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Rodica Marian
Instituto de Lingüística e Historia Literaria «Sextil Puscariu» (Cluj-Napoca) 1.1. La impresión del texto
poético integral de
Luceafărul (El lucero)36, con la
reedición de las variantes en una nueva forma, basada, en principio, en
la lectura e interpretación de los manuscritos de la edición
Perpessicius (Eminescu, 1943: 370-455) se convierte en una tarea cultural
absolutamente necesaria desde la perspectiva de la investigación moderna
del texto poético, tanto más si el volumen de la edición
académica en el que se encuentran estas variantes es bastante
difícil de encontrar, ya que el tomo data de 1943. Y más
todavía, si tenemos en cuenta que el texto más analizado de la
literatura rumana, el poema
Luceafărul, no ha sido todavía,
más que esporádicamente37, interpretado
Nuestra edición responde, en primer lugar, a la necesidad de establecer un texto poético integral de Luceafărul (el texto definitivo y las variantes), del que se ha establecido una lista de palabras poéticas, recogidas y definidas en el primer Diccionario de «Luceafărul» eminesciano (Marian y Şerban, 2000). Así, los valores semántico-poéticos del vocabulario integral, entre los cuales se van a establecer correlaciones y correspondencias intratextuales van a ser capaces de aclarar de otra manera el sentido global simbólico del gran poema y revaluar muchas opiniones exegetas de la gigantesca literatura sobre Luceafărul, integradas en la mayoría de los casos en una óptica reductora, tradicionalmente romántica. 1.2. Por su naturaleza, la disciplina de la
edición de textos como dirección analítica es una
actividad filológica destinada a asegurar el establecimiento del texto
auténtico «a través de una crítica de los textos, es
decir, a través del examen atento de todas las particularidades de
texto, gráficas y lingüísticas» (Gheţie y Mareş,
1974:10). Tal y como Carmen Vlad ha observado, con razón, aunque la
finalidad de la actividad filológica difiera de la del análisis
textual, concebido dentro de un sistema semiótico complejo, «los
métodos utilizados, al igual que una parte de los resultados obtenidos,
coinciden. En ambos casos interesa el conocimiento o el restablecimiento de las
condiciones
reales de la situación comunicativa
(el emisor = el autor, el lugar = el momento de la producción del texto)
por o
junto con la descripción
lingüística del texto» (Vlad, 1982: 85). Para precisar el
lugar que ocuparía la edición de un texto en el marco de una
semiótica, debemos apelar a la noción de semiótica
específica, tal y como ha sido comprendida por
1.3. La edición de textos, y sobre
todo el establecimiento de un texto integral, se puede englobar, en nuestra
opinión, en estas estrategias, y la teoría pragmática
sobre la que se forma esta disciplina filológica puede ser una
pragmática heterogénea, en acepción tipológica,
porque aborda al menos dos grupos de signos, al menos dos grupos de objetos y
al menos dos grupos de utilizadores de signos. Según Sanda
Golopenţia-Eretescu, la pragmática heterogénea se enmarca
evidentemente dentro de una semiótica heterogénea, guardando y
ampliando la distinción entre sintaxis, semántica y
pragmática, introducida por Charles Morris, desde 1938, en la
metateoría semiótica. Por lo tanto, en la sintaxis de la
semiótica heterogénea se encuentran sólo las relaciones
entre los signos, a nivel de dos grupos o de varios, en la semántica de
la semiótica heterogénea hay dos o varios grupos de signos y dos
o varios grupos de objetos, mientras que en la pragmática
heterogénea del objeto de la sintaxis y de la semántica se le
añaden dos o varios grupos de utilizadores de signos. Hablando de los
componentes tradicionales de la semiótica, la autora citada destaca que
en la teoría de Morris «la pragmática es lo mismo que la
semiótica global, es la forma máxima de la
semiótica» (Golopenţia-Eretescu, 1978: 7). La afirmación
es sorprendente, sobre todo porque ella no viene de un adepto de la
pragmática integrada, disciplina que no tiene más que los
componentes lingüística y retórica (Ducrot, 1984) y se opone
a unas consideraciones modernas sobre esta tradición. Entre las
definiciones clásicas de los tres componentes de la semiótica, un
diccionario específico más reciente (Moeschler y Reboul, 1999:
30) incluye también las contribuciones de unos filósofos del
lenguaje como
En cuanto a nuestro estudio, aceptaremos, por lo tanto, los parámetros metateóricos de lo que hemos definido más arriba como pragmática heterogénea. Nos parece evidente que el establecimiento de un texto integral se sitúa en una semiótica heterogénea, al tratarse de varios textos que deben ser puestos en una conexión semántica, es decir, las distintas versiones y variantes manuscritas deben ser relacionadas con el texto definitivo, bajo una relación sintáctica y semántica. En cuanto a los grupos de utilizadores de signos son más de dos, en este caso particular del texto integral de Luceafărul. El correcto conocimiento de los aspectos pragmáticos es esencial, como dice Carmen Vlad, para la comprensión y/o la interpretación del fenómeno textual, «incluso en las condiciones en las que la óptica interpretativa es una exclusivamente lingüística» (Vlad, 1982: 83), porque el texto como producto es el resultado de un contexto cultural específico, localizado en el espacio y en el tiempo. La interpretación pragmática incluye por consiguiente el nivel del conocimiento de las condiciones reales de la producción del texto (en el caso de Luceafărul, la datación y la ubicación de las seis versiones, como etapas distintas de la génesis del poema, al igual que las del texto definitivo, seguido luego de la versión Maiorescu, con sus propias condiciones y determinaciones pragmáticas, problemas que vamos a tratar puntualmente más adelante, en el párrafo 2.3.). En el aspecto pragmático entra también la condición espacio-temporal del utilizador de signos, que es en nuestro caso Perpessicius, el editor más competente de los manuscritos de Eminescu, al igual que los utilizadores, que son sus predecesores, corregidos o aceptados parcialmente, junto con la concepción y la finalidad perseguida por estas ediciones. Otro grupo de utilizadores, con sus propias determinaciones y con la visión específica, se configura a través de las intenciones de nuestra edición, de las exigencias de lo que hemos llamado el restablecimiento de un texto poético integral.
