  La teoría de la elipsis en Francisco
Sánchez de las Brozas: ¿una anticipación de la
gramática generativa?
Stefano Arduini
Universidad de Bolonia
Cuando una teoría de algún
modo innovadora se impone en la comunidad científica de una disciplina
determinada, produce normalmente ciertos intereses, discusiones e incluso
cambios en las disciplinas más diversas, según un movimiento de
ondas concéntricas que afecta directa y más intensamente a las
áreas próximas y va disminuyendo paulatinamente a medida que nos
alejamos del área de estudio originaria20. Tal expansión tiene, como
contrapartida, una cierta influencia también
en el campo de
origen (aquél desde el que la teoría inició su
difusión), descubriendo horizontes inéditos, vivificando ramas
secas y dando una nueva autonomía a aquellas secciones consideradas
secundarias. También con la gramática generativa de Noam Chomsky
hemos tenido un proceso semejante. En particular Chomsky ha funcionado como
agente provocador de un renacido y dinámico interés por la
historia de nuestra disciplina, por aquella historia de la
lingüística que en los últimos quince años ha
producido un conjunto de notables intervenciones en numerosas direcciones21. No es, pues,
casual que en cierto número de trabajos pertenecientes a este
área de investigación circule el nombre de Chomsky en cierto modo
como el holandés errante circulaba por los mares del mundo, apareciendo
en los momentos y en los lugares más inesperados: de Wittgenstein a
Ockham, de Descartes a Aristóteles, de Port Royal a la gramática
renacentista22. De todos modos, es cierto que Chomsky es, en este sentido,
un punto de referencia importante y que en su
lingüística cartesiana funciona
como el centro alrededor del cual giran las polémicas. Por lo que a
mí concierne, no podía prescindir de la presencia,
explícita o implícita, de Chomsky (también porque no es
posible eludir los problemas por él planteados) al considerar el papel
de la gramática renacentista, estudiada aquí en la figura de uno
de sus representantes más importantes: Francisco Sánchez de la
Brozas. Es más, se verá cómo, incluso cuando me ocupe de
un problema relativamente particular en el ámbito de la obra del
Brocense -la elipsis-, las críticas que se levantarán a las
diversas interpretaciones serán las mismas que, más en general,
tienen a Chomsky como blanco (y esto a pesar de las diferencias que hay entre
las lecturas chomskyanas y las de otros intérpretes). El de Chomsky es,
pues, un tipo de acercamiento que ha creado escuela y que más
allá de cada una de las interpretaciones estudia la historia de la
lingüística en función de la gramática generativa (es
bello e interesante sólo lo que en alguna medida es una
anticipación de ella), perdiendo de vista con frecuencia el valor
autónomo de muchas teorías lingüísticas del
pasado23.
  1. Francisco Sánchez de las Brozas y el
problema de la gramática renacentista
El motivo fundamental de la inmediata
resonancia y del actual interés por la lingüística
cartesiana de Chomsky24 probablemente tiene
que buscarse en la contribución dada al resurgimiento de la
atención hacia los estudios sobre el lenguaje anteriores al siglo
pasado, en el haber planteado claramente, en suma, la cuestión de la
imposibilidad de establecer con certeza un inicio para una hipotética
«lingüística científica» y en el haber subrayado
la existencia de una serie de recorridos del pensamiento que sólo con
dificultad podríamos interrumpir en una cierta fecha definiendo, aunque
de modo convencional, un punto de partida25. En
realidad, Chomsky no ha mantenido después cuanto parecía prometer
y su posición en el examen concreto de cada uno de los autores y
períodos, al privilegiar la importancia de la gramática de Port
Royal, ha terminado por confiar un papel secundario a gran parte de la
producción siguiente (y representativa es, a este respecto, la cita de
Whitehead) y anterior (la gramática humanístico-renacentista, por
ejemplo). Naturalmente, hay que entender esto no en el sentido de que los
estudios sobre el lenguaje anteriores y posteriores a la fecha de
publicación de la
Grammaire générale et
raisonnée sean considerados irrelevantes, todo lo contrario
-piénsese en el papel de Humboldt-, sino en el sentido de que la
teorización de aquellos siglos tiene una función propia
sólo en relación con el gran trabajo realizado en el siglo
XVII26; sucede así que todo lo que
no pertenece al «genio del siglo XVII» es concebido, bien como
anticipación de Port Royal (Sánchez de las Brozas), bien como su
consecuencia (la Enciclopedia, pero también en parte Humboldt)27. Se han presentado muchas críticas a Chomsky,
sobre todo insistiendo en la importancia de la tradición empirista de
Locke (Aarsieff, 1970;
id. 1971;
id. 1974) y, más en general, en la
necesidad de una mayor profundidad y una más atenta consideración
de las fuentes. De particular interés es la posición de Luigi
Rosiello, quien en diversos trabajos (cfr. Rosiello,
1967;
id. 1979a;
id. 1979b) ha estudiado con profundidad las
teorías lingüísticas de la Ilustración llegando a
conclusiones opuestas en muchos aspectos a las de Chomsky y reconociendo a la
lingüística de la Ilustración toda su importancia y
originalidad28. Análogamente, a propósito de la gramática
humanístico-renacentista se ha hecho y se va haciendo con gran
atención algo semejante29, pero es necesario profundizar mucho en la materia y aclarar la
contribución de los principales autores de este período; hace
falta sobre todo, dejada a un lado toda filosofía de la
anticipación, examinar en qué sentido los estudios de este
período sobre el lenguaje revestían en la época un cierto
interés y cómo podemos estudiarlos hoy.
Un trabajo de esa índole, un
estudio global de la lingüística renacentista, podría dejar
claro un resultado que se entrevé ya en diversas intervenciones sobre
los diferentes autores del período, me refiero al reconocimiento de la
originalidad y autonomía de los estudios lingüísticos del
Humanismo y del Renacimiento30, de este período que vio a gramáticos,
filólogos y filósofos ocupados en un trabajo verdaderamente
extraordinario de revisión teórica en torno a los problemas
concernientes al lenguaje.
Entre los hombres que contribuyeron al
remozamiento de la cultura tradicional, en aquel arco de tiempo extremamente
fluctuante para los historiadores, pero en el cual haremos entrar por razones
de claridad los siglos XV y XVI, Francisco Sánchez de las Brozas fue sin
duda un representante típico de la «vanguardia intelectual»
de la época. Una época que en el plano de la teorización
lingüística podrá reservar notables sorpresas al
investigador moderno.
