|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
|
Desandar lo andado es dar un quiebro, es deslizarse por la cortadura, no con la insensata ilusión de llegar a coincidir consigo mismo —¿quién hay ahí?—, sino con la idea menos mercurial de sopesar las encrucijadas donde ya se estuvo —quizá sin llegar siquiera en aquel entonces a percibirlas como encrucijadas. Yo estaba destinado a tal desasosiego. El tiempo transcurría lento como el aceite: abracé una encina previa a toda reconstrucción. Mesetas, mesetas verecundas, láminas de sigilo desde donde organizar un retorno. Una reconstrucción.
¿La revolución —blanca playa, casa blanca, lancinante fulgor que enceguece— acabaría invistiéndose de los desvaídos prestigios de la tuberculosis? ¿Santificaremos el cansancio con tal de preservar el dudoso lustre de un gesto decadente? Dulce es el bálsamo del desengaño, pero pronto mineraliza piel y músculos en un rictus terrible. No hay ninguna dignidad intrínseca en el perdedor. Me niego a juzgar la pandemia con las categorías de la elegancia. El peñasco que se derrumba no metamorfosea mágicamente las cualidades de la arena. Mis turbias alamedas rebosan anticuerpos contra la infección de la melancolía, incluso cuando ésta pretende coronarse con un tallo de enredadera arrancado del costado perenne de Hölderlin. Eso es hacer de la necesidad virtud, me dices. Pero quién conoce, en nuestro cosmos desagregado y renqueante, virtudes que provengan de origen diferente. Los ágiles pétalos del bautismo se abren, debajo no hay sino más pétalos. No encontraré a mis compañeros muertos cerca de ningún cadáver. 1. Punto de partida: el mal. No puede ser otro. El mal, el sufrimiento, la destrucción: la intolerabilidad del mundo en su estado actual. 2. El mundo tal como es resulta inaceptable; no se puede vivir sin desear otro estado del mundo y sin luchar por él. 3. No podemos ni caer en la ingenuidad criminal de desear un paraíso sobre esta Tierra, ni resignarnos al infierno sobre ella. No somos seres paradisiacos; pero la vida carece de sentido sin resistencia al mal. 4. Existe lo sagrado, pero no hay trascendencia. 5. Necesitamos orar (ponernos en conexión con ese sagrado): pero no a ningún Dios. No hay tal Dios. 6. Ojos cerrados, ojos abiertos: el poema es una forma de oración. La meditación sobre un texto esencial es una forma de oración. El recogimiento y el encuentro con nosotros mismos puede ser una forma de oración. El coito puede ser una forma de oración. Sin embargo, no hay textos sagrados ni poemas sagrados. 7. Si lo sagrado está en algún sitio, yo lo localizo en la vinculación. Los vínculos son internos a este mundo. 8. El lenguaje es, para nosotros —carne que habla—, la primera y más fundamental forma de vinculación. 9. Nada hay sagrado en las obras del hombre; sí en los vínculos. 10. Los vínculos que unen a los ciudadanos en la asamblea y a los amantes en el lecho; los vínculos entre el pasado y el futuro, y entre la memoria de uno y la de los demás; los vínculos entre uno mismo y su propia experiencia; entre el acto y sus consecuencias; entre los genes del hombre y los del pez; entre el agua que me constituye y el agua del océano. Los vínculos son internos a este mundo. 11. Nada puede reconstruirse a partir de su centro: sólo de sus orillas. Me tomo la libertad de tal desplazamiento. 12. El cielo del materialismo no está huero: es también un espacio para la epifanía de lo sagrado, para el despliegue del poder de creación de los seres humanos. (La crítica marxiana de la religión se aplica a la idea de Dios, no a la experiencia de lo sagrado). 13. La historia no recibe sentido de una Historia Sagrada acaecida una sola vez y para siempre: no tiene otro sentido que el que nosotros consigamos darle. 14. No somos siervos de un Creador: nosotros somos los creadores, lo queramos o no, para bien o —mucho más a menudo— para mal. Esa nuestra condición no cambiará un ápice por pretender ignorarla. 