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  Noticias de España
Franco, que hizo de la Ley de Fugas la ley suprema de su Estado, ha sido nombrado Doctor
de Derecho de la Universidad portuguesa de Coimbra. Con este motivo, el verdugo de España,
hablando en el acto de su nombramiento dijo: «El programa restaurador de mis gobiernos ha
abarcado los horizontes de toda la actividad humana».
He aquí algunos de los resultados del «programa restaurador» del régimen franquista extraídos
de su propia prensa y que proporcionan un pálido reflejo de la real situación en España:

VIVIENDA
Pueblo 18-7-1949.
«Todo se vuelve hablar de la escasez de la vivienda, pero nadie da una solución. Hoy un
hombre honrado que ha pasado diez horas diarias trabajando no puede aspirar a tener un hogar.
En este caso no sólo se encuentran los obreros, sino los abogados, los médicos, funcionarios,
etc.».

La Voz de Galicia 21-9-1949.
«Muchos indigentes tuberculosos no tienen cabida en el Hospital de San José y
quedan abandonados en la vía pública, con grave peligro de contagio para la población».
El Correo Español 17-10-1949.
«En Vizcaya hay 29.163 tuberculosos. Solamente en el último mes se registraron 940 casos.
Por desgracia hay millares de enfermos que no tienen plaza en los hospitales». [45]
El director de Bellas Artes, Marqués de Lozoya, declaró en su tiempo:

«El mal de España reside en que hubo gobiernos empeñados en enseñar a leer y
escribir al pueblo».
El franquismo se encargó de eliminar el «mal».
La Vanguardia Española 2-3-1949, en una crónica de Granada dice:
«No hay estadísticas, pero los cálculos arrojan un balance desolador. Más del 50% de los
habitantes de la provincia son analfabetos. Más de la mitad de las 1.500 escuelas granadinas están
muy mal instaladas».
Solidaridad Nacional 18-3-1949.
«Millares de niños de familias humildes no tienen escuela».
El Magisterio Español 8-6-1949.
«El maestro gana al mes 700 pesetas. Los ayuntamientos no tienen casas y los maestros no
pueden encontrar patrona con semejante sueldo. El maestro hace sus cuentas pero no le salen de
manera alguna. Gana 23 pesetas diarias y la pensión le cuesta 30».

La producción de trigo, que con la República alcanzó en 1935 a 43 millones y medio
de quintales métricos, en 1949 quedó reducida a la mitad. Todo está racionado. El pan,
la electricidad, y hasta el alpiste para los canarios y jilgueros.
El diario Pueblo del 29-9-1949 escribe:
«A partir del 3 del mes de octubre, los almacenistas de pienso quedan autorizados para vender
dichos artículos a razón de medio kilo por pájaro, previa recogida del cupón correspondiente de
las tarjetas de pájaros puestas en vigor».

La Vanguardia 22-12-1948.
«No sólo hay novios y padrinos con trajes alquilados, sino que ha aparecido la
industria de alquilar trajes decentes para unas horas, por aquellos que necesitan presentarse en
sociedad y no tienen qué ponerse». [46]
The New York World Telegram.
«Si se conceden créditos a Franco, vendrán a los Estados Unidos, por lo menos, 48 obras de
Velázquez, unos 150 cuadros de Goya, 50 del Greco y otros muchos lienzos de los maestros de
la pintura, que se guardan en el Museo del Prado».

Ya 28-5-1949. El doctor Camino escribe:
«Nos demuestran con estadísticas que en España se publican más libros que nunca.
La verdad es que se venden menos libros que nunca porque sus precios son fantásticos».
En el curso de su perorata en Coimbra, Franco dijo:
«Nuestra política de amor ha substituido la lucha de clases».
Veamos el juicio de un periodista neutral sobre «el amor» de los españoles hacia el
franquismo:

(De una crónica de David Raymond en el Reynold News).
«Hablé con tantos españoles como me fue posible; todos estaban contra el régimen.
En muchos casos me dijeron a voz en grito: ¡Hambre y miseria, esto es la España de Franco! Un
viejo conocido extranjero, que vivía muchos años en España me dijo: 'La oposición al régimen
de Franco alcanza hasta el 95% de toda la población. El régimen de Franco es un momio para
unos pocos, y eso es lo que ve ahora el pueblo decente'».
Así de falsas aparecen las palabras del «Doctor en ciencias del crimen», general Franco,
cuando se las compara con la opinión de sus propios periódicos o la opinión extranjera neutral.
A esto se podría añadir también lo que no dicen, y silencian conscientemente, y constituye una
parte consustancial del «programa restaurador». Es decir, el colapso general de la economía
española. La venta de España en pública subasta, el estraperlo elevado a la categoría de moral
oficial. El terror y el crimen como sistema de gobierno.
Contra todo esto lucha sin descanso el pueblo español, en cuyas manos está el verdadero
Programa restaurador: en primer lugar la destrucción del régimen franquista y su trilogía de
hambre, miseria y terror y el restablecimiento de la República democrática. [47]
  Un nuevo presupuesto de guerra y represión, de hambre y de ruina
Ya presentó el gobierno franquista su presupuesto para 1950. Como los anteriores, es éste un
presupuesto de guerra y represión, de hambre y de ruina acentuada. De los 17 mil 940 millones
872 mil pesetas y... 14 céntimos de gastos previstos, cantidad superior a los ingresos, o mejor
dicho a los robos previstos, se destinan para gastos de guerra y represión de los Ministerios de
Gobernación, Ejército, Marina, Aire, Justicia, Obras públicas (construcción de aeródromos y
bases militares) y el Comisariado de Marruecos, 11.481.754.019 pesetas. Es decir, más del 63%.
Si a esto añadimos el chaparrón de millones que se regala a Falange, a Franco, a la Iglesia, a los
Consejeros del Reino y a los llamados Procuradores, etc., etc., tendremos que algo más del 80%
del presupuesto económico se destina a gastos completamente improductivos, a oprimir al
pueblo, a preparar la guerra y a mantener el lujo y el boato de toda suerte de jerarcas falangistas,
de la Iglesia, del ejército o del gobierno.
Mientras tanto, para los ministerios económicos, Trabajo, Industria y Comercio y Agricultura,
se asignan en conjunto 650 millones de pesetas, es decir, poco más de la mitad de lo que cuesta
a los españoles el entretenimiento de los 65.000 coches oficiales que se eleva a 1.186 millones
de pesetas anuales tomando un promedio de 50 pesetas de gasto por coche y día.
Por si este dato resulta... poco convincente de la política de desastre nacional que practica el
franquismo, podemos añadir que para agricultura, una rama fundamental de la economía actual
española, se asignan 166 millones de pesetas, exactamente 11 millones y medio de pesetas más
que para los gastos personales de Franco, que por la Jefatura del Estado y la Presidencia de la
banda llamada Gobierno percibe 154 millones y medio de pesetas al año; y cerca de 4 veces más
que para el mantenimiento de las cárceles, presidios, campos de concentración y Tribunales del
Ministerio de «Justicia», que recibirá este año más de 641 millones y medio de pesetas.
No resulta menos elocuente la comparación de los gastos destinados a Gobernación,
entiéndase represión, y a Educación Nacional. Mientras el primero recibirá para la guardia civil,
policía armada, policía secreta, cuartelillos y comisarías, etc., 2 mil 560 millones de [48] pesetas,
el segundo, para escuelas, institutos y universidades, solamente percibirá 1.306 millones de
pesetas. Con lo que se demuestra que, como régimen fascista, el franquismo concede el doble de
importancia a la represión que a la educación de los españoles.
Se suele decir que los presupuestos económicos del Estado son un termómetro fiel para
establecer el género de política que siguen los gobiernos. Si esto es así, y así es, no hay por
menos que reconocer que el franquismo, al destinar más del 80% del presupuesto para gastos de
guerra e improductivos, al asignar más al pago de cruces y condecoraciones de guerra de los jefes
del ejército que para la agricultura, pongamos por ejemplo, sigue una política de guerra y
represión, de desastre económico, miseria e incultura.
¿Se puede llamar a esto Presupuesto Económico Nacional? Indudablemente no. El presentado
por el franquismo no tiene nada de económico ni de nacional. Se trata de una especie de reparto
organizado del botín de los 17.847.974.398 pesetas arrebatadas al pueblo en forma de impuestos,
contribuciones, gabelas y requisas, entre las castas dominantes a cuyos intereses y privilegios
sacrifica el régimen fascista de Franco los intereses del pueblo y de la nación.
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| Sobre los campesinos pesan abrumadoramente los presupuestos de guerra del franquismo. |
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  Homenaje mundial a J. V. Stalin
El 21 de diciembre de 1949 celebraron los pueblos de la Unión Soviética, y con ellos los
pueblos de todo el mundo, el 70 aniversario de J. V. Stalin.
Los trabajadores y todos los hombres progresivos del mundo han rendido a Stalin con este
motivo un gran homenaje por su obra gigantesca en la dirección del país soviético, por su labor
de guía y maestro de toda la humanidad progresiva, porque ven en él al gran defensor de la paz
y de la libertad de los pueblos.
Especial importancia ha tenido el 70 aniversario de Stalin para el pueblo español. Nuestro
pueblo siente por J. Stalin una amistad y una gratitud ilimitadas. Ven en él al maestro y guía, al
amigo fiel, generoso, consecuente, de los días de nuestra guerra y de los días trágicos en que vive
bajo el fascismo.
Intérprete de esos sentimientos del pueblo español lo ha sido Dolores Ibarruri en el acto
celebrado en el Gran Teatro de Moscú en honor de J. Stalin.
«Ni el terror ni las persecuciones de los verdugos franquistas -dijo Dolores Ibarruri- pueden
apagar en el corazón de las masas populares españolas el fuego sagrado de cariño hacia Stalin
y hacia la Unión Soviética».
Cultura y Democracia se une al homenaje que le ha sido tributado a J. V. Stalin, al jefe del
país en donde, por primera vez en la historia, la Cultura ha dejado de ser patrimonio de una
minoría privilegiada y la Democracia ha adquirido su verdadero sentido.
¡Viva por largos años el gran amigo del pueblo español, el sabio y tenaz defensor de la causa
de la paz!
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| Los niños soviéticos expresan su cariño a J. Stalin. [50] |
  Cuentos verdaderos
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  La última carta no llegó...
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| Por J. Izcaray |
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Tras él se había cerrado con un golpe seco aquella puerta de hierro... El hombre dio algunos
pasos, se echó a la espalda su macuto de soldado y se volvió a mirar... Vista desde fuera, la
cuadrada mole de piedra era como él se la había imaginado desde dentro. Entró en ella de noche;
salía en un atardecer. Un sol arrecido lamía los altos muros desconchados y el patio, donde el
viento levantaba veloces remolinos de polvo, aparecía desierto. En una de las torrecillas la
bayoneta del centinela, herida por la luz, brillaba con destellos azules.
