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Gramática de la Lengua CastellanaReal Academia Española [Nota preliminar: edición digital basada en la edición facsimilar de Madrid, Editora Nacional, 1984, que reproduce la de Madrid, Joaquín Ibarra, 1771.] -Portada- -Portada v- -pág. 1-SEÑOR. Todas las naciones deben estimar su lengua nativa, pero mucho -pág. 2- mas aquellas que abrazando gran número de individuos gozan de un lenguaje comun, que los une en amistad y en interes. Ninguna, Señor, podrá contarse en esta clase con mejor título que la nuestra, pues á todos los vastos dominios, y casi innumerables vasallos de V. M. es comun la lengua castellana; -pág. 3- y ya que la ha llevado con su valor á los últimos términos del orbe, debe ponerla con su estudio en el alto punto de perfeccion á que puede llegar. Toca esta heroyca empresa á nuestros oradores, á nuestros poetas, á nuestros historiadores, y á otros sublimes ingenios que con su sabiduría, y elegancia -pág. 4- aspiren á inmortalizar sus obras y sus nombres. La Academia solo pretende en esta Gramática instruir á nuestra Juventud en los principios de su lengua, para que hablándola con propiedad y correccion, se prepare á usarla con dignidad y eloqüencia; y se promete del amor de V. M. -pág. 5- á su lengua y á sus vasallos, que aceptará benignamente esta pequeña obra. SEÑOR. La Academia Española. -pág. 6- Don Francisco Antonio de Angulo, del Consejo de S. M. su Secretario, Oficial mayor de la Secretaría del Real Patronato, Académico del número, y Secretario de la Real Academia Española: certifico que en papel del Excelentísimo Señor Marques de Grimaldi, del Consejo de Estado de S. M. y su primer Secretario del Despacho, se comunicó por mi mano á la expresada Real Academia la resolucion siguiente: Aplaudiendo el Rey el zelo con que la Real Academia Española, sin descaecer en la asidua correccion y aumento de su Diccionario, ha dedicado sus desvelos á la formacion de una Gramática de la lengua castellana, se ha dignado de concederla el permiso que en su nombre solicita V. S. con fecha de siete del corriente para dár á luz aquella -pág. 7- obra. El beneficio que en ello logrará el público, y el justo elogio que resultará á la Academia de subministrarle un tratado de tal importancia, aumentan la complacencia con que participo á V. S. esta nueva demostracion del singular aprecio que merecen á S. M. tan útiles tareas, y de su constante deseo de fomentarlas. Así podrá V. S. hacerlo presente á la Academia, y yo ruego á Dios guarde á V. S. muchos años como deseo. Palacio á diez y siete de Diciembre de mil setecientos y setenta. = El Marques de Grimaldi. = Señor Don Francisco Antonio de Angulo. Y esta Real resolucion queda original en los papeles de la Secretaría de la Academia que están á mi cargo, á que me refiero. Madrid siete de Enero de mil setecientos setenta y uno. D. Francisco Antonio de Angulo. -pág. 8-
CAP. II. De las palabras ó partes de la oracion. CAP. III. Del nombre.
ART. II. De la division del sustantivo en nombre comun propio. ART. III. Del adjetivo. ART. IV. Del género de los nombres. ART. V. Del número de los nombres. ART. VI. De la declinacion de los nombres. ART. VII. De varias diferencias ó especies de nombres. CAP. IV. Del pronombre.
-pág. 9- ART. II. De los pronombres personales. ART. III. De los pronombres demostrativos. ART. IV. De los pronombres posesivos. ART. V. De los pronombres relativos. CAP. V. Del artículo. CAP. VI. Del verbo.
ART. II. De la division del verbo. ART. III. De los modos del verbo. ART. IV. De los tiempos del verbo. ART. V. Del pretérito imperfecto de subjuntivo. ART. VI. De los tiempos simples ó propios del verbo, y de los compuestos ó impropios. ART. VII. Del gerundio. ART. VIII. De los números del verbo. ART. IX. De las personas del verbo. ART. X. Del modo de suplir la pasiva en los verbos. ART. XI. De la formacion de -pág. 10- los tiempos simples y conjugacion de los verbos regulares.
EXEMPLO de la segunda conjugacion. EXEMPLO de la tercera conjugacion. ADVERTENCIA sobre la diferente figura de los verbos regulares en lo antiguo. ART. XII. Conjugacion del verbo sustantivo ser. ART. XIII. Conjugacion del verbo auxîliar haber. ART. XIV. De los verbos irregulares en general. ART. XV. De los verbos irregulares de la primera conjugacion. ART. XVI. De los verbos irregulares de la segunda conjugacion. ART. XVII. De los verbos irregulares de la tercera conjugacion.
ART. XVIII. De los verbos impersonales y defectivos. ART. XIX. De otras denominaciones de los verbos. CAP. VII. Del participio.
ART. II. De los oficios que tiene el participio pasivo. CAP. VIII. Del adverbio.
ART. II. De varias clases de adverbios. ART. III. Advertencias particulares sobre el uso de algunos adverbios. CAP. IX. De la preposicion. CAP. X. De la conjuncion. CAP. XI. De la interjeccion. CAP. XII. De las figuras de diccion. PARTE II.
CAP. II. Del régimen y construccion natural.
