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La teoría de la elipsis en Francisco Sánchez de las Brozas: ¿una anticipación de la gramática generativa?
Stefano Arduini
Universidad de Bolonia Cuando una teoría de algún
modo innovadora se impone en la comunidad científica de una disciplina
determinada, produce normalmente ciertos intereses, discusiones e incluso
cambios en las disciplinas más diversas, según un movimiento de
ondas concéntricas que afecta directa y más intensamente a las
áreas próximas y va disminuyendo paulatinamente a medida que nos
alejamos del área de estudio originaria20. Tal expansión tiene, como
contrapartida, una cierta influencia también
El motivo fundamental de la inmediata
resonancia y del actual interés por la lingüística
cartesiana de Chomsky24 probablemente tiene
que buscarse en la contribución dada al resurgimiento de la
atención hacia los estudios sobre el lenguaje anteriores al siglo
pasado, en el haber planteado claramente, en suma, la cuestión de la
imposibilidad de establecer con certeza un inicio para una hipotética
«lingüística científica» y en el haber subrayado
la existencia de una serie de recorridos del pensamiento que sólo con
dificultad podríamos interrumpir en una cierta fecha definiendo, aunque
de modo convencional, un punto de partida25. En
realidad, Chomsky no ha mantenido después cuanto parecía prometer
y su posición en el examen concreto de cada uno de los autores y
períodos, al privilegiar la importancia de la gramática de Port
Royal, ha terminado por confiar un papel secundario a gran parte de la
producción siguiente (y representativa es, a este respecto, la cita de
Whitehead) y anterior (la gramática humanístico-renacentista, por
ejemplo). Naturalmente, hay que entender esto no en el sentido de que los
estudios sobre el lenguaje anteriores y posteriores a la fecha de
publicación de la
Grammaire générale et
raisonnée sean considerados irrelevantes, todo lo contrario
-piénsese en el papel de Humboldt-, sino en el sentido de que la
teorización de aquellos siglos tiene una función propia
sólo en relación con el gran trabajo realizado en el siglo
XVII26; sucede así que todo lo que
no pertenece al «genio del siglo XVII» es concebido, bien como
anticipación de Port Royal (Sánchez de las Brozas), bien como su
consecuencia (la Enciclopedia, pero también en parte Humboldt)27. Se han presentado muchas críticas a Chomsky,
sobre todo insistiendo en la importancia de la tradición empirista de
Locke (Aarsieff, 1970;
id. 1971;
id. 1974) y, más en general, en la
necesidad de una mayor profundidad y una más atenta consideración
de las fuentes. De particular interés es la posición de Luigi
Rosiello, quien en diversos trabajos (cfr. Rosiello,
Un trabajo de esa índole, un estudio global de la lingüística renacentista, podría dejar claro un resultado que se entrevé ya en diversas intervenciones sobre los diferentes autores del período, me refiero al reconocimiento de la originalidad y autonomía de los estudios lingüísticos del Humanismo y del Renacimiento30, de este período que vio a gramáticos, filólogos y filósofos ocupados en un trabajo verdaderamente extraordinario de revisión teórica en torno a los problemas concernientes al lenguaje. Entre los hombres que contribuyeron al remozamiento de la cultura tradicional, en aquel arco de tiempo extremamente fluctuante para los historiadores, pero en el cual haremos entrar por razones de claridad los siglos XV y XVI, Francisco Sánchez de las Brozas fue sin duda un representante típico de la «vanguardia intelectual» de la época. Una época que en el plano de la teorización lingüística podrá reservar notables sorpresas al investigador moderno.