Sintió frío y echando a andar se ajustó al cuerpo lo mejor que pudo el raído gabán. Hasta
entonces no había advertido que le venía demasiado corto.
Pasó junto a una de las garitas y el soldado le miró con ojos que querían ser alegres. Hasta le
pareció que le había hecho un guiño.
Se volvió de nuevo al oír un tropel de caballos que se acercaba. Por el camino de los cuarteles
un escuadrón de lanceros volvía del campo de maniobras. En la esquina, al pie de un vetusto
caserón [51] enjalbegado, se topó con dos mujeres. Los negros mantones en que se arrebujaban
herían los blancos muros con sombras funerales.
-¿Por aquí se va al Arco? -preguntó el hombre.
-Sí, hijo. Todo derecho -respondió la que parecía más vieja. Y sus ojos, enfermos de llanto
y miseria, se humedecieron de ternura.
Ya se alejaba el del macuto cuando a su espalda sonó de nuevo la voz de la mujer:
-Oiga, buen hombre...
Ella le miraba fijamente apresurando el rojo parpadeo.
-Usted conocerá a Saturnino Gálvez... Uno moreno, buen mozo, de su edad de usted... Él
también está ahí.
-¿Saturnino Gálvez?... Seguramente... Pero por esas señas...
-Claro, hay tantos...
Llegó a una plaza semidesierta, de viejas casas tan silenciosas que parecían vacías. Cruzó un
carro chirriando con estrépito y un artesano cerró su portal.
Pasó al pie de la escalinata de una iglesia y varios tullidos que en sus gradas se acurrucaban
le miraron sin desperezarse. «Llevo tales trazas que ni los mendigos se toman el trabajo de
pedirme limosna», pensó. Y se echó a reír de muy buena gana.
Allí, frente a él, estaba el Arco, puerta en otros siglos de la ciudad, y tras el Arco encontró la
posada de que le habían hablado. «A veces se puede dormir allí por tres pesetas».
Atravesó el patio y entró en un oscuro portal que servía de taberna.
-¿Tiene usted alguna cama libre? -preguntó al hombre del mostrador así que le vio tomarse
un respiro en la faena de llenar de clarete una regular rueda de vasos redondos.
-No, no hay ninguna -oyó que le respondían bruscamente.
Y ya iba a salir cuando el posadero, dejando el mostrador, le dijo:
-Venga... Le arreglaré algo.
Subieron una angosta escalera. El posadero abrió una puerta.
-Esto más que cuarto es un granero -dijo-; pero tiene un catre y podrá usted descansar.
-Gracias. Sólo es una noche.
Mientras se descargaba del macuto sentía en la nuca los ojos del posadero. Experimentó un
alivio cuando éste habló.
-¿Sale usted de ahí?
-Sí.
-¿Mucho tiempo?
-Ocho años. Cuatro ahí. [52]
Calló el del hostal como si no encontrara nada que decir a su huésped y al cabo gruñó:
-Todo tiene su fin.
Cuando le oyó salir se dejó caer en el catre y cerrando los ojos se recogió en sus pensamientos
para no salir de ellos hasta que la puerta se abrió de nuevo. Era otra vez el posadero que volvía
trayendo un plato, media hogaza y una botella de vino.
-Huevos con chorizo. Le vendrán bien -y como advirtiera una mirada de interrogación en los
ojos de su huésped precisó-. No se preocupe por los dineros. Ya lo sacaré por otro sitio.
* * *
«Querida Luisa:».
Había escrito las dos palabras de un solo trazo, enlazadas casi, y soltando la pluma se cubrió
los ojos con ambas manos como si quisiera apresar en ellas cuanto había de decir.
«Ésta será la última carta que te escriba», continuó. «Y por ser la última, en ella te diré lo que
nunca te dije. No obstante, así que la hayas leído rómpela como los dos hemos hecho con todas
nuestras cartas anteriores: sesenta y dos mías; cuarenta y cuatro tuyas. ¡Como verás he llevado
bien la cuenta!...
»¿Te acuerdas de la primera? Fui yo quien la escribió, en diciembre hará cuatro años. En mi
galería teníamos un viejo carbonero que en 1937 llegó a las líneas de Madrid desde las
profundidades de Extremadura después de un mes de marcha. Frente a la puerta de su chozo
había tres encinas y él tenía tres hijos. Una para cada muchacho, pensaron los señoritos. Y los
colgaron de ellas mientras el viejo carboneaba en el monte.
»Aquel preso mostraba un humor sombrío y apenas cruzaba palabra con nadie. Advertíasele
insensible al sufrimiento y a la esperanza como si con la guerra la vida hubiese terminado para
él. Dos compañeros -yo no sé de dónde les vino esa idea- le buscaron madrina, una obrera de
Bilbao que para empezar le envió una muda nueva y un paquete de víveres. Parece que le estoy
viendo en medio del corro del patio: '¡Se han equivocado!', repetía. 'Esto no es para mí, no
puede serlo. A mí no me queda nadie en el mundo y los muertos no resucitan'. No sabía que
todos nuestros muertos resucitan en las entrañas inagotables del pueblo y que a él le quedaba aún
y le quedaría siempre esa inmensa familia que no se extingue: el pueblo. Yo se lo dije, él lo
entendió y el muerto de nuestra galería resucitó también. [53]
»Al principio, sin embargo, yo no me hacía a la idea de que nosotros, los presos de la guerra,
los antifranquistas que llenábamos los presidios, pudiésemos tener madrinas como los oficialitos
de África y los legionarios de los folletines que Mundo Gráfico publicaba en el veintitantos. Sin
embargo, no tardé en recapacitar y vi que confundía lamentablemente las cosas. Nosotros éramos
la perfecta antítesis de esos oficialitos y esos legionarios, y las mujeres del pueblo que estaban
dispuestas a ser nuestras madrinas nada tenían que ver con las niñas cloróticas que se carteaban
con desconocidos a la busca de aventuras excitantes. Las madrinas de los presos serían un medio
más, y no de corta eficacia, para avivar la solidaridad del pueblo con los hombres de las cárceles
y, sobre todo, un puente tendido entre la calle y nosotros. 'Entre el pueblo y nosotros se levantan
estos muros', pensé en seguida. 'Obra nuestra es cuartearlos, romper este aislamiento, llegar al
pueblo, asistirle con nuestra experiencia y nuestros consejos, inyectarle el ejemplo de nuestra
insumisión y nuestra fe'.
»Aconsejé, pues, a mis amigos que buscasen madrinas con quienes enlazar, preferentemente
obreras o trabajadoras del campo capaces de comprender a medias palabras nuestras
instrucciones, y hasta discutimos lo que habíamos de decirles en nuestras cartas. Poco después
fue cuando Florencio me dijo que una compañera de su flamante madrina también estaba
dispuesta a ayudar a un preso. Te escribí. Aquella carta comenzaba así: 'Amiga Luisa:'».
Se detuvo jadeante. Había escrito los párrafos anteriores sin tomar respiro y el aire le faltaba.
Se puso en pie y abrió el ventano del granero. El cielo estaba raso, de un azul más claro que el
del río, visible a lo lejos entre desnudos árboles. Respiró ansiosamente el aire frío de la noche
de otoño y al cabo de unos instantes volvió a la mesa.
«'En esta tierra el frío empieza pronto', te dije en mi segunda carta, así que comprobé que
efectivamente estabas dispuesta a ayudarnos. 'Ya lo tenemos encima y muchos no llevan más que
su guerrera de soldado. Las fuerzas del alma son muchas; las del cuerpo algunas menos. En una
línea le describiré a usted desayuno, comida y cena, las tres hambres del día. Agua sucia por la
mañana, sucedáneo de sucedáneos. Luego, nabos tenemos y ojalá fueran los del dómine Cabra,
que éstos son dos o tres por barba nadando en nuevas aguas igualmente sucias. Protestamos en
la fila. '¡Si hemos de morir a vómitos de sangre -gritó un preso- más vale que nos rematen de una
vez!' Eso fue lo que hicieron: rematarle a él aquella noche en una celda de castigo.
»'Al día siguiente todos salimos al patio. ¡Rompan filas!, gritó el oficial tras la revista. Pero
nadie se movió. Firmes, no como presidarios sino como soldados, permanecimos en silencio
durante un minuto. El silencio era tan hondo que se podían contar los pasos de los centinelas en
las torretas.
»'Salió el director, el verdugo mayor, y no dijo nada. Pero desde aquel día todas las noches
nos hacen formar en el patio y nos tienen [54] allí bajo la luna de enero durante dos horas. '¿Os
gusta la posición de firmes? ¡Pues hágase vuestro gusto!'. Y la tos de los hombres toca a muerto.
»'Pero nosotros no queremos morir y no moriremos. Necesitamos vuestro aliento para la lucha
y nuestras vidas son sangre de la victoria. Pedimos ropa para poder conservarlas en este infierno
frío. Usted sola, por mucho que se sacrificase, podría enviar a lo sumo una o dos prendas. Pero
nunca debe trabajar uno solo. Usted está en unos grandes almacenes. ¿Cuántos empleados hay
allí? ¿Cincuenta, sesenta, cien acaso? La mayoría querrán ayudar y lo harán si usted organiza las
cosas'. Y te dije cómo tenías que hacerlo y tú lo hiciste y solamente por tu mediación recibimos
aquel año veinte paquetes de ropa. Fue aquel tu primer trabajo. ¿Te acuerdas?».
Galopaban sus pulsos, caballos del alma, y se detuvo nuevamente hasta sosegarse.
«¡Qué caminos tan largos e intrincados siguen a veces las cosas! Tú me dijiste, y leyéndolo
respiré como si me hubiera quitado un peso de encima, que te felicitabas del giro que tomaba
nuestra relación porque prometía mantenerla en los límites de una solidaridad amistosa y cálida,
pero en cierto modo impersonal. Tú también habías perdido lo que más querías. 'He sufrido tanto
-me confesaste-; sangra tanto mi herida, que cualquier otra cosa, aunque sólo existiese en el
pensamiento de usted, me parecería una profanación al recuerdo de quien ya no está conmigo y
a mí misma'.
»'No tema usted', te respondí. 'Siempre fui hombre de escasos desahogos sentimentales y en
la situación en que nos encontramos ni los busco ni los deseo. En otras cosas tengo puestos mis
cinco sentidos. Me alegra mucho, pues, lo que me dice. Yo también temía posibles derivaciones
que complicasen nuestra amistad y le restasen por lo menos parte de los frutos que su abnegación
promete. Todo esto me da una mayor confianza en usted y en su labor'. Y que así era te lo
demostré enviándote por el conducto que hemos empleado desde entonces para cambiar nuestra
correspondencia, y por el que te llegará esta carta, un manifiesto que los presos de este penal
dirigían al pueblo. Tú hiciste copias y las repartiste discreta y valerosamente. Así me lo
comunicaste en aquella carta que empezaba así: 'He cumplido su encargo lo mejor que he
podido. Las palabras de fuego que desde esa hoja llaman a la solidaridad y a la protesta por tanto
crimen me han conmovido y han levantado el alma a cuantos las leyeron. [55] ¿Quién podía
esperar que de los presidios nos llegaran a nosotros, a los de la calle, voces de aliento? Una
pregunta quiero hacerle: ¿De dónde extrae usted, de dónde extraen ustedes tantas ideas y fuerza
tanta?'.