1.4. Antes de exponer las motivaciones que nos llevaron a reelaborar la edición Perpessicius, y antes de hacer referencia a la necesidad de reordenar semánticamente el material poético de las variantes en otra puesta en página, de tal manera que el lector pueda detectar más fácilmente las innovaciones, modificaciones o cambios de la expresión, vamos a mostrar que de esta reordenación del texto de las variantes se va a constituir lo que llamamos «el texto poético integral» del poema Luceafărul. Aplicando los términos de Schmidt (1973: 150) y las consideraciones vinculadas con el intertexto, Alexandru Niculescu intenta una definición más amplia del texto poético: «Consideramos texto poético todas las hipóstasis del proceso de constitución de la textualidad con función estética. Un texto poético engloba por lo tanto manuscritos, "submanuscritos", fragmentos, variantes y "borradores" en una conexión semántica, jerárquica y temporalmente organizada. [...] El texto "ideal" se encuentra implicado en cada intento de elaboración poética, desde la primera variante hasta el texto último (s. n., R. M.)» (Niculescu, 1980: 143-144). El texto poético integral tiene, por consiguiente, una estructura de profundidad común e idéntica tanto para las variantes (en la terminología de los teóricos franceses, avant texte), como para el texto publicado por el poeta. Es más, los constituyentes del texto definitivo (los lexemas, las construcciones sintagmáticas, las unidades de frase, etc.), que se pueden volver a encontrar también en las variantes, aseguran lo que hemos señalado en el contexto como conexión semántica. Vamos a añadir solamente que entendemos el texto poético integral de forma concreta, como un texto continuo, desde la primera versión hasta la impresa durante la vida del poeta y no de forma «ideal», en el sentido de que en esta totalidad se puede encontrar la estructura profunda del texto, la misma para las variantes, como para el texto definitivo. 1.5. La edición del texto integral de
Luceafărul hace posible, por primera vez,
el estudio del vocabulario específico de los intertextos, término
que comprendemos como textos de las cuatro versiones manuscritas distintas y de
las dos versiones impresas (con sus variantes, a veces muy numerosas) que se
han constituido como formas finales en cierto momento de la génesis del
poema. Estas versiones marcan y explican «la textualidad» del texto
integral. Conviene precisar, en este orden de ideas, que estamos de acuerdo con
las consideraciones y las delimitaciones recientes de Carmen Vlad acerca de las
cinco categorías de la transtextualidad en G. Genette, en el sentido de
que el fenómeno de la transtextualidad como aspecto de la textualidad es
una característica general textual (Vlad, 2000: 61) y no exclusivamente
objeto de la
1.5.1. Si tuviéramos que situar la
edición de texto (integral) dentro de la relación
específica de la lectura, podríamos decir que el editor puede ser
el lector más cercano al creador, en el sentido de que a él
también se le ofrece, como decía Valéry a propósito
del autor, una pluralidad de vías durante el trabajo de
producción (Valéry, 1938: 42), y la relación entre el
editor y la obra, al igual que la que hay entre el lector y la obra, a la que
se refiere Irina Mavrodin (1982: 14), puede ser vista como objeto de una
poiética «que se
interferiría con el ámbito de la pragmática, pero no
coincidiría con éste, ya que éste último estudia
prioritariamente el modo en el que los mecanismos de la recepción
están bajo la incidencia de unos consensos sociales». Por
consiguiente, la
poiética del editor refleja siempre
algo de las condiciones socio culturales de la época, y el proceso
dinámico entre
poiética y poética, propio
del trabajo del editor, se somete a una doble restricción: primero la
del conocimiento y de la reconstitución de las condiciones
pragmáticas de la producción de la obra propiamente dicha, y
luego debe percibir lo más correctamente posible el horizonte de
expectativas de la recepción particular de su época, es decir,
aquella determinación inscrita, según nuestra opinión, en
las diversas etapas de la valorización de las grandes herencias de los
clásicos. Creemos que es también el caso de Eminescu, hoy
sensiblemente disputado incluso en Rumanía, precisamente porque, desde
hace más de un siglo, se ha generalizado su simplificadora
catalogación de romántico tardío, que por supuesto ya no
cuadra con la sensibilidad actual. La
eminescología actual, muy diversa y
prolífica, no ha cambiado nada todavía a la
1.6. Una presentación del laboratorio
de creación de Eminescu puede interesar a cualquier amante de la
poesía del autor, a quien N. Iorga ha definido, desde 1929, como
«la expresión integral del alma rumana» (Perpessicius, 1989:
138) y es a Iorga también a quien debemos la sentencia «nada de lo
que Eminescu haya escrito es falto de interés». La
investigación y la edición de las variantes de
Luceafărul se vuelven instructivas en
muchos aspectos, entre los cuales el pragmático es esencial, como
decíamos, condensando un trabajo excepcional, a medida del valor del
poema. Se reconoce, en general, el carácter representativo de
Luceafărul para la obra del poeta:
«Si desaparecieran todas las poesías de Eminescu, se podría
reconstituir su personalidad, su lírica erótica,
metafísica, sus obsesiones esenciales, sólo a partir de
Luceafărul» (Constantinescu, 1987:
250). Son suficientes razones que subrayan la importancia de conocer los
manuscritos para el estudio del texto poético definitivo, que debe
descifrar también los secretos del sentido poético, con su
variedad de valencias. E s lo que Maria Corti considera
il viaggio testuale, viaje por medio
del cual el lector puede entrar en el texto y recorrerlo hacia innumerables
direcciones (Corti, 1978). Sintetizando, vamos a señalar, junto con
Alexandru Niculescu, la idea de que, en busca del núcleo de ideas
profundo del poema, cualquier manuscrito, submanuscrito o borrador «es un
indicio necesario y valioso. Un viaje al interior de un texto poético
significa también una implicación del texto en la cultura, en la
historia, en la sociedad» (Niculescu, 1980: 144). Lo que significa que el
texto integral puede acceder a la reconstitución correcta de una imagen
general, tanto del
1.7. Por consiguiente, todos los elementos contenidos por las variantes cobran importancia para comprender el gigantesco esfuerzo realizado por Eminescu en su conocida lucha con la forma, al intentar llevar el lenguaje poético a las cuotas de su sensibilidad musical y de hacer que éste abarque toda su imaginación. Eminescu, bien se sabe, estaba siempre buscando la palabra «que expresa la verdad», consciente de las dificultades en encontrarla (Cînd cu sete cauţi forma ce să poată să te-ncapă «o» Cînd pe mine forma, limba abia poate să mă - ncapă). Por eso, el constante interés mostrado por ciertos conceptos, en los que trabaja detenidamente, desvela aquellos centros de la poeticidad de los que hablaba Alexandru Niculescu. El análisis del texto integral va a acceder al refinamiento eurístico de la así llamada lectura temática, ella misma consecuencia de la lectura de las versiones y de las variantes del poema. La lectura temática, posible por la inclusión de varias lecturas de la expresión lingüística, tanto de las variantes como del texto definitivo, conduce también a una redefinición del objeto llamado texto poético, que debe ser comprendido como un continuum de variantes, versiones, borradores, todos relacionados por abarcar el mismo tema. Hace unos cuantos decenios, algunas teorías
