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-127-
  Una excursión a la Caverna de
Cacahuamilpa
I
Muy digno de describirse es el camino que conduce de México
a la famosa caverna que es el objeto principal de este artículo. No
fijaré mi atención en la parte recorrida de ese camino por el
ferrocarril de Tlalpam, por ser demasiado conocida.
La serranía de Ajusco, que por el Sur limita el Valle de
México, ligando las sierras del Popocatepetl con las eminencias de las
Cruces y Monte Alto, ocupa en latitud una grande extensión de terreno,
presentando en sus declives, y muy particularmente en los australes,
inclinaciones en extremo rápidas.
-128-
Preséntase el terreno, recorrido por el camino,
árido, y apenas se ve en las eminencias que lo coronan una
vegetación pobre en extremo. Aun cuando para el viajero, ávido de
lugares amenos y pintorescos, estos lugares no tienen ningún atractivo,
son, sin embargo, muy interesantes, considerándolos
geológicamente. Vense por doquiera enormes grupos de rocas eruptivas que
están revelando una acción volcánica tremenda, y las
cuales se presentan como inmensos edificios derruidos por la acción
destructora del tiempo. El ascenso para traspasar la línea de la
división de las aguas, es en extremo difícil, y se llega,
después de algunas horas de camino, a Topilejo y a la Venta del Guarda;
lugar interesante por determinar el punto más elevado del camino y desde
el cual puede observarse el Valle de México en toda su extensión,
con su más bella perspectiva.
Del Guarda se llega a la Cruz del Marqués, y desde este
punto, que señala los límites del Estado de Morelos, se desciende
rápidamente, rapidez que crece de Huitzilac en adelante, de tal suerte,
que los carruajes ruedan con una velocidad que casi se asemeja a la que
adquieren los cuerpos abandonados a su propio peso; y a medida que se
desciende, la temperatura se eleva, comprobando la observación tantas
veces hecha, de que en México bastan unas cuantas horas de
-129-
camino para pasar de una zona en extremo fría a otra cálida. La
vertiente austral de la serranía de Ajusco, que en esta parte toma el
nombre de Cuesta de Huitzilac, no se presenta con la desnudez del declive
septentrional. Muchos árboles de la familia de las
coníferas, cubren el terreno,
observándose los
oyameles en las cumbres, y los
ocotes, pinos, encinos y algunos
cedros en los declives.
Multitud de barrancas surcan el suelo y descienden hacia los
planes de Cuernavaca, encontrándose esta ciudad, antes de ahora capital
del Estado de Morelos, entre dos de ellas. La mayor parte de esas barrancas se
interponen entre Cuernavaca y los pueblos de Chalma y Ocuila, del Estado de
México, erizando de dificultades y de fuertes pendientes, las veredas
que ligan entre sí esas poblaciones.
Distínguese desde la eminencia de la cuesta, la
tierracaliente ofreciendo un bello panorama. Las lomas sucesivas que tanto
caracterizan la topografía de los terrenos de Cuernavaca, desaparecen a
causa de la altura de donde se observan, y sólo se admiran extensos
planes matizados por el frondoso follaje de las plantas tropicales y por los
plantíos de caña, cuyo color esmaltado de verde más o
menos intenso, según el mayor o menor crecimiento de las plantas,
armoniza con los variados colores que reflejan los terrenos sin
-130-
cultivo. Descúbrense a los vivísimos resplandores del sol y
diseminados en las campiñas, agrupados los edificios de las poblaciones
y separado el plan de Amilpas del de Cuernavaca, por la sierra de Tetillas,
Montenegro y Jiutepec, y por último, se ven a lo lejos escalonadas,
sobre planos inclinados, diversas eminencias que terminan con las crestas de
las elevadas sierras que por todas partes circundan el Estado de Morelos, y
cierran sus horizontes.
Cuernavaca (Cuauhnahuac, rodeada de
flores), se halla situada, según las observaciones astronómicas
de don Francisco Jiménez, a 18º 53' 02" 31 de latitud Norte y
0º 06' 19" 50 de longitud Oeste de México, a 1.505m de altura sobre el mar y a 18 leguas Sur de la capital de
la República. El terreno en que se asienta forma una loma entre dos
grandes depresiones, ofreciendo en sus calles frecuentes ascensos y descensos.
Desde cualquiera altura de la ciudad se abarca de una sola mirada el territorio
del Estado en toda su extensión.
Se descubren las montañas que lo limitan y las que
interrumpen la uniformidad de su suelo: al Norte, la serranía de Ajusco;
al Oriente las nevadas y majestuosas cumbres del Popocatepetl y el Iztaccihuatl
en último término, y en el primero, las cimas de formas
caprichosas de la sierra de Tepoztlán. Los extensos plantíos de
caña, los
-131-
platanares que extienden sus erguidas y
lustrosas hojas en medio de una vegetación lozana, esmaltan los campos
de un verde hermoso, revelando las riquezas de un Estado esencialmente
agrícola.
El clima de la ciudad como el de todas las localidades del Estado,
es cálido, marcando el termómetro como temperatura máxima
en tiempos normales, a las tres de la tarde, de 24º a 25º
centígrados. La declinación de la aguja es de 8º 30' al
Este.
La población actual de la ciudad, es de 16.000 habitantes
repartidos en 500 casas que forman el casco, y en las casuchas de sus huertos y
campos. Comprende 60 calles y callejones, 5 plazas, 5 templos; el antiguo
palacio de Cortés, que posee más bien el carácter de un
edificio fortificado, carácter que va desapareciendo por las
reedificaciones. En él residían los poderes del Estado, que se
trasladaron posteriormente a Cuautla, su nueva capital.
La ciudad posee además el edificio del Instituto literario,
el teatro de Alarcón, que puede contener 2.000 personas, un hospital, un
matadero, doce posadas, un cuartel, casa de correos y estación
telegráfica; una imprenta, cinco curtidurías, un molino de
aceite, cuatro fábricas de aguardiente, ocho de ladrillos y tejas y ocho
caminos vecinales.
Forman los suburbios de esta ciudad los siguientes barrios: San
Pedro y Santo Cristo, por
-132-
el Sur; Amatitlán, por el Este;
San Antón, por el Oeste, y Guadalupita y el Calvario por el Norte.
Pasado el pintoresco pueblecillo de San Antón, a 3
kilómetros Noroeste de Cuernavaca, se desciende a una profunda barranca
por un sendero estrecho y pedregoso. En esta barranca y de una altura de 37
metros, el agua que proviene de otra barranca llamada de Toto, se precipita,
formando en su caída preciosas ondulaciones, alternando con delgados
hilos cristalinos que se apartan de la masa principal del torrente. De la
cuenca abierta por el agua con su incesante golpeo, se eleva ésta en
menudas partículas, produciendo a los vivísimos rayos del sol,
los colores del iris, notables por su persistencia. El continuo movimiento del
agua al pie del salto, ha descarnado la montaña, abriendo una gruta
profunda que por su lobreguez contrasta tanto con la blancura de la corriente
cristalina, y con el fresco verdor de los helechos, de los arbustos y plantas
tropicales, que engalanan aquella cuenca. Grietas profundas surcan
horizontalmente las paredes verticales de la barranca que miran al Oriente, en
tanto que en el declive opuesto un grupo de prismas basálticos
incrustados en el terreno, alternan con las lucientes hojas de las
anonáceas. Los festones de bejuco que, pendientes de la cima, flotan a
más de media altura de
-133-
la barranca, y la frondosidad de
los árboles, entre cuyo follaje se descubren las esbeltas hojas del
banano, contribuyen a hermosear el lugar, dándole un aspecto
encantador.
Tres cuartos de legua al Este de Cuernavaca, se halla el pueblo de
Chapultepec (cerro del Chapulín), ameno por sus huertas de
árboles frutales y siembras de semillas y legumbres.
