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Notas70. Relaciones del visitador Ruiz de Prado, fol. 460. En este documento constan todos los vicios de que adolecían los procesos de Cruz y sus compañeros, pero, como son muy difusos, nos contentaremos con señalar aquí, como muestras, las dilaciones que sufrió el de Gasco. Según se recordará, fue metido en la cárcel el 8 de mayo de 1571; en 10 de julio de 72, esto es, quince meses después, se le puso la acusación; la causa se recibió a prueba el 29 de enero de 74, y no se tuvo con él más audiencia hasta 3 de septiembre, en seguida en mayo de 75, y, por fin, en 10 de marzo de 76, en que se le notificó la publicación de testigos. María Pizarro fue presa el 16 de septiembre de 1572, y, a pesar de haber fallecido, su causa quedó pendiente más de veinte años, hasta que por sentencia definitiva de 7 de septiembre de 1596, se mandó suspender, que se alzase el secuestro de sus bienes y se diese noticia a sus herederos del sitio en que se hallaba enterrada. Con ocasión de estos procesos, Arrieta se quejaba al Consejo de la lentitud con que marchaba el Tribunal y hacía valer la nulidad de sus actuaciones. «Dígolo, expresaba en 15 de abril de 1573, porque Fray Francisco de la Cruz ha que está preso quince meses, y el acusación que se le ha puesto, no sabré decir con verdad si es acusación, porque, a mi parecer, carece de lo más substancial; y Fray Pedro de Toro y Fray Alonso Gasco ha otro año que están presos, y no se les ha puesto la acusación... y no lo escribiera a Vuestra Señoría sino que yo soy viejo, y entiendo que según mi edad estoy para dar cuenta a Dios muy presto.» 71. Carta de 19 de marzo de 1575. 72. Copia de relación sacada del proceso del bachiller Biedma, lib. 760-10, fol. 374. 73. Meléndez, dando cuenta de este viaje del provincial, declara que los motivos que hubo para ello fueron gravísimos, «aunque no se dice en las actas en particular cuáles fueron». El cronista, que sin duda no sabía lo que había mediado con la Inquisición, atribuía la partida de Vélez a cierto despojo de unos conventos, «porque no hallo, concluye, que pueda encontrarse otro, respeto de la suma paz en que entonces se hallaba la provincia». Tesoros verdaderos, tomo I, pág. 451. 74. López, que era natural de Estepa, maestro en artes y bachiller en teología, Miguel de Fuentes (cuyo proceso veremos luego), y Ruiz Portillo, que hacía de prelado, fueron los primeros jesuitas que vinieron a fundar al Perú. He aquí lo que dice de ellos Fray Diego de Córdoba Salinas: «Envió San Francisco de Borja, que entonces era general de la Compañía, entresacando de muchos religiosos que se ofrecieron para misión tan difícil, a los muy reverendos padres Antonio Álvarez (que murió en Panamá), Luis López, Miguel de Fuentes, y por cabeza y prelado aquel insigne y a todas luces apostólico varón el padre Jerónimo Ruiz Portillo.» Corónica, etc. Sobre este último es curioso lo que refiere Calancha, que recién llegados a Lima los padres, predicaba un día, y que en esas circunstancias tembló la tierra: «los que no quisieron atribuir el temblor a efectos de filosofía, dice el cronista, lo juzgaron por pronóstico venturoso, pensando que se estremeció la tierra por tener sobre sí la Compañía del ejército de la gloria»; añadiendo poco después, que «el temblor grande que acabamos de decir, fue en el Perú al tiempo mesmo que en España se proveyó este Tribunal (la Inquisición) para esta monarquía, y si se hiciera el cómputo, se viera que fue el mismo mes, y quizá el mismo día y hora; y el Demonio hizo temblar la tierra porque venía el Tribunal de la fe a quitar la posesión al tirano y dársela a su verdadero Criador.» Corónica, págs. 616 y 617. Meléndez añade que los dominicos «sirvieron y regalaron a los jesuitas como ángeles del cielo, que por tales los tuvieron nuestros frailes, y todos los vecinos de la ciudad, porque a la verdad, eran angélicas sus virtudes, y en todo se mostraban más que hombres.» Tesoros verdaderos, t. I, p. 405. Portillo «acabó la vida con opinión de santo», dice Fray Buenaventura Salinas, Memorial de las historias del Nuevo Mundo Pirú, 1680, p. 219. 75. Es muy digno de notar aquí lo que don Francisco de Toledo escribía con este motivo al Rey, en carta de 27 de noviembre de 1579. (Archivo de Indias, 70. 1. 30): «Había cerca de un año que los Inquisidores prendieron al maestro Luis López, clérigo de Compañía del nombre de Jesús, que vino con los primeros que esta orden Vuestra Majestad mandó venir a estas provincias doce años ha y de los que más opinión y crédito tenía entrellos, y con los demás papeles que le tomaron se halló un cuaderno de su propia letra en que estaba escrito el memorial de capítulos que con ésta será autorizado del secretario del Sancto Oficio, contra el derecho que Vuestra Majestad tiene a este estado de las Indias y gobierno destas provincias, que Vuestra Majestad allá y sus ministros acá tenemos, el cual habiéndose visto por los Inquisidores y entendido tocar a Vuestra Majestad y al derecho y gobierno destos reinos y el daño que sembrar y persuadir semejantes opiniones suele causar en esta tierra tan amiga de novedades, me dieron noticia dello para que yo la diese a Vuestra Majestad y se previniese lo que fuese necesario y conviniese, por el cual Vuestra Majestad mandará ver la libertad con que algunos destos tratan las cosas de vuestro real servicio y la ambición y soberbia de que siempre me pareció tener alguna parte este clérigo, con que quería meter la mano y tratar de vuestros reales derechos y de lo que ni está a su cargo ni deben tratar ni meterse y, cómo fue muy acertado el mandarme Vuestra Majestad en mis instrucciones que fuese mirando bien cómo procedían estos padres y que hasta estar enterado dello se les fuese a la mano en el extenderse y fundar muchas casas.» 76. Causa de Luis López. 77. Carta de 16 de abril de 1578. 78. «Parece duro negocio éste», decía Ruiz de Prado en su Relación. Córdoba y Urrutia (Las tres épocas del Perú, pág. 54, reimp. de Odr.) afirma que el Consejo mandó restituir Quiñones su honor y hacienda: ignoramos qué haya de verdad sobre lo primero, pero en lo de la hacienda consta que importó más de setenta mil pesos, que más tarde quedó reducida a poco más de veinte; que para su descubrimiento se fijaron por el Tribunal edictos de excomunión, y que en virtud de una transacción que Saracho celebró con la viuda de Quiñones, que reclamaba su dote, ingresaron en arcas del Tribunal próximamente siete mil pesos. La correspondencia de Saracho está llena con la relación de las tramitaciones a que dio origen este asunto, constando de ella que Quiñones poseía la mejor biblioteca de su tiempo y que aunque se pregonó muchas veces, no hubo quién ofreciese por ella más de la tercera parte de lo que valía. Véase especialmente su Carta de 25 de abril de 1579. 79. Relación del agravio que el señor Don Francisco de Toledo, etc.
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