Los motivos del proceso que llevó de la gramática medieval de tipo especulativo a aquélla en la que razón y experiencia son dos polos de igual importancia (la Minerva, por ejemplo) son múltiples y de difícil sistematización; podemos solamente intentar, aunque sólo sea por tener un cuadro general del período, resumirlos brevemente. En primer lugar, el desarrollo del conocimiento y análisis del árabe y sobre todo del hebreo tiene gran importancia31; el «homo trilinguis» (griego, latín y hebreo), ideal renacentista del hombre de cultura, es un ejemplo elocuente del relieve totalmente nuevo asumido por la lengua bíblica32; pueden verse a este propósito las gramáticas de Reuchlin (1506) y Clenard (cfr. Robins, 1974, pág. 99). No por casualidad puede sostener Jacques Dubois (Silvio) en su Isagôge la derivación de la «declinación» francesa a partir de la hebrea. No hay que olvidar tampoco al autor del que nos estamos ocupando, el Brocense, cuya división tripartita de la «oratio» ha sido considerada (si bien hoy se tiende a negar tal posibilidad) de origen árabe y hebreo33, hipótesis sostenida tanto por Delbrück (Delbrück, 1983, I, pág. 16) como por Wackernagel (Wackernagel, 1950, I, pág. 23) y contradictoriamente recogida por Pagliaro (Pagliaro, 1930, págs. 33-34), Tovar (Tovar, 1941, pág. XLIII), Bassols (Bassols, 1946, pág. 50). Por lo demás, el propio Brocense escribe: «Sunt autem tria, nomen, verbum, particulae. Nam apud Hebraeos tres sunt partes orationis, nomen, verbum et dictio consignificant. Arabes quoque has tantum tres orationis partes habent» (libro I, capítulo 2). No es de la misma opinión Constantino García, quien defiende, en cambio, la raíz aristotélica de la teoría sanctiana:
Me resulta difícil, personalmente, dar un juicio preciso; sin duda parece más obvio pensar en un préstamo aristotélico que en uno árabe o hebreo, pues a fin de cuentas la tradición clásica resulta más próxima que la oriental, pero haría falta ver si esto era igualmente obvio para el Brocense34. Un segundo punto que podría
caracterizar el paso a la cambiada perspectiva de la gramática
renacentista es el interés, del todo nuevo, por la latinidad y el deseo
de una vuelta, lo más pura posible, a aquélla; sesgo intelectual
éste que acompaña a las nuevas posibilidades de estudio del
griego debidas a la expatriación de los maestros griegos después
de la caída de Constantinopla35. La filología
recibió un empuje enorme de tal situación36; en el campo gramatical nacieron, por otra parte, una serie
de obras originales caracterizadas por el retorno riguroso a la «latinitas» y por el desprecio hacia todo lo que
recordase la Escolástica37. Los autores que pueden
ser de utilidad en relación con el Brocense
Las leyes de la gramática se imponen a la lógica y a todas las ciencias, y las leyes de la gramática han de buscarse en la «ratio» que hay en la base de la forma lingüística. Por otra parte el uso y los datos de los que éste es deducido tendrán gran importancia: razón y experiencia son también aquí, como en general para toda la gramática renacentista, los dos goznes sobre los que funcionará el método correcto de investigación lingüística43. En España las figuras
más importantes, además del Brocense, son Vives y Nebrija. El
interés que ofrece Juan Luis Vives44 cubre un
ámbito más general que el exclusivamente gramatical. No obstante,
con su obra
De causis corruptarum artium (1531)
había sido uno de los primeros que en España situaron la
decadencia de las disciplinas en el mal estado en que se hallaban los estudios
gramaticales; además, gran parte de su filosofía (y es por
ésta por lo que Vives fue conocido en el extranjero) vio en el lenguaje
un hecho importante en el estudio del hombre; esto es válido para muchas
de sus obras:
De explanatione cuiusque essentiae,
Introductio ad sapientiam, la ya
citada
De causis corruptarum artium. En su
tratado
De anima et vita (1538), Vives
«hace exclusivo de los seres humanos el lenguaje, que es tan natural al
hombre como la razón... No entra de lleno en el problema del lenguaje,
sino que solamente se refiere a él indirectamente en cuanto es
