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    Escritos diversos de 1870 a 1874
     Antonio García Cubas
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Una excursión a la Caverna de Cacahuamilpa


I

Muy digno de describirse es el camino que conduce de México a la famosa caverna que es el objeto principal de este artículo. No fijaré mi atención en la parte recorrida de ese camino por el ferrocarril de Tlalpam, por ser demasiado conocida.

La serranía de Ajusco, que por el Sur limita el Valle de México, ligando las sierras del Popocatepetl con las eminencias de las Cruces y Monte Alto, ocupa en latitud una grande extensión de terreno, presentando en sus declives, y muy particularmente en los australes, inclinaciones en extremo rápidas.

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Preséntase el terreno, recorrido por el camino, árido, y apenas se ve en las eminencias que lo coronan una vegetación pobre en extremo. Aun cuando para el viajero, ávido de lugares amenos y pintorescos, estos lugares no tienen ningún atractivo, son, sin embargo, muy interesantes, considerándolos geológicamente. Vense por doquiera enormes grupos de rocas eruptivas que están revelando una acción volcánica tremenda, y las cuales se presentan como inmensos edificios derruidos por la acción destructora del tiempo. El ascenso para traspasar la línea de la división de las aguas, es en extremo difícil, y se llega, después de algunas horas de camino, a Topilejo y a la Venta del Guarda; lugar interesante por determinar el punto más elevado del camino y desde el cual puede observarse el Valle de México en toda su extensión, con su más bella perspectiva.

Del Guarda se llega a la Cruz del Marqués, y desde este punto, que señala los límites del Estado de Morelos, se desciende rápidamente, rapidez que crece de Huitzilac en adelante, de tal suerte, que los carruajes ruedan con una velocidad que casi se asemeja a la que adquieren los cuerpos abandonados a su propio peso; y a medida que se desciende, la temperatura se eleva, comprobando la observación tantas veces hecha, de que en México bastan unas cuantas horas de   -129-   camino para pasar de una zona en extremo fría a otra cálida. La vertiente austral de la serranía de Ajusco, que en esta parte toma el nombre de Cuesta de Huitzilac, no se presenta con la desnudez del declive septentrional. Muchos árboles de la familia de las coníferas, cubren el terreno, observándose los oyameles en las cumbres, y los ocotes, pinos, encinos y algunos cedros en los declives.

Multitud de barrancas surcan el suelo y descienden hacia los planes de Cuernavaca, encontrándose esta ciudad, antes de ahora capital del Estado de Morelos, entre dos de ellas. La mayor parte de esas barrancas se interponen entre Cuernavaca y los pueblos de Chalma y Ocuila, del Estado de México, erizando de dificultades y de fuertes pendientes, las veredas que ligan entre sí esas poblaciones.

Distínguese desde la eminencia de la cuesta, la tierracaliente ofreciendo un bello panorama. Las lomas sucesivas que tanto caracterizan la topografía de los terrenos de Cuernavaca, desaparecen a causa de la altura de donde se observan, y sólo se admiran extensos planes matizados por el frondoso follaje de las plantas tropicales y por los plantíos de caña, cuyo color esmaltado de verde más o menos intenso, según el mayor o menor crecimiento de las plantas, armoniza con los variados colores que reflejan los terrenos sin   -130-   cultivo. Descúbrense a los vivísimos resplandores del sol y diseminados en las campiñas, agrupados los edificios de las poblaciones y separado el plan de Amilpas del de Cuernavaca, por la sierra de Tetillas, Montenegro y Jiutepec, y por último, se ven a lo lejos escalonadas, sobre planos inclinados, diversas eminencias que terminan con las crestas de las elevadas sierras que por todas partes circundan el Estado de Morelos, y cierran sus horizontes.

Cuernavaca (Cuauhnahuac, rodeada de flores), se halla situada, según las observaciones astronómicas de don Francisco Jiménez, a 18º 53' 02" 31 de latitud Norte y 0º 06' 19" 50 de longitud Oeste de México, a 1.505m de altura sobre el mar y a 18 leguas Sur de la capital de la República. El terreno en que se asienta forma una loma entre dos grandes depresiones, ofreciendo en sus calles frecuentes ascensos y descensos. Desde cualquiera altura de la ciudad se abarca de una sola mirada el territorio del Estado en toda su extensión.

Se descubren las montañas que lo limitan y las que interrumpen la uniformidad de su suelo: al Norte, la serranía de Ajusco; al Oriente las nevadas y majestuosas cumbres del Popocatepetl y el Iztaccihuatl en último término, y en el primero, las cimas de formas caprichosas de la sierra de Tepoztlán. Los extensos plantíos de caña, los   -131-   platanares que extienden sus erguidas y lustrosas hojas en medio de una vegetación lozana, esmaltan los campos de un verde hermoso, revelando las riquezas de un Estado esencialmente agrícola.

El clima de la ciudad como el de todas las localidades del Estado, es cálido, marcando el termómetro como temperatura máxima en tiempos normales, a las tres de la tarde, de 24º a 25º centígrados. La declinación de la aguja es de 8º 30' al Este.

La población actual de la ciudad, es de 16.000 habitantes repartidos en 500 casas que forman el casco, y en las casuchas de sus huertos y campos. Comprende 60 calles y callejones, 5 plazas, 5 templos; el antiguo palacio de Cortés, que posee más bien el carácter de un edificio fortificado, carácter que va desapareciendo por las reedificaciones. En él residían los poderes del Estado, que se trasladaron posteriormente a Cuautla, su nueva capital.

La ciudad posee además el edificio del Instituto literario, el teatro de Alarcón, que puede contener 2.000 personas, un hospital, un matadero, doce posadas, un cuartel, casa de correos y estación telegráfica; una imprenta, cinco curtidurías, un molino de aceite, cuatro fábricas de aguardiente, ocho de ladrillos y tejas y ocho caminos vecinales.

Forman los suburbios de esta ciudad los siguientes barrios: San Pedro y Santo Cristo, por   -132-   el Sur; Amatitlán, por el Este; San Antón, por el Oeste, y Guadalupita y el Calvario por el Norte.

Pasado el pintoresco pueblecillo de San Antón, a 3 kilómetros Noroeste de Cuernavaca, se desciende a una profunda barranca por un sendero estrecho y pedregoso. En esta barranca y de una altura de 37 metros, el agua que proviene de otra barranca llamada de Toto, se precipita, formando en su caída preciosas ondulaciones, alternando con delgados hilos cristalinos que se apartan de la masa principal del torrente. De la cuenca abierta por el agua con su incesante golpeo, se eleva ésta en menudas partículas, produciendo a los vivísimos rayos del sol, los colores del iris, notables por su persistencia. El continuo movimiento del agua al pie del salto, ha descarnado la montaña, abriendo una gruta profunda que por su lobreguez contrasta tanto con la blancura de la corriente cristalina, y con el fresco verdor de los helechos, de los arbustos y plantas tropicales, que engalanan aquella cuenca. Grietas profundas surcan horizontalmente las paredes verticales de la barranca que miran al Oriente, en tanto que en el declive opuesto un grupo de prismas basálticos incrustados en el terreno, alternan con las lucientes hojas de las anonáceas. Los festones de bejuco que, pendientes de la cima, flotan a más de media altura de   -133-   la barranca, y la frondosidad de los árboles, entre cuyo follaje se descubren las esbeltas hojas del banano, contribuyen a hermosear el lugar, dándole un aspecto encantador.