ART. II. De la construccion del verbo y adverbio y otras partes de la oracion ántes del nombre. ART. III. De la construccion de unos verbos con otros. ART. IV. De la construccion del verbo con el pronombre. ART. V. De los verbos, participios, adjetivos, y adverbios que rigen preposicion y qual. ART. VI. De la concordancia. CAP. III. De la construccion figurada.
ART. II. De la elípsis. ART. III. Del pleonasmo. ART. IV. De la silépsis. -pág. I- Pocos habrá que nieguen la utilidad de la Gramática si se considera como medio para aprender alguna lengua estraña; pero muchos dudarán que sea necesaria para la propia, pareciéndoles que basta el uso. No lo pensaban así los Griegos ni los Romanos, pues sin embargo de que para ellos eran tan comunes la lengua griega y latina como para nosotros la castellana, tenian Gramáticas, -pág. II- y escuelas para estudiarlas. Conocian la utilidad y necesidad del uso; pero conocian tambien que convenia perfeccionarle con el arte. Lo mismo debemos nosotros pensar de nuestra lengua, en la qual hallamos que observar cada dia cosas nuevas por medio de la Gramática. Si algunas veces vemos comprobada con principios y fundamentos la práctica que teníamos por mera costumbre: otras vemos corregidos muchos defectos que no conocíamos. Ella nos hace ver el maravilloso artificio de la lengua, enseñándonos -pág. III- de qué partes consta, sus nombres, definiciones, y oficios, y como se juntan y enlazan para formar el texido de la oracion. Sobre ninguna de estas cosas se hace reflexîon ántes de entender el arte, y así es difícil que sin él hablemos con propiedad, exâctitud, y pureza. Seria, pues, conveniente que los padres ó maestros instruyesen con tiempo á los niños en la Gramática de su lengua. Los que no hubiesen de seguir la carrera de las letras se ilustrarian á lo menos en esta parte -pág. IV- de ellas, y hallarian en el exercicio de sus empleos, en el gobierno de sus haciendas, y en el trato civil, las ventajas que tienen sobre otros los que se explican correctamente de palabra y por escrito. Los que hubiesen de emprender carrera literaria necesitan saber la lengua latina y lo conseguirian con mayor facilidad llevando ya sabidos por su Gramática propia los principios que son comunes á todas las lenguas. No hay edad, estado, ni profesion alguna en que no sea conveniente la Gramática. Quintiliano1 -pág. V- dice que es necesaria á los niños, agradable á los viejos, dulce compañera en la soledad, y entre todos los estudios el que tiene mas trabajo que lucimiento. Oxalá que como es fácil probar la utilidad de la Gramática lo fuese su composicion! pero la experiencia hace ver lo contrario, y aun sin ella se puede inferir la dificultad que tiene por la multitud de opiniones y de disputas que reynan entre los Gramáticos. Ni los antiguos ni los modernos han podido ponerse -pág. VI- de acuerdo en muchos puntos principales de ella, ni en el método de escribirla. Conociendo esta dificultad, se ha valido la Academia para componer esta Gramática de las que han publicado otros autores propios y estraños: de un considerable número de disertaciones que han compuesto sus individuos: del copioso caudal que encierra el Diccionario; y de los demas medios que le ha dictado su deseo de servir al Público. Ha tenido presente, entre otras, la Gramática de la lengua castellana de Antonio de -pág. VII- Nebrixa, (el primero que abrió entre nosotros este camino) dedicada á la Reyna Católica, é impresa en Salamanca el año de 1492 en un tomo en 4.º La que Bartolomé Ximenez Paton imprimió en Baeza en un tomo en 8.º el año de 1614 con título de Instituciones de la Gramática española, al fin de su Ortografía latina y castellana. Y la de Gonzalo Correas impresa en Salamanca en un tomo en 8.º el año de 1627 con título de Gramática de las tres lenguas castellana, latina y griega. -pág. VIII-Hay entre estos tres autores la misma variedad de opiniones que se observa en otros en quanto al número de las partes de la oracion. Nebrixa establece diez: Paton cinco: Correas tres. El último pretende que estas tres partes son nombre verbo, y partícula. Con el nombre pone el artículo y el pronombre: con el verbo el participio; y baxo el nombre genérico de partícula comprehende la preposicion, el adverbio, la conjuncion, y la interjeccion. La Academia que tiene por -pág. IX- verdaderas partes de la oracion las palabras que Correas agrega al nombre y al verbo, y las que comprehende en la partícula, entiende que las partes de la oracion son nueve; y así quando alguna vez usa de la voz partícula no intenta designar una parte determinada de la oracion, sino una voz, comun que conviene á todas las palabras que no son nombre pronombre, artículo, verbo, ni participio. La conjugacion de los verbos regulares suele ser molesta en las Gramáticas por el método en que se dispone. En esta -pág. X- se ha reducido á pocas hojas, procurando que la brevedad no solo no perjudique á la instruccion sino que la facilite. Nuestra lengua abunda de verbos irregulares, que aunque la hacen mas agradable y harmoniosa por la variedad que permiten, tambien la hacen mas difícil por lo que se apartan de los comunes en la conjugacion. Para allanar en lo posible esta dificultad se han puesto despues de los exemplos de los regulares todos los verbos irregulares, y los tiempos