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    Boletín de la Real Academia de la Historia [Publicaciones periódicas]. Tomo 14, Año 1889
    
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V. Memorial histórico de Segovia, escrito por don Juan de Pantigoso en 1523

Carlos de Lecea


Sabido es79 que en el voluminoso Aparato de la historia de Segovia, se halla un precioso cuaderno80 manuscrito que anotó de su puño y letra el insigne historiador D. Diego de Colmenares, é intituló Relación de la traslación, que se hizo en la ciudad de Segovia de las reliquias de San Frutos, su Patrón, del alcázar â la iglesia de Santa Clara, sábado, 25 de Octubre, año de mil y quinientos veintidos. Creeré mejor que deba rotularse Memorial histórico de Segovia; porque, además del objeto peculiar señalado por Colmenares, el autor trata de otro no menos principal, como es mover el ánimo del obispo, magistrados, nobleza y pueblo de Segovia á poner mano en la construcción de una nueva Catedral en sustitución de la antigua, destrozada y derrocada por las

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bravías reyertas de hidalgos y comuneros81. Á este fin endereza el resumen histórico de las grandezas de Segovia, ciudad que estima fundada por Hércules82 y subsistente en las épocas romana83, visigoda y muslímica84, dilatándose luego por los siglos que se siguieron á la repoblación cristiana en el año 1088, y á la ordenación del obispo D. Pedro de Agén, que fija85 en 25 de Enero de 1120.

Su episcopologio, que llevó adelante Calvete86, y mal disimuló Colmenares87, carece de los obispos visigodos88 y del mozárabe Ilderedo89; pero en cambio cierra la puerta á las torpes especies introducidas por los falsos cronicones, y nos da garantía segura de la tradición verdadera. Con efecto, el señor Pantigoso por encargo y en representación del Cabildo dirigió su Memorial al obispo D. Diego de Rivera90; y no es de creer que dejase de consultar las fuentes más autorizadas sobre este punto, que á la sazón obraban en los archivos capitular y episcopal, en cuyos libros, códices y escrituras, ó suntuosa librería91, estaba realmente impuesto, tanto por afición como por oficio. Á la descripción que hace del templo con sus altares y sepulturas, órganos, coro92, sacristía, torre, claustros y hospital adyacente93, añade subido realce lo que escribió acerca de los regios alcázares, palacio episcopal, canongía, conventos, iglesias, calles, plazas, puertas, torres y murallas de la ciudad,

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siendo además muy notables sus referencias á la puente sobre el río Clamores, ermita de Nuestra Señora de la Fuencisla y al acueducto romano94. Dejo de encarecer los demás sucesos históricos, de no pocos de los cuales fué el Sr. Pantigoso testigo presencial y de mayor excepción; porque mejor se verán en los números y epígrafes de las distinciones, que introduzco en el texto.


1.-Prólogo y dedicatoria al obispo D. Diego de Rivera

Si los gentiles las cosas en su tiempo acaescidas con mucho cuidado y diligencia hicieron escribir solo para que, aunque profanas y supersticiosas, de generación en generación, de ellas y de sus hacedores siempre viviese memoria, cosa de mucha reprensión sería, Ilustrísimo y muy Magnífico Señor, á los católicos que hoy son si las acaescidas, mayormente en vuestros bienaventurados tiempos, en esta tan insigne Iglesia95 y obispado de Segovia, concernientes al loor y alabanza del omnipotente y eterno Dios, de cuya voluntad y mano Vuestra Señoría lo posee96, por falta de quien lo escribiese á los porvenir fuesen ignotas. Es bien verdad, Ilustrísimo Señor, que al presente en esta vuestra Iglesia hay copia de personas notables, prudentes y sapientísimas, de muchas letras y experiencia; [en manera] que el menor de ellos por muy mejor estilo y elocuencia pudiese escribir (en alabanza de Nuestro Señor y memoria de los venideros la segunda traslación de San Frutos, San Valentín y Santa Engracia sus hermanos, que por mandato de vuestra Señoría de los alcázares de esta ciudad, donde estaban, á la iglesia de Santa Clara donde al presente reside vuestra Iglesia, fue hecha) que la perezosa mano y exiguo saber de vuestro humilde servidor. El cual no sin alguna temeridad y loca osadía la tentó poner en tan inepto y grosero estilo, por tres respetos principales movido: uno, por servicio de nuestro Señor, en cuyo favor y esfuerzo de su gracia

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se atrevió y atreve, tomando por intercesores estos santos gloriosos, cuyas esclarecidas vidas, siendo nuestros y no muy antiguos compatriotas, por falta de escritores en grande y mucha parte no se alcanza; segundo, por si pudiese (que no dudo, sed fideliter credo) por méritos de estos bienaventurados santos alcanzar en los clementísimos ojos de vuestra Señoría la gracia que [en] los míos justamente se me niega; último, por serme mandado, aunque inmérito, por el Deán y Cabildo, cuyo mandado sin mucha nota de ingratitud no pudiera rehusar, siendo como soy su hechura y crianza. Si en el progreso de esta materia, muy magnífico Señor, algunos yerros, ó no tan cóngruas razones y limado decir hubiere, que sin duda habrá muchos, Vuestra Señoría, movido con la caridad paternal con que se movió á mandar hacer esta santa translación97, que los mande suplir, enmendar y corregir; y á mí, que sus magníficas manos beso, perdonar humildemente le suplico; y á lo que así corregido y enmendado quedare, mande interponer su tan magnífico favor y autoridad, que no pequeño escudo y amparo será contra los que en tales cosas por diversos respetos suelen morder, mordiscar y detractar.




2.-Titular y altares de la antigua catedral. Sepulcro del obispo D. Juan Arias del Villar. Invención de las reliquias de San Frutos, hacia el año 1463. Munificencia del rey Don Enrique IV y su proyecto de trasladar la catedral á la plaza de San Miguel

Pues por lo que los pasados escribieron, las cosas dignas de memoria nos son manifiestas, que si no se escribieran fueran ignotas; así bien, ilustre y muy magnífico Señor, para perpetua memoria es justo se escriba lo que á los presentes es público y notorio que la Iglesia catedral de Vuestra Señoría, como mejor sabe, so invocación de la gloriosa sin mancilla Vuestra Señora Santa María, siempre virgen y madre de Dios, estaba edificada en principio de esta muy noble y leal ciudad de Segovia junto á

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los alcázares de ella98; la cual, aunque no muy grande, era harto copiosa en las cosas necesarias para el servicio de Nuestro Señor y administración del culto divino; en que había una capilla muy principal, donde estaba el altar mayor con un retablo bien devoto y suntuoso; y junto á él, en lo hueco de la pared, á la mano derecha un enterramiento de alabastro con ciertas historias de la Pasión y una reja de hierro dorada delante, ricamente obrado, en que estaba sepultado el cuerpo del Doctor Don Juan Arias de Villar, de buena memoria, obispo que fué de esta Iglesia99. El cual le dió una procesión de capas de seda blanca para las fiestas de nuestra Señora, y ciertos ornamentos de brocado y seda, un alcetre100 de plata para el agua bendita y otras muchas joyas; y finalmente la hizo hija heredera de todos sus bienes; y dotó la misa de Nuestra Señora, que en la dicha Iglesia se dice los miércoles de cada semana con cantores, caperos y órganos, muy bien dotada; en que no ganan los dolientes, ni los que van camino, ni [los que] entienden en negocios de la dicha Iglesia ó de Prelado, sino solo los presentes é interesentes; por cuya causa los miércoles á aquella misa parece tenerse mucha devoción por los beneficiados de la Iglesia, y que nuestro Señor les da mucha salud y mejor expedición á los negocios, porque aquel día hay menos dolientes y ausentes que en los otros de la semana.