manifestación de la razón o
Las dos obras principales de Nebrija son las Introductiones latinae (Salamanca, 1481) y la Gramática de la lengua castellana (Salamanca, 1492); en ambas se nos muestra un Nebrija más filólogo que lingüista. Las Introductiones son un método para enseñar bien el latín según un orden racional que se apoya en la «auctoritas» y semejante intención, pero vuelta al castellano, informa también la Gramática48(la primera obra en español que propone una gramática en lengua vulgar). Sin embargo, si bien el Brocense se declara explícitamente continuador de Nebrija, creo que tal afirmación debe ser aceptada sólo hasta cierto punto y en el sentido de que el ilustre extremeño, aun partiendo de un origen común, sigue después caminos bastante diversos; es más, estoy plenamente de acuerdo con F. Riveras Cárdenas cuando afirma que el Brocense continúa la obra de Nebrija únicamente como perteneciente al mismo movimiento del viejo maestro:
La tercera marca distintiva de la lingüística renacentista ha de ser localizada en el estudio profundo de las lenguas nacionales. Hemos visto ya en España a Nebrija; para Francia se podría citar a Du Bellay con su Défense et illustration de la langue française (1549), a J. Dubois (Silvio), con su Isagôge, a Henri Estienne, con su Conformité du langage français avec le grec (1565), a A. Cauchie, con su Grammatica Gallica (1570); en Alemania la Reforma y la consiguiente versión de la Biblia desarrollaron una intensa problemática en torno a la lengua nacional (cfr. Rudolph Agricola); para Italia, la exposición sería demasiado compleja, baste en cualquier caso recordar las obras de Lorenzo de Medicis, de Pietro Bembo, naturalmente, y de Sperone Speroni. Este cambio de dirección tiene un valor que va más allá del simple significado gramatical, y que yo llamaría filosófico; refiriéndose al Humanismo italiano, pero en un sentido que abarca un horizonte más amplio, K. O. Apel escribe con gran claridad:
Un autor que en cierto modo resume todas las características vistas hasta ahora y que es importante tanto por el método general como por los análisis sobre lenguas concretas (el griego, el latín y una lengua vulgar, el francés) es Petrus Ramus, quien con dos obras sustancialmente paralelas, la Dialectique (1556) y la Gramere (1562), y con las Scholae Grammaticae (1595) se presenta como figura representativa para todo el Renacimiento, siendo doblemente interesante en tanto en cuanto junto a Scalígero y a Linacre forma la triada que ha influido de algún modo en el trabajo del Brocense50. Con Ramus nos hallamos ante la propuesta de una gramática formal en la que será eliminada cualquier referencia al sentido en favor del simple funcionamiento abstracto de las formas; Chevalier (Chevalier, 1968) ha criticado este sistema tachándolo de ser capaz de realzar solamente algunas relaciones que señalan su funcionamiento; Robins ha resumido muy bien los principios que informan un trabajo de esta índole:
Si los autores anteriores
desempeñan un papel central en la definición
epistemológica del estudio lingüístico y en la
práctica concreta del análisis gramatical, la obra de Francisco
Sánchez de las Brozas es, como ha sido anunciado al comienzo, igualmente
importante y por muchos aspectos
En efecto, el libro entero está de algún modo tocado por la teoría de la elipsis, que es central no sólo en sentido cuantitativo, sino sobre todo en cuanto síntesis, ejemplo emblemático, de toda la argumentación sanctiana (cfr. Sánchez Barrado, 1919b). Naturalmente, las interpretaciones recientes de la elipsis que contienen un cierto interés han nacido a continuación de la cita del Brocense hecha por Chomsky en Lingüística cartesiana y sobre todo en El lenguaje y el entendimiento. Chomsky se ocupa de Sánchez de las Brozas únicamente como precursor de Port Royal e incluso el concepto de elipsis es visto desde esa perspectiva; así, el Brocense chomskyano52 ni siquiera es capaz de explicar plenamente el papel jugado por la elipsis en la teoría gramatical:
Refiriéndose a Huarte de San
Juan53, Chomsky sostiene que con Port Royal se
intenta elaborar el segundo tipo de ingenio huartiano tratando de determinar