y -pág. XI- personas en que lo son: de suerte que solo con buscar por el índice la página en que esté el verbo irregular en cuya conjugación haya duda, se podrá salir facilmente de ella. Otro punto difícil de nuestra Gramática, y en que consiste la parte principal de la sintáxîs es saber qué preposiciones piden despues de sí algunos verbos y otras partes de la oracion. A esta dificultad se ocurre con una lista alfabética ordenada en tres columnas. En -pág. XII- la primera se ponen los verbos y palabras que rigen preposicion: en la segunda las preposiciones regidas; y en la tercera las palabras regidas de las preposiciones: con lo qual apenas habrá duda alguna sobre el régimen, de que no se pueda salir á primera vista. De estos y otros arbitrios ha usado la Academia en varias partes de la Gramática para facilitar á todos su estudio; pero ha escusado entrar en un prolixo exâmen de las varias opiniones de los gramáticos, prefiriendo á esta erudicion la brevedad y la claridad, pues se trata de -pág. XIII- ilustrar y enseñar, no de ofuscar ni confundir á la Juventud. Con este mismo objeto ha parecido que no será fuera de propósito dar aquí brevemente alguna noticia de nuestra lengua por ser la materia de esta Gramática. La lengua castellana consta de palabras fenicias, griegas, góticas, árabes, y de otras lenguas de los que por dominacion ó por comercio habitaron ó freqüentaron estas partes; pero principalmente abunda de palabras latinas enteras ó alteradas. -pág. XIV-Los Romanos estuvieron en España 600 años á lo menos, aunque no se cuenten sino desde el de 216 ántes de Christo en que vinieron la primera vez con exército2, hasta el 416 despues de Christo en que fue la entrada de los Godos; y si esta cuenta se hace hasta el año 623 de Christo en que los Romanos acabaron de perder lo que tenian en España3, -pág. XV- saldrá que estuvieron mas de 800 años. En este tiempo introduxeron aquí su lengua vulgar que era la latina, como lo hicieron en todas las demas provincias que conquistaron4. Con la decadencia del imperio romano y venida de los Godos se fue adulterando la lengua latina ó romana, porque como los vencidos necesitaban acomodarse á la lengua de los vencedores, y estos deseaban y -pág. XVI- procuraban aprender la de los vencidos, contribuyeron unos y otros á estragar la lengua latina5. Los Godos hallaron dificultad en la declinacion de los nombres latinos, y la dexaron enteramente, supliendo los casos con preposiciones. En los verbos siguieron en parte las conjugaciones latinas, pero dexaron del todo la voz pasiva, y usaron para suplirla de los participios pasivos con el verbo sustantivo ser6. -pág. XVII-Esta lengua latina así adulterada se empezó á llamar romance por su derivacion de la romana ó latina, para distinguirla de la gótica. Con la irrupcion de los Arabes el año de 714 padeció tambien alteracion el romance; pero como los Españoles empezaron desde luego á sacudir el nuevo yugo, á proporcion de las ventajas que iban consiguiendo, iba tambien nuestra lengua cobrando fuerzas y cultura. El Rey D. Alonso el Sabio7 -pág. XVIII- mandó que cesase el uso de escribir en latin los privilegios, donaciones reales, y escrituras públicas. Entre varias obras que compuso ó hizo componer en romance, merece singular aprecio y elogio la de las LEYES DE LAS PARTIDAS8 en la qual ostentó -pág. XIX- nuestra lengua vulgar toda la riqueza y magestad que habia adquirido hasta entonces, y en que llevó grandes ventajas, no solo á otras obras anteriores y contemporaneas, sino aun á muchas posteriores. Siguieron su exemplo Don Juan Manuel hijo del Infante Don Manuel; y el Rey Don Alonso el XI. El primero compuso el libro del Conde Lucanor, el segundo el de Montería: ambos dignamente estimados. Escribiéronse tambien en romance las Crónicas del Santo Rey Don Fernando: de Don Alonso -pág. XX- el Sabio: de Don Sancho el IV: de Don Fernando el IV; y de Don Alonso el XI. Pedro Lopez de Ayala, ya con estilo mas adornado escribió las Crónicas del Rey Don Pedro: de Don Enrique II, y de Don Juan el I. Alvar Garcia de Santa Maria, y Fernan Perez de Guzman compusieron la de Don Juan el II. Juan de Mena la obra de las Trescientas, y la Coronacion. El Bachiller Fernan Gomez de Ciudad Real el Centon epistolario, que contiene unas admirables cartas sobre los principales sucesos del reynado de Don Juan el II. Don -pág. XXI- Alonso Tostado Obispo de Avila publicó varias obras en castellano. Hernando del Pulgar su célebre Crónica de los Reyes Católicos. Y algo mas adelante el Doctor Francisco de Villalobos en sus Problemas y otros tratados que compuso en romance, dió á conocer la gracia y primor de que nuestra lengua es capaz. La publicacion de estas y otras obras semejantes, y la particular atencion con que se dedicaron á cultivar nuestra lengua muchos escritores insignes que han florecido desde el reynado de los Reyes Católicos, -pág. XXII- la fueron puliendo y perfeccionando hasta ponerla en el estado en que hoy se halla. -[pág. 1]-
Del número, propiedad, y oficio de las
palabras
De la Gramática en general
La Gramática es arte de hablar bien. Divídese en dos partes: la primera trata del número, propiedad, y oficio de las palabras: la segunda del -pág. 2- órden y concierto que deben tener entre si, para expresar con claridad los pensamientos.