Hacia el Sur y a la misma distancia se encuentra el pueblo de
Acapantzingo (frente del Carrizal). La industria de sus habitantes consiste en
el cultivo de árboles frutales. Su situación a inmediaciones de
la capital y su amenidad, hacen de este pueblo un lugar de recreo.
En él, el archiduque Maximiliano hizo construir una gruta
con hermoso jardín y extensa huerta.
El Estado de Morelos se halla dividido para su
administración en las siguientes fracciones:
| Municipalidades |
Raza mixta |
Indígena |
Extranjeros |
Total |
| Distrito de Cuernavaca |
|
|
|
|
| Cuernavaca |
8.225 |
5.807 |
44 |
14.076 |
| Tepoztlán |
2.456 |
4.149 |
- |
6.605 |
| Xochitepec |
2.974 |
2.797 |
6 |
5.777 |
| Tlaltizapan |
5.468 |
1.800 |
15 |
7.283 |
| Xiutepec |
2.902 |
612 |
5 |
5.519 |
|
-134-
|
|
|
|
|
| Distrito de Morelos |
|
|
|
|
| Cuautla |
10.078 |
1.399 |
29 |
12.106 |
| Ayala |
1.206 |
2.610 |
2 |
3.818 |
| Ocuituco |
1.381 |
6.329 |
- |
7.710 |
| Yecapixtla |
4.835 |
1.580 |
1 |
6.416 |
| Distrito de Yautepec |
|
|
|
|
| Yautepec |
3.059 |
4.017 |
20 |
7.096 |
| Tlayacapam |
2.021 |
3.979 |
- |
6.000 |
| Totolapam, municipio |
1.571 |
2.213 |
2 |
3.786 |
| Tlalnepantla, municipio |
1.044 |
1.786 |
- |
2.830 |
| Distrito de Tetecala |
|
|
|
|
| Tetecala |
1.972 |
1.532 |
3 |
3.507 |
| Miacatlán |
3.619 |
909 |
13 |
4.541 |
| Jojutla |
3.140 |
3.535 |
14 |
6.689 |
| Tlaquiltenango |
1.343 |
3.932 |
11 |
5.286 |
| Puente de Ixtla |
2.044 |
1.860 |
6 |
3.910 |
| Amacusac, municipio |
1.227 |
1.773 |
2 |
3.002 |
| Coatlán del Río, municipio |
1.357 |
589 |
- |
1.946 |
| Mazatepec, municipio |
1.103 |
345 |
- |
1.448 |
|
-135-
|
|
|
|
|
| Distrito de Jonacatepec |
|
|
|
|
| Jonacatepec |
5.294 |
2.375 |
6 |
7.675 |
| Zacualpam Amilpas |
2.469 |
4.854 |
4 |
7.327 |
| Xantetelco |
2.623 |
2.320 |
2 |
4.945 |
| Tetelilla |
2.189 |
2.914 |
- |
5.103 |
| Tepaltzinco |
1.140 |
3.728 |
- |
4.868 |
|
________ |
________ |
________ |
________ |
| Sumas |
77.670 |
72.714 |
185 |
149.269 |
El camino para llegar a Cacahuamilpa recorre los terrenos
pertenecientes a los distritos de Cuernavaca y Tetecala; y a medida que en
él se avanza, se descubren a uno y otro lado, más o menos cerca,
los pueblos y haciendas de la mayor parte de sus municipalidades.
Al Noreste de Cuernavaca se ven las montañas de
Tepoztlán (lugar de fierro). La villa del mismo nombre, cabecera de la
municipalidad, se encuentra situada en la cañada que se forma por los
montes de Otlayuca. Esta cordillera, que se desprende de la sierra del
Popocatepetl, se halla revestida casi en su totalidad de vegetación,
produciendo cedros, ayacahuites, caobas, encino
-136-
de diversas
clases y el
oyametl. En tiempo de lluvias esas
eminencias adquieren un bello aspecto, así por la frondosidad de la
vegetación como por los arroyuelos que se forman y precipitan desde las
alturas, serpenteando por los declives como hilos de plata, y que por su
blancura tanto contrastan con las ennegrecidas superficies de las rocas. Al
llegar esos arroyos a las partes más bajas, forman otras tantas cascadas
y se unen por medio de varias barranquillas a un arroyo que recorre los
terrenos de la municipalidad. No escasean en las mismas montañas los
minerales de fierro, circunstancia de donde tomó origen el nombre de la
población.
Al Suroeste de Cuernavaca y a dos y media leguas se encuentra
Xiutepec (cerro de yerba) con mil doscientos setenta y nueve habitantes. El
pueblo se halla situado en medio de un llano limitado al Oriente por varias
eminencias que forman una cordillera rica de vegetación y entre cuyos
árboles se cuentan algunos de finas y exquisitas maderas. Las
principales cumbres de esa cordillera se denominan Barriga de Plata, llamada
así por ser mineral; el Tajón, la Palma, Rancho del Cerrado y
Monte-Negro. En este último lugar tuvo efecto el 22 de Agosto de 1870 un
fenómeno que causó gran sensación entre los habitantes de
aquellas comarcas. Al declinar la
-137-
tarde de ese día,
inmensos nubarrones vertían el agua a torrentes, escuchándose al
propio tiempo bajo de tierra fuertes detonaciones y sintiéndose un
ligero terremoto. Al día siguiente se observó que la
vegetación que revestía la montaña había
desaparecido en una extensa zona de sus vertientes, presentando sólo
rocas ennegrecidas y sin lesión alguna la cumbre. Todos los despojos de
tierra, piedra y malezas, presentando una masa compacta, cubrían a poca
distancia el suelo arrojados allí, sin duda alguna, por la fuerte
tensión del aire, que, dilatado violentamente por el calórico
interior, abriose paso por los declives de ella. Esos despojos formaron en
algunos puntos un espesor que varía de una y media a tres varas.
Dos arroyos de agua permanente, fresca y abundante, riegan los
terrenos de la municipalidad; ambos se conocen con el nombre de la Barranca.
Uno de ellos nace en el pueblo de Chapultepec, de la jurisdicción de
Cuernavaca, riega la hacienda de Atlacomulco y pasa por el centro del pueblo de
Xiutepec, y el otro se forma de los veneros de Texalpam, aumentando su raudal
con el agua que proviene de las vertientes de las fuentes al Noroeste y muy
cerca de Xiutepec. Reúnense ambas barrancas, cuyo curso es de Norte a
Sur, en el pueblo de Zacualpam, a cuatro kilómetros al Sur de la
cabecera.
-138-
Conócese con el nombre de Paseo de las Fuentes un sitio
ameno, que dista dos kilómetros de Xiutepec hacia el Noroeste. Copiosos
manantiales de agua cristalina forman una corriente rápida en medio de
una vegetación virgen y lozana: grupos de frondosos sabinos, de fresnos
y álamos, higueras silvestres, naranjos, manglares y otros
árboles frutales dan sombra a ese río, a cuyas márgenes se
extienden risueñas y fértiles campiñas.
Desde el camino, y a diez kilómetros de Cuernavaca, se
distinguen por la parte oriental la hacienda del Puente y el pueblo de
Xochitepec.
Xochitepec, que quiere decir
cerro de la flor, es la cabecera de la
municipalidad de su nombre, con mil quinientos habitantes, y distante de
Cuernavaca veinte kilómetros al Sur. Las montañas de Colotepec,
Alpuyeca, San José y Tetelpa, forman hermosos valles, y muy
particularmente el que ocupan los terrenos de las haciendas llamadas Chiconcuac
y el Puente, donde se cultiva la caña de azúcar y el arroz,
artículos que constituyen la principal riqueza de estos lugares. Riegan
estos valles dos ríos que se conocen con los nombres de Apatlaco y
Alpuyeca, cuyo curso es de Norte a Sur, y su confluencia en un punto cerca de
Xoxocotla. El primero nace en la barranca de Santa María,
-139-
municipalidad de Cuernavaca, y el segundo en las de Tetlama. Reúneseles
en Apatlaco considerable cantidad de agua salobre que proviene de dos
manantiales. En estos ríos se pescan truchas y bagres.
