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—[55]-59→ —[60]→ —[61]→ Dialectos del mexicano 1. Dialectos del mexicano según el señor Orozco El señor Orozco y Berra en su Geografía de las lenguas de México (página 55) considera como dialectos del mexicano los siguientes: I. Zacateco, hablado por los zacatecos y mazapiles en Zacatecas. II. Chinarra por los chinarras o humas en Chihuahua. III. Concha o concho por los conchos, conchas, etc., en Chihuahua. IV. Ahualulco o agualulco por los ahualulcos o agualulcos en Tabasco. V. Dialecto de Jalisco.
2. Objeto de este capítulo El objeto de este capítulo es demostrar: 1.º Que el zacateco no es dialecto del mexicano. 2.º Que el concho y el chinarra son un mismo idioma. 3.º Que deben considerarse como dialectos del mexicano el pipil de Guatemala, el niquira de Nicaragua, —62→ y el sinaloense que se habla en la costa sur de Sinaloa. 3. El zacateco no es dialecto mexicano
Para comprobar el señor Orozco que el zacateco es dialecto mexicano dice: « Resulta, pues, que las pruebas del señor Orozco son dos: Primera. El dicho de los misioneros. Segunda. La existencia de un arte y un vocabulario del idioma zacateco. Esta última circunstancia no demuestra otra cosa sino que efectivamente existió un idioma llamado zacateco, como cualquier otro; pero la noticia bibliográfica a eso se reduce, sin añadir ni aun la más ligera indicación respecto al parentesco del zacateco y el mexicano. Ludewig en su obra The literature of American aboriginal languages ha repetido la noticia dada por Beristain, sin añadir indicación alguna respecto a la supuesta analogía del mexicano y el zacateco, circunstancia digna de tomarse en cuenta porque, como más adelante veremos, el bibliógrafo inglés tiene cuidado de llamar dialectos mexicanos a los que así considera. Sin embargo de esto, la otra prueba aducida por el señor Orozco sería decisiva por sí sola, y todo lo aclararía siempre que hubiese citado las autoridades en que la fundaba, cosa que no hizo. —63→
Por mi parte, he tratado de suplir esa omisión registrando las obras que deben consultarse sobre el particular, siendo el resultado de mis indagaciones que sólo en un autor encuentro noticias sobre el idioma zacateco, y precisamente contrarios a la aserción del señor Orozco. Me refiero a Hervás en su Catálogo de las lenguas (volumen I, página 327) donde asienta: Esta relación de Hervás es un dato seguro de que podemos partir porque se refiere a algo que nos es conocido, el tepehuan, así es que averiguando la conexión de éste con el mexicano, conoceremos también la del zacateto. Esto supuesto, diré que en la presente obra se demuestra, por medio de comparaciones filológicas, que el tepehuan pertenece a la familia sonorense u ópata-pima, y que la analogía de ésta con el mexicano existe; pero analogía de grupo, es decir, muy apartada respecto a lo que se entiende por dialecto. De todo lo dicho resulta uno de dos: o aceptamos la indicación de Hervás respecto al zacateco, o no. Si lo primero, esa idioma pertenece a la familia ópata-pima; si lo segundo no queda otra noticia sobre él sino que existió un idioma llamado zacateco, cuyas relaciones de parentesco han quedado ignoradas.
4. El mazapil Añadiré que el señor Orozco ha tomado infundadamente como sinónimo de zacateco el mazapil, según consta de las palabras que siguen (opere citato):
Esa confusión de mazapiles y zacatecos sólo existe como consecuencia de haberse tomado el zacateco por dialecto mexicano. Hervás distinguió bien el zacateco del mazapil, pues ya hemos visto que juzgó al primero afín del tepehuan, y al segundo es al que considera como dialecto mexicano, y esto en tono dudoso, según consta de lo que voy a copiar (opere citato, página 311), en cuya virtud yo también pondré en mi catálogo de lenguas indígenas al mazapil como dialecto dudoso. 5. El concho o concha y el chinarra Pasando ahora a hablar de este dialecto, concha o concho, manifestaré en qué me fundo para creerle uno mismo que el chinarra.
La única autoridad que tenemos sobre el asunto es la del repetido Hervás, quien hace la explicación siguiente,
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y con ella se prueba mi proposición.
