publicidad

 

Página principal
    Tenorio modernista : remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos
     ingénita del subintelectualmente Pablo Parellada
 Concordancia      Página principal Enviar comentarios Ficha de la obra Marcar esta página Índice de la obra Abajo
ArribaAbajo

Tenorio modernista

Remembrucia enoemática y jocunda en una película y tres lapsos


Pablo Parellada


[Nota preliminar: Edición digital basada en la edición de Madrid, R. Velasco, 1906. Esta edición ha sido cotejada con la que Carlos Serrano ha realizado en Carnaval en noviembre, parodias teatrales de Don Juan Tenorio, Alicante, Instituto Juan Gil-Albert, 1996, pp. 317-357.]




ArribaAbajo

Alma dedicante


Yo he restregado mi intelecto en las hipocrenieces de los efebos glaucos imperantes y afratelados en nexo exedraico.

Yo nimbé mi doliente espíritu con aromencias de crisantemos melancolinos, con irisaciones esfumadas de libélulas nictalopentes, con efluvios de nenúfares nostálgicos y emanaciones nefeloídeas de siringas neurasténicas.

Yo he quitaesenciado mis guedejas con cáncamo helénico.

Yo he delectado el beso del color en las fimbrias desfloradas de dejadeces abúlicas y he dado un buz al prístino opalescer del día abriente.

Yo he cruzado el expando en alas de una armonía pentamétrica, cristalización prolífica libada en las fontanas glaucas.

Yo debiera de ofrendar mi remembrucia donjuantenoriesca a la Secta imperante de efebos glaucos afratelados en nexo exedraico, alma máter de mi remembrucia.

Yo no ofrendaré mi remembrucia a la Secta imperante de efebos glaucos afratelados en nexo exedraico, alma máter de mi remembrucia.

Yo no procederé con la lógica obsoleta porque esto fuera proceder contra glaucura, y mi alma se siente glauca como los iris de una hetaira en el conticinio, en la intempesta...

Yo ofrendo media remembrucia a:

Don José Samaniego L. de Cegama

Yo ofrendo la otra media remembrucia a:

Don José Samaniego L. de Cegama

Yo no ofrendo otra media remembrucia porque no quedan más medias remembrucias.

Yo espero de Don José Samaniego L. de Cegama un prólogo, prolabio, proemio, protógala, prostetis, prótasis, atrio, vestíbulo, zaguán o frontispicio en el cual me ponga más allá del expando, según es práctica entre los efebos glaucos afratelados en nexo exedraico.

Pincia, 16 de Octubrescente de 1906.

Pablo Parellada.




ArribaAbajo

¡Isagoge!


¡Salve, panicida filenoso, que al poner bajo mi abrigaño las febriciteces de tu multicorde intelecto, hiciste colidir con la mía tu ánima venialmente cotufante!

¡Cómo isagogearte a ti, jocundo feruleador de favilosos cálamos, Anticristo de la floripondiez modernosa, juglero que musitas opognieces a la pálida musa de Verlaine!

Al eco jubiloso de tu sonolidante sistro, mi pájaro azul tornó a la libredumbre; orbiculó errabundo por las áureas golferieces de la cosmópolis celestiana, y avizoró añorante, embozada en los nimbos del misterio, la umbría de los bosques milenarios, do la cigarra helénica desgranó su ritma adormilente, y la cornamusa del divino Pan unisonó sibilina y milagrera con el carcajadeo de los sátiros y el tremar suspiroso de las ninfas.

Mi pájaro azul zigzagueó nostálgico.

Maya, la blonda virgen imposesa, testigueó su raudo voltijeo y ofrendole, protectrice, los lirios eucarísticos de sus manos -manos traslúcidas, manos flevilinas-, y mi pájaro azul sistolediastolizó en ellas grecitante, sistolediastolizó en ellas flajelino... Pero sistolediastolizó.

(Hemos quedado en que sistolediastolizó.)

Y como habiendo confianza da gusto, he aquí lo que musitó al oído de la púdica virgen, mi sincera avecilla:

-Sabrás, oh inasequible y codiciada esfinge, ante quien por tan varias y laberínticas sendas se encamina la innúmera caravana de soñadores, que un esforzado paladín del clasicismo hispano acaba de asestar, valiéndose de las artes del ingenio, mortífero golpe a la greñuda grey que sirve a la escarlata la lengua de Cervantes, el divino.