Había otro altar á la mano izquierda, so invocación del señor San Juan Bautista y del señor San Juan Evangelista, con otro retablo; y á la mano derecha una capilla del señor San Frutos excelentemente obrada, que antiguamente era un altar del señor Santiago. En el cual, puede haber sesenta años poco más ó menos, que los cuerpos y santas reliquias del señor San Frutos, San

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Valentín y Santa Engracia sus benditos hermanos, fueron hallados, por cuyos méritos Dios nuestro Señor hizo muchos milagros, como consta por escrituras auténticas que en los archivos de la dicha Iglesia están, siendo administrador de su buena memoria el señor Don Juan Arias de Ávila101. El que, luego que se hallaron los dichos cuerpos santos, mandó poner ciertas rejas de hierro alrededor del dicho altar, á manera de capilla, para las guardar y para que dentro de ellas por un presbítero se pudiese mostrar y dar á besar alguna parte de las santas reliquias; porque de otra manera era imposible que no hubiera mucha confusión, según la gran gente, que de la dicha ciudad y otras partes concurrían á la fama de los milagros. Y movido con devoción, compró y dió para la fábrica y ornamentos, cuatro mil maravedis de juro en las alcabalas de Robledo de Chavela102, jurisdicción de esta ciudad; cuyo cuerpo se trajo de Roma, do fallesció, y está sepultado junto al altar del Crucifijo á las espaldas del coro de la Iglesia.

En aquel tiempo el señor rey Don Enrique el cuarto, de gloriosa memoria, en ver las maravillas que nuestro Señor obraba por los méritos é intercesión del señor San Frutos, dotó cuatro capellanías en el dicho altar y capilla con cargo de cada tres misas cada semana, que rentan al presente diez mil maravedís cada una. Mandó pintar la capilla mayor, blanquear, enlucir y enlosar toda la Iglesia; dió doce capas de brocado ricas, y otras doce de seda con las armas reales; dió los órganos grandes, que eran de los buenos del reino, y otras muchas joyas y cosas, y grandes privilegios á la Iglesia y beneficiados de ella. Por el cual, demás de otros sacrificios que se hacen cada año, se dicen dos responsos muy solemnes con cantores y todos los beneficiados, puesto en estrado con dos tumbas, una sobre otra, ricamente adrezado, con su vulto cubierto con un rico paño de brocado, y encima una corona dorada, con sus armas reales alrededor: uno, víspera del señor San Frutos, y el otro víspera de la Concepción

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de nuestra Señora á las vísperas, en que su Alteza tuvo mucha devoción. Este rey, digno de inmortal memoria, daba diez y seis cuentos para pasar la dicha Iglesia á la plaza de San Miguel, por que fuese muy suntuosa y estuviese en más eminente lugar. Los palacios episcopales de vuestra Señoría y las casas de la Calongía mandó hacer á su costa junto á la dicha Iglesia, como acá estaban y mejores. Lo cual todo pretermisso, tornando á nuestro principal intento, de cierto tiempo acá, como Vuestra Señoría tendrá memoria, el dicho altar con las dichas rejas, do se habían hallado los dichos cuerpos, se hizo una capilla muy bien obrada, con sus historias, cerrada con una reja dorada; y en cierto hueco de la pared sobre el altar estaba un arca cerrada con llave, en que estaban una espalda y una quijada del señor San Frutos tras otra rejecita de hierro obrada para manualmente poder sacar y dar á besar y tocar las partes donde, los que venían con devoción á las visitar, traían ó sentían sus dolores y enfermedades de que sanaban; todo ello puesto con mucha decencia en toda custodia y guarda. Alrededor y dentro de la dicha capilla había colgadas infinitas cosas de muletas, palos de tollidos, cojos y mancos, mortajas, camisas, cabellos, grillos y cadenas de las personas, que por los méritos de estos Santos gloriosos nuestro Señor había sanado y resucitado y libertado: cabezas y brazos, piernas, corazones y otras formas, fechas de cera como cada uno podía, de las partes en que había tenido sus males y enfermedades, de que así eran sanos y quedaban libres.




3.-El coro. Sepulcro del Infante D. Pedro hijo del rey Enrique II

Había otrosí en la dicha Iglesia un coro competente, con sus sillas para Vuestra Señoría y los otros prelados, y para el Deán, dignidades, canónigos, racioneros y beneficiados de ella, con dos sillas Reales en cabo de él; donde se decían las horas y oficios divinos con tanta devoción y silencio como en las otras Iglesias del reino, y aun en parte mejor; de que Vuestra Señoría es buen testigo. En medio del cual estaba una sepultura elevada, con un vulto, bien obrada, cubierta con una tumba pintada; hacia los pies de ella dos lámparas colgadas, que de continuo ardían; en

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que estaba sepultado el Infante Don Pedro, hijo del rey Don Enrique el segundo103 y de la reina Doña Juana104 su mujer, etiam de gloriosa memoria. El cual desastradamente murió, siendo chiquito, por descuido del ama que le criaba, que se le cayó de los brazos desde lo alto de un mirador, la cual, visto su descuido, se echó tras él, y murió. Este rey Don Enrique y su muger dieron al Deán y Cabildo el portazgo de esta ciudad y el de Sepúlveda por sus ánimas y porque hiciesen arder las dichas dos lámparas. Para guarda de la cual sepultura y para servicio de la dicha Iglesia crearon y dieron dos porteros que pudiesen nombrar y proveer el Deán y Cabildo, los que vieran que más convenían para el dicho oficio; y que estos dos porteros gozasen de todos los privilegios exenciones y franquezas de que gozan, pueden y deben gozar los porteros de la Casa Real, y de muchos más; como parece por privilegio rodado, que de ello hay105.




4.-Sacristía, otros altares y capillas, claustro, sala capitular, torre del reloj y campanas

Había en la dicha Iglesia sacristía, en que estaban los ornamentos de plata y cosas necesarias para el servicio del culto divino. Había otros altares y capillas principales. Había una claustra de las buenas de estos reinos; Sala y Capítulo muy rico y suntuoso, donde se ayuntaban el Deán y Cabildo á sus cosas capitulares; una torre harto fuerte, donde estaba el relox, y ciertas campanas de las buenas que en muchas partes se podían hallar. Había otros muchos cumplimientos para el servicio de la dicha Iglesia.




