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Notas1. Pertenecen al Editorial Committees por Madrid: Wenceslao Castañares, Miguel Ángel Garrido Gallardo, José Manuel Pérez Tomero, José Romera Castillo y Alicia Yllera. 2. «The Significance of the Sign in the birth of General Grammar from Plato to Sanctius», centrado en Franciscus Sanctius, profesor de Humanidades en la Universidad de Salamanca, en el siglo XVI. 3. Otro tanto ha ocurrido con el panorama del grupo de investigación semiótica de la Universidad de Valencia, bajo la dirección de Jenaro Talens. 4. Sin duda cualquier estudio lingüístico o literario tendrá que ver con la semiótica en cuanto desentraña signos. De todas maneras, la discusión, que con frecuencia afloró en diversas sesiones (y no aparece en las actas) sobre si algo era o no semiótica, resultó instructiva y esclarecedora. 5. No mencionamos la ausencia de la línea peirceana de semiótica cuyo desarrollo sociológicamente significativo entre nosotros ha sucedido en los años 90. 6. Se trata de Rafael Alberti, Dámaso Alonso, Reinaldo Arenas, José María Arguedas, Pío Baroja, Jorge Luis Borges, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Gabriel Celaya, Rosa Chacel, Miguel Delibes, José Donoso, Jesús Fernández Santos, Carlos Fuentes, Federico García Lorca, Gabriel García Márquez, Ramón Gómez de la Serna, Leopoldo Marechal, Luis Martín Santos, Octavio Paz, Manuel Puig, Juan Rulfo, Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán y César Vallejo. 7. Publica la revista Discurso la Asociación Semiótica Andaluza. La Asociación Semiótica Vasca publicó en 1991 un primer número de su revista Era que, hasta el presente, no ha tenido continuación. 8. Podemos sintetizar la peculiaridad de la cultura y la literatura gallegas en seis puntos: 1) Sustratos culturales propios (celta y suevo); 2) Situación geográfica periférica y marítima; 3) Situación lingüística compleja y conflictiva (diglosia/bilingüismo); 4) Circunstancias políticas (Regionalismo, Autonomismo, Nacionalismo); 5) Marginalidad y 6) Oralidad, tradicionalidad y popularismo. 9. Granada: Universidad de Granada, 1976 (Resumen de Tesis de doctorado). 10. Cf. además Gramática textual. Aproximación semiológica a «Tiempo de silencio» (Valencia: Universidad, 1976); El comentario de textos semiológico (Madrid: Sociedad General Española de Librería, 1977; con 2.ª edición corregida y aumentada, El comentario semiótico de textos, 1980); Estudios sobre «El Conde Lucanor» (Madrid: UNED, 1980). Así como he editado el volumen La literatura como signo (Madrid: Playor, 1981). He publicado numerosos artículos sobre semiótica literaria: «Hacia una metodología estructuralista en el comentario de textos», Documenta (Valencia) XI (1974), 1-107 (mimeografiado); «Teoría y técnica del análisis narrativo», en J. Talens et alii, Elementos para una semiótica del texto artístico (Madrid: Cátedra, 1978, 111-152; con varias reediciones: 5.ª ed., 1995); «Función poética en Espadas como labios», ínsula 374-75 (1978), 28 (N.º extraordinario dedicado al poeta); «Juan Timoneda: Cómo comentar un texto en prosa: la estructura de un relato», en José Rico Verdú (ed.), Comentario de textos literarios (Madrid: UNED, 1980, 67-83) -sobre la patraña segunda-; «Selección bibliográfica sobre novela histórica», en J. Romera Castillo et alii (eds.), La novela histórica a finales del siglo XX (Madrid: Visor Libros, 1997, 427-439); etc. Varios investigadores como, por ejemplo, Jesús L. Serrano Reyes, en su tesis de doctorado, luego publicada como libro, Didactismo y moralismo en Geoffrey Chaucer y don Juan Manuel: un estudio comparativo textual (Córdoba: Universidad, 1996), se basan, fundamentalmente, en mis propuestas metodológicas. 11. Cf. los trabajos, entre otros, de Ricardo Bellveser, «De Oscar Wilde a Juan Gil-Albert. Con una referencia a José Romera», Las Provincias (Valencia), domingo 22 de febrero (1976), 40; las Comunicaciones presentadas en el Congreso 92 Annual Convention of Modern Language Association (Chicago, Illinois, 28 de diciembre, 1977) por el Equipo de la Revista Dieciocho, de Cornell University, «Current Semiotic Approaches to Hispanic Literary Criticism» y Cristina González, «Pilar Palomo, José Romera Castillo, Antonio García Berrio y Alicia Yllera. Los exponentes más recientes de la crítica semiológica española»; Adele L. Maragliano (1978), en su Memoria de Licenciatura, dirigida por Carolyn Richmond, presentada en el Departamento de Español de City University of New York, sobre el número monográfico de Ínsula (374-375, 1974) dedicado a Vicente Aleixandre; Cristina González, «Los ejes Madrid-Málaga y Oviedo-Valencia: María del Pilar Palomo y José Romera Castillo Dieciocho I.1 (1978), 77-81; Jesús M.ª Lasagabaster, «La crítica semiológica en España», Mundáiz 13 (1979), 7-21 [Apartado 2.2.3: «José Romera Castillo»]; Cristina González, «Semiotics in Spain», en T. A. Sebeok and J. Umiker Sebeok (eds.), The Semiotic Sphere (New York: Plenum Press, 1986, 478-481); Luis Alburquerque, «José Romera Castillo», en su artículo, «Producción bibliográfica de la teoría literaria española (I)», Revista de Literatura 109 (1993), 229-258 [especialmente 251-254]; Miguel Á. Garrido Gallardo, La Musa de la Retórica. Problemas y métodos de la ciencia de la literatura (Madrid: CSIC, 1994, 44, 48-49, 58, 279); María del Carmen Bobes Naves, «La semiología en España», en Isabel Paraíso (ed.), Retos actuales de la Teoría Literaria (Valladolid: Universidad, 1994, 11-30); Manuel A. Vázquez Medel, «Nota preliminar», Discurso 9/10 (1996), 3; Tadeusz Kowzan, en «La semiologie du théâtre: ving-trois siècles ou vingt deux ans?», Diogène 149 (1990), 82-101 [Traducción: «¿La semiología del teatro: ¿veintitrés siglos o veintidós años?», en M.ª del Carmen Bobes Naves (ed.), Teoría del teatro (Madrid: Arco Libros, 1997, 244)]; José Burgoa Abarca, 25 años de publicaciones periódicas de la UNED: índice bibliográfico de artículos (1972-1997) (Madrid: UNED, 1998, 240, 311 y 368); etc. 12. Como figura en el libro de Actas de la Asociación. Tanto el Acta de fundación y los estatutos de la AES aparecen en los Apéndices I y IV de mi libro, Semiótica literaria y teatral en España (Kassel: Reichenberger, 1988, 167-168 y 180-189, respectivamente). Me he referido a la creación de AES en otros trabajos: «Semiótica literaria en España (Del letargo a la erupción)», en AES (ed.), Investigaciones Semióticas I (Actas del I Simposio Internacional) (Madrid: CSIC, 1986, 473-488); «La Asociación Española de Semiótica: información y balance», en Da Semiótica (Actas do I Colóquio Luso-Espanhol e do II Colóquio Luso-Brasileiro, Porto) (Lisboa: Vega/Universidade, 1988, 153-164); etc. 13. Las Actas de las Asambleas Generales de los dos Simposios Internacionales (de Toledo y Oviedo) aparecen publicadas en mi libro, Semiótica literaria y teatral en España (Kassel: Reichenberger, 1998, 169-173 y 174-179, respectivamente). 14. Investigaciones Semióticas I (Teoría Semiótica) (Sevilla/Madrid: CSIC, 1986); Investigaciones Semióticas II (Lo teatral y lo cotidiano) (Oviedo: Universidad, 1988, 2 vols.); Investigaciones Semióticas III (Retórica y Lenguajes) (Madrid: UNED, 1990, 2 vols.); Investigaciones Semióticas IV (Descubrir, inventar, transcribir el mundo) (Madrid: Visor, 1992, 2 vols.); Investigaciones Semióticas V (Semiótica y Modernidad) (La Coruña: Universidad, 1994, 2 vols.) e Investigaciones Semióticas VI (Mundos de ficción) (Murcia: Universidad, 1996, 2 vols.); Investigaciones Semióticas VII (Mitos) (Zaragoza: Anejos de Tropelías, 1998, 3 vols.). Las Actas del Congreso de Granada se publicarán próximamente. 15. Cf. José Romera Castillo, «I Simposio de la Asociación Española de Semiótica», A Distancia (UNED) 5 (1984), s. p. (Cuadernillo central). 16. Con reseña de Jesús G. Maestro, «La Retórica al día», Signa 1 (1992), 235-242. 17. Con «Presentación» de José Romera Castillo (t. I, 9) y reseña de Agustina Torres Lara, Epos (UNED, Madrid) IX (1993), 706-709. 18. Con la publicación, sobre todo, de los documentos de trabajo de Eutopías (2.ª época) con cerca de 100 folletos-volúmenes, publicados por Ediciones Episteme, cuyas contribuciones de tanto interés habrá que estudiar, en el futuro, con detenimiento. 19. Pertenezco como socio a la Asociación Andaluza de Semiótica, desde 1987 -habiendo sido Vocal de su Junta Directiva (1988-1992)-, así como a la Asociación Gallega de Semiótica, desde que se fundó. 20. Cf. la contribución de Lucrecia Escudero, «La Federación Latinoamericana de Semiótica ¿Existen los semiólogos latinoamericanos?», en José Romera Castillo (ed.), «La semiótica en el ámbito hispánico (I)», Signa 7 (1998), 17-36. 21. Desde 1983 soy socio de la International Association for Semiotic Studies. 22. He tenido -y tengo- una participación muy activa en diversas publicaciones semióticas tanto en España como en el extranjero: Director de Signa. Revista de la Asociación Española de Semiótica (desde 1995) -como veremos luego-; Editor y del Editorial Committees de la revista S. European Journal for Semiotic Studies. Revue Européenne d'Études Sémiotiques. Europäische Zeitschrift für Semiotische Studien (Wien, Budapest, Madrid y Perpignan) -junto a Jeff Bernard (Editor-in-Chief), Gérard Deledalle, János Kelemen y Gloria Withalm-, desde el n.