poéticas han planteado insistentemente el problema del texto
poético como proceso de elaboración, como un trabajo permanente,
móvil y continuo, cuya última fase es, obligatoriamente, el poema
en su forma final. Paul Valéry (Cimpoi, 1999: 61) concebía la
variante como una forma de manifestación de las profundidades,
íntimamente relacionada con la idea de que el poema no está nunca
terminado, y su forma definitiva se debe a un simple accidente, a un
acontecimiento fortuito. El mismo Valéry hablaba también de una
«intencionalidad» del hacer del poema, en el sentido de que la
elección que implica en cada momento la actividad creadora se
sitúa a menudo «fuera de la creación misma», y los
efectos divergentes, posibles y legítimos de la obra corresponden a la
pluralidad de vías que se le han ofrecido al autor durante la
creación (Valéry, 1938: 32, 42), lo que en los términos de
la
poiética moderna (Mavrodin, 1982:
70-71) puede significar no solamente un intento de teorizar la lectura plural a
través de la perspectiva de la
poiética, sino también la
inclusión en el proceso
poiética/poética de la
pluralidad de los intentos materializados en variantes. También se ha
discutido
1.8. Al examinar atentamente las versiones y
las variantes sucesivas del proceso de creación de
Luceafărul, vamos a descubrir aquellos
elementos que satisfacen o no las exigencias del poeta, transformaciones y no
transformaciones, correcciones de la construcción del poema,
modificaciones de las relaciones entre los elementos, eliminaciones y
reintegraciones, en fin, aquellas formas que han sido abandonadas en «la
noche de los manuscritos». El estudio de éstos es especialmente
útil, como lo demostraba Perpessicius en 1937, para colocar las
discusiones «en el corazón mismo de la creación y de sus
múltiples secretos» (Perpessicius, 1989: 24). La preferencia por
el valor poético de las variantes, de las póstumas de Eminescu en
general, es evidente también en otro gran editor, Petru Creţia, que ha
continuado el laborioso trabajo de Perpessicius. La idea de que Eminescu no
tenía una conciencia crítica adecuada a su propio valor y que las
publicaciones hechas durante la vida, con su perfecta forma esculpida, son
inferiores al esplendor único y a un lirismo frustrado y de
auténtico impulso visionario de los manuscritos, ha sido sostenida
también por I. Negoiţescu, pero Petru Creţia observa además el
hecho de que los tesoros de poesía que han sido recuperados por la
publicación de los manuscritos se los debemos a la instancia
crítica que representa «la tradición de una cultura
orgánica, equilibrada y lúcida, que ha dominado la voluntad [del
poeta]: a través de Maiorescu, de los editores de las póstumas de
principios de
Por otra parte, la integralidad de las versiones del poema Luceafărul tiene la ventaja de poder recuperar algo de la intención del autor, cercana a la estructura de profundidad del proyecto del que ha nacido el poema, proyecto al que la estrategia de la edición debe hacer perceptible. Existe, como se ha dicho, siguiendo los términos de la estilística del autor, un «etimón espiritual» de cada obra, según la conocida expresión de Leo Spitzer, o, como lo muestra recientemente Ion Coteanu, un núcleo referencial que «contiene la totalidad de los elementos implicados en la acción de imaginar el mundo del texto» (Coteanu, 1985: 28). Nos parece interesante que Eminescu, en un artículo de juventud, intuyera una verdad parecida hablando de la necesidad de que la poesía codificara una idea poética: «La idea es el alma y este alma lleva ya dentro como inherente el pensar de su cuerpo» (Eminescu, 1977: XX). El texto integral de un poema puede informarnos sobre su autor, partiendo de lo que el poeta ha entrevisto, porque, tal y como lo ha demostrado A. Niculescu en el estudio citado (1980: 144) «el texto último no puede contener más que los resultados: los avant textes completan la imagen poética, presentando los esfuerzos, los intentos, los avatares de la creación. Esto ayuda en la reconstrucción de lo que la exégesis llama Formgeschichte». Por lo tanto, vista desde una perspectiva semiótica, la constatación de estas ventajas apoya nuestra idea de que la estrategia de reconstrucción implicada en la edición del texto integral debe tener en cuenta el destino de éste, que, en última instancia, es la puesta en evidencia misma de los sentidos escondidos del poema, es decir, en otras palabras, según la expresión de Eminescu, debe descifrar lo que el poeta ha codificado deliberadamente en los símbolos de la poesía. 2.1. Al editar los manuscritos, surge el
problema de su ordenación (incluyendo también lo que Perpessicius
llamaba «submanuscritos»), en función del descubrimiento de
las relaciones de continuidad entre las variantes, operación que supone,
a su vez, la puesta en evidencia de los elementos comunes de una versión
a otra. Desde un punto de vista semiótico, esta interacción
supone una sintaxis, cercana a la heterogeneidad de las relaciones entre los
signos de cada versión. De la misma manera, a través de la
estrategia de la edición se van a seguir las relaciones
semánticas entre los signos de cada versión o variante y lo que
hemos definido más arriba como núcleo referencial del poema,
etimón espiritual o idea
poética codificada. A lo largo de esta interacción, que tiene
supuestamente la finalidad de aproximar el símbolo poético
En la edición de Perpessicius, las versiones de Luceafărul, han sido establecidas también en base a los criterios de continuidad de las etapas de creación del poema, mientras que la edición del texto integral, en tendido por nosotros como un continuum, desde la primera versión manuscrita hasta la edición de Maiorescu, está destinada a redescubrir los elementos comunes de las variantes (palabras, sintagmas o incluso estrofas) que aseguran la coherencia del texto poético y permiten su inclusión como variantes del mismo poema. Por consiguiente, los elementos comunes aseguran la pertenencia de las versiones y las variantes al mismo poema. Hay sin embargo casos controvertidos, como sería el de las poesías póstumas: Dacă iubeşti fără să speri, Şi ocre tot n-ai înţeles..., Să fie sara-n asfinţit, Un farmec trist şi ne- nţeles, juzgadas por Perpessicius como pertenecientes a la constelación de Luceafărul, y consideradas por otros editores como variantes y preludios líricos del gran poema. Hemos recogido en el Anexo de nuestra edición referencias y argumentos a estas póstumas así como estos mismos textos. 2.2. Aunque «el despojarse de los
adornos», fenómeno apuntado por G. Ibrăileanu y analizado
atentamente por T. Vianu, ha significado un progreso en la exigencia de la
forma y en el filtro de la estilización poética eminesciana, la
recuperación en el texto integral de aquellas formas brutas, origen del
lirismo de las profundidades, con sus conceptos y elementos expresivos,
incorporando a veces la sensibilidad más pura, puede ser un esfuerzo
recuperador y compensatorio en el sentido subrayado por las opiniones de I.