5.-Sepulcro é historia de la hebrea Marisaltos106

Había asimismo en la dicha Iglesia un enterramiento, ó sepultura

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de una santa muger, que se llamaba María Saltos, la cual, según parece por cierta lectura que se lee en el Brebiario Segoviano107 y también lo que cuenta Maestro Espina de la orden de los Menores en el excelentísimo tratado que hizo, que se nombra Fortalitium fidei libro 3.º de bello judeorum, in X.ª consideratione, de judeorum mirabilibus et sua obstinata malitia, in nono mirabili, que en el año de mil y ducientos y treinta y siete (1237), siendo ella judía y casada, falsamente fué infamada con un caballero de esta ciudad; la muger del cual la acusó de adúltera ante cierto juez seglar. El cual, algunos indicios ó sospechas habidas por entera probanza, la condenó á que fuese despeñada, y la entregó á su marido; y así el marido acompañado de la justicia y de mucha gente de cristianos, judíos y moros, la llevó á una peña muy alta que se dice la peña gragera, que está fuera y cerca de la ciudad sobre la hermita, que agora se dice Nuestra Señora de la Fuencisla, que era lugar, de donde en aquel tiempo despeñaban los malfechores. Y puesta encima de la peña, desnuda en camisa, las manos atadas atrás, hincada de rodillas, la echó de la peña abajo; y la judía, como estaba sin culpa y era devota de nuestra Señora (aunque ocultamente), en aquel artículo con gran devoción y lágrimas se encomendó á la Madre de Dios, diciendo: Oh Virgen Maria! como vales á una cristiana, val á una judía; y como sabes que yo soy sin culpa, así me socorre y ayuda; proponiendo firmemente en su corazón, si la librase, de tornarse cristiana y de la servir en su iglesia todos los días de su vida. Y así como fue despeñada, incontinenti Nuestra Señora la apareció y la tomó en sus manos, y sin ningún mal ni daño bajó con ella, y la puso en lo más bajo del valle. Ansí lo dice el Fortalitium fidei. El Brebiario Segoviano dice que le apareció una paloma blanca y bajó con ella fasta bajo. Quidquid sit, pues idem est, como la gente, que la vió despeñar, vido que estaba abajo puesta de rodillas viva y sana, bajaron á ella y halláronla gozándose y alabando á Dios y dando gracias á la Virgen gloriosa, públicamente afirmando que en sus benditas manos fue

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librada; y pidió que la llevasen á la iglesia mayor, que quería ser cristiana y cumplir lo que había prometido. Y así fue llevada, donde la baptizaron; y se le puso por nombre María Saltos, como arriba digo: María por Nuestra Señora que la libró; Saltos por el salto peligroso que hizo. Y así vivió dentro de la dicha iglesia mucho tiempo en temor de Dios, sirviendo á él y á su Madre gloriosa, teniendo espíritu profético como se afirma por algunas personas fidedignas, que oyeron á sus mayores que un Deán de esta iglesia que era á la sazón, queriendo ir á Roma y adrezando lo que era necesario para su camino, viendo la vida y santidad de Marisaltos, le dijo que rogase á nuestra Señora le enderezase aquel camino, y llevase y trugese con bien; y que ella le dijo que no curase de [se] aparejar para ir á Roma, sino que procurase de aparejar su ánimo y conciencia, porque de quince días había de ir otro camino más largo y pasaría de esta presente vida. Y así el Deán dejó lo de Roma, y aparejó su conciencia lo mejor que pudo, y fallesció el día señalado que la santa muger le dijo. Y aunque esto no lo he leido, sino oido como digo, se debe creer, porque en lo que della dice Fortalicium fidei que «resplenduit spiritu prophetie» aunque [no] declara en qué, debe ser cierto; y aun porque aquel Dios omnipotente, que por medio de su gloriosa Madre la guardó de la muerte precipitada y le dió gracia que fuese cristiana y le sirviese en su santa Iglesia como le sirvió, pudo darla espíritu de profecía para aquello y mucho más. Y así María Saltos en fin de mucho tiempo fallesció en la dicha iglesia do fue sepultada; y en lo alto de una pared de la dicha iglesia está aun pintado el milagro sobredicho, y cerca de él pintada su sepultura, y junto á ella colgado su tocado.




6.-El acueducto de Segovia. Antigüedad de la ciudad y memorias de Hércules

Había en la dicha Iglesia otras cosas y memorias notables, que por evitar prolijidad las dejo de recontar; de donde es de creer que esta Iglesia de Vuestra Señoría fue y es una de las antiguas de España; porque se afirma que esta ciudad de Segovia fue fundada por Hércules, cuyas insignias hoy dia parecen

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en el grande y maravilloso edificio de la puente seca, por donde viene el agua á la ciudad108, y en otros edificios é insignias de ella109; el cual fue antes del advenimiento de nuestro Redentor mil é trecientos cincuenta y cuatro años, como parece in Supplemento chronicarum, fol. 29110.




7.-Antigüedad de la Sede Segoviana. La ciudad despoblada bajo el yugo de los musulmanes

Y así se debe tener por cierto que, predicado el evangelio y nuestra santa fe, siendo esta ciudad como siempre fue muy insigne y principal, que una de las primeras de estas partes que creyeron y rescivieron nuestra santa fe cristiana fuese esta; y que entonces se edificó esta Iglesia de Vuestra ilustre Señoría. Y si de esto agora no hay escritura ó memoria, por do se pueda afirmar, es por aquella gran destruición de España del tiempo del rey Don Rodrigo, en que perecieron todas [ó] las más escrituras y memorias de lo pasado; á causa de la cual destruición esta ciudad estuvo muchos años despoblada.




8.-Repoblación de la ciudad en 1088. Episcopologio desde el año 1120 hasta 1523. Consagración de la Catedral (16 Julio, 1228)

Y según parece, muy magnífico Señor, por cierta escriptura, después de la dicha destruición se comenzó y tornó á poblar esta ciudad en la hera de mil y ciento veintiseis años111, y estuvo en poblar y sin obispo fasta la hera de mil y ciento cincuenta y ocho años, que fue del nascimiento de nuestro Señor y Redemptor

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Jesucristo de mil y ciento veinte años; que parece por escriptura que el dia de la Conversión de San Pablo de la dicha hera de mil y ciento y cincuenta y ocho años fue ordenado el primer obispo de Segovia112, que se llamó Don Pedro113. Al cual sucedió el obispo Don Juan primero de este nombre, que fué después arzobispo de Toledo; en cuyo lugar sucedió Don Vincencio; y luego Don Guillermo; al cual sucedió Don Gonzalo el primero; y luego Don Gutierre, hijo de Rui Girón, que murió en la batalla de Alarcos114; al cual sucedió Don Gonzalo de Gutierre Miguel; tras el cual vino Don Gerardo; y luego Don Bernardo115; al cual sucedió D. Rodrigo el primero; tras al cual vino Don Raymundo, que fue arzobispo de Sevilla; en cuyo lugar sucedió Don Martín; y luego el obispo Don Fernando que falleció en Roma116; tras el cual vino Don Rodrigo el segundo, que fué arzobispo de Tarragona; luego el obispo Don Blas; al cual sucedió Don Fernando el segundo, que antes fue Sacristán de Burgos; luego Don Benito; y tras este vino Don Amado: y luego Belasco de Portugal; y tras él el obispo Don Pedro de Toledo; al cual sucedió Don Gonzalo fraile de la orden de los Menores; luego Don Juan el segundo, que fue obispo de Salamanca; tras este vino Don Nuño de Cande; al cual sucedió Don Juan de la Sierra, que por excelencia se nombró maximus doctor doctorum; tras este vino Don Gonzalo el cuarto, que fallesció en Zaragoza; luego vino D. Hugo de Alemania; al cual sucedió Don Gonzalo de Aguilar; tras este vino Don Juan Serrano, que fue trasladado á la Iglesia de Sigüenza117; en cuyo lugar sucedió Don Alonso de Frías, que fue primero Deán

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de esta Iglesia; tras el cual vino Don Alonso de Portugal, alias de la Guardia; al cual sucedió Don Juan de Tordesillas; y luego Don Frai Lope Barrientos, que fue trasladado á la Iglesia de Cuenca; tras este vino Don Francisco Cervantes, que fue cardenal ad vincula sancti Petri, natural de Àvila; al cual sucedió Don Luis de Acuña, que fué trasladado á la Iglesia de Burgos; en cuyo lugar sucedió Don Fernando del Orden; tras el cual vino Don Juan de Arias Dávila, que fallesció en Roma; al cual sucedió Don Juan del Villar, natural de Santiago de Galicia, que fue mucho tiempo presidente de la chancillería de Valladolid, famosísimo letrado y gran juez; á quien sucedió el doctor Don Juan de Medina, que asimesmo fue presidente de la chancillería de Ciudad Real, y después de la de Valladolid, letrado famoso; después del cual vino Don Fadrique de Portugal, que fue trasladado y es agora obispo de Sigüenza118; en cuyo lugar sucedió Vuestra ilustre Señoría, en quien se cumplió el número de cuarenta prelados y obispos, que parece y puedo alcanzar ha habido en esta Iglesia desde el dicho año de la hera de mil y ciento cincuenta y ocho fasta hoy.

