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Muniz Sodré y Raquel Paiva
(Rio de Janeiro: MAUAD, 2000, 160 páginas) «Eu sou a prova de que um mau estudante pode tornar-se presidente da república» (p. 15) («Yo soy una prueba de que un mal estudiante puede convertirse en presidente de la república»), según decía Georges Bush, Presidente de Estados Unidos, en un discurso dirigido a los alumnos de la Universidad de Yale, en 2001.
Sodré y Paiva introducen éste y otros ejemplos en sus primeras páginas para aproximarnos a su definición de lo grotesco, que
como hemos deducido no está ligado siempre a lo feo. Con gran inteligencia y astucia, los autores nos aproximan, desde el
principio, a su idea de lo grotesco como un fenómeno de la desarmonía del gusto en disgusto que atraviesa distintas épocas y que, dependiendo de la conformación cultural, suscita los mismos modelos de reacciones:
risa, horror, espanto o repulsión. Dos enfoques centrales vertebran este libro. En primer lugar, una visión kantiana recorre
esta obra, en la que el gusto es concebido en el amplio sentido que designa la disposición para una actitud estética. En
segundo lugar, desde un sentido más restringido y más formalista-funcionalista, señalan los autores, el gusto sería la disposición
o capacitación
Detallemos más la importancia de la visión kantiana en la obra de Sodré y Paiva. Para Kant, el hombre posee razón, voluntad
y sensibilidad. La sensibilidad obedece a la fisiología propia del ser humano, sería lo
corporal y su capacidad de percibir o vivenciar experiencias con contenidos particulares. La voluntad y la razón son de naturaleza
suprasensible y corresponden a la esfera de lo espiritual. La razón realiza dos importantes funciones que tienen que ver con
la razón teórica (formación del conocimiento) y la razón práctica (la que instruye a la acción). Kant propugna la existencia
de unas estructuras o formas idénticas comunes para todos los individuos, que serían estructuras universales independientes
de la experiencia (a priori), a las que denomina transcendentales. Éstas se suman a aquellas estructuras que provienen de los contenidos obtenidos de
la experiencia (a
posteriori). Experiencia y razón son complementarias según esta filosofía. De este modo, Sodré y Paiva nos aproximan a la representación
de lo grotesco, como una actividad cognostiva más que la organización de los estímulos perceptivos. Conocer, para Kant, consistirá
en elaborar activamente el conocimiento, estructurando y organizando la información de la experiencia. Mientras que para
el empirismo, el sujeto es pasivo frente a la información de la experiencia, en Kant el sujeto está pendiente de lo exterior
(y no sólo de lo exterior, pues entonces estaríamos hablando de un idealismo absoluto). En el mundo moderno, lo grotesco
se ordena como experiencia social y, por tanto, como un lugar que se configura en dos momentos: desde la percepción a la
fragmentación de lo contemplado en valores sociales que sólo enjuicia la razón. Esto es conocido por una «estética difusa»
que afecta también a la experiencia de lo bello. También lo grotesco es considerado por algunos autores, como es el caso
de Mario Perniola, como la reivindicación de lo «bello convulsivo», un recurso de las sociedades modernas para salir del
letargo de lo «estético» y alcanzar autonomía frente a lo sólo «bello». Sodré y Paiva reconocen que se puede encontrar belleza
en la fuerza de la expresión, en la plenitud vital de lo que se manifiesta. Contrariamente a lo bello y a lo feo, la repulsión
y el extrañamiento en el gusto no tienen por qué ser necesariamente feos. Lo grotesco tampoco debe confundirse con las manifestaciones
fantasiosas o imaginarias que causan risa. Y hemos de reconocer en ello una dimensión supratemporal, ya que es capaz de superar
épocas, y sus categorías (universales) son capaces de sobreponerse a las interferencias y construir
Esta visión caótica de lo grotesco tiene raíces profundas en la semiosis del espacio cultural de sus autores (Brasil). Debemos considerar el hibridismo como constituyente imprescindible en la definición de lo grotesco: «E o desafio se expressa no disparate, na hibridição desordenada, na metamorfose in actu, na forma que se are sem contenções para o outro, o estranho» (p. 27). La teoría de los híbridos surge de la mezcla entre manifestaciones que jamás se entrecruzarían en otras etapas históricas y que estarían en lugares concretos sin la posibilidad de intercambio. Sodré y Paiva reflejan en su exposición esta semiosis de los espacios culturales a través de la mezcla de géneros que la tradición no reconoce, no sólo en algunos ejemplos posibles de combinaciones en las artes musicales y plásticas, sino más profundamente en las narrativas (literatura, cine y televisión): «Além da expansão semântica, dá-se a adaptação dessa particularidade estética a diferentes contextos locais. Em Portugal, o fenômeno é também conhecido como bruesco e faz-se presente nas interpretações que artesões ou artistas populares fazem de determinados motivos eruditos, em especial a partir do século dezessete, quando começam a ser utilizadas composições livres nesse estilo em capelas- mores, naves de igrejas, claustros de conventos e ermidas» (p. 31). En la hibridación, como en lo grotesco de Sodré y Paiva, es la mezcla el agente activo que elimina fronteras en los territorios culturales (lo popular, lo masivo, lo culto, lo sagrado, lo profano, etc.). En Brasil, estos dos profesores de la Universidade do Rio Janeiro trabajan envueltos en fenómenos como el sincretismo, mestizaje y criollismo; así que no es de extrañar que el concepto semiótico de frontera sea muy significativo para comprender su estudio sobre el imperio de lo grotesco. El concepto semiótico de frontera remite directamente a la dislocación en una amplia temporalidad. Entre los autores que mejor han estudiado este concepto figuran Iuri Lotman, Mijail Bajtín y Néstor García Canclini.
Bajtín con su estudio semiótico-cultural de la frontera y Heidegger desde su noción de arte contribuyen a la comprensión
del trabajo
Finalmente, el trabajo de estos autores presenta una tipología de las distintas manifestaciones del fenómeno o de las distintas formas discursivas que adopta lo grotesco («representado, atuado») y sus diversas modalidades expresivas («escatológico, teratológico, chocante, crítico»). Concluyen con el estudio de lo grotesco en la literatura, el cine y la televisión. Destacamos de las últimas páginas del libro una conclusión importante con respecto al exceso de contenidos grotescos como una solución estética para la televisión: «Na modernidade tardia que experimentamos, expande-se um imaginário teratológico e escatológico, como conseqüência das mutações identitárias e das instabilidade das reprensentações, constantes fontes de ameaças para o humanismo tradicional». Sodré y Paiva han realizado en este libro un magnífico y completo trabajo sobre el dominio de lo grotesco en nuestro mundo. Fernando Ramón Contreras Universidad de Sevilla
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