Negoiţescu (1980: 17-18). El crítico analiza el trabajo de Eminescu
hacia una forma cada vez más sobria, despojada de lirismo y demuestra
que las formas perfectas publicadas en vida son inferiores, a menudo, a la
ternura y al lirismo puro de las póstumas. Así se va a poder
comparar el tono original de la poesía de Eminescu y las potencias
líricas de las póstumas, aquí variantes del poema, con las
formas resultantes de la modelación estilística, por
selección y eliminación de lo sobrante. Las formas perfectas
2.3. En cuanto al valor de las variantes, George Uşcătescu parte de la plenitud ontológica de la poética de Eminescu, y subraya, naturalmente, la importancia de su significación para la comprensión del poema definitivo: «Una cosa es la "génesis" y la "historia" del proceso creador de la poesía de Eminescu en su titánica lucha por obtener formas poéticas válidas para la eternidad del Verbo rumano y otra cosa es la cuestión de la fórmula superior lograda, que nuestra misma sensibilidad expresiva prefiere y elige sin vacilar, aún cuando se trate [...] de una "variante", quizá no la última en la cronología» (Uşcătescu, 1968: 13). Desde nuestro punto de vista, una formulación de variantes puede ser significativa en sentido pleno, no sólo bajo el aspecto de la expresividad, sino incluso para desvelar el pensamiento profundo, la estructura mental que genera ideológicamente el poema. La célebre estrofa final del poema definitivo: Trăind în cercul vostru strîmt/Norocul vă petrece,/Ci eu, în lumea mea mă simt/Nemuritor şi rece39 no se había perfilado todavía en las primeras dos versiones manuscritas del poema; en la primera ni siquiera aparecía la escena del bosque, pero el final de la versión original nos parece de lo más importante, porque se separa evidentemente de la tradicional interpretación romántica del genio no comprendido: Şi se aşază iar pe cer/Lucind singurătăţii (Y se posó de nuevo en el cielo/Brillando a la soledad). Estos dos versos aparecen bruscamente, sin ninguna
relación con el resto del texto de la versión. La palabra
singurătate (soledad) persiste
Tales ejemplos (véanse los archilexemas
muerte, no vivencia, sentir, palabra, las
construcciones poéticas el pesar de la negra nada, círculo
estrecho, mi mundo, el silencio del mar etc.) de clasificación
diferente o muy matizada en comparación con las definiciones contenidas
en un anterior y riguroso
Dicţionar al limbajului poetic eminescian
2.4. Tal y como lo señalábamos en el intento de teorizar semióticamente la edición de un texto integral, sobre todo uno de la complejidad y amplitud del texto poético de Luceafărul (en versión genuina el discurso del demiurgo tiene más de 100 estrofas), la estrategia y/o la interpretación pragmática contiene necesariamente el conocimiento de las condiciones reales de la producción del texto. La recepción crítica y la valorización de las etapas de la creación del poema Luceafărul han tenido un destino tan especial como la evolución perturbada de su exégesis, que desde hace más de 120 años asalta, desde distintas perspectivas, el secreto de este seductor poema. Si tuviéramos que juzgarlo exclusivamente como obra maestra de la poesía rumana, el poema Luceafărul debería ser, como cualquier creación lírica, una sublimación mediante la magia del verso de un acontecimiento de vida. Tratándose, sin embargo, de un poema de grandes proporciones, en el que se reúnen el lirismo y los elementos de cuento, de tal forma que por las virtudes de la fórmula de balada se juntan la vibración poética y la estructura épica y dramática, la cumbre de la creación de Eminescu no es el resultado de un impulso creador de momento, sino de un largo proceso creador, con etapas laboriosas, con vueltas, desarrollos y modificaciones, que se realizan a lo largo de un decenio: 1872-1883. La concepción unánimemente admitida es que el poema Luceafărul tiene como base otro poema original de Eminescu, de inspiración folclórica, con el título Fata în grădina de aur (La joven en el jardín de oro), cuya versificación realiza Eminescu a partir de un cuento rumano de Muntenia, cuento recogido y publicado por el alemán Richard Kunisch, en el volumen Bukarest und Stambul. Skizzen aus Ungarn, Rumänien und der Türkei, publicado en Berlín, en 1861. El cuento de Kunisch como fuente de inspiración de la más lograda creación de Eminescu es un lugar común de la crítica, empezando por Moses Gaster, Ilarie Chendi y científicamente argumentado por D. Caracostea, continuando con G. Bogdan-Duicã, G. Ibrăileanu, D. R. Mazilu, E. Lovinescu, Perpessicius, G. Călinescu, T. Vianu, D. Popovici, etc. Esta opinión está apoyada en las mismas palabras
de Eminescu, en una célebre nota descubierta por D. Caracostea en el
manuscrito de una de las variantes del poema: «Mientras describe un viaje
a los países rumanos, el alemán K. cuenta la leyenda del
Luceafãr. Éste es el cuento. Y el
sentido alegórico que le he conferido es que si el genio no conoce la
muerte y su nombre se pierde en la noche del olvido, por otra