La existencia del dialecto concho la encuentro posteriormente confirmada con la siguiente noticia de Ludewig (opere citato, página 52): El señor Orozco propone que se llama concha al dialecto de Chihuahua para distinguirle del concho de California. Por mi parte, admito la idea en cuanto a la distinción de nombres, pero aplicaré el de19 conchos al idioma de Chihuahua porque su etimología parece encontrarse en el río llamado conchos; al idioma de California le llamaré concho, como generalmente se escribe y pronuncia. 6. El pipil
La existencia del pipil en Guatemala es un hecho que en manera alguna niega el señor Orozco, pues dice (opere citato, página 11): Así, pues, si llamo la atención con referencia al señor Orozco es porque en su tabla de clasificación (página 55) aparece el pipil al lado del mexicano, y no como dialecto sino como un mismo idioma, sólo con distinto nombre.
Pues bien, Juarros nos dice en su Historia de Guatemala: La alteración de un idioma, sea por la mezcla con otros, sea por el curso del tiempo, o cualquier otro motivo, basta para formar un dialecto entendiendo por tal lo que entienden tres buenos diccionarios que paso a citar: uno español, otro francés y otro inglés, los cuales están conformes sustancialmente.
En el Diccionario enciclopédico de la lengua española se leen estas palabras:
Bescherelle, en su Diccionario nacional de la lengua francesa se explica así:
Webster en su Diccionario de la lengua inglesa dice: —67→ 7. El niquira o niquiran Del niquira o niquiran, como se llama al mexicano de Nicaragua, tengo que hacer al señor Orozco las mismas observaciones que sobre el pipil, y aun con otra prueba más, la comparación de algunas palabras recogidas por Squier entre los indios de la isla de Ometepec en la laguna de Nicaragua.
Ludewig ha considerado el niquira como un dialecto del mexicano diciendo (opere citato, página 134): 8. Emigración de los mexicanos a Centroamérica Antes de terminar lo relativo a los dialectos mexicanos en Centroamérica me parece conveniente hacer una aclaración sugerida por el siguiente pasaje del señor Buschmann en su obra Nombres de lugares aztecas (§ 46): Voy ahora a apuntar aquí tres obras que recuerde haber visto donde consta la emigración de mexicanos a Centroamérica antes de la conquista, desde época muy antigua.
Toribio de Benavente, conocido vulgarmente con el nombre mexicano de Motolinía, y uno de los primeros doce predicadores del Evangelio en México, dice en su Historia de Nueva España (publicada por García Icazbalceta,
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tomo 1.º) lo siguiente:
La relación del español Motolinía se encuentra confirmada por el más antiguo y auténtico de nuestros historiadores Ixtlilxochitl, tezcocano, descendiente por línea recta de los reyes de Acolhuacan. Este noble indio, en su Relación quinta (en Ternaux, volumen 12, página, 20 nota), asegura que destruido el reino tolteco Francisco López de Gomora, que escribió su Historia de las Indias por las relaciones que oyó de los conquistadores mismos y por los escritos de los primeros misioneros, confirma lo dicho por Motolinía e Ixtlilxochitl con las siguientes palabras (en Rivadeneyro):
9. El sinaloense
Pasando ahora a tratar del sinaloense diré que así llamo a un dialecto mexicano que se habla en la costa sur de Sinaloa. Yo tenía noticias de él desde que publiqué la primera edición de esta obra, pues dije en el tomo primero, página 211: —71→
10. El ahualulco Respecto al dialecto de Tabasco llamado ahualulco o agualulco estoy enteramente de acuerdo con lo que dice el señor Orozco (opere citato, página 13):
11. El jaliscience Tocante el dialecto mexicano que se usa en Jalisco comenzaré por repetir lo que dije en la primera edición de la presente obra.
La lengua mexicana tiene un dialecto que se habla en el obispado de Guadalajara, sobre el cual dice Cortés y Zedeño:
El mismo autor duda si tales variedades han sido ocasionadas por la comunicación con los españoles, o si existían desde antes; pero lo más cierto es que una y otra
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circunstancia han ocurrido. Por una parte, no es verosímil que sólo en una provincia se viciara el lenguaje por el trato con extranjeros, y no sucediera lo mismo en todas las que se hallaban en el mismo caso. Por otra parte, la misma Gramática del autor nos da algunas pruebas de la influencia del castellano, como lo demuestra, por ejemplo, la lectura del siguiente párrafo: Hasta aquí lo explicado sobre el jaliscience en la primera edición. Ahora puedo agregar algunas noticias interesantes, según nuevos datos que he adquirido. Desde luego debo advertir que el dialecto de que ha tratado Cortés y Zedeño no sólo corresponde al obispado de Guadalajara sino a parte de los de Guadiana (Durango) y Michoacán, según consta de un libro que ahora tengo a la vista intitulado: Arte de la lengua mexicana según lo acostumbran hablar los indios en todo el obispado de Guadalajara parte del de Guadiana y del de Michoacán por fray Juan Guerra (México, 1692). —73→Valiéndome de este libro, muy raro y curioso, voy a indicar las diferencias más notables que presenta el jaliscience respecto al mexicano, excusando decir que he comenzado por purificar el jaliscience de las formas latinas con que el padre Guerra le desfiguró, según fue costumbre entre nuestros gramáticos, y de que nos dan idea los siguientes versos puestos al frente de la obra en loa del autor.
