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Federico Baráibar
Cumpliendo el encargo que se me confirió21 en 27 de Septiembre último, daré breve cuenta de los datos que he recogido en mi expedición arqueológica del pasado Agosto. Objeto principal de mi viaje fué el visitar las ruinas de Asa. Hállase el despoblado de este nombre á legua y media de la villa de Laguardia, en territorio alavés, y su término se extiende sobre una colina de escasa altura, regada por un arroyuelo y partida por la carretera, que salvando la sierra de Toloño por el puerto de Herrera y cruzando el condado de Treviño y los montes de Vitoria, viene de Logroño á la capital de Álava. Sus terrenos llegan hasta la orilla del Ebro, que pasa á poca distancia de la citada colina, formando una pronunciada curva. De la antigua villa, que al abrigo de castillo y muralla
subsistía aún en la décima centuria22, apenas quedan
vestigios ni señales. La morisca y el arado han borrado por completo las
trazas de sus casas y calles; y la vid arraiga ahora lozanamente sobre la
gruesa capa de
detritus, extendida como paño
mortuorio por la mano del tiempo. La ermita de Nuestra Señora, sostenida
por la piedad hasta principios del siglo, ha sufrido igual suerte que los
edificios profanos. Con sus despojos se han levantado á la orilla
izquierda del camino real de Laguardia algunas casuchas de labradores, y
La Casa del Monte se ha construído á expensas de la ermita de Nuestra Señora; así es que en sus cimientos yace escondida la memoria que la familia de Sempronio Emiliano dedicó á Sempronio Titulo y á Emilia Titula en la época romana. Dió por fortuna noticia de esta lápida la España Sagrada (tomo XXXIII, páginas 54y 55), de donde la copiaron, con doctos reparos, el Diccionario Geográfico histórico de España por la Real Academia de la Historia (tomo I, 123) y las Inscriptiones Hispaniae Latinae del Doctor Emilio Hübner (2923). La intervención de D. Bartolomé Goyri propietario de la finca, salvó de igual suerte otra lápida completamente inédita, extraída también del arruinado templo. Guárdase en una especie de rústica glorieta que una banqueta circular forma en derredor de una frondosa encina. Desde las losas que allí brindan asiento se distingue un paisaje encantador que pudiera servir de fondo al idilio de algún Teócrito, pues la rústica belleza del panorama no es inferior seguramente á la de los luminosos campos de Sicilia. Ayudado del amable administrador D. Lesmes Gómez de Segura, obtuve de la inscripción un calco, menos exacto de lo que fuera de desear por impedírmelo el viento que dió en soplar con vehemencia. La piedra caliza en que está abierto el epígrafe
mide de largo 0,75 m. por 0,56 de anchura. A su cabeza se observan en una
extensión de 0,45 m. vestigios de dos sencillas grecas, entre las
cuales, rebajada á cincel, hay una faja donde acaso esculpió el
cuadratario las siglas
D. M., comunes en esta clase de
inscripciones. La lectura de las tres líneas primeras ocurre á
primera vista, supliendo lo poco que en ellas falta. La laguna del
renglón último es más difícil de llenar; pero
tanteando el espacio vacío, fijándome en los restos de letras
saltadas, apoyándome en las que permanecen íntegras y teniendo
presentes las fórmulas usuales en tales monumentos, entre ellas la del
sepulcro de
Pederos (Hübner, 2925) por
El Boutia, cognombre de Aurelia, no es nuevo en la epigrafía hispano-romana, pues se halla en muchas lápidas, de las cuales solo mencionaré una de Coruña del Conde (Hübner, 2786), porque apenas difiere en su redacción de la descubierta en Asa. Los Sres. D. Fidel Fita (Museo español de antigüedades, t. IV, p. 268) y D. Joaquín Costa (Introducción á un Tratado de política, página 225) lo hacen vocablo céltico, cuya traducción latina pudiera ser Victoria. El cognombre de
Flaco es, por el contrario, á lo que
á mí se me alcanza, completamente nuevo en nuestras
lápidas; y, bien se halle íntegro, bien suprimida alguna
desinencia, ofrece un aspecto particular digno de estudio. Su primera parte
(Atte), suponiendo que sea compuesto como á
mí me parece, se halla como nombre de mujer en tres epígrafes de
León (Hübner, 2672, 2683 y 2684), y acaso pueda referirse al latino
Atta ó al griego análogos en
significado y casi homófonos del eúskaro
aita, siendo quizá la
t doble de las lápidas una forma de
transcribir el sonido especial llamado
T fuerte palatal mojada por D. Arturo
Campión (Gramática de los cuatro dialectos
literarios de la lengua eúskara, páginas 56 y 57), que se
halla en
aita y en otros vocablos vascos. La
segunda parte del cognombre (suclo) es para mí un
enigma,
Fuera del epitafio de Aurelia Boucia nada queda en Asa que atestigüe la permanencia de los romanos en la pintoresca colina como no sean infinitos pedazos de vasijas que, por su fabricación y color rojo característico, pertenecen á la clase de productos cerámicos llamados comunmente barros saguntinos. Recogí algunos en mi ligera excursión por aquel término, pero no pude adquirir ninguna de las monedas que en bastante número se han encontrado allí y han desaparecido por no haber sido comprendido su valor histórico. En el desmonte hecho cerca de la ermita de Nuestra Señora
vi también varias sepulturas de las que con frecuencia descubren los
labradores en aquellos contornos. Todas están formadas por losas sin
labrar y sin inscripciones, con el eje mayor en dirección á
Oriente. Los esqueletos humanos que yacen en estas cámaras
De regreso de Asa hice una visita á Ircio y á San Esteban para cerciorarme de si existían ó no en ambos pueblos las lápidas de que dió cuenta, á fines del siglo pasado, D. Lorenzo del Prestamero á la Real Academia de la Historia (Prestamero, El Camino romano de Álava y otras antigüedades, ms.; Dic. geogr. hist., t. I, páginas 220 y 385; Hübner, 419 y 2929; F. Fita, Epigrafía romana, pág. 74). La miliaria dedicada al emperador Póstumo, doctamente reconstituída por Hübner (loc. cit.), persevera en Ircio, sirviendo de jamba en el portal de Doña Juana Sabando. La piedra, de 0,80 por 0,30 m., se halla muy deteriorada; pero la primera letra de su renglón tercero, aunque completamente saltada, ha dejado una mancha sobre el fondo del pilar en que se distingue claramente el nexo † (it) adivinado por el sabio epigrafista berlinés. La inscripción de San Esteban (pueblo del condado de Treviño, provincia de Burgos), dicen Prestamero y el Diccionario de la Academia que fué trasladada al Museo que la Real Sociedad Vascongada de los Amigos del País tuvo en Vitoria. Hübner escribió acerca de ella un triste periit. Afortunadamente se conserva en la pared del horno y cabaña de D. Timoteo Pérez, vecino de aquella aldea. Mide 0,45 por 0,37 m. Se halla en muy buen estado, y tiene un sexto renglón no copiado por Prestamero ni por los que de él la han tomado. La reproduzco íntegra:
Al visitar el pueblo de San Esteban observé entre este y
el próximo
Vitoria 10 de Octubre de 1888. Federico Baráibar
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