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[45] Capítulo XVIIILos portugueses dueños del comercio de Lima. -Denúnciase a uno de ellos por judío. -Secreto con que se verifica su prisión. -Aprehéndense a sus jefes y tormento que se les da. -Despáchanse diecisiete nuevos mandamientos. -Para despejar las cárceles resuelven los Inquisidores celebrar un auto de fe. -Es separado de su puesto el alcaide Bartolomé de Pradeda. -Continúan las prisiones. -Alquílase una casa para dar más extensión a las cárceles. -Nuevas denuncias. -Se prohíbe salir del país sin licencia del Santo Oficio. -Otros reos. -Se publican pregones para descubrir la fortuna de los procesados. -Jusepe Freile, ayudante del alcaide es desterrado a Chile. -Nuevas prisiones. -Pleitos que se originan con este motivo. -Medidas que se arbitran para su despacho. -Otras denuncias. -Favor que presta el Virrey a los Inquisidores. -Noticias acerca de los ministros de que se componía por entonces el Tribunal. -Quejas de los empleados subalternos. -Proceso del alcaide Bartolomé de Pradeda. -Relación que dan los jueces de lo que resultaba contra él. -Ardides de que se valen los presos para comunicarse en su prisión. -Falsos testimonios que se levantan entre sí para prolongar la decisión de sus causas. -Auto de fe de 17 de agosto de 1635. -Reos penitenciados en la capilla del Tribunal. -Horribles incidentes ocurridos durante la prisión de algunos de los portugueses. -Mencía de Luna muere en el tormento. -Relación del gran auto de fe de 23 de enero de 1639 según Montesinos. -Curiosos detalles ocurridos en el suplicio de algunos de los reos. Es llegado ya el momento de que procedamos a dar cuenta del negocio que se llamó «la complicidad grande», que había de motivar el auto de fe más sangriento de cuantos registran los anales de la Inquisición en América, y que, fieles al sistema que invariablemente nos hemos propuesto seguir en el curso de estas páginas, dejaremos contar a los mismos jueces que lo prepararon y llevaron a término. «De seis a ocho años a esta parte, decían, es muy grande la cantidad de portugueses, que han entrado en este reino del Perú (donde [46] antes había muchos), por Buenos Ayres, el Brasil, Nueva España, Nuevo Reino, y Puerto Velo. Estaba esta ciudad cuajada de ella, muchos casados, y los más solteros; habíanse hecho señores del comercio; la calle que llaman de los mercaderes era casi suya; el callejón todo; y los cajones los más; hervían por las calles vendiendo con petacas a la manera que los lenceros en esa Corte; todos los más corrillos de la plaza eran suyos; y de tal suerte se habían señoreado del trato de la mercancía, que desdel brocado al sayal, y desdel diamante al comino todo corría por sus manos (25). El castellano que no tenía por compañero de tienda a portugués, le parecía no había de tener subceso bueno. Atravesaban una flota entera con crédito que se hacían unos a otros, sin tener caudal de consideración y repartían con la ropa sus fatores, que son de su misma nación, por todo el reino. Los adinerados de la ciudad, viendo la máquina que manijaban y su grande ostentación, les daban a daño cuanta plata querían, con que pagaban a sus corresponsales, que por la mayor parte son de su profesión, quedándose con las deudas contraídas aquí, sin más caudal que alguno que habían repartido por medio de sus agentes. »Desta manera eran señores de la tierra gastando y triunfando, y pagando con puntualidad los daños, y siempre la deuda principal en pie, haciendo ostentación de riquezas, y acreditándose unos a otros con astucia y mafia, con que engañaban aun a los muy entendidos; creció tanto su habilantez con el valimiento que a todo andar iban teniendo con todo género de gentes, que el año de treinta y cuatro trataron de arrendar el almojarifazgo real. »El rumor que había del gran multiplicó desta gente, y lo que por nuestros ojos víamos nos hacía vivir atentos a todas sus acciones, con cuidadosa disimulación, cuando por un día del mes de agosto de dicho año de treinta y cuatro un Joan de Salaçar, mercader vecino desta ciudad, denunció en este Santo Oficio de Antonio Cordero, cajero de uno de dos cargadores de la ciudad de Sevilla, que por no haber podido vender y despacharse el año de treinta y tres en la feria de Puerto Velo, subieron a ésta, y tenían almacén frontero del colegio de la Compañía de Jesús, donde el Antonio Cordero vendía, y dijo, que [47] habiendo ido un sábado por la mañana a comprar unos rengos (26) al dicho almacén, halló en él al Antonio Cordero con sus amos, y hablando con él le dijo si le quería vender unos rengos, a que le había respondido, no puedo venderlos hoy, que es sábado; y replicándole el Joan de Salaçar, que tiene el sábado para no vender en él, le había dicho, digo que no he de vender hoy, porque es sábado; y que oyéndolo el uno de los amos, el de más edad, le había reprehendido, diciendo no dijese aquellas boberías; y que entonces había dicho Antonio Cordero; digo que no he de vender hoy, que es sábado, ni mañana que es domingo; y que con esto se despidió con otros dos camaradas, con quien había ido al dicho almacén, reiéndose de ver que por ser sábado decía aquel portugués no quería vender. »Y que volviendo allá otro día, que acertó ser viernes, halló al Cordero en el mismo almacén almorzando un pedazo de pan con una manzana, y después de haberle saludado, sin acordarse que fuese viernes, le había dicho, ¿no fuera mejor comer de un torrezno? a que había respondido Cordero, ¿había de comer yo lo que no comieron mis padres, ni abuelos? y replicándole Salaçar, ¿que? ¿no comieron sus padres y abuelos tocino? oyéndolo uno de los amos, que se halló presente, había respondido: quiere decir que no comieron lo que él está comiendo agora; y que él le había replicado, no es tocino lo que come agora, y que no pasó más por entonces. »Llamáronse dos que dio por contestes: dijo el uno ser sordo, y no había oído las palabras formales en lo tocante al sábado, más de haber visto que no se compró nada. El otro contesta solamente en lo del tocino; pareció flaca la testificación y quedose así, a ver si le sobrevenía otra alguna cosa. »Luego por el mes de otubre, cuidadosos siempre en estas materias, escribimos a todo el distrito, como dimos cuenta a Vuestra Alteza el año pasado, encargando a los comisarios que con toda brevedad, cuidado y secreto, nos procurasen inviar el número cierto de portugueses, que cada uno tuviese en su partido, y algunos comenzaron a ponerlo en ejecución. »Estando la cosa en este estado, visto que se acercaba la armada; acordamos poner en consulta dicha deposición tal cual, y se puso por [48] los fines de marzo, en ocasión que se había llamado para otras causas; y visto con el ordinario y consultores, salió de común acuerdo, se recogiese el Antonio Cordero con el silencio y secreto posible, y fuese sin secresto de bienes, porque cuando se echase menos, que era fuerza no se entendiese había sido la prisión por el Santo Oficio. »Encargose su ejecución a Bartolomé de Larrea, familiar desta Inquisición, que el día siguiente, con color de cerrar una cuenta tenía con el Cordero, de algunas cosas que le había vendido, viéndole le metió como otras veces en su tienda, que la tiene en la calle de los mercaderes, en la mitad del día, cuando hervía de gente, y como a la una dio aviso de cómo le tenía en un aposento cerrado, sin que nadie le hubiese visto ni sentido; inviamos luego por él con una silla de mano al alcaide, que antes de las dos le puso a buen recado. »Echáronle menos en su casa, y sus amos hicieron extraordinarias diligencias por la justicia real, y viendo que no parecía, decían unos se había huido, otros que le habían muerto; algunos, que quizá, como era portugués, le prendería la Inquisición. Pero los más bachelleres decían, no podía ser esto, pues no se había hecho secresto de bienes, diligencia precisamente necesaria en los negocios de la herejía. »Esta prisión se hizo en dos días de abril del dicho año de treinta y cinco, y luego pidió audiencia, en que dijo ser natural de Arronchez, en el obispado de Portalegre, reino de Portugal, de edad de veinte y cuatro años, casado en Sevilla y criado de Antonio de Acuña, cargador; confesó ser judío judaizante, y quien se lo había enseñado en Sevilla y denunció de algunos en ella. Y porque negaba la testificación, conclusa su causa en forma, como con menor, por diminuto, en consulta se mandó poner a cuestión de tormento, y en él, a la primera vuelta dijo le soltasen, que diría la verdad, y que Antonio de Acuña, su amo, y Diego López de Fonseca, compañero, y Manuel de la Rossa, criado deste, eran judíos, y habiéndole quitado la mancuerda y sentado en un banquillo, fue diciendo diferentes actos, ritos y ceremonias que juntos habían hecho. »Con esta deposición, sin esperar a ratificación, por temor que los dichos no pusiesen en cobro la hacienda que la tenían junta, por estar abispados desde la falta del Cordero y la armada de partida para Panamá, con parecer del ordinario, inviamos al alguacil mayor, don Joan de Espinosa, por ellos, que los halló comiendo y trajo presos en su coche, secrestados los bienes, en once de mayo. [49] »Fuéronse teniendo las audiencias ordinarias con todos; y concluyose la causa de Manuel de la Rossa, criado del Diego López, tenido por santo, y sacristán actual de la congregación de los mancebos, en la Compañía, natural de Portalegre, en Portugal, de oficio sedero, y de edad de más de 25 años; estuvo negativo hasta el tormento, y en él, a la segunda vuelta, confesó ser judío judaizante y que lo eran su amo Diego López, Antonio de Acuña y su criado Antonio Cordero, y otros muchos, y siempre ha ido confesando de aquí y de otras partes. »Antonio de Acuña, mozo de 20 años, natural de Sevilla, estuvo negativo hasta la séptima vuelta de la mancuerda inclusive, y entonces confesó ser judío judaizante y que lo eran también su criado Antonio Cordero, y su camarada Diego López de Fonseca y Manuel de la Rossa, criado dél; y siempre va confesando de otros muchos en esta ciudad, Cartagena y Sevilla; a este se debe la mayor luz desta complicidad. »Diego López de Fonseca, natural de Badajoz, de oficio mercader, de edad de 40 años, casado en Sevilla, estuvo negativo en el tormento, a que fue condenado in caput alienum, por estar convencido, con gran suma de testigos, y relajado al brazo seglar, no se le pudo dar conforme los méritos, por un desmayo que le dio a la quinta vuelta; cada día tiene nuevas testificaciones, que se le darán en publicación. »En este tiempo, las pocas cárceles que había, estaban ocupadas, crecían cada día los denunciados, porque el Antonio de Acuña, Rossa y Cordero iban siempre confesando; y para poder recoger los que estaban mandados prender, con consulta de ordinario y consultores, acordamos de despachar en la capilla las causas que estaban determinadas a pena pública, y las demás con toda brevedad; y que el alcaide Bartolomé de Pradeda, dejase su aposento, pasando a la casa, pared en medio, que es desta inquisición, y porque si antes de prender los que estaban mandados, se hacía esto, era dar a entender lo que se trataba, acordamos se ejecutasen primero las prisiones. »Estaban diez y siete mandamientos hechos de la gente más válida y autorizada de la plaza, algunos delcos, y era fuerza causase grandísimo ruido, cosa que nunca se había visto en este reino; conociendo la gran piedad y afecto con que el Virrey, conde de Chinchón, hace cualquiera diligencia en orden a honrar el Santo Oficio, nos pareció darle parte desta resolución, y que si quisiese entender algo della en particular, se le recibiese primero juramento, a que fue el inquisidor don [50] Antonio de Castro, habiéndole oído con mucho gusto, y dado muestras del que ternía, de saber quiénes, y cuántos eran los presos; hizo el juramento de secreto religiosísimamente y prometió, si fuese menester, iría en persona a prender al más mínimo. »Hecha esta diligencia, se repartieron el día de San Lorenzo diez y siete mandamientos en pocos menos ministros, y se les dio el orden que habían de tener, y sin que ninguno supiese más del suyo, el siguiente, que fue de Santa Clara, desde las doce y media, que