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Carlos de Lecea
Sabido es79 que en
el voluminoso
Aparato de la historia de Segovia, se halla
un precioso cuaderno80 manuscrito que anotó de su
puño y letra el insigne historiador D. Diego de Colmenares, é
intituló
Relación de la traslación, que se
hizo en la ciudad de Segovia de las reliquias de San Frutos, su Patrón,
del alcázar â la iglesia de Santa Clara, sábado, 25 de
Octubre, año de mil y quinientos veintidos. Creeré mejor que
deba rotularse
Memorial histórico de Segovia;
porque, además del objeto peculiar señalado por Colmenares, el
autor trata de otro no menos principal, como es mover el ánimo del
obispo, magistrados, nobleza y pueblo de Segovia á poner mano en la
construcción de una nueva Catedral en sustitución de la antigua,
destrozada y derrocada por las
Su
episcopologio, que llevó adelante
Calvete86, y mal disimuló
Colmenares87, carece de los obispos visigodos88 y del mozárabe
Ilderedo89; pero en cambio cierra la puerta
á las torpes especies introducidas por los falsos cronicones, y nos da
garantía segura de la tradición verdadera. Con efecto, el
señor Pantigoso por encargo y en representación del Cabildo
dirigió su
Memorial al obispo D. Diego de Rivera90; y no es de creer que dejase de
consultar las fuentes más autorizadas sobre este punto, que á la
sazón obraban en los archivos capitular y episcopal, en cuyos libros,
códices y escrituras, ó
suntuosa librería91, estaba realmente impuesto, tanto por afición
como por oficio. Á la descripción que hace del templo con sus
altares y sepulturas, órganos, coro92, sacristía, torre, claustros y hospital adyacente93,
añade subido realce lo que escribió acerca de los regios
alcázares, palacio episcopal,
canongía, conventos, iglesias, calles, plazas, puertas, torres y
murallas de la ciudad,
1.-Prólogo y dedicatoria al
obispo D. Diego de Rivera
Si los gentiles las cosas en su tiempo acaescidas con mucho
cuidado y diligencia hicieron escribir solo para que, aunque profanas y
supersticiosas, de generación en generación, de ellas y de sus
hacedores siempre viviese memoria, cosa de mucha reprensión
sería, Ilustrísimo y muy Magnífico Señor, á
los católicos que hoy son si las acaescidas, mayormente en vuestros
bienaventurados tiempos, en esta tan insigne Iglesia95 y obispado de Segovia, concernientes
al loor y alabanza del omnipotente y eterno Dios, de cuya voluntad y mano
Vuestra Señoría lo posee96, por falta de quien lo escribiese á
los porvenir fuesen ignotas. Es bien verdad, Ilustrísimo Señor,
que al presente en esta vuestra Iglesia hay copia de personas notables,
prudentes y sapientísimas, de muchas letras y experiencia; [en manera]
que el menor de ellos por muy mejor estilo y elocuencia pudiese escribir (en
alabanza de Nuestro Señor y memoria de los venideros la segunda
traslación de San Frutos, San Valentín y Santa Engracia sus
hermanos, que por mandato de vuestra Señoría de los
alcázares de esta ciudad, donde estaban, á la iglesia de Santa
Clara donde al presente reside vuestra Iglesia, fue hecha) que la perezosa mano
y exiguo saber de vuestro humilde servidor. El cual no sin alguna temeridad y
loca osadía la tentó poner en tan inepto y grosero estilo, por
tres respetos principales movido: uno, por servicio de nuestro Señor, en
cuyo favor y esfuerzo de su gracia
2.-Titular y altares de la antigua
catedral. Sepulcro del obispo D. Juan Arias del Villar. Invención de las