º 7: 1,2 (1995); así como miembro del Consejo de Redacción de Signa y Discurso -de las que tratan Alicia Yllera y Ángel Acosta en este número-, Dieciocho. Hispanic Enlightenment Aesthetics and Literary Theory (Pennsylvania, Estados Unidos), Acta Poética (Universidad Autónoma de México), Semiosis (Universidad Veracruzana, Xalapa, México), Feuillets (Universidad de Fribourg, Suiza) -correspondant en España-, La Escena Latinoamericana (Instituto Internacional de Teoría y Crítica de Teatro Latinoamericano de Carleton University, Ottawa, Canadá), Anales de Literatura Española Contemporánea (University of Colorado at Boulder, USA -del Editorial Advisory Council: Drama/Theater-), etc.; y miembro de las Colecciones de publicaciones Problemata Semiotica y Teatro del Siglo de Oro (Kassel, Alemania: Editorial, Reichenberger), Teoría y Crítica de la Cultura y Literatura (Frankfurt/Meim, Alemania: Editorial Vervuert Verlagsgesellschaft), etc. 23. Kassel: Reichenberger, 1988. Con reseñas de Ángel García Galiano, Letras de Deusto 45 (1989), 206-207; Aida Amelia Porta, Incipit IX (1989), 235-236; Genara Pulido, Epos VI (1990), 595-597; Maria Grazia Profeti, Rassegna Iberistica 39 (1991), 33 y Floyd Merrell, «Un-Quixotic Semiotic?», Semiotica 86, 1-2 (1991). 24. Cf. los trabajos de José Romera Castillo, «La escuela valenciana de crítica literaria», Las Provincias (Valencia), 18 de junio (1978), VI; «Escorzo de la crítica semiótica española actual», Dieciocho. Hispanic Enlightenment Aesthetics and Literary Theory II.1 (1979), 3-20 -también en mi libro, El comentario semiótico de textos (Madrid: SGEL, 1980, 175-193, 2.ª ed.)-; «Panorama de la crítica semiótica de la literatura en España (1979-1983)», en Miguel Á. Garrido Gallardo (ed.), Teoría Semiótica. Lenguajes y textos hispánicos (Madrid: CSIC, 1985, 435-456); «Introducción a la semiótica (Notas bibliográficas)», en Antonio Sánchez Trigueros y José Valles Calatrava (eds.), Introducción a la Semiótica (Actas del Curso, Introducción a la Semiótica) (Almería: Instituto de Estudios Almerienses, 1992, 1-11); «La literatura medieval castellana desde la retina de la semiótica española», en María Isabel Toro Pascua (ed.), Actas del III Congreso de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval (Salamanca: Biblioteca Española del siglo XV/Departamento de Literatura Española e Hispanoamericana, 1994, t. II, 893-903); «Panorama del análisis semiótico del cuento en España», en Peter Fröhlicher y Georges Güntert (eds.), Teoría e interpretación del cuento (Berna: Peter Lang, 1995, 103-124; con 2.ª ed. en 1996) -con reseña de Medardo Fraile, «Narratólogos y narradores», del volumen citado, en SABER/Leer 95 (1996), 3-; etc. Cf. además los panoramas publicados en inglés, «Semiotics in Spain», en Thomas A. Sebeok and J. Umiker-Sebeok (eds.), The Semiotic Web '86. An International Yearbook (Berlín: Mouton de Gruyter, 1987, 291-348; en colaboración con Anna Carrascal) y «Literary semiotics in Spain: Bibliography», Semiotica 81, 3/4 (1990), 323-343. 25. Cf. José Romera Castillo, «Semiótica literaria y teatral en España. Addenda bibliográfica 1», en Roberto Pérez (ed.), Homenaje al profesor Ignacio Elizalde. Estudios literarios (Bilbao: Universidad de Deusto, 1989, 269-286) -el homenaje salió, con igual paginación y en el mismo año, en la revista Letras de Deusto 44-; «Semiótica literaria y teatral en España: addenda bibliográfica (I y II)», en José Romera y Alicia Yllera (eds.), Investigaciones Semióticas. III (Madrid: UNED, 1990, II, 537-561); «Semiótica literaria y teatral en España: addenda bibliográfica III», Discurso 6 (1991), 107-134; «Semiótica literaria y teatral en España: addenda bibliográfica IV», en AES (ed.), Investigaciones Semióticas. IV (Madrid: Visor Libros, 1992, II, 1.043-1.055); y «Semiótica literaria y teatral en España: addenda bibliográfica V», Signa 2 (1993), 167-184. Recogidas en mi libro, Literatura, teatro y semiótica: Método, prácticas y bibliografía (Madrid: UNED, 1998, 408-524). 26. Cf. José Romera Castillo, «Sobre texto y representación teatral», en Miguel Á. Muro (ed.), Actas del Congreso Internacional sobre: «Literatura Hispánica Actual. 1992» (Logroño: Gobierno de La Rioja/Consejería de Cultura, Deportes y Juventud, 1993, 291-311) -también como «Texto y representación desde la perspectiva semiótica: un estado de la cuestión», en Alfredo Rodríguez López-Vázquez (ed.), Simposio «O Teatro e o seu ensino» (La Coruña: Universidade, 1993, 9-24); recogido en mi libro, Literatura, teatro y semiótica: Método, prácticas y bibliografía (Madrid: UNED, 1998, 193-225)- y «El personaje en escena (Un método de estudio)», Jesús G. Maestro (ed.), Theatralia II. El personaje teatral (Vigo: Universidade, 1998, 77-108). 27. Cf. los panoramas de José Romera Castillo, «Semiótica teatral en España», en AES (ed.), Investigaciones Semióticas II (Actas del II Simposio Internacional) (Oviedo: Universidad, 1988, t. II, 353-388); «Semiótica teatral en español: ampliación bibliográfica», en José Romera y Alicia Yllera (eds.), Investigaciones Semióticas. III (Madrid: UNED, 1990, t. II, 563-571); «Crítica semiótica del teatro del Siglo de Oro en España», en Manuel García Martín (ed.), Estado actual de los estudios sobre el Siglo de Oro (Actas del II Congreso de AISO) (Salamanca: Universidad, 1992, t. II, 869-877). El trabajo «Sobre semiótica teatral en español (Una aproximación bibliográfica)», fue realizado para las Actas del Segundo Encuentro Internacional sobre Teatro Latinoamericano de hoy (Washington: The Catholic University of America), que hasta el momento no se han editado. 28. Con reseña de Agustina Torres Lara, Signa 3 (1994), 285-289. 29. Con reseña de Emilia Cortés Ibáñez, Signa 4 (1995), 265-269. 30. Con reseñas de Darío Villanueva, ABC Cultural 201, 8 de septiembre (1995), 13; Laura Serrano de Santos, Signa 5 (1996), 361-364 y José Manuel Pérez Carrera, Epos XII (1996), 626-628. 31. Con reseñas de José Enrique Martínez, Suplemento cultural de El Mundo, octubre (1996); Emilia Cortés Ibáñez, Signa 6 (1997), 439-445 y Alfredo Rodríguez López-Vázquez, Lenguaje y Textos (La Coruña) 10 (1997), 375-376. 32. Con reseñas de Mar Cruz Piñol, Signa (1998) 7, 397-403 -en versión impresa- y Espéculo 6, julio (1997): (http://www.ucm.es/OTROS/especulo/numero6/lit_mult.htm) -en formato electrónico- y José Antonio Millán, «Los nuevos soportes del texto», El País (Babelia 360), 3 de octubre (1998), 13. 33. 1 (1992), 2 (1993) y 3 (1994). 34. 4 (1994), 5 (1996), 6 (1997), 7 (1998) y 8 (1999). 35. Cf. Dru Dougherty y María Francisca Vilches de Frutos, La escena madrileña entre 1918 y 1926. Análisis y documentación (Madrid: Fundamentos, 1990) y María F. Vilches y Dru Dougherty, La escena madrileña entre 1926 y 1931. Un lustro de transición (Madrid: Fundamentos, 1997). Además de las carteleras teatrales españolas de los últimos años, publicadas por M.ª Francisca Vilches de Frutos, La temporada teatral española 1982-1983 (Madrid: CSIC, 1983) o en diversas entregas en la revista Anales de la Literatura Española Contemporánea; así como los numerosos trabajos publicados por diversos componentes del grupo, tesis de doctorado, etc. 36. Cf. por ejemplo Manuel Pérez, La escena madrileña en la transición política (1975-1982), Teatro. Revista de Estudios Teatrales 3-4 (1993) y Juan Pedro Sánchez Sánchez, La escena madrileña entre 1970 y 1974, Teatro. Revista de Estudios Teatrales 12 (1997), 390 págs. (números monográficos de la citada revista). 37. Como por ejemplo la tesis de doctorado de Eva García Ferrón, El teatro en Alicante entre 1966 y 1993 (Alicante: Universidad, 1997; versión electrónica, 2 disquetes). 38. En el Departamento de Historia del Arte, de la UNED, en 1997, se defendió la tesis de doctorado de Juana María Balsalobre García, Imagen académica del teatro español decimonónico. El teatro y su censura en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (1800-1870), bajo la dirección del Dr. José Enrique García Melero. 39. Cf. José Romera Castillo, «Teatro regional español en el siglo XIX (Bibliografía)», en José Romera, Antonio Lorente y Ana M.ª Freire (eds.), Ex Libris. Homenaje al profesor José Fradejas Lebrero (Madrid: UNED, 1993, t. II, 705-718). 40. Proyectos PS90-0104 (1990-1993) y PB96-0002 (1997-2000), respectivamente. 41. Cf. por ejemplo, César A. Archaga Martínez, Actividades dramáticas en el Teatro Principal de Burgos: 1858-1946 (Burgos: Ayuntamiento, 1997, 21); etc. 42. Añadiré que se han realizado Memorias de Investigación, integradas en nuestro Instituto, sobre temporadas teatrales en otros puntos de la geografía española, bajo la tutela de mis colaboradores, Pilar Espín Templado: El teatro en La Rioja en la segunda mitad del siglo XIX, de Inmaculada Benito Argáiz, (1997) -defendida en la Universidad de La Rioja en 1997 (codirigida por Miguel Ángel Muro)-; El teatro en Badajoz en la primera mitad del siglo XX (1900-1902), de Pablo Fernández García (1995) y La vida escénica en Pontevedra en la primera mitad del siglo XX (1901-1903), de Paulino Aparicio Moreno (1996); así como de Francisco Gutiérrez Carbajo: Representaciones teatrales y compañías de teatro profesional gallegas en 1993, de Fernando Dacosta Pérez (1998). Además de otras en preparación. 