»'Del Partido. Yo soy comunista, muchos de nosotros somos comunistas', te contesté yo. Y
conocedor ya de que la tierra con que fuiste fundida era tierra para la mejor semilla te hablé por
primera vez del Partido. Y tú me dijiste: 'Déjeme pensar en lo que me ha dicho. Lo entendería
un niño, pero detrás de esas palabras hay todo un mundo'.
»En dos o tres cartas no volviste a hablar de este asunto. Me contabas que habías organizado
un grupo de ayuda en una tienda de costura donde trabajaba una amiga tuya y me describías el
júbilo del pueblo frente las banderas franquistas con lazos negros por la derrota alemana en
Stalingrado. Y en una carta me dijiste las palabras solemnes: 'Enséñeme. Condúzcame a ese
mundo que usted me ha descubierto, a ese mundo nuevo que ha vencido para siempre en
Stalingrado'.
»No te lo dije entonces, te lo digo ahora: con tu carta en las manos lágrimas de orgullo
quemaron mis ojos. Y repetí tus palabras a los presos y les dije: ¡Oíd cómo late el alma del
pueblo!
»Poco a poco, lo más sencillamente que pude, es decir, lo mejor que pude, comencé a
explicarte en mis cartas qué es el Partido, en qué consisten sus principios, cuál es su política de
salvación de España, y te recomendé que todo cuanto fueses comprendiendo no te lo guardases
para ti como un secreto sino que lo transmitieras, con las precauciones debidas, a tus compañeros
de trabajo, a quienes te rodeaban. 'Todos nosotros enseñamos al mismo tiempo que aprendimos',
te advertí. 'El pueblo está sediento de verdad y ansioso de luces que le guíen hacia la salida de
este abismo'.
»Tú estudiabas, aprendías rápidamente y enseñabas a los demás aquello que aprendías; pero
a veces te ganaba el desánimo y en una carta me dijiste: 'Tal vez sea demasiado tarde para que
yo pueda aprender todo lo que usted quiere enseñarme, y además un poco difícil. Ya he cumplido
los treinta años y he de trabajar doce horas diarias para no morirme de hambre'. Yo te respondí
con alientos nuevos y tú seguiste adelante, pero mucho más convincente que aquella respuesta
mía es la historia de Gil Ventura, un campesino de Cáceres que murió a mi lado en la fosa común
de nuestra celda.
»Tenía aquel preso en las entrañas el mal de la cárcel y se le veía extinguirse por días, afilado
y azul como una espada. Escuchaba ávidamente nuestras conversaciones políticas reconcentrado
e inmóvil, mirándonos fijamente como si quisiera sorber el sentido de las cosas con sus ojos
profundos. Una noche, mientras los otros dormían, me preguntó de pronto: '¿Cuánto puede tardar
un hombre en aprender a leer y escribir?'. 'Eso depende de muchas cosas; en primer lugar, del
hombre', le respondí. 'Pongamos que ese hombre soy yo. ¿Cuánto tardaría?'. '¿Tú? Tres meses
aproximadamente'. 'Mucho es -silbó su [56] voz en la oscuridad-. Cuatro me ha dicho ese
maldito médico que me quedan de vida, y cuando me lo decía la gozaba. Pero yo sé que esta vez
no miente y que si se equivoca será para menos. Sin embargo yo me esforzaré cuanto pueda y
tendremos tiempo. No quiero morirme sin saber escribir'. Jadeó un instante y prosiguió: 'Es por
mi hijo, ¿sabes? Antes de morir quiero escribirle por mi propia mano una carta donde junte para
él todo lo que he aprendido aquí, todo lo que vosotros los comunistas me habéis enseñado: el
porqué de la miseria del pueblo, quiénes son los culpables, cómo se puede organizar la vida de
otra forma y cómo luchar para conseguirlo. Él tiene ahora dieciséis años. Está en la edad de elegir
el camino. Le hace falta eso. Será mi herencia. Desde mañana empezaremos las lecciones'.
»¡Con qué ansia estudiaba aquel hombre y con qué afán le enseñaba yo las primeras letras!
'¡Ya falta poco!', gritó triunfal cuando logró repetir de memoria el abecedario y conocer las
letras. 'Pero hay que darse prisa, ¿sabes?... Anoche volví a sentir en la boca ese sabor amargo y
caliente'... Y así un día y otro, con los alientos últimos. Pero Gil Ventura le ganó la carrera a la
muerte y antes de morir escribió aquella carta a su hijo...»
Soltó la pluma con un estremecimiento. Su frente ardía, pero sus dientes castañeteaban. Se
había dejado el ventano abierto. Acudió a cerrarlo y tras unos instantes de meditación volvió a
las cuartillas.
«Yo te veía progresar, crecer, ganar fuerza y vuelo. Al mismo tiempo tus cartas se iban
haciendo más íntimas. ¿Recuerdas cuando te referiste por vez primera a tu soledad? '¡Qué
egoísmo tan feroz!', añadiste en seguida. '¡Hablarle de mi soledad a usted, a un hombre preso
desde los veintiocho años! Mas si yo siento la mía como no la sentí nunca en todos estos años
es porque he vuelto a la vida, es porque todo lo que usted me ha enseñado me hace amar la vida
como nunca la amé'. Y por primera vez también me dijiste cómo eres: 'Ni alta ni baja, morena
clara y de pocas chichas. Mi presencia es vulgar, pero cuando era feliz las gentes me encontraban
bonita y yo misma no me sentía del todo descontenta de mi persona'. Hasta quisiste enviarme un
retrato tuyo. Pero yo te dije que quien como tú organizaba grupos de solidaridad con las cárceles
y distribuía propaganda debía ser lo suficientemente prudente para no enviar fotografías a nadie,
ni siquiera a mí... ¡al hombre que conociéndote tanto no te conocerá jamás! [57]
»Aquel calor de mujer que comencé a advertir en tus cartas reconfortó mi corazón como si
le hubiesen inyectado sangre nueva y mi celda se pobló de ilusiones. '¿Quién sabe?', me decía
a mí mismo. 'Tal vez yo no esté tan enfermo como Gil Ventura. El médico dice que llevo el
mismo camino, pero ya se sabe que es un fascista de tomo y lomo y que se complace en
torturarnos. Yo soy más fuerte y tal vez logre contener esto... Si es así, y si como yo calculo el
cuarenta y siete estoy en la calle... iré a buscarla y, ¿por qué no?, trabajaremos juntos, lucharemos
juntos y juntos arrancaremos a la vida un poco de felicidad mientras la gran felicidad llega'.
»Así viví aquel tiempo, mecido por sueños, que nunca te confesé, tal vez porque en el fondo
del alma, allí donde las cosas tienen su exacta dimensión, mi esperanza era un soplo de llama que
se extinguía...
»Luego... pensabas ya como los comunistas, amabas al Partido como nosotros lo amamos,
como resumen e instrumento de la Justicia y el Bien, de la Patria y la Humanidad. Te proporcioné
aquel contacto y tu siguiente carta tuvo un encabezado nuevo: 'Querido camarada'. Y dejando
el usted por el tú me decías: 'Ya he puesto el pie en tu mundo, en el mundo nuevo'. Y luego
sencillamente, como algo pensado y dicho desde hacía mucho tiempo: 'Quiero recorrerlo cogida
de tu mano para no soltarla jamás'.
»Pero cuando llegó esa carta hacía mucho tiempo que el soplo de llama de mi esperanza se
había apagado ya. Mi cuerpo herido había avanzado tanto por el camino de Gil Ventura que no
podía contestarte más que como lo hice. Tú no replicaste nada a mi respuesta. Entre los trabajos
que el Partido te había encomendado se contaba el enlace regular conmigo y tuve que seguir
escribiendo a la camarada Luisa, estrangulándome el corazón a cada línea. Nuestra
correspondencia se hizo más fría. Carta tras carta referíase únicamente a los asuntos de la
solidaridad con los presos, a las instrucciones políticas que yo recibía y enviaba. ¡Cuatro años!...
»'Querido camarada'. 'Camarada Luisa', me acostumbré al formulario y en los últimos
tiempos apenas tenía que violentarme al escribirte.
»Pero de pronto... estallaron las palabras de aquella carta tuya como un grito en mi pecho: 'Sé
que sales en octubre', me decías. 'Y sé también que si yo no voy a buscarte, que si yo no te
espero al pie de esa puerta, no te veré jamás. ¡Iré! La primera cara que verás al pisar la calle sera
la mía. ¡Iré! ¿Es que una mujer no puede ir a la puerta del presidio a buscar al hombre que
quiere? ¡Iré! No temas ninguna imprudencia de mi parte. Nada dejaré tras de mí en este viaje, y
además ya tengo cierta práctica en estas cosas. Aunque me apartes al pasar, aunque no me hables,
aunque no me mires, ¡iré!'».
Se enjugó el sudor y torpemente se afirmó la pluma en la mano para que no temblara. [58]
«Llegarás mañana... pero yo -¡perdóname!- ya no estaré allí... ¿Tú sabes por qué se han abierto
esas puertas para mí? Porque es tan poca la vida que me queda que ya no me temen. Pero se
equivocan. Siempre que estas gentes nos miden la estatura a los comunistas se quedan cortos.
¿Un año de vida? ¿Dos acaso? Si he sabido luchar desde el fondo de un pozo, ¡figúrate cómo
lucharé ahora en medio de la calle, en medio de las fábricas, en medio de los campos, en medio
del pueblo! Estoy contento. Durante estos ocho años he temido muchas veces que las fieras
terminasen conmigo allí dentro. Soy un condenado a muerte que le va abriendo paso a la vida.
Aún podré hacer mucho... ¡Y lo haré! 'Pero, ¿y yo?', te preguntarás tú con esa pasión tuya,
contenida y pronta al estallido. ¿Tú? No hay en el lenguaje humano palabras que me sirvan para
decirte cómo te quiero. ¡Te quiero con toda la sangre que me queda! ¡Te quiero como quieren
los que han sufrido mucho, como quieren los que van a morir: con todas las ansias de la vida...
y de la muerte! Y vivo imaginando cómo eres y cómo sonará tu voz y cómo serán tus pasos. Y
cuando mi alma se dice tu nombre mis manos se comban para acariciar tu frente presentida. ¡Te
quiero como queremos nosotros, los hombres que tenemos el sentido más alto del amor y de la
vida, los más generosos, los más humanos! Pero... yo no merecería ser quien soy si te atase a mi
agonía, si te hiciera el daño de llevarte conmigo hasta el pie de mi tumba.