La hacienda de caña de Temisco, de la municipalidad de
Cuernavaca, y las de Chiconcuac y San Vicente, puede decirse, que hoy forman
una sola hacienda, cuyos frutos se benefician todos en esta última. El
señor Bermejillo, propietario de ellas, ha logrado establecer en la de
San Vicente una magnífica maquinaria para la elaboración y
purificación del azúcar, cuyo costo ha ascendido a la suma de
200.000 pesos.
Estas haciendas elaboran al año:
| Temisco |
26.000 |
@ de azúcar |
39.000 |
de miel |
| San Vicente |
81.000 |
" |
17.488 |
" |
| Chiconcuac |
|
________ |
|
________ |
|
|
107.000 |
|
56.488 |
|
El camino prosigue por los terrenos pertenecientes al distrito de
Tetecala. Ocupan todo el distrito, extensos lomeríos y grupos de cerros
de poca elevación que por su aridez forman un notable contraste con las
frondosas y fértiles cañadas. Los ríos que las riegan son:
el de Coatlán que nace al Norte en las montañas de Ocuila, del
Estado de México, pasa por la hacienda de Cocoyotla,
-140-
Coatlán del Río, Tetecala, San Miguel Coatlán y
Coachichimola, uniéndose al Amacusac; el río Tembembe nace
igualmente en la barranca de Toto, pasa por terrenos de Cuentepec,
Miacatlán, Mazatepec y Ahuehuecingo y se une al anterior, a una legua al
Norte de Ixtla. En estos ríos se cogen camarones, bagres, cangrejos,
mojarras, perros de agua, roncadores, salmiches y truchas. La laguna de
Coatetelco, situada al Oriente de Mazatepec y de un kilómetro de
longitud, presenta un panorama agradable por los plantíos de caña
que la rodean y por la multitud de garzas que se ven sobre la superficie de las
aguas. Esta laguna produce igualmente truchas y bagres. Perteneciente al
distrito se encuentra otra laguna muy notable, en jurisdicción de Puente
de Ixtla. Conócese esta laguna con el nombre de Tequesquitengo, cuya
extensión es de cuatro leguas cuadradas. Dos particularidades notables
ofrece esta laguna a la atención del viajero. La primera consiste en su
gran profundidad, calculada en 50 metros hacia el centro.
Cerca de su orilla austral se halla sumergido un pueblo, pudiendo
distinguirse, cuando la diafanidad de las aguas lo permiten el frontispicio del
templo, sobresaliendo de la líquida superficie, la cruz con que remata
la torre.
Constituye la segunda, la existencia de unos
-141-
toros,
llamados
caravaos que han contraído la
costumbre de vivir en el agua y que en vano se ha tratado de sujetarlos al
yugo. Cuando el calor del sol se hace sentir con mayor fuerza, huyen
apresuradamente burlando la vigilancia de sus guardianes, y se introducen en la
laguna, uncidos muchas veces a los carros o arados.
La villa de Tetecala (casas de piedra), cabecera del distrito, se
halla situada a la margen izquierda del río Coatlán y a 40
kilómetros Suroeste de Cuernavaca, con 2.000 habitantes. Sus terrenos
son productivos y su vegetación tan vigorosa que el maíz de
riego, se cosecha antes de cuatro meses y el de temporal a los seis
después de su siembra; el plátano siempre da su fruto tan
sólo limpiando la planta y el terreno en que ha crecido; la caña
de azúcar adquiere muchas veces en su desarrollo una longitud de tres
metros; se cosecha además el frijol, chile, ajonjolí, camote y
arroz, cuyo cultivo es de la mayor importancia en las vegas todas del
río Coatlán; deben mencionarse entre las frutas, sandías,
melones, cocos, aguacates, limas, anonas, timbirichis, chicozapote, mangos,
ilamas, guanávanas, dátiles, ciruelas, mameyes y zapotes prietos,
produciendo además en abundancia, toda clase de legumbres y
verduras.
-142-
El calor es insoportable en esta localidad, marcando el
termómetro a la sombra hasta 31º C.
A 4 kilómetros de Tetecala, prosiguiendo el camino hacia el
Poniente, se encuentra el pintoresco pueblo de Coatlán del Río
(lugar de culebras). Erguidos cocoteros se agrupan en torno de la iglesia
parroquial, de humilde aspecto; los cafetos y platanares, entre cuyo follaje
descuella el esbelto papayo, apenas permiten descubrir, por entre sus ramas,
las habitaciones de la población. El tupido ramaje de corpulentos
árboles, entre los que se cuentan los naranjos, mangos, limoneros y
limeros, se dibuja en las aguas de un río cristalino, que con sus vegas
fértiles y amenas aumenta los encantos de tan bello paisaje.
Apenas se sale de esta población se vuelve a caminar por
lomas y colinas estériles, con dirección al Sur, y sólo de
trecho en trecho se distinguen algunas cañadas vestidas de
vegetación.
A 6 kilómetros de Coatlán se penetra en una
cañada formada por opuestas eminencias en los confines del Estado,
límites con el de Guerrero, ascendiendo por una vereda pedregosa, a la
falda de la montaña, hasta llegar al pueblecillo de Cacahuamilpa
(siembra de cacahuates) que dista de Coatlán 8 kilómetros.
Algunas casuchas y un templo pequeño, de humildísimo aspecto,
ocupan la falda de un cerro, y desde este punto, caminando
-143-
siempre por desfiladeros y en continuo descenso, se llega al grupo de cerros
elevados, en uno de los cuales súbitamente se descubre la abertura de la
famosa Caverna de Cacahuamilpa.
II
Antes de penetrar en los antros misteriosos de la caverna,
conviene dar una idea de la topografía del lugar. Los accidentes
exteriores del terreno de tal manera se relacionan con aquella gigantesca obra
natural, que hacen indispensable el pleno conocimiento de todos sus
detalles.
Tomando por punto de partida la montaña de la caverna,
extiéndense al Norte de ella, dos cordilleras opuestas que forman una
cañada, cuyo
thalweg tiene una dirección de
Norte a Sur. De estas dos cadenas la occidental se liga inmediatamente con la
montaña de la caverna, en tanto que la oriental, desviándose por
enfrente de ella, deja un espacio de terreno, en el cual se eleva otra
eminencia, de una altura casi nula por el lado de la cañada, pero de
grande elevación por el opuesto, en donde la contrapendiente se confunde
con la vertical.
Tan fuerte es por esta parte la depresión del terreno, que
para descender a él, se hace preciso,
-144-
las más
veces, apoyar pies y manos en las ramas y troncos de los árboles para
evitar la caída por los desfiladeros. Esta cuenca da origen a otra
cañada, cuya dirección es de Occidente a Oriente. El descenso
rápido en tan corto espacio de terreno convierte éste en un lugar
de extremada fragosidad. Vense rocas acantiladas, dominando el abismo y
taladradas por las aceradas raíces de los amates. Allí la
naturaleza agreste oculta con un manto de espléndido follaje una de sus
obras más admirables. Saltando de uno en otro peñasco y
abriéndose paso por entre las ramas de los árboles, el viajero
llega a colocarse en un punto, en medio de un río cristalino, desde
donde, lanzando instintivamente un grito de sorpresa, puede admirar a un tiempo
mismo dos colosales y bellísimas grutas, de cuyo fondo salen
serpenteando y en rápida corriente, los dos ríos que alimentan el
Amacusac. Las piedras calizas que forman las bóvedas de las grutas se
hallan dispuestas de tal manera, que parece que en su colocación
intervino el arte con sus precisas reglas; despréndense de las grietas
de las bóvedas y en forma de festones, las estalactitas con aquel
desorden que aumenta los encantos de la naturaleza.