43. A los que hace referencia, entre otros, Fernando Durán López, en Catálogo comentado de la autobiografía española (siglos XVII y XIX) (Madrid: Ollero & Ramos Editores, 1997, 13 y 398-399). 44. Cf. José Romera Castillo: «La literatura autobiográfica como género literario», Revista de Investigación (C.U. de Soria) IV (1), (1980), 49-54; «La literatura, signo autobiográfico. El escritor, signo referencial de su escritura», en J. Romera Castillo (ed.), La literatura como signo (Madrid: Playor, 1981, 13-56); «Escritura y vida». Boletín de la Asociación de Profesores de Español 14, octubre (1993), 1 (Cuadernillo Cálamo, sección «Rúbrica»); «Literatura autobiográfica y docencia», en A. Rodríguez López-Vázquez (ed.), Simposio «Didáctica de Lenguas y Culturas» (La Coruña: Universidade, 1993, 11-28) -también en mi libro, Enseñanza de la Lengua y la Literatura (Madrid: UNED, 1996, 251-278)- y «Literatura y vida», en E. López-Barajas Zayas (ed.), Las historias de vida y la investigación biográfica. Fundamentos y metodología (Madrid: UNED, 1996, 77-93). 45. Cf. J. Romera Castillo: «Panorama de la literatura autobiográfica en España (1975-1991)», Suplementos Anthropos 29 (1991), 170-184; «Literatura autobiográfica en España: Apuntes bibliográficos sobre los años ochenta», en A. Vilanova (ed.), Actas del X Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (Barcelona: PPU, 1992, [169] III, 241-248); «Escritos autobiográficos y teatro de la época (1916-1939)», en D. Dougherty y M.ª F. Vilches de Frutos (eds.), El teatro en España entre la tradición y la vanguardia (1918-1939) (Madrid: CSIC/Fund. García Lorca/Tabacalera, 1992, 305-319); «Escritos autobiográficos de autores literarios traducidos en España (1990-92). Una selección)», Compás de Letras 1 (1992), 244-257; «Escritura autobiográfica cotidiana. El Diario en la literatura española actual (1975-1991)», Revista Marroquí de Estudios Hispánicos 3 (1994), 3-18; «Hacia un repertorio bibliográfico (selecto) de la escritura autobiográfica en España (1975-1992)» en J. Romera et alii (eds.), Escritura autobiográfica (Madrid: Visor Libros, 1993, 423-505); «Escritura autobiográfica en la España actual: Los pintores se retratan/los músicos se interpretan», en Romanistica Turkensis. Mélanges d'Etudes Romanes offerts à Lauri Lindgren à l'occasion de son 60e anniversaire (Turku: Turun Yliopisto, 1993, 207-220); «El descubrimiento del yo: pensadores y científicos se investigan a sí mismos», en J.M.ª Paz Gago et alii (eds.), Semiótica y Modernidad. Investigaciones Semióticas V (A Coruña: Universidade, 1994, 1, 233-245); «Escritura autobiográfica de mujeres en España (1975-1991)», en J. Villegas (ed.), La mujer y su representación en las literaturas hispánicas (Actas del XI Congreso de la Asoc. Intern. de Hispanistas) (Irvine: University of California, 1994, 11, 140-148); «Escritura autobiográfica hispanoamericana aparecida en España en los últimos años», en F. Carbó et alii (eds.), Homenatge a Amelia García-Valdecasas (Valencia: Universitat de València/Facultat de Filología, 1995, II, 727-740); «Senderos de vida en la escritura española (1993)», en M. Criado de Val (ed.), Actas del II Congreso Intern. sobre Caminería Hispánica (Guadalajara: Aache Ediciones, 1996, II, 461-478); «Senderos de vida en la escritura española (1995)», Boletín de la Unidad de Estudios Biográficos I (1996), 57-67; «Escritura autobiográfica», en J. Romera (ed.), El placer de leer (Un canon de lectura de la literatura actual), A Distancia (UNED), otoño (1997), 111-118; «Senderos de vida en la literatura española (1994)», en E. Ramón Trives y H. Provencio (eds.), Estudios de Lingüística Textual. Homenaje al Profesor Muñoz Cortés (Murcia: Universidad/CAM, 1998, 435-445) y «Perfiles autobiográficos de la «otra generación del 27» (la del humor)», en D. W. Flitter (ed.), Actas del XII Congreso de la AIH (Birmingham: Departament of Hispanic Studies: The University of Birmingham, 1998, IV, 241-247). 46. Cf. José Romera Castillo: «'Tiempo de silencio' ¿un relato autobiográfico de ficción?», en VV. AA., 'Tiempo de silencio' de Luis Martín-Santos, 'Señas de identidad' de Juan Goytisolo. Deux romans de la rupture? (Toulouse: Université de Toulouse-Le Mirail, 1980, 15-29); «Autobiografía de Luis Cernuda: aspectos literarios», en L'Autobiographie en Espagne (Actes du II Colloque International) (Aix-En-Provence: Université de Provence, 1982, 279-294); «La memoria (auto)crítica del escritor incipiente Francisco Ayala», en A. Sánchez Trigueros y A. Chicharro Chamorro (eds.), Francisco Ayala teórico y crítico literario (Granada: Diputación Provincial, 1992, 67-82); «Escritura autobiográfica de Miguel Delibes», en Cristóbal Cuevas García (ed.), Miguel Delibes. El escritor, la obra y el lector (Barcelona: Anthropos, 1992, 267-276); «Jirones autobiográficos y literarios de Carlos Edmundo de Ory. Epistolario a Ginés Liébana», en VV. AA., Scripta Philologica in honorem Juan M. Lope Blanch (México: UNAM 1992, III, 441-453); «Polifonía literaria confesional de la España peregrina (Con un solo de Juan Gil-Albert)», en C. Simón y P. J. de la Peña (eds.), Homenaje a Juan Gil-Albert (València: Consellería de Cultura de la Generalitat Valenciana, 1994, 53-74); «Junto a Juan Gil-Albert», El Mono-Gráfico (Valencia) 9 (1996), 65-74; «Edgar Neville y el cine (algunos testimonios)», «Cuadernos de Cultura» de A Distancia (UNED), otoño (1997), IX-XIII y «Apuntes sobre la actividad escénica madrileña (1919-1920) de García Lorca en su epistolario» en P. Guerrero Ruiz (ed.), Federico García Lorca en el espejo del tiempo (Alicante: Aguaclara/Caja de Ahorros del Mediterráneo, 1998, 193-201). 47. Cf. José Romera Castillo, «Ante las biografías literarias» y «Unas biografías de escritores españoles actuales» en José Romera Castillo y Francisco Gutiérrez Carbajo (eds.), Biografías literarias (1975-1997) (Madrid: Visor Libros, 1998, 11-25 y 243-279, respectivamente). 48. [«se han sido» en el original (N. del. E.)] 49. Cf. José Romera Castillo, Notas a tres obras de Lope, Tirso y Calderón (Madrid: UNED, 1981) -con reseñas de Cristina González, «Romera Castillo, José: Estudios sobre «El Conde Lucanor» y Notas a tres obras de Lope, Tirso y Calderón», Ínsula 431 (1982), 9 y Peter W. Evans, en Bulletin of Hispanic Studies LX (1983), 340-341 (en inglés)-; La poesía de Hernando de Acuña (Madrid: Fundación Juan March, 1982; Serie Universitaria, n.º 179); En torno a «El Patrañuelo» (Madrid: UNED, 1983); Frutos del mejor árbol. Estudios sobre teatro español del Siglo de Oro (Madrid: UNED, 1993) -con reseñas de Agustina Torres Lara, Epos X (1994), 589-590 y Francisco Gutiérrez Carbajo, «Nuevas investigaciones sobre el teatro clásico español», Cuadernos Hispanoamericanos 541-542 (1994), 243-247 -; Calas en la literatura española del Siglo de Oro (Madrid: UNED, 1998); así como las ediciones de Joan Timoneda, El Patrañuelo (Madrid: Cátedra, 1986, 2.ª ed.; Letras Hispánicas, n.º 94) -con reseñas de Evangelina Rodríguez Cuadros, «Joan Timoneda como mediador literario», Ínsula 392-393 (1979), 12; Émile Arnaud, Caravelle. Cahiers du Monde [171] Hispanique et Luso-Brésilien 34 (1980), 286-288; F. William Forbes, Hispania 63. 4 (1980), 774-775 (en inglés) y Rafael Ferreres, «Sobre una crítica de mi edición de El Patrañuelo», Ínsula 411 (1981), 14-; El segundo David (Auto sacramental supuesto e inédito atribuido a Calderón), Suplemento de la revista Número (Madrid), 2 (mayo-junio,1982) -por el ms. autógrafo, encontrado después, se supo que era de Lope de Vega-; Pedro Calderón de la Barca, Casa con dos puertas, mala es de guardar y El galán fantasma (Barcelona: Plaza & Janés,1984; Biblioteca Crítica de Autores Españoles, n.º 19) y Gonzalo Argote de Molina, El «Discurso sobre la Poesía Castellana» (Madrid: Visor Libros,1995; edición facsímil de la de Eleuterio F. Tiscornia; Colección Biblioteca Filológica Hispana, n.º 6). 50. Cf. los estudios de orientación semiótica de José Romera Castillo, Con Antonio Gala (Estudios sobre su obra) (Madrid: UNED,1996, Aula Abierta n.º 100; con «Pórtico» de Antonio Gala) -reseñado anónimamente, A Distancia, primavera (1997), 35; Ana Padilla Mangas, Signa 6 (1997), 429-434; José Manuel Reyes (Rutgers University), Gestos (University of California, Irvine) 24 (1997), 202-203; Emilia Cortés Ibáñez, Epos XIII (1997), 536-539; Alfredo Rodríguez López-Vázquez, Lenguaje y Textos 10 (1997), 373-374 y Coral López Gómez, España Contemporánea. Revista de Literatura y Cultura X.2 (1997), 99-100-; las ediciones de las obras de Antonio Gala, Los verdes campos del Edén y El cementerio de los pájaros (Barcelona: Plaza & Janés, 1986; Biblioteca Crítica de Autores Españoles, n.º 52) -con reseñas de Dinda L. Gorlée, Epos IV (1988), 485-487 [también, «Dos textos de A. Gala: Juntos, pero no revueltos», Ínsula 505 (1989), 26] y Phyllis Zatlin Boring, Gestos 5 (1988), 166-167 (en inglés)-; Carmen Carmen (Madrid: Espasa-Calpe, 1988; Colección Austral, n.º 65); Cristóbal Colón (Madrid: Espasa-Calpe, 1990; Colección Austral, n.