»No. Termine esta historia más allá de esa puerta que se ha abierto hoy. Me resistía a escribir
esta carta, pero ya el silencio me ahogaba y tenía que descubrirte el alma. Porque no quería
escribirla, te daba en la anterior mis últimos consejos. ¡Lucha! ¡Lucha y enseña a luchar! Avanza
por ese gran camino abierto, sin trabas a tu lado, unida a quien sea para ti un aliento y una fuerza
y no sombra de la muerte que nuble tus pasos. A ti te queda mucha vida y tú conocerás la
felicidad y la victoria. Y en la una, y en la otra yo estaré contigo».
* * *
Firmó con un signo y se volvió atraído por la luz azul que del campo venía. Abrió el ventano,
respiró hondo y allí se estuvo largo tiempo viendo encenderse la mañana. Luego volvió a la mesa,
cogió la carta que había escrito, rasgó los pliegos lentamente y con mano segura comenzó a
ajustarse a la espalda su macuto de soldado. [59]
  Combatientes de la paz y de la democracia
Pablo Neruda

Pablo Neruda, el gran poeta chileno, es sin duda alguna el mejor poeta
contemporáneo de habla española. Sus versos se traducen a todos los idiomas, sus
poemas penetran en todos los países, incluso en la España franquista donde despiertan
la admiración y el respeto de núcleos de la joven intelectualidad española que se afana
por salir de las tinieblas que el franquismo representa.
Pero Pablo Neruda no es solamente un poeta, es un militante comunista, un combatiente
abnegado de la causa de la paz y la democracia en el mundo entero. Su paso a esta gran
barricada de lucha de los pueblos donde combate con el arma afilada de su vibrante poesía,
constituye un ejemplo que el propio Neruda brindó a los intelectuales progresivos de América
Latina, desde la tribuna del Congreso Latino Americano de los Partidarios de la Paz.
He aquí una referencia abreviada del gran discurso pronunciado por Pablo Neruda en dicho
Congreso.
Mi país, como ustedes saben, es el más lejano de nuestra América. Ha sido ocultado
cuidadosamente por la cordillera, por el mar y por el feudalismo. [60]
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Desde el Congreso de París y Praga de 1949, se han formado
Comités de Partidarios de la Paz en unos 50 países. |
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Han tenido lugar Congresos por la defensa de la paz en
Argentina, Australia, Bélgica, Brasil, Canadá, Cuba, China,
Finlandia, Japón, México, República Popular de Mongolia, URSS,
Inglaterra, etc. |
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En el movimiento de partidarios de la paz participan la
Federación Sindical Mundial -que ha hecho suyos los acuerdos de
París-, con 72 millones de afiliados; la Federación Democrática
Internacional de Mujeres, con 81 millones de adheridas; la
Federación Mundial de la Juventud Democrática, que agrupa más de
60 millones de jóvenes. Pasan de 600 millones los partidarios de la
paz organizados por todo el mundo. Éste es un movimiento sin
precedentes en la historia. |
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Sin embargo, muy pronto, grandes potencias fijan su atención en aquel territorio delgado y
herido. Así pasó en el mes de junio de este año. Dos grandes naciones quisieron invitar en este
instante a dos chilenos. El gobierno de los Estados Unidos de América del Norte invitó al general
en jefe del Ejército chileno. Yo no soy general, soy simplemente un poeta, y, sin embargo, en
aquel instante una gran nación me invitó a visitarla. Esta nación fue la Unión Soviética, y casi
en las mismas horas en que el general chileno se dirigía a husmear, desde lejos, la bomba
atómica, yo volaba a celebrar el aniversario de un viejo poeta, de un profundo y pacífico poeta:
Alejandro Sergeievich Puchkin.
Hace ya tiempo que el general volvió a mi patria. Yo no he podido volver, entre otras cosas,
porque no estoy seguro de que entre aquellas balas que el general adquirió en su viaje, no hay
alguna que me esté destinada. El hecho es que desde su vuelta, en mi país, se ha fomentado el
espíritu bélico, y este general, cumpliendo tal vez con lo que cree su deber, escribe artículos sobre
geopolítica y pretende en ellos que mi tierra lejana se convierta en un arsenal para una guerra
extracontinental. Y me parece, será bueno decirlo, que no sólo hay palabras dichas después de
esta invitación, me parece también que hay bases militares, y que los barcos viajan desde los
grandes puertos norteamericanos hacia las tierras australes cargados de armas. El hecho es que
poco después de celebrado el viaje, y por primera vez después de muchos años, los gobernantes
chilenos han gastado balas y pólvora, tal vez ensayando la guerra, y ensayándola, naturalmente,
contra el pueblo chileno. Cerca de cien muertos y quinientos heridos han teñido las calles de la
lejana República. Han tenido éxito, como se ve, las lecciones que aprendió con otros militares
el invitado de Chile; y han tenido éxito porque hace de pretendiente de mi país un simple
mayordomo sostenido allí por los intereses mineros norteamericanos, y este mayordomo servil
no tiene porqué preocuparse demasiado por la salud de los hijos de chile.
Si yo hubiera vuelto a mi país hubiera llevado otras historias, otras experiencias y diferentes
verdades. Habría llevado la verdad de Puchkin, el canto, la bandera de Puchkin, es decir, de un
viejo poeta, del poeta central de su pueblo, que [61] otra nación habría olvidado, pero que la
Unión Soviética, lejos de olvidar, elevó sobre toda su vasta tierra.
Tal vez en estas dos invitaciones tengamos la clave de cuanto está ocurriendo. Tenemos, de
un lado, que cuando se descorre la cortina de dólares por las autoridades de inmigración es para
que los generales de América Latina vean de cerca, no muy de cerca tampoco, las posibilidades
de destrucción en masa que un gran país exhibe con extraño orgullo; y, del otro lado, cuando se
penetra a través de la cortina de calumnia con que se quiere cercar a ese mundo nuevo, se nos
muestra la monumental victoria del espíritu a pesar del tiempo, y la veneración de un alto hecho
de la cultura humana, compartido por la totalidad de un pueblo.
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En el Congreso de los Partidarios de la Paz del continente
americano las delegaciones estaban compuestas de: |
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Argentina, 35 delegados; Brasil, 40 delegados; Canadá, 15;
Colombia, 2; Costa Rica, 11; Cuba, 50; Chile, 9; República
Española, 30; Ecuador, 1; Estados Unidos, 186; Guatemala, 27;
Honduras, 1; México, 700; Nicaragua, 2; Paraguay, 2; Puerto Rico,
2; El Salvador, 2; Uruguay, 2; Venezuela, 7. |
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Las repúblicas del Perú, Bolivia, Santo Domingo y Haití no
pudieron enviar delegados pero enviaron representaciones. |
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Pero, nos preguntamos, ¿es que la influencia de los fabricantes de armamento se reduce
únicamente a penetrar en nuestras tierras por conducto de algunos generales mensajeros?
Por cierto que no es así y tal vez nunca la historia nos ha dado la oportunidad de ver tan claro
en su acontecimiento. Es que en la guerra que se prepara, guerra necesaria para que los grandes
monopolios aseguren en nuestra América Latina sus imperios ante la creciente amenaza de los
pueblos que luchan por su independencia económica, está la preparación de un drama inmenso
que quiere ocultar la inmensidad de una agonía. Y dentro de este sistema agonizante la creación
cultural muestra síntomas graves de enfermedad mortal.
Quiero deciros, por primera vez, una importante decisión personal que no traería a este recinto
si no fuera porque me parece estrechamente ligada a estos problemas. Hace poco, y después de
haber recorrido la Unión Soviética y Polonia, firmé un contrato en Budapest para la publicación
en lengua húngara de una antología de todos mis poemas. Y luego de firmado, en una reunión
con traductores y editores, se me pidió que indicara yo mismo, página por página, lo que debía
ser incluido en este libro. Yo había visto los miles de jóvenes muchachos y muchachas que
empezaban a llegar a Hungría de todos los puntos del planeta para participar en el Festival
Mundial de la Juventud; yo había visto, entre los escombros de Varsovia, salir caras de jóvenes
estudiantes [62] que entre sus clases de Anatomía levantaban de nuevo el destruido pedestal de
la paz, y yo había visto con mis ojos los inmensos edificios construidos en unas cuantas semanas
sobre los escombros de Stalingrado por veinticinco mil jóvenes voluntarios llegados de Moscú;
yo escuché en aquellas tierras como un rumor de abejas de una arboleda infinita, la alegría pura,
colectiva, innumerable de la nueva juventud del mundo.
Y cuando aquel día, después de tantos años de no leer mis antiguos libros, recorrí, frente a los
traductores que esperaban las órdenes para empezar su trabajo, aquellas páginas en que yo puse
tanto esfuerzo y tanto examen, vi de pronto que ya no servían, que habían envejecido, que
llevaban en sí las arrugas de la amargura de una época muerta. Una por una desfilaron aquellas
páginas, y ni una sola me pareció digna de salir a vivir de nuevo. Ninguna de aquellas páginas
llevaba en sí el metal necesario a las reconstrucciones, ninguno de mis cantos traía la salud y el
pan que necesitaba el hombre allí.
Y renuncié a ellas. No quise que viejos dolores llevaran el desaliento a nuevas vidas. No quise
que el reflejo de un sistema que pudo inducirme hasta la angustia fuera a depositar en plena
edificación de la esperanza el légamo aterrador con que nuestros enemigos comunes
ensombrecieron mi propia juventud. Y no acepté que uno solo de esos poemas se publicaran en
las democracias populares. Y aún más, hoy mismo, reintegrado a estas regiones americanas de
las que formo parte, os confieso que tampoco aquí quiero ver que se impriman de nuevo aquellos
cantos.
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Don José Giral, expresidente del Gobierno de la República y
miembro del Comité Mundial de Partidarios de la Paz, refiriéndose
a la penetración norteamericana en España, ha declarado en
México: |
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«Se han acomodado y fundado grandes aeródromos -más de 300
en toda España repartidos- que España no necesita... Esos
aeródromos han sido inspeccionados, han sido dirigidos por agentes
militares de alta graduación en Norteamérica...» |
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|
Éste y muchos otros hechos muestran la amenaza directa que pesa
sobre España. El imperialismo norteamericano, en complicidad con
Franco, actúa para hacer de España una base estratégica. De aquí
el carácter decisivo que tiene para el pueblo español la defensa de la
paz. |
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Hemos llevado los poetas de este tiempo dentro de nosotros mismos las dos fuerzas contrarias
que producen la vida. Y ha llegado la hora en que escoger. No se trata puramente de escoger
nuestra conducta: se trata de escoger la responsabilidad dentro de nuestro propio ser.
Todo un sistema moribundo ha cubierto con emanaciones el campo de la cultura y muchos
de nosotros hemos contribuido con buena fe a convertir en más irrespirable el aire que pertenece
no sólo a nosotros, sino a todos los hombres, a los que viven y a los que van a nacer. [63]
¿Por qué vamos a dejar marcada nuestra huella sobre la tierra, como la que dejaría en la arcilla
mojada la desesperación del ahogado?