Los motivos del proceso que
llevó de la gramática medieval de tipo especulativo a
aquélla en la que razón y experiencia son dos polos de igual
importancia (la
Minerva, por ejemplo) son múltiples
y de difícil sistematización; podemos solamente intentar, aunque
sólo sea por tener un cuadro general del período, resumirlos
brevemente. En primer lugar, el desarrollo del conocimiento y análisis
del árabe y sobre todo del hebreo tiene gran importancia31; el «homo trilinguis»
(griego, latín y hebreo), ideal renacentista del hombre de cultura, es
un ejemplo elocuente del relieve totalmente nuevo asumido por la lengua
bíblica32; pueden verse a este propósito las gramáticas de
Reuchlin (1506) y Clenard (cfr. Robins, 1974, pág. 99). No por
casualidad puede sostener Jacques Dubois (Silvio) en su
Isagôge la derivación
de la «declinación» francesa a partir de la hebrea. No hay
que olvidar tampoco al autor del que nos estamos ocupando, el Brocense, cuya
división tripartita de la «oratio» ha sido considerada (si bien hoy se tiende a
negar tal posibilidad) de origen árabe y hebreo33, hipótesis sostenida tanto
por Delbrück (Delbrück, 1983, I, pág. 16) como por Wackernagel
(Wackernagel, 1950, I, pág. 23) y contradictoriamente recogida por
Pagliaro (Pagliaro, 1930, págs. 33-34), Tovar (Tovar, 1941, pág.
XLIII), Bassols (Bassols, 1946, pág. 50). Por lo demás, el propio
Brocense escribe: «Sunt autem tria, nomen, verbum,
particulae. Nam apud Hebraeos tres sunt partes orationis, nomen, verbum et
dictio consignificant. Arabes quoque has tantum tres orationis partes
habent» (libro I, capítulo 2). No es de la misma
opinión Constantino García, quien defiende, en cambio, la
raíz aristotélica de la teoría sanctiana:
|
Si la oración es la expresión de un juicio y
éste consta fundamentalmente
de sujeto y predicado, que
identifica con nombre y verbo, y añadimos a ellos, en vez de la palabra
de enlace aristotélica, las partículas, tenemos la coincidencia
del Brocense con el Estagirita.
|
| (C. García, 1961, pág. 82) |
|
Me resulta difícil,
personalmente, dar un juicio preciso; sin duda parece más obvio pensar
en un préstamo aristotélico que en uno árabe o hebreo,
pues a fin de cuentas la tradición clásica resulta más
próxima que la oriental, pero haría falta ver si esto era
igualmente obvio para el Brocense34.
Un segundo punto que podría
caracterizar el paso a la cambiada perspectiva de la gramática
renacentista es el interés, del todo nuevo, por la latinidad y el deseo
de una vuelta, lo más pura posible, a aquélla; sesgo intelectual
éste que acompaña a las nuevas posibilidades de estudio del
griego debidas a la expatriación de los maestros griegos después
de la caída de Constantinopla35. La filología
recibió un empuje enorme de tal situación36; en el campo gramatical nacieron, por otra parte, una serie
de obras originales caracterizadas por el retorno riguroso a la «latinitas» y por el desprecio hacia todo lo que
recordase la Escolástica37. Los autores que pueden
ser de utilidad en relación con el Brocense
son: Valla,
Scalígero y, en el ámbito español, Vives y Nebrija38. Lorenzo Valla39 fue el maestro de la resurgida
latinidad, fue el que se revolvió contra el estado de decadencia en que
estaba abandonada la lengua latina y subrayó la importancia de devolver
aquella lengua célebre y casi reina (como dice en el prólogo de
las
Elegantiae) al estado original,
exigencia ésta que no era un fin en sí misma, sino que hallaba su
significado profundo en el uso que del latín hacían otras
disciplinas fundamentales: por ejemplo, el derecho y la lógica; y si la
metodología presente en las
Dialecticae disputationes estaba
«destinata a trasformare la modesta pratica
grammaticale in uno strumento estremamente efficace di critica speculativa e
storica» (C. Vasoli, 1968, pág. 40), con las
Elegantiae40 se ofrecen, a
través de un examen minucioso de las «auctoritates» que recuerda en parte la
Minerva, las reglas de oro del perfecto
lenguaje clásico (del «bene
loquendo»). Valla es citado por el Brocense numerosas veces,
casi nunca positivamente41; Sánchez Barrado
(1919a; 1913b), y con él Constantino García, sostiene que tal
oposición deriva del carácter estilístico más que
gramatical de las observaciones vallianas y, añadiría yo por mi
parte, procede de la continua confusión de los dos planos en la que
incurre el humanista italiano; el Brocense, con su principio «Aliud est grammaticae, aliud latine loqui»
(libro IV, último capítulo, respuesta a la primera
objeción), no podría aceptar semejante modo de actuar. Pero es
Julio César Scalígero42, con su obra
De causis linguae latinae (1540), el
más directo antecedente sanctiano; el propio título escogido por
el Brocense para su libro lo confirma: «At de
linguae Latinae causis iam scripserat Caesar Scaliger, quem, quia in multis
sequor, nonnumquam tamen ab eo disentiens, titulum non abisciendum
putavi» (Minerva, libro I, 1º)
¿Cuál es la posición de Scalígero? Jean
Stéfanini ha esbozado con agudeza unas líneas generales:
|
Scaliger aborde son sujet en philosophe:
les grammariens sont des sots, il le répète volontiers, mais le
langage, lui, distingue l’homme de tous les autres êtres et permet
seul l’exercise de la raison. Les lois de la grammaire s’imposent
à la logique et à toutes les sciences. Or, rationaliste fervent,
il croit à la toute-puissance de la raison et, par elle, au
progrès: il sait que s’ouvrent des temps
noveaux.
|
| (Stéfanini, 1976, pág. 319) |
|
Las leyes de la gramática se
imponen a la lógica y a todas las ciencias, y las leyes de la
gramática han de buscarse en la «ratio» que hay en la base de la forma
lingüística. Por otra parte el uso y los datos de los que
éste es deducido tendrán gran importancia: razón y
experiencia son también aquí, como en general para toda la
gramática renacentista, los dos goznes sobre los que funcionará
el método correcto de investigación lingüística43.