reliquias de San Frutos, hacia el año 1463. Munificencia del rey Don
Enrique IV y su proyecto de trasladar la catedral á la plaza de San
Miguel
Pues por lo que los pasados escribieron, las cosas dignas de
memoria nos son manifiestas, que si no se escribieran fueran ignotas;
así bien, ilustre y muy magnífico Señor, para perpetua
memoria es justo se escriba lo que á los presentes es público y
notorio que la Iglesia catedral de Vuestra Señoría, como mejor
sabe, so invocación de la gloriosa sin mancilla Vuestra Señora
Santa María, siempre virgen y madre de Dios, estaba edificada en
principio de esta muy noble y leal ciudad de Segovia junto á
Había otro altar á la mano izquierda, so
invocación del señor San Juan Bautista y del señor San
Juan Evangelista, con otro retablo; y á la mano derecha una capilla del
señor San Frutos excelentemente obrada, que antiguamente era un altar
del señor Santiago. En el cual,
puede haber sesenta años poco
más ó menos, que los cuerpos y santas reliquias del
señor San Frutos, San
En aquel tiempo el señor rey Don Enrique el cuarto, de
gloriosa memoria, en ver las maravillas que nuestro Señor obraba por los
méritos é intercesión del señor San Frutos,
dotó cuatro capellanías en el dicho altar y capilla con cargo de
cada tres misas cada semana, que rentan al presente diez mil maravedís
cada una. Mandó pintar la capilla mayor, blanquear, enlucir y enlosar
toda la Iglesia; dió doce capas de brocado ricas, y otras doce de seda
con las armas reales; dió los
órganos grandes, que eran de los
buenos del reino, y otras muchas joyas y cosas, y grandes privilegios á
la Iglesia y beneficiados de ella. Por el cual, demás de otros
sacrificios que se hacen cada año, se dicen dos responsos muy solemnes
con cantores y todos los beneficiados, puesto en estrado con dos tumbas, una
sobre otra, ricamente
adrezado, con su vulto cubierto con un
rico paño de brocado, y encima una corona dorada, con sus armas reales
alrededor: uno, víspera del señor San Frutos, y el otro
víspera de la Concepción
3.-El coro. Sepulcro del Infante D.
Pedro hijo del rey Enrique II
Había otrosí en la dicha Iglesia un coro
competente, con sus sillas para Vuestra Señoría y los otros
prelados, y para el Deán, dignidades, canónigos, racioneros y
beneficiados de ella, con
dos sillas Reales en cabo de él;
donde se decían las horas y oficios divinos con tanta devoción y
silencio como en las otras Iglesias del reino, y aun en parte mejor; de que
Vuestra Señoría es buen testigo. En medio del cual estaba una
sepultura elevada, con un vulto, bien obrada, cubierta con una tumba pintada;
hacia los pies de ella dos lámparas colgadas, que de continuo
ardían; en
4.-Sacristía, otros altares y
capillas, claustro, sala capitular, torre del reloj y campanas
Había en la dicha Iglesia sacristía, en que estaban los ornamentos de plata y cosas necesarias para el servicio del culto divino. Había otros altares y capillas principales. Había una claustra de las buenas de estos reinos; Sala y Capítulo muy rico y suntuoso, donde se ayuntaban el Deán y Cabildo á sus cosas capitulares; una torre harto fuerte, donde estaba el relox, y ciertas campanas de las buenas que en muchas partes se podían hallar. Había otros muchos cumplimientos para el servicio de la dicha Iglesia. Había asimismo en la dicha Iglesia un enterramiento,
ó sepultura
6.-El acueducto de Segovia.