º 138); además de numerosísimos trabajos sobre otros autores y obras de este periodo diseminados en volúmenes colectivos y artículos de revistas que, por su extensión, no puedo pormenorizar aquí. 51. Cf. José Romera Castillo, Francisco Gutiérrez Carbajo y Mario García-Page (eds.), Literatura y multimedia (Madrid: Visor Libros, 1997). 52. Cf. José Romera Castillo, «Literatura y multimedia: una apuesta por el ciberespacio didáctico», en mi libro, Enseñanza de la Lengua y la Literatura (Propuestas metodológicas y bibliográficas) (Madrid: UNED, 1996, 217-250); «Presentación: Prepararse para el futuro (in)mediato» y «Literatura y nuevas tecnologías», en José Romera Castillo et alii (eds.), Literatura y multimedia (Madrid: Visor Libros, 1997, 79 y 13-82, respectivamente); «Literatura y nuevas tecnologías», en Catalina M. Alonso y Domingo J. Gallego (eds.), La informática desde la perspectiva de los educadores (Madrid: R. A. Comunicación Gráfica, 1997, t. II, 721-726; en soporte impreso y CDROM); «Literatura y nuevas tecnologías», Cuadernos Cervantes de la Lengua Española 18 (1998), 77-83; «Los multimedia ¿un nuevo mito para la literatura?», en Túa Blesa (ed.), Mitos (Actas del VII Congreso Internacional de la Asociación Española de Semiótica) (Zaragoza: Anexos de Tropelías, 1998, I, 207-212) y «Sobre literatura y multimedia», en Nicole Delbecque y Christian De Paepe (eds.), Estudios en honor del profesor Josse de Kock (Lovaina, Bélgica: Leuven University Press, 1998, 919-924). 53. Como puede comprobarse en el manual de estudio del curso de José Romera Castillo, Literatura, teatro y semiótica: Método, prácticas y bibliografía (Madrid: UNED, 1998). 54. Como puede comprobarse en el manual de estudio del curso de José Romera Castillo, Enseñanza de la Lengua y la Literatura (Propuestas metodológicas y bibliográficas) (Madrid: UNED, 1996; 1.ª reimpresión en julio de 1998). Con reseñas de José Manuel Corriente Cordero, Signa 6 (1997), 435-437 y reseña anónima, A Distancia (UNED), primavera (1997), 34-35. 55. Véase Plano de zona (figura 1) en la sección de Apéndices. 56. Archivo Histórico de La Rioja (A.H.L.R.). Protocolos. Plácido Aragón (1868). Legajo 7.746. 57. A.H.L.R. Protocolos. Plácido Aragón (1884). Legajo 8.568. 58. Colegio Notarial de Burgos. Notaría de Antonio Pérez Fernández, de Logroño. Compra-venta de dos casas por Domingo Rico Calderón, el 25 de noviembre de 1909. 59. Colegio Notarial de Burgos. Notaría del Licenciado en Derecho D. Nicolás Rodríguez y Temiño. Logroño. Compra-venta de casa en esta ciudad, calle de la Ruavieja, n.º 68, precio 2.000 pts., otorgada por D. Domingo Rico Calderón a favor de D. Agapito Rodríguez Díez en 12 de junio de 1911. 60. Colegio Notarial de Burgos. Notaría de D. Enrique de Mora Arenas. Logroño. Compra-venta por D. Agapito Rodríguez Díez a favor de D. Hipólito Berceo Ramírez, en 16 de mayo de 1930. 61. A.H.L.R. Sección Hacienda. Caja 8699. Ruavieja 66. 62. A.M.L. 184/52, 188/4. A.M.L. IGE. 424/35. 63. Archivo Municipal de Logroño (A.M.L.). Inventario General de Expedientes. Exp. 442/18. Jerónimo Miguel, Ruavieja 66, C. Se conservan planos del arquitecto Quintín Bello, fechados el 24-1-1928, que recogen el estado actual y la propuesta de transformación. La reforma del mirador, proyectada por el mismo arquitecto, es de 24-8-1928. 64. A.M.L. Policía Urbana (P.U.). Exp. 50/46. Miguel Ruiz de Palacios. Ruavieja 66. 65. A.M.L. Ref. P.U. Exp. 949/62. Luis Díaz Ruiz, sustituir mirador por balcón en estado ruinoso. Ruavieja 66. 66. A.M.L. Ref. P.U. Exp. 762/81. Informe arquitecto por desprendimiento parte medianil, Ruavieja 42. 67. A.M.L. Exp. 282, año 1939. Reforma de la vivienda del piso 3.º Exp. 204, año 1946. Reformas en el portal. Exp. 136, año 1944. Derrumbamiento de la cubierta. Exp. 163, año 1944. Transformación de la bajocubierta en un piso ático, abuhardillado, con terraza. 68. A.M.L. Actas Capitulares, 1981, fols. 94v-102. 69. Véanse referencias de prensa en La Rioja, 17 oct. y 1 nov.; El Correo, 17, oct., 28 oct. 1998. 70. Con el título de «Relaciones entre teoría literaria y hermenéutica bíblica» este trabajo fue presentado como ponencia en el Seminario Internacional organizado por el Comité de Teoría Literaria de la Asociación Internacional de Literatura Comparada, en Santiago de Compostela, el 4 de julio de 1998. Es, a su vez, un resumen de la ponencia presentada en el V Simposio Bíblico Español, La Biblia en el Arte y en la Literatura, Pamplona, 17 de septiembre de 1997, con el título de «Teoría literaria y hermenéutica bíblica». La versión amplia aparecerá en las Actas del mencionado simposio. 71. Recordemos que el término discretio empieza a ser interpretado por Prudencio y Lactancio en el sentido de selección dirigida por la razón, que se rige por la moderación moral y se identifica con el buen sentido y el buen gusto. Análogamente, el concepto de decoro, tal y como lo explica Lausberg (1966: 374-381), incluye el término de aptum o conveniens, que se debe combinar según un criterio ético general. 72. Véase este texto para una aproximación a la línea negativa del cómico, desde la antigüedad a nuestros días. Otros estudios destacados que asumen esta perspectiva son los de Borsellino (1989), Celli (1982), English (1986). 73. Cfr. la frase citada de Baudelaire y la teoría del homo ludens popularizada por Huizinga (1968: 7-8), que analiza el concepto de homo sapiens dieciochesco, desglosándolo en dos métodos de actuación de la inteligencia humana: la fabricación y el juego. Por tanto, añade dos funciones esenciales que nos distinguen, la de homo faber y la de homo ludens. 74. Giulio Ferroni (1983: 30-44) se ocupa de las implicaciones socio-políticas que se ocultan bajo esta ausencia teórica de la tradición; la interpretación negativa del cómico de Ferroni acepta las teorías carnavalescas bachtinianas, aunque critica el abuso e instrumentalización de las mismas por parte de la crítica literaria de los setenta, especialmente en Italia, donde la obra del pensador soviético ha sido muy difundida. 75. Para una aproximación a la función transgresiva de la literatura barroca, véase El Outmani (1995). 76. Como puede verse, Bachtin atribuye al cómico moderno una función exclusivamente negativa, que excluye de la burla al burlador. Sin embargo, en el caso de escritores como Pirandello, el autor no se encuentra por encima del objeto humorístico, y, en consecuencia, el resultado es que produce la misma ambivalencia de risa y dolor que el carnaval. Para una revisión de las teorías bachtinianas en el cómico moderno, véanse Huerta Calvo (1989), Bottiroli (1990: 147-165), Hutcheon (1984: 13-26) y Colaizzi (1995). 77. Véase la teoría de N. Borsellino (1989: 21), según la cual la risa desvela el dualismo del mundo, es decir, la presencia, junto al mundo oficial, de un segundo mundo de juego y de ficción. 78. J. F. English (1986: 149) resalta: «This sort of oblique communication between text and reader has no place in our current modes of inquiry into the comic. But it is of the essence of the comic to enable such communication, to assist in the very processes of context-building and self-orientation by which we make and remake sense of literary text. The lauthing reader must be understood as interacting with the text in a way that is productive of textual meaning, and this will require the development of new, trans-generic approaches to the comic capable of addressing its neglected communicative function». En efecto, la aplicación de un esquema transversal para todos los géneros literarios cambia sobre todo la función del cómico en el texto literario, puesto que pasa de ser una categoría para clasificar las obras a un elemento de la retórica de la persuasión. 79. Para una aproximación a la ironía desde el punto de vista retórico, son fundamentales los trabajos de Knox (1961), Hutcheon (1981: 140-155), Booth (1986) y Kerbrat-Orecchioni (1980: 108-127). 80. Recuérdese la aportación de Anthony A. C. Shaftesbury, que publica en 1709 Sensus communis, donde distingue una ironía defensiva de la ironía utilizada con el fin de sacar a la luz lo verdadero, superando las convenciones del discurso. Un año antes, había aparecido su Carta sobre el entusiasmo, donde anima a utilizar la ironía contra esa forma exacerbada de entusiasmo que es el fanatismo, sea religioso o político. La ironía, en la concepción shaftesburiana, heredera, asimismo, del método socrático, revela la desarmonía de las acciones viciosas así como de los comportamientos supersticiosos o fanáticos, y es el instrumento ideal para corregir y educar al hombre en la virtud y en el equilibrio. Este último, el equilibrio, será la clave en las teorías de Paulhan (1914: 172) y Jankélévitch (1983: 53), para superar la paradoja de la ironía que estamos viendo. 81. El propio Ortega (1993: 177-178) se ocupará del concepto de ironía en el arte moderno oponiendo racionalismo/espontaneidad: la ironía tradicional socrática (que ha sustentado una fe ciega en el racionalismo) se entiende como un alejamiento racional y abstracto de la vida, la cual tiene, sin embargo, un componente irracional ilimitado: «El hombre del presente desconfía de la razón y la juzga al través de la espontaneidad. No niega la razón, pero reprime y burla sus intenciones [...] Tal es la ironía irrespetuosa de Don Juan.» Estas ideas se repiten en otros escritos de La deshumanización del arte (Ortega, 1993: 382). 