Sonetos en «Don Quijote de La Mancha»
De la edición de 1605
A vuestra espada no igualó la mía,
De entre esta tierra estéril, derribada
El calvatrueno que adornó a la Mancha
El muro rompe la doncella hermosa
En el silencio de la noche, cuando
En el soberbio trono diamantino
Esta que veis de rostro amondongado,
¡Oh quién tuviera, hermosa Dulcinea,
«Dadme, señora, un término que siga,
«¿Cómo estáis, Rocinante, tan delgado?»
Magüer, señor Quijote, que sandeces
O le falta al amor conocimiento,
Rompí, corté, abollé, y dije, y hice
Salve, varón famoso, a quien fortuna,
Sancho Panza es aquéste, en cuerpo chico,
Santa amistad, que con ligeras alas,
Si no eres par, tampoco le has tenido;
Tú, que imitaste la llorosa vida
Yo sé que muero, y no soy creído;