cuáles son las características de la «inteligencia
normal» (estamos, pues, en el ámbito psicológico); la
elipsis de Sánchez de las Brozas, en cambio, es para Chomsky una simple
técnica para interpretaciones textuales, útil como
técnica, pero que no nos dice mucho acerca de la organización
mental del hombre. Ciertamente, no era difícil descubrir que esta tesis
era debida a una lectura superficial de la
Minerva (por otra parte, no se puede
pretender que Chomsky posea una erudición enciclopédica); bastaba
a este propósito leer las primeras páginas de dicha obra para ver
que el Brocense era un teórico verdadero y original. De esto se dio
cuenta en 1969 Robin Lakoff54, quien ha
visto en las propuestas sanctianas algo mucho más importante de cuanto
ha creído Chomsky: «his work
[del Brocense]
is interesting not only for its specific
linguistic analyses, which will be discussed below, but more particularly for
his general views of language as it is related to
psychology» (R. Lakoff, 1969, pág. 357). Este papel
fundamental del Brocense se demuestra en particular desde el primer
capítulo de la
Minerva, donde, según Lakoff, se
exponen cuatro temas principales: 1) el lenguaje como producto de la mente
humana y, siendo ésta racional, el lenguaje como «cosa»
racional; 2) necesidad de explicaciones de los fenómenos gramaticales;
3) ausencia de accidentalidad en el lenguaje, y 4) irrelevancia de la autoridad
en las consideraciones gramaticales. Para Robin Lakoff estos puntos son
idénticos a los que elaboró la gramática de Port Royal;
podríamos hablar, pues, de «lingüística
sanctiana» con mayor propiedad de la que tendríamos usando la
etiqueta de «lingüística cartesiana».
Al considerar a Sánchez de las Brozas, Chomsky se deja desviar por las continuas citas de los clásicos, que pueden dar la sensación de un interés textual, no teórico, del gramático español; pero no es así; según Robin Lakoff, el primer capítulo, en particular, nos muestra cómo el interés del Brocense era sobre todo teórico, cómo era su intención determinar las causas (las explicaciones, para Lakoff) de la lengua latina. Es el mismo espíritu con que trabaja la gramática general y es un motivo más para afirmar la procedencia sanctiana de las consideraciones de Arnauld y Lancelot sobre la naturaleza del lenguaje. Robin Lakoff llega todavía más adelante en la valoración de la obra del Brocense al realzar no sólo un estrecho parentesco con la gramática general (con ventaja absoluta para el primero), sino también al sostener una verdadera naturaleza transformacional de la gramática sanctiana. La consideración de una base lógica para todas las lenguas es un claro indicio de este estrecho parentesco; tal base es, por otra parte, subrayada por dos conceptos fundamentales en Sánchez de las Brozas:
Sobre la misma línea de Lakoff
-subrayando por tanto la derivación de la gramática general a
partir de la gramática sanctiana y el propósito de hacer
hincapié concretamente en las estructuras lógicas dentro de su
teoría del lenguaje- encontramos a Manuel Breva Claramonte con una serie
de artículos y trabajos (que tienen su cumbre en la edición
anastática de la
Minerva) muy útiles para nuestros
fines. Las estructuras lógicas
...Lunam et stellas, quae negotia tu fundasti F(rase) negotia C1 + relativo + C2 o bien negotia (C2), que no aparece pero que la «grammaticae ratio» hace necesaria, explica la oración anterior y el motivo profundo de aquel «quae» neutro justificado por los gramáticos (anteriores al Brocense y contemporáneos del mismo) como absorción de los femeninos «Lunam et stellas». El último autor que conviene
considerar brevemente es Keith Percival, el cual en un trabajo con el
indicativo título de «Deep and Surface Structure Concepts in
Renaissance and Medieval Syntactic Theory» (cfr. Percival, 1976) asume
una posición aún más marcada que la de Robin Lakoff a
propósito de la proximidad entre el Brocense y la gramática
generativa, posición que de cualquier modo está en la misma
línea de
Naturalmente no es posible hacer menos
que considerar bastante útiles e iluminantes los análisis