De las palabras, ó partes de la
oracion
PALABRA es lo mismo que voz, ó diccion, como: cielo, tierra, santo, docto, leer, escribir. El agregado de palabras ordenadas con que expresamos nuestros pensamientos se llama en lenguaje comun habla, y entre gramáticos oracion, por lo qual se llaman con propiedad las palabras partes de la oracion. En nuestra lengua son nueve, por este órden.
2. Pronombre. 3. Artículo. 4. Verbo. 5. Participio. 6. Adverbio. -pág. 3- 7. Preposicion. 8. Conjuncion. 9. Interjeccion. De suerte que qualquiera palabra ha de ser precisamente, ó nombre, ó pronombre, ó artículo, ó verbo, &c. De estas nueve clases de palabras, ó nueve partes de la oracion, se trata en los nueve capítulos siguientes.
Del nombre
EL NOMBRE es una palabra que sirve para nombrar las cosas. Divídese en sustantivo, y adjetivo.
Del sustantivo
NOMBRE SUSTANTIVO es el que significa alguna sustancia corpórea, ó -pág. 4- incorpórea, como: hombre, árbol, piedra, entendimiento, ciencia, virtud. Subsiste por si mismo en la oracion, sin necesidad de que se le junte otra palabra que le califique. Quando decimos: salí de mi casa: entré en la Iglesia, los sustantivos casa, Iglesia, subsisten por si mismos en la oracion, sin expresar si la casa es grande, ó la Iglesia es chica.
De la division del sustantivo en nombre comun y
propio
EL SUSTANTIVO se divide en comun, y propio. Nombre comun, que tambien llaman apelativo, es el que conviene á muchas cosas; y nombre propio es el que no conviene sino á una. Ciudad es nombre comun á todas las ciudades, pero Toledo es nombre propio, porque no conviene sino á la ciudad llamada así. Villa es nombre comun á todas las villas, pero Madrid -pág. 5- es nombre propio de la que hoy es Corte del Rey nuestro Señor. Y á este tenor, rio, reyno, y otros semejantes, son nombres comunes á todos los rios, y reynos; pero Tajo, Guadalquivir, Castilla, Leon, son nombres propios de los rios, y reynos así llamados. Hombre, y muger tambien son nombres comunes, porque el de hombre conviene á todos los hombres, y el de muger á todas las mugeres; pero Fernando, Isabel, son nombres propios. No estorva para esto el que haya muchos pueblos, y muchas personas de un mismo nombre, pues consiste en que unos tienen los nombres propios de otros, y de aquí ha resultado la necesidad de distinguirse los pueblos por alguna denominacion, como: Xerez de la Frontera, Xerez de los Caballeros; y las personas por sobrenombres, ó apellidos. -pág. 6-
Del adjetivo
NOMBRE ADJETIVO es el que se junta al sustantivo para denotar su calidad, como: bueno, malo, blanco, negro. El adjetivo no puede estar en la oracion sin sustantivo expreso, ó suplido. Está expreso quando decimos: hombre bueno; y suplido quando decimos: el bueno ama la virtud: ó el azul de este paño es muy subido; porque se suplen los sustantivos hombre, y color. En estos casos se dice que los adjetivos están sustantivados, ó que se usan como sustantivos. Hay adjetivos de dos terminaciones, la una en o para el sustantivo masculino, y la otra en a para el femenino, como: hombre blanco, muger blanca. La terminacion del masculino sirve tambien para el artículo lo, y para algunos pronombres neutros acabados en o, como se dirá en su lugar. -pág. 7-Otros adjetivos hay de una sola terminacion, como grande, que sirve para todos los sustantivos sean masculinos, ó femeninos expresos, ó suplidos; y para el artículo y pronombres neutros, y así se dice: hombre grande, muger grande, lo grande, esto, eso, ó aquello es grande. De estos adjetivos de una sola terminacion los mas acaban en e, como: grande, grave, triste, alegre, dulce, suave, insigne, solemne, sublime. Otros en l, como: paternal, maternal, filial, igual, fiel, vil, varonil, femenil, sutil, fácil, difícil, débil, azul. Otros en r, como: secular, familiar, particular, mayor, menor, mejor, peor. Otros en z, como: capaz, tenaz, loquaz, veraz, soez, feroz, atroz, veloz. Pocos acaban en n, como: ruin, comun; y muy raros en i, como: baladí. Así los adjetivos de dos terminaciones, como los de una, tienen en ellas las excepciones siguientes. Los adjetivos bueno, malo, uno, alguno, -pág. 8- ninguno, primero, postrero, pierden siempre la última vocal guando se ponen ántes de sustantivo, como: buen señor, mal hombre, un Rey, algun reyno, ningun reynado, al primer sueño, al primer encuentro, el postrer Rey de los Godos, el postrer duelo de España. El adjetivo Santo pierde la última sílaba quando se pone ántes de los nombres propios de los Santos, como: San Pedro, San Pablo, San Juan. Exceptúanse Santo Tomas, Santo Toribio, y Santo Domingo. Tambien la pierde el adjetivo ciento ántes de sustantivo, como: cien ducados. El adjetivo grande unas veces pierde la última sílaba ántes de sustantivo, y otras no la pierde. Dícese: un gran caballo: un gran caballero; y tambien se dice: un grande hombre. El adjetivo tercero unas veces pierde la última vocal ántes de sustantivo, y otras no, pues se dice: al tercer dia, y al tercero dia. Para que tengan lugar estas excepciones, -pág. 9- no es preciso que precedan inmediatamente los adjetivos á los sustantivos, pues suele interponerse otro adjetivo, y así se dice: un hombre, y un buen hombre. Dividido ya el nombre en sustantivo y adjetivo: el sustantivo en comun y propio; y declaradas las terminaciones del adjetivo, y sus excepciones, conviene tratar del género, número, y declinacion de los nombres, ántes que de otras especies, y diferencias de sustantivos, y adjetivos.