2.4.1. Se ha discutido mucho sobre la autenticidad del cuento de Kunisch, que no es popular, sino más bien un cuento romántico culto. La versificación eminesciana del cuento es considerada por Perpessicius como una forma anterior al poema, texto independiente de las versiones del poema propiamente dicho, entre las dos creaciones de Eminescu, habiendo una diferencia de clase, de categoría. Las evidentes diferencias de contenido y forma de la versificación nos llevan a considerar el cuento versificado como un texto independiente y no integrado en las versiones manuscritas de Luceafărul. La crítica ha gastado mucha tinta para subrayar pareceres y diferencias entre los dos textos, considerando, por supuesto, el poema en su forma definitiva. El cuento versificado Fata în grădina de aur ha sido atribuido a la época de Berlín de los estudios de Eminescu, según los manuscritos en los que ha sido incluido, y fechado en el año 1872, según Caracostea, y entre 1873-1874, según Perpessicius. El cuento versificado por Eminescu se diferencia mucho del cuento recogido por Kunisch, del poema Luceafărul, pero sobre todo de la primera versión manuscrita de éste. Nos parece interesante un hecho no observado por los exegetas del poema, el que después de diez años de la versificación del cuento, en la tercera versión del poema, titulada La leyenda del Luceafãr, fechada el 10 de abril de 1882, Eminescu vuelve a la ternura del final de la creación anterior, radicalmente diferente, de hecho, de la cruel venganza del dragón del cuento de Kunisch. La maldición del dragón traicionado pierde la dureza de la fuente inspiradora, pero gana una ambigüedad, más allá de la comprensión mostrada: Fiţi fericiţi - cu glasu-i stins a spus -/Atât de,fériciţi cît viaţa toată/Un chin s- aveţi: de- a nu muri deodată (Sed felices -les dijo con voz apagada/Tan felices toda la vida/Una sola pena tened: no muráis juntos) y en la versión del poema a la que nos referimos: Trăind porumbi împerecheţi/Viaţa voastră toată/Un singur bine să n-aveţi/Să nu muriţi deodată
(Viviendo como palomas emparejadas/Toda vuestra vida/Un solo bien sin alcanzar/Que no muráis juntos). Es curioso que Eminescu no haya considerado incompatible esta solución reiterada con otra variante del final, cercana a la del texto definitivo, pero mucho más estremecedora: Trăiţi în cercul vostru strîmt/Şi în favoarea sorţii/Căci ceea ce în sufet simt/E voluptatea morţii (Vivid en vuestro estrecho círculo/Y con la suerte favorable/Pues lo que yo siento en el alma/Es la voluptuosidad de la muerte). 2.4.2. Las versiones propiamente dichas de
Luceafărul han sido ordenadas
cronológicamente por el erudito Perpessicius y clasificadas, en orden:
A, B, C, D, E, abarcando todo el material manuscrito y publicado del poema. A
todo esto se le añade la versión F, la de la edición
Maiorescu, ulterior a la publicada por el poeta y modificada por el
crítico editor. Éstas son versiones autónomas, siendo
formas surgidas en cierto momento de la realización del poema, de
costumbre transcritas caligráficamente. La versión A, fechada
1880-1881, plantea a los editores y a todos los comentaristas, problemas muy
difíciles, pero, según nuestra opinión, también muy
importantes para el contenido filosófico y de ideas del texto integral.
Es una versión incompleta, no uniforme, la primera siendo muy clara, y
la segunda fragmentaria, interrumpida continuamente y repleta de sentencias y
filosofías abstractas metaforizadas, que han extrañado a todos
los investigadores, sobre todo a los maravillados por la aparente claridad del
texto definitivo. La aparición del nombre Brahma y del tema
la muerte es la madre de la v ida,
considerado por nosotros una referencia semántica (Marian, 1999 a)41, al igual que la relación entre la
demostración desarrollada en esta auténtica lección
iniciática que contiene 100 estrofas con algunos modelos de
Upanişad, se puede decir que no estamos
ante un carácter nebuloso y borroso, como cree Perpessicius (Eminescu,
1943: 376) y demuestra Guillermou (1977: 370), de unos fragmentos de texto que
no van a ser en la forma última del poema el discurso demiúrgico,
sino, todo lo contrario. Ejercida con ramificada imaginación, domina
aquí la mentalidad brahmánica, en la que la eternidad del ciclo
muerte-vida se conjuga con la unidad del universo y con la eternidad
La versión B sigue de cerca a la primera; está fechada aproximadamente en el año 1881, y es la más extensa de las versiones del poema, teniendo 452 versos. Es un texto mucho más elaborado que la versión genuina, la parte fragmentaria de lo que hemos llamado «la lección iniciática» de la versión A se ha organizado en un discurso demiúrgico enmarcado por el vuelo del Luceafãr y por la escena final del bosque. La sustancia del debate de la lección de la versión genuina se contrae en cierto modo, pero persisten las grandes ideas de la configuración del universo de la filosofía brahmánica, la entidad llamada ahora «San Uno» sustituye a Brahma, al igual que perdura el tema del «pequeño yo» humano que no comprende la permanencia de la forma y la eternidad del alma. La unidad del universo, con su correlativo, la eternidad de la existencia, abarca también la abstracción del tiempo: «Să piară timpul înnecat/În văi de întuneric/El s-ar renaşte luminat/Ca să senvîrte sferic (Que muera el tiempo ahogado/En valles oscuros/Él volvería a nacer brillante/Para girar en círculos). La versión C, titulada La leyenda del Luceafãr está fechada por el poeta «abril 10-1882». Tiene una forma muy cuidada, transcrita en limpio, y con muchísimas correcciones, señal que ha sido leída y comentada quizá en las reuniones de Junimea. El debate filosófico es drásticamente reducido, codificado casi, al igual que en el texto definitivo, en versos como: «Dar piară oamenii cu toţi/S-ar naşte iarăşi oameni»; «Un soare de s-ar stinge-n cer/S- aprinde iarăşi soare» y sobre todo «Căci toţi se nasc spre a muri/Şi mor spre a se naşte» (Pero si murieran todos los hombres/Otros hombres nacerían; Si un sol se apagara en el cielo/Otro sol se encendería; Pues todos nacen para morir/Y mueren para nacer). La versión D lleva la fecha 28 de octubre de 1882 y es
una versión parcial, abarcando los versos 265-332, conforme a la
numeración de la forma definitiva del poema. El manuscrito tiene dos
columnas paralelas,
La versión E es la versión definitiva, la
publicada en el
Almanaque de la sociedad «Romînia
Jună», estando fechada, según el prólogo de la
revista, en abril 1883. Se han sacrificado muchas soluciones de la
versión D, así que la versión definitiva a la que
más se parece es a la versión C. La versión F,
según Perpessicius, es la forma del poema en la edición
Maiorescu, en cuyo texto se opera una intervención importante frente a
la versión publicada por el poeta.