En España las figuras
más importantes, además del Brocense, son Vives y Nebrija. El
interés que ofrece Juan Luis Vives44 cubre un
ámbito más general que el exclusivamente gramatical. No obstante,
con su obra
De causis corruptarum artium (1531)
había sido uno de los primeros que en España situaron la
decadencia de las disciplinas en el mal estado en que se hallaban los estudios
gramaticales; además, gran parte de su filosofía (y es por
ésta por lo que Vives fue conocido en el extranjero) vio en el lenguaje
un hecho importante en el estudio del hombre; esto es válido para muchas
de sus obras:
De explanatione cuiusque essentiae,
Introductio ad sapientiam, la ya
citada
De causis corruptarum artium. En su
tratado
De anima et vita (1538), Vives
«hace exclusivo de los seres humanos el lenguaje, que es tan natural al
hombre como la razón... No entra de lleno en el problema del lenguaje,
sino que solamente se refiere a él indirectamente en cuanto es
manifestación de la razón o
inteligencia del
hombre» (C. García, 1961, pág. 39)45. De todas formas, el
antecedente directo en España de Sánchez de las Brozas es Elio
Antonio de Nebrija46, del cual se declara
directo continuador. Será útil leer las palabras del Brocense con
respecto a esto en la presentación de la
Minerva:
|
Iacebant itaque bonae litterae, quum
abhinc annis centum noster Antonius Nebrissensis hos rebelles conatus est
castigare. Sed adeo malum hoc radices egerat altas, ut innumeris monstris
debellatis multo plura debellanda remanserit... Itaque quod ille non potuit
tunc perficere, mihi forsitan perficiendum delegavit47.
|
Las dos obras principales de Nebrija
son las
Introductiones latinae (Salamanca,
1481) y la
Gramática de la lengua castellana
(Salamanca, 1492); en ambas se nos muestra un Nebrija más
filólogo que lingüista. Las
Introductiones son un método
para enseñar bien el latín según un orden racional que se
apoya en la «auctoritas» y semejante
intención, pero vuelta al castellano, informa también la
Gramática48(la primera obra en
español que propone una gramática en lengua vulgar). Sin embargo,
si bien el Brocense se declara explícitamente continuador de Nebrija,
creo que tal afirmación debe ser aceptada sólo hasta cierto punto
y en el sentido de que el ilustre extremeño, aun partiendo de un origen
común, sigue después caminos bastante diversos; es más,
estoy plenamente de acuerdo con F. Riveras Cárdenas cuando afirma que el
Brocense continúa la obra de Nebrija únicamente como
perteneciente al mismo movimiento del viejo maestro:
|
Las
Introductiones Latinae y la
Minerva representan dos métodos
diversos de trabajo. Como indica Bassols de Climent, la actitud de Nebrija
consiste en describir los fenómenos del lenguaje apoyándose en la
autoridad de los grandes autores, mientras que el Brocense va a centrar su
atención en la investigación de las causas que producen esos
fenómenos.
|
| (Rivera Cárdenas, 1976, pág. 16) |
|
La tercera marca distintiva de la
lingüística renacentista ha de ser localizada en el estudio
profundo de las lenguas nacionales. Hemos visto ya en España a Nebrija;
para Francia se podría citar a Du Bellay con su
Défense et illustration de la langue
française (1549), a J. Dubois (Silvio), con su
Isagôge, a Henri Estienne, con
su
Conformité du langage français
avec le grec (1565), a A. Cauchie, con su
Grammatica Gallica (1570); en
Alemania la Reforma y la consiguiente versión de la Biblia desarrollaron
una intensa problemática en torno a la lengua nacional (cfr. Rudolph
Agricola); para Italia, la exposición sería demasiado compleja,
baste en cualquier caso recordar las obras de Lorenzo de Medicis, de Pietro
Bembo, naturalmente, y de Sperone Speroni. Este cambio de dirección
tiene un valor que va más allá del simple significado gramatical,
y que yo llamaría filosófico; refiriéndose al Humanismo
italiano, pero en un sentido que abarca un horizonte más amplio, K. O.
Apel escribe con gran claridad:
|
Non sussiste alcun dubbio che
l’idea di lingua propria dell’umanesimo, quale nelle pagine
precedenti abbiamo cercato di documentare nelle sue origini e nei suoi aspetti
normativi, in Italia fu commista il piú intimamente possibile con la
scoperta occidentale della madrelingua. L’umanesimo potenziale e
l’apertura al latino come lingua formativa conferirono già
all’
instauratio dantesca del volgare
una normatività su scala europea. Ed anche l’affermazione
ideologica e interpretazione teoretica della madrelingua... sono riservate
all’umanesimo... Allo stesso modo è solo il sotteraneo legame fra
le aspirazioni degli italiani e il risveglio della lingua nazionale e della
cultura italiane... a conferire all’umanesimo linguistico del
Rinascimento una nuova spitiruale capacitá plasmatica in confronto
all’umanesimo del Medio Evo.
|
Un autor que en cierto modo resume
todas las características vistas hasta ahora y que es importante tanto
por el método general como por los análisis sobre lenguas
concretas (el griego, el latín y una lengua vulgar, el francés)
es Petrus Ramus, quien con dos obras sustancialmente paralelas, la
Dialectique (1556) y la
Gramere (1562), y con las
Scholae Grammaticae (1595) se
presenta como figura representativa para todo el Renacimiento, siendo
doblemente interesante en tanto en cuanto junto a Scalígero y a Linacre
forma la triada que ha influido de algún modo en el trabajo del
Brocense50. Con Ramus nos hallamos ante la propuesta de una
gramática formal en la que será eliminada cualquier referencia al
sentido en favor del simple funcionamiento abstracto de las formas; Chevalier
(Chevalier, 1968) ha criticado este sistema tachándolo de ser capaz de
realzar solamente algunas relaciones que señalan su funcionamiento;
Robins ha resumido muy bien los principios que informan un trabajo de esta
índole:
|
Ramus escribió gramáticas del griego, del
latín y del francés, y dejó constancia de su teoría
gramatical en su
Scholae grammaticae. Mientras que en
su gramática del francés aprovechó las referencias al
latín como recurso didáctico, mostró, no obstante, su
respeto por las características individuales de cada lengua. Más
que seguir una argumentación gramatical de tipo filosófico, que
según él no salvó a los escolásticos de los
barbarismos, resaltó la importancia de observar y seguir el uso de los
clásicos en lo que concierne a estas lenguas, y a los hablantes nativos
en las lenguas modernas. Sus descripciones y clasificaciones gramaticales se
pueden considerar formales, ya que no se basan ni en la semántica ni en
las categorías lógicas, sino en las relaciones existentes entre
las formas reales de una palabra.
|
  2. La elipsis sanctiana: ¿una
anticipación de la gramática generativa?