Del género de los nombres
Nuestra lengua solo conoce dos géneros en los nombres, el uno masculino, y el otro femenino. El primero conviene á los hombres, y animales machos; y el segundo á las mugeres, y animales hembras. Estos son los primitivos, y verdaderos nombres de género masculino, y femenino, porque -pág. 10- su significacion distingue los dos sexôs. Exceptúanse algunos que convienen á hombre, y muger, como: vírgen, mártir, testigo, pues se dice: el vírgen, y la vírgen: el mártir, y la mártir: el testigo, y la testigo. Entre los nombres de animales hay algunos que por su significacion son comunes á macho y hembra, pero por el uso son masculinos ó femeninos. Son, por exemplo, masculinos por el uso, raton, milano, cuervo, aunque comunes por significacion á macho, y hembra; y son por el uso femeninos, águila, grulla, perdiz, aunque comunes por significacion á hembra, y macho. A estos nombres llaman los Griegos, y Latinos, epicenos; pero entre nosotros son de aquel género que señalan los artículos, y adjetivos con que se juntan. Quando se dice: el raton chico, la perdiz mediana, no se puede dudar que raton es masculino, y perdiz femenino, porque así lo denotan los artículos, y adjetivos: ni se ganaria nada en -pág. 11- llamar epicenos á estos nombres, no consiguiéndose con ello distinguir los machos de las hembras. Si queremos distinguirlos tenemos otro medio fácil, usado, y verdadero, diciendo: milano hembra, ó perdiz macho. Los demas nombres que no significan macho, ni hembra, se han ido agregando por el uso al uno, ó al otro género, y no se encuentra otra razon que esta, para que roble sea masculino, y encina femenino. Hay sin embargo algunos de estos nombres en que el uso no ha llegado á fixarse, como son: arte, mar, puente, órden, pues unos los hacen de un género, y otros de otro, y por eso suelen llamarlos ambiguos; pero tampoco pueden constituir diferente género, porque siempre son, ó masculinos, ó femeninos segun los artículos, y adjetivos que reciben. Mar, y puente se usan mas como masculinos, pues se dice: el mar oceano, el mar mediterraneo, el magnífico puente. Arte, y órden suelen ser de -pág. 12- diferente género, segun su diferente significacion. Arte, por exemplo, es masculino quando significa la industria y habilidad del hombre, y así se dice: el arte venció á la naturaleza; y es femenino quando se usa en plural, para significar ciertas facultades, como: estudió las artes, cursó las artes, las artes liberales, las nobles artes; y también es femenino quando se dice que alguno se valió de malas artes para conseguir alguna cosa. Órden es masculino quando significa gobierno, método, ó colocacion, y así se dice: restableció el buen órden: el buen órden pide que se trate ántes de lo fácil, que de lo difícil; y es femenino quando significa precepto, ó mandato, pues se dice: ha salido una órden del Rey contra los vagabundos: órden muy justa, y santa. Tambien es femenino quando significa alguna profesion, ó instituto, porque aunque se dice: el órden de Santiago, el órden de Santo Domingo, es para evitar la concurrencia de dos -pág. 13- vocales, y nunca se dice en plural: los órdenes militares, ni los órdenes religiosos, sino: las órdenes militares, y las órdenes religiosas. Comoquiera, pues, que se encuentre esta ambigüedad en algunos nombres, nunca los saca de la clase de masculinos, ó femeninos, y así nuestra lengua no conoce sino estos dos géneros. Solamente se halla una especie de género neutro en el artículo lo, y en algunos pronombres de número singular acabados en o: como ello, esto, eso, aquello, porque quando decimos: lo bueno es apetecible: eso es malo: aquello es peor; no aplicamos estos adjetivos á cosa que tenga género cierto, y determinado. Para conocer el género de los nombres no necesitamos recurrir á su significacion, ni á su terminacion, como en la lengua latina que carece de artículos. Las reglas que se estableciesen para conocer el género por la significacion, ó por la terminacion de -pág. 14- los nombres, serian en el castellano largas, embarazosas, y llenas de excepciones, como lo son en el latin. Nosotros tenemos en los artículos, y adjetivos un medio fácil y seguro para distinguir los géneros de los nombres. Una vez sabido que los artículos el, y la sirven, el primero para los nombres masculinos, y el segundo para los femeninos, pocas veces se podrá dudar del género de los nombres, porque diciendo: el papel, la carta; aquellos artículos el, y la, declaran que papel es masculino, y carta femenino. Solo puede quedar duda quando pata evitar la concurrencia de vocales damos artículo masculino á los nombres femeninos que empiezan con vocal, como: el agua, el alma. En estos casos en que el artículo no puede servir de regla para conocer el género del nombre, se recurre á los adjetivos buscando alguno que tenga dos terminaciones, como: claro, clara, santo, santa. Sábese ya por el uso de la lengua que no se puede decir -pág. 15- el agua claro, ni el alma santo, sino, el agua clara, y el alma santa: luego agua, y alma son de género femenino, porque admiten adjetivos acabados en a que todos son femeninos. Puede todavia quedar duda quando el adjetivo es de una sola terminacion, y no se sabe fingir de pronto otro adjetivo de dos terminaciones: v. g. oye uno decir, ó vé escrito: el agua dulce, y quiere saber de que género es este nombre agua. El artículo no le basta para salir de la duda, porque como agua empieza por vocal, puede haber recibido artículo masculino en lugar de femenino por elegancia, y uso de nuestra lengua para evitar la concurrencia de vocales. El adjetivo dulce tampoco le puede enseñar el género, porque no acabando en o, ni en a, sabe ya que dulce es adjetivo de una sola terminacion que conviene al nombre masculino, y al femenino. No le ocurre prontamente para salir de la duda otro adjetivo, ó adjetivos de dos terminaciones, como: claro, clara: -pág. 16- turbio, turbia. Que recurso entónces? Mudar el artículo, y el nombre de singular en plural. Verá que no se puede decir los aguas, sino las aguas, y esto le enseñará que agua es femenino. Es tan cierta, y sin excepcion esta última regla, que solo con ella se pueden saber los géneros de todos los nombres de nuestra lengua que admiten artículos, y tienen plural, y valerse solamente para los demas, ó de los artículos en singular, (en los nombres que los admiten) ó de los adjetivos.