No he de hacer yo que ignores, oh enigmática soberana de un país ideal, que las imperecederas gallardías donjuanescas, vividas donosamente al modo glauco, son el ataque más formidable, trascendental y valeroso infligido al estetismo militante en su asendereada retaguardia. Y convendrás conmigo en que si en la regeneradora misión de dar al traste con faunos patizambos, siringas hipóginas, libélulas verdescentes, féminas cloróticas y nenúfares sitibundos, contase el insigne autor de Tenorio Glauco con el concurso de media docena de escritores de su talla artística y de su sinceridad literaria, la peluda cohorte de Verlaine podía ir pensando en cortarse con serrucho las melenas.

No podrás negarme, oh Maya, que si por mal entendidos convencionalismos tal cosa no sucediera y siguiese triunfando Glauco, hijo legítimo de Sísifo el embustero, no por ello sería menor la gloria ni menos dignos de encomio los merecimientos de quien en nombre del sentido común y jugándoselo todo en la partida, predicó con el ejemplo, fiel a la máxima del ilustre Goethe, que dice: «No pegues en el avispero, mas si lo haces, ¡da de firme!».

Y como sobre el avispero del modernismo hay que pegar sin duelo, como pegó Cervantes sobre el de los libros de caballería, y como el hecho de no haber existido más que un Cervantes no pude autorizar que sean tolerados y aplaudidos por más tiempo los ridículos desmanes de la andante glauquería, yo aplaudo con toda mi alma a Melitón González y no ofendo con nuevos elogios su modestia, porque la saladísima remembrucia con que ha honrado el nombre de mi dueño, dice en alabanza de su autor mucho más que cuanto mi pico pudiera musitar en tu oído...

Maya, la púdica virgen imposesa, palmoteó con entusiasmo y mi pájaro azul voló...

¡Salve, panicida filenoso, Anticristo de la floripondiez modernosa, joglero cotufante y multicorde, que pusiste bajo mi abrigaño las fulgurosas albescencias de tu mágica siringa!...

¡Anda la siringa!

José Samaniego L. de Cegama.




ALICUANTAMIENTO

SERES
 
ACTORES
 
DON JUAN. BARRAYCOA.
DON LUIS. SIMÓ-RASO.
COMENDADOR. RUBIO.
DON DIEGO. PACHECO.
CAPITÁN. ZORRILLA.
BUTTARELLI. LA RIVA.
NENUFAREDA. DE DIEGO.
PRAXITELES. ROMEA.
MIGUEL. R. DE LA MATA.
CHÓFER. PADILLA.
SERAS
 
ACTRICES
 
DOÑA INÉS. DOMUS.
BRÍGIDA. VALVERDE.



ArribaAbajo

Retundidos


Doña Inés viste olosérica, verdegayante con brillanteces áureas, aunque mística, magüer que modernista smart.

Brígida sigue negrescente como antes, alegrada su falda con greca bordeante, compuesta de una carta, una llave, otra carta, otra llave, otra carta, otra llave... de tamaño natural o supernatural, y amenizada la greca con lentejuelas de azur o violáceas.

Don Juan y Don Luis visten traje de esport; gorra de moda con chapita, banderita, etc., al frente; cazadora con cinturón del mismo paño, polainas gualdas o media exótica.

Comendador y Don Diego, lo mismo pero de negro; capa moderna. El primero lleva en la cazadora la cruz del trébol rojo, antiparras de automovilistas, lo mismo que Don Juan y Don Luis, en el primer lapso.

Nenufareda y Capitán, esmoquinizados y calzoncorteados.

Praxiteles, tipo parisién barriolatinesco.

Estatua del Comendador, blanca, de levita y chistera.

Buttarelli y Miguel, lógicamente.




ArribaAbajo

Plañería


Si el señor Guión escénico desea introducir alguna variante, sea fina y de quiroteca albescente.




ArribaAbajo

Apostilla


Esta obra será soporosa a todo público alpargatífero o que muestre deleiteces por Talía putrefacta. Ténganlo presente las Gangarillas, Naques y Cambales generochiquitescas.






ArribaAbajo

Lapso prístino


 
Hora y lugar. Es la hora carmínea. Aspecto interno de un asomoar; válvula al frente por la que se pupilea la calle; un reloj mural.

 

Apulso prístino

 
BUTTARELLI, asimilándose un libro; después vendrá MIGUEL.

 
BUTTARELLI.-

 (Lee.) 

   «Los rápidos vencejos,
    los rápidos conejos,
   se pierden lejos, lejos
   si corren hacia allá.
    Los rápidos vencejos,  5
   los rápidos conejos,
   no llegan lejos, lejos
   si corren hacia acá.
      Lejos están,
   rápidos pasan, tornan, giran;  10
    rápidos pasan, tornan, van».