Tres cuartos de legua al Este de Cuernavaca, se halla el pueblo de Chapultepec (cerro del Chapulín), ameno por sus huertas de árboles frutales y siembras de semillas y legumbres.

Hacia el Sur y a la misma distancia se encuentra el pueblo de Acapantzingo (frente del Carrizal). La industria de sus habitantes consiste en el cultivo de árboles frutales. Su situación a inmediaciones de la capital y su amenidad, hacen de este pueblo un lugar de recreo.

En él, el archiduque Maximiliano hizo construir una gruta con hermoso jardín y extensa huerta.

El Estado de Morelos se halla dividido para su administración en las siguientes fracciones:

Municipalidades Raza mixta Indígena Extranjeros Total
Distrito de Cuernavaca
Cuernavaca 8.225 5.807 44 14.076
Tepoztlán 2.456 4.149 - 6.605
Xochitepec 2.974 2.797 6 5.777
Tlaltizapan 5.468 1.800 15 7.283
Xiutepec 2.902 612 5 5.519
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Distrito de Morelos
Cuautla 10.078 1.399 29 12.106
Ayala 1.206 2.610 2 3.818
Ocuituco 1.381 6.329 - 7.710
Yecapixtla 4.835 1.580 1 6.416
Distrito de Yautepec
Yautepec 3.059 4.017 20 7.096
Tlayacapam 2.021 3.979 - 6.000
Totolapam, municipio 1.571 2.213 2 3.786
Tlalnepantla, municipio 1.044 1.786 - 2.830
Distrito de Tetecala
Tetecala 1.972 1.532 3 3.507
Miacatlán 3.619 909 13 4.541
Jojutla 3.140 3.535 14 6.689
Tlaquiltenango 1.343 3.932 11 5.286
Puente de Ixtla 2.044 1.860 6 3.910
Amacusac, municipio 1.227 1.773 2 3.002
Coatlán del Río, municipio 1.357 589 - 1.946
Mazatepec, municipio 1.103 345 - 1.448
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Distrito de Jonacatepec
Jonacatepec 5.294 2.375 6 7.675
Zacualpam Amilpas 2.469 4.854 4 7.327
Xantetelco 2.623 2.320 2 4.945
Tetelilla 2.189 2.914 - 5.103
Tepaltzinco 1.140 3.728 - 4.868
________ ________ ________ ________
Sumas 77.670 72.714 185 149.269

El camino para llegar a Cacahuamilpa recorre los terrenos pertenecientes a los distritos de Cuernavaca y Tetecala; y a medida que en él se avanza, se descubren a uno y otro lado, más o menos cerca, los pueblos y haciendas de la mayor parte de sus municipalidades.

Al Noreste de Cuernavaca se ven las montañas de Tepoztlán (lugar de fierro). La villa del mismo nombre, cabecera de la municipalidad, se encuentra situada en la cañada que se forma por los montes de Otlayuca. Esta cordillera, que se desprende de la sierra del Popocatepetl, se halla revestida casi en su totalidad de vegetación, produciendo cedros, ayacahuites, caobas, encino   -136-   de diversas clases y el oyametl. En tiempo de lluvias esas eminencias adquieren un bello aspecto, así por la frondosidad de la vegetación como por los arroyuelos que se forman y precipitan desde las alturas, serpenteando por los declives como hilos de plata, y que por su blancura tanto contrastan con las ennegrecidas superficies de las rocas. Al llegar esos arroyos a las partes más bajas, forman otras tantas cascadas y se unen por medio de varias barranquillas a un arroyo que recorre los terrenos de la municipalidad. No escasean en las mismas montañas los minerales de fierro, circunstancia de donde tomó origen el nombre de la población.

Al Suroeste de Cuernavaca y a dos y media leguas se encuentra Xiutepec (cerro de yerba) con mil doscientos setenta y nueve habitantes. El pueblo se halla situado en medio de un llano limitado al Oriente por varias eminencias que forman una cordillera rica de vegetación y entre cuyos árboles se cuentan algunos de finas y exquisitas maderas. Las principales cumbres de esa cordillera se denominan Barriga de Plata, llamada así por ser mineral; el Tajón, la Palma, Rancho del Cerrado y Monte-Negro. En este último lugar tuvo efecto el 22 de Agosto de 1870 un fenómeno que causó gran sensación entre los habitantes de aquellas comarcas. Al declinar la   -137-   tarde de ese día, inmensos nubarrones vertían el agua a torrentes, escuchándose al propio tiempo bajo de tierra fuertes detonaciones y sintiéndose un ligero terremoto. Al día siguiente se observó que la vegetación que revestía la montaña había desaparecido en una extensa zona de sus vertientes, presentando sólo rocas ennegrecidas y sin lesión alguna la cumbre. Todos los despojos de tierra, piedra y malezas, presentando una masa compacta, cubrían a poca distancia el suelo arrojados allí, sin duda alguna, por la fuerte tensión del aire, que, dilatado violentamente por el calórico interior, abriose paso por los declives de ella. Esos despojos formaron en algunos puntos un espesor que varía de una y media a tres varas.

Dos arroyos de agua permanente, fresca y abundante, riegan los terrenos de la municipalidad; ambos se conocen con el nombre de la Barranca. Uno de ellos nace en el pueblo de Chapultepec, de la jurisdicción de Cuernavaca, riega la hacienda de Atlacomulco y pasa por el centro del pueblo de Xiutepec, y el otro se forma de los veneros de Texalpam, aumentando su raudal con el agua que proviene de las vertientes de las fuentes al Noroeste y muy cerca de Xiutepec. Reúnense ambas barrancas, cuyo curso es de Norte a Sur, en el pueblo de Zacualpam, a cuatro kilómetros al Sur de la cabecera.

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Conócese con el nombre de Paseo de las Fuentes un sitio ameno, que dista dos kilómetros de Xiutepec hacia el Noroeste. Copiosos manantiales de agua cristalina forman una corriente rápida en medio de una vegetación virgen y lozana: grupos de frondosos sabinos, de fresnos y álamos, higueras silvestres, naranjos, manglares y otros árboles frutales dan sombra a ese río, a cuyas márgenes se extienden risueñas y fértiles campiñas.

Desde el camino, y a diez kilómetros de Cuernavaca, se distinguen por la parte oriental la hacienda del Puente y el pueblo de Xochitepec.

Xochitepec, que quiere decir cerro de la flor, es la cabecera de la municipalidad de su nombre, con mil quinientos habitantes, y distante de Cuernavaca veinte kilómetros al Sur. Las montañas de Colotepec, Alpuyeca, San José y Tetelpa, forman hermosos valles, y muy particularmente el que ocupan los terrenos de las haciendas llamadas Chiconcuac y el Puente, donde se cultiva la caña de azúcar y el arroz, artículos que constituyen la principal riqueza de estos lugares. Riegan estos valles dos ríos que se conocen con los nombres de Apatlaco y Alpuyeca, cuyo curso es de Norte a Sur, y su confluencia en un punto cerca de Xoxocotla. El primero nace en la barranca de Santa María,   -139-   municipalidad de Cuernavaca, y el segundo en las de Tetlama. Reúneseles en Apatlaco considerable cantidad de agua salobre que proviene de dos manantiales. En estos ríos se pescan truchas y bagres.