Antigüedad de la ciudad y memorias de Hércules
Había en la dicha Iglesia otras cosas y memorias
notables, que por evitar prolijidad las dejo de recontar; de donde es de creer
que esta Iglesia de Vuestra Señoría fue y es una de las antiguas
de España; porque se afirma que esta ciudad de Segovia fue fundada por
Hércules, cuyas insignias hoy dia parecen
7.-Antigüedad de la Sede
Segoviana. La ciudad despoblada bajo el yugo de los musulmanes
Y así se debe tener por cierto que, predicado el evangelio y nuestra santa fe, siendo esta ciudad como siempre fue muy insigne y principal, que una de las primeras de estas partes que creyeron y rescivieron nuestra santa fe cristiana fuese esta; y que entonces se edificó esta Iglesia de Vuestra ilustre Señoría. Y si de esto agora no hay escritura ó memoria, por do se pueda afirmar, es por aquella gran destruición de España del tiempo del rey Don Rodrigo, en que perecieron todas [ó] las más escrituras y memorias de lo pasado; á causa de la cual destruición esta ciudad estuvo muchos años despoblada. 8.-Repoblación de la ciudad
en 1088. Episcopologio desde el año 1120 hasta 1523. Consagración
de la Catedral (16 Julio, 1228)
Y según parece, muy magnífico Señor, por
cierta escriptura, después de la dicha destruición se
comenzó y tornó á poblar esta ciudad en la hera de mil y
ciento veintiseis años111, y estuvo en poblar y sin obispo fasta la hera de mil y
ciento cincuenta y ocho años, que fue del nascimiento de nuestro
Señor y Redemptor
Parece otrosí que el Maestro Don Juan, cardenal de Sabina, que primero fue arzobispo de Visançón, en diez y seis del mes de Julio del año de la Encarnación de nuestro Redentor Jesucristo de mil y docientos veintiocho consagró esta Iglesia119. 9.-La catedral profanada por los
Comuneros. Cerco del alcázar. Piadosa contienda entre los cercados y el
Cabildo eclesiástico acerca de las reliquias de San Frutos
De la cual, ilustre Señor, fueron echados el
Deán y Cabildo en el año del nacimiento de nuestro Señor
Jesucristo de mil y quinientos veinte años,
próxime pasado, á causa de
las alteraciones y movimientos, que aquel año ovo en esta ciudad, como
10.-La catedral estragada por los
Comuneros. En maltratarla y derribarla fueron también culpables los
defensores del alcázar
Después que [á] nuestro Señor plugo por
su infinita bondad de cesar y pacificar los dichos movimientos y alteraciones
de estos reinos y [fué] alzado el dicho cerco123, los dichos Deán y Cabildo
se quisieron tornar, y tornaran á la dicha Iglesia, sino estuviera, como
estaba y aun está, derribada y aportillada, y por muchas partes
destechada y desolada, disipada y destroida; los altares derrocados y
profanados; los Crucifijos é imágenes de nuestra Señora y
de otros santos descabezadas, los brazos y piernas hechas pedazos; los
órganos grandes y los otros dos pares, que estaban sobre el coro,
quebrados y agugereados de
escopetadas y otros tiros; las sillas del
coro trastornadas y
evertidas de sus lugares, y muchas dellas
quemadas, y otras puestas por defensa y albarradas; hecho dentro y alrededor
cavas, fosados, minas y contraminas; y por quitar las losas y laudes de la
Iglesia para hacer barreras y defensas, los huesos de los finados sacados y
desenterrados; y hechas otras cosas semejantes, las rejas de las capillas de la
Iglesia quitadas y puestas en las puertas y postigos cabe el alcázar
para más los fortificar; y quemada
la casa del hospital y la del hospitalero, que
estaban junto á la Iglesia, donde se albergaban y acogían
los pobres é hijos de Dios; quemado y destroido el refectorio, donde
comían catorce pobres cada dia; derrocada toda
la librería, ó lo que de
ella estaba de sillería y cantería, que pocos años
había costó á hacer más de dos mil ducados; donde
fueron muchos hombres heridos y muertos, dentro de la Iglesia y alrededor de
ella, que no había quien osase salir á enterrarlos; y de tal
manera que en el templo de
11.-Reconstrucción y reparos
de las puertas y fortificaciones. Quéjase el Sr. Pantigoso de los
gravámenes para ello impuestos, y se lamenta del abandono en que
yacía lo concerniente á la catedral y al palacio del
obispo
A, a, a, Domine Deus, quia licet ego senex
sum, son scio aut son audeo loqui124;
et quid eligam ignoro125;
et undique angustie mihi sunt, quia si
dixero incidam in manu[s] hominum, si autem tacuero in iram Dei
mei126.
¿Decirlo he, ó callarlo he, Ilustrísimo Señor?
