 Rimas y leyendas
Gustavo Adolfo Bécquer
 Introducción
Por los tenebrosos rincones de mi
cerebro, acurrucados y desnudos, duermen los extravagantes hijos de mi
fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra para
poderse presentar decentes en la escena del mundo.
Fecunda, como el lecho de amor de la
miseria, y parecida a esos padres que engendran más hijos de los que
pueden alimentar, mi musa concibe y pare en el misterioso santuario de la
cabeza, poblándola de creaciones sin número, a las cuales ni mi
actividad ni todos los años que me restan de vida serían
suficientes a dar forma.
Y aquí dentro, desnudos y
deformes, revueltos y barajados en indescriptible confusión, los siento
a veces agitarse y vivir con una vida oscura y extraña, semejante a la
de esas miríadas de gérmenes que hierven y se estremecen en una
eterna incubación dentro de las entrañas de la tierra, sin
encontrar fuerzas bastantes para salir a la superficie y convertirse, al beso
del sol, en flores y frutos.
Conmigo van, destinados a morir conmigo,
sin que de ellos quede otro rastro que el que deja un sueño de la media
noche, que a la mañana no puede recordarse. En algunas ocasiones, y ante
esta idea terrible, se subleva en ellos el instinto de la vida, y
agitándose en formidable aunque silencioso tumulto, buscan en tropel
por dónde salir a la luz, de entre las tinieblas en que viven. Pero, ¡ay!,
que entre el mundo de la idea y el de la forma existe un abismo que sólo
puede salvar la palabra, y la palabra, tímida y perezosa, se niega a
secundar sus esfuerzos. Mudos, sombríos e impotentes, después de
la inútil lucha vuelven a caer en su antiguo marasmo. ¡Tal caen
inertes en los surcos de las sendas, si cesa el viento, las hojas amarillas que
levantó el remolino!
Estas sediciones de los rebeldes hijos
de la imaginación explican algunas de mis fiebres: ellas son la causa,
desconocida para la ciencia, de mis exaltaciones y mis abatimientos. Y
así, aunque mal, vengo viviendo hasta aquí paseando por entre la
indiferente multitud esta silenciosa tempestad de mi cabeza. Así vengo
viviendo; pero todas las cosas tienen un término, y a éstas hay
que ponerles punto.
El insomnio y la fantasía siguen
y siguen procreando en monstruoso maridaje. Sus creaciones, apretadas ya como
las raquíticas plantas de un vivero, pugnan por dilatar su
fantástica existencia disputándose los átomos de la
memoria, como el escaso jugo de una tierra estéril. Necesario es abrir
paso a las aguas profundas, que acabarán por romper el dique,
diariamente aumentadas por un manantial vivo.
¡Andad, pues! Andad y vivid con la
única vida que puedo daros. Mi inteligencia os nutrirá lo
suficiente para que seáis palpables; os vestirá, aunque sea de
harapos, lo bastante para que no avergüence vuestra desnudez. Yo quisiera
forjar para cada uno de vosotros una maravillosa estrofa tejida con frases
exquisitas, en la que os pudierais envolver con orgullo como en un manto de
púrpura. Yo quisiera poder cincelar la forma que ha de conteneros, como
se cincela el vaso de oro que ha de guardar un preciado perfume. Mas es
imposible.
No obstante, necesito descansar;
necesito, del mismo modo que se sangra el cuerpo por cuyas henchidas venas se
precipita la sangre con pletórico empuje, desahogar el cerebro,
insuficiente a contener tantos absurdos.
Quedad, pues, consignados aquí
como la estela nebulosa que señala el paso de un desconocido cometa,
como los átomos dispersos de un mundo en embrión que avienta por
el aire la muerte antes que su creador haya podido pronunciar el
fiat lux que separa la claridad de las
sombras.
No quiero que en mis noches sin
sueño volváis a pasar por delante de mis ojos en extravagante
procesión pidiéndome, con gestos y contorsiones, que os saque a la
vida de la realidad, del limbo en que vivís, semejantes a fantasmas sin
consistencia. No quiero que al romperse este arpa, vieja y cascada ya, se
pierdan, a la vez que el instrumento, las ignoradas notas que contenía.