¡Hermoso! ¡Onomatopéyico! Se ven pasar los conejos por entre los pies de uno.

   «Rápidos pasan, tornan, giran;
    rápidos pasan, tornan, van».

¡Qué descriptivo!


MIGUEL.-   (Por el foro.)  Señor amo.

BUTTARELLI.-  ¿Qué aportas, Miguel?

MIGUEL.-  En la librería me han dado esto para usted.

BUTTARELLI.-  No se dice librería, se dice el universo empastado, la alacena de intelecto.

MIGUEL.-  Bueno, pues en la alacena me han dado este cartabón.  (Manifiesta un libro triangular y de colores chillones.) 

BUTTARELLI.-  Otro libro de poesías.

MIGUEL.-  Modernistas rabiosas.

BUTTARELLI.-  Magnificente; forma triangúlica.

MIGUEL.-  Cuando me lo dieron pensé si sería un bacalao.

BUTTARELLI.-  Pero, colaterálico fámulo, efebo prosaico, ¿crees posibelente que una intelectualidad hipocrénica se exteriorice en forma bacalácea?

MIGUEL.-  De todo son capaces esos poetas melenudos.

BUTTARELLI.-  Se dice hirsutos.

MIGUEL.-  Yo hablo a la pata la llana.

BUTTARELLI.-  Patalallaneas.

MIGUEL.-  Eso, patalallaneo.

BUTTARELLI.-  Tú eres un terreno de secano, yo, de mojano; tú darás maleza, yo daré bueneza, porque he regado mi intelecto con la lectura de «Silencios precoces» y «Charcas compungidas».  (Mostrando el libro.) 

MIGUEL.-  Bueno, pues abra usted esa regadera.

BUTTARELLI.-   (Abre y lee.)  «Aurelius Rodrígueris». ¡Buena firma! «Construcción en doce lapsos». Que son: «Alma Enero; alma Febrero; alma Marzo; alma Abril»...

MIGUEL.-  Etcétera.

BUTTARELLI.-  Hasta «Alma Diciembre».

MIGUEL.-  Los doce meses del año...

BUTTARELLI.-  ¡Y qué título! ¡Qué título! Luego decís de los modernistas. ¿Qué título debe ponerse al manojo de las doce almas de los doce meses del año?

MIGUEL.-  ¿Qué sé yo?

BUTTARELLI.-  «Alma... naque».

MIGUEL.-  A mí deme usted «El diablo mundo».

BUTTARELLI.-  Rudeces grises.  (Despectivo.) 

MIGUEL.-  ¿Y el Tenorio?

BUTTARELLI.-  Anticuado, obsoleto, vulgarideces grisáceas. ¡Ah, si el Tenorio estuviese escrito por los míos!

MIGUEL.-  Quisiera verlo; el Tenorio con hipos verdes y flatulencias azules. Me voy a fregar platos.

BUTTARELLI.-  A fregoplatear.  (Echándole.) 



Apulso bis

 
BUTTARELLI. Lee.

 

   «Alma Agosto,
   tiempo caluroso,  15
   suelo resecáceo,
encuéntrase tan sólo algo frescoso
       el cetáceo.
   Aire caligino,
   brisa de rescoldo,  20
impónese el gazpacho de pepino
      y el toldo.
   Ronronean moscas
   y demás compinches,
    y se ponen hoscas  25
      las chinches.
   Tarde bochornídea,
   el pastor sestea,
   se tumbalarguídea
   y piernasueltea».  30

BUTTARELLI.-  «¡Tumbalarguídea!» «¡Piernasueltea!» ¡Hermoso! Si con este lenguaje se escribiera el Tenorio... ¡Ah! Yo, yo lo escribo, pero... poco a poco; primero pensemos la obra, vamos a verla con los ojos del intelecto. Ya tiene título: «El Tenorio Glauco». Reparto: Seres: don Juan, don Luis... etc. Seras: doña Inés, doña Brígida... etc. «Se levanta el telón...» no, eso es anticuado; «se atabilla el caladaris», más moderno. Lapso primero; nada de hostería, el bar; don Juan labora la carta en una máquina de escribir... tiqui... tiqui... tiqui; Buttarelli dispone los beberes  (Botellas.)  y los sentares.  (Sillas. Entonado.) 


   Y luego el Comendador,
    que llega y dice al entrar:

 
(El reloj cambia su esfera por otra transparente que, en vez de las horas, tiene diferentes colores y señala el rojo; de este tono se esplendoriza la escena.)