La hacienda de caña de Temisco, de la municipalidad de Cuernavaca, y las de Chiconcuac y San Vicente, puede decirse, que hoy forman una sola hacienda, cuyos frutos se benefician todos en esta última. El señor Bermejillo, propietario de ellas, ha logrado establecer en la de San Vicente una magnífica maquinaria para la elaboración y purificación del azúcar, cuyo costo ha ascendido a la suma de 200.000 pesos.

Estas haciendas elaboran al año:

Temisco 26.000 @ de azúcar 39.000 de miel
San Vicente 81.000 " 17.488 "
Chiconcuac
________ ________
107.000 56.488

El camino prosigue por los terrenos pertenecientes al distrito de Tetecala. Ocupan todo el distrito, extensos lomeríos y grupos de cerros de poca elevación que por su aridez forman un notable contraste con las frondosas y fértiles cañadas. Los ríos que las riegan son: el de Coatlán que nace al Norte en las montañas de Ocuila, del Estado de México, pasa por la hacienda de Cocoyotla,   -140-   Coatlán del Río, Tetecala, San Miguel Coatlán y Coachichimola, uniéndose al Amacusac; el río Tembembe nace igualmente en la barranca de Toto, pasa por terrenos de Cuentepec, Miacatlán, Mazatepec y Ahuehuecingo y se une al anterior, a una legua al Norte de Ixtla. En estos ríos se cogen camarones, bagres, cangrejos, mojarras, perros de agua, roncadores, salmiches y truchas. La laguna de Coatetelco, situada al Oriente de Mazatepec y de un kilómetro de longitud, presenta un panorama agradable por los plantíos de caña que la rodean y por la multitud de garzas que se ven sobre la superficie de las aguas. Esta laguna produce igualmente truchas y bagres. Perteneciente al distrito se encuentra otra laguna muy notable, en jurisdicción de Puente de Ixtla. Conócese esta laguna con el nombre de Tequesquitengo, cuya extensión es de cuatro leguas cuadradas. Dos particularidades notables ofrece esta laguna a la atención del viajero. La primera consiste en su gran profundidad, calculada en 50 metros hacia el centro.

Cerca de su orilla austral se halla sumergido un pueblo, pudiendo distinguirse, cuando la diafanidad de las aguas lo permiten el frontispicio del templo, sobresaliendo de la líquida superficie, la cruz con que remata la torre.

Constituye la segunda, la existencia de unos   -141-   toros, llamados caravaos que han contraído la costumbre de vivir en el agua y que en vano se ha tratado de sujetarlos al yugo. Cuando el calor del sol se hace sentir con mayor fuerza, huyen apresuradamente burlando la vigilancia de sus guardianes, y se introducen en la laguna, uncidos muchas veces a los carros o arados.

La villa de Tetecala (casas de piedra), cabecera del distrito, se halla situada a la margen izquierda del río Coatlán y a 40 kilómetros Suroeste de Cuernavaca, con 2.000 habitantes. Sus terrenos son productivos y su vegetación tan vigorosa que el maíz de riego, se cosecha antes de cuatro meses y el de temporal a los seis después de su siembra; el plátano siempre da su fruto tan sólo limpiando la planta y el terreno en que ha crecido; la caña de azúcar adquiere muchas veces en su desarrollo una longitud de tres metros; se cosecha además el frijol, chile, ajonjolí, camote y arroz, cuyo cultivo es de la mayor importancia en las vegas todas del río Coatlán; deben mencionarse entre las frutas, sandías, melones, cocos, aguacates, limas, anonas, timbirichis, chicozapote, mangos, ilamas, guanávanas, dátiles, ciruelas, mameyes y zapotes prietos, produciendo además en abundancia, toda clase de legumbres y verduras.

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El calor es insoportable en esta localidad, marcando el termómetro a la sombra hasta 31º C.

A 4 kilómetros de Tetecala, prosiguiendo el camino hacia el Poniente, se encuentra el pintoresco pueblo de Coatlán del Río (lugar de culebras). Erguidos cocoteros se agrupan en torno de la iglesia parroquial, de humilde aspecto; los cafetos y platanares, entre cuyo follaje descuella el esbelto papayo, apenas permiten descubrir, por entre sus ramas, las habitaciones de la población. El tupido ramaje de corpulentos árboles, entre los que se cuentan los naranjos, mangos, limoneros y limeros, se dibuja en las aguas de un río cristalino, que con sus vegas fértiles y amenas aumenta los encantos de tan bello paisaje.

Apenas se sale de esta población se vuelve a caminar por lomas y colinas estériles, con dirección al Sur, y sólo de trecho en trecho se distinguen algunas cañadas vestidas de vegetación.

A 6 kilómetros de Coatlán se penetra en una cañada formada por opuestas eminencias en los confines del Estado, límites con el de Guerrero, ascendiendo por una vereda pedregosa, a la falda de la montaña, hasta llegar al pueblecillo de Cacahuamilpa (siembra de cacahuates) que dista de Coatlán 8 kilómetros. Algunas casuchas y un templo pequeño, de humildísimo aspecto, ocupan la falda de un cerro, y desde este punto, caminando   -143-   siempre por desfiladeros y en continuo descenso, se llega al grupo de cerros elevados, en uno de los cuales súbitamente se descubre la abertura de la famosa Caverna de Cacahuamilpa.




II

Antes de penetrar en los antros misteriosos de la caverna, conviene dar una idea de la topografía del lugar. Los accidentes exteriores del terreno de tal manera se relacionan con aquella gigantesca obra natural, que hacen indispensable el pleno conocimiento de todos sus detalles.

Tomando por punto de partida la montaña de la caverna, extiéndense al Norte de ella, dos cordilleras opuestas que forman una cañada, cuyo thalweg tiene una dirección de Norte a Sur. De estas dos cadenas la occidental se liga inmediatamente con la montaña de la caverna, en tanto que la oriental, desviándose por enfrente de ella, deja un espacio de terreno, en el cual se eleva otra eminencia, de una altura casi nula por el lado de la cañada, pero de grande elevación por el opuesto, en donde la contrapendiente se confunde con la vertical.

Tan fuerte es por esta parte la depresión del terreno, que para descender a él, se hace preciso,   -144-   las más veces, apoyar pies y manos en las ramas y troncos de los árboles para evitar la caída por los desfiladeros. Esta cuenca da origen a otra cañada, cuya dirección es de Occidente a Oriente. El descenso rápido en tan corto espacio de terreno convierte éste en un lugar de extremada fragosidad. Vense rocas acantiladas, dominando el abismo y taladradas por las aceradas raíces de los amates. Allí la naturaleza agreste oculta con un manto de espléndido follaje una de sus obras más admirables. Saltando de uno en otro peñasco y abriéndose paso por entre las ramas de los árboles, el viajero llega a colocarse en un punto, en medio de un río cristalino, desde donde, lanzando instintivamente un grito de sorpresa, puede admirar a un tiempo mismo dos colosales y bellísimas grutas, de cuyo fondo salen serpenteando y en rápida corriente, los dos ríos que alimentan el Amacusac. Las piedras calizas que forman las bóvedas de las grutas se hallan dispuestas de tal manera, que parece que en su colocación intervino el arte con sus precisas reglas; despréndense de las grietas de las bóvedas y en forma de festones, las estalactitas con aquel desorden que aumenta los encantos de la naturaleza.

Las bóvedas disminuyen gradualmente de altura, presentando en el fondo una lóbrega abertura por donde sale el agua, dando indicios de la   -145-   profundidad de los subterráneos. La espléndida luz que ilumina la parte abierta de las grutas, lucha por penetrar en el fondo para disipar las tinieblas, y apenas con sus reflejos, hace brillar el agua en los puntos en que, por algunos obstáculos, rompe su corriente.