Las bóvedas disminuyen gradualmente de altura, presentando
en el fondo una lóbrega abertura por donde sale el agua, dando indicios
de la
-145-
profundidad de los subterráneos. La
espléndida luz que ilumina la parte abierta de las grutas, lucha por
penetrar en el fondo para disipar las tinieblas, y apenas con sus reflejos,
hace brillar el agua en los puntos en que, por algunos obstáculos, rompe
su corriente.
De vez en cuando parvadas de guacamayas, asustadas por la
presencia del viajero, abandonan sus nidos, hendiendo el aire con su
rápido vuelo, bajo las cenicientas rocas de las grutas, para proyectarse
después en la purísima bóveda del cielo.
Esas dos grutas se hallan en opuesta posición: la una mira
al Norte y la otra al Sur, reuniéndose frente de la primera los dos
ríos que forman el Amacusac. Si se busca el origen de éstos,
preciso es remontarse hasta las alturas de Tenancingo y de Ixtapa de la Sal, en
el Estado de México, cuyo territorio riegan dirigiendo su curso hacia la
montaña de Cacahuamilpa, para perderse en ella y brotar de nuevo en el
agreste lugar que acaba de describirse.
Encumbrando de nuevo la eminencia, el viajero puede contemplar,
desde la meseta, la extensa boca de la caverna con los verdes festones de
follaje que la adornan, y algunas concreciones de estalactitas que se presentan
como un indicio de las
-146-
maravillosas cristalizaciones que en sus
antros aquélla encierra.
Llégase a la abertura natural por un sendero estrecho y de
poca extensión. La longitud de la base de esta abertura es de 36 metros,
su mayor altura de 4,75. El rumbo de la base 19º Suroeste y la temperatura
a las doce del día y a la sombra, 27º R.
La existencia de la caverna permaneció ignorada hasta el
año de 1833. Los mismos indios, antes de esta época, no se
atrevían a penetrar en ella, creyendo, en su ciego fanatismo, que la
primera estalactita en figura de chivo, era la encarnación del
espíritu malo que impedía el acceso al interior.
Un incidente reveló al mundo civilizado la importancia de
esa tan prodigiosa obra natural. Refugiado un criminal en la caverna,
permaneció en ella durante el tiempo que duró la
persecución, cesada la cual, pudo regresar a su hogar, asombrando con
sus relaciones fantásticas a los vecinos de Tetecala, quienes
inmediatamente dispusieron la primera expedición.
Muy dividida se encuentra la opinión respecto de las
teorías referentes a la formación de las cavernas: unos la
atribuyen a la acción de las aguas y otros a la plutónica.
-147-
La existencia de los dos ríos, que perdiéndose en la
montaña de Cacahuamilpa surgen de nuevo en un lugar más bajo que
el suelo de la caverna, ha hecho presumir que en la formación de
ésta las aguas han ejercido la acción principal; pero si se
atiende a diversas circunstancias contrarias, debe creerse más bien que
tal efecto tuvo por causa una dislocación violenta del terreno, de la
misma manera que se observa en las grietas de los minerales, con sólo la
diferencia de haber sido éstas inyectadas por las materias fundidas.
Los terrenos adyacentes, en los cuales se advierten dislocadas y
metamorfoseadas las capas calizas, corroboran esta aserción.
En los mares, el continuo movimiento del agua desaloja las
materias sólidas del terreno, abriendo grietas y grutas profundas,
así como en las tierras continentales las aguas han contribuido
principalmente a perforar las montañas. No sólo esta causa puede
producir tales efectos: la eyección de materias eruptivas, el
enfriamiento de las lavas, la expansión de los gases y vapores y la
liquidación ígnea de las rocas, son otras tantas causas a que
debe atribuirse la existencia de las grutas y cavernas que tan justamente nos
admiran. Supónese igualmente que los espacios hoy libres se hallaban
ocupados en tiempos remotos
-148-
por grandes masas de sal que,
disuelta por el agua, fue arrastrada en su corriente; mas lo que no admite duda
es, que la acción plutónica ha sido el agente principal en la
formación de muchas cavernas.
Escudriñando con la mayor atención el interior de la
caverna, no se ven ni cantos rodados, ni arenas, ni limo que hicieran presumir
la existencia en épocas lejanas de grandes corrientes que produjeran la
grande oquedad que nos admira; por el contrario, todas las rocas que se
encuentran agrupadas en el suelo y provienen de fuertes derrumbes, así
como las que forman las paredes y las bóvedas, son angulosas, con sus
aristas bien determinadas; circunstancias que no se observan en las dos grutas
de que he hecho mención. Aquí se encuentran grandes
peñascos sin aristas y carcomidos por la acción del agua. La
existencia de los dos ríos próximos a la caverna debe atribuirse
a una coincidencia casual, como ha podido observarse en otras cavernas cuyas
circunstancias son idénticas. La montaña de Cacahuamilpa,
según fundadas conjeturas, se halla perforada en todas direcciones,
formando galerías laterales, quizá tan interesantes por sus
detalles como por el cañón principal que ya conocemos. Los
ríos de Ixtapa y Tenancingo, según mi humilde juicio, que de
ninguna manera puede
-149-
reputarse como una conclusión
definitiva, no perforaron la montaña, sino que, encontrando sus
corrientes caminos subterráneos, prosiguieron por ellos su curso.
Por otra parte, no puede creerse sin violencia, que dos
ríos de tan escaso caudal hayan podido no sólo abrir el
cañón principal, sino las galerías laterales que hacen del
conjunto un verdadero laberinto. En la formación de la caverna de
Cacahuamilpa puede haber intervenido el agua, pero no como agente
principal.
Prosigamos nuestra excursión al interior de la caverna.
Descendiendo por una rampa arenosa, se penetra a la primera
galería, enteramente iluminada por la luz natural. Las extensas
proporciones de esta galería, con sus paredes de rocas acantiladas y de
enormes peñascos que parece que se derrumban; los festones de
estalactitas que se ven suspendidas de la ancha bóveda, surcada por
grietas profundas; las caprichosas estalagmitas que se presentan, ora en figura
de preciosas coliflores, ora representando columnas de mármol; y por
último, la pavorosa oscuridad que reina ya en la segunda galería,
en medio de la cual apenas se distingue el brillo de las antorchas, todo ello
forma un conjunto de admiración para el hombre indiferente, y de
conmoción y
-150-
asombro para el que ha recibido de la
naturaleza el sentimiento de lo grande y de lo bello.
Las estalactitas y las estalagmitas no son otra cosa que las
concreciones de caliza incrustante. Filtrándose el agua que lleva en
disolución el bicarbonato de cal, se adhiere en el techo de la caverna a
una yerba o a cualquiera objeto pequeño que forma un núcleo; por
el desprendimiento del ácido carbónico, la materia caliza vuelve
a su estado primitivo, revistiendo a aquel objeto. Nuevas filtraciones producen
el mismo efecto, haciendo crecer, por agregación sucesiva, las
estalactitas, que adquieren las más variadas figuras.
Las gotas que se desprenden de la bóveda y caen al suelo,
elaboran de la misma manera otras concreciones en sentido inverso,
constituyendo entonces las estalagmitas, que muchas veces se unen a las
estalactitas por sus vértices.
La atención del viajero, en la primera galería, se
fija preferentemente en dos objetos: primero, en la estalagmita que representa
el
chivo encantado, que por habérsele
destruido la cabeza ha perdido su primitiva forma; y después en una
preciosa columna que, con su gracioso capitel a manera de un penacho, sostiene
el arranque de un arco natural. La presencia de esta columna despierta la idea
de la creación de un estilo de
-151-
arquitectura a
imitación de la naturaleza; así como un canastillo con la
preciosa hoja de acanto, infundió a los griegos la idea del hermoso
capitel corintio.