Sin embargo, es claro que muchos de los creadores de nuestra época no se dan cuenta de que
aquello que les pareció la más profunda expresión del ser, es muchas veces veneno transitorio
depositado dentro de ellos mismos por sus más implacables enemigos.
| |
«Y este año que la cosecha se presenta muy floja, Franco ha dado
órdenes secretas a sus lacayos para que requisen hasta el último
grano, porque necesita almacenar grandes cantidades de víveres
para la nueva guerra que está preparando a las órdenes de los
grandes capitalistas norteamericanos, y para la cual -en este aspecto
también se acuerda de vosotros- cuenta también con vuestros hijos
como 'carne de cañón barata' para la más horrenda de las
matanzas». |
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|
(De una octavilla repartida por Aragón, que demuestra cómo los
partidarios de la paz del interior de España unen acertadamente la
lucha por la paz a los problemas inmediatos que agobian al pueblo
español). |
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El capitalismo agonizante llena la copa de la creación humana con un brebaje amargo. Hemos
bebido este licor en que se juntan todos los venenos. Los libros de lo que llaman la cultura
occidental, en su mayor parte, han contenido dosificadas fuertemente las drogas de la agonía de
un sistema. Y nuestra juventud de América Latina está bebiendo ahora las heces de una época
que quiso extirpar de raíz la confianza en los destinos humanos, suplantándola por la
desesperación absoluta.
La burguesía ha apoyado con intensidad a estos protagonistas del derrumbamiento. En los
últimos años hemos visto cómo nuestros snobs se han apoderado de Kafka, de Rilke, de todos
los laberintos que no tengan salida, de todas las metafísicas que han ido cayendo como cajones
vacíos desde el tren de la historia, se han convertido en defensores del «espíritu», en brahmines
americanistas, en profesionales enturbiadores de la charca en que chapotean. Han decretado el
olvido para los grandes humanistas de nuestra época. En nuestra América Latina estos pigmeos
se sonrojan cuando se menciona a Gorki, a Roman Roland, a Barbusse, a Ehremburg, a Dreiser.
Estos señoritos no pueden nombrar a Balzac. Estos sobrevivientes quieren hacernos creer en un
surrealismo fallecido y enterrado y que sólo sirvió para que desde las ruinas de ese movimiento
se levantaran como dos estatuas deslumbrantes de la razón y de la fe en el hombre los dos
grandes poetas de Francia, militantes del Partido Comunista, Luis Aragón y Paul Éluard.
¿Cuáles son los aliados de la intoxicación deliberada de la parálisis intelectual que invade
nuestra América? ¿Quiénes son los ayudantes del suicidio de una época que podía pensar? ¿Son
sólo los Reader's Digest? ¿Es sólo el silencio cómplice de los Steimberck, de los Hemingway?
¿Hasta qué punto circula en nuestras propias venas la [64] sangre de los muertos? En los últimos
años hemos tenido en nuestra América Latina un fenómeno de extraordinaria importancia. Las
artes, y en especial la pintura y la literatura, han llegado a una preocupación suprema dirigida a
la vida y a las condiciones de nuestros pueblos. La pintura, y sobre todo la grandiosa pintura
muralista mexicana, ha cumplido victoriosamente los mandatos de la verdad y de la historia. La
literatura, en especial la novela, también se ha aproximado a nuestros pueblos pero sin pasar más
allá de un realismo pesimista, de una aguda exhibición de nuestras miserias. Pocas veces, como
en los casos de Jorge Amado, José Mancisidor o Rómulo Gallegos, esta literatura enraizada a la
profundidad de nuestros pueblos ha logrado mostrar el camino de la liberación. Hemos llegado
a producir una literatura ensimismada en los dólares, una larga cantidad de relatos que parecen
destinados a no mostrar sino muros infranqueables en el camino de los pueblos.
Es nuestro deber de intelectuales combatir las corrientes morbosas de la metafísica y la
sensualidad que están penetrando los subterráneos de nuestro continente.
| |
El Presidium del Soviet Supremo de la URSS, con motivo del 70
aniversario de J. V. Stalin, ha instituido los premios internacionales
stalinistas «Por la consolidación de la paz entre los pueblos». |
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|
Estos premios serán otorgados a los ciudadanos de cualquier país
independientemente de sus diferencias políticas, religiosas o raciales,
por los méritos contraídos en la lucha contra los incendiarios de la
guerra y por la consolidación de la paz. La institución de este premio
representa un nuevo y elocuente testimonio de la consecuente política
exterior de paz del Estado soviético, que el pueblo soviético llama
con justeza, política exterior stalinista. |
|
En otros tiempos la imitación europea llevó a nuestros románticos indígenas a celebrar los
ruiseñores que no conocemos y hablar del mes de Mayo como el mes de la primavera. Entonces
nos parecieron un poco ridículos. Hoy, además de ridículos, resulta siniestro este empeño de
inyectar en las venas americanas una descomposición que no aceptamos como realidad
americana. Tenemos en nuestra América un mundo por hacer y no somos abandonados náufragos
de una isla tenebrosa, sino luchadores de un orden racional, sostenedores de una causa
invencible. Y por cuanto ni nuestras creaciones ni nuestra lucha son actitudes solitarias, sino
partes solidarias de una fuerza constructora. No aceptamos que en nuestro joven continente los
enemigos de la vida y de la paz prediquen invocando altas disciplinas intelectuales: la pasividad,
el aislamiento, el suicidio.
Está bien que en esta etapa de áspera lucha espíritus salidos de nuestra dolorosa arcilla hayan
mostrado en toda su grandiosidad la noche que se ha cernido sobre nuestra patria americana. Pero
estamos en otra época. Estamos en la época en que millones de hombres se liberan de los yugos
y la muerte. [65]
| |
La defensa de la paz no sólo exige que sus partidarios estén
unidos, sino además activos. |
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Así lo han entendido los obreros de diversos países que aplican
los acuerdos del II Congreso de la F. S. M., mediante acciones
encaminadas a impedir que los imperialistas norteamericanos
conviertan sus países en arsenales y bases de agresión. |
|
|
Esos hechos tienen gran importancia porque únicamente con una
acción intensa se podrá cerrar el camino a los que preparan la
agresión. |
|
|
Muestra igualmente la importancia de los acuerdos del Congreso
de la Federación Sindical Mundial sobre medidas prácticas a
realizar por sus secciones en defensa de la paz. |
|
[...] feudales, en que millones de hombres rompen la esclavitud imperialista, estamos en la
hora más extraordinaria de la humanidad; en la hora en que los sueños se hacen realidad porque
la lucha de los hombres hizo desaparecer los sueños y aparecer la vida. Estamos en la época que
ha visto entrar al Ejército Rojo y dejar en alto de la ciudadela despedazada de los asesinos
hitlerianos una banda roja que contiene todas las antiguas esperanzas de los hombres; estamos
en los días luminosos de las democracias populares; nos toca el honor y la alegría de vivir una
época en que un poeta va ganando una batalla destinada a cambiar los destinos de centenares de
millones de hombres. Ese poeta se llama Mao Tse Tung.
Estamos en la época en que canta Paul Robeson a pesar de que vandálicos nazis quieren
destruir su canto, que es el canto de la tierra. Estamos viviendo los días en que el pueblo de
Chile, mineros, estudiantes, pescadores, poetas, borran con piedras y palos, y con su propia
sangre, la deshonra que un traidor dejó caer sobre mi patria. Vemos, junto a los baluartes de los
mercaderes de guerra, junto al veneno calumnioso de una prensa mercenaria, cómo se reúnen en
tierra sagrada de Cuahutemoc, de Morelos, de Zapata y de Cárdenas, miles de hombres
congregados para defender e imponer la paz.
Y esto merece la atención de nuestros creadores.
| |
La Federación Sindical Mundial, en su II Congreso, adoptó una
resolución en cuyos párrafos 1 y 2 se dice: |
|
|
«El Congreso decide: |
|
|
»1º. Aprobar las decisiones de los Congresos de París y Praga
de los Partidarios de la Paz. La Federación, sus organismos
dirigentes, las Centrales sindicales y organizaciones adherentes
deben tomar la parte más activa en los trabajos del Comité
Permanente del Congreso Mundial de los Partidarios de la Paz,
especialmente en toda acción de organización y de propaganda. |
|
|
»2º. Los sindicatos de todos los países deben llevar a cabo una
intensa campaña para denunciar a los promotores de guerra y
para unir en un amplio movimiento popular por la Paz y las
libertades democráticas a todos los trabajadores organizados en
los sindicatos o no sindicados. Por consiguiente, hay que elaborar
las modalidades más apropiadas para esta campaña según las
particularidades de cada país. Allí donde las condiciones lo
permitan, los sindicatos deben formar Comités de Partidarios de
la Paz en las empresas y administraciones». [66] |
|
  El papel de la novela
Jorge Dimitrov
(De una charla de Dimitrov a los escritores de Moscú, a fines de 1935)

Camaradas:
Vosotros sabéis que por una amarga ironía del destino me he encontrado al lado de
Van der Lubbe en calidad de acusado en el proceso del incendio del Reichstag.
Revolucionario proletario, comunista, me daba perfecta cuenta de antemano que este proceso
marcaría una colisión entre el proletariado alemán y el proletariado internacional y la burguesía,
un episodio de la lucha entre el comunismo y el fascismo, entre la revolución proletaria y la
contrarrevolución.
Ni que decir tiene que cuando el soldado está en el frente debe combatir. Es el abecé. Yo
debía luchar contra el fascismo, contra el nacional-socialismo, contra el sistema del capitalismo,
por la defensa de la causa del proletariado, del comunismo, del Partido Comunista, de la Unión
Soviética. Esto era evidente.
Pero desde los primeros días, desde mis primeras intervenciones, en Leipzig, me esforzaba
por alcanzar igualmente ciertos fines inmediatos. He de decir francamente que no estaba muy
seguro de conseguirlos en las condiciones del proceso de Leipzig y con la situación en la que se
encontraba entonces la dictadura fascista de Alemania. Sin embargo, consideraba que debía
intentar y utilizar todos los medios posibles para conseguir esos fines.