entró el primero hasta un poco antes de las dos, se ejecutaron los diez y siete mandamientos, con tanto silencio y quietud, que cuando el pueblo sintió lo que pasaba, estaban los más en sus cárceles; fue día del juicio, quedó la ciudad atónita y pasmada, ensalzando la fe católica y alabando al Santo Oficio, creció la gente de tal modo a la última prisión, que se hizo en esta misma calle, que no se podía romper por ella (27). »Otro día sacamos a la capilla unos doce de diferentes causas, y el siguiente despachamos las demás, y se ocuparon las diez y seis cárceles antiguas, y otras que tumultuariamente se hicieron. »Crecía cada día la complicidad, y teníamos poca satisfacción del alcaide Bartolomé de Pradeda, por ser mucha su cudicia, y particularmente después que compró unas haciendas del campo en mucho mayor cantidad que la que alcanzaba su caudal; hallamos que estaba embarazado con las cabezas desta complicidad, y que los había emprestillado y metido en fianzas, y que olvidado de su obligación y rendido al interés, [51] nos tenía vendidos, haciendo público lo que pasaba en las cárceles, y dando lugar a comunicaciones; pedía su infidelidad una severa demostración; pero considerando veinte años de servicios y siete hijos, y andar con poca salud, acordamos que pidiese licencia para ir a convalecer a su chacara, y con este pretexto arrancarle antes que causara mayor daño. »Hízose así, y pusimos en su lugar a Diego de Vargas, hijo y primo de ministros, natural de Toledo, soltero, dándole el servicio necesario para la buena administración de las cárceles, y por ayudante a un mozo, deudo de Benardino de Collantes, nuncio que fue desta Inquisición, llamado Joseph Freile de Moriz, que servía de antes la portería. Fueron presos en esta ocasión de once de agosto, con secresto de bienes: »Bartolomé de León, natural de Badajoz, de oficio mercader, que dicen es deudo del Diego López de Fonseca, de edad de 19 años, siguiose su causa como con menor, estando siempre negativo; y a la monición del tormento, confesó ser judío judaizante, y de otros muchos desta ciudad; este fue camarada de Antonio de Acuña y Diego López de Fonseca, los cuales dijo eran judíos, como también Antonio Cordero y Manuel de la Rossa. »Gerónimo Hernández, natural de Sevilla, tío hermano de madre de Antonio de Acuña, mercachifle, de edad de 18 a 20 años, que vivía con su sobrino; estuvo negativo, y habiéndose visto en consulta se sentenció a tormento, y antes de la monición dél, habiendo pedido audiencia, dijo ser judío judaizante, y dio por cómplices en el judaísmo a su sobrino Antonio de Acuña, Diego López de Fonseca, Bartolomé de León, Manuel de la Rosa y Antonio Cordero, que todos vivieron en una misma casa, y a otros, así en esta ciudad, como en otras partes. »Manuel Baptista Pérez, mercader, natural de Ansan, jurisdicción de Coimbra en el reino de Portugal, de edad de 46 años, casado con prima suya, que trajo de Sevilla, y con hijos, hombre de mucho crédito en todas partes, y tenido por el oráculo de la nación hebrea, y de quien se entiende es el principal en la observancia de la ley de Moisés; es mucha la máquina de hacienda que tiene a su cargo, y la que debe en cantidades gruesas, plazos cumplidos, pasa de ciento y treinta mil pesos, en lo que hasta agora se sabe; está convito con mucho número de testigos y negativo. »Sebastián Duarte, su cuñado, natural de Montemayor el Nuevo, [52] en Portugal, de oficio mercader, de edad de 30 años, casado con una hermana de la de Manuel Baptista, sin hijos, vivían juntos en una casa, y tienen la hacienda en compañía proindiviso, está convencido y negativo. »Antonio Gómez de Acosta, natural de Verganza, en Portugal, de edad de 38 años, vecino desta ciudad, manijaba gran suma de hacienda, invió el año pasado a Tierrafirme mucha plata para hacer pagas o para ponerlas en cobro, que es lo que más procuran, tiene muchas deudas, y alguna hacienda que tiene esta derramada, esta convencido y negativo. »Manuel de Spinossa, natural que dice ser de Almagro, hijo de portugueses, de edad de 32 años, esta convencido y negativo, y su causa en defensas que no importan, sentenciose a relajar y tormento in caput alienum, en esto pidió misericordia confesando, aunque cortamente de sí y otros. »Jorge de Espinossa, su hermano, de edad de 28 años, se trajo preso de Panamá a donde bajó en la armadilla, y entró en las cárceles a los 28 de diciembre, está negativo. »Antonio de Spinosa, hermano de ambos, de edad de 24 años, fue preso en la villa de Potosí, a donde se había huido; entró en las cárceles secretas en 8 de febrero, vase siguiendo su causa, está negativo. »Roque Gómez, mercader, natural de Saldaña en Castilla la Vieja, hijo de portugueses, de edad de 36 años, que tenía tienda en el Callejón en compañía de otros; su causa está parada porque se le ha turbado el juicio o lo finge. »Francisco Núñez Duarte, mercader, compañero del Roque, natural de la ciudad de la Guardia en Portugal, de edad de 44 años, tiene mucha testificación, está negativo. »Gaspar Núñez Duarte, su hermano, de edad de 32 años, entró preso en dos de enero deste año, está negativo. »Antonio de Sossa, portugués, natural de Villameán, aldea de Viseo, en Portugal, de edad de 40 años, casado en esta ciudad, este es el que puso en plática el arrendar los armojarifazgos, está negativo. »Rodrigo Váez Pereira, natural de la villa de Monsanto en Portugal, de oficio mercader, casado, en esta ciudad con hija de portugués, de edad de 35 años; confiesa haber hecho cuando muchacho algunos ayunos judaicos, enseñado de un tío suyo, y niega la intención y el ser judío, vase prosiguiendo su causa, sentenciose a tormento, y a la notificación [53] de la sentencia confesó de sí y de otros y satisfizo a la testificación. »Jorge de Silva, portugués, mercader, natural de Estremoz, de edad de 33 años, confiesa su judaísmo, y, aunque de espacio, ha declarado de muchos aquí y en otras partes. »Rodrigo de Ávila, el mozo, a diferencia de su tío del mismo nombre, mercader, natural de Lisboa, de edad de 31 años, está negativo. »Enrique Núñez de Espinosa, natural de Lisboa, criado en Francia, de oficio corredor, casado en Sevilla y tiene aquí su mujer, que también está presa, de edad de 40 años; este fue preso el año de 23 por judío, y salió libre habiendo vencido el tormento que se le dio, según la prueba e indicios que hubo contra él; y aunque entró negando, en la mitad de la acusación confesó ser judío desde su niñez y testificó contra algunos, pero tan corto y diminuto, que fue condenado a tormento, en que a las primeras vueltas satisfizo a la testificación que hasta entonces tenía. Vanle sobreviniendo más pruebas, con que todavía está negativo en muchas cosas, y en otras diminuto; vase en su causa con atención, porque como persona que sabía el estilo del Santo Oficio, ha echo mucho daño. »Jorge Rodríguez Tabares, mercader, que ha sido quebrado, natural de Sevilla, casado en esta ciudad, de edad de 35 años, y que le tienen los suyos por hidalgo, comenzó negando, y llegando al segundo capítulo de la acusación, confesó su judaísmo, diciendo de sí y de otros muchos una gran deposición. »Henrrique Jorge Tabares, su hermano, mercachifle, que vivía con su hermano, de edad de 19 a 20 años, negó hasta en el tormento que se le dio entero, y después dél algunos días pidió audiencia y confesó ser judío, y dijo de su hermano Jorge Rodríguez y de otro llamado Francisco, que lo eran, y de otros. »Domingo Monte Cid, mercachifle, natural de Santaren en Portugal, de edad de 48 años, fue preso con secresto de bienes en 14 de agosto del mismo año, niega. »Todos los que se han puesto sin día de prisión, son del 11 de agosto. En este tiempo crecía el número de los testificados con la prosecución de las causas, con que por no haber cárceles, nos víamos apretados; habíase tomado la casa en que vivía el alcaide, como se ha dicho, pasándose el ala de pared en medio, que se arrendaba por cuenta de la Inquisición, cuya es, donde hicimos cantidad de cárceles, y cuando [54] ya estuvieron para poder habitar, hecha consulta, se prendieron en 22 de noviembre con secresto de bienes, los siguientes: »Enrrique de Paz, mercader, con tienda en la calle, en compañía de Francisco Gutiérrez de Coca, familiar de este Santo Oficio, natural de la Guardia en Portugal, aunque en la genealogía dijo que de Madrid, de edad de 35 años, soltero, bizarro, y la gala desta ciudad, que tenía cabida aun en los conventos de monjas y comunicación familiar con lo más granado del lugar; demás de la testificación de judío, se le prueba ocultación de bienes, y vístose cogido en ella, la confesó, negando el judaísmo en que está convencido. »El licenciado Thome Quaresma, cirujano, natural de Cerpa, en Portugal, de edad de 46 años, casado en esta ciudad, está negativo. »Diego de Ovalle, portugués, mercader, vecino desta ciudad, casado, con mujer e hijos, natural de Emont cerca de la ciudad de Ebora, de edad de 53 años, está negativo, vase siguiendo su causa. »Antonio Morón, portugués, natural de Fondón, obispado de la Guardia en Portugal, casado con hija de portugueses, que ha pocos años le vino a buscar desde Sevilla, de donde es, de edad de 46 años, de oficio jugador, viendo preso a Rodrigo Váez, su yerno, trató de hacer viaje a Panamá, y para poderle hacer pidió licencia en este Santo Oficio, y aunque hasta entonces no había testificado contra el de judaísmo formal, había grandes asomos de que era judío, con toda su casa, y pareció no convenía dársela. Y porque no se ausentase con ella, pedimos al Virrey le mandase poner en la cárcel con algún color, como que era jugador, y siendo amonestado, no se emendaba; hízolo con gran gusto, y estando en la cárcel pública le sobrevino una valiente testificación, que por ella y por lo que antes tenía, se mandó traer preso a las cárceles secretas deste Santo Oficio, y cuando se hubo de ejecutar la prisión a los 22 de noviembre, así dél, como de su mujer, hija y cuñada, se invió un recado por escripto al Virrey pidiéndole se sirviese de mandar recogerlo al capitán Antonio Morón, en un aposento de palacio, donde nadie le comunicase, porque a la noche iría por él el alguacil mayor, hízolo con grande cuidado y secreto, y habiendo traído primero a su mujer, hija y cuñada presas aquella tarde, fue al anochecer uno de los secretarios a decirle como el alguacil mayor estaba a la puerta del jardín aguardando a Morón, y él mismo al punto, abriendo por su persona el aposento donde le había mandado poner, le bajó al jardín y dijo que se fuese con Dios, mandando le abriese la puerta, y en saliendo por [55] ella le echó mano el alguacil mayor, y metido en su coche le trujo preso; está negativo. »Doña Maior de Luna, mujer del dicho Antonio Morón, natural de Sevilla, al parecer de más de 50 años, está negativa. »Doña Isabel Antonia, hija de las dos, y mujer del dicho Rodrigo Váez Pereira, natural de Sevilla, de edad de más de catorce años, está negativa. »Doña Mencía de Luna, tía suya, hermana de madre, mujer del dicho Enrrique Núñez, natural de Sevilla, dice ser de edad de 26 años y tiene más de 46, está negativa. »Viendo pues lo que se iban ensartando, y que según buenas conjeturas no hay portugués de los que andan mercadeando, que no sea comprehendido, y que con el espacio que tenían podían ausentarse muchos, aun de los denunciados; y que Vuestra Alteza nos tiene atadas las manos, prohibiendo no estorbemos a nadie su viaje, ni obliguemos a pedir licencia a los que le quieren hacer, por la necesidad precisa acordamos pedir al Virrey que mandase por gobierno a ninguno se diese pasaje, sin la del Santo Oficio, hízolo por este año; porque aunque acude con amor y voluntad a estas causas, da resguardo a la concordia, que en esta parte ha de mandar Vuestra Alteza se corrija, y emiende, pues a menos, ni las causas de la fe se pueden lograr, ni las de la hacienda; fue de grande importancia esta diligencia, y todavía se han huido muchos, que el interés abre camino por todas partes. Destos huidos era: »Manuel Enrríquez, natural de la ciudad de Lamego, en Portugal, de edad de 34 años mercachifle, que había subido a las tierras de arriba con hacienda de Antonio Gómez