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    Geografía de las lenguas y carta etnográfica de México : precedidas de un ensayo de clasificación de las mismas lenguas y de apuntes para las inmigraciones de las tribus
     Manuel Orozco y Berra
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IX. México232

Para nuestra historia antigua, el Departamento y sobre todo el valle de México, presentan el mayor interés. Era el centro de la civilización azteca; las mejores y más grandes poblaciones estaban asentadas en su superficie; las capitales de las principales monarquías se alzaban en él, y en él tuvieron lugar los maravillosos hechos de la conquista. La tarea que nos hemos impuesto es la de fijar la geografía de las lenguas; mas como también hemos aprovechado las oportunidades que se nos han presentado para decir acerca de nuestra geografía antigua lo que nos parece nuevo o poco sabido, no creemos que se nos llevará a mal el que, sin tratar de espacio el asunto, ni agotar lo cual se pudiera, entremos en algunas consideraciones que no son nuestro juicio despreciables.

En el Valle comenzaban, por decirlo así, el imperio de México y los reinos de Acolhuacan y de Tlacopan. Este último era el más pequeño; su jurisdicción se extendía al Oeste, perteneciéndole algunos pueblos otomíes y la tribu de los mazahuas. Tlacopan fue su capital, ciudad importante y populosa, hoy pueblo pequeño conocido con el nombre de Tacuba, y que no presenta otros vestigios de su antiguo esplendor, sino las ruinas de la pirámide que sustentó su gran templo en la plaza principal: por desdicha, actualmente, a pretexto de hacer excavaciones, se destrozan y convierten en adobes esas reliquias preciosas.

El reino de Acolhuacan era el segundo en poderío: su capital era Tetzcoco, a la orilla del lago de su nombre. Pequeña hoy y sin material interés,   -241-   en lo antiguo fue rival de México y la segunda población de las del Valle. Juan B. Pomar, escritor indígena, entra en largos pormenores describiéndola: nosotros tomaremos lo relativo a su templo mayor, como muestra del esplendor a que había llegado233. «El templo principal de estos ídolos, Huitzilopuchtli y Tlaloc, dice, estaba edificado en medio de la ciudad, cuadrado y macizo como terraplén, de barro y piedra, y solamente las haces de cal y canto. Tenía en cada cuadro ochenta brazas largas, y de alto veinte y siete; tenía ciento y sesenta escalones a la parte del Poniente por donde a él se subía. Comenzaba su edificio desde sus cimientos, de tal forma que como iba subiendo se iba disminuyendo y estrechando de todas partes en forma piramidal, y de trecho a trecho hacia un descanso como poyo alrededor de todo él, como camino de un estado en medio de las gradas que subía de abajo a arriba hasta la cumbre, que era como división para hacer dos subidas, que entrambas iban a parar a un patio, que en lo más alto de él se hacía, en donde había dos aposentos grandes, el uno mayor que el otro: en el mayor que estaba en la parte del Sur estaba el ídolo Huitzilopuchtli, y en el otro que era el menor el ídolo Tlaloc, que ellos y los aposentos miraban a la parte del Poniente, y por delante el patio que se ha dicho, prolongado de Norte a Sur, y muy llano y lucido, y tan capaz que cabían en él sin pesadumbre quinientos hombres, y al un lado de él, hacia la puerta del aposento mayor de Huitzilopuchtli, una piedra levantada de una vara en alto, con lo alto de ella al talle de un cofre tumbado, que nombraban techcatl, donde sacrificaban los indios. Estos ídolos estaban sentados... Tenía cada aposento de estos tres sobrados, que se mandaban por de dentro de uno en otro con una escalera de madera movediza, teníanlos llenos de munición de todo género de armas, especialmente de macanas, rodelas, arcos y flechas, lanzas y guijarros, y todo género de bastimento y arreos de guerra. El cú de Tezcatlipoca, ídolo principal, estaba en el barrio de Huiznahuac, mucho más pequeño, pero de la misma hechura, salvo que no tenía división en las gradas.»

Siguiendo con la autoridad de Pomar, diremos que a una legua al Este de la ciudad hay un pequeño cerro, al que en lengua chichimeca le llamaron Tetzcotl; los culhuaques al fundar allí corrompieron el vocablo, dijeron Tetzcoco, y al cerro Tetzcotzin. Tetzcoco quedó asentado en el llano, entre el lago y la Sierra, apellidándose la comarca Acolhuacatlali, «que quiere decir, tierra y provincia de los hombres hombrudos:» la sierra era la de Tlaloc, y en la montaña más alta, nombrada también Tlaloc, estaba el templo de este dios de las lluvias y de los temporales.

  -242-  

Los culhuaques dijeron al reino, de Acolhuacan, «que es tanto como decir, tierra y provincia de los hombres hombrudos, y por la misma razón al lenguaje que generalmente en toda esta provincia hablan, llamaron Acolhuatlatoli

La extensión del reino era, «desde el mar del Norte a la del Sur, con todo lo que se comprende a la banda del Poniente hasta el puerto de la Vera cruz, salvo la ciudad de Tlachcala y Huexotzinco.» Juan B. Pomar fija los límites del reino con toda la exageración que puede infundir el orgullo de raza. Por nuestra parte, hemos leído con cuidado las relaciones que a la monarquía corresponden, y hemos estudiado en el plano los lugares a que se refieren, y ni de las unas ni de los otros llegamos a sacar jamás que los reyes de Aculhuacan mandaran sobre las tribus avecindadas en la costa del Pacífico, no ya a la misma altura de México, sino aun a menores latitudes. Los emperadores chichimecas se daban el título de señores de la tierra; pero fuera de cierta extensión, el tal título era tan pretencioso como vano, pues su poderío era nominal en algunos lugares, y totalmente desconocido en los demás.

Para que formemos un juicio más aproximado a la verdad, vamos a copiar la nómina de las poblaciones sujetas a Tetzcoco en los tiempos de Nezahualcoyotl y de Nezahualpitzintli, tomada de un antiguo manuscrito mexicano: la tradujo del original el señor don José Fernando Ramírez, y a su verdadera amistad debo el ejemplar de donde tomamos lo siguiente:

«Las cabeceras que pertenecían al reino de Tetzcoco eran:

    Huexotlan
    Coatl-ichan
    Chimalhuacan
    Otompa
    Teotihuacan
    Tepetlaostoc
    Cuauhchimanco
    Acolman
    Tepechpan
    Tezoyocan Tetzcoco
    Chiauhtlan
    Chiuhnauhtlan
    Tollantzinco
    Xicotepec
    Pantlan.

Pueblos que solo iban a servir a Tetzcoco:

    Coatepec
    Ixtlapalocan
    Papalotlan
    Xaltocan
    Ahuatepec
    Oztoticpac
    Axapochco
    Aztaquemecan
    Tizayocan
    Tlallanapan
    Tepepolco
    Coyohuac
    -243-
    Ototlatlauhyan
    Achichilacachyocan
    Tetliztacan
    Tliltzapoapan
    Tecpanmolanco
    Tenchol
    Xococapan
    Tamazollan
    Teoccuauhtla
    Chamollan
    Chicontepec
    Teonochtlan
    Teccizapan
    Xocotitlan
    Xochimilco
    Ahuatlan
    Cozcatecotlan
    Ayacachtepec
    Tecatlan
    Xicallanco
    Patzoquitlan
    Cauchicol
    Tonallan
    Temoac
    Cozoquentla
    Tlapalichcatlan
    Cihuatlan
    Tlacotepec
    Tziuhcoac
    Macuextlan.»