¿Sobre qué debía yo apuntar directamente, en la tribuna de Leipzig, en tanto que
revolucionario proletario? Es sabido que después del incendio del Reichstag se desencadenó en
Alemania una ola de represión feroz contra la clase obrera y, en particular, contra el Partido
Comunista. Miles de personas fueron encerradas en campos de concentración, miles de personas
fueron encarceladas. Era necesario proceder a un reagrupamiento de las fuerzas del proletariado
en Alemania y, en primer lugar, del Partido Comunista; había [67] que realizarlo bajo el fuego
cruzado del fascismo. He visto, en la cárcel de Moabit, durante nuestros cortos paseos en el patio,
cambiar poco a poco el estado de espíritu de los detenidos. En abril y en mayo nuestros obreros
revolucionarios, detenidos y encerrados en la cárcel de Moabit, iban cabizbajos. Angustiados,
intercambiaban a escondidas algunas palabras, diciendo que al movimiento del proletariado
alemán se le había obligado a retroceder violentamente. Algunos daban pruebas de
pusilanimidad. Pasaron los meses de junio, julio y agosto. Los nuevos prisioneros, los camaradas
recién detenidos, mostraban más ánimo. El proceso de Leipzig concentró la indignación de
millones de trabajadores de Alemania contra la dictadura fascista, contra las bárbaras violencias
ejercidas sobre las masas. En este proceso había que gritar el odio hacia el régimen fascista. Era
una tribuna desde la cual había que golpear al fascismo, demostrar a los comunistas y a los demás
obreros, una parte de los cuales, momentáneamente, vacilaban y tendían a considerar la ola
fascista desencadenada como invencible, que la lucha contra el fascismo no sólo era necesaria,
sino posible. Se necesitaba infundir nuevo valor en las gentes, ayudar a las fuerzas del
proletariado alemán en lucha a reagruparse de nuevo y arrojar fermentos de vacilación, de
desorientación entre las masas nacional-socialistas.
Es sabido que la lucha en Leipzig duró tres meses. Toda la podredumbre del fascismo alemán,
en la persona de los jueces, de los abogados, del procurador, de los agentes de policía, de los
comisarios y otros jefes políticos, se manifestó en la tribuna del proceso.
Los propios acusados formaban una singular mezcla política. Entre ellos había representantes
de diferentes capas, de distintas corrientes, categorías, etc. Había un representante de la parte
revolucionaria de la clase obrera, del proletariado revolucionario, y un representante del
lumpen-proletariado, el tal Van der Lubbe, figura lamentable y trágica; pero había también un
representante de los elementos pequeño burgueses en el movimiento obrero y comunista, de los
vestigios y restos del filisteísmo, del burocratismo en el movimiento obrero revolucionario, el
tipo clásico de este género fue alguien que conocemos bien, nuestro..., podría decir, ex-camarada
Torgler.
Camaradas, vosotros sabéis que el comunismo salió vencedor en esa lucha de tres meses.
Venció gracias a la movilización mundial de las fuerzas proletarias, y de todos los intelectuales
honrados. Venció porque había un pacto de frente único que, aunque no oficial, ni firmado en
ningún sitio, ponía en pie a [68] los partidos comunistas, socialdemócratas y a otros de la clase
obrera contra el fascismo alemán. La victoria fue conseguida porque en lo más profundo de las
masas nacional-socialistas se había desarrollado un movimiento de oposición marcado contra la
provocación de los nazis, y porque se manifestaban claramente simpatías en favor de los
comunistas. Durante los últimos meses del proceso, cuando la verdad comenzó a aparecer cada
vez más y más, incluso policías y miembros de los grupos de asalto expresaron la simpatía y la
estima que sentían hacia mí. Hitler y sus amigos tuvieron que tener en cuenta ese estado que se
manifestaba entre sus propias gentes.
Recuerdo que Goering, señor todopoderoso de la Alemania fascista, habiéndose presentado
ante el tribunal con 40 o 50 miembros de los grupos de asalto, tuvo que marcharse desacreditado
ante los ojos de sus propios partidarios cuando yo fui expulsado de la sala de la audiencia.
En esta asamblea de escritores soviéticos, debo expresar cierta extrañeza de que el proceso
de Leipzig, ese enorme capital de materiales, ese enorme capital del pensamiento y de la práctica
revolucionaria del movimiento proletario, no haya sido estudiado ni utilizado lo más mínimo por
vosotros. (Una voz en la sala: «Muy justo, camarada Dimitrov»).
|
| Dimitrov en una fiesta infantil en la Bulgaria popular. |
Conozco algunos escritores extranjeros. Esos desgraciados no quieren hablar sólo de amor,
como los escritores burgueses, hacer lirismo, narrar sus sensaciones. Quieren ayudar de una u
otra manera al movimiento revolucionario del proletariado. Esas pobres gentes, que tienen
talento, se rompen la cabeza para encontrar un argumento. Si observasen la lucha viva de
millones de trabajadores, los miles de procesos, de huelgas, de manifestaciones, de choques entre
los obreros y sus enemigos de clase, si profundizasen en los materiales del proceso de Leipzig,
encontrarían buenos argumentos, excelentes y en cantidad.
Tomad el tipo de Van der Lubbe, este ejemplo debe servir para demostrar cómo el obrero
puede convertirse en un instrumento en manos del enemigo de clase. A la luz del mal ejemplo
de Van der Lubbe puede educarse a miles de jóvenes obreros y combatir la influencia del
fascismo entre los jóvenes.
En el movimiento obrero de diferentes países, atravesamos por [69] un período de cambios
particulares. El camarada Smolianski ha informado de diferentes hechos que demuestran el
desarrollo del frente popular en contra del fascismo de Alemania. En este período se necesitan
más que nunca cuadros de militantes revolucionarios para concentrar las fuerzas, proceder a un
reagrupamiento de los efectivos proletarios, operar una diferenciación en las filas de la
socialdemocracia, desengañar a las grandes masas trabajadoras. Estos cuadros de militantes
deben ser educados, y esto se hace durante el desarrollo de la lucha práctica, en medio de las
dificultades superadas, a la luz de ejemplos concretos. ¿Qué libro es el que me ha dejado, en mi
juventud, una impresión particularmente fuerte, que me ha influenciado como militante? Debo
decir francamente que fue una novela de Tcheruychevski, ¿Qué hacer?. (Aplausos) La firmeza
que he adquirido al participar en el movimiento obrero en Bulgaria, la firmeza, la seguridad de
que he podido dar pruebas hasta el fin en el tribunal de Leipzig, deben, incontestablemente, ser
relacionadas con la obra de Tcheruychevski que había leído en mi juventud.
¿Dónde están, en nuestra literatura, los héroes del movimiento proletario de Alemania, de
Austria, de Bulgaria, de China y de otros países? ¿Dónde están los modelos que podrían imitar
millones de trabajadores? Y debéis también mostrar ejemplos vivos negativos, hombres de carne
y hueso como Van der Lubbe, para educar a los jóvenes.
La literatura desempeña un papel enorme en la educación de la generación revolucionaria.
Ayudadnos, ayudad al Partido de la clase obrera, ayudad a la Internacional Comunista, dadnos,
bajo una forma artística, versos, novelas, relatos, un arma potente de lucha; ayudad con vuestra
producción literaria a formar los cuadros revolucionarios.
Hubo una época en que la burguesía revolucionaria luchó tenazmente por la causa de su clase,
empleando todos los medios, inclusive la literatura. ¿Quién fue el que ridiculizó los vestigios de
la caballería? El Don Quijote de Cervantes. Don Quijote en manos de la burguesía fue un potente
instrumento en su lucha contra el feudalismo, contra la aristocracia. El proletariado
revolucionario necesitaría un Cervantes, por lo menos un pequeño Cervantes que le diera un arma
semejante en su lucha. (Risas, aplausos) El fascismo es el último intento que hace la burguesía
por detener la rueda de la historia.
Leo mucho cuando puedo. Debo decir que no siempre tengo paciencia para leer nuestra
literatura revolucionaria. Yo no puedo y no comprendo. No soy un especialista. (Grandes risas)
Pero conociendo a las masas, a los obreros y su mentalidad, digo: no, a los obreros no les va a
gustar. El obrero, cuando abre un libro, verá que no se encuentra un tipo, un ejemplo para imitar.
No es un escritor revolucionario el que se limita a repetir: «¡Viva la Revolución!». [70] Para ser
un escritor revolucionario hay que contribuir a la radicalización de las masas obreras,
movilizarlas para la lucha contra, el enemigo (Muy bien, aplausos).
Me perdonaréis el que diga las cosas crudamente. («Es necesario», aplausos) Me conocéis
desde hace tiempo (Aplausos prolongados).
Llamo al pan, pan, y al vino, vino. Creo que ahora que ha sido fundada la Asociación de
escritores soviéticos, tenéis nuevas condiciones favorables, nuevas posibilidades para una amplia
y fecunda actividad.
Los escritores de la Unión Soviética se encuentran en las mejores condiciones para su
producción literaria. Los escritores de la Unión Soviética viven en el país donde todo está en
ebullición, la construcción, el entusiasmo, el impulso, el progreso. La propia atmósfera de la
Unión Soviética, el aire que se respira es el de la creación.
En el extranjero, los escritores revolucionarios se encuentran ante dificultades excepcionales.
Están en la miseria, son encarcelados o encerrados en campos de concentración.
Hay que poner más resueltamente la literatura al servicio de la revolución proletaria, de la
lucha contra el fascismo, contra el capitalismo, por la movilización y la educación revolucionaria
de las masas.
El libro debe radicalizar a millones de obreros sin partido y socialdemócratas, popularizando
la edificación socialista y las grandes realizaciones de la Unión Soviética. Es necesario que la
literatura sirva al gran ideal de millones de trabajadores («Viva Dimitrov». Aplausos
prolongados).
| |
«Rehusamos, pues, lo que se llama en el día literatura entre
nosotros; no queremos esa literatura reducida a las galas del decir,
al son de la rima, a entonar sonetos y odas de circunstancias, que
concede todo a la expresión y nada a la idea; sino una literatura hija
de la experiencia y de la historia... diciéndolo todo en prosa, en
verso, al alcance de la multitud ignorante aún; apostólica y de
propaganda; enseñando verdades a aquellos a quienes interesa
saberlas... literatura, en fin, expresión toda de la ciencia de la época,
del progreso intelectual del siglo». |
|
| Mariano José de Larra [71] |
  Plan de Stalin de transformación de la naturaleza
De las cumbres de los Urales a las estepas de Moldavia, de las orillas del mar Caspio a las
inmediaciones de la capital soviética, Moscú, se extiende un inmenso territorio con más de 120
millones de hectáreas de tierra fértil. Aquí, en las famosas tierras negras ucranianas, se dan los
mejores trigos de la URSS, la remolacha más azucarada, el girasol prodigioso y el incomparable
coc-saguish, planta cauchera que durante siglos creció silvestre en las montañas perdidas de los
confines orientales del país y que los sabios soviéticos resolvieron con ella el gran problema del
caucho, vital para la economía y la defensa del país.
Sin embargo, esta vasta zona que casi cubre por entero la parte europea del territorio de la
URSS, despoblada de árboles y vegetación, representa una inmensa estepa abierta a los vientos
sofocantes y huracanados que, viniendo de los desiertos del Asia Central, barren su suelo y
engendran la sequía. El viento-huracán que corre a velocidad vertiginosa arranca de la superficie
de la tierra millares y millares de millones de organismos microscópicos que condicionan su
fertilidad formando con ellos la terrible «tempestad negra» (tormenta de tierra y polvo),
verdadero azote de la estepa. El agua de las lluvias torrenciales esporádicas resbala más tarde
sobre la tierra despojada por el huracán de los organismos microscópicos absorbentes y forma
infinitos campos de greda semi-estéril cortados, aquí y allá, por barrancadas y torrenteras. El sol
se encarga en la canícula de culminar la obra destructora de los elementos desencadenados de la
naturaleza.