de Acosta, preso, y así que supo que lo estaba, trató de ponerse en cobro y se puso en camino; tuvimos noticia de su fuga, y que el día siguiente llegaba a un tambo que llaman de Pachacama, cinco leguas de aquí, para donde había inviado a llamar a un Joan de Acevedo, su camarada, que estaba en esta ciudad, y la misma noche despachamos a Antonio Domínguez de Valcaçar, notario de secrestos, con el mismo que dio el aviso, a que llegase al dicho puesto antes que el dicho Manuel Enrríquez, y en llegando le echase mano, y antes hicimos buscar al Joan de Acevedo, y lo pusimos en un aposento; hízolo Antonio Domínguez, y el día siguiente trujo al Manuel Enrríquez, con la hacienda que llevaba, que se puso por inventario; y porque el que dijo de su fuga depuso algunas cosas dél, que juntas con ella le hacían vehementemente sospechoso, le metimos desde luego a [56] los seis de deciembre, por consulta plena, en las cárceles secrestas, y de hay a pocos días le sobrevinieron testificaciones de ser judío judaizante; confesó antes de la acusación haber sido reconciliado en Coimbra, siendo muchacho, pidiendo misericordia de la vida; dice de sí y de otros muchos de diferentes partes. »Joan de Acevedo camarada del antecedente, estando en el dicho aposento le sobrevino una gran testificación, con que se mandó meter en las cárceles secretas, con secresto de bienes a los tres de febrero deste año; confesó a la segunda audiencia su judaísmo, y dijo de muchos de... Cartajena y de aquí; y ser natural de Lisboa y cristiano viejo de edad de 26 años, y todavía tiene que decir. »En el dicho mes de diciembre fueron votados a prisión en consultas, con secresto de bienes, y se prendieron a los diez dél los siguientes: »Luis de Vega, natural de Lisboa, de oficio platero y lapidario, de edad de 40 años, casado en Sevilla con hermana de Manuel Baptista Pérez, preso; conclusa su causa, se condenó a tormento; a la monición confesó ser judío, y dijo de sí y de otros y va diciendo. »Amaro Dionis, natural de Tomar en Portugal, de edad de 34 años, que vino de Cartagena con hacienda ajena, está negativo y convencido; ya su causa se sentenció, fue condenado a tormento y antes pidió audiencia, y confesó, y satisfizo a la testificación. »Pascual Daz, mercader, con tienda natural de Mirandela en el Obispado de Miranda en Portugal, de edad de 39 años, confiesa su judaísmo y dice de otros. »Francisco Márquez Montesino, natural de Moncorbo, en el arzobispado de Braga, de edad de 40 años, mercader, que hacía viajes, escondió la hacienda, habiendo primero echado voz antes de la prisión cautelosamente que un hermano, a quien invió con ropa arriba, le había jugado más de doce mil pesos; este hermano que no se sabe donde anda, está ya testificado, y él está negativo. »Antonio de Vega, mercachifle, portugués, natural de la Villa de la Frontera, de edad de 34 años, que se hace caballero, está bien testificado, mas niega, y su causa se va siguiendo, y antes de darle la publicación pidió misericordia, confesando ser judío de profesión, y dice de otros. »Francisco Fernández, mercachifle, natural de la Guardia en Portugal, [57] de edad de 35 años confiesa su judaísmo, y dice de otros, y vase siguiendo su causa. »Manuel Luis Matos, portugués, con tienda en el callejón, natural de Fresjo en Portugal, de edad de 34 años está negativo, y su causa para darle la acusación, cuando habiendo pedido audiencia confesó ser judío judaizante, y va diciendo de otros. »Don Simón Osorio, alias Simón Rodríguez, natural de la Villa de San Conbodan en Portugal, criado en Flandes, de edad de 26 años, subió a Quito con poderes de la Duquesa de Lerma para administrar sus obrajes y fue traído a las cárceles desde Santo Oficio a los 22 de diciembre; al tiempo de la prisión se le hallaron dos retratos suyos, y el uno en traje de mujer; tiene en el proceso tres padres y diferentes naturalezas, está negativo y su causa; testifícanle de haberse jactado de que él y dos hermanos suyos tienen ocho mil ducados en la compañía contra Su Majestad en Olanda, para armar por la mar, y que son de la escuadra del Brasil. »Melchor de los Reies, que dice ser nacido en Madrid, hijo de portugueses, de edad de 31 años, entró preso con secresto de bienes, en diez de enero deste año; éste ocultó cantidad de hacienda, en plata, joyas y ropa del dicho Enríquez de Paz, y dice metió 4 barras de plata en dos cajones, diciendo que eran de otra cosa, en el estudio de don Dionisio Manrrique, caballero del hábito de Santiago, alcalde de corte más antiguo de esta Audiencia y consultor de esta Inquisición, su familiar amigo, con más de 50 piezas de damasquillos, y 4 de damascos mandarines, a guardar. Don Dionisio no niega la entrada de algo dello en su casa, mas dice, que aquella misma noche sacolo, que fue un mozo que no conoció por orden del dicho Melchor; hanse hecho diligencias con este caballero por buenos medios, y no han aprovechado; remitimos a Vuestra Alteza los autos en esta ocasión, con nuestro parecer, para que vistos, nos ordene y mande lo que más convenga. Melchor está negativo en lo principal. »Por noticias que cada día teníamos de que estos habían escondido la hacienda, dimos un pregón para que todos los que supiesen de tal cosa, lo manifestasen en este Santo Oficio dentro de nueve días, pena de excomunión y otras; por cuya causa se descubrieron algunos, y en special los que se han dicho del dicho Enrríquez de Paz, y de otros que a su tiempo se dirán, con que se conoce el buen efecto del pregón. »Gaspar Fernández, portugués, natural de Villaflor, de edad de [58] 28 años, entró preso en once de enero deste presente año, está negativo. »Enrrique Lorenzo fue de los que se prendieron en Panamá, adonde había bajado a emplear con plata de particulares desta ciudad, portugués de nación, natural de Moncorbo, de edad de 30 años, entró en las cárceles secretas a 14 de enero; vase siguiendo su causa, está negativo, diósele tormento y en él confesó de sí y de otros. »Será bien que Vuestra Alteza sea sabidor de lo que pasó en la prisión deste, y de Jorge de Espinosa, de quien queda dicho, por si acaso diere queja el Tribunal de Cartagena, de culo distrito es Panamá, por decir que no pudiendo hacer, lo prendimos donde no teníamos jurisdicción. Al principio de la fundación de aquel Santo Oficio, conociendo los grandes inconvenientes que se seguían de consultar primero aquel Tribunal en la ejecución de los mandamientos desta Inquisición en aquel reino de Tierrafirme, por la mucha distancia, y mar de por medio; los licenciados Pedro Mathe de Salcedo, y Joan de Mañozca dieron orden al P. M. F. Alonso de Castro, que lo es desde su primera creación, para que todo lo que deste Tribunal se le ordenase, en que en la dilación se tuviese peligro, lo ejecutase luego, y después les diese aviso, prevención de que se han seguido siempre buenos efectos; y después se renovó esta orden por los subcesores, según que el comisario nos avisa, dándonos parte del sentimiento con que los Inquisidores le escriben y a este Santo Oficio hacen lo mismo; y por si se quejaren, a Vuestra Alteza le suplicamos los ponga en camino, para que consideren que estos hombres estaban con gran cantidad de haciendas desta ciudad en Panamá, y que luego que supiesen de las prisiones de aquí, o se habían de huir, o las habían de esconder, como realmente intentaron uno y otro, y salieran con ello, sino se les echara mano; y que la armada estaba de partida de vuelta para el Callao, y tras de ella inmediatamente los navíos mercantes, en que se habían de embarcar con su ropa; y se sirva de mandarles no inoven en lo que los primeros fundadores con todo acuerdo ordenaron, y con buenos efectos en el servicio de Dios y del Santo Oficio se ha observado tantos años. »Gaspar Pereira entró preso de vuelta de Panamá, a donde bajó a emplear con plata de particulares, a los 14 de enero, es natural de Villa-Real en Portugal, de edad de 30 años, está confitente de sí y Luis de Lima, camarada del Enrrique Lorenzo con quien había bajado a Tierrafirme con plata de vecinos desta ciudad a emplear, después que volvió a ella, se vino a denunciar a este Santo Oficio voluntariamente, donde [59] ya estaba testificado, y porque andaba diminuto, se mandó recluir en las cárceles secretas con secresto de bienes en 12 de febrero deste año; es natural de Moncorbo en Portugal, de edad de más de 40 años ha dicho de muchos de aquí y de otras partes. »Joan Rodríguez de Silva, que subió en este mismo tiempo desde Panamá a esta ciudad, estaba testificado de su hermano Jorge de Silva algunos días antes, es de edad de 39 años natural de Estremoz en Portugal, pidió audiencia en 18 de febrero, y en ella confesó voluntariamente ser judío judaizante, contando algunos ayunos que había hecho en observancia de la ley de Moisés, y queriéndole hacer algunas preguntas, salió de repente diciendo que no era judío y revocó lo que acababa de confesar, y dijo que la causa de haberse venido a acusar, había sido un papel, que le habían dado de Jorge de Silva su hermano, que le escribió desde las cárceles secretas. Preguntado quien le dio el papel, dijo por señas ser el ayudante del alcaide Jusepe Freile, quien se lo había dado el día antes, en el cual le decía su hermano que no había podido hacer menos, que acusarle, y que así se viniese luego a pedir misericordia, y que con el propio ayudante le respondió en otro papel. Tomósele al punto a éste su declaración y confesó el echo; con que mandamos, que fuese llevado luego a la cárcel de Corte, y le pusiesen un par de grillos; e inviamos a pedir al Virrey que ordenase al cabo de las galeras, recibiese en ellas la persona que de parte nuestra se llevase; hízolo con mucho cuidado, y el día siguiente a las cuatro de la tarde porque la demostración fuese con ejemplo, le llevó el nuncio Martín de Vargas con dos familiares que le acompañaron con varas altas, sacándole de la cárcel con sus grillos, en mula con sillón, y lo entregó en la galera capitana, y estamos de acuerdo de echarle a Chile, aunque merecía mayor castigo. »Esta poca fidelidad nos puso en nuevos cuidados, y procuramos, quien pudiese ocupar su lugar, y echamos mano de Benito Rodríguez Liaño, familiar de la Inquisición de Sevilla, hombre de buena edad, y tenido por de bien, que queda sirviendo en compañía del Alcalde que como la gente es mucha, y cada día va en augmento hay necesidad de ayudas, y aunque se vive con suma vigilancia, este interés corrompe a quien menos se piensa, como lo hizo a Francisco Hurtado de Valcaçar, familiar antiguo de Toledo, que ha más de veinte años que pasó a estas partes, que pareciéndonos persona apropósito, cuando hicimos al Jusepe Freile ayudante, le pusimos en la portería en su lugar; y mientras [60] hecha la diligencia dicha, de inviar a éste a la galera, se buscó el Benito Rodríguez, se le mandó entrar en las cárceles, a ayudar dar de comer a los presos, se dejó cohechar del dicho Enrrique de Paz, trayendo y llevando algunos papeles de fuera de comunicación, de que dio noticia el dicho Ruiz de Lima; lo cual no pudo negar, y así le mandamos se fuese a su casa, y no fuese llamado para acto ninguno, ni entrase en esta Inquisición, y por ser hombre mayor, y ministro antiguo, no le afrentamos públicamente, y, porque no entiendan las gentes, que hay tanta facilidad en pecar en cosa tan sancta. »Conocerá Vuestra Alteza con cuanto cuidado y solicitud es menester vivir en tierra donde parece tienen su asiento el interés y la cudicia; mandose recluir el mismo día el Joan Rodríguez de Silva en las cárceles secretas; y ha pocos días en una audiencia que pidió, confesó que desde once años no creía interiormente que en el santísimo Sacramento y en la hostia consagrada estuviese el verdadero cuerpo de Cristo nuestro Señor, ni adoró a las imágenes; vase siguiendo su causa. »Francisco Vásquez, corredor, natural de Mondi en Portugal, casado, y dicen que dos veces, y tiene aquí la una, que pocos años ha vino de Spaña a buscarle, de edad de 40 años, fue preso con secresto de bienes en 23 de febrero; está negativo. »Visto que la complicidad iba teniendo cada día mayor cuerpo, con estar todavía tan en los principios, y que aunque demás de las