Salvando los obstáculos que ofrece el hacinamiento de las
rocas desprendidas de la bóveda, se pasa al salón del
Púlpito, que yo me atrevería a
llamar, más bien, galería del
Trono. Aquí la oscuridad es completa y
apenas puede distinguirse, a la tenue luz de las antorchas, las hermosas
concreciones, cuyo interés, por su forma y magnitud, crece
progresivamente. Primorosas labores de encaje y filigrana bordan el suelo y
rodean las enhiestas estalagmitas; en tanto que bellas incrustaciones, blancas
como el mármol de Carrara, revisten las paredes y reflejan la luz con
sus prismáticos cristales. En forma de elegante cortinaje circular y
diestramente arrugado por la mano maestra de la naturaleza, se desprende de la
bóveda un haz de estalactitas, cubriendo una concreción que
gradualmente se levanta del suelo.
III
El cañón principal de la caverna, cuya
dirección general es al Poniente, con poca inclinación al Sur, se
halla dividido por arcos naturales o
-152-
por grandes agrupamientos de
estalagmitas colosales. Solamente en el tránsito de una a otra
galería, cuyo sitio preciso no recuerdo, se observa un cambio brusco de
dirección al Sureste, de manera que los ejes de ambas galerías
forman un ángulo agudo.
El corto tiempo que permanecí en la caverna, no me
permitió anotar todos los monumentos notables que ésta encierra,
para poder, cuando menos, dar una idea de ellos; me limitaré, por tanto,
a describir ligeramente los que mayor impresión me causaron.
Al penetrar en una de las galerías se admiran bellas y
colosales estalagmitas, que iluminadas por las bujías y vistas de lejos,
aparecen como edificios principales de una gran ciudad; se ve en primer lugar,
un palacio de mármol con sus farolas encendidas, efecto producido por
las bujías, y a su izquierda, medio perdido por las sombras, un templo,
en cuyo cementerio se elevan dos o tres erguidos pinos. La ilusión no
desaparece sino hasta el momento en que casi se tocan con las manos aquellas
concreciones. Entonces, como por un efecto de fantasmagoría, desaparecen
los edificios, convirtiéndose el palacio en una primorosa fuente
invernal. De dos tazas sobrepuestas y de mayor a menor diámetro, se
desprenden chorros de agua congelada, cuyo receptáculo general es
-153-
un estanque con sus pretiles perfectamente determinados aunque
irregulares. Debería llamarse este salón, «Galería
de la fuente».
El extenso tramo de los monumentos se halla dividido por un grupo
de voluminosas estalagmitas, y en él, durante nuestra permanencia, los
fuegos de Bengala produjeron efectos maravillosos.
Hallándonos en el término de la galería,
encendiéronse aquéllos en el extremo opuesto,
permitiéndonos distinguir, ante un vivísimo fondo de luz, las
enhiestas moles de las estalagmitas, de entre las cuales sobresalía una
por sus esbeltas proporciones, su aguzada cima y disposición de sus
cristales, que la hacían aparecer como la torre gótica de una
catedral. Rodeada esta estalagmita por otras informes y agrupadas como los
edificios de una población, cualquiera creería, atendiendo a la
forma de la torre, que desde una altura contemplaba a la ciudad de Estrasburgo,
a la luz del crepúsculo matinal.
Los reflejos de esa luz, interceptada por los monumentos,
iluminaban muy confusamente la parte superior de la bóveda, que en el
conjunto de sus grandes peñascos y profundas grietas, aparecía
como un cielo nublado y tempestuoso. En vano luchaba la imaginación por
desechar ese efecto ilusorio para dar cabida a la realidad; aquellos
-154-
monumentos la mantuvieron viva, hasta que extinguida la luz
quedaron sumergidos en las tinieblas.
Llama mucho la atención la galería a que se da el
nombre de Salón del Muerto. Refiérese que habiéndose
internado un viajero en la caverna sin guías y sin la indispensable
cuerda que dirigiera sus pasos a su regreso, pereció presa de las
mayores angustias, afanándose por encontrar la salida. Consumida la luz
de la antorcha y la que se proporcionó quemando sus propios vestidos, ya
en medio de las tinieblas, vagaba a la ventura de uno en otro laberinto.
Notables son las palabras con que describe este fatal incidente la viajera
Calderón de la Barca, esposa del primer ministro español
acreditado cerca de nuestro gobierno. La referida señora se expresa
así:
«Unos viajeros descubrieron aquí el esqueleto de un
hombre, tendido sobre un costado, y con la cabeza casi revestida de
cristalizaciones. Probablemente habría entrado solo en estos laberintos,
ya impulsado por una atrevida curiosidad, o ya huyendo de alguna
persecución, y no encontrando salida moriría de hambre. Cierto
que es casi imposible encontrar la salida de la cueva, sin algunas
señales que guíen los pasos entre aquellas galerías,
salas, entradas y salidas y corredores compartidos.
-155-
»Aunque hay muchos objetos tan notables que al instante se
pueden reconocer, tales como el anfiteatro, por ejemplo, hay cierta
monotonía hasta en esta variedad; y fácil es concebir la
situación en que debió hallarse aquel infeliz vagando entre
obeliscos y pirámides, y baños de alabastro y columnas griegas;
entre congelados torrentes que no podían apaciguar su sed, y
árboles con frutas y hojas de mármol y vegetales cristalinos, que
se burlaban de su hambre, entre pálidos fantasmas que no podían
socorrerlo en sus apuros; figúrasele a uno oír sus gritos
pidiendo auxilio, donde las voces producen un eco como si todos los
pálidos habitantes de la caverna respondiesen con burla, y verle en
seguida, después de apagada el hacha, acostarse exhausto y desesperado
cerca de algún portal de mármol para morir».
La galería de los Órganos es sin duda la más
notable por la forma y número de las estalactitas y estalagmitas que se
presentan bajo la forma de Cactus cristalizados. Las variadas figuras de unas y
otras, y su agrupamiento complicado en grandes masas, dan a esta galería
el aspecto de un edificio gótico. La percusión en esas
cristalizaciones produce sonidos más o menos graves en proporción
al grueso y densidad de aquéllas.
Sorprenden otros salones por las figuras tan
-156-
hermosas como variadas que ofrecen las concreciones, las estalactitas en forma
de airosas lámparas, y las estalagmitas semejando esbeltos candelabros,
elevados obeliscos y graciosas palmas; pudiendo decirse que allí la
naturaleza se hallaba representada en sus tres reinos: desde la pequeña
coliflor hasta el colosal sabino con sus flotantes madejas de parásitas,
convertidas en hilos de cristal; así en el reptil como en el
mamífero que se ve a la entrada de la caverna; y por último,
tanto en las piedras oolíticas como en las columnas y rocas
monolíticas.
Regadas en el suelo de la caverna se encuentran pequeñas
concreciones globulosas, que llaman confites, las cuales se forman por el
agrupamiento del carbonato de cal que tiene el agua en disolución, en
torno de una burbuja de aire, de un grano de arena, o de un cuerpo
orgánico, formándose primero el núcleo y
engrosándose sucesivamente por capas. Estos granos se llaman oolitas si
son pequeños y pisolitas si son grandes y bien determinadas las capas
que los forman. M. Virlet pudo observar este fenómeno en nuestro lago de
Texcoco, según hace notar don Juan Vilanova en su preciosa obra
Compendio de geología. Fenómeno
debido, como se expresa en ella, a la «consolidación o
fijación del carbonato de cal alrededor de cada uno de los huevos, que
-157-
en número prodigioso, depositan en el fondo de las aguas
la
Corixa femorata y la
Notonecta unifasciata, insectos
hemípteros de la tribu de los Notonectídeos».