Porque poco he dicho; mas acordándome lo que sancta Susana (Daniel, 13)
eligió, y lo que el Profeta (salmo 63) dice
quoniam zelus domus Domini comedit me, licet
opprobria exprobrantium ceciderunt super me, mayormente si (juxta
illud Hieremie 2.º)
Dominus dixit ad me, ne timeas a facie
eorum, quia ego tecum sum ut eruam te; como creo y tengo por
Y si alguno acerca de esto quisiere argüirme de mal latín, diciendo que á nosotros se da una tabla de carne, y otra de pescado, y no sé qué taberna sin sisa; podré yo con más razón redargüirle que es muy gentil engañar de pan aqueste, quedando el pan y vino acantarado, vinagre, aceite, madera, leña, reses en pié y otras mil adherencias, que son dos tanto que lo principal, cargado y recargado de sisa. Y si cerca del vino acantarado, me digere que cada uno de nosotros lo puede meter en su propia acémila ó bestia, que puede ser tres ó cuatro los que las tienen, no resta sino que los otros queden por las que no tienen, y que nos echen otra mayor albarda y carga, y que la suframos. Con su pan se lo coman los que lo hacen y los que lo sufren y disimulan; pues idem est dissimulare quam consentire; dórenlo ó palíenlo como quisieren, ó yo entiendo mal este latín ó algarabía, ó no sé lo que es. ¿Y para qué el templo de Dios consagrado y de su
gloriosa Madre, donde tanto tiempo fueron alabados y servidos, que está
por el suelo derrocado y destroido? ¿Y para qué las casas de
Vuestra ilustre Señoría y palacios episcopales, que me olvidaba,
12.-Súplica al obispo para
que interponga su valimiento con el Emperador, buscando cómo reparar la
catedral antigua ó construir otra nueva
Vuestra ilustre Señoría ha tenido mucha razón, en verdad, de no haber visto su Iglesia después que tal esta; porque sin duda fuera partirse su generoso y piadoso corazón en mil partes y arrancársele en las entrañas, en ver la esposa que Dios le encomendó ut umbraculum in vinea et tugurium in cucumerario (Esaie, 2.º). Si esto, ilustre Señor, es sobra ó falta de fe, Vuestra Señoría y los que lo oyeren lo juzguen; y aquel inmenso Dios, en cuya ofensa se hizo y se hace, pues lo permitió, por su infinita clemencia y piedad lo remedie. Vuestra magnífica Señoría no debe alzar
la mano por ningún respeto para con el Emperador nuestro Señor,
hasta que su Magestad lo mande proveer y remediar, pues á tal tiempo
Nuestro Señor le trajo á estos reinos128; que si los dos reyes Enrique129 y otros reyes de gloriosa memoria, sus
progenitores, comenzaron á hacer, honrar,
joyar, dotar y dadivar esta Iglesia, por
honra de Dios y de los santos cuerpos y reliquias que en ella hay, no menos,
sed más lo debe él hacer; y
no solo hacer lo que los pasados hicieron, mas pasarles adelante con mucha
ventaja por estar puesto en el
culmen, y tener el cetro imperial
plus ultra, como lo dice la letra
de su divisa con las columnas herculaneas que trae; tanto
plus, cuanto
plus; dignidad
plus, reinos
plus, señoríos
plus, riquezas y bienes Dios le ha
dado
ultra que á sus
progenitores; y [pues] Jesús nuestro Señor le dió el todo,
razonable cosa será que su Magestad mande dar y partir con su
13.-Lamentable servicio de la
catedral en la iglesia de Santa Clara y plaza de San Miguel durante más
de tres años. Autos de la Inquisición no interrumpidos
Oprobio digo
et abjectio plebis131, que á mi pobre juicio no
puede ser mayor que ver un Cuerpo tan notable, de que Vuestra
Señoría es cabeza, y un Cabildo tan insigne como el de Segovia,
donde hay personas tan principales y en tanto número que (sin
dignidades, canónigos, racioneros y medios racioneros, que son sesenta y
nueve) esceden á más de ciento veinte personas con los capellanes
perpetuos, cantores, mozos de coro, altareros y otros oficiales necesarios, que
estén y se junten
tres años y más dentro de una
choza, ó hermitorio tan pequeño, donde para entrar los unos se
han de salir los otros dándose de hombradas y de empellones, de verano
achocados de calor, y de invierno muertos
de frío y llenos de lodo, arrastrados por suelos, por los poyos y
banquillos como zapateros, y peor; sin coro y sin sillas, sin capítulo
en que puedan caber, en mucho y grande vilipendio, sin campanas competentes
para tañer las horas y se ayuntar á hacer el oficio divino, que
no les falta sino los
almuédanos que los moros
tenían para hacer oración, y que hayan de andar á campana