Hasta aquí el manuscrito. Para confrontarlo y corregirlo, consultaremos otra nómina, que casi tiene un carácter oficial, supuesto que está tomada de una representación dirigida al rey por don Hernando Pimentel Nezahualcoyotl (hijo de Coanacotzin y nieto de Nezahualpilli), quien debía estar bien informado de cuanto había pertenecido a sus antecesores.

El segundo manuscrito dice así

«... Y para que a Vuestra majestad le conste que era la provincia de Tezcuco al tiempo que el dicho vuestro capitán (Hernán Cortés) vino a esta nueva españa estaban debajo del dominio y señorío del dicho mi tío (Cacamatzin) y de la ciudad de Tezcuco los pueblos y provincias siguientes:

    Otumba (Otompan) con su subjeto que está en vustra real corona
    Tepeapulco con su subjeto &.
    Ahuatepec
    Açapuchco
    Cuauhtlantzinco
    Coatepec
    Tzinquilucan
    Iztapaluca
    Tepetlaoztoc.

Todos los sobredichos pueblos estaban señalados y dedicados para el servicio de la casa de dicho señor.

  -244-  

Los pueblos que mis pasados ganaron por guerra donde tenían renteros y tierras son los siguientes:

    Tulancingo (Tulantzinco)
    Acoac
    Tuchpa
    Tlatlauhtepec
    Tuchtepec
    Tlalcotzauhtitlan
    En Chalco, cierta parte del que está en vuestra real corona
    En Cuauhnahuac, cierta parte del que es del marqués del Valle
    Toluca, cierta parte del que está encomendado al marqués del Valle.

Los pueblos donde tenían caballerías ganadas por sus personas:

    En Azcaputzalco
    En Tacuba
    En Tultitlan
    En Cuauhtitlan
    En Ecatepec
    En Huacalco
    En Tepocotlan
    En Cuauhtlapa
    En Cuyuacan
    En Suchimilco (Xochimilco)
    En Aticpac
    En Chicoloapa.

Los pueblos que partían los tributos entre México y Tescuco y Tacuba son los siguientes:

    Coayxtlavuacan (Coaixtlahuacan)
    Cuauhtuchco
    Cotlaxtlan (Cuetlaxtan)
    Avliçapan (Ahuilitzapan)
    Tepeaca.

Los pueblos que eran comarcanos a la dicha ciudad de Tescuco subjetos que tributaban a la dicha ciudad son los siguientes:

    Huexutla
    Coatlichan
    Chimalhuacan
    Aculma
    Tepechpa
    Chiconauhtla
    Teçayuca
    Tlalanapan
    Papalotlan
    Cempoallan
    Oztoticpac
    Teutivuacan (Teotihuacan)
    Xicotepec
    Pahuatlan
    Tlaculultepec
    Papaloticpac.

Todos estos dichos pueblos arriba contenidos solían ser subjetos de esta dicha ciudad de Tescuco y tenían en ella sus casas y tributaban y obedecían al señor de Tescuco y no a otro alguno y como vino vuestro capitán don Hernando Cortés nos quitó y desposeyó de todos los dichos pueblos y nos   -245-   dejó tan solamente la cabecera que es la ciudad de Tescuco con cuatro sujetos que se llaman Vuejutla (Huexotla), Coatlichan, Chiauhtla, Teçayuca y no más &.»

234


Hasta aquí el segundo manuscrito, y añadiremos para completar nuestro intento, que en la relación correspondiente a Senpuhuala (Cempoallan) se ponen cuatro cabeceras con varias estancias, en esta forma:

Senpuhuala:

    Huitznahuac
    Tecpa
    Quiyahuac
    Ahuaquauhtitlan.

Tlaquilpa:

    Atlican
    Coatepec
    Nopalapan.

Tzacuala:

    Acxotla
    Mexotxoc
    Tlatecomulco
    Hueytepeque.

Tecpilpa:

    Tlalnexpa
    Tetzahuapan
    Nequametepec
    Sapotlan.

Todos estos pueblos, dice Luis Obregón235, obedecieron a los reyes de Tetzcoco, hasta el tiempo de Itzcoatl, que Cempoallan, Tlaquilpa y Tecpilpa pasaron a ser parte del imperio de México, acudiéndole con navajas para las macanas, y en señal de tributo con una canoa que llevaban cada año a la capital: Ahuitzotl les impuso la carga de tributar mantas, gallinas y todo género de volatería. Cempoallan y otros pueblos de la comarca constan en efecto en el libro jeroglífico de la matrícula de los tributos, de la Colección de Mendoza, aunque no se encuentra la conquista hecha por Itzcoatl en las láminas de los anales jeroglíficos de la misma colección, que son la 5.ª y 6.ª. Esto se explica con lo que se dice en la relación de Epazoyuca236. Este pueblo y sus barrios y estancias,

    Tezcacohuac
    Quachalcac
    Tzapotla
    Tepa
    Oztotlatlauhco
    Oztoyuca
    Xala
    Tochatlauhco,
  -246-  

pertenecieron también a Tetzcoco, y en el reinado de Itzcoatl quedaron por mitad para México y para Tetzcoco, a fin de que de allí sacaran los imperiales navajas para sus macanas, que estos en sus terrenos no tenían: fue una concesión graciosa de los tezcocanos, de que abusó Ahuitzotl para imponerles el tributo. En la época de Itzcoatl pasaron también al dominio de México los pueblos de Pachuca, Tezontepec y Temascalapa. Todos tenían guerra con los de Tlaxcala, Cholula y Huexotzinco, y con los cuextecas.

Pertenecían también al reino de Acolhuacan, Tetliztaca y sus sujetos Tepechichilco, Tianguismanalco y Ciguayuca237.

De estos datos, puestos en relación con los que se encuentran en nuestra historia antigua, y principalmente en la de Clavigero, autor que atina bastante bien en materia de geografía azteca, se puede sacar con mucha aproximación cuáles eran los verdaderos límites del reino de Acolhuacan. Habría que tener en cuenta, para no caer en errores, que el Huaxtecapan y el Meztitlan eran independientes, y cuales eran los linderos del imperio de México y de la república de Tlaxcallan.

En efecto, al Norte de Tetzcoco existía el señorío independiente de Meztitlan, que hoy corresponde al Estado de México. Dice Gabriel de Chavez238, que los habitantes acostumbraban dar batalla de noche, por lo cual los apellidaron meztitlanecas, los de la luna: y que aseguran otros que Meztitlan viene «de una luna pintada que está en un cerro altísimo y agudo, y por la parte del Norte está de peña tajada, y en la misma peña está pintada una luna y un escudo con cinco pintas a manera de dados, que parece imposible que hombre humano, ni con ningún artificio pudiese hacer aquella pintura, y ansí los habitadores desta provincia en su principio llamaron este lugar Meztitlan, que quiere decir junto a la luna.» Obedecían a Meztitlan, cabecera principal, las provincias de:

    Molango
    Malila
    Tlanchinolticpac
    Ilamatlan
    Atlihuetzian
    Suchicoatlan
    Tianguiztengo
    Guazalingo
    Yagualica.

El señorío, pues, se extendía por toda la sierra, hasta el límite con los huaxtecos: en Yahualica estaba la guarnición contra ellos, por ser la frontera, comenzando desde allí las llanuras del Huaxtecapan. Xelitla era el   -247-   punto más avanzado al Oeste y confinaba con los bárbaros chichimecas: el término al Sur era Zacualtipan y al Norte tenía a los chichimecas.

El imperio mexicano era la mayor de las divisiones políticas que existían en nuestro país; ocupaba la totalidad de lo que se llamaba el Anáhuac239.