Las estalactitas tubulosas abundan en la caverna, blancas, huecas
y traslúcidas como el cañón de una pluma; así como
las estalagmitas de numerosas y pequeñas masas, agrupadas y
arriñonadas en forma de coliflor.
Aun cuando en los grandes monumentos, las concreciones se
presentan opacas y muy parecidas al mármol estatuario, se encuentran,
sin embargo, otras muchas cristalizaciones, unas traslúcidas y otras
diáfanas como el cuarzo y el cristal de roca.
El suelo de la caverna va en continuo ascenso de una a otra
galería; de suerte que el viajero puede observar sucesivamente, antes de
traspasar, cada uno de los tramos, el ascenso de los guías que le
preceden y el hermoso efecto que producen las luces de las antorchas en las
alturas de los peñascos.
Al regresar de las remotas galerías de la caverna, cree el
viajero haber dado fin a sus impresiones, sin sospechar el maravilloso y
mágico efecto que le preparan los primeros destellos de la luz natural.
Sumergido durante largo tiempo en las tinieblas a pesar de las antorchas, cuyo
-158-
efecto en los antros de la caverna no es otro que el producido
por la luz fosforescente de las luciérnagas en la inmensa
extensión de los campos, la aparición súbita de los rayos
solares le causan la más viva y grata impresión.
Despréndense en perspectiva, como los rompimientos de una
decoración, las salientes rocas de las paredes y bóvedas en forma
de pilastras y arcos naturales, presentándose en último
término, como el fondo de la escena, la famosa entrada de la gruta, por
la cual penetra una luz verde, tenue y apacible reflejada por las plantas
exteriores, y velando, como con una gasa sutil, todos los objetos, creyendo ver
por último, el viajero, en todos esos detalles, los preparativos para
una representación fantástica.
La total extensión de la caverna no es conocida, a pesar de
haber llegado todos los viajeros que la han visitado a la galería de los
Órganos, fin de aquella según la expresión de los
guías. Diversas circunstancias revelan, muy fundadamente, la falsedad de
tal aseveración. El aire que se respira y alimenta la luz artificial en
lugares tan profundos, demuestra la existencia de comunicaciones directas con
el exterior. La desconfianza y el temor que para nuevas exploraciones a la
aventura revelan en sus palabras los guías, dan fuerza a mi
observación; apoyándola asimismo las
-159-
tradiciones,
según las cuales existen galerías en donde el estruendo de un
torrente infunde cierto pavor que obliga a retroceder a los exploradores; y
confírmala, por último, la opinión de un viajero
observador, el señor Landecio. Desde una eminencia, que este
señor llama el palco escénico, en la Sala de los Órganos,
se observa la continuación de la galería independientemente de
aquélla por donde los guías conducen a los viajeros, siguiendo
una planta curvilínea para volver al cañón principal. Otra
observación hice en aquellos subterráneos en el momento en que
los referidos guías nos condujeron a la galería de los
Órganos: el cambio brusco respecto de la dirección general, tal
vez nos conducía a una galería lateral, única conocida de
las muchas que contiene en su conjunto aquel laberinto.
No explorada suficientemente, como de hecho no lo está
nuestra famosa caverna, no podemos asegurar que por su extensión sea la
primera del mundo. La gruta de Mammouth, en Kentuky, cerca de Luisville, tiene
la extensión enorme de cuarenta kilómetros, contándose en
ella doscientas veinte avenidas, cincuenta y siete cúpulas, once lagos,
siete ríos, ocho cataratas y treinta y dos pozos, que por su
extraordinaria profundidad pueden considerarse como otros tantos abismos.
-160-
Aventaja nuestra caverna a la mayor parte de las conocidas, en que
de su interior no se desprenden miasmas deletéreos como en la gruta del
Perro en el antiguo reino de Nápoles, y la de la Magdalena en Francia,
cerca de Montpellier; ni su suelo ofrece los precipicios y abismos como el
abismo sin fondo de la caverna de Mammouth.
Puede explorarse sin riesgo alguno, y, con excepción de los pedregales
formados por los derrumbes de las bóvedas y que causan algunas
molestias, el viajero puede admirar, sin sustos ni sobresaltos, las
bellísimas concreciones que la adornan. Tal vez las nuevas exploraciones
nos den a conocer otras galerías que no posean esas ventajas; pero
mientras tanto, puede asegurarse que el acceso a la caverna de Cacahuamilpa no
ofrece dificultades ni infunde temores.
Aun cuando existen fundadas presunciones respecto de la mayor
extensión de la caverna, es de dudarse de las exageradas dimensiones que
se le atribuyen. Algunos pretenden que sus galerías y ramificaciones
alcanzan a las montañas de Tasco, y no falta quien asegure que
aquéllas se relacionan con la caverna del Teutli, cerca de Milpa Alta,
en las montañas que por el Sur limitan el Valle de México. En un
cuadernillo, sin portada, que contiene una relación escrita y mandada
imprimir, según se me ha dicho, por don Francisco
-161-
Ramírez Castañeda, se lee, a este respecto, lo que sigue:
«Se refiere que aquellas familias, la mayor parte
acomodadas, ocultaron sus tesoros en
Mexcalco, cueva que se halla junto al
Teutli, y cuya caverna es una de las
más raras curiosidades de la naturaleza.
»La entrada de la cueva es estrecha al principio, y a las
tres o cuatro leguas de camino subterráneo, va extendiéndose
progresivamente y presentando a la vista todas las creaciones de una bella
gruta, con cristalizaciones, estalactitas y estalagmitas formadas por el
tiempo. De trecho en trecho se presentan diversas cuevas o senderos más
o menos prolongados; pero hay una vía regularmente cómoda, por
donde puede practicarse una exploración, la que se comunica con la gruta
de Cacahuamilpa, a más de veinticinco leguas de distancia.
»Pocas personas se han atrevido a penetrar bastante en la
cueva, y sólo una vez que se introdujo por allí una manada de
carneros, varias personas penetraron en ella con objeto de sacarlos de
allí; lo que no consiguieron, pues las ovejas se internaron mucho en
ella, y los que iban en su seguimiento, después de dos días de
camino, se volvieron, ya sea por temor o por falta de alimento y de
luces».
-162-
Increíbles por demás son los detalles que se
relacionan en las anteriores noticias. No sólo la distancia, sino la muy
notable diferencia de nivel entre los dos lugares, hacen del todo dudosa, si no
imposible, la comunicación de la caverna de que se hace mención
con la de Cacahuamilpa; con todo, la Sociedad de Geografía y
Estadística, atendiendo a la importancia real de esta obra natural, y
prescindiendo de aquella otra circunstancia, debe mandar explorarla y hacer los
estudios que la ciencia exige.
México, Marzo 6 de 1874.
-163-
  Una excursión a la tierracaliente. De
Teziutlán a Nautla.
Al señor licenciado
don Rafael Martínez de la Torre
¿A quién mejor que a usted, a cuya amable
invitación debí el conocer una de las más bellas y ricas
regiones de la República, puedo dedicar el presente artículo? En
él la verdad de los hechos me ha obligado a mencionarle a menudo, a
riesgo de ofender su reconocida modestia; pero no puede ser de otra manera,
cuando el nombre de usted está indisolublemente unido a las mejoras
materiales y sociales que van desarrollándose rápidamente en
aquellos pueblos.
-164-
Reciba usted esta dedicatoria como una débil muestra de la
profunda estimación que le profesa su siempre muy adicto amigo y seguro
servidor,
Antonio García Cubas.
* * *
La naturaleza, que en México se ostenta por todas partes
pródiga y rica, ofrece de continuo al viajero nuevos y bellos asuntos de
que tratar, por más que éste, al emprender nuevas descripciones,
tenga por agotadas las facultades de su imaginación.