El posesivo mexicano amo, nuestro, es en jaliscience anmo. En mexicano i significa suyo, de él; in, im, de ellos, de modo que se distingue bien el singular del plural; en jaliscience no hay más que i para los dos números. La final ke de plural se usa poco en el jaliscience, y en su lugar va generalmente me. En la conjugación del verbo mexicano no hay prefijo para las terceras personas; en jaliscience se encuentra ki, de modo que, por esta parte, la conjugación es más perspicua en el dialecto. También lo es en que el mexicano sólo distingue el plural en presente y pretérito perfecto de —74→ indicativo, así como en subjuntivo, por el cambio de acento, mientras que el jaliscience usa la final lo. En aquel idioma el gerundio se expresa de la manera explicada en el capítulo anterior, § 28; en jaliscience aparece mejor determinado el gerundio por medio de la final to y el prefijo correspondiente; verbi gratia, nitlazoltlato, amando yo, o a amar; titlalzoltlato, amando tú, etc. Ka en mexicano significa ser, estar; pero en jaliscience no significa ser, cuyo significado tiene el verbo ie o ye, que también se traduce por estar y haber. En jaliscience no se acostumbra como en mexicano la final e para expresar vocativo, ni la partícula in de varios usos. Las preposiciones son menos en jaliscience que en mexicano. Respecto a diferencias léxicas dan una idea las siguientes comparaciones.
12. Resumen de los dialectos mexicanos Resumiendo todo lo que llevamos expuesto resulta que los dialectos mexicanos son los siguientes de norte a sur: I. El conchos hablado por los conchos y chinarras en Chihuahua. II. El sinaloense. III. El mazapil de Zacatecas (dudoso). IV. El jaliscience. V. El ahualulco de Tabasco. VI. El pipil de Guatemala. VII. El niquiran de Nicaragua. —[77]→ El náhuatl no es distinto del mexicano. El cuitlateco 1. Opinión de Balbi y Orozco sobre el náhuatl Entre multitud de obras antiguas y modernas que he leído o consultado sobre antigüedades mexicanas, sólo dos recuerdo que consideran el idioma náhuatl como distinto del mexicano, y son el Atlas etnográfico de Balbi, y la Geografía de las lenguas de México por don Manuel de Orozco21 y Berra.
2. El náhuatl de Balbi es el pipil Balbi, al hablar de las lenguas de Guatemala, cita el náhuatl con el nombre de náhuat (n.º 656), y más adelante, como idiomas diferentes el mexicano (n.º 701), y el pipil (702). Ya hemos visto en el capítulo anterior que el pipil es un dialecto del mexicano, y ahora nos convenceremos fácilmente de que el náhuat de Balbi es el mismo pipil con sólo —78→ observar que el escritor francés al mencionar el náhuat, manifiesta que se usa en la vicaría de San Salvador, y refiriéndose al pipil asienta que se habla en el mismo lugar, sin más diferencia que usar la palabra distrito en lugar de vicaría. Por otra parte, es muy sabido que no sólo en Guatemala sino en Nicaragua a los dialectos mexicanos suelen llamar náhuatl. Consúltese, por ejemplo, a Squier en su Monografía y en su «Vocabulario del nagradan, chorotegan, niquira o náhuatl, etc.». 3. Fundamentos del señor Orozco
El señor Orozco y Berra, por su parte, resueltamente sostiene la siguiente proposición: Tal opinión está fundada: 1.º En dos pasajes de Sahagún. 2.º En otro de Ixtlilxochitl. 3.º En un informe manuscrito enviado a Felipe II por el arzobispo Montúfar. Voy, pues, a examinar estos documentos. 4. Examen de dos pasajes de Sahagún
El padre Sahagún copiado a la letra por el señor Orozco dice:
El otro pasaje de Sahagún copiado también por el señor Orozco es el siguiente:
Analizando el primer pasaje de Sahagún se ve que en lugar de decir este autor que los nahoas no hablaran mexicano manifiesta precisamente que era su idioma:
De este segundo periodo lo más que puede sacarse es que los nahoas tenían cierta diferencia para pronunciar respecto a los mexicanos puros; pero obsérvese que esta aserción de Sahagún, él mismo lo destruye por medio de una contradicción manifiesta que consta en el segundo pasaje transcrito, donde se lee: Ahora bien, como no puede caber en el juicio una contradicción tan grosera en un mismo autor, ocurre la idea de que en uno de los dos pasajes se distrajo Sahagún, se equivocó, o bien que ha habido una alteración de aquellas que los copistas o los impresores causan en los escritos. Esta sospecha tiene un modo sencillo de aclararse, y es consultar al mismo Sahagún en otros lugares —80→ de su obra. He aquí lo que resulta leyendo el tomo 3.º que es donde se ocupa en tratar de los nahoas. Página 129:
Aun hay otros dos lugares de Sahagún citados por el señor Orozco mismo, a saber: Aun podía yo copiar otros trozos; pero los transcritos son bastantes para probar que el historiador de que se trata entendió generalmente por náhuatl lo mismo que por mexicano. 5. Verdadera opinión de Ixtlilxochitl sobre el náhuatl Veamos ahora cuál era la verdadera opinión de Ixtlilxochitl respecto al punto que examinamos.
El pasaje de Ixtlilxochitl copiado por el señor Orozco es el siguiente refiriéndose a los mexicanos:
La consecuencia que inmediatamente saca el señor Orozco de lo dicho por Ixtlilxochitl la explica así:
Hasta aquí no me opongo a la consecuencia del señor Orozco, creo que el mexicano primitivo se dividió en varios dialectos, y aun he explicado los que conozco en el capítulo anterior; pero de la relación de Ixtlilxochitl no se deduce precisamente lo que se pretende, esto es, que uno de esos dialectos sea el náhuatl y otro el mexicano. Lo cierto es que la verdadera opinión de Ixtlilxochitl sobre el particular es enteramente contraria, y lo pruebo con la obra más completa y correcta del
ilustre tezcocano, la Historia de los chichimecas. En ella, capítulo 13, dice
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terminalmente hablando del chichimeco Techotlalla: 6. Observación sobre el manuscrito de Montúfar Tratando de la última prueba, alegada por el señor Orozco, que es el manuscrito del arzobispo Montúfar manifestaré que como pertenece a la colección de mi hermano político don Joaquín García Icazbalceta me ha sido fácil consultarle, y no encuentro en él otra cosa sino lo que el señor Orozco ha encontrado varias veces en Balbi y otros escritores, es decir, que por haberse dado nombres diversos a una misma tribu o lengua de nuestro país se han multiplicado sus nombres indebidamente, tomando los sinónimos por palabras que expresan cosas distintas: así sucede con náhuatl y mexicano. El padre Nájera observó lo mismo respecto a las lenguas de California en un opúsculo que publicó en idioma francés en 1845 refutando un escrito de Duflot de Mofras, quien confundió el huaxteco con el mexicano. He aquí las palabras con que concluye Nájera sus observaciones: 7. Autores que consideran el náhuatl, el mismo idioma que el mexicano Pero aun suponiendo que pudiera encontrarse realmente un autor que diga ser el mexicano distinto del náhuatl, su opinión aparecería sin —83→ valor alguno por aislada y extraña, pues la generalidad asienta lo contrario. Fácil me sería probarlo con una larga serie de citas tomadas de autores antiguos y modernos; pero no creo necesaria tanta prolijidad, y este capítulo tomaría un tamaño desproporcionado al plan de la obra. Me contentaré, pues, con presentar, como ejemplo, algunos de los libros que tengo más a la mano.
El venerable Motolinía, a quien cité en el capítulo anterior dice: Sahagún e Ixtlilxochitl, ya hemos visto en los párrafos anteriores que enteramente opinaban como Motolinía respecto a la cuestión que nos ocupa. El padre García en su obra Origen de los indios, donde recapituló las noticias que sobre éstos existían, manifiesta en el libro último §§ 2 y 3 que los mexicanos pertenecían a los llamados nahuatlaques. El cronista Herrera, calificado por Clavijero de autor sincero y juicioso, y que pudo disponer de muy buenos datos, dice que los mexicanos salieron para venir a Anáhuac de Nahuatlacan (Década 3.ª, libro 3.º, capítulo 10). Nahuatlacan es una voz compuesta de Náhuatl, y la postposición can que significa lugar de.