El crecimiento progresivo del imperio, y lo que era al fin del reinado de cada uno de sus príncipes, puede deducirse aproximadamente de los anales jeroglíficos y de las matrículas de los tributos de los antiguos reyes mexicanos conservados en la Colección de Kingsborough; aunque advirtiendo que estos monumentos nos han llegado incompletos, y que sería necesario tomar en cuenta, cuáles pueblos se han perdido, y cuáles subsisten todavía; sacar de rastro las antiguas poblaciones en los nombres estropeados con que hoy figuran en nuestra geografía; no confundirse con los nombres homónimos derramados en todas las comarcas; atinar con las provincias a que corresponden los grupos jeroglíficos, y discutir metódicamente los asertos apasionados de los escritores de cada nación.

En el manuscrito tantas veces citado de don Alonso de Montufar encontramos un nombre y una provincia que nos eran totalmente desconocidos, el distrito de la Teotlalpan, o tierra de los dioses. Los pueblos que los componían eran:

Hablan nahual y otomí:

Tezayuhcan y sus seis estancias:

    Quaultlalpa
    Vitzila
    Oztoticpac
    Tetzontlilco
    Xicalhuacan
    Tzitzipic.

Otomí:

    Tolquahyuca.

Nahual y otomí:

Zapotlan y sus dos barrios:

    San Miguel
    La Magdalena.

Nauquilpa y su estancia:

    San Martín.

Mexicano:

    Temascalapa y sus estancias:
    Teopancalcan
    Atolpantonco
    -248-
    Teyacalco
    Tula, San Pedro
    Maquixco
    Culhuacatzinco
    Santa Ana.

Otomí y mexicano:

Tequisquiac y tres estancias:

    Hueycalco
    Tlalacho
    Cuezcomahuacan.

Apazco y sus estancias:

    Coamilpa
    Zoyatla
    Tetzontla.

Tetlapanaloya y su barrio:

    Xomeyuca.

Mexicano y otomí:

Huypuchtlan y tres estancias:

    Tianguiztonco
    Tlacuitlapilco
    Tezcatepec.

Xilotzinco y sus estancias:

    Santa María
    San Pedro
    San Gaspar.

Tezcatepec y sus estancias:

    Tuzantlalpan
    Hucitepeque
    Huijazquahtla
    Tlalpechco
    Teopanzulco
    Quauhtitlan Calipan
    Atlatico
    Tlachtongo
    Xuluapa
    Iztapalapa
    Mazacatlan.

Le correspondían igualmente Tlahuelilpa, Atengo, Mizqueaguala y Tezontepec, pueblos que fueron del señorío de Tula (Tollan) y que después tributaban al imperio una gallina por indio, cada veinte días, y mantas de nequen, acudiendo a México con sus guerreros contra Tlaxcala y Huexotzinco.

Se le decía, tierra de los dioses, porque era muy abundante en producir semillas240.

Dentro de la fracción política actual de que nos estamos ocupando, caían las dos importantes provincias del imperio mexicano de los matlaltzincas y de los tlahuiques. Los primeros eran conocidos en México por matlaltzincas, matlatzincas, matlatzingas; tolucas, qüaqüatas, quatlatl; ellos en su lengua se decían nentambati, nepintatuhui, y en Michoacan les conocían por pirindas, pirintas, characos, charenses. Hablaban una lengua con la cual hemos formado familia particular. Vinieron del Norte en compañía de algunas tribus de filiación nahóa, y se asentaron en el valle de Tolocan (Toluca), extendiéndose al Oeste hasta Tlaximaloyan (Tajimaroa), frontera con el reino de   -249-   Michoacan: Tolocan era su ciudad principal y en el valle vivían confundidos con los otomíes.

Actualmente, ni en la lista de los curatos del arzobispado, ni en alguna de las relaciones del rumbo de Toluca, se hace mención de ningún pueblo en que se hable solo el matlatzinca, que casi ha desaparecido confundido entre el mexicano y el otomí. Para lo antiguo, la repetida relación del arzobispado marca como pueblos matlatzincas los siguientes, con expresión de las lenguas extrañas de que también hacían uso los habitantes:

Hablan mexicano, otomí y matalcinga:

Xalatlaco y sus estancias:

    Almoloya
    Texcalyacal
    Techuchulco
    Capuluac
    Atizacaltitan.

Quauhtepec y sus estancias:

    Texcalyyacac
    Canahuytecoyan.

Atlapulco y sus estancias:

    San Mateo
    San Lorenzo
    Magdalena
    Santiago
    San Miguel
    Natividad.

Capuluaque y sus estancias:

    San Bartolo
    San Pedro.

Ocoyocaque y su estancia:

    Santiago.

Tepeguexuyucan y sus estancias:

    Asunción
    Los Reyes
    San Sebastián.
    Cuaupanoaya.

Mexicano y matalcinga:

Teutenango y sus estancias:

    San Francisco
    San Mateo
    San Miguel
    Natividad
    Santiago
    Santa Ana.

Zoquitzingo y sus estancias:

    San Francisco
    San Miguel
    San Bartolomé.

Atlatlauhca y sus estancias:

    San Agustín
    Santiago
    San Francisco
    San Miguel
    San Pedro
    Santa Bárbara.

Suchiaca y su estancia:

    San Lucas.

Ciutepec y sus estancias:

    San Martín
    San Nicolás.
    Cepayauhtla.

Texcaltitlan y sus estancias:

    Natividad
    San Agustín
    San Miguel
    San Francisco
    San Martín
    Tequixquiapan
    San Juan
    Oztoticpac
    -250-
    Mazamamaloya
    Ciuhtepec
    San Gerónimo
    San Andrés
    Los Reyes.

Tejupilco y sus estancias:

    Cuentla
    Almoloya
    San Lucas
    Tepuztla
    San Simón
    San Martín
    Texapa
    Tlapitzaltepec
    Chalchiuhtepec
    Iztapa, San Francisco
    Iztapa, San Miguel
    Santiago
    San Andrés

Temazcaltepec y sus estancias:

    Tecpintla
    San Lucas
    San Lorenzo
    Tequaztepec
    Tenayacac
    Zacatzonapa
    Santa María
    Tenantongo
    San Simón
    Asunción San Juan
    San Juan (otro)
    Iztapa, San Miguel
    Santa Cruz
    San Mateo
    Santo Tomás
    San Francisco
    Santiago
    San Agustín.

Atlatlauca, según Gaspar de Solís, toma su nombre de un manantial cercano, a manera de pozo, y de agua amarilla que corre todo el año por un arroyo; con esa agua curaban a los heridos en la guerra, y allí arrojaban los cadáveres para que fueran devorados por los pájaros. Los montes alrededor de la población se dicen tepetl-xochitl, sierras de rosas, y al que está cerca de Suchiaca, micaxochitlan241.

Atlatlauca era cabecera con dos barrios:

    Santa María
    Capulteupan.

Y cuatro pueblos sujetos:

    Santiago
    San Miguel
    San Lorenzo
    San Pedro.

Además, los pueblos de su comarca eran Tenango, Calimaya, Tepemaxalco, Malinalco, Ocuila y Tenantzinco. Todos ellos reconocían al cacique de Tenantzinco como a su señor, hasta que Axayacatl los sujetó al imperio de México, imponiéndoles de tributo maíz, huevos, gallinas y mantas de iztli242.

  -251-  

Esto concuerda (no hablamos de los tributos), con los anales jeroglíficos, como puede notarse consultando las láminas 9.ª y 10.ª

Recordando que hasta Zacualpan, donde comenzaban los cohuixques, se encuentran matlaltzincas, ya no será difícil marcar los límites de la provincia matlaltzinca. Al Norte ocuparía todo el valle de Toluca, que era su ciudad principal, entre los otomíes, acabando de marcar la línea el país ocupado por los mazahuas; al Oeste se internarían en el reino de Michoacan hasta Indaparapeo y Tiripitío, y al Sur y al Este quedaría limitado por líneas fijas, marcadas por los puntos que sabemos le pertenecen. Esta demarcación difiere un poco de la de Clavigero243, y precisa lo que allí está puesto en términos generales. Además, resulta que los señoríos de Xalatlauhco, Malinalco y Ocuila pertenecen a los matlaltzincas, y no se deben tener como cacicazgos independientes, sino sujetos al imperio.