cárceles antiguas, que eran 16, se habían echo 19 y no bastaban se había comprado una casita pegada a ellas, por ser cosa que estaba bien en todos tiempos a esta Inquisición, y acordamos hacer la cárceles, y se han labrado 17, dejando tres aposentos altos en que pueda vivir el ayudante, para mayor seguridad de los presos, que como son bajas, ocupan mucha distancia, y de otra manera estarían muy desabrigadas; y cuando ya se pudieron habitar, se fueron prendiendo los siguientes con secrestos de bienes. »Juan Rodríguez Duarte, sobrino del dicho Sebastián Duarte, que vivió con él y su cuñado Manuel Baptista, entró preso en 25 de febrero, es natural de Montemayor, en Portugal, de edad de 33 años, de oficio mercader; está negativo. »Thomas de Lima, hermano del Luis de Lima, mozo soltero, natural de la Villa de Ozuna en el Andalucía, de edad de 30 años, testifícale con otros su hermano, está negativo... Antes que se le pusiese la acusación pidió audiencia y confesó de sí y de otros ser judíos judaizantes. [61] »Manuel Bel, mercachifle, natural de Lisboa, de edad de 34 años, entró preso a primero de marzo deste año; niega. »Simón Correa, portugués, con tienda en la calle, en compañía de Cristóval de la Torre, vecino desta ciudad, natural de Villamaior en Portugal, de edad de 30 años, fue preso con secresto de bienes en tres del dicho mes de marzo, está negativo. »Thomas Rodríguez, mercader, agente de Diego López de Lisboa, mayordomo del Arzobispo desta ciudad, casado, natural de la Venta de Arrola en Portugal, de edad de 31 años, entró preso en siete de marzo, está negativo. »Diego Pereira Diamante, portugués, vino preso por judío del Cuzco, en 30 de diciembre del año pasado, es natural de Saucel, obispado de Ebora en Portugal, de edad de 53 años, no parece hasta agora ser desta complicidad; niega. »El padre Manuel Coello, clérigo presbítero, portugués, natural de Villafranca seis leguas de Lisboa, de edad de 60 años, fue preso por mandado del Arzobispo, porque después de almorzado decía misa y tal vez dos; denunciaron dél en este Santo Oficio, desto y otras cosas, que cualificadas le hacen vehemente sospechoso del judaísmo, trájose a estas cárceles a los 27 de otubre del año pasado, tampoco hasta agora parece ser desta complicidad; confiesa algunos hechos de que es acusado, mas niega la intención. »El bachiller Luis Núñez, clérigo presbítero, natural de Coimbra, de edad de 66 años, fue traído preso de las provincias de arriba a este Santo Oficio, a los 8 de mayo del año pasado, por decir estaba retajado, y se había hecho baptizar poco tiempo, confiesa que se hizo baptizar ad cautellam, y que aunque está retajado, no es circunscisión judaica, sino que de una enfermedad de llagas, le cortaron el capullo, su causa queda... »Con las prisiones que se hicieron a los once de agosto, comenzaron cuantidad de demandas de nuevo ante nosotros, y eran muchísimos los pleitos que de antes estaban pendientes en los Tribunales reales, y cada día han ido creciendo y irán adelante conforme se fueren prendiendo, porque como se dijo al principio estaban apoderados del trato y contrato en todo género de estos reinos, y de Tierra firme. Vuestra Alteza verá por la relación que se le invía de los que hasta hoy hay, lo que pasa. Acordamos inviar por uno de los consultores un recado a la Real Audiencia, para que mandase se nos remitiesen las causas pertenecientes a estos [62] presos; miraron la concordia, y vieron que donde hay secresto de bienes, somos jueces privativos, y ordenaron a los escribanos de cámara los entregasen a cualquiera diligencia nuestra; la misma se hizo con el consulado donde pendían algunas causas. »Estaba la tierra lastimada con la quiebra del banco, de que dimos razón a Vuestra Alteza el año pasado, y agora con tanta prisión y secresto de bienes de hombres mercadantes y que a solo crédito atravesaban cuanto había, parecía se quería acabar el mundo; clamaban las partes que tenían pleitos de redibitorias, y otras varias acciones; pedían su prosecución porque con el tiempo no se les empeorasen sus derechos, por ausencia, o muerte de testigo, o otros accidentes; y otros los intentaban de nuevo. Vímonos en aprieto, porque seguirse pleitos sin parte legítima, no se podían, conforme a derecho; los presos no lo eran, la necesidad apretaba, y representábanse vivamente los daños; y aunque nuestro negocio principal es el de la Fe, y Vuestra Alteza quiere que en solo él pongamos todo el cuidado, quiere también que en lo accesorio hagamos justicia, la cual no se podía administrar sin quien hiciese las partes de los presos, y así pusimos en consulta si sería bien nombrarles un defensor; todos vinieron en que sí, y que se debía hacer en todo caso, excepto el inquisidor Andrés Joan Gaitán, que fue de parecer se guardase la instrucción a la letra; nombrose por defensor Manuel de Monte Alegre, con que vamos dando despacho con alguna satisfación, porque lo demás fuera un caos, una confusión invencible. »Señaláronse para el despacho civil, lunes y jueves, y después de las tres horas de las tardes, todos los días gastamos en vista de los autos lo que hay de luz hasta la noche, con que damos despacho a la mayor máquina que se ha visto, deseando dar satisfacción a las partes, sin faltar al ministerio principal de los negocios de la fe; y para poderlo hacer con menos detrimento de las causas de la fe, ocupamos todos los días sin reservar ninguno, lo que resta del día desde las tres horas de la tarde hasta la noche, y hemos ido pagando y pagamos con fianza depositaria muchas deudas, porque de otra suerte, se destruía el comercio, y recibía daño irreparable la República por tantos modos fatigada (28). [63] »Manuel González, portugués, entró preso con secresto de bienes en 22 de marzo de este año. »Manuel Álvarez, portugués, fue preso en las cárceles secretas, en 31 de marzo del dicho año; éste tenía tienda en el callejón, y luego que vio las prisiones que se hacían, cargó la ropa que en ella tenía y se huyó; y en la provincia de Guailas, sesenta leguas y más de aquí, habiendo entendido que un pasajero llevaba pliego deste Santo Oficio, para su Comisario della, le procuró haber a las manos con ruegos y plata, y no lo pudiendo conseguir, dejó la ropa que llevaba en algunas cargas a un soldado, que la recibió por memoria, y él se fue huyendo, y el soldado hizo propio luego con aviso de lo que pasaba; mandósele inventariase la ropa, ante el Comisario que estaba en otro lugar allí cerca, y la trajese, o remitiese a esta Inquisición, y con el mismo mensajero se despachó mandamiento contra el Manuel Álvarez; la ropa vino, y él luego, que le halló quien le fue a buscar en la provincia de Cajamarca, mudado el nombre, y dentro de pocos días le sobrevinieron testificaciones de ser judío judaizante. »Pascual Núñez, portugués, cajonero, entró preso en 14 de abril deste dicho año. »Fernando de Espinosa, entró en las cárceles secretas en 16 del mismo, era mercader en la calle, en compañía de Lucas de Hurtado de la Palma, quebró algunos días antes y estaba retraído en la Merced, es natural de la Torre de Moncorbo en Portugal, de edad de 34 años. »Rodrigo de Ávila, tío del otro preso, entró en las cárceles secretas por consulta de todos, con secresto de bienes, es casado en esta ciudad con mujer principal y hijos, portugués antiguo en el Perú, donde entró por Buenos Ayres; esta prisión fue a los 17 de abril deste año, es natural de Lisboa, de oficio mercader, de edad de más de sesenta años. »Pedro Farias, portugués, mercader, entró preso este mismo día, con secresto de bienes, en las cárceles, es natural de Guimaraes, de edad de 34 años. »Antonio de los Santos, fue preso dicho día, con secresto de bienes, era pretendiente de familiatura, y están aquí las informaciones de su genealogía, buenas, al estilo de Portugal, es de oficio mercader, y en ocasión que con solo un testigo le mandaron prender, se tuvo respecto a la pretensión, sobrevínole otro, y mandose recluir, es natural de Capeludos, arzobispado de Braga, de edad de 35 años. »Don Juan Arévalo de Espinosa, alguacil mayor de esta Inquisición, [64] por estar viejo e indispuesto, no pudo acudir en persona a estas cuatro prisiones últimas y pidió por petición, atento a sus achaques y tantos servicios, se le hiciese gracia y merced de nombrar para sus ausencias y enfermedades a don Joan Tello, su yerno, caballero de muchas partes, modesto, secreto, quieto y pacífico, y que está en prueba para familiar, y lo que hasta hoy se a hecho, que es lo más, está cualificado; diósele el nombramiento y trae la vara con lustre y ostentación, don Joan de Espinosa, el mozo, a quien el Eminentísimo y Ilustrísimo señor Cardenal Inquisidor General, hizo merced della en futura subcesión, y Vuestra Alteza manda en carta particular, por haber salido las pruebas de su mujer reprobadas, se le diga, si instare, que su Ilustrísima ha revocado todas las futuras subcesiones; como vio la vara en mano ajena, la pidió por petición, en virtud de su provisión, acudirá a Vuestra Alteza con su queja, y la dará porque es caballero violento, y siente la pérdida de reputación, que la quiso tener sana y hacer su gusto, sin reparar en inconvenientes de que fue advertido, y luego es la culpa nuestra. »Sebastián Delgado, pretendiente de familiatura, portugués, fue preso en 20 de abril deste año, con secresto de bienes; es natural del Concello, obispado de la ciudad de Oportu, de edad de 52 años. »Jerónimo de Açevedo, portugués, fue preso, con secresto de bienes, el mismo día, pidió audiencia y confesó. »Vase prosiguiendo en todas las causas y descubriéndose tanta copia de judíos derramados por todas partes que nos damos a creer igualan a todas las demás naciones; las cárceles están llenas y por falta dellas no ejecutamos algunas prisiones de personas de esta ciudad; andan las gentes como asombradas, y no se fían unos de otros, porque cuando menos piensan se hallan sin el amigo o compañero a quien juzgaban tanto. Tratamos de alquilar casas, y todas las circunvecinas no han de bastar; seguramente puede Vuestra Alteza afirmar a su real persona, y a todos sus Consejos, que no se le a hecho en estos reinos a su Majestad y a la Divina mayor servicio que el actual en que estamos, porque esta nación perdida se iba arraigando en pocos años de manera que como mala hierba había de ahogar a esta nueva cristiandad, y en la anciana hacer grandísimos estragos, porque en estas partes el último fin de los que las habitan de paso, y aun de asiento, es el interés, no se trata de otra cosa, a él aspiran anhelando chicos y grandes, y todo medio que facilita su consecución se abraza indistintamente, en tanto tienen a uno por hombre en cuanto sabe adquirir hacienda; y para conseguirla han [65] hallado apropósito esta secta infernal y ateísmo; es el lazo con que iban enredando, prometiendo buenos subcesos y grandes riquezas a sus secuaces; y dicen es esta la tierra de promisión, si no fuera por la Inquisición; así parece de sus confesiones. Al cristiano nuevo, o al que tiene alguna parte, fácilmente le persuaden su opinión, y al viejo, como sea cudicioso, sin muchas dificultad. Justamente nos tememos de un grandísimo daño solapado con pretexto y capa de piedad; porque usan mucho de la hypocresía; generalmente, ninguno se prende que no ande cargado de rosarios, reliquias, imágenes, cinta de San Agustín, cordón de San Francisco, y otras devociones, y muchos con cilicio y disciplina; saben todo el catecismo y rezan el rosario, y preguntados cuando ya confiesan su delito, que por qué le rezan, responden que porque no se les olviden las oraciones para el tiempo de la necesidad, que es este de la prisión, y se muestran devotos para engañar, y que los tengan por buenos cristianos. »Doce familiares del número se asignaron en esta ciudad, cuando se erigió este Tribunal el año de 1571, ha ido en augmento de población y gente, de manera que hoy respetuosamente necesita de cincuenta, porque como los vecinos son de ordinario tratantes y andan en sus contrataciones, muchas veces se carece en la ocasión de ministros, y nos vemos obligados a valernos de quienes no lo son, aventurando mucho los aciertos. De antes habemos