Parece otrosí que el Maestro Don Juan, cardenal de Sabina, que primero fue arzobispo de Visançón, en diez y seis del mes de Julio del año de la Encarnación de nuestro Redentor Jesucristo de mil y docientos veintiocho consagró esta Iglesia119.




9.-La catedral profanada por los Comuneros. Cerco del alcázar. Piadosa contienda entre los cercados y el Cabildo eclesiástico acerca de las reliquias de San Frutos

De la cual, ilustre Señor, fueron echados el Deán y Cabildo en el año del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo de mil y quinientos veinte años, próxime pasado, á causa de las alteraciones y movimientos, que aquel año ovo en esta ciudad, como

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los ovo en otras ciudades, villas y lugares de estos reinos, y por el cerco que se puso sobre la dicha iglesia y sobre los dichos alcázares120; de manera que apenas se pudo sacar poca cosa de la plata, ornamentos y libros para hacer el oficio divino; y por el alcaide y personas, que guardaban los alcázares y la torre de la iglesia121 no se les consintió sacar los cuerpos de señor Sant Frutos y de sus gloriosos hermanos. Y así los dichos Deán y Cabildo, con mucha congoja y pena de verse echados de tal manera de su iglesia y de la tranquilidad, concierto y reposo, que en sus vidas según su hábito clerical tenían (por vivir como vivían todos juntos en dos calles, que se decían la Calongía, cerca de dicha iglesia, sin mistión ni vecindad de hombre lego fuera de su profesión, si no fueran sus servidores y criados; que era la mejor cosa y de mejor recogimiento que en toda España y aun fuera de ella, había), para hacer su oficio se hubieron de recoger á la iglesia de Santa Clara, que es en la plaza de San Miguel, donde al presente están y residen, aunque con harta y mucha angostura. Y porque ellos tenían muy grande devoción al señor Sant Frutos y sus hermanos, por ser, como son, patrones de esta ciudad y obispado, deseándoles tener consigo en el lugar donde residen para los venerar como solían, procuraron, durante dicho cerco de los aver; y fuelos dicho122 por Don Diego de Bobadilla, hermano del Sr. Conde de Chinchón D. Fernando de Bobadilla, y por Cristóbal del Sello alcaide de los dichos alcázares, y por los otros hidalgos que con ellos estaban, que visto que los cercados picaban la pared de la capilla mayor y querían ponerle fuego para la derrocar, temiendo que con ella cayese la capilla de Sant Frutos por estar circunligada con la mayor, y porque las reliquias de los dichos cuerpos santos no se maltratasen ó perdiesen, las habían quitado del lugar donde estaban y llevado á la capilla que está dentro de los alcázares, y con ellos

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la imagen de nuestra Señora que estaba en el retablo del altar mayor; y que no los darían, porque en tenerlas consigo tenían cierta fe y esperanza [que] por sus méritos nuestro Señor los ayudaría á guardar y defendar los alcázares.




10.-La catedral estragada por los Comuneros. En maltratarla y derribarla fueron también culpables los defensores del alcázar

Después que [á] nuestro Señor plugo por su infinita bondad de cesar y pacificar los dichos movimientos y alteraciones de estos reinos y [fué] alzado el dicho cerco123, los dichos Deán y Cabildo se quisieron tornar, y tornaran á la dicha Iglesia, sino estuviera, como estaba y aun está, derribada y aportillada, y por muchas partes destechada y desolada, disipada y destroida; los altares derrocados y profanados; los Crucifijos é imágenes de nuestra Señora y de otros santos descabezadas, los brazos y piernas hechas pedazos; los órganos grandes y los otros dos pares, que estaban sobre el coro, quebrados y agugereados de escopetadas y otros tiros; las sillas del coro trastornadas y evertidas de sus lugares, y muchas dellas quemadas, y otras puestas por defensa y albarradas; hecho dentro y alrededor cavas, fosados, minas y contraminas; y por quitar las losas y laudes de la Iglesia para hacer barreras y defensas, los huesos de los finados sacados y desenterrados; y hechas otras cosas semejantes, las rejas de las capillas de la Iglesia quitadas y puestas en las puertas y postigos cabe el alcázar para más los fortificar; y quemada la casa del hospital y la del hospitalero, que estaban junto á la Iglesia, donde se albergaban y acogían los pobres é hijos de Dios; quemado y destroido el refectorio, donde comían catorce pobres cada dia; derrocada toda la librería, ó lo que de ella estaba de sillería y cantería, que pocos años había costó á hacer más de dos mil ducados; donde fueron muchos hombres heridos y muertos, dentro de la Iglesia y alrededor de ella, que no había quien osase salir á enterrarlos; y de tal manera que en el templo de

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Vuestra Señoría y su Iglesia estaba bien cumplido lo que el Profeta dijo, salmo septuagésimo octavo que comienza Deus venerunt gentes. Y sin falta se puede decir por ella lo que el profeta Jeremías por Jerusalén en sus lamentaciones; y con tanta más razón cuanta más diferencia hay agora á lo de entonces; porque si el templo de Jerusalén entonces se destruyó, fué por los enemigos y gentes de extraña nación y fe, y agora el de Segovia por los amigos y de una misma fe y nación. Proh dolor! y cosa digna de lamentar que los propios naturales, así los de fuera que la tenían cercada como los cercados de dentro, olvidando á Dios y á su Madre gloriosa, derrocasen y destruyesen, como derrocaron y destruyeron, su propia madre é Iglesia mayor, siendo como fueron amonestados y requeridos por parte del Cabildo y personas de él que no la derrocasen ni maltratasen, como consta por los instrumentos de los requerimientos y respuestas que hay signados de escrivanos y notarios públicos; y que tan poco cuidado se tenga de la reedificar y satisfacer!