Pasemos a los tlahuiques.

«Esta villa de Acapiztla (dice un manuscrito)244 se llamó así porque antiguamente se llamaba Xihuitza capitzalan, porque los señores que la gobernaban traían unos chalchihuites atravesados en las narices, y que eso quería decir, y como agora está la lengua corruta se dice y le llaman Ayacapiztla.»



Sus estancias sujetas son:

    Epazulco
    Atlahuimulco
    Ecatepec
    Zacatepec
    Calalpa
    Tetlicuylucan
    Tecocuzpan
    Tecaxeque
    Ilucan
    Zahuatlan
    Suchitlan
    Atlitec
    Texcalcan
    Zoquiapan
    Achichipico
    Apango.

Ayacapiztla tenía en su jurisdicción catorce cabeceras de los pueblos de la Tlalnahuac, que caían al Sur de la villa, y la llamaban Tlalnahuac por que era tierra llana y más caliente que Ayacapiztla.

Esto ya nos marca con más precisión la provincia de los tlahuiques; al Norte las montañas que cierran el valle de México; al Oeste los matlaltzincas; al Sur los cohuixcas: solo al Este quedarían los límites algo indefinidos, no sabiendo con certeza hasta dónde colocarlos. La capital de los tlahuiques era Cuauhnahuac (Cuernavaca).

  -252-  

Culhuacan, capital del señorío de los culhuas, pertenecía al imperio; pasaba por la ciudad un canal que la comunicaba con México, adonde los habitantes de aquella venían a vender yerba y piedra: las casas estaban construidas con el barro de la laguna llamado tlalzacutle, engrudo de barro. En 1550 había allí una fábrica de papel de maguey245.

ltztapalapa, también correspondiente al imperio, quiere decir, según Gonzalo Gallego, «pueblo situado en lugar de hiedras, losas y de agua, las cuales dichas piedras llaman ellos en su lengua yztapaltetl:» esta traducción está corrompida a juicio del señor don Fernando Ramírez. La fiesta secular del fuego nuevo, tenía lugar en la cumbre del cerro a cuyo pie está la población246: esta altura se conoce en el Valle bajo el nombre de cerro de la Estrella.

Si de las demarcaciones del imperio pasamos a considerar las razas que lo poblaban, encontraremos como una verdad innegable que tanta tribu diversa no tenía un lazo común de unión. Cada una era independiente bajo el mando de sus señores. Las ambiciones particulares encendían la guerra, y la misma familia se fraccionaba. A su semejanza, cada pueblo tenía un jefe que de nombre reconocía al señor principal, y todas las provincias estaban subdivididas hasta formar un sistema bajo algunos puntos semejante al feudal. Rencores y odios apartaban las tribus, y la guerra era constante, porque siendo una de sus principales virtudes la valentía, no podían verse sin combatirse, a imitación de los orgullosos animales que sirven de diversión en los palenques. Por instinto, o porque las generaciones son arrastradas aun a su pesar por la corriente de los tiempos, los mexicanos emprendieron la tarea de reunir en un solo haz todos aquellos pueblos, de formar de ellos una nación, y de asimilar sus intereses con los intereses del imperio. Para llevar a cabo semejante tarea era preciso, la fuerza para poder triunfar; un sistema proseguido con tino y con tenacidad, y el tiempo bastante para que el odio se borrara y dejara nacer las simpatías. Pero la unidad que solicitaban los mexicanos llevaba a las tribus al más espantoso de los despotismos; el imperio era muy nuevo para haber alcanzado otra cosa que reducir a la servidumbre, sin poder contar con el amor de sus vasallos; de manera que en lugar de amigos, tenía enemigos solapados, y su grandeza era solo engañosa apariencia. En esta sazón se presentaron los conquistadores españoles. Cualquiera fuerza extraña había de hacer vacilar al coloso; las tribus, mal halladas con la servidumbre, vieron en los invasores a quienes podían salvarles del yugo; en su juicio rencoroso no quisieron advertir, que por alcanzar   -253-   una estéril venganza aventuraban su propia existencia, y corrieron de tropel a colocarse bajo las banderas de los extranjeros. La consecuencia fue natural; la conquista se verificó por un puñado de hombres, que ejecutaron las prodigiosas acciones que asemejan esa parte de nuestra historia a un cuento de hadas.

Los invasores debieron triunfar, porque de su parte estaba la civilización, y de su triunfo sangriento había de venir el adelanto del género humano. Los nuevos principios y la santa religión del Evangelio debían sustituirse a una civilización que no entraba en el movimiento de la humanidad, a una creencia bárbara y tenebrosa sedienta de sangre. Lo que se ganaba era de un valor muy subido, y por lo mismo debía comprarse a muy gran precio. Mas las esperanzas no correspondieron.

Todos y cada uno de los antiguos reyes españoles cuidaron con paternal solicitud de la miserable condición del indio; las disposiciones dictadas en su favor, que forman la Recopilación de Indias, presentan muestras a cada paso, de que los monarcas, a pesar de estar colocados a una distancia inmensa, y no ver los acontecimientos sino por los informes apasionados de los mandarines españoles, daban siempre la razón a los vencidos, y apartaban de ellos cuanto pudiera empeorar su condición. La exagerada benevolencia produce de común amargos frutos. La ley quitó a los conquistadores la facultad de expoliar a los indios y de reducirles a servidumbre; pero mirando que sus disposiciones eran ineficaces, tomó el camino de aislar de tal manera a su protegido, que no fuera posible que sufriera vejación: el pensamiento era noble. El indio vivió, pues, en su antiguo pueblo, hablando su idioma propio, siguiendo sus costumbres primitivas; los blancos no podían avecindarse en sus poblaciones, no podían comerciar con él, no había entrambos roce de ninguna especie. Lo primero que aconteció fue, que perdiendo el indígena la civilización de sus mayores, falto de enseñanza y de estímulo, no aprendiera absolutamente nada de la sabiduría de los blancos, y se precipitara en la más brutal ignorancia. Entregado a sus propios instintos, en miserable condición de niño, murieron en su pecho las nobles ambiciones, y en su lugar se alzaron pasiones bastardas. Abundante el país y fecundo en mantenimientos, con escasa población e inmensos terrenos, bajo un clima en que la intemperie apenas maltrata, el indígena encuentra con pequeño trabajo lo que basta a sus mezquinas necesidades, le sobra tiempo indefinido, y no teniendo en que emplearlo, lo pasa en la ociosidad: de aquí la embriaguez y los demás vicios en pequeño, porque su flojera habitual influye en que no quepan en su corazón ni grandes crímenes, si no es el refinamiento de crueldad. En tres siglos ha empeorado de tal suerte, que vale mucho menos que en los días de los emperadores aztecas.

  -254-  

Raza diferente, viviendo en el mismo suelo con los descendientes de los castellanos, ambos pueblos no tienen comunidad de ideas, ni de intereses, ni lazo alguno que los una; no forman unidad, no son un cuerpo compacto, no componen una nación, y aquellos son una dificultad constante para la marcha progresiva de México. La manera de zanjar la cuestión era exterminarlos; no por medio de la espada, sino por la civilización; crear en ellos necesidades, intereses, ideas iguales a las de la otra raza; hacerles perder su habla, sus costumbres, sus rencores; volverles a la condición de hombres, y hacerles entrar en el movimiento progresivo que la humanidad entera sigue.