prestada, que es la de santo Andrés, para que puedan oir cuando por la
mañana tocan á prima, y por la tarde á nona ó
á vísperas, y de noche á maitines, pervertida la orden muy
Et quod magis dolendum, muy ilustre Señor, e[s verse] sin copia de altares y capillas, do se puedan decir las misas que son obligados; por cuya falta hay muchos dias que están revestidos siete ó ocho sacerdotes esperando la vez, como de horno ó molino, para decir misa; y algunos y hartos dias se tornan á desnudar y se van sin la decir por no haber lugar; ó las van á decir á otras iglesias y monesterios. Pues los dias de Pascua, ó de nuestra Señora, ó en cualquier auto de la Inquisición, que es en favor de nuestra santa fe, [los sermones ¿cómo] se han de hacer? Los días que hay sermón, muy magnífico Señor, como estamos en la plaza y medio de la ciudad y concurre mucho pueblo, como la iglesia es pequeña, ó los que entran se han de ahogar y perniquebrar, ó nos hemos de salir á la plaza con el púlpito y altar, que llueva, que nieve, y que hiele ó apedree; porque dentro es imposible hacerse el oficio ni oirse el sermón, según el rumor, gritos y vocerío de la gente. Y pluguiese á Dios, ilustre Señor, de contentarse con los tres años pasados y que, como son unidades, no se multipliquen como cuento de algún guarismo en decenas y centenas. Si vuestra Señoría fuese servido, como este vuestro Cabildo, como digo, es un mesmo cuerpo con vuestra magnífica persona y una mesma honra, [que] pudiese estar con alguna más decencia de la que está; pues es razón que de ellos á los otros clérigos rurales haya alguna más diferencia; porque, como mejor sabe, las cosas así son avidas y tenidas en estima, cuanto son en la autoridad, que deben ser, tratadas y conservadas. Á Vuestra Señoría suplico no se indigne porque en esta obra, enderezada á vuestra ilustre persona, hable algo con los caballeros, señoras y vecinos de Segovia; pues es la materia aparejada, viendo el descuido que se tiene del cuidado que se debía tener de procurar el cuidado de tanta destruición, en que seré lo más breve que pudiere é por tomar al intento principal, y así con confianza que de ello vuestra Señoría no será deservido.
14.-Arenga del autor á la
ciudad de Segovia. Recuerdos históricos
¿Qué es esto, Segovia, la noble, la devota y
cristianísima, qué es de tu antigua nobleza, generosidad,
caballería y devoción? ¿Qué si alguna gente baja,
popular y por ventura advenediza y forastera, fue en
despopular y destruir tu madre ó
iglesia matríz que era la cabeza de todo tu bien?
¿Por[qué] agora los caballeros, los generosos hidalgos,
ciudadanos, mercaderes y personas tan principales que la
vivís132 y gobernais, sufrís
y tolerais que esté tal, y sus ministros y servidores reciban tanta
penuria, angostura y cruel tratamiento? Y si para caso tan costoso no bastan
vuestras facultades ¿por qué no concurrir con vuestras mensageras
suplicaciones al Emperador y al Papa nuestros Señores para que manden
proveer en cosa tan necesaria y en que Dios tanto se serviría, y
vosotros y vuestra ciudad tanto se honraría? Porque, aunque la pena es
de estos señores y eclesiásticos que lo sufren y pasan, la honra
ó la mengüa de ello es vuestra, y que no quedais sin parte de la
pena que ellos, como arriba se dice. Por eso, muy magnífico Señor
y muy nobles Señores, por un solo Dios reparen Vuestras Mercedes la
destruición de su Iglesia y vuestra; que si los que la derrocaron, la
tenían por suya, como paresce por lo que respondieron á los
requerimientos que por parte del Cabildo que no la derrocasen se hicieron,
diciendo
que la iglesia era de la ciudad, para el
reedificarla y hacerla no se tenga por agena. Ni penseis ni espereis que los de
las otras ciudades del reino os la han de hacer, que harto tienen que proveer
sus necesidades; y no deis ocasión á que Nuestro Señor
dé el pago no solo á los hacedores mas á los
consentidores, y á los que disimulan y pasan por ello aunque no lo
hicieron y consintieron. Acuérdense Vuestras Mercedes de aquellos dos
tan notables varones y valerosos caballeros, Fernán García y Don
Dia Sánchez133, dignos de no olvidarse según quien fueron y lo
que hicieron y lo que dejaron, de donde los nobles y tan nombrados linajes de
Segovia. Venid, quitad los antojos de
Pues, magníficas y nobles señoras y matronas