82. El tratamiento crítico que hace La Rubia Prado de San Manuel Bueno, mártir entra de lleno en la praxis deconstructora y denota una precisión de términos y un conocimiento de la producción literaria de Unamuno muy superior al ostentado en el fallido intento de Gonzalo Navajas (1992) en Unamuno desde la posmodernidad. Antinomia y síntesis ontológica. 83. De forma semejante a como la sonoridad pertenece a la historia, frente al silencio intrahistórico, podría afirmarse que las connotaciones de cambio temporal afectarían a aquel nivel, mientras que la paz eterna sería característica de la intrahistoria. 84. La identificación sentida por Ángela respecto a la personalidad de don Manuel conlleva que el proceso de ocultamiento enmascarador se trasmita de un personaje a otro. Dicho de forma más explícita, lo que el párroco oculta a sus feligreses tampoco lo comunica Ángela al obispo interesado en promover el proceso de beatificación de don Manuel. 85. El clima de tolerancia que evidencia la población de Valverde de Lucerna se encuentra en plena consonancia con la caracterización que del nivel intrahistórico [237] aparece a lo largo de la producción literaria de José Jiménez Lozano. Este escritor, al estudiar la intransigencia que ha afectado a la historia de España, se ha referido una y otra vez al sedimento respetuoso de la convivencia intrahistórica que existía en un pueblo al que se le impuso una belicosidad agresiva, ajena a sus propias formas de vida. En Meditación española sobre la libertad religiosa (1966), Los cementerios civiles y la heterodoxia española (1978) y Sobre judíos, moriscos y conversos (1982) de Jiménez Lozano se encuentran ejemplos más que suficientes que evidencian los orígenes espúreos de exclusividades interesadas, sobre las que se irá construyendo el progreso moderno. 86. La obra ensayística de Julián Marías es muy desigual y, en muchos aspectos, tal vez se encuentre superada desde hace tiempo, sobre todo si se tiene en cuenta gran parte del pensamiento filosófico actual, con el que este escritor no demuestra estar familiarizado. Sin embargo, Miguel de Unamuno constituye una de sus aportaciones más sobresalientes y valiosas. Tal dato crítico conviene ser resaltado, en contraste con el silencioso desdén con que Ortega y Gasset trató a los escritos de Unamuno. Marías, considerado discípulo de aquél, sabe reconocer con generosidad y amplitud de miras lo que su maestro tendenciosamente ignoró. Harold Raley (1997), en A Watch over Mortality. The Philosophical Story of Julián Marías, ha advertido la elegancia de un ensayista que agradece lo recibido intelectualmente por sus predecesores en el terreno del pensamiento español. 87. La imposición de categorías ideológicas sobre los escritos de Unamuno incapacita a Elías Díaz para encontrarse en condiciones de advertir y reconocer tanto la riqueza [239] textual como el inconformismo profundo que caracteriza al ámbito intrahistórico de San Manuel Bueno, mártir. 88. Las últimas palabras que escribe Ángela, a saber: «pero aquí queda esto, y sea de su suerte lo que fuere» (Unamuno, 1971b: 79), implican una espontaneidad en su tarea de biógrafa de don Manuel completamente alejada de los planes calculadores de quien, creyendo en el triunfo histórico, se siente obligado a dejarlo todo bien atado, subordinándose a finalidades ajenas a la existencia genuina y real. 89. Numerosos críticos, al referirse al párroco de San Manuel Bueno, mártir, afirman contundentemente que ese personaje no tenía fe. Tal categorización caracterizadora es completamente ajena al ser agónico de don Manuel, en lucha continua consigo mismo para creer de una forma que a él le resultara satisfactoria. Ahora bien, quizás la evidencia buscada y no encontrada por este párroco sea incompatible con la vivencia de la fe a la que se refiere el propio Unamuno en Del sentimiento trágico de la vida (1971c) y La agonía del cristianismo (1966). Precisamente, la falta de evidencia de don Manuel para creer lo que profesa y la dedicación completa a su ministerio pastoral ya son indicios más que suficientes para caracterizar a la fe de este personaje como agónica, es decir, en pugna con un universo racionalista, del que se abomina, con frecuencia, en los escritos de Unamuno. Eugenio G. de Nora (1979), en La novela española contemporánea (1898-1927), sabe reconocer la fe de don Manuel, al advertir que este personaje no sólo actuaba de santo ante sus feligreses, sino que objetivamente era lo que representaba. 90. Aunque los conceptos de historia e intrahistoria también resultan básicos para comprender adecuadamente la producción ensayística de Américo Castro, considerados en su ejecutividad textual no son completamente equivalentes a los que aparecen con el mismo nombre en los escritos de Unamuno. En éstos, la intrahistoria se caracteriza por una paz eterna. Sin embargo, en los de Américo Castro, los conflictos de la historia logran penetrar la vivencia intrahistórica. 91. La praxis de la estrategia deconstruccionista, según se desprende de numerosos estudios de Derrida, se encuentra alejada de cualquier tipo de formulación sistemática. Por tanto, no puede ser considerada ni siquiera como una metodología firme en la que asirse. Antes por el contrario, al referirse a esa estrategia se está aludiendo a una tarea de prudencia y minuciosidad, pero también de destreza y eficacia, aun en medio de la inestabilidad inherente a todo texto que se resiste a ser clausurado. 92. El apartado vigésimocuarto de San Manuel Bueno, mártir está relatado por un narrador distinto de Ángela, el cual ofrece como señas de su presunta identidad el hecho de considerar a Niebla (1971a) su nivola. De ahí podría deducirse extratextualmente que ese narrador sería el Unamuno que compitió existencialmente con Augusto Pérez, para ostentar más poder que él. Sin embargo, en el caso de la novela aquí estudiada no aparece explicitado el nombre de Unamuno como narrador del último apartado. Ahora bien, incluso si tal nombre fuese ahí mencionado, se referiría a la existencia textual de ese personaje, y no necesariamente a un ser de carne y hueso que viviera en la realidad efectiva. Desde un punto de vista narratológico, sería inadmisible el tránsito desde el texto a aquello que tal vez se encontrara fuera de él. 93. Las preguntas superpuestas formuladas por Ángela son arrojadas a un vacío sin fondo, en el que no encuentran respuesta alguna. Tal recurso textual apunta a un proceso deconstructor en el que todo, sin excepción, se pone en tela de juicio subversivamente. 94. El entusiasmo ostentado por Mermall para ensalzar merecida y justamente los valores literarios de los escritos de Jiménez Lozano le conduce a establecer cierta relación intertextual con los de Unamuno, en los que éstos quedan tal vez menoscabados. 95. Una lectura intertextual de la novela Las sandalias de plata (1996) de Jiménez Lozano y San Manuel Bueno, mártir acaso haga pensar que aquel relato pueda considerarse como una prolongación de éste. Sin embargo, y a pesar de las marcadas debilidades existenciales y de los compromisos ante situaciones cuestionables, los clérigos a que se hace referencia en dicha novela de Jiménez Lozano, lo mismo que en muchas otras narraciones del mismo escritor, demuestran poseer una proximidad intrahistórica hacia la gente, a la que atienden pastoralmente, que brilla por su ausencia en la caracterización del párroco de Lucerna de Valverde de San Manuel Bueno, mártir. 96. Sobre la aplicación de la teoría de los sistemas a la literatura, vid. en especial los trabajos publicados en Even-Zohar (1990); Schmidt (ed.) (1993); Berg/Prangel (eds.) (1993; 1995; 1997). 97. Vid. a este respecto también Bertallanffy (1972). 98. Sobre la teoría de los sistemas de Luhmann, vid. Haferkamp/Schmid (eds.) (1987); Kiss (1990); Gripp-Hagelstange (1995). 99. Precisamente la existencia de esos límites sistémicos y su correspondiente función distinguen el concepto de sistema del concepto de estructura. 100. Luhmann rechaza, a este respecto, por representacional, el modelo matemático o clásico de la comunicación de Shannon y Weaver que concibe el proceso comunicativo, [259] básicamente, como un acto de transmisión o transporte de información entre dos interlocutores. Para una crítica de ese modelo, vid. Maldonado Alemán (1994; 1997a). 101. Para una precisión de estas acciones literarias, vid. Barsch (1993a). 102. Según Schmidt (1989), los orígenes del sistema literario moderno se remontan en el caso concreto de Alemania a la segunda mitad del siglo XVIII. 103. Dado el carácter hipotético de ambas convenciones, en los últimos años vienen realizándose numerosas investigaciones a fin de obtener su justificación empírica. Si en lo concerniente a la función que desempeña la convención estética en la comunicación literaria actual se han obtenido notables resultados, no así, en cambio, en lo que respecta a la influencia efectiva y específica de la convención de polivalencia en el proceso de producción y recepción de textos. Vid. a este respecto Ibsch (1988); Kramaschki (1991); Groeben/Schreier (1992). 