En el curso de 65 años la región esteparia del Volga conoció 20 calcinantes sequías, que,
durante el zarismo, fueron causa de la ruina y la muerte por hambre de millares de familias, y,
con el Poder soviético, diezmaron las cosechas del gran país socialista. En los años de tenebroso
obscurantismo del Poder zarista era frecuente ver por los campos del Volga a los campesinos de
multitud de aldeas marchar tras el pope en procesión de suplicantes [72] [73] rogativas y votos
por la lluvia que regara la abrasada tierra y les salvara así de una ruina cierta, y quizá de la muerte
por inanición. El fracaso de la rogativa era acogido con resignación: «Así fue, y así será. Dios
creó la naturaleza, que sea lo que Dios quiera».
Contra esta actitud de impotencia frente a la naturaleza, fomentada por la iglesia y defendida
por la ciencia oficial, se alzaron cuatro grandes sabios rusos, Williams, Dokuchaev, Kostichev
y Michurin, que frente al obscurantismo de la reacción enseñaron que el hombre está en
condiciones no sólo de conocer la naturaleza, sino de transformarla, de someter a los elementos
desencadenados. Si los vientos del desierto barren la estepa, hace falta poner barreras al viento.
Si la fertilidad de la tierra está condicionada por la presencia en ella de los organismos
microscópicos y éstos son arrancados de la tierra por el viento, hace falta sujetarlos, fijarlos a la
tierra. Si la sequía calcina las cosechas, hace falta provocar la lluvia, reservar el agua. Si el clima
es duro para ciertos cultivos hace falta cambiar la naturaleza de estos cultivos, adaptarles al
medio, inmunizarles contra el frío o el calor.
De estas ideas materialistas de los geniales sabios salió todo un plan armonioso de
transformación y dominio del hombre sobre la naturaleza. Sin embargo, la vieja sociedad
capitalista y terrateniente, limitada por sus prejuicios religiosos y de clase, se oponía a que se
llevase adelante tan grandioso plan y, lejos de apoyar, persiguió despiadadamente a los intrépidos
sabios que habían consagrado sus esfuerzos y desvelos a la prosperidad de su patria, al bienestar
de su pueblo.
Ya en 1938, en vísperas de la guerra, por iniciativa de Stalin, las ideas geniales de Williams,
Dokuchaev, Kostichev y Michurin fueron coordinadas en un grandioso Plan de ofensiva contra
la sequía, de transformación de la naturaleza y desarrollo ilimitado de la agricultura,
comprendiendo en ella la ganadería. La guerra retrasó la puesta en práctica del Plan que,
introducido definitivamente en 1948, constituye ya en parte una magnífica y prometedora
realidad.
El Plan Stalin, de transformación de la naturaleza en la parte europea de la URSS, exige 15
años para su realización. En este breve plazo de tiempo ocho enormes barreras forestales que se
extienden más de 6.300 kilómetros cerrarán el paso a los ardientes huracanes del desierto.
Simultáneamente en las lindes de los campos koljosianos serán plantadas 5.709.000 hectáreas
de arboleda. Las raíces de los árboles recogerán el agua de las nieves y las lluvias del invierno
y primavera, y al evaporarse en el verano engendrarán nuevas lluvias que mantendrán verdes y
frescos los campos. A este mismo fin serán creados 44.228 estanques y depósitos de agua.
Las barreras y bandas forestales, los estanques y depósitos de agua aseguran la parte del Plan
tendente a la eliminación de las sequías. La parte del Plan que tiene por fin elevar la fertilidad
de la tierra para obtener espléndidas cosechas prevé la introducción del sistema herbáceo y
forrajero de cultivo de los campos koljosianos. [74] Las teorías reaccionarias en la Agronomía
establecen que la continuidad de la siembra agota, mata, la fertilidad de la tierra. De ahí parte el
sistema de barbechos y de fertilización de la tierra por medio de abonos orgánicos y minerales.
El primer caso reduce en una tercera parte el área anual de siembra, el empleo de abonos
minerales en este sentido encarece extraordinariamente la producción agraria. Las teorías
agrotécnicas materialistas de Williams-Michurin establecieron que la tierra puede mantenerse
en estado de perenne fertilidad, para ello es preciso, en primer lugar, alternar los cultivos de
cereales con los de hierbas y plantas forrajeras que conservan jugosa y fértil la tierra, así como
un cambio radical en el sistema de abonos, basado en la teoría de que no hace falta alimentar
la tierra con abonos, sino a través de la tierra, introduciendo en ella abonos, alimentar los
cultivos; esta misión es llevada a cabo por las plantas forrajeras, que suplantan el abono orgánico
y contribuyen a un empleo racional de los abonos minerales.
|
| Stalin expone ante el Buró Político del Partido Bolchevique el plan de transformación de la naturaleza. |
Estas dos partes de un mismo sistema, bandas forestales y parcelación herbácea y forrajera,
forman un conjunto armónico que contribuye en grado sumo a elevar la cantidad y calidad de las
cosechas. Las teorías materialistas de los sabios soviéticos, comprobadas y refrendadas por la
práctica, han demostrado que este sistema de cultivos forrajeros y batidas forestales elimina
totalmente de los campos koljosianos los abrojos y malas hierbas, como la cizaña, el cardo, la
grama, etc. En el mundo orgánico de los vegetales se desarrolla [75] continuamente una lucha
encarnizada y a muerte entre las especies por el agua, el aire y el sol, que las alimentan e
infunden vida. Por ejemplo, entre los árboles del bosque y la grama y otras hierbas existe una
concurrencia y lucha encarnizada. Por el contrario la ciencia soviética estableció que entre
cultivos de una misma especie no existe lucha ni concurrencia. De esta manera se llegó a
establecer en la práctica que el cultivo de plantas forrajeras junto a las bandas forestales, durante
los tres o cuatro primeros años de existencia de éstas, estimula el desarrollo rápido de los árboles
y arbustos que dominan el terreno, y más tarde, cuando se pasa a cultivar en ellos los cereales,
eliminan, aniquilan, no permiten el desarrollo de cardos, cizaña, grama, amapolas ni de abrojo.
De esta forma, el Plan Stalin de transformación de la naturaleza cambiará la faz esteparia de
la parte europea de la URSS haciendo de ella un floreciente vergel.
En la realización de esta grandiosa obra el Estado soviético no regatea medios, ni los
koljosianos esfuerzos. En el año transcurrido, desde la puesta en práctica del Plan, fueron creadas
69 estaciones de defensa forestal dotadas de la técnica más moderna. Fueron plantadas batidas
forestales de protección en una superficie de más de 500.000 hectáreas. El Plan fue cumplido en
un 102%, pero esto es sólo el comienzo. En 1950 se plantarán bandas forestales en una extensión
superior a 700.000 hectáreas, serán creadas 114 nuevas estaciones de defensa forestal, que con
las ya existentes deberán plantar y sembrar más de 300.000 hectáreas de bosque en las barreras
forestales a construir por el Estado. Junto a esto, millares de nuevos koljoses pasarán al sistema
de cultivo herbáceo-forrajero, a construir millares de estanques y depósitos de agua. De esta
manera el campesino koljosiano, y con él todo el pueblo soviético, transforma la naturaleza, da
la batalla a sus elementos desencadenados y los somete, en nombre del bienestar, de la paz y de
la felicidad del pueblo trabajador soviético, que, bajo la dirección del gran Stalin, marcha de
victoria en victoria hacia el comunismo.
[76]
  Datos y cifras del Frente Democrático y Socialista
U.R.S.S.
De 1928 a 1941, en 13 años, fueron construidas 9.000 empresas. El Plan quinquenal de
postguerra, de 1945 a 1950 prevé la construcción de 5.900 grandes empresas, de ellas a últimos
de 1948 se habían construido ya 4.000.
* * *
En 1925 había 25 millones de propiedades agrícolas individuales. En 1938 estas propiedades
se habían fundido casi totalmente en 242.000 koljoses y 4.000 sovjoses. Los koljoses cultivaban
ya en esta época 500 millones de hectáreas de tierra y tenían 629.300 granjas ganaderas con 13,5
millones de caballos, 15,6 millones de cabezas de ganado vacuno y 35 millones de ovejas, cabras
y cerdos.
* * *
El Plan quinquenal de postguerra asignó la suma de 42.300 millones de rublos para la
reconstrucción y construcción de nuevas viviendas. Esta suma supera en mucho a los gastos
destinados para la construcción de viviendas durante los tres primeros planes quinquenales.
Checoslovaquia
En 1933 había un millón de obreros sin trabajo de los tres millones de trabajadores existentes
en el país. Hoy ha desaparecido el paro obrero.
180.000 trabajadores pasaron en 1949 las vacaciones pagadas en las casas de reposo y
sanatorios de los sindicatos.
El salario de la clase obrera checoslovaca ha aumentado en más del 40% con relación a antes
de la guerra. [77]
Polonia
Ya no existen aldeas sin escuela. Este año acuden a las escuelas primarias 3 millones 600 mil
niños.
350.000 jóvenes participan en la campaña nacional contra el analfabetismo, que disminuye
rápidamente en todo el país.
El sector socialista de la Industria produjo en 1948 el 94% de toda la producción industrial.
Rumania
En la actualidad funcionan 347 palacios de la cultura en las ciudades y 8.000 clubes en las
aldeas.
Desde la instauración del régimen democrático popular el número de analfabetos disminuyó
en 400.000.
Durante 1949 el número de escuelas profesionales aumentó de 211 a 454.
Hungría
Los sindicatos húngaros cuentan en la actualidad con 1 millón 600 mil afiliados.
La industria nacionalizada ha iniciado la fabricación de automóviles. La producción de
tractores y maquinaria agrícola ha aumentado en 3,5 veces con relación a 1938. En cinco años
el parque de tractores aumentó de 1.300 a 20.000 máquinas.
Bulgaria
El primero de enero de 1949 había 1.594 cooperativas agrícolas de trabajo con 146.600
miembros, que cultivan, en colectividad, 538.500 hectáreas de tierra.
El volumen de la producción industrial ha aumentado el doble con relación al período anterior
de la guerra.
300.000 trabajadores pasaron las vacaciones de verano en las playas y sanatorios. El salario
de los trabajadores aumentó en un 25 por ciento desde la liberación. [78]
Albania
Después de la liberación el pueblo albanés, prácticamente comenzó a crear la industria del
país a base de sus recursos naturales. En 1947 se invirtieron 47 millones de lek en la industria,
en 1948, 300 millones.