Deseo ocuparme un poco del mundo que me rodea, pudiendo, una vez vacío,
apartar los ojos de este otro mundo que llevo dentro de la cabeza. El sentido
común, que es la barrera de los sueños, comienza a flaquear, y
las gentes de diversos campos se mezclan y confunden. Me cuesta trabajo saber
qué cosas he soñado y cuáles me han sucedido. Mis afectos
se reparten entre fantasmas de la imaginación y personajes reales. Mi
memoria clasifica, revueltos, nombres y fechas de mujeres y días que han
muerto o han pasado, con los días y mujeres que no han existido sino en
mi mente. Preciso es acabar arrojándoos de la cabeza de una vez para
siempre.
Si
morir es dormir, quiero dormir en paz en la
noche de la muerte, sin que vengáis a ser mi pesadilla
maldiciéndome por haberos condenado a la nada antes de haber nacido. Id,
pues, al mundo a cuyo contacto fuisteis engendrados, y quedad en él como
el eco que encontraron en un alma que pasó por la tierra sus
alegrías y sus dolores, sus esperanzas y sus luchas.
Tal vez muy pronto tendré que
hacer la maleta para el gran viaje. De una hora a otra puede desligarse el
espíritu de la materia para remontarse a regiones más puras. No
quiero, cuando esto suceda, llevar conmigo, como el abigarrado equipaje de un
saltimbanqui, el tesoro de oropeles y guiñapos que ha ido acumulando la
fantasía en los desvanes del cerebro.
Junio de 1868.
 Rimas
- I -
|
| Yo sé un himno gigante y extraño | | | | que anuncia en la noche del alma una aurora, | | | | y estas páginas son de ese himno | | | | cadencias que el aire dilata en las sombras. | | |
|
| Yo quisiera escribirlo, del hombre | | | | domando el rebelde, mezquino idioma, | | | | con palabras que fuesen a un tiempo | | | | suspiros y risas, colores y notas. | | |
|
| Pero en vano es luchar; que no hay cifra | | | | capaz de encerrarlo, y apenas ¡oh, hermosa! | | | | si, teniendo en mis manos las tuyas, | | | | pudiera, al oído, contártelo a solas. | | |
|
- II -
|
|  Saeta que voladora | | | | cruza, arrojada al azar, | | | | sin adivinarse dónde | | | | temblando se clavará; | | |
|
| hoja que del árbol seca | | | | arrebata el vendaval, | | | | sin que nadie acierte el surco | | | | donde a caer volverá; | | |
|
| gigante ola que el viento | | | | riza y empuja en el mar, | | | | y rueda y pasa, y no sabe | | | | qué playas buscando va; | | |
|
| luz que en cercos temblorosos | | | | brilla, próxima a expirar, | | | | ignorándose cuál de ellos | | | | el último brillará; | | |
|
| eso soy yo, que al acaso | | | | cruzo el mundo, sin pensar | | | | de dónde vengo ni a dónde | | | | mis pasos me llevarán. | | |
|
- III -
|
|  Sacudimiento extraño | | | | que agita las ideas, | | | | como el huracán empuja | | | | las olas en tropel; | | |
|
| murmullo que en el alma | | | | se eleva y va creciendo, | | | | como volcán que sordo | | | | anuncia que va a arder; | | |
|
| deformes siluetas | | | | de seres imposibles; | | | | paisajes que aparecen | | | | como a través de un tul; | | |
|
| colores, que fundiéndose | | | | remedan en el aire | | | | los átomos del iris, | | | | que nadan en la luz; | | |
|
| ideas sin palabras, | | | | palabras sin sentido; | | | | cadencias que no tienen | | | | ni ritmo ni compás; | | |
|
| memorias y deseo | | | | de cosas que no existen; | | | | accesos de alegría, | | | | impulsos de llorar; | | |
|
| actividad nerviosa | | | | que no halla en qué emplearse; | | | | sin rienda que lo guíe | | | | caballo volador; | | |
|
| locura que el espíritu | | | | exalta y enardece; | | | | embriaguez divina | | | | del genio creador... | | | | ¡Tal es la inspiración! | | |
|
|
| Gigante voz que el caos | | | | ordena en el cerebro, | | | | y entre las sombras hace | | | | la luz aparecer; | | |
|
| brillante rienda de oro | | | | que poderosa enfrena | | | | de la exaltada mente | | | | el volador corcel; | | |
|
