Andrés Bello ; prólogo de Fernando Paz Castillo
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