Si los autores anteriores
desempeñan un papel central en la definición
epistemológica del estudio lingüístico y en la
práctica concreta del análisis gramatical, la obra de Francisco
Sánchez de las Brozas es, como ha sido anunciado al comienzo, igualmente
importante y por muchos aspectos
crucial; este relieve se debe,
bien a un interés intrínseco de sus propuestas teóricas,
bien al hecho de haber sido considerado de cuando en cuando como anticipador de
Port Royal o como el último heredero de una larguísima
tradición con orígenes bastante diversificados y
problemáticos. Del Brocense será examinada en las páginas
que siguen únicamente la teoría de la elipsis51, se estudiarán en particular
algunas interpretaciones modernas hechas sobre él y se propondrán
luego algunas consideraciones personales. No creo necesaria la
justificación de la elección de esta parte de la teoría
sanctiana; no obstante, las siguientes palabras de Luis Michelena aclaran
perfectamente el interés excepcional que desde los contemporáneos
del Brocense hasta nuestros días ha revestido la problemática
concerniente a la elipsis:
|
En la doctrina de la elipsis se ha visto siempre, unas veces con
admiración y otras con desdén, el núcleo del pensamiento
lingüístico del Brocense -y refiriéndose a la obra de
Constantino García-. Por ello, decir que a las anomalías o
figuras de construcción
in genere dedica éste el
cuarto libro de la
Minerva, da una idea inexacta de la misma
distribución material de ese libro en que la elipsis se lleva
claramente, aun en número de páginas, la parte del león.
|
| (Michelena, 1975, págs. 434-435) |
|
En efecto, el libro entero está
de algún modo tocado por la teoría de la elipsis, que es central
no sólo en sentido cuantitativo, sino sobre todo en cuanto
síntesis, ejemplo emblemático, de toda la argumentación
sanctiana (cfr. Sánchez Barrado, 1919b).
Naturalmente, las interpretaciones
recientes de la elipsis que contienen un cierto interés han nacido a
continuación de la cita del Brocense hecha por Chomsky en
Lingüística cartesiana y sobre
todo en
El lenguaje y el entendimiento. Chomsky se
ocupa de Sánchez de las Brozas únicamente como precursor de Port
Royal e incluso el concepto de elipsis es visto desde esa perspectiva;
así, el Brocense chomskyano52 ni
siquiera es capaz de explicar plenamente el papel jugado por la elipsis en la
teoría gramatical:
|
No hay duda de que en su exposición del concepto de la
elipsis como una propiedad fundamental del lenguaje, Sánchez dio muchos
ejemplos lingüísticos que exteriormente guardan un estrecho
paralelo con los que se usaron para desarrollar la teoría de la
estructura profunda y superficial, tanto en la gramática
filosófica clásica como en sus variantes modernas, que sin duda
son más explícitas. Parece, sin embargo, que, en la
intención de Sánchez, la elipsis tiene meramente la
función de un instrumento para la interpretación de los textos.
|
Refiriéndose a Huarte de San
Juan53, Chomsky sostiene que con Port Royal se
intenta elaborar el segundo tipo de ingenio huartiano tratando de determinar
cuáles son las características de la «inteligencia
normal» (estamos, pues, en el ámbito psicológico); la
elipsis de Sánchez de las Brozas, en cambio, es para Chomsky una simple
técnica para interpretaciones textuales, útil como
técnica, pero que no nos dice mucho acerca de la organización
mental del hombre. Ciertamente, no era difícil descubrir que esta tesis
era debida a una lectura superficial de la
Minerva (por otra parte, no se puede
pretender que Chomsky posea una erudición enciclopédica); bastaba
a este propósito leer las primeras páginas de dicha obra para ver
que el Brocense era un teórico verdadero y original. De esto se dio
cuenta en 1969 Robin Lakoff54, quien ha
visto en las propuestas sanctianas algo mucho más importante de cuanto
ha creído Chomsky: «his work
[del Brocense]
is interesting not only for its specific
linguistic analyses, which will be discussed below, but more particularly for
his general views of language as it is related to
psychology» (R. Lakoff, 1969, pág. 357). Este papel
fundamental del Brocense se demuestra en particular desde el primer
capítulo de la
Minerva, donde, según Lakoff, se
exponen cuatro temas principales: 1) el lenguaje como producto de la mente
humana y, siendo ésta racional, el lenguaje como «cosa»
racional; 2) necesidad de explicaciones de los fenómenos gramaticales;
3) ausencia de accidentalidad en el lenguaje, y 4) irrelevancia de la autoridad
en las consideraciones gramaticales. Para Robin Lakoff estos puntos son
idénticos a los que elaboró la gramática de Port Royal;
podríamos hablar, pues, de «lingüística
sanctiana» con mayor propiedad de la que tendríamos usando la
etiqueta de «lingüística cartesiana».