De vez en cuando parvadas de guacamayas, asustadas por la presencia del viajero, abandonan sus nidos, hendiendo el aire con su rápido vuelo, bajo las cenicientas rocas de las grutas, para proyectarse después en la purísima bóveda del cielo.

Esas dos grutas se hallan en opuesta posición: la una mira al Norte y la otra al Sur, reuniéndose frente de la primera los dos ríos que forman el Amacusac. Si se busca el origen de éstos, preciso es remontarse hasta las alturas de Tenancingo y de Ixtapa de la Sal, en el Estado de México, cuyo territorio riegan dirigiendo su curso hacia la montaña de Cacahuamilpa, para perderse en ella y brotar de nuevo en el agreste lugar que acaba de describirse.

Encumbrando de nuevo la eminencia, el viajero puede contemplar, desde la meseta, la extensa boca de la caverna con los verdes festones de follaje que la adornan, y algunas concreciones de estalactitas que se presentan como un indicio de las   -146-   maravillosas cristalizaciones que en sus antros aquélla encierra.

Llégase a la abertura natural por un sendero estrecho y de poca extensión. La longitud de la base de esta abertura es de 36 metros, su mayor altura de 4,75. El rumbo de la base 19º Suroeste y la temperatura a las doce del día y a la sombra, 27º R.

La existencia de la caverna permaneció ignorada hasta el año de 1833. Los mismos indios, antes de esta época, no se atrevían a penetrar en ella, creyendo, en su ciego fanatismo, que la primera estalactita en figura de chivo, era la encarnación del espíritu malo que impedía el acceso al interior.

Un incidente reveló al mundo civilizado la importancia de esa tan prodigiosa obra natural. Refugiado un criminal en la caverna, permaneció en ella durante el tiempo que duró la persecución, cesada la cual, pudo regresar a su hogar, asombrando con sus relaciones fantásticas a los vecinos de Tetecala, quienes inmediatamente dispusieron la primera expedición.

Muy dividida se encuentra la opinión respecto de las teorías referentes a la formación de las cavernas: unos la atribuyen a la acción de las aguas y otros a la plutónica.

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La existencia de los dos ríos, que perdiéndose en la montaña de Cacahuamilpa surgen de nuevo en un lugar más bajo que el suelo de la caverna, ha hecho presumir que en la formación de ésta las aguas han ejercido la acción principal; pero si se atiende a diversas circunstancias contrarias, debe creerse más bien que tal efecto tuvo por causa una dislocación violenta del terreno, de la misma manera que se observa en las grietas de los minerales, con sólo la diferencia de haber sido éstas inyectadas por las materias fundidas.

Los terrenos adyacentes, en los cuales se advierten dislocadas y metamorfoseadas las capas calizas, corroboran esta aserción.

En los mares, el continuo movimiento del agua desaloja las materias sólidas del terreno, abriendo grietas y grutas profundas, así como en las tierras continentales las aguas han contribuido principalmente a perforar las montañas. No sólo esta causa puede producir tales efectos: la eyección de materias eruptivas, el enfriamiento de las lavas, la expansión de los gases y vapores y la liquidación ígnea de las rocas, son otras tantas causas a que debe atribuirse la existencia de las grutas y cavernas que tan justamente nos admiran. Supónese igualmente que los espacios hoy libres se hallaban ocupados en tiempos remotos   -148-   por grandes masas de sal que, disuelta por el agua, fue arrastrada en su corriente; mas lo que no admite duda es, que la acción plutónica ha sido el agente principal en la formación de muchas cavernas.

Escudriñando con la mayor atención el interior de la caverna, no se ven ni cantos rodados, ni arenas, ni limo que hicieran presumir la existencia en épocas lejanas de grandes corrientes que produjeran la grande oquedad que nos admira; por el contrario, todas las rocas que se encuentran agrupadas en el suelo y provienen de fuertes derrumbes, así como las que forman las paredes y las bóvedas, son angulosas, con sus aristas bien determinadas; circunstancias que no se observan en las dos grutas de que he hecho mención. Aquí se encuentran grandes peñascos sin aristas y carcomidos por la acción del agua. La existencia de los dos ríos próximos a la caverna debe atribuirse a una coincidencia casual, como ha podido observarse en otras cavernas cuyas circunstancias son idénticas. La montaña de Cacahuamilpa, según fundadas conjeturas, se halla perforada en todas direcciones, formando galerías laterales, quizá tan interesantes por sus detalles como por el cañón principal que ya conocemos. Los ríos de Ixtapa y Tenancingo, según mi humilde juicio, que de ninguna manera puede   -149-   reputarse como una conclusión definitiva, no perforaron la montaña, sino que, encontrando sus corrientes caminos subterráneos, prosiguieron por ellos su curso.

Por otra parte, no puede creerse sin violencia, que dos ríos de tan escaso caudal hayan podido no sólo abrir el cañón principal, sino las galerías laterales que hacen del conjunto un verdadero laberinto. En la formación de la caverna de Cacahuamilpa puede haber intervenido el agua, pero no como agente principal.

Prosigamos nuestra excursión al interior de la caverna.

Descendiendo por una rampa arenosa, se penetra a la primera galería, enteramente iluminada por la luz natural. Las extensas proporciones de esta galería, con sus paredes de rocas acantiladas y de enormes peñascos que parece que se derrumban; los festones de estalactitas que se ven suspendidas de la ancha bóveda, surcada por grietas profundas; las caprichosas estalagmitas que se presentan, ora en figura de preciosas coliflores, ora representando columnas de mármol; y por último, la pavorosa oscuridad que reina ya en la segunda galería, en medio de la cual apenas se distingue el brillo de las antorchas, todo ello forma un conjunto de admiración para el hombre indiferente, y de conmoción y   -150-   asombro para el que ha recibido de la naturaleza el sentimiento de lo grande y de lo bello.

Las estalactitas y las estalagmitas no son otra cosa que las concreciones de caliza incrustante. Filtrándose el agua que lleva en disolución el bicarbonato de cal, se adhiere en el techo de la caverna a una yerba o a cualquiera objeto pequeño que forma un núcleo; por el desprendimiento del ácido carbónico, la materia caliza vuelve a su estado primitivo, revistiendo a aquel objeto. Nuevas filtraciones producen el mismo efecto, haciendo crecer, por agregación sucesiva, las estalactitas, que adquieren las más variadas figuras.

Las gotas que se desprenden de la bóveda y caen al suelo, elaboran de la misma manera otras concreciones en sentido inverso, constituyendo entonces las estalagmitas, que muchas veces se unen a las estalactitas por sus vértices.

La atención del viajero, en la primera galería, se fija preferentemente en dos objetos: primero, en la estalagmita que representa el chivo encantado, que por habérsele destruido la cabeza ha perdido su primitiva forma; y después en una preciosa columna que, con su gracioso capitel a manera de un penacho, sostiene el arranque de un arco natural. La presencia de esta columna despierta la idea de la creación de un estilo de   -151-   arquitectura a imitación de la naturaleza; así como un canastillo con la preciosa hoja de acanto, infundió a los griegos la idea del hermoso capitel corintio.