suplicado a Vuestra Alteza se sirva de acordar en este caso lo que más viere convenir, y agora con mayores experiencias, hacemos lo proprio; juzgando como juzgamos, ser precisa la necesidad de dicho número, para la buena expedición de los negocios y mayor seguridad, advirtiendo que hoy con la vecindad del enemigo en el Brasil, no tienen seguridad estos mares, y está esto expuesto a cualquiera invasión suya, sin reparo considerable para su defensa. »A los últimos de abril tuvimos aviso de que unos portugueses, mercaderes, que de aquí fueron con ropa a las provincias de arriba, habiendo salido muchos días había de la ciudad del Cuzco para ésta a hacer sus pagos, teniendo noticia de la prisión de algunos de sus corresponsales, por el camino se habían extraviado con cuanto traían; despachamos comisión a todas partes, y a los cinco deste mes de mayo tuvimos proprio con nueva cierta de cómo cuatro, de cinco que eran, se habían preso, y se les habían secrestado oro, plata, ropa y veinte y tantas mulas, llámanse Rodrigo Fernández, Matheo de la Cruz, Matheo Enrríquez y Phelipe Díaz, que hoy están testificados del judaísmo, y se aguardan [66] por horas; la prisión fue en la ciudad de Guanuco, diez jornadas desta; y a cuatro o cinco dellas, se ponían fuera de lo conquistado a la parte del río Marañón. Ha acreditado grandemente este subceso los favores particulares que Dios hace al Santo Oficio. »Francisco Jorge Tabares, hermano de otros dos Tabares, fue preso el mismo día, con secresto de bienes, por testificación de sus hermanos. »Gonzalo Gómez Aceituno, alcaide que era actualmente de la cárcel de corte en la Real Audiencia de la Plata, entró preso en las cárceles secretas por sospechas de judío, es hermano de un relajado por este Sancto Oficio, el mismo día. »Diego Pereira, portugués, vino preso de la provincia de Chucuito, el dicho día, por sospechas de judío. »Joan Ramos de Rojas, alquilador de mulas, vecino desta ciudad, fue preso, con secresto de bienes, a los seis del dicho; confesó luego ser morisco y haber judaizado. »A los siete de mayo tuvimos consulta, en que se mandaron prender con secresto de bienes los que se dirán luego; y se trató del modo que se ternía en la prosecución desta complicidad, que cada día se descubren más, porque ya pasa a otros lugares y naciones; y hay, sin los presos, más de ochenta testificados, que pudieran muy bien recluírse desde luego, y no hay cárceles, y por estar el hibierno en casa, ni se pueden labrar ni habitar, cuando se hiciesen, en muchos meses; tratose también de la necesidad que hay de más ministros para el bueno y breve despacho de tantas causas y para la mayor seguridad de los presos y su servicio. Propúsose que no se podían recoger luego, a menos de juntarlos algunos entre sí, en el ínterin que se daba orden en las cárceles, y que cuando en los confitentes no pareciese haber inconvenientes, los habría en los que no lo estaban. Por otra parte, en el estado presente se juzgaba por menor daño, el que de aquí se podía seguir, que no de que se huyesen (como lo han hecho muchos), o pusiesen en salvo la plata. »Fuimos de consulta los tres inquisidores y el ordinario, doctor don Juan de Cabrera, y los oidores, licenciados don Alonso Pérez de Salaçar, electo presidente de Guadalajara, don Martín de Arriola, don Andrés de Villela, y Andrés de Barona Encinillas, fiscal de lo civil, todos consultores; los cuales todos, después de haber platicado en la materia largamente, con singular afeto y celo (en que nos dan ejemplo), fueron de parecer que se prosiga animosamente cosa tan sancta, [67] en que consiste la restauración y conservación destos reinos, en lo espiritual y temporal, sin atender a gastos, para que se debían vender aun los cálices, pues se conocía visiblemente la poderosa mano de Dios en los felices subcesos que cada se veían, desde que se comenzó el descubrimiento desta parte infernal, en su santo servicio; y dijeron se tornase toda la isla y se edificase lo necesario en ella, y seríanlos primeros en cargar los materiales, lo cual se debía hacer mejor que cuando un enemigo poderoso embiste inopinadamente, donde todos indistintamente conducen la fajina, para su reparo y defensa; y que era preciso recluir a todos aquellos de quien se temía fuga o ocultación de bienes, en cuya comparación no había peligro en que estuviesen juntos algunos, dejándolo todo a nuestra disposición, en que hasta agora habían visto tan grandes aciertos. »Esteban Díaz, había testificado por Luis de Lima, un Santiago del Castillo, y por decirse que era montañez, aunque la testificación era grande y muy circunstanciada, no se había resuelto su prisión en otra consulta, quedando en iguales votos, y en ésta por habérsele arrimado otro cómplice, que contestó con el primero, se mandó prender luego, antes de salir della, porque la misma tarde invió a firmar la licencia para Castilla. »Santiago del Castillo, mercader, entró preso en las cárceles secretas, con secresto de bienes, halláronsele cuarenta y cuatro barras y diez mil pesos en pesos, y alguna plata labrada, que todo se puso en la cámara del secreto; hasta agora solo le piden cuatro mil pesos, y él declara deberlos; es la hacienda más saneada que se ha secrestado. »Alonso Sánchez Chaparro, mercader, administrador del almojarifazgo, por el comercio, fue preso en las cárceles secretas el día siguiente ocho de mayo; es natural de Valencia de Alcántara, en Estremadura. Esta prisión olvidó la antecedente, porque su exterior parece bueno a la gente sencilla. Tuvimos noticia que tenía mucha plata del almojarifazgo, que se había de entregar en la caja real, de cuenta de Su Majestad, agora para remitirla en esta ocasión con el demás tesoro; y al tiempo de la prisión dimos aviso al oidor don Martín de Arriola, consultor desta Inquisición y juez de alzadas del Consulado, para que asistiese a ella y apartase la plata que así había del dicho efecto, que ya se sabía cual era de la del preso, no causase después confusión juntándose con la secuestrada, y retardase su entrega; hízose así, y entregáronse treinta y tantos mil pesos deste género, y secuestráronse cincuenta barras que [68] se hallaron, y porque tenía de la quiebra de Joan de la Queba, de que era juez, seis o siete mil pesos en dinero, y otra hacienda de que constó luego, y agora se concluía la prorrata para algunos ochocientos acreedores, se entregó todo al dicho oidor, que sabido por el Virrey, nos invió las gracias de nuestro cuidado; las barras se metieron en la cámara del secreto, así en bruto como se hallaron; dicen es cuantioso su caudal, aunque embalumado en pleitos, y tiene hacienda ajena como hombre de negocios, y ya han pedido algunas cantidades ante nos. »Luego a los nueve, llamamos a consulta, en que se vio, lo que había de tiempos atrás, contra un capitán Martín Morata Ossorio, que fue una ocultación de un judío mandado prender por este Santo Oficio, y alguna hacienda, y las testificaciones que le sobrevinieron el día antes del judaísmo, y estando confiriendo, después de haberse resuelto su prisión con secresto de bienes, sobre si se haría de día o de noche, llamaron a la portería, y entró un secretario que sabía lo que se trataba, diciendo que Martín Morata estaba en ella; pareció cosa del cielo, y mandose detener. »El capitán Martín Morata, portugués, natural del Algarbe, de oficio jugador fullero, que de pocos años a esta parte se ha echo caballero, fue maestre-sala del Marqués de Guadalcaçar, con quien pasó a Spaña, y en esta corte obtuvo cédulas honoríficas de Vuestra Real persona, y una para que el Virrey, conde de Chinchón, le ocupase en uno de los mejores oficios de su provisión; es casado en Sevilla, donde fue platero, y ha andado estas Indias todas; por ser tan insigne bellaco, ha puesto silencio en las prisiones pasadas. »Pedro de Soria, mercader, se prendió el mismo con secresto de bienes. »Francisco Sotelo, entró en las cárceles con secresto de bienes a los doce del dicho. »Andrés Muñiz, portugués, entró preso con secresto de bienes en 14 del dicho. »Mathias Gonçalez, portugués, agente de Diego de Ovalle, preso, lo fue en 15 del mismo, con secresto de bienes. »Ambrosio de Morales, familiar desta Inquisición, con informaciones hechas en Portugal, su patria, entró en las cárceles dicho día, con secresto de bienes. »Manuel García Matamoros, se mandó prender con secresto de bienes, y porque no había cárcel desocupada y se quería embarcar para Tierrafirme, [69] le mandamos poner en la de la ciudad, con color de ser deudor de alguna plata. »Otros muchos están mandados prender, que con la prisa de la armada, y el tiempo corto y no haber donde recogerlos, nos embaraza en su prisión; habemos echado mano de aquellos que podían ocultar la hacienda, que como toda es mueble, fácilmente lo hacen; la relación va truncada, como quiera que como han ido subcediendo los casos, se han ido escribiendo, no más que por darla a Vuestra Alteza por mayor, hasta que a su tiempo la podamos dar por menor, con toda claridad; están confitentes mal que bien, los anotados en la margen con cruz, y por momentos hay nuevos encartados, con que nos damos a creer que es mayor el daño de lo que hasta agora parece, y si Vuestra Real persona no manda poner remedio eficaz en extirpar esta peste que así cunde, ha de abrasar toda la tierra; y es cosa cierta que el capitán Martín Morata, día antes de prisión, dijo haciéndose celador de la honra de Jesucristo y del servicio del Rey públicamente, en ocasión que se trataba de la prisión de Chaparro, quemen a estos perros, que antes de mucho nos habían de hacer cargar botijas de agua, como quien dice nos habían de hacer esclavos; es grandísimo bellaco y no se puede hacer poco caso de cualquiera cosa que digan en estas materias, porque pretenden engañar con (29) la verdad. »Y porque pueda dar cuidado a Vuestra Alteza la multitud de los negocios civiles que hay, y irán viniendo, y el tiempo que en su despacho se gasta, en daño de las causas de la fe, porque habíamos señalado los lunes y martes para ellos; después, como decimos en esta misma relación, nos pareció ahorrar estos días y trabajar en todos indistintamente lo que queda de luz desde las tres horas de la tarde hasta las oraciones; con que habíamos vencido lo que había rezagado (30), y iremos de hoy más con el favor de Dios dando despacho, sin faltar en cosa al negocio principal, a toda esta máquina, que es la mayor que se ha visto en Tribunal eclesiástico y seglar, porque con cada uno que se prende se heredan cien pleitos. »Francisco de Vergara, mercader, natural de Estella de Navarra, casado con hija de Diego de Ovalle, entró preso a los quince deste mismo mes, con secresto de bienes; estaba días había votado en consulta, y por causas se había dilatado la ejecución. »Vuestra Alteza se ha de servir de perdonar las faltas desta narración, que como se ha hecho a trozos se ha atendido más a la verdad que al aseo, [70] mas tal cual demuestra la gran misericordia de Dios en habernos dado luz para que de un principio tan pequeño hayamos llegado a la grandeza que vemos; siendo así que todavía estamos en los primeros umbrales de la complicidad, en que hasta hoy que se cierra el pliego, son treinta los confitentes, que aunque muchos dellos están diminutos, con el tiempo irán descubriendo cómplices, que por nuestros pecados son tantos, que ponen grima, y algunos de los que menos se pensaba en esta ciudad, y supuesto que ha comenzado a discurrir por las de otras provincias, en que hay tantos desta nación infame, hay obra cortada para mucho tiempo; suplicamos a Vuestra Alteza admita nuestros buenos deseos, cierto de que en su servicio no habrá dificultad que nos acobarde, y que por vencerla en honra y gloria de Dios y su fe santísima pondremos la vida, siendo menester. »El Virrey Conde de Chinchón acude a todo cuanto se le pide en estas materias con tanto afecto y tan celoso mira la autoridad del Sancto Oficio, que aunque se lo procuramos merecer de nuestra parte con la sumisión y reverencia debida, se ha de servir Vuestra Alteza de rendirle las gracias de lo que hace, y en particular de haber dado orden apretada a los soldados del presidio, caballería y infantería