De las alturas de Teziutlán a la desembocadura del Nautla, en
un espacio de veinticuatro leguas, el viajero puede admirar la
vegetación en su mayor desarrollo y grandeza, así en la
región fría como en la templada y caliente. A la variedad de las
coníferas que pueblan las alturas próximas a las regiones
heladas, se suceden los bosques impenetrables de la zona templada en la cuesta
de Teziutlán, y a éstos las vírgenes selvas
tropicales.
Fuentes y cascadas, árboles y plantas, flores y aves, todo en
su conjunto da a aquellas regiones el triple y rico aspecto de frondosidad, de
vida y de hermosura. Los helechos y flores, los liquen y licopodios, engalanan
las profundas grietas de las montañas y matizan con los más vivos
-165-
colores los troncos de los árboles y las mismas rocas. A
la belleza de la vegetación que así cubre las laderas de las
montañas como reviste con su rico manto de verdura las extensas
campiñas que terminan en los arenales de la playa, se aduna el confuso
ruido del agua y el bellísimo canto de las aves.
De sorpresa en sorpresa, y emocionado cada vez más, el
viajero traspasa sucesivamente los límites de cada zona. Al cesar de
percibir el extraño zumbido que, en las tierras frías, produce el
aire penetrando en el fibroso follaje del ocote, fijan su atención los
ecos lejanos de los torrentes, el estruendo de los saltos y cascadas, y el
armonioso canto del clarín de las selvas, que por todas partes
manifiesta su existencia entre los frondosos ramajes del liquidámbar; y
por último, a los bellísimos trinos de esa ave, de las regiones
templadas, se siguen en las cálidas el triste lamento de la
tórtola, el monótono canto de la perdiz y la incesante algazara
de las cotorras y chachalacas.
Más que el simple objeto de una descripción, tiene
este artículo el de dar a conocer una región que, por sus grandes
riquezas, tiene marcado un gran porvenir.
Feraces en extremo sus campiñas, permiten que las plantas
espontáneas adquieran todo su desarrollo, y no se resisten al cultivo de
las más útiles al
-166-
hombre. Su temperatura, aunque en
su mayor parte cálida, no engendra las temibles enfermedades
endémicas que hacen inhabitables otras comarcas de la misma naturaleza.
Los desmontes para abrir las tierras al cultivo, la desecación de
algunos terrenos húmedos y pantanosos, y las providencias que se sigan
al establecimiento de las colonias, darán a los lugares de que me ocupo
la mayor salubridad posible, agregándose a estos ventajosos y
prósperos elementos, la más completa seguridad de que se disfruta
en toda la comarca; seguridad que ha llegado a ser proverbial.
Los terrenos que el camino recorre, pertenecen, en general, a los
cantones de Jalacingo y Mizantla, del Estado de Veracruz, y en su menor parte
al distrito de Teziutlán, del Estado de Puebla.
* * *
Teziutlán
La Cumbre de los Oyameles, punto de partida en esta
descripción, es el más elevado de todo el camino,
encontrándose a veintiséis kilómetros Suroeste de
Teziutlán. El terreno desciende, ofreciendo, por todas partes los
más variados y pintorescos
-167-
paisajes: unas veces hermosos
bosques de oyameles, ocotes y pinos, y otras extensas y profundas barrancas,
salvando las cuales se descubre a lo lejos Jalacingo en las vertientes de la
pintoresca sierra de su nombre. La cresta ondulada, de esta sierra, por la
forma caprichosa de sus cumbres, se ve coronada de corpulentos árboles
que se destacan y dibujan, a pesar de la distancia, ante un purísimo
cielo. Las sinuosidades del terreno ocultan unas veces y descubren otras los
bellos paisajes que se suceden, apareciendo de improviso la hermosa sierra de
Chinautla con el caserío de su población diseminado en sus
vertientes, y enfrente de ella la pintoresca ciudad de Teziutlán.
Esta ciudad, cabecera del distrito de su nombre, antiguamente
Teziuyutepetzintla (cerro de granizo o fuerte
granizada al pie del cerro) se halla situada en la sierra de su nombre a
treinta y seis leguas Noreste de la capital del Estado, y a los 19º 49'
30" 22 de latitud Norte, y 1º 44' 56" 3 de longitud Este de México,
según las observaciones de don Francisco Jiménez, de las cuales
me sirvo en el curso de este artículo. Sus calles, como las de todas las
poblaciones que tienen su asiento en las fragosidades de las montañas,
ofrecen ascensos y descensos continuos e irregularidades en el alineamiento de
las casas; éstas, en su mayor parte,
-168-
son de dos pisos
hacia el centro de la población, con sus inclinados techos de teja y
salientes hasta cubrir las aceras. Su plaza, en la que se ha formado un
jardín, se halla circundada al Oeste por la parroquia, cuya torre
aislada, le imprime un aspecto particular; al Norte por las casas
consistoriales, de buena apariencia, así por sus dimensiones como por la
simétrica forma de su fachada y elevados portales; al Sur por algunas
casas particulares, y al Occidente se halla ilimitada, extendiéndose el
terreno hasta la barranca formada por las vertientes de la sierra de
Chinautla.
El exterior del templo, por sus detalles, ofrece una
extraña mezcla de estilos de construcción: romano en su primer
cuerpo, y barroco en el segundo. El frontispicio corresponde a un
vestíbulo que sin duda es de construcción más reciente al
de todo el edificio. Una torre, destinada exclusivamente a las campanas del
reloj, se levanta en el centro y en un plano reentrante respecto al del
frontispicio. El interior es de tres naves, hallándose los arcos
así como las bóvedas que éstos sostienen en extremo
deteriorados.
La capilla del Carmen, tanto por su bella forma como por su
pintoresca posición, es el templo más notable de
Teziutlán. Construida sobre una colina, se asciende al templo por dos
opuestas
-169-
escaleras, a las cuales se llega por una elegante
portada, marcando el dintel de ésta la diferencia de nivel entre el piso
de la pequeña plaza, a cuyo extremo se levanta el edificio, y el del
pavimento de éste, circunstancia que aumenta la elegancia de la
construcción.
Los más preciosos árboles, plantas y flores revisten
las pendientes de la cercada colina. Vense allí, brotando con
profusión, las fragantes rosas de Castilla, al lado de los preciosos
ramos de azucena, de nardos y de alfombrilla de variados colores, y alternando
con el erguido y elevado ciprés, el cónico oyamel, los pinos y
los sauces. En el centro de este inmenso ramillete de plantas y flores se
levanta la preciosa capilla, coronada por cuatro graciosas y simétricas
torres. Tal es el aspecto encantador de este lugar.
Bellísimas y en extremo agradables son las perspectivas que
ofrecen los alrededores de Teziutlán, desde las alturas del Carmen.
Distínguese a lo lejos, al Norte, la sierra de Atoluca; al Oriente, los
cerros de Ocotepec y cordillera de Quetzalan (criadero de quetzales), y en
lontananza, las eminencias de Palomastepecques; al Sur los montes de
Teziutlán, cuyas cañadas se ven matizadas por los variados
colores del follaje de los encinos,
eilites y robles; y al Suroeste el elevado
carro, de figura caprichosa, conocido con el nombre
-170-
de
Tzompantitán, y en fin, al Poniente la sierra de Chinautla, que a pesar
de la distancia presenta bien determinada la estratificación de sus
rocas, y aisladamente un trozo de pirámide en el extremo Norte.
Dominándose la población desde las torres del
Carmen, no tanto por la elevación de este edificio cuanto por la altura
de la colina en que se encuentra, preséntase aquélla en toda su
extensión rodeada de floridas y selváticas colinas.
Vese el terreno surcado por barrancas que en su mayor parte, por
el Norte, afluyen al río del Calvario y éste al de María
de la Torre, en tanto que las del Oeste forman el río de San Pedro y
éste el del Espinal; los bosques de
eilites, planta cuya corteza abunda en
tanino, con su tupido y vivísimo follaje, y los que forman los encinos
de varias clases, los robles y otros muchos árboles, cubren esas
cañadas que desde lejos se distinguen por el aspecto sombrío de
sus arboledas.