Segovianas, acuérdense Vuestras Mercedes del grande nombre y renombre
que entre todas las de España teneis; pues sabeis se dice y muy vulgar
Caballeros de Ávila y dueñas de
Segovia, cuya corona vuestras antepasadas y de donde venís os
dejaron. Y si Vuestras Mercedes no lo saben, será bien sepan el
cómo y porqué se dice y se dijo. Y es que, como algunos
afirman134, los Romanos que conquistaron
á España, queriendo sugetar esta noble ciudad al imperio romano
como sugetaron otras muchas, teniéndola cercada, absentes de ella los
caballeros y personas de guerra, que casi no había dentro para la
defender sino solas las mugeres, las señoras y matronas principales
desechando la flaqueza natural y cobardía mujeril con ánimo y
esfuerzo varonil animaron todas las otras de la ciudad; y ordenadas sus rondas
y velas, sus escuchas y atalayas, repartidas las unas á las puertas y
postigos, otras en los
cubos y torres de la cerca y de la
ciudad, otras en otros lugares más necesarios, con muchos aparejos
para defenderse y ofender á los enemigos defendieron la ciudad; y de tal
manera se ovieron que los Romanos, vista la animosidad, esfuerzo y industria y
gran maña, que nuestras matronas y dueñas Segovianas
tenían en defender su ciudad, y por el socorro que sus maridos con los
caballeros les dieron, alzaron su real y se fueron; y en memoria de hecho tan
famoso llevaron á
15.-Petición del Cabildo al
Obispo en demanda de la translación de las reliquias á la iglesia
de Santa Clara. Niégase á ello el Prelado; y sobresee el Cabildo
algunos dias hasta el del fallecimiento
del Conde de Chinchón
Así que tornando á nuestro propósito,
muy magnífico Señor, visto por el Cabildo y personal de él
que el tornarse la dicha Iglesia á reedificar era dificultoso y aun
imposible por algunos tiempos, continuando su propósito y
devoción tornaron á procurar con mucha instancia de haber los
dichos cuerpos y santas reliquias. Lo cual sabido por vuestra
reverendísima Señoría, es de creer movido por algún
buen respeto, dende la villa de Galbes135, arzobispado de Toledo, donde á la sazón
estaba136, les invió á mandar, sopena de
escomunión, que no procurasen de aver ni sacar los dichos santos cuerpos
ni otra cosa alguna de donde estaban. Y así se sobreseió en ello
por algunos dias hasta el fallecimiento del dicho señor Conde de
Chinchón (cuya era la
16.-Licencia que otorgó el
Obispo y recibió el Cabildo á 24 de Octubre de 1522,
víspera de la fiesta de San Frutos
Lo cual, oido por el Deán y Cabildo, imbiaron luego un
canónigo á Valladolid, donde al presente estaba vuestra
Señoría138, á hacerle saber lo que la señora Condesa
decía, y á suplicarle fuese servido se trugesen á esta su
Iglesia los dichos cuerpos santos y reliquias; y Vuestra Señoría
ilustre, aunque lo defirió por algunos dias139, avido su consejo y movido en la caridad, que como buen
pastor, padre, señor y prelado debe á sus súbditos y
ovejas, el viernes que se contaron veinticuatro dias del mes de Octubre de mil
quinientos veintidos con el Reverendo Don Baltasar de Monguía, criado de
vuestra Señoría [y] Tesorero de su Iglesia, escribió una
letra á su Cabildo, por la cual en efecto vuestra magnífica
Señoría alzaba y alzó las censuras y escomunión de
supra jussion[e]; y por algunos
santos y justos respetos les dió licencia para pasar y trasladar de los
dichos alcázares
El Deán y Cabildo, visto la licencia y lo que vuestra Señoría les mandaba, dieron luego orden como para el dia siguiente, en que cada año se celebra y guarda en esta ciudad y obispado la fiesta principal de señor San Frutos, se efectuase lo que vuestra Señoría permitía, encargaba y mandaba por su letra. Cosa en verdad digna de notar y no pasar sub silentio, que ni el primer mandar de vuestra ilustre Señoría que no se trugesen, ni después el diferirlo, ni al fin el concederlo víspera de San Frutos, ni la diligencia de vuestro Cabildo en solo aquel medio dia para que se trasladasen su santo cuerpo y los de sus hermanos en su propio dia y festividad, cierto no fue en su mano sino de aquel grande y poderoso Dios, que sabe y acostumbra reservar, dar y conceder las tales cosas para mas loor suyo y honra de sus santos siempre tempore opportuno. Ideoque, exultet celum laudi[bus];
resultetque terra, precipue nostra Segoviensis, gaudiis; et in die, sanctis
misteriis sacra, concele[bret] solemnia140.