Este
cuadro no ha sido comprendido por Chomsky, que ha hecho de Francisco
Sánchez un lingüista aplicado y no un teórico:
|
But since the
Minerva is inaccessible to anyone who
does not read Latin, Chomsky has been forced to rely on the judgments of
writers like Sahlin (1928), some of whose comments on Sanctius demonstrate an
amazing lack of perception, much like her lack of perception that Chomsky
derides with reference to the GGR. But no one who takes the trouble to read
Sanctius carefully could think of him as primarily a textual
critic.
|
| (R. Lakoff, 1969, págs. 359-360) |
|
Al considerar a Sánchez de las
Brozas, Chomsky se deja desviar por las continuas citas de los clásicos,
que pueden dar la sensación de un interés textual, no
teórico, del gramático español; pero no es así;
según Robin Lakoff, el primer capítulo, en particular, nos
muestra cómo el interés del Brocense era sobre todo
teórico, cómo era su intención determinar las causas (las
explicaciones, para Lakoff) de la lengua latina. Es el mismo espíritu
con que trabaja la gramática general y es un motivo más para
afirmar la procedencia sanctiana de las consideraciones de Arnauld y Lancelot
sobre la naturaleza del lenguaje. Robin Lakoff llega todavía más
adelante en la valoración de la obra del Brocense al realzar no
sólo un estrecho parentesco con la gramática general (con ventaja
absoluta para el primero), sino también al sostener una verdadera
naturaleza transformacional de la gramática sanctiana. La
consideración de una base lógica para todas las lenguas es un
claro indicio de este estrecho parentesco; tal base es, por otra parte,
subrayada por dos conceptos fundamentales en Sánchez de las Brozas:
|
One concept is the necessity of
recoverability of deletion: one needs to be able to tell from the surface
structure what was present in the deep structure. Second is the concept we have
discussed at length above of the division between an underlying abstract
structure (simple syntax) and superficial structure (figurative
syntax).
|
| (R. Lakoff, 1969, pág. 361) |
|
Sobre la misma línea de Lakoff
-subrayando por tanto la derivación de la gramática general a
partir de la gramática sanctiana y el propósito de hacer
hincapié concretamente en las estructuras lógicas dentro de su
teoría del lenguaje- encontramos a Manuel Breva Claramonte con una serie
de artículos y trabajos (que tienen su cumbre en la edición
anastática de la
Minerva) muy útiles para nuestros
fines. Las estructuras lógicas
que el Brocense intenta
fijar en su gramática son para Breva Claramonte una integración
de los niveles histórico y lógico, prueba de ello es toda la
teoría de la elipsis, en la que son necesarias tanto la razón
como la «venerable antigüedad» para establecer las reglas de
la gramática. Cinco son los criterios con los cuales son definidas las
estructuras lógicas; «l) 'naturalidad', 2) semántica, 3)
comparación de lenguas, 4) filosofía y 5) gramática»
(Breva Claramonte, 1980b, pág. 354), además «en su
teoría las estructuras lógicas sirven para simplificar la
descripción y regularizar determinados fenómenos» (ibidem, pág. 355). Se considera a este
propósito como ejemplo el modo en que el Brocense trata el relativo.
Éste es colocado, siguiendo a dicho gramático, entre dos casos de
un nombre, como en la oración «vidi hominem qui homo
disputabat»; la estructura, por lo tanto, sería la siguiente: ...
C1 + relativo + C2; dicha
estructura es de gran utilidad en cuanto nos permite un elevado grado de
generalización, pues somos capaces de obtener de aquélla todas
las derivaciones posibles: «a veces falta el primer caso del nombre
(antecedente), 2) a veces está implícito el segundo caso del
nombre (consecuente), 3) a veces se hallan suprimidos los dos casos del
nombre» (ibidem, pág. 355). Breva Claramonte
también propone otro ejemplo (tomado del libro II, capítulo 9)
bastante ilustrativo con respecto al modo sanctiano de resolver los problemas.
La oración (procedente de las Sagradas Escrituras) sometida a examen es
la siguiente: «Lunam et stellas, quae tu
fundasti». La estructura lógica subyacente
debería ser la siguiente:
...Lunam et stellas, quae negotia tu
fundasti
F(rase)
negotia
C1 + relativo + C2
o bien negotia (C2), que no aparece pero que la «grammaticae ratio» hace necesaria, explica la
oración anterior y el motivo profundo de aquel «quae» neutro justificado por los gramáticos
(anteriores al Brocense y contemporáneos del mismo) como
absorción de los femeninos «Lunam et
stellas».
El último autor que conviene
considerar brevemente es Keith Percival, el cual en un trabajo con el
indicativo título de «Deep and Surface Structure Concepts in
Renaissance and Medieval Syntactic Theory» (cfr. Percival, 1976) asume
una posición aún más marcada que la de Robin Lakoff a
propósito de la proximidad entre el Brocense y la gramática
generativa, posición que de cualquier modo está en la misma
línea de
las anteriormente analizadas. Baste aquí
citar el siguiente fragmento sintetizador de todo el modo de tratar la
gramática renacentista (además de Sánchez de las Brozas,
también Valla, Scalígero, Linacre, etc.):
|
Parallels between Sanctius’
grammatical Theory and transformational grammar are clear and have been
discussed by Robin Lakoff; I shall therefore not pursue the point further. On
one issue I find myself in disagreement with Dr. Lakoff. Sanctius did not, it
seems to me, view ellipsis as a species of interpretation rule only, as she
appears to imply. The two notions «ellipsis» and
«restoration» are complementary: a set of ellipses converts an
underlying non-figurative construction, and restoration does exactly the
opposite.
Sanctius’ concept of ellipsis is
therefore closer to the modern notion of transformation than Dr. Lakoff would
have us believe (el cursivo es mío).