Salvando los obstáculos que ofrece el hacinamiento de las rocas desprendidas de la bóveda, se pasa al salón del Púlpito, que yo me atrevería a llamar, más bien, galería del Trono. Aquí la oscuridad es completa y apenas puede distinguirse, a la tenue luz de las antorchas, las hermosas concreciones, cuyo interés, por su forma y magnitud, crece progresivamente. Primorosas labores de encaje y filigrana bordan el suelo y rodean las enhiestas estalagmitas; en tanto que bellas incrustaciones, blancas como el mármol de Carrara, revisten las paredes y reflejan la luz con sus prismáticos cristales. En forma de elegante cortinaje circular y diestramente arrugado por la mano maestra de la naturaleza, se desprende de la bóveda un haz de estalactitas, cubriendo una concreción que gradualmente se levanta del suelo.




III

El cañón principal de la caverna, cuya dirección general es al Poniente, con poca inclinación al Sur, se halla dividido por arcos naturales o   -152-   por grandes agrupamientos de estalagmitas colosales. Solamente en el tránsito de una a otra galería, cuyo sitio preciso no recuerdo, se observa un cambio brusco de dirección al Sureste, de manera que los ejes de ambas galerías forman un ángulo agudo.

El corto tiempo que permanecí en la caverna, no me permitió anotar todos los monumentos notables que ésta encierra, para poder, cuando menos, dar una idea de ellos; me limitaré, por tanto, a describir ligeramente los que mayor impresión me causaron.

Al penetrar en una de las galerías se admiran bellas y colosales estalagmitas, que iluminadas por las bujías y vistas de lejos, aparecen como edificios principales de una gran ciudad; se ve en primer lugar, un palacio de mármol con sus farolas encendidas, efecto producido por las bujías, y a su izquierda, medio perdido por las sombras, un templo, en cuyo cementerio se elevan dos o tres erguidos pinos. La ilusión no desaparece sino hasta el momento en que casi se tocan con las manos aquellas concreciones. Entonces, como por un efecto de fantasmagoría, desaparecen los edificios, convirtiéndose el palacio en una primorosa fuente invernal. De dos tazas sobrepuestas y de mayor a menor diámetro, se desprenden chorros de agua congelada, cuyo receptáculo general es   -153-   un estanque con sus pretiles perfectamente determinados aunque irregulares. Debería llamarse este salón, «Galería de la fuente».

El extenso tramo de los monumentos se halla dividido por un grupo de voluminosas estalagmitas, y en él, durante nuestra permanencia, los fuegos de Bengala produjeron efectos maravillosos.

Hallándonos en el término de la galería, encendiéronse aquéllos en el extremo opuesto, permitiéndonos distinguir, ante un vivísimo fondo de luz, las enhiestas moles de las estalagmitas, de entre las cuales sobresalía una por sus esbeltas proporciones, su aguzada cima y disposición de sus cristales, que la hacían aparecer como la torre gótica de una catedral. Rodeada esta estalagmita por otras informes y agrupadas como los edificios de una población, cualquiera creería, atendiendo a la forma de la torre, que desde una altura contemplaba a la ciudad de Estrasburgo, a la luz del crepúsculo matinal.

Los reflejos de esa luz, interceptada por los monumentos, iluminaban muy confusamente la parte superior de la bóveda, que en el conjunto de sus grandes peñascos y profundas grietas, aparecía como un cielo nublado y tempestuoso. En vano luchaba la imaginación por desechar ese efecto ilusorio para dar cabida a la realidad; aquellos   -154-   monumentos la mantuvieron viva, hasta que extinguida la luz quedaron sumergidos en las tinieblas.

Llama mucho la atención la galería a que se da el nombre de Salón del Muerto. Refiérese que habiéndose internado un viajero en la caverna sin guías y sin la indispensable cuerda que dirigiera sus pasos a su regreso, pereció presa de las mayores angustias, afanándose por encontrar la salida. Consumida la luz de la antorcha y la que se proporcionó quemando sus propios vestidos, ya en medio de las tinieblas, vagaba a la ventura de uno en otro laberinto. Notables son las palabras con que describe este fatal incidente la viajera Calderón de la Barca, esposa del primer ministro español acreditado cerca de nuestro gobierno. La referida señora se expresa así:

«Unos viajeros descubrieron aquí el esqueleto de un hombre, tendido sobre un costado, y con la cabeza casi revestida de cristalizaciones. Probablemente habría entrado solo en estos laberintos, ya impulsado por una atrevida curiosidad, o ya huyendo de alguna persecución, y no encontrando salida moriría de hambre. Cierto que es casi imposible encontrar la salida de la cueva, sin algunas señales que guíen los pasos entre aquellas galerías, salas, entradas y salidas y corredores compartidos.

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»Aunque hay muchos objetos tan notables que al instante se pueden reconocer, tales como el anfiteatro, por ejemplo, hay cierta monotonía hasta en esta variedad; y fácil es concebir la situación en que debió hallarse aquel infeliz vagando entre obeliscos y pirámides, y baños de alabastro y columnas griegas; entre congelados torrentes que no podían apaciguar su sed, y árboles con frutas y hojas de mármol y vegetales cristalinos, que se burlaban de su hambre, entre pálidos fantasmas que no podían socorrerlo en sus apuros; figúrasele a uno oír sus gritos pidiendo auxilio, donde las voces producen un eco como si todos los pálidos habitantes de la caverna respondiesen con burla, y verle en seguida, después de apagada el hacha, acostarse exhausto y desesperado cerca de algún portal de mármol para morir».

La galería de los Órganos es sin duda la más notable por la forma y número de las estalactitas y estalagmitas que se presentan bajo la forma de Cactus cristalizados. Las variadas figuras de unas y otras, y su agrupamiento complicado en grandes masas, dan a esta galería el aspecto de un edificio gótico. La percusión en esas cristalizaciones produce sonidos más o menos graves en proporción al grueso y densidad de aquéllas.

Sorprenden otros salones por las figuras tan   -156-   hermosas como variadas que ofrecen las concreciones, las estalactitas en forma de airosas lámparas, y las estalagmitas semejando esbeltos candelabros, elevados obeliscos y graciosas palmas; pudiendo decirse que allí la naturaleza se hallaba representada en sus tres reinos: desde la pequeña coliflor hasta el colosal sabino con sus flotantes madejas de parásitas, convertidas en hilos de cristal; así en el reptil como en el mamífero que se ve a la entrada de la caverna; y por último, tanto en las piedras oolíticas como en las columnas y rocas monolíticas.

Regadas en el suelo de la caverna se encuentran pequeñas concreciones globulosas, que llaman confites, las cuales se forman por el agrupamiento del carbonato de cal que tiene el agua en disolución, en torno de una burbuja de aire, de un grano de arena, o de un cuerpo orgánico, formándose primero el núcleo y engrosándose sucesivamente por capas. Estos granos se llaman oolitas si son pequeños y pisolitas si son grandes y bien determinadas las capas que los forman. M. Virlet pudo observar este fenómeno en nuestro lago de Texcoco, según hace notar don Juan Vilanova en su preciosa obra Compendio de geología. Fenómeno debido, como se expresa en ella, a la «consolidación o fijación del carbonato de cal alrededor de cada uno de los huevos, que   -157-   en número prodigioso, depositan en el fondo de las aguas la Corixa femorata y la Notonecta unifasciata, insectos hemípteros de la tribu de los Notonectídeos».

Las estalactitas tubulosas abundan en la caverna, blancas, huecas y traslúcidas como el cañón de una pluma; así como las estalagmitas de numerosas y pequeñas masas, agrupadas y arriñonadas en forma de coliflor.