Mendieta, principal guía del conocido historiador Torquemada, hablando de las costumbres de los indios dice: Boturini, colector diligente de cuanto atañe a las antigüedades de México en su Idea de una historia de la —84→ América septentrional, considera, a cada paso, el mexicano y el náhuatl como un idioma. Bastará citar la página 146 donde hablando de un documento escrito en lengua mexicana dice náhuatl. Clavijero, cuya Historia antigua de México ha sido calificada por uno de los sabios más eminentes de nuestra época de obra excelente, considera a los mexicanos como nahuales o nahuatlaques (libro 2.º, § 15). Prescott y Humboldt se han adherido a la opinión de Clavijero, aquél en su Conquista de México, y éste en su Ensayo sobre la Nueva España y la Vista de las Cordilleras, no obstante que ambos, especialmente Prescott, pudieron con sus propios estudios haber modificado la opinión de Clavijero, si la hubiesen encontrado errónea. Digo lo mismo exactamente respecto al lingüista alemán Buschmann en sus obras De los nombres de lugares aztecas y a Vestigios de la lengua azteca en el Norte de México. Buschmann por sus conocimientos del mexicano y otras lenguas indígenas pudo juzgar por sí mismo. Para no divagarme con más citas, sólo mencionaré dos bibliógrafos de lenguas americanas que por el conocimiento de las obras especiales sobre ellas han podido conocer, por sí mismos, si el mexicano y el náhuatl son o no un mismo idioma.
El erudito Ludewig dice (página 111): Squier, el activo e inteligente escudriñador de la arqueología —85→ centroamericana, considera de tal modo náhuatl al mexicano que en el índice de su monografía con el primer nombre se refiere a todo lo relativo al segundo. 8. Manera con que el señor Orozco supone la transformación del náhuatl en mexicano Con lo dicho hasta aquí me parece suficientemente probado que aplicando el criterio de autoridad, no es posible admitir que mexicano y náhuatl sean diferentes. Veamos ahora lo que resulta bajo el punto de vista filológico, y sobre todo de hecho. Para esto conviene manifestar la manera con que el señor Orozco explica la transformación de náhuatl en mexicano. Oigámosle después de haber copiado los dos pasajes de Sahagún que hemos examinado.
No comprendo absolutamente en qué datos seguros sea posible fundarse para asimilar los diferentes estados del castellano con los del azteca. Es cierto que los idiomas se trasforman con el tiempo; pero no es verdad que sea siempre de malo a bueno, de imperfecto a perfecto. El castellano actual es más pulido que el del tiempo del Cid; pero ¿qué diremos de ese mismo castellano actual respecto al latín de donde se deriva, y qué del latín respecto al sánscrito tronco común de las lenguas indoeuropeas? Sánscrito quiere decir perfecto, y lo es efectivamente en cuanto puede serlo un idioma hablado por hombres; el latín ya no es más que un resto del sánscrito, y el castellano, comparado con las tres lenguas clásicas: sánscrito, latín y griego, ha sido calificado por los filólogos, a la par que las demás lenguas modernas, como jerigonza. Puede consultarse entre otros, el juicio que de los idiomas modernos ha hecho el distinguido helenista alemán Gotfried Müller. Pues bien, las causas porque el castellano actual es mejor que el del tiempo del Cid, e inferior que el latín, es fácil apreciarlas por medio de la historia y de una literatura escrita; pero ¿existen esos mismos medios para comparar el mexicano moderno con el de hace centenares de años? ¿Todavía querremos alegar alguna noticia vaga y contradictoria como la de Sahagún? —87→Por medio de la hipótesis, único camino que nos queda para juzgar del mexicano antiguo y el moderno, más bien debe creerse que aquél degeneró por las mismas causas que el castellano respecto al latín, esto es, porque ya desde la época de conquista y mucho antes no era un idioma primitivo, original, sino probablemente adulterado por otros.