104. Para una crítica y precisión de la Teoría Empírica de la Literatura, vid. Werber (1992); Vliet/Velden (1993); Kramaschki (1993); Barsch (1993b); Groeben (1994); Jáger (1994); Ort (1995). 105. Hoy en día, numerosos investigadores conciben que la teoría de la evolución, aunque fue descubierta en la biología, describe un mecanismo de cambio y transformación de aplicación universal. De acuerdo con esta interpretación, todo lo existente, desde la materia hasta las mismas ideas, puede ser explicado como resultado de un proceso previo de selección y adaptación. Sobre los orígenes y desarrollo de la teoría de la evolución, vid. Fleischer (1989: 15-81); sobre su justificación científica, vid. Weiner (1994). 106. En este sentido, más que a un simple proceso de cambio o transformación, la evolución se refiere sólo a aquel cambio que se produce siguiendo los principios de mutación y selección. 107. Vid. a este respecto las propuestas realizadas en el seno del Formalismo ruso, en especial las de V. Sklovskij (1916). 108. En general, la teoría de los sistemas diferencia tres tipos de sistemas: sistemas abiertos que intercambian con su entorno energía e información; sistemas cerrados que sólo pueden intercambiar energía con el entorno; y, por último, sistemas aislados que no realizan ningún tipo de intercambio con su entorno (Jantsch, 1982: 56 y ss.; 1989). 109. Sobre la aplicación de esta diferenciación al estudio del cambio literario acaecido en la obra de un mismo autor, vid. Maldonado Alemán (1996); para el fenómeno de la interferencia literaria, vid. Maldonado Alemán (1997b). Vid. también los trabajos publicados en Titzmann (ed.) (1991). 110. Sobre la necesidad de establecer las regularidades y leyes que rigen el desarrollo histórico de la literatura, vid. Titzmann (1991: 416 y ss.); Peer (1994: 179 y ss.); Martindale (1990; 1994: 192 y ss.). 111. Se ha utilizado la edición de Martín de Riquer (Barcelona: Juventud, 1965). Como fuente básica para desarrollar el estudio de este inventario e identificar y describir las [282] conductas kinésicas, remito al lector a mi obra La comunicación no verbal, volumen I: Cultura, lenguaje e interacción; volumen II: Paralenguaje, kinésica e interacción; volumen III: Nuevas perspectivas en novela y teatro y en su traducción (Madrid: Ediciones Istmo, 1994; 2ª ed. ampliada, en prep.); «Aspects, Problems and Challenges of Nonverbal Communication in Literary Translation», en F. Poyatos (ed.), Nonverbal Communication in Translation. 17-47 (Amsterdam/Filadelfia: John Benjamins). En la pág. 135 del volumen III de La comunicación no verbal debe leerse «buena parte de las conductas kinésicas» donde por error dice «se registran todas las conductas kinésicas». 112. Desde ahora identificado como «El paralenguaje». Cf. Fernando Poyatos, «El paralenguaje en el Quijote: inventario completo y bases para su estudio». Signa 7 (1998), 293-318. 113. Kinésica: movimientos y posiciones de base psicomuscular conscientes o inconscientes, aprendidos o somatogénicos, de percepción visual, audiovisual y táctil o cinestésica, aislados o combinados con la estructura lingüística y paralingüística y con otros sistemas somáticos y objetuales, con valor comunicativo intencionado o no; es decir, todo movimiento externo y posición observables (gestos, respingos, tics, atusamiento de cabello), puesto que todos contribuyen a la imagen visual de la persona; también son kinésica las posturas simultáneas al movimiento (ej., los brazos cruzados, o la inclinación del cuerpo, al andar). Es indispensable identificar: (a) la distinción entre gestos, maneras (no sólo «maneras» o modales personales o culturales, sino «la manera» como se realiza un gesto o una postura según cultura, sexo, nivel socieducacional, estado emocional, etc.), y posturas, de gran valor comunicativo, intercultural, social y personal; (b) el carácter segmental de cualquiera de estas tres categorías como elementos del discurso (construyendo una frase verbal-no verbal) y de la interacción: «¡Voto... -y miró al cielo y apretó los dientes- que estoy por hacer un estrago en ti [... ]!» (I, XXXVII); © la coestructuración intersistémica, es decir, su relación con las palabras, el paralenguaje, el sonrojo, etc., incluso en una frase: «puestos los ojos en Quiteria, con voz tremente y ronca» (II, XXI); (d) la coestructuración intrasistémica, es decir, dentro del mismo sistema kinésico: «con pasos quedos, el cuerpo agobiado y el dedo puesto sobre los labios» (II, XXXIII); (e) las cualidades parakinésicas, que diferencian estilos personales y culturales (equivalentes a las paralingüísticas con relación al lenguaje verbal): intensidad, similar al acento y la tensión articulatoria: «Venía pisando quedito, y movía los pies blandamente» (II, XLVIII); campo, similar al alargamiento-acortamiento silábico: «una grande y profunda inclinación y reverencia» (II, XXXII); velocidad, similar al tempo del discurso: «y tomó a pasearse con el mismo reposo que primero (I, III), «con acelerada y nunca vista furia comenzó a llover cuchilladas» (II, XXVI); y duración: «mirando al suelo sin mover pestaña gran rato» (I, XXIII); (f) el itinerario trifásico de cada conducta kinésica, que diferencia, por ejemplo, la ejecución de un gesto en culturas diferentes y según el nivel socioeconómico, sexo, edad, personalidad, etc., así como su ejecución en la época cervantina y ahora, aunque haya sobrevivido; se trata de una fase formativa, iniciada en diferentes posiciones para luego continuar su itinerario (constituyendo en realidad una «manera»); la central, sea un movimiento (abriendo y cerrando los dedos para significar «atestado», sacudiendo la mano durante un «O, lá, lá!» francés) o una posición estática (un guiño de flirteo, cogiéndose las sienes con índice y pulgar para hacer memoria, cruzado de brazos, etc.); y finalmente una fase desarticuladora antes de iniciarse la formativa del siguiente gesto o posición o, a menudo, fundiéndose con ella, lo que también constituye una «manera». [283] (g) finalmente, desde el punto de vista interactivo, es muy importante reconocer el carácter anticipatorio de las conductas kinésicas, ya que muy frecuentemente se inician visualmente antes que las palabras empiecen a expresar la misma idea: «puesta la mano en la espada y alzando los ojos al cielo, dijo:/ -Yo hago juramento al Criador de todas las cosas (I, X). 114. Encontramos los siguientes tipos de realismo: Realismo físico personal (otro sería el «ambiental»): «Miró también don Quijote a Sancho, y viole que tenía los carrillos hinchados, y la boca llena de risa, con evidentes señales de querer reventar con ella [...] y [...] Sancho [...] soltó la presa de tal manera que tuvo necesidad de apretarse las ijadas con los puños, por no reventar riendo» (I, XX). Realismo deformante, en el que encontramos la distorsión de lo que consideramos posible: «Sancho [...] se echó entrambos puños a las barbas, y se arrancó la mitad de ellas, y luego, apriesa y sin cesar, se dio media docena de puñadas en el rostro y en las narices, que se las bañó todas en sangre (I, XXVI). Realismo individualizador, que en el caso de la kinésica y el paralenguaje nos ayuda a construir una figura única (frente a la posible indiferenciación no infrecuente en la narrativa menos valiosa), a través de rasgos interactivos y reacciones situacionales que ya esperamos: «¡Oh, bellaco, villano, mal mirado [...]! Y diciendo esto [don Quijote], enarcó las cejas, hinchó los carrillos, miró a todas Partes, y dio con el pie derecho una gran patada en el suelo (I, XLVI), «don Quijote [...] con semblante airado y alborotado rostro, se puso en pie y dijo...» (II, XXXI). Realismo psicológico: «Parose Sancho Panza a rascar la cabeza, para traer a la memoria la carta, y ya se ponía sobre un pie, y ya sobre otro; unas veces miraba [284] al suelo, otras al cielo, y al cabo de haberse roído la mitad de la yema de un dedo [...] (I, XXVI), Oyó Cardenio el nombre de Luscinda, y no hizo otra cosa que encoger los hombros, morderse los labios, enarcar las cejas, y dejar de allí a poco caer por sus ojos dos fuentes de lágrimas» (I, XXVIII). Realismo interactivo, reflejado en la veracidad de los intercambios personales verbales y no verbales y a las reacciones explícitas e implícitas a las conductas y pensamientos de unos y otros. Véase nota 119. Realismo documental: «Y poniéndose de rodillas [el labrador], le pidió la mano para besársela) (II, XLVII), «cada bocado, que le tomaban con la punta del cuchillo, y muy poquito de cada cosa [...] levantaron los brazos y las botas en el aire; puestas las bocas en su boca, clavados los ojos en el cielo [...] meneando las cabezas a un lado y a otro, señales que acreditaban el gusto que recebían» (II, LIV). 115. Para intuir esta presencia del paralenguaje, el lector puede repasar el esquema del paralenguaje que se da en la nota 112 de «El paralenguaje». 116. Véase, entre otras fuentes (y ésta estudia conductas importadas de la corte española), Joan Wildeblood, The Polite World.- A Guide to English Manners and Deportment From the Thirteen to the Nineteenth Century. London: Oxford University Press, 1965. 