realizados por los estudiosos que acabamos de ver, pero, por lo que a mí
respecta, alimento algunas dudas de fondo que quiero exponer de modo breve
aquí. En primer lugar, una observación metodológica: me
parece que los autores citados modernizan demasiado unas concepciones que no
son modernas55, juegan, en definitiva, con excesiva facilidad a una
historiografía de la anticipación no siempre válida. Hay
que saber distinguir nítidamente en la historia del pensamiento (y por
tanto también en la historia de una ciencia), a fin de evitar demasiadas
confusiones, dos planos fundamentales: 1) el planteamiento de los problemas y
2) la resolución de los problemas planteados. Desde hace milenios los
hombres se plantean las mismas
3.1. Escribe Keith Percival59:
Habría que añadir en dicho cuadro a P. Ramus, cuyo trabajo de formalización de las lenguas francesa, latina y griega tiene una cierta influencia sobre el Brocense, quien sin embargo transfiere a un nivel más abstracto la disposición general. Por lo que se refiere en particular a la elipsis, Keith Percival da un cuadro muy preciso de las influencias, que son múltiples:
Pero ¿qué es exactamente la elipsis según el Brocense? La definición más precisa y argumentada a este propósito la encontramos en el libro IV de la Minerva, cuyo título es «De figuris constructionis»; he aquí las palabras del Brocense:
La elipsis es, por tanto, ausencia de algo, de una o de varias palabras; cometido del gramático es propiamente el de suplir tal ausencia, en otras palabras llenar los vacíos presentes en la oración. Aquí es ya evidente la diferencia con Valla; éste debe resolver sobre todo problemas estilísticos y la elipsis es un artificio que permite la brevedad, una mayor concisión en la expresión de los conceptos61; en cambio, el Brocense tiene muy cercanos los problemas gramaticales (como él mismo recuerda citando a Fabio: «aliud est Latine, aliud Grammatice loqui»), la elipsis es útil para aclarar mejor la oración e incluirla dentro del esquema «racional» que explica la lengua. Simplificando podríamos decir que Valla «enseña» a elidir y Sánchez de las Brozas a suplir. En esta oposición -estilística vs. gramática- está también la fuerza argumentativa sanctiana contra aquéllos que se oponen al uso de la elipsis en los análisis de las oraciones; estos «expertos de la lengua latina» sostienen en efecto:
Carecen éstos, sin embargo, de sentido común, y aquí encontramos uno de los fragmentos fundamentales para la interpretación de la elipsis como algo complejo, profundamente conectado con una filosofía general del hombre y de la historia:
Este doble valor histórico y racional (prefiero este término, que es el usado por el Brocense, al término «lógico») ha sido advertido por muchos intérpretes sanctianos; últimamente Breva Claramonte ha realzado su importancia intentando insertarlo dentro de su interpretación generativa de la Minerva. Pero el camino a recorrer es, a mi juicio, diverso; Breva Claramonte llama «deep structure» a esta integración de un nivel histórico y racional; no vamos a repetir aquí en qué consiste la «estructura profunda»62 chomskyana, tratemos en cambio de analizar la última cita del Brocense («Ego illa tantum supplenda praecipio...») y de ver cuál es su verdadero significado. Los dos términos que hay que examinar son, naturalmente, «antiquitas» y «ratio»; captar el valor de ambos significa estar en el buen camino para la realización de un correcto trabajo interpretativo de la elipsis. Advertimos en primer lugar que la «antiquitas» debe ser rigurosamente sometida a la «ratio»:
La «ratio», por consiguiente, es sin duda un punto de
partida; la antigüedad, la autoridad y el uso son una confirmación
de lo que la razón ya ha demostrado (Abad, 1982). Intentamos ahora
captar rápidamente (y me doy cuenta de ello, insuficientemente) el
contexto cultural en el que
En primer lugar hallamos cuestiones de
orden teológico (libre albedrío, fe y razón, problema del
alma, etc.); para ilustrar cómo justamente