La enseñanza religiosa hubiera sido bastante ganancia para indemnizar de sus pérdidas a los indígenas: buenos cristianos, siguiendo los preceptos del Evangelio, serían morigerados y útiles, tomarían la categoría de ciudadanos. Pero la palabra de Dios no ha penetrado en sus corazones; de la religión no han tomado sino las prácticas externas; ignorantes del fondo de las verdades, su creencia es absurda y supersticiosa. El cristianismo logró desterrar los sacrificios sangrientos a los ídolos, tal vez nada más: en realidad los indios son idólatras como en los tiempos de la conquista; la diferencia consiste, en que han sustituido el culto de Jesucristo y de la Santa Virgen, al de Huitzilopochtli y la Tonantzin. No se encuentra sobre los altares el corazón humeante de la víctima; pero sobre el ara llena de flores, suele estar la figura de piedra o de barro del dios azteca, encubierta por un tosco bulto del Dios de los cristianos, de formas espantosas como el ídolo, y en el cual falta hasta el instinto artístico.

Para la raza indígena, la conquista española fue una gran calamidad, bajo todos sus aspectos.

Ocupémonos ya de los idiomas. Se hablan el mexicano, el othomí, el mazahua y el pame: lenguas perdidas, el nahóa, el chichimeca, el matlaltzinca, el ocuilteca y el macoaque.


Mexicano

Es el idioma más extendido en el país; se le encuentra en las fracciones políticas de Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Puebla, Tabasco, Tlaxcala, México, Michoacan, Jalisco, Sinaloa, Zacatecas, Colima, San Luis Potosí y Durango. Forma familia particular etnográfica, con algunos dialectos nuestros o de Guatemala: en nuestra clasificación le hicimos diverso del nahóa, que viene a ser su lengua madre. Se le llama mexicano, culhua, azteca.

Para no abultar inútilmente lo escrito, omitimos la nómina de los pueblos mexicanos del Departamento de México, que son la mayoría de los que en él se encuentran.



  -255-  
Othomí

Othomí, hia-hiu, otomí, otomite, hablado por los otomís, otomíes, otomites, otonca. Después del mexicano es el idioma que se extiende por mayor superficie: se le encuentra en Puebla y en Veracruz, ocupa en México una gran extensión, toca en San Luis Potosí, abraza todo Querétaro y la mayor parte de Guanajuato, y va a terminar en Michoacan junto al tarasco. Forma familia particular y es notable por su carácter monosilábico.

Los pueblos otomíes del Estado de México están comprendidos en los siguientes curatos del arzobispado:

    Acambay
    Aculco
    Actopan
    Amanalco
    Alfafayucan
    Atitalaquia
    Atotonilco el grande
    Atotonilco el chico
    Azcapozaltongo
    Cardonal
    Chiapa de Mota (y mazahua)
    Chapantongo
    Huascasaloya
    Huehuetoca
    Hueipoxtla
    Huisquiluca
    Huichapan
    Ixmiquilpan
    Ixtacoyotla (y mexicano)
    Jacala (y pame)
    Jilotepec
    Jiquipilco (y mazahua)
    Lerma (y mexicano)
    Mixquiahuala
    Mineral del Monte
    Naucalpan (y mexicano)
    Nopala (y mexicano)
    Omitlan
    Ocoyoacac (y mexicano)
    Ozolotepec (y mazahua)
    Polotitlan
    Pacula
    Pachuca
    Tacuba (y mexicano)
    Tacubaya (y mexicano)
    Tasquillo
    Tecozautla
    Temascalcingo (y mazahua)
    Temoaya
    Teoloyuca (y mexicano)
    Tepeji del Río
    Tepotzotlan
    Tepetitlan
    Tultitlan (y mexicano)
    Tlaxcoapa
    Toluca (y mexicano)
    Tolcayucan
    Tequixquiac
    Tula
    Tetepango
    Tlalnepantla
    Corpus Christi (y mexicano)
    Zimapan
    Zontecomatlan
    Zinacantepec.
  -256-  

En México, y pertenecientes en lo espiritual al obispado de Puebla:

    Achiotepec
    Huehuetlan
    Tututepec
    Tenango.

En lo antiguo el otomí se extendía hasta Tulancingo y algunos pueblos más al Sur: en el mismo valle no quedan otomíes en Tacubaya, solo resta su memoria en Tacuba, han desaparecido de la vicaría de Cuajimalpa; el otomí, como las demás lenguas, pierde terreno delante del mexicano y del español.




Mazahua

Dialecto del otomí: se encuentra ortografiada la palabra de diferentes modos, mazahua, mazahui, matzahua; matlazahua, mozahui; se habla en México y en Michoacan. En tiempos del imperio azteca esta tribu pertenecía al reino de Tlacopan; sus pueblos marcaban los límites entre su señorío y Michoacan.

Curatos mazahuas en México, correspondientes en lo espiritual al arzobispado:

    Almoloya
    Atlacomulco
    Chiapa de Mota (y otomí)
    Ixtlahuaca, San Francisco
    Íd., San Felipe
    Jiquipilco (y otomí)
    Jocotitlan
    Malacatepec, San José
    Íd., Asunción
    Ozolotepec (y otomí)
    Temascalcingo (y otomí).



Pame

Idioma que hemos dejado sin clasificar. Se encuentran pames en México, San Luis Potosí, Querétaro y Guanajuato: en la primera de estas cuatro fracciones políticas sólo se habla el pame, en nuestra Señora de Guadalupe, antes misión de Cerro Prieto, en el curato de Jacala.




Lenguas perdidas

En nuestra clasificación, lo repetimos, hicimos distintos el mexicano y el nahóa. Se encuentra en la relación manuscrita del arzobispado, que en 1579 se hablaba el nahual en los pueblos de:

Tezayuca con sus estancias

    Quauhtlalpa
    Uitzila
    Oztoticpac
    Tetetzontlilco
    Xicalhuacan
    -257-
    Tzitzipic.
    Acatlan.

Zapotlan y sus barrios:

    San Miguel
    La Magdalena.

Nauquilpa con su estancia:

    San Martín.
    Tepantongo
    Tultitlan
    Pachuca, real de minas, llamado de arriba.

Con esto creemos dar una prueba de bulto, de que, al menos en 1579, se tenía como hablas diversas el mexicano y el nahual, supuesto que en la tan repetida relación se distinguen perfectamente el uno del otro. El nahóa, nahua, nahual, nahuatl, nahuate, lo colocamos entre las lenguas perdidas, porque, de buena fe confesamos, que no sabemos si aún persevera en los pueblos arriba mencionados o en otros lugares: en las nóminas y en las noticias que de los tiempos actuales tenemos, ninguna mención se hace de él, por lo que nos figuramos que ha desaparecido en el mexicano.

Con respecto al chichimeca, opinamos porque era lengua diversa del nahóa, y aseguramos que se había extinguido. Volviendo a la descripción del arzobispado, tan tenazmente repetida, encontraremos que en el pueblo de Pachuca, una legua al San de Tlahuelilpa, y encomendado en 1579 en Antonio de la Cadena, se hablaban el otomí, el mexicano y el chichimeca, lengua que no entienden los otros. Para nosotros este es el último punto en que vinieron a desaparecer los descendientes de aquella antigua nación.

Del matlaltzinca dijimos ya en el lugar respectivo y al tratar de la provincia. Añadiremos el ocuilteca y el macoaque, si llamamos de este modo al lenguaje de los macoaques, que al decir del padre Sahagún era distinto del ocuilteca y del matlaltzinca247. Acerca de los tres abrigamos duda de si ya no se encuentra en México rastro suyo.