| hilo de luz que en haces | | | | los pensamientos ata; | | | | sol que las nubes rompe | | | | y toca en el cenit; | | |
|
| inteligente mano | | | | que en un collar de perlas | | | | consigue las indóciles | | | | palabras reunir; | | |
|
| armonioso ritmo | | | | que con cadencia y número | | | | las fugitivas notas | | | | encierra en el compás; | | |
|
| cincel que el bloque muerde | | | | la estatua modelando, | | | | y la belleza plástica | | | | añade a la ideal; | | |
|
| atmósfera en que giran | | | | con orden las ideas, | | | | cual átomos que agrupa | | | | recóndita atracción | | |
|
| raudal en cuyas ondas | | | | su sed la fiebre apaga; | | | | oasis que al espíritu | | | | devuelve su vigor... | | |
|
| ¡Tal es nuestra razón! | | | | Con ambas siempre lucha | | | | y de ambas vencedor, | | | | tan sólo el genio puede | | | | a un yugo atar las dos. | | |
|
|
- IV -
|
|  No digáis que agotado su tesoro, | | | | de asuntos falta, enmudeció la lira; | | | | podrá no haber poetas; pero siempre | | | | habrá poesía. | | |
|
| Mientras las ondas de la luz al beso | | | | palpiten encendidas; | | | | mientras el sol las desgarradas nubes | | | | de fuego y oro vista; | | |
|
| mientras el aire en su regazo lleve | | | | perfumes y armonías; | | | | mientras haya en el mundo primavera, | | | | ¡habrá poesía! | | |
|
| Mientras la ciencia a descubrir no alcance | | | | las fuentes de la vida, | | | | y en el mar o en el cielo haya un abismo | | | | que al cálculo resista; | | |
|
| mientras la humanidad, siempre avanzando | | | | no sepa a do camina; | | | | mientras haya un misterio para el hombre, | | | | ¡habrá poesía! | | |
|
| Mientras sintamos que se alegra el alma, | | | | sin que los labios rían; | | | | mientras se llore sin que el llanto acuda | | | | a nublar la pupila; | | |
|
| mientras el corazón y la cabeza | | | | batallando prosigan; | | | | mientras haya esperanzas y recuerdos, | | | | ¡habrá poesía! | | |
|
| Mientras haya unos ojos que reflejen | | | | los ojos que los miran; | | | | mientras responda el labio suspirando | | | | al labio que suspira; | | |
|
| mientras sentirse puedan en un beso | | | | dos almas confundidas; | | | | mientras exista una mujer hermosa | | | | ¡habrá poesía! | | |
|
- V -
|
|  Espíritu sin nombre, | | | | indefinible esencia, | | | | yo vivo con la vida | | | | sin formas de la idea. | | |
|
| Yo nado en el vacío, | | | | del sol tiemblo en la hoguera, | | | | palpito entre las sombras | | | | y floto con las nieblas. | | |
|
| Yo soy el fleco de oro | | | | cae la lejana estrella; | | | | yo soy de la alta luna | | | | la luz tibia y serena. | | |
|
| Yo soy la ardiente nube | | | | que en el ocaso ondea; | | | | yo soy del astro errante | | | | la luminosa estela. | | |
|
| Yo soy nieve en las cumbres, | | | | soy fuego en las arenas, | | | | azul onda en los mares | | | | y espuma en las riberas. | | |
|
| En el laúd soy nota, | | | | perfume en la violeta, | | | | fugaz llama en las tumbas | | | | y en las ruinas hiedra. | | |
|
| Yo atrueno en el torrente, | | | | y silbo en la centella, | | | | y ciego en el relámpago, | | | | y rujo en la tormenta. | | |
|
| Yo río en los alcores, | | | | susurro en la alta yerba, | | | | suspiro en la onda pura, | | | | y lloro en la hoja seca. | | |
|
| Yo ondulo con los átomos | | | | del humo que se eleva | | | | y al cielo lento sube | | | | en espiral inmensa. | | |
|
| Yo, en los dorados hilos | | | | que los insectos cuelgan, | | | | me mezco entre los árboles | | | | en la ardorosa siesta. | | |
|
| Yo corro tras las ninfas | | | | que en la corriente fresca | | | | del cristalino arroyo | | | | desnudas juguetean. | | |
|
| Yo, en bosques de corales | | | | que alfombran blancas perlas, | | | | persigo en el Océano | | | | las náyades ligeras. | | |
|
| Yo, en las cavernas cóncavas, | | | | do el sol nunca penetra, | | | | mezclándome a los gnomos, | | | | contemplo sus riquezas. | | |
|