 


Apulso trino

 
BUTTARELLI, COMENDADOR, por el foro.

 
COMENDADOR
¿Sois el dueño de este bar?
BUTTARELLI
(¡Don Gonzalo!) Servidor.
COMENDADOR
Laconizad. ¿A un don Juan 35
y a un don Luis conocéis vos?
BUTTARELLI
En breve lapso, los dos
aquí conjuncionarán.
COMENDADOR
Conozco su apuesta ruin.
BUTTARELLI
Veremos quién gana o pierde. 40
COMENDADOR
¿A qué hora?
BUTTARELLI
A la hora verde.
COMENDADOR
Estamos en la carmín.
BUTTARELLI
Así lo dice el reló.

 (El reloj mural.) 

COMENDADOR
El mío se me ha parado.

 (Lo lleva en la muñeca.) 

BUTTARELLI
Lleváreisle colocado 45
a la moda, como yo.

 (En un tobillo.) 

COMENDADOR
Si en los pies me lo pusiese,
¿qué ventaja reportara?
BUTTARELLI
Que constantemente andara,
andaría o anduviese. 50
COMENDADOR
Desde aquí tomaré notas.

 (Se sienta.) 

BUTTARELLI
¿Queréis leche adulterada?
¿Vino pernicioso?
COMENDADOR
Nada.
BUTTARELLI
¿Con o sin gotas?
COMENDADOR
Sin gotas.


Apulso cuarto

 
Dichos, por foro DON DIEGO, con un papelito que lee.

 
BUTTARELLI
(¡Otro embozado negroso!) 55
DON DIEGO

 (Lee.) 

«Tres y cinco, bulevar».
(Aquí debe ser.) ¿El bar
del símbolo victorioso?
BUTTARELLI
Estáis bajo su dintel;
internad, buen caballero. 60
DON DIEGO
¿Está en el bar el barero?
BUTTARELLI
Palabrando estáis con él.
DON DIEGO
Vengo para presenciar
un mat de que me han hablado.
BUTTARELLI
Sentoso y antifaceado 65
lo podréis pupilear.


Apulso quinto

 
Dichos, por el foro CAPITÁN y NENUFAREDA, y otros más si la compañía dispone de ellos.

 
NENUFAREDA
Ya están los dos en Sevilla.
CAPITÁN
Entremos, Nenufareda.
BUTTARELLI
Señor Capitán eléctrico...
¿Cómo vos por estas tierras? 70
CAPITÁN
Siempre fui coincidente
en toda función orgiesca.
NENUFAREDA
Tráenos algo que libar.
BUTTARELLI
Lenguajid lo que desean:
cocaína, éter sulfúrico, 75
inyecciones hipodérmicas...
CAPITÁN
Tupinambo.
NENUFAREDA
Torrefacto.
BUTTARELLI
Al punto.

 (Vase izquierda.) 

CAPITÁN
Las verdes suenan.
 
(El reloj señala verde; la escena luciernaginea de este color.)

 


Apulso sexto

 
Dichos, por la válvula fórica o forense. DON JUAN, DON LUIS y otros efebos. Los dos primeros van a ocupar las sillas que por tradición les corresponden.

 
DON JUAN
Ese artefacto sedente
es para un bohemio gris. 80
DON LUIS
Es para mí.
DON JUAN
Sois don Luis.
DON LUIS
Sois don Juan.
DON JUAN
Precisamente.
 
(Se quitan la cáscara facial.)

 
DON LUIS
Horario no lapidemos
y a contar las fechorieces.
DON JUAN
Antes, unas predulieces 85
de vermut.
DON LUIS
Vermuticemos.
 
(Vermutizan.)