117. A veces se planteará la posibilidad de ayudar a sus lectores con una nota explicativa en el caso de conductas culturales desconocidas para ellos, o incluso la muy cuestionable libertad de añadir palabras que expliquen mejor el significado de una acción kinésica, como único recurso para una descodificación correcta. Véanse ejemplos de esta intervención en Pierangela Diadori, «The Translation of Gestures in the English and German Versions of Manzoni's I Promessi Sposi», en F. Poyatos (ed.), Nonverbal Communication in Translation (Amsterdam/ Filadelfia: John Benjamins, 1997, 132-149); también los comentarios sobre la traducción en F. Poyatos, «Aspects, Problems and Challenges of Nonverbal Communication in Literary Translation» (en el mismo volumen, 17-47), así como las muchas referencias a la traducción en Poyatos, 1994, volumen III. 118. Estos procedimientos semiótico-comunicativos son: Describiendo la conducta y explicando su significado (significante y significado): «Y diciendo esto, dio [Sancho] dos zapatetas en el aire, con muestras de grandísimo contento» (I, XXX). Describiendo la conducta, pero no su significado (significante y no significado): conductas kinésicas de otra época histórica que no han perdurado; o de otra cultura que, en el peor de los casos, nos ofrece algunos de sus falsos cognados kinésicos (homomorfos que no son sinónimos): «miré la ventana, y vi que por ella salía una muy blanca mano; que la abrían y cerraban muy apriesa» (I, XL). Explicando el significado sin describir la conducta (significado, pero no significante): «Sancho [...] sacó de sus alforjas medio pan y medio queso diciendo por señas que no tenía otra cosa que darles» (II, LIV) Dando sólo la expresión verbal cuando siempre va acompañada de una no verbal, que es la que completa el mensaje, conducta kinésica de otra época hoy no subsistente en la cultura del lector: «¡Dos higas para el Gran Capitán y para ese Diego García que dice!» (I, XXXI). 119. Para el estudio de la interacción, y concretamente de la conversación, véanse dos modelos detallados (con ejemplos literarios españoles y extranjeros) en La comunicación no verbal, vols. I, II, respectivamente. 120. Véase, como estudio más reciente, «El acto de lectura: su realidad verbal-no verbal», El Extramundi y los Papeles de Iria Flavia. 121. Recuérdese, por ejemplo, la riqueza de la iconografía cristiana, tanto en pintura y escultura como en tratados y manuales sobre la liturgia y la oración. Véase (además por su rica bibliografía), Jean-Claude Schmitt, La raison des gestes dans l'Occident médiéval (Paris: Gallimard, 1990), y, por el mismo autor, «The Rational of Gestures in the West: A History from the 3rd to the 13th centuries», en F. Poyatos (ed.), Advances in Nonverbal Communication: Sociocultural, Clinical, Esthetic and Literaty Perspectives (Amsterdam/Filadelfia: John Benjamins, 77-95). Véase el sugerente artículo (ilustrado) sobre la comunicación no verbal en arte, desde el egipcio hasta la pintura anecdótica del XIX, de E. H. Gombrich, «Action and Expression in Western Art», en R. Hinde A. Hinde (ed.), Nonverbal Communication (Cambridge: Cambridge University Press, 1972, 373-394, 422-423). 122. Según el modelo «Nonverbal Categories as Personal and Sociocultural Identifiers,» en P. Bouissac, M. Herzfeld, R. Posner (eds.), Iconicity: Essays on the Nature of Culture. Festschrift for Thomas A. Sebeok on His 65th Birthday (Tübingen: Stauffenburg Verlag, 1986, 469-525), una ampliación del sugerido por Ekman y Friesen, «The Repertoire of Nonverbal Behavior: Categories, Origin, Usage and Coding», Semiotica 1 (1969), 49-98. En el Quijote aparecen sólo las siguientes categorías, aquí [289] definidas muy escuetamente: emblema: acto kinésico con un equivalente verbal concreto, no ambiguo; exteriorizador: una reacción a la realidad nuestra o de otros, presente, pasada, anticipada o imaginada, a lo dicho o hecho, o silenciado o no hecho, y a sucesos reales o imaginados, y a experiencias psíquicas, somáticas, estéticas, espirituales o ambientales; autoadaptador: contacto con nosotros mismos; alteradaptador: contacto con otras personas o animales (tan humanizados en el Quijote), pero también (según el concepto de «articulación interactiva» [La comunicación no verbal, vol. I, 79-80) sin llegar a tocar, por ser un contacto visual (ej., «con los brazos abiertos, fue a abrazar»); objeto adaptador: contacto con un objeto y el objeto mismo; somatoadaptador; contacto y experiencia con la realidad material más íntimamente asociada al cuerpo (comida, bebida, ropa, armas, mobiliario anatómico) y esos objetos y substancias mismos. 123. Debe quedar claro que el estudio completo de la comunicación no verbal personal (aparte de la ambiental), debe incluir los otros canales somáticos de transmisión de signos y mensajes (véase La comunicación no verbal, vol. I, cap. II, y cuanto sobre [291] ellos incluye el volumen III, dedicado a la literatura). Independiente de los ejemplos incluidos en «El paralenguaje», encontramos aquí el primero de reacción química en la lágrimas, con la función semiótico-comunicativa e interactiva correspondiente. Para reacciones dérmicas, véase nota 127. Otros signos somáticos, siempre con funciones interactivas (puesto que la percepción sensible va siempre seguida de la intelectual) son: forma, tamaño, consistencia, peso y color de piel, pelo y ojos. 124. (De nuevo en II, XXXI). Una expresión despreciativa que desde la antigüedad se acompañaba de un gesto: mostrando el pulgar entre el índice y el medio con el puno cerrado, primero como manera de ahuyentar al demonio y el mal de ojo, luego también como menosprecio o insulto, y que aún se vende como amuleto en forma de dije. En nuestros clásicos la encontramos, por ejemplo, en la Vida de Santa Teresa: «y ¡una higa para todos los demonios!» (XXV.22); en La Dorotea, de Lope: «»Otra vez te vuelvo a dar higas» (II, iv); en una letrilla de Góngora en la que fustiga diversas necedades humanas (al modo del «arancel de necedades» del Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán), describiéndolas en cada una de sus nueve estrofas y asignándoles, como estribillo, de «una higa» a «nueve higas», ej.: «Al que pretende más salvas. Y ceremonias mayores/ Que se deben por señores/ A las Infantados y Albas,/ Siendo nacido en las malvas,/ Y criado en las hortigas,/ Cinco higas». En Shakespeare (además de en The Merry Wives of Windsor y The Second Part of Henry VI), en The Second Part of Henry IV. «Pistol. [...] Harry the Fifth's the man. I speak the truth./ When Pistol lies, do this, and fig me, like/ The bragging Spaniard» (V, III), y en Henry V- «Pistol. Die and be damned! and a figo for thy friendship! [...] The fig of Spain!» (III, VI) (ya que se decía ser una expresión española); en el Martin Chuzzlewit, de Dickens, tras enumerar todos los inconvenientes de un «gig,» o calesa, el personaje dice: «A fig for gigs!» (XII). Es de suponer (sobre todo en Santa Teresa) que no siempre se acompañaba la expresión verbal del gesto. Como han estudiado (como atlas kinésico en los 70 a través de Europa) Morris et al. (Gestures: The Origins and Distribution (Nueva York: Stein and Day, 1979: 147-160) es hoy un gesto polisémico («the fig,» «la higa,» «la fica,» «la figue») como referencia, insulto sexual, protector, etc. Sin poder asegurar que sea necesariamente un préstamo, se conoce con connotación sexual en otras latitudes, por ejemplo, en Hong Kong y Venezuela. Para otras referencias a obras literarias españolas clásicas y al Tesoro de la lengua española o castellana, de Sebastián de Covarrubias (1611), véase la amplia nota 5 al capítulo XXXI de la segunda parte del Quijote, en la edición de Rodríguez Marín (Madrid, 1948). 125. Los ejemplos de la kinésica sin palabras de Zoraida corresponden a los repertorios que ha estudiado José Romera Castillo en «Repertorios extraverbales en la comunicación literaria», Signa 3 (1994), 175-208; «Rasgos kinésicos en el Diario de Cristóbal Colón», en M. Criado (ed.), Literatura Hispánica. Reyes Católicos y Descubrimiento (Barcelona: PPU, 1989, 115-124) y «Gestos y ojos hablan en Soneta de Primavera», Revista de Estudios Hispánicos (Universidad de Puerto Rico), XVI (1989, 45-51.) 126. Primer ejemplo de reacción dérmica, percibida visualmente. Otros pueden incluir otras descripciones verbales: «el rostro se le cubrió de un color que mostró bien claro el sentimiento y vergüenza del alma». 127. «Burla que se hacia poniendo a uno los cinco dedos de la mano derecha sobre la cara y, levantando el medio con el índice de la izquierda, se soltaba rápidamente disparándolo contra la nariz» (Don Quijote, ed. de Martín de Riquer, 1965: 748). 128. En este trabajo se muestran algunos resultados de los estudios de su autor acerca de la relación entre pensamiento filosófico y la obra de Jorge Luis Borges. Si las consideraciones aquí presentes mereciesen comentario o crítica de cualquier tipo, el autor agradecería que fuesen dirigidas a alguna de estas dos direcciones de correo electrónico: albertoribas@hotmail.com / msxmen@lix.intercom.es Quisiera, asimismo, expresar mi agradecimiento a Montserrat Bordes Solanas, profesora titular de Filosofía del Lenguaje y de Historia de las Ideas en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, por el interés que ha mostrado en este trabajo y por la guía que me ha ofrecido, sin la cual éste no habría podido ser llevado adelante. 