Del número de los nombres
LOS NÚMEROS DE LOS NOMBRES son dos. El que significa uno es del número singular, como: hombre, muger, y el que significa de dos en adelante, por muchos que sean, es del número plural, como: hombres, mugeres. Los nombres acaban en el singular -pág. 17- de varias maneras; pero en el plural todos acaban en s. Los que en el singular acaban en vocal no aguda, forman el plural añadiendo una s, como: carta, cartas, libro, libros. Los acabados en vocal aguda, forman el plural añadiendo es, como: alvalá, alvalaes: borceguí, borceguíes: alhelí, alhelies. Maravedí tiene tres plurales maravedies, maravedis, y maravedises. El segundo es el mas usado. Los nombres que en singular acaban en consonante, forman el plural en es, como: verdad, verdades: real, reales: pan, panes: amor, amores: mes, meses: relox, reloxes: cruz, cruces. La mayor parte de los nombres tienen número singular, y plural, porque hay uno, y muchos hombres: una, y muchas mugeres: uno, y muchos árboles &c. pero hay algunos que tienen singular, y no plural, y otros que tienen plural, y no singular. Debieran no tener plural los nombres que significan alguna cosa única, como: Mundo, Sol, Luna, y los demas -pág. 18- planetas: los nombres de los quatro elementos, y otros semejantes; pero el uso quiere muchas veces lo contrario, pues se dice: El Rey es Emperador de dos mundos. Los soles son picantes. No todas las lunas son buenas para cortes de madera. Reynan ayres nortes. Viene de remotas tierras. De los hierros el mejor es el de Vizcaya. Tampoco debiera tener plural el nombre adjetivo uno, pues parece que repugna á su significacion; pero sin embargo se dice: unos bueyes, unas vacas: los quatro unos por ciento. Pudiera darse razon de este uso diciendo, por exemplo, que el plural mundos se usa despues del descubrimiento de la América, llamada por su gran extension, nuevo mundo. Que el plural soles no está allí por el planeta, sino por sus efectos. Que el de lunas está por lunaciones. Que tierras no está por el elemento, sino por algunas regiones, ó partes de la tierra, y á este tenor todos los demas; pero esto -pág. 19- pediria una continuada explicacion, y al fin vendríamos á parar en que se halla plural á estos nombres. No pudiéndose establecer regla general, bastará advertir, que algunos nombres, ó no tienen plural, ó le tienen rara vez, como son los siguientes. De los nombres de las quatro partes del Mundo, Europa, Asia, Africa, y América, los tres primeros nunca tienen plural. El quarto suele tenerle, pues decimos: las dos Américas, para denotar las dos partes setentrional, y meridional de la América. Muchos nombres de reynos como: Francia, Inglaterra, Cerdeña, Polonia, Suecia, tampoco tienen plural. España solo le tiene quando en los dictados del Rey nuestro Señor se dice: Rey de las Españas, aludiendo á que en tiempo de los Romanos estuvo dividida en citerior, y ulterior. La misma division tuvo Sicilia, pues lo que hoy es reyno de Nápoles se llamaba Sicilia citerior, y la Isla de Sicilia, ulterior: de donde viene que -pág. 20- el Rey nuestro Señor se intitula: Rey de las dos Sicilias. Lo propio que de los reynos se puede decir de las provincias, rios, montes, pues aunque comunmente carecen de plural, algunas veces suelen tenerle, como quando se dice: las Andalucías para denotar la alta, y baxa en que se divide Andalucía. Los nombres de pueblos no tienen plural en la significación, pero muchos le tienen en la terminacion, como:
Dos Hermanas. Tres Casas. Cien Pozuelos. Las Navas. Las Brozas. Los Hoyos. Los Balbases. Casas Buenas. Menas Albas. Palacios Rubios. Y otros muchos. También suelen comprehenderse baxo de un plural dos pueblos cercanos de un mismo nombre, -pág. 21- como: los Velez: los Carabancheles. Los nombres de algunas artes, ciencias, y profesiones tampoco tienen plural, como: Arquitectura, Astronomía, Agricultura. Otros le tienen, pues se dice: la Matemática, y las Matemáticas. Los nombres propios de personas no tienen plural, aunque familiarmente suele decirse: los Pedros, las Marias, para denotar el conjunto de los que tienen estos nombres. Los nombres adjetivos de algunos mares que se usan como sustantivos, tampoco tienen plural, como: el Oceano, el Mediterraneo, el Adriático, el Báltico. Tampoco tienen plural algunos nombres colectivos, como: la Infantería, la Caballería, la Artillería, el Catolicismo, el Christianismo; y otros semejantes, que hallarán los curiosos. Estos basten por exemplo. Al contrario de los nombres referidos que no tienen plural, hay otros que tienen plural, y no singular, como son: -pág. 22-
Alforjas. Angarillas. Bofes. Exequias. Livianos. Parias. Parrillas. Puches. Rehenes. Tenazas. Tixeras. Trébedes. Víveres. No es esto tan general y sin excepcion, que alguna vez no se usen algunos de estos nombres en singular diciendo: echó la tixera: previno la alforja: hacer tenaza; pero pueden reputarse como nombres plurales, porque rara vez se usan en singular. La regla mas segura para distinguir los nombres que carecen de número singular, ó plural, es valerse de los artículos. Todo nombre que no admite sino el artículo el, ó la no -pág. 23- tiene plural. Todo nombre que no admite sino el artículo los, ó las no tiene singular. Los nombres que admiten unos y otros artículos, tienen singular, y plural.