Descúbrese igualmente sobre la cima de otra colina, la
iglesia de San Juan, cuyas elegantes torres se apoyan en dos arcos que,
arrancando desde el suelo sirven a aquéllas de contrafuertes.
La ciudad posee un hospital bien atendido, un teatro, varios
talleres industriales y casas acreditadas que mantienen un comercio activo con
los
-171-
pueblos de las sierras de Tlatlauqui y Zacapoaxtla. Los
artesanos se distinguen por el esmero y limpieza de sus artefactos, y
particularmente en el ramo de carpintería y ebanistería han
adquirido justa fama, tanto por la elección de las exquisitas maderas
cuanto por el gusto y solidez de los muebles que construyen.
El clima de la ciudad, aunque frío, es agradable y sano, e
influye notablemente en la bella índole de sus habitantes, y sobre todo,
en el hermoso y rosado color que se advierte, en general, en el cutis de las
mujeres.
Las densas nieblas que en el Otoño y en el Invierno
acumulan los vientos del Norte en la sierra de Teziutlán, ocasionan
lluvias tenaces que, alguna vez, han durado cuarenta y seis días.
Al principio del Verano el termómetro, a la sombra y a
diferentes horas del día, da las siguientes indicaciones:
| 6 |
de
la mañana
|
15º |
|
C. |
| 2 |
de la tarde |
21º |
|
" |
| 3 |
id. |
23º |
|
" |
| 9 |
de la noche |
16º |
½ |
" |
Los terrenos de todo el distrito en sus tres climas, frío
templado y caliente, son por lo regular fértiles y producen las
siguientes frutas: pitaya,
-172-
tuna, capulín, albaricoque,
durazno blanco, de hueso colorado, melocotón y prisco, pera, membrillo,
pagua, nuez, granada de China y cordelina, manzana chata y camuesa, peras,
tejocote, uvas, calabazas y melón, higo, zarzamora, sandía,
piña, jobo, mango, chirimoya, anona, plátano guineo, macho, largo
y de Manila; entre las zapotéceas, cabello, domingo, mamey, negro,
blanco y chico, jinicuil, anaya, tepetomate, aguacate, bienvenido, olopio,
naranja, lima, limón común y real, ciruela, guayaba, cuajilote,
papaya de tres clases. Prodúcese igualmente la caña de
azúcar y algunas raíces, tales como camotes, jícamas y
yuca, y abundantemente la raíz de Jalapa.
Muchas y muy estimadas son las maderas que se encuentran en estos
terrenos, así por su solidez como su finura y belleza, tales son: cedros
(cedrela), honguillo, empoalcahuatl,
pimiento, chicozapote, caoba
(sivictenia), caobilla, encino blanco
y prieto, cosalcuahuitl, naranjo, ocotillo, el petrificante chijol, bienvenido,
pitzoyac, rosadillo, trompillo, árbol del hule, laurel, tigrillo,
platanillo, haya, palosanto, madroño, mesanteco, jobo, jamalcuahuitl,
moral, liquidámbar, ojancho, espino, oyamel, pino, sauz, fresno y boj.
El ailite o eilite que se produce en climas fríos, se emplea en la
curtiduría de pieles por la abundancia de tanino que contiene la
corteza.
-173-
Los productos de la agricultura en el distrito pueden
estimarse:
|
Zona
fría |
Templada |
Caliente |
Total |
| Maíz |
15.000 |
cargas |
3.000 |
cargas |
10.000 |
cargas |
28.000 |
| Frijol |
50 |
cargas |
- |
- |
50 |
| Raíz de Jalapa |
120 |
quints. |
- |
- |
120 |
| Café |
- |
25 |
cargas |
500 |
cargas |
525 |
| Arroz |
- |
- |
40.000 |
ars. |
40.000 |
| Chilepochtli |
- |
- |
2.000 |
ars. |
2.000 |
Cultívase además la caña de azúcar que
rinde 10.000 arrobas de panela, el algodón, la vainilla, añil y
achotillo.
Los indígenas se emplean en la cría de ganado lanar,
cabrío y vacuno, aunque en pequeña escala, calculándose en
3.200 cabezas.
El distrito cuenta con 18.000 habitantes, de los cuales 5.820
residen en Teziutlán.
Hállanse subordinados a esta ciudad, como cabecera de
distrito, las municipalidades de Atempan, Chignautla, Huaytamalco, Macuilquila
y Xiutetelco.
Respecto de instrucción pública, existen en el mismo
distrito 15 escuelas, a las que concurren 660 niños y 200 niñas.
Enséñase en ellas a leer, escribir, aritmética, historia
sagrada y moral, elementos de geometría, geografía e historia de
México.
En la cabecera hay establecido un colegio, que es el Seminario
Palafoxiano, destinado a órdenes
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sacerdotales, a cuyo fin
se hallan establecidas las siguientes cátedras: latín,
lógica, metafísica, teología y rudimentos de
matemáticas y física.
En el colegio municipal de Teziutlán, que abrió sus
clases el 3 de Febrero anterior, se enseñan los idiomas español,
latín y francés; primero, segundo, y tercer año de
filosofía, derecho natural, ídem civil, ídem mercantil y
teneduría de libros, botánica, física y farmacia;
concurren 35 alumnos, y sirven gratuitamente las cátedras los
señores doctor don Federico Casas, ingeniero Manuel López
León, don Arnulfo Bello, don Félix M. Álvarez, licenciado
don Quirino Domínguez, don Fernando C. Lavalle y don Bernardino H.
Díaz.
Continuando el camino de esta ciudad a Tlapacoyan, se desciende
por la fragosa cuesta de Teziutlán. El terreno, en extremo accidentado,
presenta tres series de montañas, de las cuales la central es la que
sigue el camino en continuos ascensos, puesto que, para abreviar las
distancias, abriose éste por el espinazo de la cordillera. El mismo
terreno, cubierto en su mayor parte de barro ferruginoso, adquiere la mayor
solidez en las secas; pero de tal manera se descompone en el trayecto del
camino a los primeros aguaceros, que hace éste intransitable y
peligroso. Bajo tales condiciones, la apertura de un nuevo camino, siguiendo
las convenientes líneas de nivel, facilitando
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el paso de
las cañadas, no ofrece dificultad alguna, y si sólo debe
atenderse a la construcción de las calzadas de piedra, tan necesarias a
su conservación. Los intereses del comercio y el próspero
porvenir que está reservado a la rica comarca de que me ocupo, exigen la
pronta ejecución de un nuevo camino en la cuesta de Teziutlán,
único tramo que imposibilita las transacciones mercantiles de los
pueblos de la sierra con la rica y feraz región de Nautla y Xicaltepec.
Desde Tlapacoyan en adelante se extienden las campiñas y las
fértiles vegas de los ríos de Bobos y María de la Torre,
interrumpidas aquéllas en algunos trechos por poco elevados
lomeríos, que de ninguna manera sirven de obstáculo a la apertura
de una ancha y cómoda vía, aun tratándose de un
ferrocarril. Ligeras diferencias de nivel determinan un plano ligeramente
inclinado y uniforme desde aquel punto hasta el mar, y en él la
vegetación se ostenta en todo su desarrollo y lozanía. La
colonización, que en estos terrenos es ya un hecho, camina a su mayor
estabilidad, y el gobierno no debe consentir en que aquellos pueblos, y los que
nuevamente se formen, queden incomunicados de la mesa central por la hoy
inaccesible barrera de la cuesta de Teziutlán. Prosiguiendo el camino en
esta cuesta, como ya he manifestado, por la cresta de la cadena central,
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vense a uno y otro lado fuertes declives, que unidos por su pie
con los opuestos de las otras cordilleras, presentan fragosas y profundas
barrancas, a las cuales se unen en gran núme |