Luceafărul está incluido en el
primer volumen de poesía de Eminescu, editado por el crítico Titu
Maiorescu en 1883, volumen publicado a finales de diciembre. El poema recibe
dos cambios esenciales. El primero, la eliminación de cuatro estrofas,
la primera de ellas la estrofa 77, en la que se concentra expresivamente,
según nuestra opinión, no tanto la caducidad de las aspiraciones
humanas, como el volver cíclico en la eternidad de la existencia:
Ei numai doar durează-n vînt/Deşerte
idealuri -/Cînd valuri află un mormînt/Răsar în urmă
valuri (Ellos sólo duran en el viento/ldeales vanos -/Cuando las
olas mueren/Detrás nacen otras olas). Maiorescu no ha entendido la
necesidad de estas estrofas, al no tener capacidad de recepción de la
sustancia del contenido de filosofía índica, remanente en el
texto definitivo, aunque drásticamente resumida frente a la
versión A. Las siguientes tres estrofas eliminadas (82, 83, 84) son las
en que El Padre celestial le ofrece a Hyperión destinos excepcionales en
las cumbres de la sabiduría, del arte y de la acción, glorias que
se enfrentan al tiempo y cuadran con un genio in
statu nascendi, teniendo por lo
tanto, su función indudable en la formación del poema. El segundo
cambio es una intervención en el texto publicado del poema durante la
vida del poeta, Maiorescu sustituyendo los últimos dos versos de la
estrofa 81 con unos escritos por el mismo, según Perpessicius:
Tu eşti din forma cea dintîi,/Eşti
veşnică minune (Tú eres de la forma la primera/Eres eterna
maravilla). Aunque convencionales, estos versos, al igual que la arbitraria
versión de Maiorescu, se han impuesto en la época por el
prestigio del que los había patrocinado, siendo considerada esta
versión superior a la versión publicada por el poeta en abril de
1883. Es reproducida en las ediciones más prestigiosas de poesía
de Eminescu, sobre todo las anteriores a la edición académica de
Perpessicius (G. Ibrăileanu, C. Botez, M. Dragomirescu,
2.5. El estudio de las variantes de Luceafărul en la forma editorial dada por Perpessicius, la más prestigiosa por supuesto, es, sin embargo, difícil y complicada, porque el material poético de las variantes es con signado sólo al pie de página de la versión considerada acabada en cierto momento de la génesis del poema, algunas formas y subvariantes, apareciendo incluso después de unas cuantas páginas con respecto al verso o a la estrofa llamada por Perpessicius «de la primera planta», es decir, la reproducida en la página propiamente dicha de la edición, mientras que las variantes aparecen en mayúsculas y tienen notas. La edición de Perpessicius quiere poner de manifiesto el proceso de creación de Eminescu, tanto en la búsqueda de las formas como en la cronología de las distintas etapas. Sin dejar de lado estos aspectos, nuestra edición tiende a poner de relieve, al situar las variantes de una versión en paralelo, la evolución y las transformaciones del material lingüístico y semántico, con sus relieves, con sus correcciones y retornos significativos de una variante a otra. En cierto sentido, la ausencia de las variantes, en ciertos fragmentos del texto de las versiones, es significativa, atestando la continuidad de la inspiración, la certeza de las intuiciones. Por otra parte, los fragmentos o las secciones en los que se intentan varias variantes (en la versión D la estrofa formada por los versos 317-320 tiene 17 variantes) ponen de relieve sucesivas modalidades de expresar aquellas «verdades» de la meditación del poeta que le obsesionan y le dominan en un momento preciso de la creación del poema. Incluso en este último caso, la colocación comparativa de las variantes, en columnas paralelas, sólo puede presentar ventajas. El examen de las variantes sucesivas de
Luceafărurl y la labor del investigador en
las modificaciones, innovaciones o correcciones, tal y como aparecen
éstas en la edición de Perpessicius, se ven dificultados por las
mismas intenciones del editor, al perseguir antes que nada la
2.6. Al igual que los que han interpretado los manuscritos de Eminescu antes, sobre todo los manuscritos del poema Luceafărul, es decir, las ediciones Scurtu, Botez y D. R. Mazilu, Perpessicius se propone dilucidar el problema de la filiación de los manuscritos y el de la cronología de las versiones y, dentro de los límites del carácter mismo de su edición, «mucho más modesto», el de «presentación de los materiales-manuscritos» (Eminescu, 1943: 371). En una entrevista realizada en 1970, el gran editor precisa: «La edición crítica de los seis volúmenes de poesía de las Obras de Eminescu tiene el propósito, en primer lugar, de restituir la tabla más precisa de las variantes e, implícitamente, el proceso de ultimación del texto definitivo. [...] Las dos operaciones, aunque netamente diferenciadas, se han desarrollado permanentemente juntas» (Perpessicius, 1989: 246-247). Pero el ejemplar crítico añade, en los comentarios a las variantes de Luceafărul, estas palabras, válidas y actuales hoy día más que nunca: «Lo que no significa que no exista un gran problema con respecto a Luceafărul, por encima y más allá de sus datos primarios, que ha llamado la atención de todos nuestros investigadores, críticos literarios o estéticos y que vale la pena ser esbozado al menos, sino presentado incluso, en este lugar. [...] Vamos a reunir en un apéndice bibliográfico mínimo estos aspectos, aquí y por la fuerza de las cosas un poco abandonadas» (Eminescu, 1943: 371, s. n., R.M.). El problema de Luceafărul es el secreto mismo de su interpretación, un secreto asaltado por todos lados desde hace más de 120 años y que va a perdurar quizá incluso después de los futuros intentos de esclarecerlo. A diferencia de las ediciones Botez y Mazilu, Perpessicius
corrige los errores de filiación, que provienen «en su
mayoría, por no haber considerado los elementos materiales y los
caracteres gráficos de los diferentes manuscritos y, en segundo lugar,