Pero sobre todo, lo que es absolutamente inadmisible en lingüística es la suposición de suposición de que un idioma, en un mismo país entre unos mismos habitantes y en circunstancias análogas, pueda coexistir antiguo y moderno, perfecto e imperfecto, como lo sostiene el señor Orozco cuando dice: ¿Cómo puede explicarse que sólo una parte de la nación azteca obedeció las leyes de la trasformación del lenguaje, y otra parte se sustrajo de ellas? Esto en lingüística sería un fenómeno tan sorprendente como en geología encontrar que hoy, al lado de los animales más perfectos, existiesen las especies de la época paleozoica. Afortunadamente las últimas palabras del señor Orozco, ya citadas, colocan la cuestión bajo el punto de vista más fácil de resolver, pues dice terminantemente que aún existen ahora el náhuatl y el mexicano. Efectivamente, no contento con poner el verbo formar en tiempo presente agregó el adverbio hoy para que no cupiese duda. Ahora bien, yo desafío a todos los lingüistas y a cualquier clase de personas que me enseñen un —88→ solo rincón de la República mexicana, en que se hable el venerable náhuatl al lado del joven mexicano. El señor Orozco en su Geografía de las lenguas de México expone minuciosamente todos los lugares donde se usan los idiomas indígenas, y ni uno solo señala para el náhuatl, porque tan difícil le sería hacerlo como designar un punto de España donde se conserve la lengua del Cid.
9. Noticia de los cuitlatecos No teniendo más que añadir sobre el supuesto idioma náhuatl paso a tratar aquí del cuitlateco por la relación que parece tener con el mexicano, y porque siendo poco lo que sobre él puedo decir no hay necesidad de capítulo especial. Clavijero considera a los cuitlatecos como una de las naciones de México respecto a cuyo origen y a la época en que vinieron a Anáhuac nada se sabe. Cuando llegaron los españoles estaban los cuitlatecos sujetos a Moctezuma, habitando un país que se extendía más de 200 millas de noroeste a sureste del reino de Michoacán hasta el mar Pacífico. Su capital era la grande y populosa ciudad de Mecaltepec, de que no queda más que el nombre.
10. Significado de la palabra cuitlateco Buschmann en su obra Nombres de lenguas aztecas (§ 6) opinó que cuitlateco es adjetivo nacional derivado de Cuitlatlan, lugar de lodo. Al traducirse en mexicano la obra de Buschmann se le hicieron algunas anotaciones por don Faustino Galicia Chimalpopoca, indígena, práctico en la lengua azteca, siendo una de ellas sobre la palabra que nos ocupa en estos términos: En mi concepto, el autor alemán se acercó más a la verdadera interpretación de la palabra que el mexicano, según consta de la siguiente explicación que presento. Cuitlat significa excremento, y así está reconocido por todos los que hablan mexicano, y por Molina en su Vocabulario; tlan es posposición que equivale a lugar de, así que Cuitlatlan significa «lugar de excremento». De Cuitlatlan se deriva Cuitlatecatl: tecatl es una variedad eufónica, o una alteración por cualquier otra causa, de tlacatl, persona o gente, con que se marcan los nombres nacionales. Cuica, como dice el señor Galicia, significa cantar; pero no hay motivo alguno para confundir esta palabra con cuitlat; al contrario cuicateco es nombre de un idioma que se habla en Oajaca, diferente del cuitlateco. 11. Lugares donde se habla el cuitlateco El espacio que ocupa hoy el Estado de Guerrero comprendía antes de la conquista tres provincias, la más occidental, la de Zacatula, seguía la de los cuitlatecos y luego la de los cohuixques. De esa comarca nos queda una descripción hecha por el alcalde mayor Hernando de Vascones en 1580, y por ella consta que el cuitlateco se hablaba entonces en 228 pueblos sin contar otros donde a más del cuitlateco se usaba el llamado tepuzteco. (Manuscrito de la colección citada de don Joaquín García Ycazbalceta). —90→ Hoy, según el Sr. Orozco, (opere citato) apenas quedan cuatro lugares de Guerrero donde se conserva el cuitlateco, y son Ajuchitlan, San Cristóbal, Poliutla y Atoyac. 12. El cuitlateco parece afín del mexicano No habiendo podido conseguir muestras del cuitlateco, por varias de tantas dificultades que indiqué en el Prólogo, recurrí al informe de personas que conocen el Estado de Guerrero, y una de ellas, digna de ser creída, me asegura que ese idioma se parece mucho al mexicano. Bajo este concepto me decido a incluirle en la familia azteca, como lengua hermana, aunque con el carácter de dudoso en su clasificación, mientras es posible hacer comparaciones filológicas.
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