|
| (Percival, 1976, pág. 243) |
|
Naturalmente no es posible hacer menos
que considerar bastante útiles e iluminantes los análisis
realizados por los estudiosos que acabamos de ver, pero, por lo que a mí
respecta, alimento algunas dudas de fondo que quiero exponer de modo breve
aquí. En primer lugar, una observación metodológica: me
parece que los autores citados modernizan demasiado unas concepciones que no
son modernas55, juegan, en definitiva, con excesiva facilidad a una
historiografía de la anticipación no siempre válida. Hay
que saber distinguir nítidamente en la historia del pensamiento (y por
tanto también en la historia de una ciencia), a fin de evitar demasiadas
confusiones, dos planos fundamentales: 1) el planteamiento de los problemas y
2) la resolución de los problemas planteados. Desde hace milenios los
hombres se plantean las mismas
preguntas; en los campos más
variados las interrogaciones de base, las preguntas fundamentales, no cambian y
vuelven a plantearse a cada generación de estudiosos. Son éstos
los problemas filosóficos que angustian a las diversas ciencias
teóricas y que parecen inadheribles a cualquier explicación o
teoría. No sucede lo mismo, naturalmente, para las respuestas que los
hombres dan a aquellas cuestiones siempre idénticas56. El hombre, el hombre histórico,
resuelve en cada época de modo diverso los problemas planteados
(así como con frecuencia una misma época da más respuestas
a la misma pregunta) según un esquema que podría ser
perfectamente el adelantado por uno de tantos historicismos. Es probable, de
todas formas, que algunas respuestas, aun lejanas, puedan parecerse, que tengan
algunas consonancias, algunos puntos en común, pero no serán
nunca las mismas, condicionadas como están por los más diversos
accidentes históricos, y siendo en el fondo diversas no podrán ni
siquiera ser conmensurables, superponibles recíprocamente; los sistemas
teóricos históricamente determinados escapan por consiguiente a
una confrontación y el acercar teorías lejanas entre sí
-como, por ejemplo, la teoría aristotélica del ímpetu y la
mecánica newtoniana- es más bien fuente de error seguro. Por
todos estos motivos considero que hay que-acoger críticamente y con
grandes reservas la exposición de Keith Percival o la de Robin Lakoff,
quien, a fin de cuentas, no hace otra cosa que adelantar el comienzo de la
gramática generativa desde Port Royal al Brocense o quizá
todavía antes57. Lo mismo puede decirse a propósito de
Breva Claramonte y de su intento de ligar nociones como la de estructura
profunda y estructura superficial a una teoría gramatical del siglo XVI
(con todo cuanto de problemático conlleva tal período)58. A mi juicio, la
cuestión de la elipsis, así
como toda la
gramática sanctiana (y se podría decir renacentista), está
conectada con problemas muy particulares e históricamente fechados,
difícilmente separables. Al describir sucintamente las propuestas
elaboradas por determinados autores de la época se han visto algunas
cosas; otros puntos que interesan son las relaciones con las gramáticas
medievales, la disputa entre platonismo y aristotelismo, la cuestión de
la pedagogía renacentista, todo el difícil tema de la influencia
de Erasmo en Europa. Creo que solamente considerando la gramática
renacentista por lo que es, sin dar saltos de siglos o juntando lo injuntable,
puede aquélla todavía comunicarnos algo, naturalmente no en las
soluciones particulares, sino para aquella historia de las ideas
lingüísticas que tanto puede ofrecer en cuanto a la
definición de nuestra disciplina.
  3. La elipsis
3.1. Escribe Keith Percival59:
|
Briefly, Sanctius took his theory of
ellipsis from Thomas Linacre’s
De emendata Structura Latini
Sermonis (1524)
and his basic metaphysical and syntactic
notions from Julius Caesar Scaliger’s
De Causis Linguae Latinae (1540).
|
| (Percival, 1976, pág. 243) |
|
Habría que añadir en
dicho cuadro a P. Ramus, cuyo trabajo de formalización de las lenguas
francesa, latina y griega tiene una cierta influencia sobre el Brocense, quien
sin embargo transfiere a un nivel más abstracto la disposición
general. Por lo que se refiere en particular a la elipsis, Keith Percival da un
cuadro muy preciso de las influencias, que son múltiples:
|
The same theory with the same terminology
had been stated in the
De Emendata Structura
of Thomas Linacre sixty years earlier, and
we know that Sanctius was familiar with Linacre’s work. Moreover,
subaudition, the notion basic to the theory of ellipsis, had been a familiar
concept in grammatical analysis at least since the Alexandrian period. Lorenzo
Valla already provides
full fledged Sanctian analysis of
understood elements.
|
Pero ¿qué es exactamente
la elipsis según el Brocense? La definición más precisa y
argumentada a este propósito la encontramos en el libro IV de la
Minerva, cuyo título es
«De figuris constructionis»; he
aquí las palabras del Brocense:
|
Ellipsis est defectus dictionis, vel
dictionum ad legitiman constructionem, ut
Paucis te volo;Noctuas
Athenas.
Terent.
Ego ne illam? quae illum? quae me? quae
non?
Ubi Donatus;
Ellipsis est, et Aposiopesis;
quasi dicat, si ad Grammaticam spectes Ellipsis est vocum;
si vero ad Rhetoricam, Aposiopesis, id est, reticentia, et abruptio
sermonis.
|
La elipsis es, por tanto, ausencia de
algo, de una o de varias palabras; cometido del gramático es propiamente
el de suplir tal ausencia, en otras palabras llenar los vacíos presentes
en la oración. Aquí es ya evidente la diferencia con Valla;
éste debe resolver sobre todo problemas estilísticos y la elipsis
es un artificio que permite la brevedad, una mayor concisión en la
expresión de los conceptos61; en cambio, el Brocense tiene
muy cercanos los problemas gramaticales (como él mismo recuerda citando
a Fabio: «aliud est Latine, aliud Grammatice
loqui»), la elipsis es útil para aclarar mejor la
oración e incluirla dentro del esquema «racional» que
explica la lengua. Simplificando podríamos decir que Valla
«enseña» a elidir y Sánchez de las Brozas a suplir.
En esta oposición -estilística
vs. gramática- está
también la fuerza argumentativa sanctiana contra aquéllos que se
oponen al uso de la elipsis en los análisis de las oraciones; estos
«expertos de la lengua latina» sostienen en efecto:
|
nihil esse supplendum: nam si supplendum
est;
Ego amo Dei, et
Ego amo Deus,
erunt Latinae phrases; quia illic deest,
praeceptum;
hic autem,
quae praecepit».
|
Carecen éstos, sin embargo, de
sentido común, y aquí encontramos uno de los fragmentos
fundamentales para la interpretación de la elipsis como algo complejo,
profundamente conectado con una filosofía general del hombre y de la
historia:
|
Ego fila tantum supplenda praecipio, quae
veneranda illa supplevit antiquitas, aut ea fine quibus Grammaticae ratio
constare non potest.