Aun cuando en los grandes monumentos, las concreciones se presentan opacas y muy parecidas al mármol estatuario, se encuentran, sin embargo, otras muchas cristalizaciones, unas traslúcidas y otras diáfanas como el cuarzo y el cristal de roca.

El suelo de la caverna va en continuo ascenso de una a otra galería; de suerte que el viajero puede observar sucesivamente, antes de traspasar, cada uno de los tramos, el ascenso de los guías que le preceden y el hermoso efecto que producen las luces de las antorchas en las alturas de los peñascos.

Al regresar de las remotas galerías de la caverna, cree el viajero haber dado fin a sus impresiones, sin sospechar el maravilloso y mágico efecto que le preparan los primeros destellos de la luz natural. Sumergido durante largo tiempo en las tinieblas a pesar de las antorchas, cuyo   -158-   efecto en los antros de la caverna no es otro que el producido por la luz fosforescente de las luciérnagas en la inmensa extensión de los campos, la aparición súbita de los rayos solares le causan la más viva y grata impresión. Despréndense en perspectiva, como los rompimientos de una decoración, las salientes rocas de las paredes y bóvedas en forma de pilastras y arcos naturales, presentándose en último término, como el fondo de la escena, la famosa entrada de la gruta, por la cual penetra una luz verde, tenue y apacible reflejada por las plantas exteriores, y velando, como con una gasa sutil, todos los objetos, creyendo ver por último, el viajero, en todos esos detalles, los preparativos para una representación fantástica.

La total extensión de la caverna no es conocida, a pesar de haber llegado todos los viajeros que la han visitado a la galería de los Órganos, fin de aquella según la expresión de los guías. Diversas circunstancias revelan, muy fundadamente, la falsedad de tal aseveración. El aire que se respira y alimenta la luz artificial en lugares tan profundos, demuestra la existencia de comunicaciones directas con el exterior. La desconfianza y el temor que para nuevas exploraciones a la aventura revelan en sus palabras los guías, dan fuerza a mi observación; apoyándola asimismo las   -159-   tradiciones, según las cuales existen galerías en donde el estruendo de un torrente infunde cierto pavor que obliga a retroceder a los exploradores; y confírmala, por último, la opinión de un viajero observador, el señor Landecio. Desde una eminencia, que este señor llama el palco escénico, en la Sala de los Órganos, se observa la continuación de la galería independientemente de aquélla por donde los guías conducen a los viajeros, siguiendo una planta curvilínea para volver al cañón principal. Otra observación hice en aquellos subterráneos en el momento en que los referidos guías nos condujeron a la galería de los Órganos: el cambio brusco respecto de la dirección general, tal vez nos conducía a una galería lateral, única conocida de las muchas que contiene en su conjunto aquel laberinto.

No explorada suficientemente, como de hecho no lo está nuestra famosa caverna, no podemos asegurar que por su extensión sea la primera del mundo. La gruta de Mammouth, en Kentuky, cerca de Luisville, tiene la extensión enorme de cuarenta kilómetros, contándose en ella doscientas veinte avenidas, cincuenta y siete cúpulas, once lagos, siete ríos, ocho cataratas y treinta y dos pozos, que por su extraordinaria profundidad pueden considerarse como otros tantos abismos.

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Aventaja nuestra caverna a la mayor parte de las conocidas, en que de su interior no se desprenden miasmas deletéreos como en la gruta del Perro en el antiguo reino de Nápoles, y la de la Magdalena en Francia, cerca de Montpellier; ni su suelo ofrece los precipicios y abismos como el abismo sin fondo de la caverna de Mammouth. Puede explorarse sin riesgo alguno, y, con excepción de los pedregales formados por los derrumbes de las bóvedas y que causan algunas molestias, el viajero puede admirar, sin sustos ni sobresaltos, las bellísimas concreciones que la adornan. Tal vez las nuevas exploraciones nos den a conocer otras galerías que no posean esas ventajas; pero mientras tanto, puede asegurarse que el acceso a la caverna de Cacahuamilpa no ofrece dificultades ni infunde temores.

Aun cuando existen fundadas presunciones respecto de la mayor extensión de la caverna, es de dudarse de las exageradas dimensiones que se le atribuyen. Algunos pretenden que sus galerías y ramificaciones alcanzan a las montañas de Tasco, y no falta quien asegure que aquéllas se relacionan con la caverna del Teutli, cerca de Milpa Alta, en las montañas que por el Sur limitan el Valle de México. En un cuadernillo, sin portada, que contiene una relación escrita y mandada imprimir, según se me ha dicho, por don Francisco   -161-   Ramírez Castañeda, se lee, a este respecto, lo que sigue:

«Se refiere que aquellas familias, la mayor parte acomodadas, ocultaron sus tesoros en Mexcalco, cueva que se halla junto al Teutli, y cuya caverna es una de las más raras curiosidades de la naturaleza.

»La entrada de la cueva es estrecha al principio, y a las tres o cuatro leguas de camino subterráneo, va extendiéndose progresivamente y presentando a la vista todas las creaciones de una bella gruta, con cristalizaciones, estalactitas y estalagmitas formadas por el tiempo. De trecho en trecho se presentan diversas cuevas o senderos más o menos prolongados; pero hay una vía regularmente cómoda, por donde puede practicarse una exploración, la que se comunica con la gruta de Cacahuamilpa, a más de veinticinco leguas de distancia.

»Pocas personas se han atrevido a penetrar bastante en la cueva, y sólo una vez que se introdujo por allí una manada de carneros, varias personas penetraron en ella con objeto de sacarlos de allí; lo que no consiguieron, pues las ovejas se internaron mucho en ella, y los que iban en su seguimiento, después de dos días de camino, se volvieron, ya sea por temor o por falta de alimento y de luces».

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Increíbles por demás son los detalles que se relacionan en las anteriores noticias. No sólo la distancia, sino la muy notable diferencia de nivel entre los dos lugares, hacen del todo dudosa, si no imposible, la comunicación de la caverna de que se hace mención con la de Cacahuamilpa; con todo, la Sociedad de Geografía y Estadística, atendiendo a la importancia real de esta obra natural, y prescindiendo de aquella otra circunstancia, debe mandar explorarla y hacer los estudios que la ciencia exige.

México, Marzo 6 de 1874.





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Una excursión a la tierracaliente. De Teziutlán a Nautla.

Al señor licenciado don Rafael Martínez de la Torre


¿A quién mejor que a usted, a cuya amable invitación debí el conocer una de las más bellas y ricas regiones de la República, puedo dedicar el presente artículo? En él la verdad de los hechos me ha obligado a mencionarle a menudo, a riesgo de ofender su reconocida modestia; pero no puede ser de otra manera, cuando el nombre de usted está indisolublemente unido a las mejoras materiales y sociales que van desarrollándose rápidamente en aquellos pueblos.

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Reciba usted esta dedicatoria como una débil muestra de la profunda estimación que le profesa su siempre muy adicto amigo y seguro servidor, Antonio García Cubas.

* * *

La naturaleza, que en México se ostenta por todas partes pródiga y rica, ofrece de continuo al viajero nuevos y bellos asuntos de que tratar, por más que éste, al emprender nuevas descripciones, tenga por agotadas las facultades de su imaginación.