ronden toda la noche toda esta cuadra de la Inquisición, como lo hacen incesantemente, con grandísimo cuidado (31). »Nuestro Señor guarde a Vuestra Alteza largos y felices años para bien universal de su Iglesia, como estos sus menores capellanes deseamos y habernos menester. Lima y mayo, 18 de 1636. -El licenciado Juan de Mañozca. -El licenciado Andrés Juan Gaytán. -El licenciado don Antonio de Castro y del Castillo» (32). [71] Cúmplenos al presente decir algo acerca de los ministros que firman la nota que acaba de leerse. Muy poco después de la celebración del auto último de 1631, moría en Lima, a 22 de septiembre de ese mismo año, Juan Gutiérrez Flores, que además de su título de inquisidor había investido el de visitador de la Audiencia. Mañozca que desempeñara un cargo semejante en Quito, según hemos visto, se veía por entonces gravemente acusado ante el Consejo, por hechos falsos, según él aseguraba (33), pero que no habían de ser obstáculo para que algún tiempo más tarde fuese nombrado cancelario de la Inquisición general y para otras dignidades (34). Gaitán contaba ya por esa fecha sesenta y siete años y se encontraba por demás achacoso con una molesta enfermedad que poco después debía privarle en absoluto de salir de su casa y aún llevarlo al sepulcro algún tiempo más tarde. El otro juez que firmaba la nota, Antonio de Castro y del Castillo, que ejercía sus funciones desde febrero de 1627, era un sacerdote de cincuenta y cinco años de edad, graduado de bachiller en cánones en la Universidad de Salamanca y de licenciado en la de San Marcos, de Lima, y que después de haber sido cura y vicario de Potosí por tiempo de más de veinte años, y comisario del Santo Oficio, había merecido la plaza que ocupaba con carácter de supernumerario y sin sueldo mientras no vacase alguna de las plantas (35). Contra todos ellos se habían levantado quejas, partiendo, como sucedía de ordinario, las primeras de entre ellos mismos o de sus subordinados, que les acusaban de la aspereza con que les trataban o de [72] las humillaciones que a cada paso les inferían. Ya era el fiscal que les denunciaba de contravenir a la disposición que mandaba se hallasen presentes cuando se hubiese de dar tormento a los procesados y de que permitían a los familiares casarse sin practicar las informaciones de limpieza de sus mujeres, a que estaban obligados (36); ya el secretario que se lamentaba de los compadrazgos que hacían valer, especialmente Gaitán, para favorecer a sus criados, honrándolos con títulos del Santo Oficio, para valerse de ellos en sus granjerías (37). Y si tal era la conducta de los Inquisidores, no parecerá extraño, que, como acabamos de ver de la relación que enviaban al Consejo, los empleados subalternos no les fuesen en zaga. Mas, cualesquiera que sean las acusaciones que se hacían a éstos siempre parecerán destituidas de interés al lado de las que podían hacerse valer contra el alcaide encargado de la custodia y guarda de los presos, pues su estudio tendrá la ventaja de dejarnos siquiera vislumbrar la vida que llevaban en sus cárceles los procesados por el Santo Oficio. Desempeñaba el destino por esa época, según ya sabemos, y lo servía desde 1605, Bartolomé de Pradeda, hombre de más de cincuenta años, a quien a causa de las denuncias que contra él se tuvieron, los Inquisidores se vieron obligados a encauzar, llamando a declarar con este motivo a muchos de los presos, el testimonio de uno de los cuales, único que transcribiremos en obsequio de la brevedad, consta de la siguiente diligencia: «En la ciudad de los Reyes, viernes cuatro de enero de mil y seiscientos treinta y seis años, estando el señor inquisidor licenciado don Antonio de Castro y del Castillo, en su audiencia de la mañana, mandó entrar a ella a una mujer que vino sin ser llamada, de la cual siendo presente, fue recibido juramento en forma de derecho y prometió de decir la verdad y de guardar secreto, y dijo llamarse María de la Cruz, viuda, natural del Puerto de Guadarrama, presa que ha sido en este Santo Oficio, y residente al presente en esta ciudad, con licencia de los señores de él, de edad de más de cuarenta y ocho años, aunque de cierto no sabe los que tiene, dijo que por el descargo de su conciencia [73] y porque algunos confesores lo han mandado, viene a decir y a manifestar en este Santo Oficio, las cosas que sabe y las que vio y oyó el tiempo que estuvo presa en las cárceles secretas y en la casa del alcaide, del poco recato y falta de secreto que el dicho alcaide Bartolomé de Pradeda guardaba en la administración del dicho su oficio, y lo que sabe es: »Que luego que trajeron preso a las dichas cárceles secretas, por las carnestolendas, a lo que se quiere acordar, de la cuaresma próxima pasada, a un portugués mercachifle llamado Antonio Cordero, para habelle de traer preso pidió en presencia de esta declarante el dicho alcaide a su hija doña Juana, una aguja grande con un hilo de acarreto, que dijo que era para traer un preso y montalle en una silla de manos que para el caso había prevenido, y vio esta declarante que fue con la dicha silla y dos negros suyos, el dicho alcaide, entre las doce y la una del día, y de hay a un rato vio ansimismo esta declarante que el dicho alcaide Bartolomé de Pradeda salió por la puerta de las cárceles que sale a su casa, y en la cocina donde esta declarante estaba y algunos negros de su servicio, dijo a esta declarante que ya había traído el preso y lo dejaba en las cárceles secretas y que lo había sacado de casa de Bartolomé de Larrea y que el preso era un mercachifle portugués llamado Antonio Cordero, y para que mejor lo conociese esta declarante, le dijo que era un mercachifle que los días pasados había entrado en casa del dicho alcaide en compañía de un pariente, y luego dijo de un hermano de Agulla, un escribano, a quien en México querían ahorcar por unos libelos, y por estas señas conoció esta declarante quien era el dicho Antonio Cordero, porque de él había comprado ésta algunas cosas, como mercachifle que andaba vendiendo por las calles. Y dijo ansimismo a esta declarante el dicho alcaide que la prisión había sido por unas palabras que había dicho en la calle de los Mercaderes el dicho Antonio Cordero, diciendo que qué se le daba a él que aquellos perros judíos le quitasen la petaca, y que eran unos perros judíos, y que él era más hombre de bien que ellos y que le mirasen a la cara, que había de hacer que se acordasen dél y que por aquellas razones le habían mandado prender, y no dijo ni nombró quienes eran los perros judíos. »Iten, dijo que sabe esta declarante que todas las consultas que en este Santo Oficio se hacían las oía el dicho alcaide Bartolomé de Pradeda, porque en habiendo consulta, se metía en las cárceles, y se ponía a escuchar junto a la ventana que cae a la sala del Tribunal, y [74] allí, encima de un bufete, se ponía a escuchar. Lo cual sabe esta declarante, porque preguntaba a los negros que entraban en las cárceles qué hacía su amo, y le decían, en particular un negro llamado Dominguillo, entre bozal y ladino, que entiende es de casta bran, que su amo estaba allí junto a la ventana, agachado escuchando, y la ventana era la del Tribunal que cae al callejón de las cárceles; y ansimismo le dijo Diego de Bargas, alcaide que al presente es, que qué le parecía a esta declarante cómo el alcaide estaba escuchando las consultas, encima de un bufete, junto a la dicha ventana del Tribunal, y está cierta esta declarante de que era verdad que se ponía a escuchar las consultas el dicho alcaide, porque a esta declarante la dijo que la habían sentenciado, y que azotes la aseguraba que no tenía, y que de lo demás no lo aseguraba; y ansimismo dijo cuando se determinó la causa del dicho Antonio Cordero, que bien sabía él en qué había de parar la cosa sobre un pobre, y de hay, a dos días o tres, que le parece que fue un viernes, aunque no está cierta dello, por parte de tarde, mandó prevenir la cámara de tormento, y que la barriesen, y a su hija la dijo que trujesen unos pebetes y unos velones grandes, y que ansimismo previniesen candeleros y tijeras de espabilar, y aquella noche llamó al verdugo, porque otro día por la mañana vino, y diciendo esta declarante al dicho alcaide que allí estaba un mulato que le buscaba, el dicho alcaide le dijo que era el verdugo, y que le dijese que se fuera allá fuera y esperara en la calle, y diciéndole ésta que sí era el verdugo, que mejor será para que no lo conociesen, que le metiera en la cocina o en un callejón de las cárceles, y el dicho alcaide la dijo a esta declarante, que no se metiera en aquello, y que le dijera que aguardara en el patio, y después, a cosa de las ocho de la mañana, que había entrado el dicho alcaide en las cárceles, salió de ellas y mandó prevenir sebo y vino y carbón, y que el sebo lo echasen en un perolillo, y que llamasen a Montesdoca, el cirujano, y que a él le hiciesen unos huevos para almorzar, porque entendía que habían de comer tarde, y esta declarante y la dicha su hija le previnieron todo, y le hicieron los huebos, y después, cuando se acabó el tormento, serían entre las once y las doce, salió el dicho alcaide y llamó al dicho Montesdoca, que estaba aguardando en la sala, que entrase en las cárceles, y que poco había sido menester, que no estaba muy lastimado, que dos o tres vueltas le habían dado, lo cual se lo oyó decir esta declarante al dicho alcaide, estando en la cocina, y con facilidad entendían los tejedores que estaban en la casa del dicho [75] alcaide, tejiendo, que eran tres, lo que pasaba en las cárceles, porque no se recataba de nadie el dicho alcaide, y le veían allí, al verdugo y al cirujano, y las cosas que se prevenían. »Iten, dijo que por el tiempo que estaba preso el dicho Antonio Cordero, dijo un día en presencia de esta declarante al dicho alcaide, fulano Agulla, hermano del de México, que le habían preguntado como persona que era de casa del dicho alcaide, si acaso estaba preso en la Inquisición el dicho Cordero, porque no sabían dél y entendían que estaba preso en la Inquisición, o que le habían muerto, pero que más se certificaban de que estaba preso, a lo cual el dicho alcaide respondió que allá lo verían, dando a entender que estaba preso, y diciéndole al dicho Agulla que no dijese nada, y que si estaban zurrascados, que es lo mismo que si estaban temerosos. »Iten, dijo que después de algunos días supo esta declarante que se había dado tormento a Antonio de Acuña, porque así lo dijo el dicho alcaide en la cocina a esta declarante, diciendo, Jesús, qué gran tormento le han dado, y le han tenido tres horas, y tiene los brazos hechos pedazos, y le nombró por su nombre, diciendo que era el dicho Antonio de Acuña, porque si él no lo nombrara, ni sabía su nombre esta declarante, ni conocía quien era, y dijo más, que había sido dalle el tormento como dar en una piedra, y que era un mozo moreno, de rostro muy galán y de lindos ojos, y de lindo rostro. Y después un día o dos, poco más o menos, pidió el dicho alcaide a esta declarante una sobrecama suya para ponella por sobremesa, y una alfombrita, y un bufetillo y una silla, y lo metió en las cárceles, diciendo que no era menester más, porque el secretario se sentaría encima de la cama del preso, y esta declarante se la dio, y de allí a dos o tres horas, poco más o menos, vio esta declarante que salió el dicho alcaide santiguándose y haciendo grandes extremos y diciendo en presencia de ésta, que estaba en la cocina, Jesús, Jesús, repitiéndolo muchas veces y santiguándose, y volviendo a decir esto hay en Lima, Jesús, todos los perritos y gatitos de la casa de Manuel Bautista, han de venir a comer la olla deste Santo Tribunal, y así por esta vez y otras que le oyó decir lo mismo esta declarante al dicho alcaide, supo más de quince días antes que le habían de prender al dicho Manuel Bautista, como le prendieron, y lo mismo supo de todos los demás que por entonces se prendieron, porque los nombraba, aunque esta declarante, como no los conoce, no se acuerda de sus nombres, y si fuera por alguna muerte y no por cosas del Santo [76] Oficio y no temiera a Dios, pudiera esta declarante avisar a todos que los habían