|
Este doble valor histórico y
racional (prefiero este término, que es el usado por el Brocense, al
término «lógico») ha sido advertido por muchos
intérpretes sanctianos; últimamente Breva Claramonte ha realzado
su importancia intentando insertarlo dentro de su interpretación
generativa de la
Minerva. Pero el camino a recorrer es, a mi
juicio, diverso; Breva Claramonte llama «deep
structure» a esta integración de un nivel
histórico y racional; no vamos a repetir aquí en qué
consiste la «estructura profunda»62 chomskyana, tratemos en
cambio de analizar la última cita del Brocense («Ego illa tantum supplenda praecipio...») y
de ver cuál es su verdadero significado. Los dos términos que hay
que examinar son, naturalmente, «antiquitas» y «ratio»; captar el valor de ambos significa estar en
el buen camino para la realización de un correcto trabajo interpretativo
de la elipsis. Advertimos en primer lugar que la «antiquitas» debe ser rigurosamente sometida a la
«ratio»:
|
Haec tam multa invitus cogessi, contra
morosos quondam, qui quum in Grammatica rationem explodant, testimonia tantum
doctorum efflagitant. An non legerunt Quinctilianum, qui
sermonem constare ratione, vetustate,
auctoritate, consuetudine scripsit? Ille igitur non rationem excludit, sed
in praecipuis enumerat... Usus porro fine ratione non movetur, alioqui abusus,
non usus dicendus erit... Reliquum est igitur ut omnium rerum ratio primum
adhibeatur; tum deinde si fierit poterit, accedam testimonia, ut res ex optima
fiat illustrior .
|
La «ratio», por consiguiente, es sin duda un punto de
partida; la antigüedad, la autoridad y el uso son una confirmación
de lo que la razón ya ha demostrado (Abad, 1982). Intentamos ahora
captar rápidamente (y me doy cuenta de ello, insuficientemente) el
contexto cultural en el que
el concepto de «ratio»63
había calado, es decir, tratamos de hallar qué podía
entender un hombre del siglo XVI (como el Brocense) cuando utilizaba este
término tan controvertido. A fin de despejar en seguida de similitudes
ambiguas el campo, diremos que indudablemente el contexto cultural
humanístico-renacentista no es el que sirve de fondo al moderno
racionalismo64.
Platón y Aristóteles son los dos goznes en torno a los cuales
gira la especulación renacentista (y ambos filósofos serán
importantes puntos de referencia en la
Minerva); un Platón que, tras el
parcial desinterés de la Edad Media, es de nuevo estudiado con
profundidad, y un Aristóteles que, después de haber sido
hondamente criticado (de Valla a Ramus), se intenta reconstruir y releer
filológicamente; sobre todo, un Platón y un Aristóteles
que, una vez superadas las contraposiciones del primer Humanismo, encuentran a
continuación (recordemos, por ejemplo, a Pico della Mirandola y a
Pomponazzi) una cierta posibilidad de acuerdo y terminan por confluir, con sus
tradiciones, dentro del mismo universo filosófico65. Los problemas que el aristotelismo y el platonismo del
siglo XVI intentarán resolver afrontando disputas cada cierto tiempo,
son múltiples y complejos, y están tan enlazados entre sí
que necesitan una exposición aparte; tal empresa, obviamente, es
aquí imposible, pero pienso que puede ser de interés intentar
hacer una simple relación de las problemáticas que hay en juego;
se verá así cómo, al ser éste el contexto en el que
era usado el término «ratio»,
cualquier llamada de los modernos es cuando menos improbable.
En primer lugar hallamos cuestiones de
orden teológico (libre albedrío, fe y razón, problema del
alma, etc.); para ilustrar cómo justamente
el concepto de
razón podía ser puesto en correlación con este orden de
problemas, considérese el siguiente paso del
«platónico» Ficino:
|
Il furore divino è una certa
illustrazione della Anima razionale, per la quale, Dio, l’anima de le
cose superiori a le inferiori caduta, senza dubbio de le inferiori a le
superiori ritira. La caduta della Anima da un principio dell’universo
infino a’ corpi, passa per quattro gradi, per la mente, ragione,
oppenione e natura. Imperocché essendo nell’ordine delle cose sei
gradi, de’ quali il sommo tiene essa unità divina, lo infimo
tiene il corpo: ed essendo quattro mezzi i quali narrammo, è necessario
qualunque cade da’l primo insino a l’ultimo, per quattro mezzi
cadere.
|
| (Ficino, 1914, orazione VII, cap. XIII) |
|
Encontramos seguidamente en esta
especie de catálogo de los problemas discutidos en el ámbito
renacentista (aristotélico-platónico) la disputa sobre la
astrología (Pomponazzi, Pico, Ficino) y la nueva concepción de la
naturaleza66; toda la cuestión
concerniente a la filosofía del amor y a la metafísica del amor;
los estudios morales y la alternativa entre vida activa y contemplativa;
asimismo las discusiones en torno al «Trivium». En qué medida todo esto está
extremamente concatenado y juega un papel decisivo en los campos más
diversos se puede deducir, por ejemplo con respecto a la iconología, de
la evolución de los iconos simbólicos desde la Edad Media al
Renacimiento según lo que ha escrito Gombrich (Gombrich, 1978).
¿Qué podría ser,
pues, la razón para el Brocense? Probablemente, al igual que sucede en
la tradición clásica desde la Grecia antigua, también en
este caso razón se opone a opinión, siendo la segunda una
perezosa confianza del hombre en los sentidos más inmediatos mientras
que la primera somete a verificación las verdades recibidas. Siguiendo a
los autores modélicos y relacionando o ignorando incluso las
contradicciones reales, la razón, como para Platón,
permitirá el conocimiento perfecto de la realidad de las ideas
después de que, por medio de la ascesis, el hombre se haya liberado del
estorbo de los sentidos; como para los neoplatónicos (cuya
tradición continuará en la Escolástica y aun
después)
el intelecto divino declina a razón en el
momento en que da forma al mundo, la razón estará, pues,
constreñida, a causa de su imperfección, a avanzar lentamente por
el difícil camino del proceso discursivo; en fin, como para
Aristóteles, el hombre es el único animal dotado de razón,
la cual no será otra cosa que la capacidad de recibir las esencias de
las cosas (ideas) desde una inteligencia activa, la única capaz de
comunicárselas a través de la percepción de los
sentidos67.
Después de haber visto, si bien
mediante breves alusiones, que el concepto de «ratio»
no puede ser identificado «in toto»
con aquella razón a la que apelan los lingüistas
contemporáneos (más de cuatro siglos no han pasado en balde)
volvemos a considerar la elipsis sanctiana concluyendo la parte de
peroración en favor de la elipsis con las siguientes palabras del
Brocense:
|
Multam etiam Grammaticae ratio nos cogit
intelligere quae, si apponerentur, latinitas elegantiam disturbarent aut sensum
dubium facerent... Alia rursus videmus desiderari, quae sine vitio suppleri
nequerunt, et tamen Grammatica necessitas supplebit... Liceat iam nobis per
Grammaticos thesauros Ellipseos aperire, sine quibus iniuriam facit Latino
sermoni, qui se Latinum audet nominare.
|
3.2. Damos ahora las reglas que
Sánchez de las Brozas antepone a la larga casuística de las
diversas posibilidades en las que encontramos la elipsis68.