por no haber tomado en cuenta la forma de trabajar del poeta. Un borrador puede
ser puesto al mismo nivel que una versión, caligráficamente
transcrita y que representa un estado, una edad del poema, independientemente
de si la distancia
2.7. Partiendo del material de las versiones y de las variantes de éstas, tal y como están transcritas en la edición de Perpessicius, nuestra edición realiza una reordenación, reflejada en la puesta en página de todas las variantes, de tal modo que se puedan seguir comparativamente, dentro de una versión, las innovaciones, los retornos, las transformaciones léxicas y las del contenido semántico. Perpessicius ha ordenado las variantes, después de una larga investigación de los manuscritos, en cuatro versiones autónomas (A, B, C, y D), sin añadir el cuento Fata din grădina de aur (publicado en el volumen VI de la edición académica, el consagrado a la «Poesía popular») y tampoco las versiones impresas, que comenta, sin embargo, en el segundo volumen, con algunas referencias significativas, llamándolas versión E, que es el texto publicado en el Almanaque «Romînia Jună» y reproducido en el primer volumen de la edición académica de la obra de Eminescu (Eminescu, 1939) y la versión F, es decir, el poema de la edición de Maiorescu, no reproducido en su edición por consideraciones naturales, el texto de esta edición siendo una amputación y una modificación del texto del Almanaque, tal y como lo mostramos, detalladamente, en nuestra edición. Sobre la distinción entre variante y versión, Perpessicius precisaba, concisa y elocuentemente, en un artículo escrito en el año 1964, con motivo de la conmemoración de 75 años de la muerte de Eminescu: «Normalmente, variante es cualquier forma superada, dentro del proceso de elaboración de un poema. Cuando estas formas superadas concurren en la cristalización de un molde configurado, autónomo, dentro del mismo motivo, naturalmente, el término "versión" es preferible» (Perpessicius, 1989: 19-20). Nuestra opción para el texto poético integral ha determinado, en primer lugar, la posibilidad de presentar en orden las versiones, incluidas las impresas, excepto el cuento Fata din grădina de aur, texto que consideramos independiente de las versiones del poema Luceafărul.
2.8. Dentro de cada versión (A, B, C, y D), Perpessicius ha situado «arriba» una forma que los manuscritos han impuesto como definitiva en cierto momento de la génesis del poema, forma a la que están subordinadas las variantes enviadas a pie de página, reproducidas en letra pequeña, al igual que las notas. Las variantes aparecen así en la parte inferior de cada página, pero en numerosos otros casos y otras variantes, en realidad subvariantes, de unas estrofas de la versión estándar, aparecen, algunas páginas más adelante, las notas, que son muy numerosas, o incluso al final de una versión, impresas en bloque, ya que su inserción en la parte inferior de las estrofas «de arriba» habría desarticulado la unidad del manuscrito en el que figuran42. Cada verso o estrofa variante es identificable como tal, según el número del verso, por lo tanto funciona como alternativa a la estrofa o al verso de la versión «de arriba». Cuando la estrofa o el verso de la versión estándar (la «de arriba») tiene más de una variante, Perpessicius consigna este hecho poniendo cifras o letras; así el lector puede rehacer el proceso de las correcciones o de las innovaciones para cada estrofa o verso por separado, si se esfuerza un poquito y es asiduo en sus investigaciones. La numeración de las versiones de la versión de arriba es, en la edición de Perpessicius, idéntica a la numeración de algunos manuscritos de Eminescu, es decir de 5 en 5 versos. Respetando la forma de trabajar del poeta, esta solución adoptada por el editor hace bastante difícil el seguimiento de las variantes. 3.1. Una primera diferencia entre nuestra
edición y la de Perpessicius es la modificación de la
numeración de los versos de la versión «de arriba»;
el hecho de que cada verso sea numerado continuativamente en nuestra
edición facilita la comparación de las variantes y ayuda en la
consulta, al poder comparar el texto con las formas de las demás
versiones. Por eso, si bien el número de estrofas y de versos no es
idéntico de una versión a otra43, el investigador puede sorprender, según el
número del verso, el momento preciso del fluir del texto en los
El auténtico laboratorio de trabajo en la expresión, del trabajo en busca no tanto de las formas perfectas, sino de «la palabra que expresa la verdad», lo podremos seguir en los avatares de las variantes dentro de una versión, tal y como nuestra edición los presenta, en columnas paralelas. En esta fase del trabajo, para cada versión en parte, Eminescu no ha meditado obligatoriamente en la perfección del verso o en la génesis de la imagen, sino que se ha concentrado en «la idea poética», que es «el alma», como dice el poeta. Los retornos ulteriores, de una versión a otra, atestan, además de la continuidad de la creación y lo novedoso de unas ideas poéticas insólitas, otro tipo de proceso, el del refinamiento estilístico, de la renuncia a los elementos demasiado concretos o de los considerados sobrantes. Lo que nos conduce a la constatación de que entre las variantes imperfectas de las versiones independientes vamos a encontrar las más numerosas imágenes no estilizadas formalmente, análogas a las del lirismo puro que I. Negoiţescu admiraba en las póstumas eminescianas. 3.2. La intención de nuestra
edición es, por lo tanto, reflejar el trabajo del poeta durante la
realización de una versión, facilitando el seguimiento de las
variantes con las transformaciones, cambios espontáneos y sus retornos a
formas anteriores. A diferencia de la edición de Perpessicius, que, en
esencia, respetamos en cuanto a la lección de los manuscritos, la