De la declinacion de los nombres
DECLINACION en la Gramática latina es la variacion de un mismo nombre en diferentes casos, ó terminaciones con distinta significacion. Por exemplo, el nombre Dominus, que significa señor, se declina, ó varía en latin por las seis terminaciones, ó casos siguientes.
Nuestra lengua no admite esta variedad de casos, ó terminaciones en los nombres, y solo conoce diferencia entre el singular, y el plural de ellos, segun queda visto en el exemplo que precede, y está explicado en el artículo V. de este capítulo, donde se dice como se forman los plurales. Para expresar el diferente oficio que cada caso tiene en latin nos servimos de preposiciones, como tambien queda indicado en el mismo exemplo precedente.
De varias diferencias, ó especies de
nombres
Habiendo tratado hasta aquí de lo mas principal que debe saberse en -pág. 25- quanto á los nombres sustantivos, y adjetivos, tendrán lugar en este artículo sus diferencias, ó especies. Nombres primitivos. Los nombres que no nacen de otros de nuestra lengua se llaman primitivos, como: tierra, monte, palacio. Aunque estos nombres vienen de la latina, y otros vengan de otras, se llaman entre nosotros primitivos, pues de lo contrario quedarian muy pocos en el castellano. Derivados. Los que nacen de nombres primitivos se llaman derivados, como: de tierra, terreno, terrestre, terrenal, terruño. De monte, montesino, montero, montería, montaraz. De palacio, palaciego; y así los demas. En los nombres derivados se comprehenden los gentílicos, ó nacionales, patronímicos, aumentativos, y diminutivos. Gentílicos, ó nacionales son los que denotan de qué gente, nacion, ó patria -pág. 26- es cada uno, como: de España, Español: de Castilla, Castellano: de Leon Leonés: de Aragon, Aragonés: de Andalucía, Andaluz: de Toledo, Toledano: de Sevilla, Sevillano: de Estremadura, Estremeño: de Madrid, Madrileño. Patronímicos son los nombres que en lo antiguo significaban filiacion, como: Alvarez que valia hijo, ó hija de Alvaro: Sanchez, de Sancho: Fernandez, de Fernando. Formábanse del nombre propio del padre mudando la o final en ez. De Mendo, Ordoño, Nuño, salían Mendez, Ordoñez, Nuñez. Exceptúase Munio, ó Muño, de que se formó Muñiz, y Muñoz. Los nombres propios acabados en yo mudaban esta sílaba en ez, y salian: de Pelayo, Pelaez: de Payo, Paez. Los acabados en otra qualquiera vocal adquirian al fin una z, y salian: de Dia (que es Diago y Diego) Diaz: de Lope, Lopez: de Enrique, Enriquez: de Roi, ó Rui (que es Rodrigo) Ruiz. A los nombres propios acabados en qualquiera consonante -pág. 27- se les añadia ez, y salian: de Lain, Láinez: de Antolin, Antolinez: de Martin, Martinez. De algunos nombres propios, como de Alfonso, y Manuel no se acostumbraba sacar patronímicos, y ellos mismos solian servir de tales. Así se vé que varios hijos de Don Alfonso el IX de Leon usáron por patronímico el nombre de su padre, como fueron, entre otros, Don Martin, Doña Urraca, Doña Sancha Alfonso; y Don Juan Manuel hijo del Infante Don Manuel, y nieto de San Fernando usó tambien del nombre de su padre en lugar de patronímico. Garcia se halla usado como nombre propio, y como patronímico, aunque tambien se encuentra Garces y Garcíes, que parecen derivados suyos. Hasta el reynado de Don Alonso el XI, ó poco ántes, solo los hijos usaban de patronímicos derivados de los nombres propios de sus padres, y no pasaban á los nietos. Despues se fueron haciendo perpetuos, y hereditarios en -pág. 28- las familias; y hoy se llaman apellidos patronímicos, pero son verdaderos nombres adjetivos, derivados de nombres propios primitivos de personas. Nombres aumentativos son los que aumentan la significacion del primitivo de donde se derivan, como: de hombre, hombron, hombrazo, hombronazo, hombrachon. De muger, mugerona, mugeraza, mugeronaza. De grande, grandon, grandote, grandazo, grandonazo. Algunas veces se usan por elogio, como hombron, que se suele decir por hombre de gran sabiduría. Otras denotan desproporcion y desprecio, como: mozon, caballazo. Otras significan solamente gran corpulencia ó tamaño, como: moceton, mocetonazo, torazo, perrazo. Los acabados en azo suelen significar dos cosas diferentes, como: zapatazo, zapato grande, y golpe dado con zapato. Diminutivos son los nombres que disminuyen la