 
DON JUAN
Pues, señor, salí de aquí
albescente y opalino
y, arrabundífero, di
en Mónaco, porque allí 90
tiene el Príncipe un casino.
De féminas y de espor
horizontálica tierra,
y en ella, un gobernador
que a los puntos no da guerra 95
por timbar, ¿dónde mejor?
Donde hay casinos, hay juegos,
floresta, en los cercaníos;
frutesta, en los lejaníos;
vellonesca, en los borregos; 100
y anguilesca por los ríos.
Para la apuesta empezar,
mandé publicar en dos
periódicos al llegar:
Rest isí mesié Tenoar 105
pur qui desir quelque chos.
Las mónacas estatuosas,
sus caderas anforosas,
yo doliente y neurasténico...
mis pasiones de bohémico 110
se vieron expansionosas.
Pero como me jugué
mi dinero al ecarté,
era Mónaco muy tétrico
y tomando un kilométrico 115
en Milán me desgrané.
Así que en Milán me vi
otro reclam escribí,
claro está, en italianini:
Arrivato Tenorini 120
e non che huomo per lui;
di la princhipesa altese
a pescatora di angüila
di cuesto belo paese,
amerá lui, e desofïla 125
a tuti gli milanese.
No hubo mat, ni pul, ni espor
sin yo batir el recor
en mi automóvil montado
ni camino del Estado 130
que no llenara de horror.
Yo muerte a personas di,
yo carros atropellé,
sobre los mulos me fui
y todo cuanto encontré 135
a mi paso, lo barrí.
Así automovilizó
don Juan, y en este carné
están los que atropelló:
cuánto suman todos, yo, 140
como son tantos, no sé;
si lo queréis comprobar
sin matematiquizar,
os lo mostrará en el acto
de modo breve y exacto 145
mi máquina de sumar.

 (La manifiesta.) 

DON LUIS
Buscando mayorizar
de mi hálito los expandes,
dije: ¿Qué mejor lugar
tratando de flanear 150
más indicado que Flandes?
Movibundo y rapidero,
de Flandes tomé el camino
un mañano diciembrero
de celaje cenicero 155
verdente y melancolino.
Así que flandequicé,
a un esporman-Club subí,
allí treinta cuarenté,
y dobla que yo jugué 160
fue dobla que yo perdí.
Al verme tan... desdoblado,
me ofrendé como chofer
en casa de un millonado
a la industria dedicado 165
del cochaje de alquiler.
Bien me amusé, ¡Sacrenón!,
y manejando el volante
fue tanta mi diversión,
que atropellamos en Gante 170
a una santa procesión;
gasolineando entre gentes
apostólico-creyentes,
aplasté catorce oblatas,
ocho curas negrescentes 175
y veintisiete beatas.
A Berlín marché al instante,
pero cierto almacenante
de bicarbonato sódico
me conoció, y el tunante 180
me delató en un periódico.
Corriendo a Persia me fui
y, como en Mónaco vos,
otro cartel escribí
en persa: «Maja lají, 185
jala jila, jala, jos».
Inmoverá dos semanas
sin otras cuentas galanas
ni otro negocio entre manos
que reñir con los persianos 190
y adorar a las persianas.
En Forbules, Lantenis,
Matinés, Gardenpartis...
donde fue la gente esporman,
se cristalizó en recorman 195
con su automóvil, don Luis.
Por donde automovilé
el pánico introducí,
a quien quise atropellé
y hedionda peste dejé 200
de gasolina tras mí.
Para ver cuántos mató
don Luis, y mostrar que no
son cuentas exageráneas,
aquí están las instantáneas 205
que de los muertos sacó.

 (Las manifiesta.) 

COMENDADOR
¡Decadentes! A no estar
proclive a descaecer
había de exhaustecer
vuestra manera de hablar. 210

  (Se descacarilla la faz.) 

DON JUAN
¡Ullón!
COMENDADOR
Con doña Inés
no esperéis el desposario;
quien destroza el diccionario
como vos, a Leganés.
DON JUAN
Me hacéis brotar el risaje, 215
modernizar es lo estético;
lo que es del Cosmos, «Cosmético»,
¿grupo de coros? «Coraje».
De funda, «Fundamentar»;
varias calvas, «Un calvario»; 220
tenor de ópera, «Operario»;
comer de balde, «Baldear».
DON DIEGO
No puedo más tu cinismo
escuchar, porque es ultraje
de Cervantes al lenguaje, 225
y al sagrado clasicismo.
Glauco prosigue, pero, ¡ay!,
por tu lenguaje epidémico
ya no serás académico;
me lo ha dicho Echegaray. 230
DON JUAN
¿Quién ultrajecervanteó
por palabrizar así,
ni qué me importa, en Madrí,
ser académico o no?
DON DIEGO
Adiós, don Juan.
DON JUAN
No será
235
sin quitarte la careta.

 (Lo ejecuta.) 

DON DIEGO
¡Barro parisién! ¡Esteta!
DON JUAN
¡El marido de mamá!

 (Jocundo.) 

COMENDADOR
Vamos, don Diego.

 (Evacua por la válvula forense acompañado de DON DIEGO.) 

DON JUAN
Don Luis,
mañana continuaremos. 240
DON LUIS
Aquí mismo nos veremos.

 (Vase.) 

DON JUAN
A las verde, la reprís.
CAPITÁN
Que aquí todo el mundo se halle.

 (Vase con NENUFAREDA.)