11.-Reconstrucción y reparos de las puertas y fortificaciones. Quéjase el Sr. Pantigoso de los gravámenes para ello impuestos, y se lamenta del abandono en que yacía lo concerniente á la catedral y al palacio del obispo

A, a, a, Domine Deus, quia licet ego senex sum, son scio aut son audeo loqui124; et quid eligam ignoro125; et undique angustie mihi sunt, quia si dixero incidam in manu[s] hominum, si autem tacuero in iram Dei mei126. ¿Decirlo he, ó callarlo he, Ilustrísimo Señor? Porque poco he dicho; mas acordándome lo que sancta Susana (Daniel, 13) eligió, y lo que el Profeta (salmo 63) dice quoniam zelus domus Domini comedit me, licet opprobria exprobrantium ceciderunt super me, mayormente si (juxta illud Hieremie 2.º) Dominus dixit ad me, ne timeas a facie eorum, quia ego tecum sum ut eruam te; como creo y tengo por

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cierto lo dice y lo hará, pues que por su servicio y honra diré verdad, no me quedaré acá que la puerta de San Juan y otras cosas con la puente tras el alcázar127, que en aquel tiempo fueron no [poco] maltratadas ó medio derrocadas á gran furia, con alguaciles y ejecutores á montones, que los unos alcanzaban á los otros, prendiendo y ejecutando pobres y pecadores, y por ventura los que no lo pecaron, sean tornadas á rehedificar, y de nuevo (mejores y más fuertes que antes estaban, con nuevas maneras de torres, cubos, barreras, muros y troneras) á hacer, y [que para] pagar [estas y] otras cosas no han faltado ni faltan sisas y otros repartimientos, en que el estado eclesiástico y religiones (lo que peor es, contra todo derecho y sin ser en culpa de lo pasado) han contribuído y contribuyen; ó morir de hambre, según se han echado y echan sobre los mantenimientos necesarios al vivir.

Y si alguno acerca de esto quisiere argüirme de mal latín, diciendo que á nosotros se da una tabla de carne, y otra de pescado, y no sé qué taberna sin sisa; podré yo con más razón redargüirle que es muy gentil engañar de pan aqueste, quedando el pan y vino acantarado, vinagre, aceite, madera, leña, reses en pié y otras mil adherencias, que son dos tanto que lo principal, cargado y recargado de sisa. Y si cerca del vino acantarado, me digere que cada uno de nosotros lo puede meter en su propia acémila ó bestia, que puede ser tres ó cuatro los que las tienen, no resta sino que los otros queden por las que no tienen, y que nos echen otra mayor albarda y carga, y que la suframos. Con su pan se lo coman los que lo hacen y los que lo sufren y disimulan; pues idem est dissimulare quam consentire; dórenlo ó palíenlo como quisieren, ó yo entiendo mal este latín ó algarabía, ó no sé lo que es.

¿Y para qué el templo de Dios consagrado y de su gloriosa Madre, donde tanto tiempo fueron alabados y servidos, que está por el suelo derrocado y destroido? ¿Y para qué las casas de Vuestra ilustre Señoría y palacios episcopales, que me olvidaba,

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en que vuestra Señoría tanto gastó, y se remiró en las reparar y adornar, que están también destroidos y disipados, que no hay nada, ni aun pensamiento de lo reedificar ni hacer?




12.-Súplica al obispo para que interponga su valimiento con el Emperador, buscando cómo reparar la catedral antigua ó construir otra nueva

Vuestra ilustre Señoría ha tenido mucha razón, en verdad, de no haber visto su Iglesia después que tal esta; porque sin duda fuera partirse su generoso y piadoso corazón en mil partes y arrancársele en las entrañas, en ver la esposa que Dios le encomendó ut umbraculum in vinea et tugurium in cucumerario (Esaie, 2.º). Si esto, ilustre Señor, es sobra ó falta de fe, Vuestra Señoría y los que lo oyeren lo juzguen; y aquel inmenso Dios, en cuya ofensa se hizo y se hace, pues lo permitió, por su infinita clemencia y piedad lo remedie.

Vuestra magnífica Señoría no debe alzar la mano por ningún respeto para con el Emperador nuestro Señor, hasta que su Magestad lo mande proveer y remediar, pues á tal tiempo Nuestro Señor le trajo á estos reinos128; que si los dos reyes Enrique129 y otros reyes de gloriosa memoria, sus progenitores, comenzaron á hacer, honrar, joyar, dotar y dadivar esta Iglesia, por honra de Dios y de los santos cuerpos y reliquias que en ella hay, no menos, sed más lo debe él hacer; y no solo hacer lo que los pasados hicieron, mas pasarles adelante con mucha ventaja por estar puesto en el culmen, y tener el cetro imperial plus ultra, como lo dice la letra de su divisa con las columnas herculaneas que trae; tanto plus, cuanto plus; dignidad plus, reinos plus, señoríos plus, riquezas y bienes Dios le ha dado ultra que á sus progenitores; y [pues] Jesús nuestro Señor le dió el todo, razonable cosa será que su Magestad mande dar y partir con su

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Iglesia, así en lo espiritual como en lo temporal, porque con lo que su Magestad fuere servido de mandar proveer y ayudar (que sin ello es imposible), y con lo que Vuestra Señoría alcanzó de nuestro Señor el Papa130, y con lo que Dios podrá en las voluntades de sus fieles y cristianos que ayuden con sus limosnas, brevemente se torne á reedificar su Iglesia destruida, ó se fabrique otra de nuevo, y el oprobio que agora hay se convierta en más gloria de Dios é inmortal memoria de vuestra Señoría.




13.-Lamentable servicio de la catedral en la iglesia de Santa Clara y plaza de San Miguel durante más de tres años. Autos de la Inquisición no interrumpidos

Oprobio digo et abjectio plebis131, que á mi pobre juicio no puede ser mayor que ver un Cuerpo tan notable, de que Vuestra Señoría es cabeza, y un Cabildo tan insigne como el de Segovia, donde hay personas tan principales y en tanto número que (sin dignidades, canónigos, racioneros y medios racioneros, que son sesenta y nueve) esceden á más de ciento veinte personas con los capellanes perpetuos, cantores, mozos de coro, altareros y otros oficiales necesarios, que estén y se junten tres años y más dentro de una choza, ó hermitorio tan pequeño, donde para entrar los unos se han de salir los otros dándose de hombradas y de empellones, de verano achocados de calor, y de invierno muertos de frío y llenos de lodo, arrastrados por suelos, por los poyos y banquillos como zapateros, y peor; sin coro y sin sillas, sin capítulo en que puedan caber, en mucho y grande vilipendio, sin campanas competentes para tañer las horas y se ayuntar á hacer el oficio divino, que no les falta sino los almuédanos que los moros tenían para hacer oración, y que hayan de andar á campana prestada, que es la de santo Andrés, para que puedan oir cuando por la mañana tocan á prima, y por la tarde á nona ó á vísperas, y de noche á maitines, pervertida la orden muy

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buena que en su iglesia solían tener de tañer á todas horas, según la regla de Dios y buen concierto y religión; que demás de ser el oprobio que digo, es mucho dolor y congoja para los que vieron lo pasado y ven lo presente.

Et quod magis dolendum, muy ilustre Señor, e[s verse] sin copia de altares y capillas, do se puedan decir las misas que son obligados; por cuya falta hay muchos dias que están revestidos siete ó ocho sacerdotes esperando la vez, como de horno ó molino, para decir misa; y algunos y hartos dias se tornan á desnudar y se van sin la decir por no haber lugar; ó las van á decir á otras iglesias y monesterios. Pues los dias de Pascua, ó de nuestra Señora, ó en cualquier auto de la Inquisición, que es en favor de nuestra santa fe, [los sermones ¿cómo] se han de hacer?

