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Notas170. Todo lo restante de este acto está lleno de accidentes atropellados a inverosímiles. Laertes, que partió para Francia al empezarse la Tragedia, está ya de vuelta en Elsingor, furioso por vengar la muerte de su padre, sucedida la noche antecedente. Hecho cabeza del vulgo amotinado que le aclama Rey, combate y dispersa las guardias del palacio y entra en él, seguido de sus parciales; sin que hasta ahora se haya tenido noticia alguna de que la nación esté disgustada con el Soberano, sin que se alcance por qué el pueblo pone los ojos en un Caballero particular como Laertes, que pasa su vida en hacer viajes; olvidándose del Príncipe, legítimo heredero del trono, a quien ama tan ciegamente que hasta sus defectos los aplaude como virtudes. Estas inconsecuencias manifiestan que el Autor se cansó poco en estudiar el plan de su Tragedia; pero en aquel tiempo (exceptuando en Italia, donde ya se conocía el arte) todos los Poetas Dramáticos hacían lo mismo. Lope de Vega, Hardy y Shakespeare siempre escribieron deprisa. 171. Volviéndose hacia la puerta por donde ha salido, detiene a los conjurados que le acompañan, y hace que se retiren. 172. Ruido y voces dentro. 173. OFELIA sale vestida de blanco, el cabello suelto, y una guirnalda en la cabeza, hecha de paja y flores silvestres; trayendo en el faldellín muchas flores y yerbas. 174. Hoy día se exige más corrección de ideas en cualquier autor: nadie habla ya con su calor, ni con sus lágrimas, y si lo hiciera se burlarían de él. 175. Este concepto alambicado, que se rompe de puro sutil, pudiera tener lugar en una Oda amorosa de Solís, o en un Soneto de Villamediana; en boca de Laertes son muy inverosímiles tales expresiones: Et ce n´ est point ainsi que parle le nature. 176. Por no dejar este pasaje en blanco, ha sido necesario substituir una traducción casi arbitraria. El original dice: Down a-down an you call him a-down-a. Estas palabras, en que no hay sentido alguno, como también las anteriores de Ay no ni, ay ay no ni, son estribillos usados en tiempo del Autor. En nuestras Comedias se hallan a cada paso intercalares semejantes; por ejemplo, en la de Guardarse a sí mismo, cantan: Luneta atalá allá de la sonsoneta En la de El garrote más bien dado; Yo soy tiritiridayna flor de la xacarandyna. Yo soy tiritiritina flor de la xacarandina. Esto y los estribillos modernos de la tirana, la jota, el caballo, cucú, holehole, chandé, trompilipitrompili, zerengue, cachirulo y otros de esta especie; ni pueden traducirse a otra lengua, ni en la nuestra significan nada. 177. A LAERTES. 178. A GERTRUDIS. 179. La ruda se llamaba en Inglaterra yerba santa del Domingo, porque los Curas Católicos usaban de ella, mezclándola con la bebida que daban a los energúmenos cuando los exorcidaban, y esto se practicaba en los Domingos. (Warburton en sus Notas a Shakespeare.)
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