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X. Querétaro

Si hemos de dar crédito a un antiguo manuscrito248 los otomíes que habitaban el Departamento eran tributarios de México. Como ya vimos, se extienden desde las cercanías de la capital hasta San Luis Potosí; y después de la conquista, su principal ciudad era Xilotepec, cabecera de una provincia que contaba unas 20 leguas de N a S, y otras tantas de E a O. Hacia 1578 el virrey don Martín Enríquez la dividió en dos alcaldías mayores, la de Xilotepec y la de Querétaro, sirviéndoles de límite una cerca que estaba en el llano del Cazadero. El terreno no estaba en lo antiguo ocupado únicamente por los otomíes, sino que lo frecuentaban y destruían los yztacchichimecas o chichimecas blancos, contra quienes servían de frontera, los pueblos de:

    Santiago Tecuantla
    San Mateo Guechiapa
    San José Atlan
    Santa María Tleculutl y Catzia
    San Gerónimo Acapulcingo
    San Lorenzo Techatitla
    San Andrés Atlmiepa o Tiltmilpa,

cuyos pueblos pertenecen hoy al Estado de México, y entonces recibían guarniciones mexicanas.

El referido manuscrito nos da una nueva versión acerca de la fundación de Querétaro, que es la siguiente: Un indio llamado Conni (ruido) de nación otomí y natural de Nopala, era pustecatl o mercader, y se ocupaba en contratar con los chichimecas, fronterizos de la provincia de Xilotepec. Ganada la ciudad de México por los españoles, y avanzando estos hacia al Norte,   -259-   Conni, para huir de los extranjeros, reunió hasta treinta personas de las familias de sus siete hermanos y hermanas, yendo todos a asentarse en una cañada por donde pasa un arroyo, media legua de donde hoy se encuentra la ciudad: al sitio llamaron andamaxei, el mayor juego de pelota. Vivió Conni tranquilo algunos años en su retiro, al cabo de los cuales apareció Hernán Pérez de Bocanegra, encomendero de Acámbaro en la provincia de Michoacan, quien a fuerza de buen trato y de agasajos supo ganarse la voluntad del otomí, hasta el grado de reconocerle éste como a señor, y prometerle que se haría cristiano: Bocanegra, asentadas estas capitulaciones, se volvió para Acámbaro, en busca de un religioso que doctrinase a los nuevos neófitos. Entretanto los chichimecas quisieron destruir aquella colonia, que ya constaba de unas doscientas personas, a pretexto de que trataban con los castellanos; Conni lo supo a tiempo, y tuvo arte no solo para sosegarles, si no aun para persuadirles que se diesen a los españoles. En aquella sazón retornó Bocanegra con el religioso prometido: ambos fueron cordialmente recibidos, y otomíes y chichimecas fundaron la ciudad de Querétaro, nombre que vino, de que en la primera visita de Hernán Pérez, los tarascos que le acompañaban llamaron al lugar Querenda (peña), de donde derivó decir a la población Queréndaro (pueblo de peña), y corrompido el vocablo se dijo Querétaro. Conni recibió en el bautismo el nombre de don Hernando de Tapia, muriendo hacia el año de 1571: la relación le prodiga muchas alabanzas, atribuyéndole grandes virtudes y los adelantos de la población.

Querétaro era cabecera de doctrina, sujeta a los religiosos franciscanos, con los pueblos de:

    Magdalena Andayomohi
    San Juan B. Anyeta
    San Francisco Anbanica
    San Pedro Anyahoi.

San Juan del Río, fundado por el cacique don Juan Mexici, natural de Xilotepec, era también cabecera de doctrina con los pueblos sujetos:

    San Bartolomé Amamoiza
    San Juan de Godó
    Santiago Canqueza
    Pedro Anzoní
    Santa María Antec.

En 1582 la frontera de Querétaro estaba asolada por los chichimecas, quienes talaban el país, daban cruel muerte a los pasajeros y robaban las mercancías; la relación de sus horrores es más lastimosa de la que hoy nos hacen de los pueblos invadidos por los bárbaros; a su furia habían desaparecido los pueblos de Andahicay, Ahexanbey, Anetixigui, Andoxehí, Apuenza, Amahuedehe y Auxindó, y el alcalde mayor, temiendo por toda la provincia, pedía con grande instancia remedio para atajar tamaño mal.

  -260-  

Pocas cualidades se concedían a los otomíes, habitadores de la provincia, pues estaban reducidas, a ser fieles observantes de las prácticas cristianas, respetar a los religiosos y obedecer a las autoridades; en cambio, se creía que con suma facilidad cambiarían de religión por ser muy supersticiosos, y eran broncos, flojos, vengativos, entregados a la lujuria y a la embriaguez, de poco entendimiento y ninguna disposición para lo bueno. La pintura es un original conocido en nuestros días.

No terminaremos de extractar el manuscrito sin añadir, que aseguraban, que de sus dioses llamados padre viejo y madre vieja, procedían todos los nacidos, «y que estos habían procedido de unas cuevas que están en un pueblo que se dice chiapa, que ahora tiene en encomienda Antonio de la Mota hijo de conquistador, que está dos leguas del de Xilotepec hacia el mediodía.» ¿Sería este un dato para encontrar ese Chicomoztoc que tanto papel hace en las inmigraciones aztecas?

En nuestros días se formó un territorio con el nombre de Sierra Gorda, con fracciones de los Estados de Querétaro, Guanajuato y San Luis. Los antiguos mapas colocaban la Sierra Gorda desde la villa de Cadereita a la de Santiago de los Valles entre los 21º 10' y los 23º 5' de latitud N. En ese país vagueaban los chichimecas, que a mediados del siglo XVII aun proseguían sus depredaciones. Fuese porque los chichimecas blancos estuvieran civilizados, o porque con el tiempo habían traído otra denominación, en esta época aquellos bárbaros eran conocidos por chichimecas tonases. Los religiosos de Santo Domingo emprendieron su reducción en 1686, con tan buen éxito, que antes de concluirse el siglo, la mayor parte de los indios estaban congregados en seis misiones. En los primeros años del siguiente siglo, con su natural veleidad, se alzaron de guerra, profanaron las iglesias, quemaron las casas, y huyeron para entregarse a la vida vagamunda. Para sujetarlos, se nombró con título de teniente de capitán general a don Francisco Zaraza, quien en una campaña infructuosa perdió la vida: le sucedió don Gabriel Guerrero de Ardila, más afortunado, pues ayudado por 800 hombres de caballería, en la campaña general de 1715 logró la reducción de los alzados. Esta no fue completa, habiendo necesidad en 1740 de que los religiosos de San Fernando de esta capital y los de Pachuca, fundaran nuevas misiones: el total subió a diez y siete, comprendidas en la siguiente lista, y de las cuales, por el orden en que están escritas, siete fueron obra de los dominicos, seis de los fernandinos y cuatro de los de Pachuca.

    La Nopalera
    San José del Llano
    Nuestra Señora de los Dolores
    Santa Rosa
    Santo Domingo Soriano
    Santa María Ahuatlan
    -261-
    San Miguel de las Palmas
    San José Vizarrón
    Larida Landa
    Tilaco
    Tancoyol
    Concá
    Gilitla
    Pacula
    Xiliapan
    Cerro Prieto
    Toliman249

La mayor parte de estas poblaciones pertenecen a Querétaro y el resto a México. Los chichimecas, con quienes se fundaron, fueron de la familia otomí, no debiendo cogernos de nuevo el idioma que hablaban, pues la palabra chichimeca, repetimos, es un nombre genérico que comprende muchas tribus. Los pueblos primitivos se daban el nombre de chichimecas, como para decir que venían de los antiguos pobladores, y era un dictado honorífico y apetecible. Después de la conquista se apellidaba chichimecos a todos los indios errantes, sin atender a su filiación, y vino a ser un sinónimo de bárbaro y una palabra despreciativa.