Encontramos seguidamente en esta especie de catálogo de los problemas discutidos en el ámbito renacentista (aristotélico-platónico) la disputa sobre la astrología (Pomponazzi, Pico, Ficino) y la nueva concepción de la naturaleza66; toda la cuestión concerniente a la filosofía del amor y a la metafísica del amor; los estudios morales y la alternativa entre vida activa y contemplativa; asimismo las discusiones en torno al «Trivium». En qué medida todo esto está extremamente concatenado y juega un papel decisivo en los campos más diversos se puede deducir, por ejemplo con respecto a la iconología, de la evolución de los iconos simbólicos desde la Edad Media al Renacimiento según lo que ha escrito Gombrich (Gombrich, 1978). ¿Qué podría ser,
pues, la razón para el Brocense? Probablemente, al igual que sucede en
la tradición clásica desde la Grecia antigua, también en
este caso razón se opone a opinión, siendo la segunda una
perezosa confianza del hombre en los sentidos más inmediatos mientras
que la primera somete a verificación las verdades recibidas. Siguiendo a
los autores modélicos y relacionando o ignorando incluso las
contradicciones reales, la razón, como para Platón,
permitirá el conocimiento perfecto de la realidad de las ideas
después de que, por medio de la ascesis, el hombre se haya liberado del
estorbo de los sentidos; como para los neoplatónicos (cuya
tradición continuará en la Escolástica y aun
después)
Después de haber visto, si bien mediante breves alusiones, que el concepto de «ratio» no puede ser identificado «in toto» con aquella razón a la que apelan los lingüistas contemporáneos (más de cuatro siglos no han pasado en balde) volvemos a considerar la elipsis sanctiana concluyendo la parte de peroración en favor de la elipsis con las siguientes palabras del Brocense:
3.2. Damos ahora las reglas que Sánchez de las Brozas antepone a la larga casuística de las diversas posibilidades en las que encontramos la elipsis68. REGLAS GENERALES Nombre: siguiendo a Platón y a Aristóteles, el Brocense afirma que, no siendo posible tener una oración sin nombre y verbo, un nombre solo no tendrá significado y tampoco un verbo. Ejemplos: en currit, flatur, sedetur, faltan cursus, flatio, sessio. Lo mismo sucede para todos aquellos verbos que son llamados impersonales pasivos, para los verbos de naturaleza (pluit, ningit, lucescit), y para miseret, taedet, pudet, piget y poenitet. Acusativo (nominativo en la voz
pasiva): se sobreentiende el acusativo en aquellos verbos que son llamados
absolutos (pero son simplemente activos) como
curro, ambulo, sedeo, para los que
está sobreentendido
cursus, ambulatio, sessio. Se omite
el acusativo para evitar el pleonasmo, pero será necesario con la
presencia del adjetivo; ejemplo:
hilarem Infinitivo en lugar del nombre: en caso de que falte el nombre verbal recurriremos al infinitivo del mismo verbo para evitar indicar el agente cuando esto es imposible: «nam si Cato vivit, vitam vivit, vel vivere, et placet placere: et vadit vadere, pergit pergere, et caret carere». El nombre mismo: cuando después del verbo sustantivo hay un adjetivo o un genitivo es necesario sobreentender el mismo nombre; ejemplo: hoc pecus est regium; es decir, hoc pecus est pecus regium. Además:
Ex numero: el nexo «ex numero» se sobreentiende en toda construcción partitiva con verbos o adjetivos posesivos, comparativos, superlativos, numerales o de cualquier modo que aparezca el genitivo: hispanorum alii vigilant alii student, quidam boni, quidam mali, quidam fortiores, alii fortissimi, i.e. ex numero hispanorum. O bien: Censor maxime, principumque princeps, «Unde licebit exibilare Grammatistas, qui pueris inculcant superlativa regere genitivum, et comparativa inter duo...»70. Ego, tu, nos, vos: construcción de mayor elegancia es no expresar en la primera y segunda persona el sujeto. Esta llamada casi valliana a la elegancia no resultará extraña solamente si se tiene en cuenta la extrema problematicidad de las teorías gramaticales del siglo XVI; es un motivo más para no hacer del Brocense un lógico férreo o para no modernizarlo demasiado.
Me, te, se: no se expresan me, te, se, cuando la acción recae sobre el sujeto mismo; ejemplo: nox praecipitat; hyema adventat, bene habet.