15. Ojos cerrados, ojos abiertos: nadar siempre a favor de la corriente es un criterio fácil. Nadar siempre a contracorriente es mucho más difícil, pero en el fondo también es fácil. Lo verdaderamente difícil e importante es ser capaz de combinar los movimientos en contra de la corriente y a su favor, para culebrear hasta el lugar de nuestro deseo. 16. El que lleva la linterna debe tener el cuidado suficiente como para apagarla cada trecho, y siempre un rato en cada encrucijada. Para no confundir a quienes podrían tener la tentación de seguirle. 17. En una de las salas del museo diocesano de la catedral de Tarragona, dos figuras yacentes como nunca había visto. Un hombre y su mujer, una mujer y su hombre (él de la familia Montagut, ella de la familia Ça Terra, en una escultura fechada hacia 1330). Él caballero con armadura, ella dama de largas vestiduras. Lo insólito: en su sueño de piedra, más allá de la vida, vueltos el uno hacia el otro. Los guarda un pequeño perrito de piedra a sus pies. 18. Del abismo y el fondo sin fundamento, la contingencia. 19. Del inacabamiento, la libertad. 20. Entre esos dos jirones, el espacio de lo propiamente humano, que percibimos cuando logramos deshacernos de la mortal ilusión de fundamento y la mortal ilusión de acabamiento. Considero que el aprendizaje más difícil, con diferencia, es el de nuestra posición respecto al enigma, nuestro trato con él. Un enigma no es lo mismo que un secreto: no lo retraemos de ninguna terraza, existe por sí mismo. No lo hacemos nuestro, no lo compartimos, ni querríamos concederle el violento estatuto de una interpretación. Emplazado en el centro de cualquier saber, el enigma vehicula su impulso en un movimiento espiral. Como el buceador en la laberíntica caverna submarina, hay que evitar rozar las paredes o el fondo: el finísimo fango apagaría fatalmente el resplandor de la linterna. Con extrema discreción, el enigma dice solamente: yo estoy aquí. Dejar exento en derredor suyo el espacio del acontecer, sin ningún tipo de expectativa ni de espera, constituye para mí el aprendizaje más difícil. Tenía que explicar por qué era acertado —y casi inevitable— el aforismo poesía: flujo de vacío. Bajo el patrocinio lacerante de Heráclito de Éfeso, supe desempeñarme con razonable desenvoltura. Ahora camino apretando en la mano esta frase, como un guijarro que hubiese heredado de mi padre condenado a muerte.
1. No has llegado, no has llegado ni por fortuna llegarás nunca. 2. Las intenciones no cuentan: cuentan los actos. 3. Las palabras sin acción engendran pestilencia (parafraseo a Blake). 4. Cuenta el poeta que los indios navajos saben que un tejido no debe ser nunca perfecto: ha de dejarse siempre un hilo suelto para que el alma de quien tejió no quede aprisionada en la obra. 5. Intentar la (imposible) perfección de nuestras obras —no digo de nuestros actos—, sin enamorarnos de nuestras propias obras: en ese tenso esfuerzo nos jugamos la dignidad o el envilecimiento de nuestro actuar en el mundo. 6. No tenemos una misión, pero sí que tenemos —decía el poeta— una tarea. Nuestra vida es única e irrepetible; está irremediablemente entrelazada con las demás vidas; puede lograrse o malograrse. 7. Si es así, si estamos arados por el lenguaje hasta el punto en que nuestro ser más vivo es indistinguible de ese surco, entonces el sarnoso poder de la pantalla —hoy en apariencia omnímodo— en realidad es frágil, de una frágil superficialidad. 8. La palabra que cura y la palabra que mata no se han desvanecido: que momentáneamente sean inaudibles las hace, si acaso, más densas en su fuerza. Aquí está en juego algo semejante a la inviolabilidad. La existencia del límite no hace seguramente la vida más fácil, pero sí más digna de ser vivida. 9. Kafka, que estudió Derecho de joven, solía decir que estudiar textos legales era como alimentar el espíritu con aserrín. Por desgracia, las fuentes de aserrín intelectual son mucho más numerosas. 