Los días que hay sermón, muy magnífico Señor, como estamos en la plaza y medio de la ciudad y concurre mucho pueblo, como la iglesia es pequeña, ó los que entran se han de ahogar y perniquebrar, ó nos hemos de salir á la plaza con el púlpito y altar, que llueva, que nieve, y que hiele ó apedree; porque dentro es imposible hacerse el oficio ni oirse el sermón, según el rumor, gritos y vocerío de la gente. Y pluguiese á Dios, ilustre Señor, de contentarse con los tres años pasados y que, como son unidades, no se multipliquen como cuento de algún guarismo en decenas y centenas. Si vuestra Señoría fuese servido, como este vuestro Cabildo, como digo, es un mesmo cuerpo con vuestra magnífica persona y una mesma honra, [que] pudiese estar con alguna más decencia de la que está; pues es razón que de ellos á los otros clérigos rurales haya alguna más diferencia; porque, como mejor sabe, las cosas así son avidas y tenidas en estima, cuanto son en la autoridad, que deben ser, tratadas y conservadas.

Á Vuestra Señoría suplico no se indigne porque en esta obra, enderezada á vuestra ilustre persona, hable algo con los caballeros, señoras y vecinos de Segovia; pues es la materia aparejada, viendo el descuido que se tiene del cuidado que se debía tener de procurar el cuidado de tanta destruición, en que seré lo más breve que pudiere é por tomar al intento principal, y así con confianza que de ello vuestra Señoría no será deservido.





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14.-Arenga del autor á la ciudad de Segovia. Recuerdos históricos

¿Qué es esto, Segovia, la noble, la devota y cristianísima, qué es de tu antigua nobleza, generosidad, caballería y devoción? ¿Qué si alguna gente baja, popular y por ventura advenediza y forastera, fue en despopular y destruir tu madre ó iglesia matríz que era la cabeza de todo tu bien? ¿Por[qué] agora los caballeros, los generosos hidalgos, ciudadanos, mercaderes y personas tan principales que la vivís132 y gobernais, sufrís y tolerais que esté tal, y sus ministros y servidores reciban tanta penuria, angostura y cruel tratamiento? Y si para caso tan costoso no bastan vuestras facultades ¿por qué no concurrir con vuestras mensageras suplicaciones al Emperador y al Papa nuestros Señores para que manden proveer en cosa tan necesaria y en que Dios tanto se serviría, y vosotros y vuestra ciudad tanto se honraría? Porque, aunque la pena es de estos señores y eclesiásticos que lo sufren y pasan, la honra ó la mengüa de ello es vuestra, y que no quedais sin parte de la pena que ellos, como arriba se dice. Por eso, muy magnífico Señor y muy nobles Señores, por un solo Dios reparen Vuestras Mercedes la destruición de su Iglesia y vuestra; que si los que la derrocaron, la tenían por suya, como paresce por lo que respondieron á los requerimientos que por parte del Cabildo que no la derrocasen se hicieron, diciendo que la iglesia era de la ciudad, para el reedificarla y hacerla no se tenga por agena. Ni penseis ni espereis que los de las otras ciudades del reino os la han de hacer, que harto tienen que proveer sus necesidades; y no deis ocasión á que Nuestro Señor dé el pago no solo á los hacedores mas á los consentidores, y á los que disimulan y pasan por ello aunque no lo hicieron y consintieron. Acuérdense Vuestras Mercedes de aquellos dos tan notables varones y valerosos caballeros, Fernán García y Don Dia Sánchez133, dignos de no olvidarse según quien fueron y lo que hicieron y lo que dejaron, de donde los nobles y tan nombrados linajes de Segovia. Venid, quitad los antojos de

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particulares pasiones é intereses si los hay, y poned ante vuestros ojos los memorables fechos de aquellos dos vuestros antepasados; y en caso tan justo y tan santo, como este en que más los habeis de esclarecer, no escurezcais sus nombres y claras hazañas. Animosidad y franqueza gozan ansí mesmo Vuestras Mercedes delante su claro acatamiento; apartado cualquier otro nublado, [ved] si estos dos nobles caballeros, vuestros progenitores, hoy fueran en el mundo, lo que en este caso sintieran y hicieran.

Pues, magníficas y nobles señoras y matronas Segovianas, acuérdense Vuestras Mercedes del grande nombre y renombre que entre todas las de España teneis; pues sabeis se dice y muy vulgar Caballeros de Ávila y dueñas de Segovia, cuya corona vuestras antepasadas y de donde venís os dejaron. Y si Vuestras Mercedes no lo saben, será bien sepan el cómo y porqué se dice y se dijo. Y es que, como algunos afirman134, los Romanos que conquistaron á España, queriendo sugetar esta noble ciudad al imperio romano como sugetaron otras muchas, teniéndola cercada, absentes de ella los caballeros y personas de guerra, que casi no había dentro para la defender sino solas las mugeres, las señoras y matronas principales desechando la flaqueza natural y cobardía mujeril con ánimo y esfuerzo varonil animaron todas las otras de la ciudad; y ordenadas sus rondas y velas, sus escuchas y atalayas, repartidas las unas á las puertas y postigos, otras en los cubos y torres de la cerca y de la ciudad, otras en otros lugares más necesarios, con muchos aparejos para defenderse y ofender á los enemigos defendieron la ciudad; y de tal manera se ovieron que los Romanos, vista la animosidad, esfuerzo y industria y gran maña, que nuestras matronas y dueñas Segovianas tenían en defender su ciudad, y por el socorro que sus maridos con los caballeros les dieron, alzaron su real y se fueron; y en memoria de hecho tan famoso llevaron á

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Roma ciertas estatuas de matronas, ricamente ataviadas con coronas sobre sus cabezas, por animar las Romanas para cosas semejantes, y las pusieron en cierto lugar, do pudiesen servirlas con este título. Otros quisieron decir que fue así, salvo que como un rey de Castilla tuviese cercada la villa de Madrid que poseían los Moros, diz que los caballeros y hidalgos de esta ciudad ovieron cierta quistión con los de la tierra y mataron muchos de ellos, y por parte de los villanos se quejó al rey, y su alteza mostró mucho enojo con ello, [y] embió á llamar á los caballeros y los hidalgos que fuesen todos á la guerra, y así todos ovieron de ir, y como los de la tierra supiesen de la su ida y que la ciudad quedaba sin gente, determinaron de venir á la ciudad y tomarla y apoderarse de ella; y como las señoras de Segovia fuesen avisadas de aquello, cerraron las puertas, y pusieron mucha guardia en la ciudad, y se pusieron varonilmente en defenderla, como la defendieron muchos días; y en tanto avisaron por sus letras y mensageros á los caballeros de Ávila que viniesen á socorrerlas; los cuales diz que vinieron con mucho poder, y desbaratados los villanos la descercaron; y por esto se dijo lo de dueñas de Segovia y caballeros de Ávila. Como quiera que [fuese] el hecho, parece que ambas cosas pudieron ser, magníficas Señoras, que vuestras antepasadas de quien venís y sucedeis, tal gloria y renombre os dejaron por la defensa y libertad de vuestra ciudad. Vuestras Mercedes, siendo como son cristianísimas y tan devotas de la Virgen sin mancilla, corona y honra de las mugeres, cuya Iglesia matriz está cual veis y arriba digo, no se pierda en vuestros tiempos tal corona; y si como veis que los caballeros generosos, hidalgos, mercaderes y ciudadanos, vuestros maridos, padres, hermanos, fijos y parientes se duermen ó se absentan por algunos respetos de atender en la reparación de su Iglesia ¿porqué las más notables no animareis á las otras y pondréis las manos en obra á tornar por vuestra Iglesia y hacer lo que los varones no hacen? Que más valdría una petición de Vuestras Mercedes para el Emperador nuestro Señor, y otra para nuestro muy Santo Padre, que cuantas ellos diesen. Además de esto ¿en qué pueden Vuestras Mercedes emplear vuestros collares, cadenas, aljófares, piedras, perlas, corales, qüentas, rosarios, gargantillas,