De aquí resulta que los idiomas hablados son únicamente dos, el otomí y el pame.


Otomí

Se usa en todos los pueblos del Estado, comprendidos en dieciocho curatos y cuatro vicarías pertenecientes al arzobispado. Sus nombres son los siguientes:

    Santiago de Querétaro
    Divina Pastora, ídem.
    Santa Ana, ídem.
    Espíritu Santo, ídem.
    San Sebastián, ídem.
    Cañada
    Santa María del Pueblito
    Santa Rosa
    Huimilpan: vicaría
    San Juan de Río
    Tequisquiapan
    Cadereita
    Doctor Amealco
    Toliman
    Tolimanejo
    Peñamillera: vicaría
    Las Palmas: ídem.
    Jalpan
    Landa
    Escanela
    Concá: vicaría.
  -262-  

El otomí varía algo en algunos lugares, y en otros casi se ha perdido, hablando los descendientes de los reducidos a las antiguas misiones únicamente el español: entre los de la parte más al Norte, confinantes con San Luis Potosí, hubo pames, confundidos o perdidos entre los demás indígenas.




Pame

Aunque, como se acaba de decir, hubo pames entre los congregados a las misiones, hoy no existen más de en el pueblo de Santa María Acapulco.





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XI. Guanajuato

En las noticias estadísticas correspondientes al Estado, publicadas en el tomo I del Boletín de Geografía, se dice, que se habla el pame en la misión de Arnedo, y otomí en todo Guanajuato, a excepción de algunos pueblos del Sur, que son tarascos. Así es la verdad, aunque debemos añadir alguna cosa. Los idiomas que le corresponden son, el otomí, el meco, el pame y el tarasco.


Otomí

Los otomíes de Guanajuato pertenecen a los chichimecas blancos de que hicimos mención en Querétaro, y los indios actuales son los descendientes de aquellas tribus errantes. Como en aquel terreno no tenían moradas fijas, las principales poblaciones fueron fundadas por los españoles, sirviendo algunas de presidios contra las incursiones de los bárbaros; por lo mismo la lengua española predomina en la generalidad de los habitantes. Los pueblos pertenecen a la diócesis de Michoacan en su mayor parte, y el resto al Arzobispado: he aquí los primeros.

    Apasceo
    Celaya
    Chamacuero
    Dolores Hidalgo
    Guanajuato Irapuato
    León
    Marfil
    Piedra Gorda
    Pueblos del Rincón de León
    Salamanca
    Santa Ana Guanajuato
    Santa Ana Amatlan
    Salvatierra
    San Juan de la Vega
    San Miguel de Allende
    San Pedro de los Pozos
    Silao
    Valle de Santiago
    Villa de San Felipe
    San Diego del Bizcocho.
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Los del Arzobispado, situados en lo que se llamó territorio de la Sierra Gorda:

    Casas viejas o San José Iturbide
    Xichú, mineral
    Xichú, naturales
    Vicaría fija de Santo Tomás Tierra blanca
    Vicaría fija de Atarjea.



Tabasco

Idioma propio de Michoacan, hablado en los curatos de Acámbaro, Yuririapúndaro y Pénjamo.




Pame

Únicamente en la misión de la Purísima Concepción de Arnedo, a una legua de Xichú de naturales, llamado hoy Villa Victoria.




Meco

Siendo inútiles las providencias tomadas por los virreyes para contener las depredaciones de los indios chichimecas, don Luis de Velasco el segundo encargó su reducción hacia 1594 a los religiosos de San Francisco, primero, y en seguida a los jesuitas. En consecuencia, fue fundado el pueblo de San Luis de la Paz, en memoria del virrey y del gran fruto que se esperaba sacar con el establecimiento del pueblo. La parcialidad de chichimecos que fue congregada, pertenecía a la familia de los tonases o jonases, cuya lengua se llamó meco por los misioneros, lo mismo que denominaron la de los habitantes de San José Vizarron (Querétaro). No era este el único idioma de aquellas gentes; usaban de otros muchos con tal confusión, que según los religiosos, cuando se reunían treinta vecinos, se encontraban cuatro o cinco dialectos, que impedían se entendieran aquellos hasta después de mucho trato. No nos dicen el nombre de todos los idiomas, sino únicamente del guaxabana250. A un cuarto de legua al Este de San Luis existe una ranchería que habla lengua distinta, aunque no se dice cual sea.





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XII. Michoacan251

En la antigüedad era un reino independiente, bastante adelantado en la civilización y enemigo constante de las armas mexicanas; con leyes sabias y humanas, sus costumbres eran más pulidas que las de sus vecinos, no obstante participar de las supersticiones y de la religión sangrienta de las demás tribus aztecas. Por lo que toca a los límites del reino, el padre Beaumont, que escribió en vista de los planos y de los documentos de los tarascos, asegura que «Cuando se descubrió por los cuatro españoles mencionados, Caltzonzin rey de Michoacan, era también señor y soberano de la provincia de Jalisco. Partía sus confines con los de México en Ixtlahuacan, distrito de Tula, y de allí hasta la mar del Sur, extendiéndose 150 leguas, y desde la provincia de Zacatula atravesando hacia el Norte hasta Zichú, más de 160 leguas, en cuyos términos se incluían grandes poblaciones, como la ciudad y provincia de Michoacan, y las de Zacatula, la de Taximaroa, y los pueblos dichos de Avalos, e infinidad de otros abundantes de gente belicosa.» Esto escribe a la pág. 35, tomo I, y a la vuelta, y en la 62 añade: «que había fortalezas en los puntos de frontera, que eran Yuririapúndaro, Taximaroa o Tlaximaloyan, Maravatío, Tzitácuaro, Acámbaro y Tzinapécuaro. La capital era Tzintzonzan o Chincila, dicha por los mexicanos Huitzitzila.»

Acompaña a la crónica del padre Beaumont un plano manuscrito, obra del autor, en que va demarcada la línea que circunscribe el reino de Michoacan.

  -266-  

Conforme a él, marcarían la frontera Atoyac, Sapotan, Tetela, Xochitlan, Cutzamala, y hasta cerca de Tepecoacuilco y de Iguala en el Estado de Guerrero; pasaría junto a Temascaltepec y al valle de Toluca, dejando dentro del perímetro a Tlalpujahua y a Contepec; comprendería a Querétaro, Chamacuero, Toliman, Tolimanejo, San Miguel el Grande y Zichú; dejaría fuera el terreno ocupado por los chichimecas blancos; tomaría por Apaseo el curso del río Tololotlan, y desviándose al Norte tocaría en tierras del Estado de Durango, para concluir en la mar del Sur con el curso del río Chiametla. Con todo el respeto debido al recomendable escritor, no creo en la demarcación; el mapa acusa al autor de pocos conocimientos geográficos, o al menos, de que eran muy malos los materiales que le sirvieron. Es un plano a la vista en que las posiciones están completamente dislocadas, y en que los puntos no dan ni idea remota de la figura que resulta si se fijaran bien. Además, esa línea no comprende solo al reino de Michoacan, sino también al reino de Colima, que era independiente, la provincia de Jalisco y muchos cacicazgos que no reconocían superior, causa por la cual no señala con exactitud los límites que apetecemos.

El caballero Boturini, en la pág. 26 de su Catálogo252, asigna al reino de Michoacan las mismas fronteras que el padre Beaumont; mas es de advertir, que ambos párrafos están tomados al pie de la letra uno de otro, sin más diferencia, que en donde dice Beaumont distrito de Tula, Boturini escribe distrito de Toluca.