La producción de energía eléctrica aumentó en dos veces y media. Entre las fábricas
construidas figura una de piezas de recambio para automóviles, una refinería de azúcar, una gran
fábrica textil, y otra de cemento.
República Democrática Alemana
Como resultado de la reforma agraria practicada en Alemania Oriental fueron roturados
12.355 latifundios, confiscándose a los grandes terratenientes más de 3 millones de hectáreas de
tierra, que fueron repartidas entre 500.000 campesinos pobres y obreros agrícolas. También
fueron repartidas 440.000 cabezas de ganado y 110.000 viviendas e instalaciones agrícolas.
República Popular de Corea
Durante la ocupación japonesa en Corea Septentrional (República Popular de Corea) había
1.372 escuelas primarias, en la actualidad hay 4.327, en las cuales estudian 1 millón 700 mil
escolares. Existen 10 centros de enseñanza superior en los que cursan 10.000 estudiantes. En los
institutos de segunda enseñanza reciben preparación universitaria 17.000 jóvenes.
China
En Manchuria existen ya 30.000 escuelas primarias y 235 de enseñanza secundaria. En el
Distrito especial (base originaria del Ejército de Liberación) existen 88.000 escuelas primarias
a las que asisten 5 millones de escolares y 100.000 academias para adultos.
Según las estadísticas del gobierno democrático popular, en la cuarta parte del país estudian
ya más personas que en toda China antes de la guerra. [79]
  Panorama de China
Por Antonio Cordón
I
De su remota historia a 1911
1949 fue rico en acontecimientos, pero entre todos ellos uno resalta por su importancia y
trascendencia histórica: la liberación de China, y su incorporación al campo de la paz, de la
democracia y del socialismo.
Dirigido por su glorioso Partido Comunista, con Mao Tse Tung a la cabeza, el pueblo chino
ha destruido el Poder semifeudal que había transformado a su país en un campo de pillaje del
imperialismo mundial, y marcha hacia nuevos horizontes de paz, progreso, trabajo y justicia
social, por los amplios caminos de la democracia popular.
Semejante acontecimiento no tenía por menos que atraer sobre sí la atención de la opinión
pública mundial. El recuerdo de China amarga la existencia de imperialistas y opresores. La
victoria histórica del pueblo chino alegra los corazones de los trabajadores y demócratas de
todos los países. Un deseo unánime de conocer China se despierta por doquier. [80]
[81]
¿De dónde viene, a dónde va este inmenso país? ¿Qué acontecimientos jalonan sus tres veces
milenaria historia? ¿Qué altos y bajos tuvo el largo camino de su liberación? ¿Qué potencial
económico representa China?
A todas estas preguntas responderá Antonio Cordón en dos artículos, el primero de los cuales
presentamos.
Características generales
China se halla situada en las partes oriental y central de Asia y ocupa una extensión de 10
millones de kilómetros cuadrados, aproximadamente la misma de Europa, y casi veinte veces
más que España. Se la considera generalmente dividida en dos partes. La China oriental o China
propiamente dicha y las regiones exteriores. Estas últimas son las cuatro siguientes: Manchuria,
al norte, Mongolia interior, al noroeste, Sin Kiang o Turquestán chino y el Tíbet, al oeste.
China limita al norte con la Unión Soviética y la República Popular de Mongolia, al este con
la República Popular de Corea (Corea del Norte) y el Océano Pacífico, al sur con el Viet-Nam,
Birmania, el Bhoutan (pequeño principado «independiente» de 300.000 habitantes, cuyo
Maharajá recibe 200.000 rupias anuales del gobierno inglés), con el Nepal (reino autocrático
independiente de más de 6 millones de habitantes, donde se afirma y crece la influencia
económica norteamericana), y al oeste con la India, la Unión Soviética y una estrecha lengua de
tierra del Afganistán.
China es un país montañoso. El 80% de su territorio está formado por cordilleras y
altiplanicies. En las regiones occidentales, Sin Kiang y el Tíbet, se hallan los picos más elevados
del mundo, con el Everest en la cordillera del Himalaya. China, dominada al oeste por las
altiplanicies tibetanas, desérticas y glaciales, y por las grandes elevaciones de Sin Kiang y
Mongolia, desciende a través de los macizos que las continúan hasta el mar. La gran llanura china
se extiende a lo largo de la costa hasta el río Yang-Tse, pero se halla separada de ésta al nordeste
por las montañas de la Península de Shantung. Otro gran valle sigue el curso del río Yang-Tse
(río Azul), después se estrangula entre montañas, para ampliarse de nuevo la gran bolsa llamada
el Valle Rojo, circundado también por montañas.
Toda esta parte y los valles de los otros dos grandes ríos chinos (el Hoang-ho o río Amarillo,
al norte, y el Si-Kiang, al sur) y la región industrial de Manchuria, son renombradas por su
fertilidad. En general, desde la costa, siguiendo los valles de los ríos, la población y las riquezas
naturales van decreciendo hacía el interior, físicamente peor dotado.
La población de China oscila en torno a 475 millones de habitantes. Es, pues,
aproximadamente diez y siete veces superior a la de España. La densidad media de población por
regiones es muy desigual y va de 80 habitantes por kilómetro cuadrado en China oriental a 1,4
en Mongolia. Esta desproporción [82] aumenta más aún en el orden local. Mientras en los valles
de los dos ríos y en la zona costera hay más de 200 habitantes por kilómetro cuadrado, la
densidad en las zonas occidentales y montañosas apenas llega a un habitante por kilómetro
cuadrado. Existen en China grandes ciudades. Shanghai (3,5 millones de habitantes), Pekín,
Tianjin, Cantón, Nankín, que cuentan con una población de un millón o millón y medio.
En el sentido social, en China, hasta la implantación de la reforma agraria actual, dominaba
la gran propiedad terrateniente y el campo ofrecía la siguiente composición social:
Un vivo cuadro de la composición social del agro chino nos lo ofrece la China propiamente
dicha, o «China de las 18 provincias», donde existen 5,5 millones de explotaciones agrícolas
señoriales con 35 millones de hectáreas, es decir, el 55% de la tierra cultivable; por otro lado, 31
millones de pequeños y medios propietarios no tienen más que 28 millones de hectáreas de tierra,
es decir, menos de una hectárea de tierra por propiedad. Junto a esto existe una masa de 18
millones de campesinos sin tierra que trabajan en calidad de obreros agrícolas o son
arrendatarios. Más del 80% de los pagos de la renta se efectúa en especie, teniendo que entregar
al terrateniente, por el arriendo de la tierra, del 50 al 80% de toda la cosecha.
La cantidad de arrendatarios abarcaba el 47%, y en algunas provincias del 75 al 80%, de todas
las economías campesinas. Como la tierra laborable es solamente una décima parte de las tierras
chinas, la tierra de los campesinos se halla dividida en ínfimas parcelas de 1 a 2 mi (el mi, medida
agraria china, equivale a un quinceavo de hectárea).
En 1946 se contaban en China unos tres millones de obreros industriales (proletarios), 12
millones de artesanos, una gran masa de trabajadores y empleados del comercio rural y ciudadano
y una enorme cantidad de coolies, que practicaban los oficios más penosos.
Las condiciones de vida de la mayoría aplastante de la población eran ínfimas. Millones de
chinos se alimentaban casi exclusivamente de arroz y vegetales. Las casas de casi todas las aldeas
del norte son de barro y madera, de bambúes en el sur. Apenas existen en ellas los muebles y
utensilios más indispensables y rudimentarios. [83]
Riqueza agrícola
China es un país esencialmente agrícola. El 90% de la población vive en el campo, y el 79%
está ocupada en las faenas de la agricultura. Entre los principales productos de la tierra que se
cultivan en China se destacan el arroz, la soja, el té, el tabaco, las batatas. Por la producción de
todos ellos ocupa el primer lugar en el mundo, por la del trigo el tercero y por la del maíz el
segundo lugar. Entre los productos naturales de uso industrial se destaca en primer lugar el
algodón, que en su producción ocupa China el tercer puesto en el mundo.
Su riqueza ganadera se calculaba, en 1946, en 22.885.000 bovinos, más de 9 millones de
búfalos, 7 millones de cabras, 19 millones de corderos y ovejas, 55 millones de cerdos, 5
millones de caballos y menos de 3 millones de mulos.
Grandes recursos minerales
Junto a su riqueza agrícola, que la sitúa entre los primeros países del mundo, China posee gran
riqueza de minerales que representan una amplia base para su futuro desarrollo industrial. El país
ha sido insuficientemente explorado y la extracción y elaboración de minerales se verifica por
procedimientos primitivos y poco intensamente. Posee China una gran riqueza carbonífera,
estimándose las reservas de carbón en 263 mil millones de toneladas que yacen en una extensión
aproximada de un millón de kilómetros cuadrados, siendo el espesor de las capas, que a menudo
aparecen a flor de tierra, de unos 12 a 16 metros.
Las reservas conocidas de mineral de hierro son superiores a 2.000 millones de toneladas; los
yacimientos de Tayeeh, en las cercanías de Han-Keu, son los más ricos del mundo. Sin embargo
la extracción de mineral de hierro antes de la guerra no pasaba de un millón 350.000 toneladas.
Aunque la extracción de petróleo es insignificante (53.280 toneladas en 1947), se calcula que
China posee unas reservas de 800 millones de toneladas.
China tiene asimismo grandes reservas de metales raros y no ferruginosos. La producción de
antimonio se eleva al 60% de la total mundial, las reservas de manganeso se cifran en unos 20
millones de toneladas; según datos oficiales de 1937, en China se extraen anualmente unas 4.000
toneladas de zinc, 11.000 toneladas de estaño, 4.600 toneladas de tungsteno, lo que significa el
70% de la producción mundial, etc.
|
| Mercado de venta de mujeres (Grabado chino). [84] |
Escaso desarrollo industrial
Hasta los comienzos de la agresión japonesa, en 1937, la industria china, muy débilmente
desarrollada, se basaba en la rama textil (algodón y seda). Después de la primera guerra mundial
(1914-1918), China pasó a ocupar el quinto puesto en la producción capitalista de tejidos de
algodón, después de los Estados Unidos, Japón, Inglaterra y la India. La industria textil china no
cubría, sin embargo, las necesidades del país y se multiplicaron y extendieron en él las
instalaciones textiles extranjeras, especialmente las japonesas, inglesas, americanas y alemanas.
Hasta 1937 más del 40% de toda la producción textil china se hallaba en manos del capital
japonés.
La industria de la extracción de minerales estuvo representada hasta la guerra en las ramas del
carbón de piedra, minerales de hierro, oro, wolframio, manganeso, estaño, en diversas regiones
del país, y especialmente en Manchuria.
Hasta en 1937 la industria pesada estaba muy escasamente desarrollada; existían entonces en
todo el país 21 altos hornos que producían al año un millón de toneladas de hierro fundido y una
cantidad insignificante de acero. Algunos astilleros navales de poca importancia estaban en poder
del capital extranjero, que tení |