significacion de los primitivos -pág. 29- de que se derivan, como: de hombre, hombrecito, hombrecico, hombrecillo, hombrezuelo. De muger, mugercita, mugercica, mugercilla, mugerzuela. De chico, chiquito, chiquillo, chicuelo, chiquituelo, chicote. De chica, chiquita, chiquilla, chicuela, chiquituela, chicota. Los acabados en ito, y en ico se usan por lo comun para mostrar cariño, y aun alguna vez los en illo; pero los en elo siempre denotan desprecio, como: mozuelo, mozuela, muchachuelo, muchachuela. Así los aumentativos como los diminutivos se forman igualmente de sustantivos que de adjetivos, y para ello tiene nuestra lengua tanta libertad, y facilidad, que seria en vano querer dar exemplo de todas las formas, y ha parecido bastante apuntar las mas usadas. Colectivos. Llámanse nombres colectivos los que significan muchedumbre, porque baxo -pág. 30- de un solo nombre se recogen, ó comprehenden muchas personas, ó cosas, como: exército, que significa muchos soldados: rebaño, muchas ovejas: arboleda, muchos árboles. A esta semejanza son nombres colectivos tropa, multitud, infinidad, poblacion, junta, senado, plebe, gente, gentío, plantel, plantío, viña, olivar, y otros muchos. Verbales. Nombres verbales son los que nacen de verbos, como: de andar, andador, andadura, andadero, andariego: de correr, corredor, correduría, corrimiento: de hacer, hacedor, hacedero, hacimiento, hechura; y otros semejantes. Algunos de los acabados en or son dudosos, porque no se sabe si el nombre viene del verbo, ó el verbo del nombre, como: amor, olor, dolor, sabor, que pueden venir de amar, oler, doler, saber, ó al contrario: aunque bien pueden reputarse por iguales en el orígen. Compuestos. -pág. 31-Llámanse nombres compuestos los que se componen de palabras castellanas enteras, ó con alguna mutacion, como de dos sustantivos catricofre: de dos adjetivos, verdinegro: de sustantivo, y adjetivo, boquifruncido, boquituerto, cabizbaxo, cañilavado, cuellicorto, cuellilargo, perniquebrado, rostrituerto: de verbo, y nombre, portacartas, portapaz: de verbo y adverbio pujavante: de preposicion y nombre traspie: de dos verbos y conjuncion, vayven. Estos, y otros semejantes son verdaderos nombres compuestos en nuestra lengua, porque constan de palabras castellanas, aunque algo desfiguradas en la composicion. Otros que llaman compuestos, como: adhesion, exâltacion, reduccion, conduccion, persuasion, influencia, no lo son respecto de nosotros, sino respecto de los latinos de quienes los tomamos. -pág. 32-Positivos, comparativos, y superlativos. Los nombres adjetivos que solo denotan alguna calidad sin hacer comparacion con otros, se llaman positivos, como: bueno, malo, grande, chico. Los que hacen comparacion con estos se llaman comparativos, como: mejor, peor, mayor, menor, superior, inferior. Y los que sin hacer comparacion denotan calidad en grado superior, se llaman superlativos, como: bonísimo, malísimo, altísimo, baxísimo. Numerales. Los nombres de número que sirven para contar, se llaman numerales, y se dividen en absolutos, ó cardinales: en ordinales: en colectivos; y en partitivos. Los cardinales, y ordinales son adjetivos: los colectivos, y partitivos son sustantivos. Absolutos, ó cardinales son los que sirven absoluta, y sencillamente para denotar el número, como: uno, una, -pág. 33- dos, tres, quatro, cinco, seis siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, diez y seis, diez y siete, diez y ocho, diez y nueve, veinte, treinta, quarenta, cinqüenta, sesenta, setenta, ochenta, noventa, ciento, mil. Llámanse cardinales del nombre latino cardo inis que significa quicio, porque son como entrada, y principio de los demas nombres numerales. Ordinales son los nombres de números que denotan el órden, ó colocacion de unas cosas respecto de otras, como: primero, primera, segundo, tercero, quarto, quinto, sexto, sétimo, octavo, nono, décimo, undécimo, duodécimo, décimo tercio &c. Algunos de estos nombres ordinales acaban tambien en eno, como: noveno, deceno, onceno, doceno, catorceno. Colectivos son los que significan una cantidad determinada de cosas, como: docena, centenar, millar, millon. En la Poesía son de esta clase los nombres quarteta, quintilla, décima, y los tercetos, y quartetos de los sonetos. -pág. 34- | ||||||||||||||||||||||||||||||