Vere dignum et justum est que
vuestra
17.-Procesión desde la
iglesia de Santa Clara al alcázar por las calles de la Almuzara y la
Calongía (25 Octubre, 1522). Nombres de los más principales
asistentes
El dia siguiente, que fué sábado veinticinco
dias del mes y año [referidos], Reverendísimo Señor,
acabada la hora de la tercia141, estando
juntas todas las cruces, puestos en orden los cofrades de todas las
cofradías con sus candelas de cera encendidas, los frailes y religiosos
de todos los monasterios con sus prelados y toda la otra clerecía, que
sin duda fueron en mucho número, puestos en procesión cada uno en
su lugar con mucho concierto y orden, hallándose presente el reverendo
Licenciado Andrés de Camargo provisor de vuestra Señoría,
el Corregidor y sus Tenientes, algunos Regidores, muchos caballeros, hidalgos,
mercaderes y ciudadanos, muchos señores y dueñas, y otra gente
popular de esta ciudad y arrabales y de otras partes, estando revestido de
presbítero el reverendo Doctor Don Pedro Vaca, deán, y de
diácono Pedro de Castro y subdiácono Gabriel Muñoz,
canónigos, yendo vestidos de presbíteros y de diáconos
hasta otros veinte de los beneficiados y capellanes de la Iglesia y de los de
la ciudad para traer las andas, en que vinieron los santos cuerpos, y la imagen
de Nuestra Señora, y un Crucifijo muy devoto, que solía estar en
lo alto sobre la capilla de San Frutos, en quien los de esta ciudad
tenían mucha devoción, y otros cuatro vestidos de acólitos
para encensar, los cuales concertadamente iban en medio de la procesión;
los dichos Deán y Cabildo, con sus cantores y capilla, devota y
concertadamente subieron de Santa Clara, y con mucha autoridad y concierto y
devoción fueron por
la calle de la Almuzara, la cual con
la de la Calongía y todo lo
demás hasta las casas de Vuestra Señoría estaba muy
adrezado y entoldado de mucha y rica tapicería, y á trechos
ciertos altares y oratorios bien devotos; y así llegaron á los
alcázares, á la
puente levadiza, do llegaron todas las
cruces y se tuvieron
18.-Personas que entraron dentro del
alcázar
Y solamente entraron dentro, por que no hubiera alguna confusión, los Deán y sus ministros con los cantores y ciertos ministriles; los que iban vestidos para llevar las andas y para encensar; los que habían de llevar las fachas142; y los reverendos Don Diego del Rio chantre, Don Baltasar de Monguía tesorero, el bachiller Pedro de Carboneras, el protonotario Don Bernardino de Berrio, el doctor Juan de Nava, Antonio de Guadalupe, Juan del Rio, Juan de Ramos, Pedro de Aguilar, canónigos; Juan de Pantigoso [y] Gonzalo Martínez de Villamayor, racioneros de la dicha Iglesia; el dicho licenciado Camargo provisor; y los reverendos y devotos, Fray Diego de Trogillo, prior del monasterio de Santa Cruz del orden de Predicadores, y Fray Francisco de Salamanca fraile profeso del dicho monasterio; Fray García Iñigo de Vitoria vicario del monasterio de Nuestra Señora del Parral de la orden de San Gerónimo y Fray [?] de Herrera y Fray Juan de Santa María frailes profesos del dicho monasterio; el bachiller Fray Martín de Acuña comendador del monasterio de Nuestra Señora de la Merced; Fray Antonio de Isla guardián del monasterio de San Francisco143; Fray Munio de Santa María prior del Monasterio de Nuestra Señora de los Huertos de la orden de Premostenses; y el honrado caballero Juan Álvarez de Maldonado corregidor, el licenciado Cristóbal López de Toro su teniente, el protonotario Don Antonio Meléndez escritor apostólico, Diego López de Samaniego, el licenciado Andrés López del Espinar regidor, el licenciado de la Plazuela vecino de dicha ciudad, y otras algunas personas que por evitar proligidad aquí no se nombran.