Del mismo modo deben entenderse pluit, ningit, serenat, tonat; i.e. pluvia pluit se o pluvia pluvit pluviam. Genitivo: se calla no sólo el nombre (del cual con frecuencia depende un genitivo) sino incluso el genitivo que podría ser expresado:
3.3. Tras haber visto de cerca el método del Brocense al abordar los problemas relativos a la elipsis reconsideramos ahora, antes de concluir proponiendo ejemplos concretos del uso sanctiano de la elipsis, el análisis adelantado por Breva Claramonte con respecto al tratamiento del relativo en la Minerva. Confrontamos a continuación el fragmento con el que Breva Claramonte abre su exposición sobre el relativo con el fragmento inicial de Sánchez de las Brozas al que aquél se refiere:
Estos dos comienzos ya muestran, pienso, el abismo conceptual que separa ambas posiciones; en cualquier caso resulta clara la posición del Brocense, para el cual, como gramático, es suficiente saber que «tantus, quantus» son adjetivos, y así sucesivamente72. Breva Claramonte sostiene que el Brocense quiere reconstruir el lenguaje lógico originario, pero parece ignorar que cuando el gramático extremeño habla de lengua primera o de lengua originaria entiende la lengua adánica «cualquiera que ésa sea», y dudo, llegado a este punto, que sea posible un acercamiento no sólo a la gramática generativa, sino a cualquier hipótesis moderna. Con respecto al problema de la interpretación del relativo, hemos visto anteriormente cómo lee Breva Claramonte la propuesta sanctiana, pero no hemos escuchado la voz del Brocense; hagámoslo ahora:
y tras ofrecer una larguísima serie de ejemplos:
Éste es el texto del Brocense; siguiendo a Breva Claramonte podemos sintetizar tal explicación con la fórmula «... Cl + relativo + C2...» y es también adecuado recordar el buen grado de generalización alcanzado, pero francamente me parece excesivo hablar de estructura profunda o de estructura lógica. El Brocense quiere determinar las «causas» de la lengua latina, las «causas», es decir las «razones» (y sobre este término ya he dicho algo), lo que no quiere decir necesariamente «estructuras lógicas», concepto que, al contrario, debía estar bastante lejano en su acepción moderna de la mente de un gramático del siglo XVI (las estructuras lógicas son para el Brocense, a lo sumo, las categorías lógicas en sentido aristotélico). La elipsis es un instrumento óptimo para este fin, puesto que nos explica lo inexplicable o cuanto hasta entonces había sido explicado demasiado intuitivamente y además nos permite obtener un esquema general que evite soluciones «ad hoc»; el «racionalismo» del Brocense está todo aquí: «El hombre está dotado de razón y en todo lo que realiza ha de observar la operancia de ese elemento constitutivo de su propia esencia» (Riveras Cárdenas, 1976, pág. 18). Hallamos aquí, además, el verdadero significado del nombre dado a este libro de gramática: Minerva, Palas Atenea, diosa de la inteligencia, de las artes y de las ciencias, hija de Metis, la mente, y de Zeus que la dio a luz, adulta, de su propia cabeza. Pretendo con esto decir que la elipsis sanctiana es sin duda mucho más que un puro artificio para el análisis textual (como es para Chomsky), pero al mismo tiempo es mucho menos que un medio para obtener estructuras profundas en sentido moderno; es, más simplemente, un instrumento, bastante potente para una gramática del siglo XVI, de «racionalización» de los datos lingüísticos. 3.4. Concluyo proponiendo a título de ejemplo algunos casos de la utilización sanctiana de la elipsis en los nombres, verbos, preposiciones, adverbios y conjunciones. ELIPSIS DE NOMBRES Y PARTICIPIOS Arbor. « Delphica laurus, tarda morus, patula fagus, subaudi arbor; nam nomen generale rectius subauditur aliquando additur». Ars, scientia. Falta ars en las palabras: grammatica, rhetorica, dialectica. Foemina.