Boturini copió de Beaumont, y este a su turno del manuscrito que en seguida insertamos, y debemos a la bondad del señor don José Fernando Ramírez. Dicen así el manuscrito y la nota con que lo acompañó el señor Ramírez:

«Noticias sacadas de una información judicial, practicada en 1594, a petición de don Constantino Huitzimengari, nieto de Caltzontzin, último rey de Michoacan, con el objeto de probar la extensión de sus dominios. La determinación genérica de los límites, se encuentra en la siguiente pregunta del interrogatorio, absuelta de conformidad por los testigos. El documento que aquí se extracta es copia, no muy correcta, que sacó don Mariano Veytia de la de Boturini, quien menciona su original en el § XIV n.º 3 del Catálogo de su Museo Indiano.

Item si saben, que don Francisco Tangajuan padre de don Antonio Huitzimengari y abuelo de dicho don Constantino hijo del dicho don Antonio, se extendía y tenía a los términos con la provincia de México nueve leguas de ella, hasta Ixtlahuacan, que cae en el distrito de Toluca, donde llegaron la gente de guarnición de dicho don Francisco Tangajuan, gran Cazontzin,   -267-   y desde dicho pueblo de Ixtlahuacan hasta la mar del Sur ciento y cincuenta leguas, y desde la Provincia de Zacatula atravesando hacia el Norte hasta Sichú, que son más de ciento y sesenta leguas, en lo cual entran y se incluyen muchos, y muy grandes pueblos, que hasta ahora están poblados de mucho número de gente como son la ciudad y provincia de Michhuacan y la Culima, y Zacatula, Pueblos de Avalos, y todos los demás pueblos contenidos en el Memorial firmado de dicho don Constantino, que pide se muestre a los testigos para que digan lo que saben.

Los pueblos de la corona real que caen al Obispado de Michhuacan, son los siguientes:

Michhuacan y sus Barrios de la

    Laguna
    Arimao
    Cuiseo
    Capula
    Cinagua
    Chocándiro
    Guaniqueo
    Guanajo
    Xaso
    Necotlan
    Teremendo
    Tiripitio
    Tinguindin
    Tlapalcatepec
    Taimeo
    Tucato
    Zinapéquaro
    Maravatío
    Ucareo
    Tuzantla
    Asuchitlan
    Cirándaro y Guayameco
    Chilchotla
    Xacona
    Tazazalca
    Xilotlan
    Xiquilpan
    Ixtlan
    Tancítaro
    Orirapúndaro
    Aquila, Estopila y Huitlan
    Alima
    Acauhtlan
    Atliacapan
    Caxitlan
    Cuzcatlan
    Zacalpan
    Escayamoca
    Ecatlan
    Quacoman
    Guepantitlan
    Umalacatlan
    Mitlan
    Macuyllititzaqualayan, Pistlan
    Coscacuauhtlan
    Motin
    Maroata
    Papatlan
    Pomaro
    Pasnona
    Comayahua
    Petlazoneca
    Tezoacan
    Tlacoabayan
    Tecolalpan
    Tlachinachtla
    Tamatla
    -268-
    Tepetitango
    Tecoman
    Tlacatipa
    Tecoxhuaca
    Tecociapan
    Xolotlan
    Xecotlapa
    Xuloapa
    Ixtlahuacan
    Yescatlan
    Alimanci
    Alcozahuimitlanexo
    Almoloya
    Chiapa
    Epantlan
    Guacatitlan
    Nahualapa
    Ocotlan
    Tecocitlan el viejo
    Xicotlan
    Oztutla
    Auatla
    Ensaputlanexo
    Cohuatlan
    Contlan
    Coyre
    Cihuitla
    Otro Cihuitla
    Ahuatlan
    Chapala
    Cihuatlan
    Chipila
    Mescalohuacan
    Miquia
    Pantla
    Pochotlan
    Pustlan
    Quetzalapan
    Atlan
    Quahquautla
    Tohtotla
    Tepolchico
    Tecpan
    Taloacan
    Tecomatlan
    Texoapan
    Tepetina
    Ximalcota
    Ihuitlan
    Yaustepec
    Ihuitlan
    Ixtapa
    Achihuili
    Huitlalotlan
    Huixtlan
    Lahuava
    Toliman
    Zozotlan
    Azutla
    Atechoncala
    Axalo
    Quixlan
    Axmique
    Amaqueca
    Atoyac
    Chapala
    Zazola
    Tzaculco
    Cocula
    Teoauztlatlan
    Tepeque
    Tecohuatotla
    Coquimatlan
    Xocotepec
    Tuspa
    Tzapotlan
    Tamazula
    Pungaravato
    Cachan.»


  -269-  

Si buscamos en la carta general de México los pueblos que aun subsistan de la nómina que acabamos de copiar, y los encerramos por una línea, no darán, ni con mucho, la extensión asignada por Huitzimengari y por los dos autores que le siguieron, para los límites del reino de Michoacan.

Para irnos acercando a la verdad, insertaremos este otro interesante documento, también manuscrito, y que, como el anterior, debemos al sabio don Fernando Ramírez. Dice.

«Nómina extractada del Cuaderno de tasaciones fecho de ciertos Pueblos de la Provincia de Michoacan por el Br. Ortega, Alcalde Mayor en ella... a pedimento del Licenciado Benavente, Fiscal de Su Majestad de la Real Audiencia. En miércoles 31 de Abril año de 1528.

    Colantia
    Colatla o Coyuca
    Pungaravato (a) Tazantla
    Deque (a) Asuehitlan
    Guaymeo
    Cuhseo
    Zinagua
    Guaviquaran
    Animaro
    Sicactan
    Tepacaltepeque
    Amula
    Tamazula
    Tuchpa
    Zapotlan
    Avalos
    Sindonguaro
    Chaudan
    Quaraquio
    Zirandaro
    Tacandaro
    Tucatl
    Mazamitla
    Xiquilpan
    Guarachan
    Cauayo
    Tarecuato
    Chilchotla
    Artlaga
    Tazazalca (a) Uragato
    Tlatzan
    Zacapo
    Purindiro
    Comanja
    Ucareo
    Tacítaro
    Urbaya
    Taimeo
    Acámbaro
    Guaniqueo
    Guruandiro
    Catzan
    Capula
    Mazamila
    Tatzatzalco
    Cavigaran
    Lacacaguana
    Iztapa
    Uruapa
    Canicuaran
    Tepehuacan
    Cinagua
    Tacambaro
    Yorirapundaro
    Guacana
    Turicato
    -270-
    Cuiseo
    Chucandiro
    Xacona
    Yuriraguadaro
    Chararo
    Maravatío
    Taximaroa
    Indaparapeo
    Tauchitaro
    Teremendo
    Jaso
    Tiripitio
    Naranja
    Tamazulapan
    Zayula
    Atoyac
    Tancitata
    Chilnutia
    Tzacualpa
    Cocula
    Colima
    Motin.

Sacado de la copia de Veytia y Manuscritos de Boturini, citados en la nota de la nómina anterior.»



El señor Lejarza253 asegura que el reino de Michoacan, «confinaba hacia el Oriente y mediodía con los dominios de los mexicanos, y República de Matlalzingo; por el Norte con las tierras de los chichimecas, y por el Noroeste con otros diversos estados independientes. Ixtlahuacau, Zichú, Chapallan y el mar Pacífico eran como las fronteras, demarcando sus límites por todos lados.»

Clavigero repugna en parte las anteriores demarcaciones, aunque no creo que esté completamente de su lado la justicia.

Dejando ya de amontonar autoridades y sin reflexiones previas, para nosotros, los límites del Michoacan serían: al Este los dominios mexicanos, marcados por los pueblos que a estos correspondían y