19.-Reliquias é
imágenes que hallaron. Requerimiento ante tres notarios que hicieron al
provisor los diputados por el Cabildo
Así entrados en los dichos alcázares, en presencia de nos, los dichos Juan de Pantigoso é Gregorio Martínez de Villamayor, racioneros, notarios públicos por la autoridad apostólica, é el bachiller Diego de Guevara notario público, uno de los del número de la audiencia de Vuestra Señoría, secretario del Cabildo, que para esto fuimos rogados y llamados, se hallaron los cuerpos y santas reliquias de señor San Frutos, San Valentín [y] Santa Engracia sus hermanos, en un arca, cerrada con llave, puestas sobre unas andas ricamente entoldadas, cubierta con un paño de brocado, y otra caja con una espalda ó cadera de San Frutos, y la imagen de nuestra Señora en otras andas muy bien adrezadas, y la imagen del Crucifijo, de que arriba se hace mención, puesto en otro aparato para se poder llevar. É luego los dichos bachiller Pedro de Carboneras y Bernardino de Berrio, canónigos, por sí y en nombre del Cabildo, y como diputados para las cosas de esta fábrica de dicha Iglesia, digeron y requirieron al dicho provisor recibiese información de personas fidedignas como, antes y después que se cercaron la dicha Iglesia y alcázares, los dichos cuerpos y santas reliquias estaban dentro de la Iglesia mayor en la capilla que se decía de San Frutos, según como arriba se relata, con mucha custodia, y de allí cuándo y quién las mandó quitar, y por qué razón y dónde las llevaron, y en qué guarda y custodia fasta aquí han estado. Recibida la dicha información, rogase y mandase al dicho deán abriese la dicha arca con la llave que en su poder ha estado y está, para que las personas religiosas, justicia y regidores, caballeros é hidalgos y las otras personas que allí se hallaban viesen á vista de ojos los huesos y reliquias de los bienaventurados santos, y les constase de ello cual allí se hallaban. 20.-Los tres testigos. Cómo
se aprestaron á deponer cada uno por separado bajo la fe del
juramento
Luego el provisor, visto el dicho pedimento, tomó y
recibió juramento en forma debida de derecho sobre la señal de la
cruz
21.-Declaración de Alonso
Ximénez
El dicho Alonso Ximénez clérigo, so cargo del
juramento que hizo, preguntado qué es lo que sabe acerca de lo
susodicho, dijo que él se halló dentro de la dicha Iglesia
é de los dichos alcázares todo el tiempo que estuvieron cercados,
y después acá hasta agora está en los dichos
alcázares en servicio de la señora condesa de Chinchón;
que sabe é vió que en la capilla que se dice de San Frutos, que
es dentro de la dicha Iglesia, estaba un arca en que decían estaban los
huesos y reliquias de señor San Frutos y de sus hermanos San
Valentín y Santa Engracia, que es la que estaba allí presente en
aquellas andas; la cual estaba metida en cierta concavidad de la pared de la
dicha capilla encima del altar, y cerrada con una cerradura y su llave, y con
una reja de hierro dorada con otra cerradura delante de dicha arca; y que, como
los que tenían cercada la dicha Iglesia comenzaron á picar y
poner fuego á la capilla mayor de la dicha Iglesia, el señor Don
Diego de Bobadilla hermano del muy magnífico Conde de Chinchón,
que estaba dentro del dicho cerco y en defensa de la dicha Iglesia y
alcázares, con acuerdo y parecer del alcaide y de otros hidalgos que con
él estaban, temiendo que al caer de la capilla mayor caería
también la de San Frutos que estaba junto á ella, y que aquellos
cuerpos santos, en quien todos tenían mucha devoción,
podrían recibir mucho detrimento, mandó quitar la reja, y
á este testigo, porque era presbítero, que sacase la dicha
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