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arracadas, pinjantes, joyeles, ajorcas, manillas, anillos y otras joyas que Dios os ha dado, que en honra de su gloriosa Madre y reedificación de su templo é iglesia, y puesto tenemos por fe que ciento por uno se paga á quien así lo gasta y da? Vuestras Mercedes den orden y trabajo de despertar á los que durmieren y reducir los que se absentaren á que atiendan de vero en el remedio de tanto daño, pues es su honra y lo que deben hacer; porque como vuestras antepasadas ganaron tanta fama por lo que hicieron siendo temporal y transitorio, así Vuestras Mercedes la conserven, y muy mayor la ganen y dejen á sus subcesores por lo que hicieron, que será espiritual y perpetuo, ante las gentes, demás del premio y galardón que Dios y su gloriosa Madre les dará por lo que por su amor y servicio en esto hicieren, y con más razón se pueda decir y nunca olvidarse dueñas de Segovia por escelencia, sin aver memoria de los caballeros de Ávila.




15.-Petición del Cabildo al Obispo en demanda de la translación de las reliquias á la iglesia de Santa Clara. Niégase á ello el Prelado; y sobresee el Cabildo algunos dias hasta el del fallecimiento del Conde de Chinchón

Así que tornando á nuestro propósito, muy magnífico Señor, visto por el Cabildo y personal de él que el tornarse la dicha Iglesia á reedificar era dificultoso y aun imposible por algunos tiempos, continuando su propósito y devoción tornaron á procurar con mucha instancia de haber los dichos cuerpos y santas reliquias. Lo cual sabido por vuestra reverendísima Señoría, es de creer movido por algún buen respeto, dende la villa de Galbes135, arzobispado de Toledo, donde á la sazón estaba136, les invió á mandar, sopena de escomunión, que no procurasen de aver ni sacar los dichos santos cuerpos ni otra cosa alguna de donde estaban. Y así se sobreseió en ello por algunos dias hasta el fallecimiento del dicho señor Conde de Chinchón (cuya era la

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tenencia de los dichos alcázares, y de su alcaide137, los cuales dentro de ellos fallecieron en un dia); [por]que la muy magnífica señora Doña Teresa de la Cueva, Condesa de Chinchón, su muger, queriéndose ir á su condado y ausentarse de los dichos alcázares donde estaba, visto la instancia con que muchas veces el Deán y Cabildo habían pedido los santos cuerpos é imagen de nuestra Señora, y que por ventura en absencia no se haría el acatamiento y custodia, que á tan santas reliquias se debía, y considerando que la devoción de los fieles que en los dichos santos cuerpos se había tenido por no los poder visitar en los dichos alcázares tan cómodamente, é como se visitarían estando en lugar público y en la iglesia donde el Cabildo residía como antes solían estar, les imbió á decir que fuessen por todo ello.




16.-Licencia que otorgó el Obispo y recibió el Cabildo á 24 de Octubre de 1522, víspera de la fiesta de San Frutos

Lo cual, oido por el Deán y Cabildo, imbiaron luego un canónigo á Valladolid, donde al presente estaba vuestra Señoría138, á hacerle saber lo que la señora Condesa decía, y á suplicarle fuese servido se trugesen á esta su Iglesia los dichos cuerpos santos y reliquias; y Vuestra Señoría ilustre, aunque lo defirió por algunos dias139, avido su consejo y movido en la caridad, que como buen pastor, padre, señor y prelado debe á sus súbditos y ovejas, el viernes que se contaron veinticuatro dias del mes de Octubre de mil quinientos veintidos con el Reverendo Don Baltasar de Monguía, criado de vuestra Señoría [y] Tesorero de su Iglesia, escribió una letra á su Cabildo, por la cual en efecto vuestra magnífica Señoría alzaba y alzó las censuras y escomunión de supra jussion[e]; y por algunos santos y justos respetos les dió licencia para pasar y trasladar de los dichos alcázares

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los dichos cuerpos santos con la imagen de Nuestra Señora á la iglesia de Santa Clara, encomendándoles los pusiesen en lugar muy decente, donde estuviesen en mucha veneración y custodia; y les encargaba y mandaba los trugesen con una muy solemne procesión, convocando para ello todas las religiones y la justicia y regidores, á quien Vuestra Señoría también escribió sobre ello, y las cofradías con las cruces de las parroquias y todo el otro clero de la ciudad, con la devoción y autoridad que tal caso requería. Y para más despertar la devoción de los fieles concedió Vuestra Señoría cuarenta dias de perdón é indulgencia á todos los que acompañasen la procesión y viniesen con los santos cuerpos; mandó asimesmo absolver por tres dias á todos los descomulgados que en la ciudad oviese, por que dignamente pudiesen acompañar las santas reliquias y ganar los perdones.

El Deán y Cabildo, visto la licencia y lo que vuestra Señoría les mandaba, dieron luego orden como para el dia siguiente, en que cada año se celebra y guarda en esta ciudad y obispado la fiesta principal de señor San Frutos, se efectuase lo que vuestra Señoría permitía, encargaba y mandaba por su letra. Cosa en verdad digna de notar y no pasar sub silentio, que ni el primer mandar de vuestra ilustre Señoría que no se trugesen, ni después el diferirlo, ni al fin el concederlo víspera de San Frutos, ni la diligencia de vuestro Cabildo en solo aquel medio dia para que se trasladasen su santo cuerpo y los de sus hermanos en su propio dia y festividad, cierto no fue en su mano sino de aquel grande y poderoso Dios, que sabe y acostumbra reservar, dar y conceder las tales cosas para mas loor suyo y honra de sus santos siempre tempore opportuno.

Ideoque, exultet celum laudi[bus]; resultetque terra, precipue nostra Segoviensis, gaudiis; et in die, sanctis misteriis sacra, concele[bret] solemnia140. Vere dignum et justum est que vuestra

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ilustre Señoría, no con menos razón, debía gozarse y alabar á Nuestro Señor.




17.-Procesión desde la iglesia de Santa Clara al alcázar por las calles de la Almuzara y la Calongía (25 Octubre, 1522). Nombres de los más principales asistentes

El dia siguiente, que fué sábado veinticinco dias del mes y año [referidos], Reverendísimo Señor, acabada la hora de la tercia141, estando juntas todas las cruces, puestos en orden los cofrades de todas las cofradías con sus candelas de cera encendidas, los frailes y religiosos de todos los monasterios con sus prelados y toda la otra clerecía, que sin duda fueron en mucho número, puestos en procesión cada uno en su lugar con mucho concierto y orden, hallándose presente el reverendo Licenciado Andrés de Camargo provisor de vuestra Señoría, el Corregidor y sus Tenientes, algunos Regidores, muchos caballeros, hidalgos, mercaderes y ciudadanos, muchos señores y dueñas, y otra gente popular de esta ciudad y arrabales y de otras partes, estando revestido de presbítero el reverendo Doctor Don Pedro Vaca, deán, y de diácono Pedro de Castro y subdiácono Gabriel Muñoz, canónigos, yendo vestidos de presbíteros y de diáconos hasta otros veinte de los beneficiados y capellanes de la Iglesia y de los de la ciudad para traer las andas, en que vinieron los santos cuerpos, y la imagen de Nuestra Señora, y un Crucifijo muy devoto, que solía estar en lo alto sobre la capilla de San Frutos, en quien los de esta ciudad tenían mucha devoción, y otros cuatro vestidos de acólitos para encensar, los cuales concertadamente iban en medio de la procesión; los dichos Deán y Cabildo, con sus cantores y capilla, devota y concertadamente subieron de Santa Clara, y con mucha autoridad y concierto y devoción fueron por la calle de la Almuzara, la cual con la de la Calongía y todo lo demás hasta las casas de Vuestra Señoría estaba muy adrezado y entoldado de mucha y rica tapicería, y á trechos ciertos altares y oratorios bien devotos; y así llegaron á los alcázares, á la puente levadiza, do llegaron todas las cruces y se tuvieron

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las dichas cofradías; y así por orden se quedaron atrás la clerecía y órdenes y toda la otra gente que venían en la procesión.