10. Hay quien dice: «¡me cago en las vanguardias y en la puta que las parió!», sencillamente para no tener que decir: «¿por dónde se sale a la noche, al árbol mineral del cielo, a la resonancia de la primera pregunta?» 11. No escribimos para la historia de la literatura. Escribimos, entre otras cosas, para que en La Habana ese perro atropellado salga con bien del lance. Para que esa delicada concha sobre la arena sepa que lo que la vincula con el trozo de madera pulida es un hemistiquio. La poesía no es un asunto de sentimientos, es una cuestión de inscripciones; no es asunto de deudas, es menester de vinculaciones. 12. Dice el poeta que cada autor tiene el lenguaje que necesita... menos los malos autores, que tienen mucho más del que necesitan. 13. La escalera está podrida, y ni siquiera está claro que arriba se encuentre el alimento necesario. Pero tendrás que aprender a subir por los peldaños de tu sudor. 14. Dejadme llegar con vosotros a la fiesta de las elipsis. 15. Inversión: el saber de los ingenieros se aplica a la construcción de depósitos para la sequía. Y hay suficientes originales como para considerar esto normal. 16. La primera calidad del verdadero poder de dominación estriba en hacerse innombrable. 17. La prepotencia del que no tiene que ponerse de acuerdo con los demás es odiosa. Pero la elegancia del que no tiene que ponerse de acuerdo con los demás es repugnante. 18. Y sin embargo, al final de todos los finales, subsiste una cuestión esencial: ¿con quién estás? ¿Con los asesinos o los masacrados? ¿Con los explotadores o con los explotados? ¿Con los prepotentes o los humillados? ¿Con los verdugos o con las víctimas? 19. En cuanto te quedas de verdad solo, los animales se adelantan hacia ti. 20. El alma es música: pero música inacabada. OBSTÁCULO. ¿Qué estás escribiendo? Un obstáculo. Que quizá pueda ayudarte a desandar lo andado. Has ganado la punta de maldad que necesitan los buenos para ser auténticamente buenos. Has ganado la pizca de obscenidad que necesitan las mujeres para ser auténticamente misericordiosas. Has ganado la docena de escaleras, recámaras y dobles fondos que necesitan los cerebros para ser auténticamente imaginativos y precisos. Has ganado un par de kilos, pero te sientan como a una diosa anterior a la era de las liposucciones. El cambio, de un día a otro, es infinitesimal. Pero los días se van endeudando con semanas, las semanas imponen normas a los meses, los meses profieren rigurosas últimas advertencias contra los años, imperceptiblemente y sin claudicaciones han pasado cuatro años y eres otra —la misma, claro, y otra—, la metamorfosis se ha cumplido. Cuando te introduces en la cama a las seis de la mañana después de haber trabajado toda la noche y quieres hacer el amor desearía matarte desde luego, pero deseo mucho más aunque me halle confuso como pez arrojado a la luz desde lo más hondo del sueño submarino hasta en tus pliegues más blancos y secretos follarte, amiga dulcísima, mientras va amaneciendo a trompicones en este barrio de cristianos bemeuves y glaciales céspedes ingleses que no hemos elegido y del que esperamos poder escapar pronto. Has esquivado la baba de la muerte prendida a un hilo de risa y de miedo deslumbrante, te has ganado la vida los días en que la vida era tormento y también aquellos en que era juego, estás aquí, intacta y recreada, inconcebible e inconfundible, espejeante en la fuerza algebraica del deseo, en el exacto esplendor de la metamorfosis. ¡Pero qué guapas sois las chicas morenas con los ojos claros! Eres y estoy tan orgulloso que tenía que escribir este mensaje para hacértelo llegar, fax mediante, el 17 de diciembre de 1994. En el invierno del mundo, el caminante sólo llega donde ya está. En el verano, abandona el lugar donde nunca estuvo. Siendo Eric Arthur Blair un hombre con un millón de frutales plantados sobre la espalda, no importa tanto que tenga mala dentadura. Es de los que dejan abierta al menos una ventana de la casa, para no olvidar que afuera sigue haciendo frío. Le pongo la palma abierta de