« Boves meas, canes gravidas
, cum legimus, ne credamus Homo. Falta homo en los adjetivos masculinos puestos en modo absoluto; ejemplos: tu es miser, ego sum salvus, Petrus est albus. Urbs, oppidum. «Narbo ex terminatione masculinum est, ut Sulmo et Hippo, vel Hippon. Sed barbara Narbo, subaudi, urbs, magna Tarentum, supple, urbs». ELIPSIS DE VERBOS Est. Con frecuencia se sobreentiende el verbo est, ejemplo: Quid graculo cum fidibus, es decir, est. Cuando encontramos la partícula vae, ésta no rige (como creen los gramáticos, escribe el Brocense) el dativo siguiente, sino que es sobreentendido el verbo est, ejemplos: malum tibi; vae tibi; etc. Coepit. Se dice que el infinitivo tiene valor de imperfecto; ejemplo: populus ea mirari, es decir, mirabatur; mejor sería afirmar que falta coepit. Verbo incierto. «In Aposiopesi Rhetorum incertum verbum eleganter deest. Terent. Ego ne illam; quae illum? quae me? quae non. Ubi Donatus Ellipsin et Aposiopesin agnoscit... Idem contingit in orationibus animi affecti». Oro, precor. Ut es a veces considerado como utinam, ejemplo: Ut Syre te cum tua monstratione magnus perdat Iupiter (Ter. Adel.); en cambio falta oro o precor o quaeso, ejemplo: Deos quaeso, ut sit superstes (Ter. And.). ELIPSIS DE PREPOSICIONES Nombres de ciudad, provincia e isla. En estos nombres falta con frecuencia una preposición, como en tendit Romam, Aegiotum, Italiam. Preposiciones de instrumento. Cuando
se quiere expresar un instrumento falta frecuentemente
cum, que se sobreentiende para
evitar ambigüedad; por ejemplo: en
testigi illum cum hasta,
«nescitur an illum et hastam testigeris, an vero
instrumentum significes». No obstante, el
Preposición del comparativo. «Deesse praepositionem in ablativo comparativi comprobant omnium linguarum idiomata, Hebreae praecipue, quae nomina comparativa non habet, sed comparationem, per hanc particulam MI enunciat; sicut Graeci per H. Latini per QUAM. Hispani per MAS. Mihi, quantum ex veterum lectione observo in praepositionibus, non in nominibus, videtur esse vis comparationis; nam et in verbis, et positivis, comparativis, et superiativis apparet comparatio, virtute praepositionis... Si igitur in praepositione significatur comparatio, necessario in ablativis comparationis deest prae. Plaut. Epid. Atque me minoris fatum pre illo, ubi per Ellipsin dici poterat minoris illo». Lo mismo en el superlativo y en el positivo. Verbos de abundancia y escasez. En estos verbos percibimos un efecto de causa eficiente porque falta a o de. ELIPSIS DE ADVERBIOS Y CONJUNCIONES Ne. En frases como cave cadas o cave faxis falta ne, es decir, cave ne cadas, cave ne faxis. Non. Detrás de non modo, non solum, non tantum, es sobreentendido non; ejemplo: Alexander non modo parcus, sed etiam fuit liberalis, es decir, Alexander non solo non parcus... Prius. La partícula prius falta con frecuencia delante de quam. Vel. «Vel particula saepe subiticetur... sed aliud habet etiam elegantioris considerationis; nam quum dicis vel stultus, haec intelligeret: vel Priamo miseranda manus, deest aliud vel, ut sit vel Priamo, vel aliis hostibus. Scio Donatum accipere, vel, pro etiam. Budaeus in commentariis exponit pro nam. Donatus rursus in Phormio pro saltem. Ego vero, cui unius vocis unica semper est significatio, semper disiungentem particulam affero, et alterum, vel, deesse confirmo. Hoc praeciare elicies ex Persio Saty. 1. Nemo Hercule, inquit, leget haec vel duo, vel... Itaque particula, vel, sola poni non potest, nisi aliud vel intelligantur». (Doy las gracias a Tomás Albaladejo por su amable traducción al español).
Referencias
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