REGLAS GENERALES
Nombre: siguiendo a Platón y a
Aristóteles, el Brocense afirma que, no siendo posible tener una
oración sin nombre y verbo, un nombre solo no tendrá significado
y tampoco un verbo. Ejemplos: en
currit, flatur, sedetur, faltan
cursus, flatio, sessio. Lo mismo
sucede para todos aquellos verbos que son llamados impersonales pasivos, para
los verbos de naturaleza (pluit, ningit,
lucescit), y para
miseret, taedet, pudet, piget y
poenitet.
Acusativo (nominativo en la voz
pasiva): se sobreentiende el acusativo en aquellos verbos que son llamados
absolutos (pero son simplemente activos) como
curro, ambulo, sedeo, para los que
está sobreentendido
cursus, ambulatio, sessio. Se omite
el acusativo para evitar el pleonasmo, pero será necesario con la
presencia del adjetivo; ejemplo:
hilarem
vitam vivis.
«Itaque omnia verba sunt activa, aut passiva: nam
teste Aristotele, omnis motus aut actio est, aut passio, nihil medio
est»69.
Infinitivo en lugar del nombre: en
caso de que falte el nombre verbal recurriremos al infinitivo del mismo verbo
para evitar indicar el agente cuando esto es imposible: «nam si Cato vivit, vitam vivit, vel vivere, et placet
placere: et vadit vadere, pergit pergere, et caret carere».
El nombre mismo: cuando después
del verbo sustantivo hay un adjetivo o un genitivo es necesario sobreentender
el mismo nombre; ejemplo:
hoc pecus est regium; es decir,
hoc pecus est pecus regium.
Además:
|
Ubi genitivus ab adiectivo videtur
discrepare, praecipiunt isti [los gramáticos]
esse Graecismum aut Antiptosim; ut,
multos militum amisit,
id est multos milites... Sed non ita est; nunquam enim
adiectivum sine substantivo erit; supplendum igitur idem nomen. Livius libr. 9
dec. 4.
Neque earum rerum ullam rem, in quas
iureiurando obligati erant, in se, aut in alios admiserant.
|
Ex
numero: el nexo «ex numero»
se sobreentiende en toda construcción partitiva con verbos o adjetivos
posesivos, comparativos, superlativos, numerales o de cualquier modo que
aparezca el genitivo:
hispanorum alii vigilant alii student, quidam
boni, quidam mali, quidam fortiores, alii fortissimi, i.e. ex numero
hispanorum. O bien:
Censor maxime, principumque princeps,
«Unde licebit exibilare Grammatistas, qui pueris
inculcant superlativa regere genitivum, et comparativa inter
duo...»70.
Ego, tu, nos,
vos: construcción de mayor elegancia es no expresar en la
primera y segunda persona el sujeto. Esta llamada casi valliana a la elegancia
no resultará extraña solamente si se tiene en cuenta la extrema
problematicidad de las teorías gramaticales del siglo XVI; es un motivo
más para no hacer del Brocense un lógico férreo o para no
modernizarlo demasiado.
Me, te,
se: no se expresan
me, te, se, cuando la acción
recae sobre el sujeto mismo; ejemplo:
nox praecipitat; hyema adventat, bene
habet.
|
Nec verum est quod docet Servius et alii
Grammatici, esse aliqua verba activa pro passivis posita, ut nox
praecipitat,
pro praecipitatus; et volventibus annis,
pro volutis etc. Immo vero deest se,
ut recte docet Linacer.
|
Del mismo modo deben entenderse
pluit, ningit, serenat, tonat; i.e. pluvia
pluit se o pluvia pluvit pluviam.
Genitivo: se calla no sólo el
nombre (del cual con frecuencia depende un genitivo) sino incluso el genitivo
que podría ser expresado:
|
Qua de re est elegantissimum Ciceronis
locus, qui nostram supplendi doctrinam maxime illustrat, in 2. lib. Natu.
Deorum; sed id, inquit, praecise dicitur, ut quis dicat, Atheniensium
rempublicam consilio regi, desit illud, Areopagi; sic quum dicimus, providentia
mundum administrari.
|
3.3. Tras haber visto de cerca el
método del Brocense al abordar los problemas relativos a la elipsis
reconsideramos ahora, antes de concluir proponiendo ejemplos concretos del uso
sanctiano de la elipsis, el análisis adelantado por Breva Claramonte con
respecto al tratamiento del relativo en la
Minerva. Confrontamos a continuación
el fragmento con el que Breva Claramonte abre su exposición sobre el
relativo con el fragmento inicial de Sánchez de las Brozas al que
aquél se refiere:
|
Underlying structures simplify the
description of Latin, i.e., they reduce the number of rules and show the
regularity of certain phenomena which at first sight appear anomalous. This is
the regularity of the originally logical language, which in my opinion he was
attempting to reconstruct.
|
| (Breva Claramonte, 1980a, pág. 51)71 |
|
|
Rogabit aliquis, cur in arte Grammatica
non proposuerimus pueris aliud esse relativum substantiae, aliud accidentis;
rogabo ego illos cur velint artes confundere, et facere ut ne intelligendo
nihil intelligant. Haec et alia multa sustuli, quae ad Grammaticum, etiam
perfectissimum, nihil attinet: satis est enim grammatico scire, Tantus,
quantus; Talis, qualis; Tot, quot
esse nomina adiectiva, nullamque habere relationem, nisi
dialecticam, ut pater, filius, discipulos, magister.
|
Estos dos comienzos ya muestran,
pienso, el abismo conceptual que separa ambas posiciones; en cualquier caso
resulta clara la posición del Brocense, para el cual, como
gramático, es suficiente saber que «tantus,
quantus» son adjetivos, y así sucesivamente72. Breva Claramonte sostiene que el Brocense quiere
reconstruir el lenguaje lógico originario, pero parece ignorar que
cuando |