129. Citaré las fuentes primarias de este trabajo en el cuerpo de texto según este código: HUI, Historia universal de la infamia; A, El Aleph; F, Ficciones. Todas las referencias de página de estos libros corresponden a las ediciones españolas de Alianza-Emecé. 130. Entiéndase «entelequia» en el sentido aristotélico (no en el más coloquial de «cosa imaginada pero no existente»), como entidad inmaterial que contiene en sí misma el motor que conduce al fin o actualización que ella misma es en potencia. Véase Aristóteles (1990: 1074ª 36; 634-635). 131. Aunque no una imagen definitiva, ni absoluta, puesto que el objeto deviene luego plural. La solicitud de Yakub concierne a la perfección estética. De las posteriores enumeraciones de las visiones de Yakub puede extraerse que este personaje fluctúa entre el deleite estético y el ansia de conocimiento. En el campo de lo estético Yakub no encuentra nada que de por sí sea único en su género. Tales objetos pueden multiplicarse produciendo el mismo efecto: deleite estético. La naturaleza de lo absoluto en Borges, veremos, va más allá de la mera estética: entra en el campo de lo cognoscitivo. Cuando adquiere la visión de «cosas imposibles de describir», «la ciudad que se llama Europa», al entablar un contacto perceptivo con lo que otros sudaneses del siglo XIX no podrán ver jamás, entonces se entromete en las visiones esa figura del Enmascarado, esa trampa del hechicero que instigará el ansia de Yakub por saber: el deseo de conocer la identidad de la figura descubriéndola. 132. De forma semejante ocurre con la figura del Enmascarado, que se tratará más adelante. 133. En este sentido, puede decirse que el contenido de las preferencias de Yakub es en realidad secundario, aunque, irónicamente, se le muestre al tirano todo lo que desea. 134. «Le pregunté si percibía con claridad su reflejo en el círculo y respondió que sí. Le dije que no alzara los ojos. Encendí el benjuí y el cilantro y quemé las invocaciones en el brasero» (HUI, 126); «Entonces ordené que desnudaran al condenado y que lo sujetaran sobre la estirada piel de becerro y que le arrancaran la máscara. Esas cosas se hicieron. Los espantados ojos de Yakub pudieron ver por fin esa cara -que era la suya propia. Se cubrió de miedo y locura» (HUI, 129). 135. En cuanto a las «cosas imposibles de describir», esta expresión nos conduce a un equívoco. Desde luego, en el momento en que aparecen en el espejo, estas cosas serán imaginables y concebibles, en el sentido de que se crea una imagen que se interpreta perfectamente. Es decir, que del comentario de Abderrahmen, «deleites del verdugo y del cruel», se deduce que se ha interpretado una imagen que es perceptible y reconocible en el horizonte de expectativas mentales del receptor. No es preciso tomarse en su sentido estricto «cosas imposibles de describir», sino entenderlo como el uso de la desgastada hipérbole romántica de la indescriptibilidad. 136. No un proceso comunicativo corriente, claro está, sino como producto de un ritual mágico que fundamenta la intriga de la narración. 137. Bastante habitual, al menos, en la literatura romántica. Así, por ejemplo, el episodio de la mina en Enrique de Ofterdingen, de Novalis, de obvias resonancias virgilianas, donde el joven protagonista halla un libro escrito en provenzal que es un compendio de sus hechos futuros como trovador. 138. Particularmente célebre es el final de Cien años de soledad, donde el último Buendía lee, poco antes de morir, el final de la historia de su familia en el libro de Melquíades, un episodio que, a su vez, remite más o menos directamente a «El hundimiento de la casa Usher», de Poe. 139. Esta irrupción de la virtualidad en lo empírico se produce también en «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», una irrupción tan atroz como para conquistar nuestro universo mental, tan banal como para que el receptor de los contenidos de la enciclopedia virtual comprenda que éstos no resisten a su propia ilógica. 140. Tal como se expresa en las palabras de Tzinacán, esa sentencia vendría a ser algo parecido a la causa causarum aristotélica. Nuevamente se trata de una entelequia (vid. supra, n.130 ). Nótese por otra parte la semejanza de esta idea de la sentencia divina con el pensamiento cristiano: «En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba en Dios, y el Verbo era Dios. Él estaba en el principio en Dios. Por él fueron hechas todas las cosas; y sin él no se ha hecho cosa alguna de cuantas han sido hechas» (Juan, 1: 1-3) o «La fe es la que nos enseña que el mundo todo fue hecho por la palabra de Dios; y que, de invisible que era, fue hecho visible» (Hebreos, 11: 3). Es decir, que la palabra divina es el principio esencial de la divinidad y a la vez el medio por el que Dios realiza su voluntad creadora. Al respecto de la sentencia divina como identidad del mundo, nótese la semejanza temática con La Biblioteca de Babel, donde el llamado «libro total» viene a ser un resumen o compendio del universo. En uno y otro caso, la sentencia divina y el libro total vienen a ser una suerte de conjuros para la existencia absurda de unos personajes. 141. El propio Borges (inspirándose directamente en las fantasías lógicas de Carroll) trata este tema en su brevísimo cuento-ensayo Del rigor en la ciencia (143-4). 142. Otra cuestión es cómo puede la divinidad haber convenido consigo misma la función representativa de su sentencia, pero esto nos llevaría a una escalada en temas metafísicos y teológicos fuera de lugar en este comentario. En lo que respecta a la analítica, esta cuestión podría llevarnos a discurrir sobre las tesis del lenguaje privado (Wingenstein) si este trabajo se circunscribiese dentro del ámbito del pensamiento puro. 143. De aquí el riguroso aserto «Sombras o simulacros...» al final del fragmento citado en el cuerpo de texto. «Las ambiciosas y pobres voces humanas todo, mundo universo» se limitarían a una mera función referencial de enorme «pobreza» en comparación con el potencial existente en la sentencia divina. 144. Respecto a esta posibilidad interpretativa, véase también PÉREZ (1986, 159-163). 145. Nouménico por lo menos para Tzinacán, a partir de sus preconcepciones. 146. Es frecuente en la obra de Borges el evitar la narración de los procesos por los que se llega a un hecho fundamental de la trama. Es una licencia que permite el pacto ficcional: no buscar en los hechos una explicación histórica, causal (cómo se ha llegado a esto), sino centrarse en el hecho mismo (qué sucede con esto, qué podemos pensar o esperar de esto). Así, por ejemplo, en «Pierre Menard, autor del Quijote», donde el autor evita la narración del proceso por el que se llega a una obra fragmentaria textualmente idéntica a otros fragmentos del Quijote de Cervantes. 147. En esta sección me veo obligado a prescindir de citas extensas en el cuerpo de texto, más que nada por economía de espacio, dado que las citas que me parecen relevantes para un comentario de esta narración en términos de filosofía del lenguaje abarcan prácticamente la mitad de la narración. 148. Vale la pena citar explícitamente las palabras, aunque sólo sea por aprovechar la relación que mantienen con el tema tratado: «Ni mi manto oscuro, ni el traje obligado de luto solemne, ni los suspiros vaporosos y profundos, ni el abundante río de lágrimas, ni la expresión abatida del rostro, a más de todas las formas, modos y clases del sufrimiento, pueden descubrir mi estado de ánimo. Todo son cosas que «parecen» en tanto acciones que el hombre interpreta» (Hamlet, 1, ii, 78-84). 149. Esta relación con el universo justifica la idea monogeneticista del lenguaje presente en la narración: aún en la variedad de idiomas y de combinaciones de idiomas (F, 93), permanece el uso de los mismos símbolos gráficos para expresarlos, en virtud de un único origen de la escritura, con una relación directa con los elementos del universo. 150. Obviamente, no es imposible la repetición artificial, como un acto de voluntad consciente por parte de un bibliotecario, de unas combinaciones sígnicas ya existentes en los libros. Lo que en la narración se señala es su absurdidad de acuerdo con los principios ontológicos, fundamentales de la existencia de este universo, señalados al principio de esta narración. Vid. Nuño (1986: 45-47). 151. En el caso de La escritura del dios, lo que se refiere es el efecto esperado de la pronunciación del signo: el cambio de los destinos del mundo. 152. La idea, considerada por algunos críticos como pura pose romántica, fue ampliamente explotada por el simbolismo como elemento fundamental de su propia poética. Poemas como Voyelles de Rimbaud o Sur le tombeau d'Edgar Poe de Mallarmé son su aplicación práctica. La determinante influencia posterior del simbolismo explica, a mi entender, la presencia de estas ideas en la literatura occidental del presente siglo, pero la demostración de esto sería ya dominio de un trabajo de literatura comparada. 153. Celebrado en la Casa de Velázquez de Madrid, del 26 al 29 de mayo de 1997.
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