mi mano izquierda sobre el corazón. ¿Pero habría aún un lugar al que huir, veleidades de celebración, una rueda sin eje? La gran lápida vertical cubierta de musgo nos cierra el paso. Hay inercias más destructivas que ningún golpe, que ninguna inmediatez. La cabeza de muerto de Brassaï emerge de las sombras: su teatro carnal alimentó horas de agonía. «Los objetos me han ido elevando hasta su altura», le había dicho Goethe, animal prójimo, y él se lo repitió al anciano de Weimar a los ochenta y tres años. La cabeza de muerto del surrealismo emerge, llamarada de un deseo desarbolado, retráctil, incandescente; timón de una belleza involuntaria, radicalmente curada de nostalgia. Qué envergadura la de este jinete escamoso. El tren avanza hacia atrás, desde el último vagón me gritan: las cosas pueden hacerse de otra forma. La vida puede enlazarse con otra libertad. La cuestión es si comenzamos la línea con un cero o con un uno. El método que aconseja tomar como punto de partida la peor hipótesis posible pasa por ser racional y realista. Y en cierto sentido su racionalidad y realismo son incontestables. El problema es que semejante método nos pone en una situación en la cual la peor hipótesis posible adquiere una elevada propensión a abandonar el mundo de las hipótesis para encarnarse en el de las realidades. Los científicos sociales estudian estas profecías que arrastran consigo su propio cumplimiento. Si trato a mi hermano como si fuese un canalla, y le hago saber que lo considero un canalla, casi con toda seguridad se comportará como un canalla. Si señalo a mi vecino que lo considero un enemigo, y actúo como si fuese un enemigo, casi con toda seguridad él obrará como mi enemigo. Si te trato como a un cadáver, sin ponerte la mano encima estoy contribuyendo a matarte. En cada caso, cargándome —eso sí— de racionalidad y realismo. La cuestión es si comenzamos la línea con un cero o con un uno. Gandhi, antes de que comenzase la digitalización del mundo, escribió: «El socialismo comienza con el primer convencido. Si hay uno así se podrán agregar ceros al uno, y el primer cero contará por diez, y cada agregado valdrá diez veces el número anterior. Si no obstante el que comienza es cero —o, en otras palabras, nadie se atreve a empezar— la multiplicidad de ceros también producirá un valor de cero. El tiempo y el papel empleados en escribir ceros serán tan sólo desperdicios». También se puede releer a Monatte, un sindicalista francés de comienzos de siglo: «Cuando llego a un lugar y me dicen que no se puede hacer nada, inmediatamente pienso que está todo por hacer». Mutilada de sabiduría, rugosa dulce, cálida apiadada. No vamos a tolerar que un desorden celular cualquiera nos desbarate la vida. Hay un antes y un después, pero las posibilidades mejores no se extinguen, y una gota de zumo negro nos enriquece la lengua. Afuera encinas, cigüeñas fértiles, trenes que no prevarican, la nieve y todos sus animales blancos. Hay otra forma de hacer las cosas. El girasol lo sabe. El petirrojo lo sabe. El molino de viento lo sabe. Que el presidente del gobierno no lo sepa es sólo una contrariedad menor —a condición de que nosotros no perdamos la capacidad de desandar lo andado. Cuando la montaña herida se repliega a su calavera de cuarzo, continúa latiendo el corazón. Cuando la noche desjarretada intenta contar sus incontables sacos, sólo una pequeña parte de los cuales contiene grano comestible, y apenas sabe qué hacer con las manos torpes como cuerdas, ahí sigue la impertérrita almendrita roja desprovista de la ciencia del bien y del mal. Ciudadano corazón: hay que elegir entre descansar o ser libres. Eso lo dijo Tucídides, pero a la exuberancia juvenil de tu ventrículo le suena como una confidencia de la aorta. Ciudadano corazón: en el helado confín donde te mueves, escarcha retráctil, descoyuntada leyenda, ¿estás de veras listo para recibir el viático de tu amarga inmensidad?
|
|||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||