de prender en este Santo Oficio, y en particular se acuerda que le dijo una noche a esta declarante el dicho alcaide, habiendo salido de las cárceles, estando en la sala de su casa, que si la pesara a esta declarante de ver en las cárceles algún conocido desta declarante, y ésta le dijo que quien sería, porque no conocía a ningún portugués, sino era a Antonio López que iba a España, casado con una amiga de esta declarante, llamada doña Antonia Melgarejo, y entonces le dijo el dicho alcaide a esta declarante que el dicho Antonio López era judío, y que se iba huyendo porque no le prendiesen, y de hay a dos días le volvió a decir en la cocina, a las doce del día, que si viese en aquellas cárceles algún hombre que hubiese hecho bien a esta declarante y que la hubiese visitado allí en casa del dicho alcaide, que si le pesaría, y ésta le dijo, que sí pesaría como fuese judío, pero que si no lo era, que no le pesaría, y el dicho alcaide la replicó, pues ya sabe quien es, y ésta le dijo si pues vuestra merced me ha dicho otras veces que es Antonio López, por qué no le tengo de saber, y entonces volvió a decir el dicho alcaide que le habían de traer preso a este Santo Oficio, porque habían despachado por él a Panamá, y por otros tres o cuatro judíos, y que lo que sintía era que habían de venir tantos que no estaba seguro en su casa, mas que era fuerza que se la quitasen. »Iten, dijo que considerando esta declarante el poco recato que había en las cárceles, andaba siempre con cuidado para dar parte de ello a estos señores, porque en particular vio que un día estando guisando esta declarante un pollo en la cocina para Antonio de Acuña, a cosa de las once, salió como loco el dicho alcaide de las cárceles, dejando la puerta que sale a la cocina de ellas abierta y la llave en la cerradura, y se fue muy apriesa, y como tardaba de volver, preguntó esta declarante a un negrito pequeño del dicho alcaide, llamado Agustinillo, dónde estaba su amo, el cual respondió, que ya había tomado la espada y la capa y había ido fuera, y entonces esta declarante cerró la puerta de las cárceles con la llave y se la echó a la faltriquera y hasta la una no volvió, y en el ínterin vino Diego de Vargas de fuera, que le había enviado el alcaide por plata, y dijo que no traía plata, y esta declarante prestó seis reales para traer dos reales de plantanos y cuatro de vino, porque siempre el dicho alcaide andaba falto de plata, y trataron ésta y el dicho Diego de Vargas de dar de comer a los presos, y sacó esta declarante la llave de la faltriquera diciendo que ya era [77] alcaidesa, que tenía la llave de los presos, a los cuales les dieron de comer, y después de haber comido, como dicho tiene, vino el dicho alcaide de fuera, y ésta le dio la llave diciéndole que la tomase, que la había dejado en la puerta, quedando abierta, y el dicho alcaide la tomó sin responder palabra, y después supo esta declarante que el dicho alcaide había estado en casa de doña Ana, una mujer con quien dicho alcaide tenía amistad deshonesta. »Iten, dijo que otras veces, fuera de la referida, se dejó el dicho alcaide la puerta de las cárceles abierta y la llave en ella, que serían como dos o tres, y salía fuera de casa, o estaba en ella en su cuarto, y si esta declarante tuviera mala alma y quisiera entrar a hablar con los presos, tuvo lugar muchas veces para hacello, por el descuido del dicho alcaide, el cual era de manera que los negros que entraban en las cárceles a dar de comer hacían bellaquerías, y en particular un día estando dando de comer a los presos, se le escapa aun negro, que no reparó cual de ellos era esta declarante, un trapito sucio, atado y redondo, y ésta lo alzó, entendiendo que era algún patacón, y se lo metió en la faltriquera sin que nadie la viese, y acabado de dar de comer, esta declarante se fue a su aposento y desató el dicho trapito, y vio que dentro dél estaba un papel escrito, y dentro del papel estaban cuatro pelotillas redondas, más gruesas algo que granos de maíz, las cuales le olieron a esta declarante a incienso y sospechó y tuvo por cierto esta declarante que al negro a quien se le habían caído las dichas pelotillas, las tenía para metellas algún preso de las cárceles secretas, y esta declarante, por no saber leer, aunque la letra le pareció de mujer, llevó el dicho papel a un religioso de San Francisco que no le sabe el nombre, y le dijo en confesión lo que le había pasado, y que leyese el dicho papel, el cual decía, que tomase la noche antes que le hubiesen de dar tormento una pelotilla de aquellas, y otra a todas, que no está bien en ello, cuando se lo hubiesen de dar; y por las razones del dicho papel, coligió esta declarante que debió de ser su marido de quien enviaba aquellas pelotillas, y le decía ansimismo que la persona que las llevaba era segura, y decía otras cosas de marido y mujer, y esta declarante quemó el dicho papel y hecho las pelotillas en la acequia, y se determinó de dar cuenta de ello al señor inquisidor Juan de Mañozca, y fue aquella noche a su casa para hablalle, y estuvo aguardando dos horas, y no pudo por estar con su señoría un hombre que dijo el paje que había venido de Chile, y después fue de hay a dos o tres noches, otra, y tampoco pudo hablalle, [78] porque dijo el paje que estaba ocupado con el presente secretario, y así de allí a cuatro o seis noches, fue a hablar al señor inquisidor Gaytán, y le contó todo lo que ha referido o parte de ello, y después le volvió a hablar otra vez por la mañana y le dijo, cómo no convenía que entrasen los negros del dicho alcaide en las cárceles, y que se buscasen unos negros bozales para que entrasen, porque ni era Inquisición, ni era secreto, ni era nada el día que se sabía en la casa del alcaide todo lo que pasaba en las cárceles, y le contó ansimismo las pelotillas que había hallado en la cocina, y el dicho señor inquisidor se azoró mucho diciendo que era un mal hombre el alcaide, y le dijo a ésta que por qué no le había llevado las pelotillas; y en este estado cesó la audiencia por ser tarde, y habiéndole leído lo que ha dicho, dijo estar bien escrito, y por no saber firmar, lo firmó el dicho señor inquisidor. -El licenciado Castro. -Pasó ante mí. -Domingo de Aroche. »En la ciudad de los Reyes, en el dicho día, mes y año dicho, estando el dicho inquisidor licenciado don Antonio de Castro y del Castillo en su audiencia de la tarde, mandó entrar en ella a la dicha María de la Cruz, y siendo presente, se prosiguió en la declaración que dejó comenzada esta mañana, cuatro deste dicho mes de enero, año de mil y seiscientos y treinta y seis, y que prosiga en la dicha declaración debajo del juramento que tiene hecho. »Dijo que por el mismo tiempo vio esta declarante que un hombre pequeño de cuerpo, portugués, basto, vestido de jergueta parda, con un rosario al cuello, que es criado de Manuel Bautista Pérez, y no le sabe el nombre, aunque si le ve le conocerá, llegó a la casa del alcaide una mañana entre las ocho y las nueve, poco más o menos, estando ya preso el dicho Manuel Bautista, y preguntó a esta declarante por el alcaide y traía un papel cerrado en la mano el dicho hombre, y esta declarante llamó al dicho alcaide, Bartolomé de Pradeda, y le dijo que allí le llamaba un hombre, sin decille quien fuese, y vio que salió el dicho alcaide y habló con el dicho hombre, el cual le dio el papel que traía al dicho alcaide, el cual dicho alcaide, sin abrir el papel, tomó su capa y se metió con el dicho papel en las cárceles, donde estuvo mucho rato, y cuando salió, no le vio sacar papel ninguno, y sospechó esta declarante que el papel debió de ser para Manuel Bautista, por traelle hombre de su casa, pero no sabe cosa cierta esta declarante sino solo lo que ha referido. [79] »Iten dijo que otras muchas veces vio que de noche iba el dicho hombre de casa de Manuel Bautista, de cuatro a cuatro noches, poco más o menos, y preguntaba por el dicho alcaide algunas veces a esta declarante, otras veces a sus negros, y avisándole, salía el dicho alcaide al patio o al zaguán, y hablaba en secreto con el dicho hombre, y otras veces avisaba al dicho hombre que estaba allí, con Diego de Vargas, el cual ansimismo le llamaba, y después que hablaban en secreto el dicho alcaide y dicho hombre, veía esta declarante que metían en las ocasiones que venía, muchas conservas con dos negros que siempre traía consigo el dicho hombre, unas veces botes de azahar, otras cajetas de orejones y de cidra rallada, y de durazno, otras veces unas albornías grandes de la ollería de dulces, y una vez metió una frasquera llena frascos con vino, y otras veces unos pastelillos de dulces regalados y panes grandes amolletados, y todo lo tomaba el dicho alcaide y lo guardaba en su despensilla, llamando a su hija doña Juana para que lo guardase, y de ello enviaba poca cosa al dicho Manuel Bautista y a su cuñado, y con todo lo demás se quedaba, y nunca dio de todo ello con ser mucha máquina, a esta declarante, y una noche después a cabo de días, vio esta declarante que el dicho hombre de casa del dicho Manuel Bautista llevó al dicho alcaide Bartolomé de Pradeda una cajeta de conserva y cuatro panes regalados, y le envió a llamar con el dicho Diego de Vargas, y salió el dicho alcaide y vio esta declarante que no quiso recibir entonces la cajeta ni los panes; y el dicho hombre dijo, después de haberse ido el dicho alcaide, que no debió de haber querido porque era poco, y esta declarante le persuadió a Diego de Vargas que él lo recibiese y metiese un cuchillo por los panes por si traían algo, y se los diese a aquellos desventurados, pues el alcaide les daba tan poco de lo que le traían, diciendo que por qué habían de comer de aquello los perros judíos, y que se estuvieran en su casa y no ofendieran a Dios, y no vinieran a dalle aquel cansancio, y el dicho Diego de Vargas no quiso tomar la dicha cajeta y panes, y el hombre que lo trajo se volvió con ello. »Iten dijo que ansimismo sabe y vio que el dicho alcaide Bartolomé de Pradeda, se quedó con cantidad de ropa blanca de la que traían a Manuel, y luego dijo a su cuñado de Manuel Bautista, lo cual fue una tabla de manteles buena y cuatro servilletas adamascadas, y una sábana; y a Antonio de Acuña, de la ropa que le trajeron en dos petacas tumbadas, que las metió como a las ocho de la noche en su [80] cuadra con sus negros, le tomó, habiéndose encerrado con su hija y abierto las dichas petacas, una sábana y una camisa, unos calzones de rúan de cofre, camisa y calzones, y la sábana de rúan de fardo, y tres valonas de rengos con puntas grandes, de las cuales dio la una a doña Ana, su amiga, y las otras dos a su hija doña Juana; y tomó ansimismo dos pañuelos de cambray de havara, y una tabla de manteles, y todo lo pudo ver tomar esta declarante, porque aunque se habían encerrado en la cuadra, esta estaba en la recámara, donde dormía, y estaba entonces desnudando a una de las hijas del dicho alcaide que estaba enferma, llamada Marota. »Iten, dijo que faltándole plata al dicho alcaide para dar de comer a los presos, porque siempre andaba alcanzado della después que tomó la chácara, le dijo un día antes que prendiesen a Manuel Bautista, a su negra María Carabali, que es la cocinera, que le pidiese plata a esta declarante para que comiesen los presos, porque él no tenía de donde traella, y la dicha negra se la pidió a esta declarante, y por no tener ella, tomó una camisa suya labrada de seda azul, y con ella fue a pedir diez pesos prestados a Juan de la Reguera, panadero, que vivía en las casas de la esquina de esta Inquisición, el cual se los prestó a esta declarante sobre la dicha camisa, diciéndole qué para que gastaba esta tanta plata, que le debía cien pesos sobre otras prendas, y que bien sabía que esta no quería la plata para sí sino para el alcaide, y que era un hombre desagradecido, y que nada de cuanto hacía por él se lo había de agradecer a esta declarante, y esta le dijo que era tan mal hombre el dicho alcaide, que la había dicho que toda la casa de Manuel Bautista había de venir presa a este Santo Oficio, y mucha gente portuguesa; y el dicho Juan de la Reguera le dijo a esta declarante que no le creyera al dicho