18.-Personas que entraron dentro del alcázar

Y solamente entraron dentro, por que no hubiera alguna confusión, los Deán y sus ministros con los cantores y ciertos ministriles; los que iban vestidos para llevar las andas y para encensar; los que habían de llevar las fachas142; y los reverendos Don Diego del Rio chantre, Don Baltasar de Monguía tesorero, el bachiller Pedro de Carboneras, el protonotario Don Bernardino de Berrio, el doctor Juan de Nava, Antonio de Guadalupe, Juan del Rio, Juan de Ramos, Pedro de Aguilar, canónigos; Juan de Pantigoso [y] Gonzalo Martínez de Villamayor, racioneros de la dicha Iglesia; el dicho licenciado Camargo provisor; y los reverendos y devotos, Fray Diego de Trogillo, prior del monasterio de Santa Cruz del orden de Predicadores, y Fray Francisco de Salamanca fraile profeso del dicho monasterio; Fray García Iñigo de Vitoria vicario del monasterio de Nuestra Señora del Parral de la orden de San Gerónimo y Fray [?] de Herrera y Fray Juan de Santa María frailes profesos del dicho monasterio; el bachiller Fray Martín de Acuña comendador del monasterio de Nuestra Señora de la Merced; Fray Antonio de Isla guardián del monasterio de San Francisco143; Fray Munio de Santa María prior del Monasterio de Nuestra Señora de los Huertos de la orden de Premostenses; y el honrado caballero Juan Álvarez de Maldonado corregidor, el licenciado Cristóbal López de Toro su teniente, el protonotario Don Antonio Meléndez escritor apostólico, Diego López de Samaniego, el licenciado Andrés López del Espinar regidor, el licenciado de la Plazuela vecino de dicha ciudad, y otras algunas personas que por evitar proligidad aquí no se nombran.





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19.-Reliquias é imágenes que hallaron. Requerimiento ante tres notarios que hicieron al provisor los diputados por el Cabildo

Así entrados en los dichos alcázares, en presencia de nos, los dichos Juan de Pantigoso é Gregorio Martínez de Villamayor, racioneros, notarios públicos por la autoridad apostólica, é el bachiller Diego de Guevara notario público, uno de los del número de la audiencia de Vuestra Señoría, secretario del Cabildo, que para esto fuimos rogados y llamados, se hallaron los cuerpos y santas reliquias de señor San Frutos, San Valentín [y] Santa Engracia sus hermanos, en un arca, cerrada con llave, puestas sobre unas andas ricamente entoldadas, cubierta con un paño de brocado, y otra caja con una espalda ó cadera de San Frutos, y la imagen de nuestra Señora en otras andas muy bien adrezadas, y la imagen del Crucifijo, de que arriba se hace mención, puesto en otro aparato para se poder llevar.

É luego los dichos bachiller Pedro de Carboneras y Bernardino de Berrio, canónigos, por sí y en nombre del Cabildo, y como diputados para las cosas de esta fábrica de dicha Iglesia, digeron y requirieron al dicho provisor recibiese información de personas fidedignas como, antes y después que se cercaron la dicha Iglesia y alcázares, los dichos cuerpos y santas reliquias estaban dentro de la Iglesia mayor en la capilla que se decía de San Frutos, según como arriba se relata, con mucha custodia, y de allí cuándo y quién las mandó quitar, y por qué razón y dónde las llevaron, y en qué guarda y custodia fasta aquí han estado. Recibida la dicha información, rogase y mandase al dicho deán abriese la dicha arca con la llave que en su poder ha estado y está, para que las personas religiosas, justicia y regidores, caballeros é hidalgos y las otras personas que allí se hallaban viesen á vista de ojos los huesos y reliquias de los bienaventurados santos, y les constase de ello cual allí se hallaban.




20.-Los tres testigos. Cómo se aprestaron á deponer cada uno por separado bajo la fe del juramento

Luego el provisor, visto el dicho pedimento, tomó y recibió juramento en forma debida de derecho sobre la señal de la cruz

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á los honrados Álvaro Ximénez clérigo presbítero, capellán de la dicha señora Condesa, é Francisco Villareal tesorero de la casa de la moneda en la dicha ciudad y Rodrigo de Luna alcaide de la torre de la dicha Iglesia mayor, que presentes estaban, los quales se hallaron dentro de los dichos alcázares é de la dicha Iglesia todo el tiempo que estuvieron cercados y después acá, que dirían verdad de lo que supiesen cerca de lo susodicho. Estrechándoles la confesión del dicho juramento, cada uno de ellos dijo: Sí, juro, é amén. Cada uno de ellos por sí, secreta y apartadamente, dijo y declaró so cargo del dicho juramento lo siguiente.




21.-Declaración de Alonso Ximénez

El dicho Alonso Ximénez clérigo, so cargo del juramento que hizo, preguntado qué es lo que sabe acerca de lo susodicho, dijo que él se halló dentro de la dicha Iglesia é de los dichos alcázares todo el tiempo que estuvieron cercados, y después acá hasta agora está en los dichos alcázares en servicio de la señora condesa de Chinchón; que sabe é vió que en la capilla que se dice de San Frutos, que es dentro de la dicha Iglesia, estaba un arca en que decían estaban los huesos y reliquias de señor San Frutos y de sus hermanos San Valentín y Santa Engracia, que es la que estaba allí presente en aquellas andas; la cual estaba metida en cierta concavidad de la pared de la dicha capilla encima del altar, y cerrada con una cerradura y su llave, y con una reja de hierro dorada con otra cerradura delante de dicha arca; y que, como los que tenían cercada la dicha Iglesia comenzaron á picar y poner fuego á la capilla mayor de la dicha Iglesia, el señor Don Diego de Bobadilla hermano del muy magnífico Conde de Chinchón, que estaba dentro del dicho cerco y en defensa de la dicha Iglesia y alcázares, con acuerdo y parecer del alcaide y de otros hidalgos que con él estaban, temiendo que al caer de la capilla mayor caería también la de San Frutos que estaba junto á ella, y que aquellos cuerpos santos, en quien todos tenían mucha devoción, podrían recibir mucho detrimento, mandó quitar la reja, y á este testigo, porque era presbítero, que sacase la dicha

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arca; y que así, él la tomó y sacó del dicho lugar donde estaba con toda la demás reverencia que pudo; y con ayuda de otros, acompañado del dicho señor Don Diego y de muchos de los que dentro estaban, en manera de procesión la llevó con mucha devoción á la capilla que está dentro de los alcázares, donde se puso sobre el altar de la dicha capilla; y allí asimesmo se puso la imagen de Nuestra Señora que estaba en