novedad importante es la puesta en página de la versión y de las
variantes, de tal forma que se pueda seguir comparativamente el proceso del
pensamiento y de los procedimientos de expresión. La primera columna de
la izquierda reproduce el texto de la
Nuestra solución no es una ideal. Hemos intentado
subsanar algunos defectos adoptando un artificio técnico. Cuando la
edición académica consigna un número de variantes superior
a 3, hemos situado debajo de la primera columna, cuyos versos están
numerados, otra columna, que debe ser considerada la cuarta, a la que siguen,
en orden, de izquierda a derecha, la quinta columna y la sexta. Para marcar el
hecho de que se pasa a la cuarta variante del ver so numerado en la primera
columna hemos vuelto a numerar el verso respectivo con el mismo número
que el verso de la primera columna. Es más, con el fin de señalar
la continuación de las variantes, cuando aparece de nuevo la
numeración, hemos puesto debajo de la estrofa o del verso que tiene
más de tres variantes, el signo
[1] [2] [3] Los casos muy raros en los que los versos de la versión
de «arriba», la primera de la izquierda en nuestra edición,
tienen más de nueve variantes, se resuelven siguiendo el mismo
procedimiento, es decir volviendo a numerar e introduciendo el signo de
continuación:
3.3. Otra modificación importante, frente a la edición de Perpessicius es la introducción en la primera columna de la izquierda, es decir, «arriba», de unos versos o estrofas que no tenían esta consideración en la edición académica. Estas estrofas, consideradas como variantes por Perpessicius, merecen una especial atención, aunque hayan sido excluidas por el poeta de la versión copiada. Muestran que, en una fase anterior, se ha trabajado una idea, muy pronto sacrificada por el poeta. El lector es, por lo tanto, incitado a buscar y encontrar así esos primeros elementos sobrantes y eliminados por el poeta, pero que contienen, a veces, las más interesantes sugerencias con respecto a la inspiración y a la idea poética primaria. Las estrofas añadidas a la edición de Perpessicius, se han incorporado en la columna de la izquierda y pueden ser identificadas por la numeración de los versos anteriores a ellas, añadiendo a. Así, la estrofa 305a-308a está incluida, en la versión B, antes de la primera estrofa del requerimiento del Luceafãr, y contiene el primer pensamiento del poeta en la formulación de la oración hacia El Padre. La estrofa no es una cualquiera, teniendo además unas cuantas variantes: Al cărui unic nume sfînt/Nu-l ştie nici o limbă,/Te rog, în mînă de pămînt/Fiinţa mea o schimbă (A ti, cuyo único nombre santo/Desconocen todas las lenguas/Te pido, en mano de tierra/Cambia mi ser). Frente a la discreción del texto definitivo, en el que la instancia invocada por el Luceafãr es sólo un padre y Señor, estos versos aportan informaciones valiosas, el «único nombre santo», siendo sustituido en la variante por «único signo», lo que está repleto de significaciones. Resultan muy interesantes las situaciones que aparecen
señaladas en el corpus de la edición con los dos signos, es
decir, tanto con el signo
), como con el que atesta una estrofa
inexistente en la versión considerada estándar por Perpessicius,
es decir, la de la izquierda, situaciones marcadas con:
. Este tipo de situaciones son menos
frecuentes, pero no por ello menos importantes, ya que muestran el lugar en el
que, a menudo inesperadamente, se concentra la tenacidad y el trabajo creador
del poeta. Dicho de otra manera, tenemos señalados de esta forma
aquellos «núcleos de
poeticidad». Mencionamos aquí
sólo un ejemplo, edificador para alguien que va a estudiar la
poeticidad de la «nada» en el
texto poético integral. En la versión B, la estrofa 293-296 tiene
cuatro cambios de numeración, lo que significa que ha tenido 12
variantes, de las que una ha sido considerada como la versión definitiva
en cierto momento de la génesis del poema. De las 12 variantes, 6 son de
la estrofa 293a-296a, que no
aparece en la versión estándar:
Aci vecia a-ncetat/Să se-nvîrteasc
ăsferic,/Virgin de raze şi păcat/Se - tinde întuneric
(Aquí la eternidad cesó/De girar en círculo/Sin rayos ni
pecado/ Se extiende la oscuridad). Vemos, de manera inmediata y
explícita, cómo el poeta concibe la nada como una
superación de la visión circular del tiempo. Tampoco faltan las
implicaciones de extracción filosófica que pueden asociar la
oscuridad con
adăpostul stingerii (la guarida de la
muerte) o al
păcii (de la paz) de otras variantes. Otro
ejemplo encontramos en la misma versión B, en el momento textual del
comienzo del vuelo del
Luceafăr. La versión de
«arriba», es decir, la numerada por nosotros, abarca este fragmento
en 26 versos (de 277 a 293). Las columnas paralelas de las variantes cuentan
más de 100 versos, lo que habla de por sí del esfuerzo gigantesco
del poeta para sorprender en imágenes la gran aventura del
Luceafãr. El caso más elocuente es
el de la estrofa 317-320 de la versión D, en el que algunos versos
tienen 17 variantes; la estrofa está excluida de la versión
definitiva (E), su desaparición haciendo hermética la naturaleza
de la hipóstasis textual llamada
Hyperión. Se puede seguir en la
lectura de estas variantes el esfuerzo del poeta por esbozar la verdad
abstracta acerca del no creado
Hyperión, congénere del Padre
celestial, al igual que las motivaciones profundas de la imposibilidad, a causa
de su condición, de recibir vida y muerte:
Cum ai putea să fii zidit/Din lacrimi şi din
vină -/Cînd eşti din veci nerăsărit/Lumină din lumină
(Cómo podrías estar hecho/De lágrimas y culpas-/Cuando por
la eternidad engendrado/Luz de luz) o, más explícito
todavía:
Cum al putea sa fii supus/ Să porţi a vieţii
vină,/Făr ' de apus ai răsărit/Lumină din lumină (Cómo
podrías estar sometido/A llevar la culpa de la vida/Naciste sin
ocaso/Luz de luz).
Referencias
bibliográficas
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