De las alturas de Teziutlán a la desembocadura del Nautla, en un espacio de veinticuatro leguas, el viajero puede admirar la vegetación en su mayor desarrollo y grandeza, así en la región fría como en la templada y caliente. A la variedad de las coníferas que pueblan las alturas próximas a las regiones heladas, se suceden los bosques impenetrables de la zona templada en la cuesta de Teziutlán, y a éstos las vírgenes selvas tropicales.

Fuentes y cascadas, árboles y plantas, flores y aves, todo en su conjunto da a aquellas regiones el triple y rico aspecto de frondosidad, de vida y de hermosura. Los helechos y flores, los liquen y licopodios, engalanan las profundas grietas de las montañas y matizan con los más vivos   -165-   colores los troncos de los árboles y las mismas rocas. A la belleza de la vegetación que así cubre las laderas de las montañas como reviste con su rico manto de verdura las extensas campiñas que terminan en los arenales de la playa, se aduna el confuso ruido del agua y el bellísimo canto de las aves.

De sorpresa en sorpresa, y emocionado cada vez más, el viajero traspasa sucesivamente los límites de cada zona. Al cesar de percibir el extraño zumbido que, en las tierras frías, produce el aire penetrando en el fibroso follaje del ocote, fijan su atención los ecos lejanos de los torrentes, el estruendo de los saltos y cascadas, y el armonioso canto del clarín de las selvas, que por todas partes manifiesta su existencia entre los frondosos ramajes del liquidámbar; y por último, a los bellísimos trinos de esa ave, de las regiones templadas, se siguen en las cálidas el triste lamento de la tórtola, el monótono canto de la perdiz y la incesante algazara de las cotorras y chachalacas.

Más que el simple objeto de una descripción, tiene este artículo el de dar a conocer una región que, por sus grandes riquezas, tiene marcado un gran porvenir.

Feraces en extremo sus campiñas, permiten que las plantas espontáneas adquieran todo su desarrollo, y no se resisten al cultivo de las más útiles al   -166-   hombre. Su temperatura, aunque en su mayor parte cálida, no engendra las temibles enfermedades endémicas que hacen inhabitables otras comarcas de la misma naturaleza. Los desmontes para abrir las tierras al cultivo, la desecación de algunos terrenos húmedos y pantanosos, y las providencias que se sigan al establecimiento de las colonias, darán a los lugares de que me ocupo la mayor salubridad posible, agregándose a estos ventajosos y prósperos elementos, la más completa seguridad de que se disfruta en toda la comarca; seguridad que ha llegado a ser proverbial.

Los terrenos que el camino recorre, pertenecen, en general, a los cantones de Jalacingo y Mizantla, del Estado de Veracruz, y en su menor parte al distrito de Teziutlán, del Estado de Puebla.

* * *


Teziutlán

La Cumbre de los Oyameles, punto de partida en esta descripción, es el más elevado de todo el camino, encontrándose a veintiséis kilómetros Suroeste de Teziutlán. El terreno desciende, ofreciendo, por todas partes los más variados y pintorescos   -167-   paisajes: unas veces hermosos bosques de oyameles, ocotes y pinos, y otras extensas y profundas barrancas, salvando las cuales se descubre a lo lejos Jalacingo en las vertientes de la pintoresca sierra de su nombre. La cresta ondulada, de esta sierra, por la forma caprichosa de sus cumbres, se ve coronada de corpulentos árboles que se destacan y dibujan, a pesar de la distancia, ante un purísimo cielo. Las sinuosidades del terreno ocultan unas veces y descubren otras los bellos paisajes que se suceden, apareciendo de improviso la hermosa sierra de Chinautla con el caserío de su población diseminado en sus vertientes, y enfrente de ella la pintoresca ciudad de Teziutlán.

Esta ciudad, cabecera del distrito de su nombre, antiguamente Teziuyutepetzintla (cerro de granizo o fuerte granizada al pie del cerro) se halla situada en la sierra de su nombre a treinta y seis leguas Noreste de la capital del Estado, y a los 19º 49' 30" 22 de latitud Norte, y 1º 44' 56" 3 de longitud Este de México, según las observaciones de don Francisco Jiménez, de las cuales me sirvo en el curso de este artículo. Sus calles, como las de todas las poblaciones que tienen su asiento en las fragosidades de las montañas, ofrecen ascensos y descensos continuos e irregularidades en el alineamiento de las casas; éstas, en su mayor parte,   -168-   son de dos pisos hacia el centro de la población, con sus inclinados techos de teja y salientes hasta cubrir las aceras. Su plaza, en la que se ha formado un jardín, se halla circundada al Oeste por la parroquia, cuya torre aislada, le imprime un aspecto particular; al Norte por las casas consistoriales, de buena apariencia, así por sus dimensiones como por la simétrica forma de su fachada y elevados portales; al Sur por algunas casas particulares, y al Occidente se halla ilimitada, extendiéndose el terreno hasta la barranca formada por las vertientes de la sierra de Chinautla.

El exterior del templo, por sus detalles, ofrece una extraña mezcla de estilos de construcción: romano en su primer cuerpo, y barroco en el segundo. El frontispicio corresponde a un vestíbulo que sin duda es de construcción más reciente al de todo el edificio. Una torre, destinada exclusivamente a las campanas del reloj, se levanta en el centro y en un plano reentrante respecto al del frontispicio. El interior es de tres naves, hallándose los arcos así como las bóvedas que éstos sostienen en extremo deteriorados.

La capilla del Carmen, tanto por su bella forma como por su pintoresca posición, es el templo más notable de Teziutlán. Construida sobre una colina, se asciende al templo por dos opuestas   -169-   escaleras, a las cuales se llega por una elegante portada, marcando el dintel de ésta la diferencia de nivel entre el piso de la pequeña plaza, a cuyo extremo se levanta el edificio, y el del pavimento de éste, circunstancia que aumenta la elegancia de la construcción.

Los más preciosos árboles, plantas y flores revisten las pendientes de la cercada colina. Vense allí, brotando con profusión, las fragantes rosas de Castilla, al lado de los preciosos ramos de azucena, de nardos y de alfombrilla de variados colores, y alternando con el erguido y elevado ciprés, el cónico oyamel, los pinos y los sauces. En el centro de este inmenso ramillete de plantas y flores se levanta la preciosa capilla, coronada por cuatro graciosas y simétricas torres. Tal es el aspecto encantador de este lugar.

Bellísimas y en extremo agradables son las perspectivas que ofrecen los alrededores de Teziutlán, desde las alturas del Carmen. Distínguese a lo lejos, al Norte, la sierra de Atoluca; al Oriente, los cerros de Ocotepec y cordillera de Quetzalan (criadero de quetzales), y en lontananza, las eminencias de Palomastepecques; al Sur los montes de Teziutlán, cuyas cañadas se ven matizadas por los variados colores del follaje de los encinos, eilites y robles; y al Suroeste el elevado carro, de figura caprichosa, conocido con el nombre   -170-   de Tzompantitán, y en fin, al Poniente la sierra de Chinautla, que a pesar de la distancia presenta bien determinada la estratificación de sus rocas, y aisladamente un trozo de pirámide en el extremo Norte.

Dominándose la población desde las torres del Carmen, no tanto por la elevación de este edificio cuanto por la altura de la colina en que se encuentra, preséntase aquélla en toda su extensión rodeada de floridas y selváticas colinas.

Vese el terreno surcado por barrancas que en su mayor parte, por el Norte, afluyen al río del Calvario y éste al de María de la Torre, en tanto que las del Oeste forman el río de San Pedro y éste el del Espinal; los bosques de eilites, planta cuya corteza abunda en tanino, con su tupido y vivísimo follaje, y los que forman los encinos de varias clases, los robles y otros muchos árboles, cubren esas cañadas que desde lejos se distinguen por el aspecto sombrío de sus arboledas.