alcaide, y que era un hombre mal intencionado, y que no decía verdad, y que si le hubiera de decir las cosas que el dicho alcaide hablaba, pero que no hacía caso dél; y de allí a pocos días vio esta declarante que el dicho alcaide llevó al dicho Juan de la Reguera a que viese su cuenta, diciéndole que si la quería ver, y le metió en las cárceles, viéndolos esta declarante entrar a los dos, y viéndolos después salir, y que traía el dicho Juan de la Reguera unos hinojos y unos alelíes en las manos, del huertecillo que el dicho alcaide tenía dentro de las cárceles, y después dijo el dicho Juan de la Reguera a esta declarante como el dicho alcaide le había enseñado el huerto que tenía dentro de las cárceles, y enseñándoselas todas. [81] »Iten, dijo que sabe y vio esta declarante que el dicho alcaide, Bartolomé de Pradeda, metió en las dichas cárceles secretas, dos o tres veces a la dicha doña Ana, su amiga, y que se estuvieron dentro de las dichas cárceles, cerrada la puerta con llave, solos los dos, como media hora, poco más o menos cada vez, y la decía que entrase a ver el huerto que tenía en las cárceles. »Iten, dijo ansimismo vio esta declarante entrar a las dichas cárceles, metiéndolas el alcaide a sus hijas, y, con ellas a una mujer casada, llamada Mariana, que oyó decir esta declarante que había sido su dama del dicho alcaide, y las vio entrar dos veces cuando daban de comer a los presos, y las hijas del dicho alcaide y los hijos, los veía entrar muy de ordinario a las dichas cárceles, y en particular una vez que había entrado una de las dichas sus hijas, que no se acuerda cual fue, se acertó a soltar el pechelingue, y la muchacha salió dando voces, huyendo dél, y esta declarante de presto echó el golpe a la puerta, porque el dicho pechelingue no se saliese, y apretó con el cuerpo la dicha puerta, porque no es de golpe sino de loba. »Iten, dijo que cuando se hizo el auto último en esta Inquisición, en que esta declarante salió, oyó decir a Diego de Vargas que el dicho alcaide había metido muchas mujeres por las cárceles secretas para que viesen el auto, y en particular, oyó decir esta declarante a una mujer que no le sabe el nombre, y si la ve la conocerá, estando en conversación con otras mujeres en una casa donde ésta estaba a la sazón, que ella había entrado a ver el auto por la casa del alcaide y por las cárceles, y se había perdido en ellas, y ídose a la puerta, y que después había andado por las cárceles llamando a las puertas y diciendo los nombres de los presos Manuel Bautista y un Silva, y otros, y que al cabo había salido a ver el auto. »Iten, dijo que Jusepe Freyle, el portero desta Inquisición, le dijo a esta declarante que la dicha doña Ana le había dicho que el alcaide Bartolomé de Pradeda la metía en las cárceles y le enseñaba los aposentos y la huerta, y que aunque esta declarante lo sabía, se hizo de nuevas (38) y le dijo al dicho Jusepe que no le creyese, porque no era cosa posible. »Iten, dijo que Martín de Vargas y Diego de Vargas le dijeron a esta declarante que el señor inquisidor Gaytán había mandado a los dichos alcaides que un día que hubo consulta, se estuviesen en la portería y no entrasen en las cárceles, y que el dicho Bartolomé de Pradeda había andado diciendo que tenía necesidad de ir por carne, estando ya [82] comenzada la consulta, y que se había descabullido y metídose en las cárceles, lo cual esta declarante se lo contó ansí al dicho señor inquisidor Gaytán. »Iten, dijo que sabe esta declarante que el dicho alcaide Bartolomé de Pradeda de ordinario dejaba los calabozos abiertos, sin llave, más que echado el cerrojo, y lo sabe esta declarante porque entrando un día el dicho alcaide en la cárcel de las mujeres, donde esta estaba con Juana Pérez y otras, dijo el dicho alcaide que ya habían vuelto a prender los señores al mocito, y mirándose la dicha Juana Pérez con las demás mujeres, dijo el dicho alcaide, hablando con la dicha Juana, ¡ah! mala hembra, que por ti, si viene una visita, me ha de suceder una desgracia y me has de echar a pique, a lo cual respondió la dicha Juana Pérez que el dicho alcaide tenía la culpa, pues dejaba los calabozos sin llave para que pudiesen salir los hombres a verse con el judío y sacalle los piques y para que pudiesen entrar en la cárcel, donde ella y las demás mujeres estaban, a verse con ellas, y que qué habían de hacer sino callar porque no las matasen, y después de ido el dicho alcaide, le contó a esta declarante una de las presas llamada Magdalena de Torres, que un mozo sastre y otro mozo gordo entraban a verse con la dicha Juana Pérez y con Isabel de Ontañón, y que ofendían a Dios y estaban juntos desde las once de la noche hasta las cuatro de la mañana y que entraban por un corralito que tenía la cárcel de las dichas mujeres junto a la acequia, y que saltaban por encima de otras cárceles, y que la dicha Magdalena de Torres le había dicho al dicho alcaide que velase por sus cárceles y que rondase de noche, y que él no se había querido dar por entendido, y que al bajar una noche uno de los dichos mozos, el más gordo, por el dicho corralito, había dado una caída que por poco se matara, y que esto es lo que por ahora se acuerda, y si se acordare más, lo vendrá a declarar, lo cual es la verdad debajo del juramento que tiene hecho; encargósele el secreto prometido. Y en este estado dijo que se le acordaba, que un día estando esta declarante en conversación con el dicho alcaide, le preguntó si la «cristalina», que es doña Damiana Ortiz, estaba ya libre, y el dicho alcaide respondió a ésta que ya estaba en su casa, y ésta le volvió a preguntar, que como había negociado tan bien, y ésta no negociaba, habiendo dicho la verdad, y el dicho alcaide respondió que a él le debía el haber negociado tan bien, porque la había advertido que aunque la llamasen no declarase nada, aunque la citasen, hasta ver la acusación del Fiscal, y que por allí echaría [83] de ver los testigos que tenía, que la dañarían, y que ansí había negociado bien, y que su Señoría del señor inquisidor don Antonio había andado riguroso y dicho en el Tribunal que como aquello no se castigaba, y que uno de los demás señores inquisidores había dicho que pues Dios nos perdonaba una y otra vez, que era bien que perdonásemos, y que las razones que en esto habían pasado en sustancia, decían las dichas referidas, y siéndole leído lo que ha dicho, dijo estar bien escrito, y que no lo ha dicho por odio ni enemistad que tenga al dicho alcaide, ni a otra persona, sino por el descargo de su conciencia y por habérselo aconsejado así sus confesores; no firmó por no saber y lo firmó el dicho señor inquisidor. El licenciado Castro. Pasó ante mí, Domingo de Aroche, secretario. »En la ciudad de los Reyes, lunes nueve de junio de mil y seiscientos y treinta y seis años, se ratificó esta testigo ad perpetuam rei memorian, en lo que había dicho contra el dicho alcaide Bartolomé de Pradeda, en las dos audiencias de mañana y tarde, de cuatro de enero de seis cientos y treinta y seis años, como parecerá por el proceso hecho contra el dicho alcaide, y añadió contra el susodicho lo siguiente: »Y añade, que saliendo de su aposento una mañana, no se acuerda el tiempo que ha, se sentó de rodillas en la sala ante un cristo que estaba en un cuadro de la sala del dicho Bartolomé de Pradeda, y dijo 'Señor mío Jesucristo, sin afrenta, o con ella, me sacad de esta casa' y estando en esto vide que se meneó la cama del dicho alcaide, y que estaba diciendo, mi vida, mi alma, y que luego salió Marucha, una moza, que entró preñada en las cárceles y estaba ya parida, que había salido a parir a casa del dicho alcaide, y ella como vido a esta declarante, se sonrió medio avergonzada, y ésta no le habló palabra, ni se dio por entendida; lo que hicieron, o no, ésta no lo vido, mas sabe que después que la dicha Marucha estaba suelta venía a verse con el dicho alcaide de día, y se encerraba en el aposento con ella y estaban grande rato» (39). Resumiendo el resultado de la investigación, expresaban los Inquisidores: «Consta que por descuido suyo y dejar las cárceles abiertas, ha habido en ellas muchas comunicaciones entre los presos, de grave perjuicio, y que por dejarse ansimismo las puertas de las cárceles, no las [84] interiores, sino las de afuera, abiertas, han entrado algunas personas [a] hablar con los presos, y algunos dellos han declarado, aunque de oídas, que metió en las cárceles cierto amigo de uno de los presos y que le enseñó la cárcel donde estaba Gerónimo Díaz Gutiérrez, habiendo hecho fuga de las cárceles secretas, fue preso en Quito y traído a esta Inquisición, y preguntado quién le dio favor y ayuda para irse, declara, debajo de juramento, que el mismo alcaide Bartolomé de Pradeda le dio la traza para la fuga, con que pudiesen entender los Inquisidores que él se había huido; pero que el mismo alcaide le había abierto las puertas y sacádole a la calle, y dándole seis reales para que comprase pan y se fuese, temeroso de que no declarase en el Tribunal muchas cosas que sabía contra el alcaide, y en particular, que trataba carnalmente con una mujer moza y de buena traza, que estaba presa en las mismas cárceles secretas, y que la llevaba a dormir con él a su casa, y desto hay otro testigo que depone de vista, en razón del trato carnal con la dicha mujer. Otro preso, de oficio sastre, le hacía trabajar en su cárcel todas las obras de la gente de su casa, y para ello le metía en su cárcel, mesa y tijeras, y otras cosas necesarias. »El secreto de las cárceles, prisiones y diligencias de tormento, y otras, nunca le guardaba, antes lo comunicaba con muchas personas, de manera que la prisión de Manuel Bauptista Pérez, que fue de las más importantes de las que se han hecho, declara un testigo que quince días antes que se hiciese, sabía que se había de hacer, porque cuando había consulta, se ponía el alcaide agachado, ansí lo dice el testigo, junto a una ventana del Tribunal que sale al callejón de las cárceles, donde, subiéndose encima de un bufete, podía oír sin que le viesen lo que se trataba en la consulta, lo cual decía después a sus confidentes. »Con muchos de los que hoy están presos, ha tenido antes de estallo, contrataciones y metídolos en fianzas que ellos, ya por temor, ya por tenelle grato, ni rehusaban de hacer en cantidades considerables. »Tenía en su casa, de mucho tiempo a esta parte, telares, donde se labraban lamas de oro y plata y diferentes tejidos de sedas y pasamanerías, y tiraba oro para los pasamanos, y esto con mucha gente, y todos venían a ser sabidores de lo que pasaba en las cárceles, por tener la casa del alcaide puertas a ellas, cerca del obraje de los telares, y aunque diversas veces se le amonestó no los tuviese, si los retiraba por tiempo, luego volvía a ellos, y era con tanto exceso, que poco antes que se le mandase retirar a su chácara, y que no acudiese al oficio [85] de alcaide, hubo muchas demandas y quejas de personas oficiales de la república, quejándose dél, de que atravesaba todas las otras y que ellos no tenían con qué sustentarse por quitárselas el alcaide con la mano del oficio que tenía, sobre que hubo autos e informaciones, y porque la estrechez del tiempo no da lugar a inviar testimonio de lo referido, se inviará en la primera ocasión de esto y de otras cosas tan graves, con que pareció forzoso atajar en los primeros pasos de la complicidad los malos que daba el alcaide, la cudicia con que procedía, los hurtos que hacía en disminuir las raciones de los presos, y lo que en nombre dellos recibía, con color de regalalles, según lo que se servirá Vuestra Alteza ordenar lo que más convenga» (40). Viéronse precisados con esto los Inquisidores a remover a Pradeda del cargo, nombrando, según hemos visto, para que le reemplazase a Diego de Vargas, que hasta entonces le había servido de ayudante, a quien recomendaban como persona de satisfacción; pero que luego hubieron también de separar por hechos enteramente análogos. Con ocasión de las numerosas prisiones de portugueses que en esos días habían tenido lugar, las cárceles primitivas fueron absolutamente deficientes para contener tantos presos, y así, según también hemos |