Descúbrese igualmente sobre la cima de otra colina, la iglesia de San Juan, cuyas elegantes torres se apoyan en dos arcos que, arrancando desde el suelo sirven a aquéllas de contrafuertes.

La ciudad posee un hospital bien atendido, un teatro, varios talleres industriales y casas acreditadas que mantienen un comercio activo con los   -171-   pueblos de las sierras de Tlatlauqui y Zacapoaxtla. Los artesanos se distinguen por el esmero y limpieza de sus artefactos, y particularmente en el ramo de carpintería y ebanistería han adquirido justa fama, tanto por la elección de las exquisitas maderas cuanto por el gusto y solidez de los muebles que construyen.

El clima de la ciudad, aunque frío, es agradable y sano, e influye notablemente en la bella índole de sus habitantes, y sobre todo, en el hermoso y rosado color que se advierte, en general, en el cutis de las mujeres.

Las densas nieblas que en el Otoño y en el Invierno acumulan los vientos del Norte en la sierra de Teziutlán, ocasionan lluvias tenaces que, alguna vez, han durado cuarenta y seis días.

Al principio del Verano el termómetro, a la sombra y a diferentes horas del día, da las siguientes indicaciones:

6 de la mañana 15º C.
2 de la tarde 21º "
3 id. 23º "
9 de la noche 16º ½ "

Los terrenos de todo el distrito en sus tres climas, frío templado y caliente, son por lo regular fértiles y producen las siguientes frutas: pitaya,   -172-   tuna, capulín, albaricoque, durazno blanco, de hueso colorado, melocotón y prisco, pera, membrillo, pagua, nuez, granada de China y cordelina, manzana chata y camuesa, peras, tejocote, uvas, calabazas y melón, higo, zarzamora, sandía, piña, jobo, mango, chirimoya, anona, plátano guineo, macho, largo y de Manila; entre las zapotéceas, cabello, domingo, mamey, negro, blanco y chico, jinicuil, anaya, tepetomate, aguacate, bienvenido, olopio, naranja, lima, limón común y real, ciruela, guayaba, cuajilote, papaya de tres clases. Prodúcese igualmente la caña de azúcar y algunas raíces, tales como camotes, jícamas y yuca, y abundantemente la raíz de Jalapa.

Muchas y muy estimadas son las maderas que se encuentran en estos terrenos, así por su solidez como su finura y belleza, tales son: cedros (cedrela), honguillo, empoalcahuatl, pimiento, chicozapote, caoba (sivictenia), caobilla, encino blanco y prieto, cosalcuahuitl, naranjo, ocotillo, el petrificante chijol, bienvenido, pitzoyac, rosadillo, trompillo, árbol del hule, laurel, tigrillo, platanillo, haya, palosanto, madroño, mesanteco, jobo, jamalcuahuitl, moral, liquidámbar, ojancho, espino, oyamel, pino, sauz, fresno y boj. El ailite o eilite que se produce en climas fríos, se emplea en la curtiduría de pieles por la abundancia de tanino que contiene la corteza.

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Los productos de la agricultura en el distrito pueden estimarse:

Zona fría Templada Caliente Total
Maíz 15.000 cargas 3.000 cargas 10.000 cargas 28.000
Frijol 50 cargas - - 50
Raíz de Jalapa 120 quints. - - 120
Café - 25 cargas 500 cargas 525
Arroz - - 40.000 ars. 40.000
Chilepochtli - - 2.000 ars. 2.000

Cultívase además la caña de azúcar que rinde 10.000 arrobas de panela, el algodón, la vainilla, añil y achotillo.

Los indígenas se emplean en la cría de ganado lanar, cabrío y vacuno, aunque en pequeña escala, calculándose en 3.200 cabezas.

El distrito cuenta con 18.000 habitantes, de los cuales 5.820 residen en Teziutlán.

Hállanse subordinados a esta ciudad, como cabecera de distrito, las municipalidades de Atempan, Chignautla, Huaytamalco, Macuilquila y Xiutetelco.

Respecto de instrucción pública, existen en el mismo distrito 15 escuelas, a las que concurren 660 niños y 200 niñas. Enséñase en ellas a leer, escribir, aritmética, historia sagrada y moral, elementos de geometría, geografía e historia de México.

En la cabecera hay establecido un colegio, que es el Seminario Palafoxiano, destinado a órdenes   -174-   sacerdotales, a cuyo fin se hallan establecidas las siguientes cátedras: latín, lógica, metafísica, teología y rudimentos de matemáticas y física.

En el colegio municipal de Teziutlán, que abrió sus clases el 3 de Febrero anterior, se enseñan los idiomas español, latín y francés; primero, segundo, y tercer año de filosofía, derecho natural, ídem civil, ídem mercantil y teneduría de libros, botánica, física y farmacia; concurren 35 alumnos, y sirven gratuitamente las cátedras los señores doctor don Federico Casas, ingeniero Manuel López León, don Arnulfo Bello, don Félix M. Álvarez, licenciado don Quirino Domínguez, don Fernando C. Lavalle y don Bernardino H. Díaz.

Continuando el camino de esta ciudad a Tlapacoyan, se desciende por la fragosa cuesta de Teziutlán. El terreno, en extremo accidentado, presenta tres series de montañas, de las cuales la central es la que sigue el camino en continuos ascensos, puesto que, para abreviar las distancias, abriose éste por el espinazo de la cordillera. El mismo terreno, cubierto en su mayor parte de barro ferruginoso, adquiere la mayor solidez en las secas; pero de tal manera se descompone en el trayecto del camino a los primeros aguaceros, que hace éste intransitable y peligroso. Bajo tales condiciones, la apertura de un nuevo camino, siguiendo las convenientes líneas de nivel, facilitando   -175-   el paso de las cañadas, no ofrece dificultad alguna, y si sólo debe atenderse a la construcción de las calzadas de piedra, tan necesarias a su conservación. Los intereses del comercio y el próspero porvenir que está reservado a la rica comarca de que me ocupo, exigen la pronta ejecución de un nuevo camino en la cuesta de Teziutlán, único tramo que imposibilita las transacciones mercantiles de los pueblos de la sierra con la rica y feraz región de Nautla y Xicaltepec. Desde Tlapacoyan en adelante se extienden las campiñas y las fértiles vegas de los ríos de Bobos y María de la Torre, interrumpidas aquéllas en algunos trechos por poco elevados lomeríos, que de ninguna manera sirven de obstáculo a la apertura de una ancha y cómoda vía, aun tratándose de un ferrocarril. Ligeras diferencias de nivel determinan un plano ligeramente inclinado y uniforme desde aquel punto hasta el mar, y en él la vegetación se ostenta en todo su desarrollo y lozanía. La colonización, que en estos terrenos es ya un hecho, camina a su mayor estabilidad, y el gobierno no debe consentir en que aquellos pueblos, y los que nuevamente se formen, queden incomunicados de la mesa central por la hoy inaccesible barrera de la cuesta de Teziutlán. Prosiguiendo el camino en esta cuesta, como ya he manifestado, por la cresta de la cadena central,   -176-   vense a uno y otro lado fuertes declives, que unidos por su pie con los opuestos de las otras cordilleras, presentan fragosas y profundas barrancas, a las cuales se unen en gran núme