| Yo busco de los siglos | | | | las ya borradas huellas, | | | | y sé de esos imperios | | | | de que ni el nombre queda. | | |
|
| Yo sigo en raudo vértigo | | | | los mundos que voltean, | | | | y mi pupila abarca | | | | la creación entera. | | |
|
| Yo sé de esas regiones | | | | a do un rumor no llega, | | | | y donde informes astros | | | | de vida un soplo esperan. | | |
|
| Yo soy sobre el abismo | | | | el puente que atraviesa; | | | | yo soy la ignota escala | | | | que el cielo une a la tierra. | | |
|
| Yo soy el invisible | | | | anillo que sujeta | | | | el mundo de la forma | | | | al mundo de la idea. | | |
|
| Yo, en fin, soy ese espíritu, | | | | desconocida esencia, | | | | perfume misterioso, | | | | de que es vaso el poeta. | | |
|
- VI -
|
|  Como la brisa que la sangre orea | | | | sobre el oscuro campo de batalla, | | | | cargada de perfumes y armonías | | | | en el silencio de la noche vaga; | | |
|
| símbolo del dolor y la ternura, | | | | del bardo inglés en el horrible drama, | | | | la dulce Ofelia, la razón perdida, | | | | cogiendo flores y cantando pasa. | | |
|
- VII -
|
|  Del salón en el ángulo oscuro, | | | | de su dueño tal vez olvidada, | | | | silenciosa y cubierta de polvo | | | | veíase el arpa. | | |
|
| ¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, | | | | como el pájaro duerme en las ramas, | | | | esperando la mano de nieve | | | | que sabe arrancarlas! | | |
|
| ¡Ay! -pensé-. ¡Cuántas veces el genio | | | | así duerme en el fondo del alma, | | | | y una voz, como Lázaro, espera | | | | que le diga: «Levántate y anda!» | | |
|
- VIII -
|
|  Cuando miro el azul horizonte | | | | perderse a lo lejos, | | | | al través de una gasa de polvo | | | | dorado e inquieto, | | | | me parece posible arrancarme | | | | del mísero suelo | | | | y flotar con la niebla dorada | | | | en átomos leves | | | | cual ella deshecho. | | |
|
| Cuando miro de noche en el fondo | | | | oscuro del cielo | | | | las estrellas temblar, como ardientes | | | | pupilas de fuego, | | | | me parece posible a do brillan | | | | subir en un vuelo | | | | y anegarme en su luz, y con ellas | | | | en lumbre encendido | | | | fundirme en un beso. | | |
|
| En el mar de la duda en que bogo | | | | ni aun sé lo que creo; | | | | ¡sin embargo, estas ansias me dicen | | | | que yo llevo algo | | | | divino aquí dentro!... | | |
|
- IX -
| |  Besa el aura que gime blandamente | | | | las leves ondas que jugando riza; | | | | el sol besa a la nube en Occidente | | | | y de púrpura y oro la matiza; | | | | la llama en derredor del tronco ardiente | | | | por besar a otra llama se desliza, | | | | y hasta el sauce inclinándose a su peso, | | | | al río que le besa, vuelve un beso. | | |
- X -
| |  Los invisibles átomos del aire | | | | en derredor palpitan y se inflaman; | | | | el cielo se deshace en rayos de oro; | | | | la tierra se estremece alborozada; | | | | oigo flotando en olas de armonía | | | | rumor de besos y batir de alas; | | | | mis párpados se cierran... ¿Qué sucede? | | | | ¡Es el amor, que pasa! | | |
- XI -
|
|  -Yo soy ardiente, yo soy morena, | | | | yo soy el símbolo de la pasión; | | | | de ansia de goces mi alma está llena; | | | | ¿a mí me buscas? -No es a ti, no. | | |
|
| -Mi frente es pálida; mis trenzas, de oro; | | | | puedo brindarte dichas sin fin; | | | | yo de ternura guardo un tesoro; | | | | ¿a mí me llamas? -No, no es a ti. | | |
|
| -Yo soy un sueño, un imposible, | | | | vano fantasma de niebla y luz; | | | | soy incorpórea, soy intangible; | | | | no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú! | | |
|
- XII -
|
|  Porque son, niña, tus ojos | | | | verdes como el mar te quejas: | | | | verdes los tienen las náyades, | | | | verdes los tuvo Minerva | | | | y verdes son las pupilas | | | | de las hurís del profeta. | | |
|
| El verde es gala y ornato | | | | del bosque en la primavera. | | | | Entre sus siete colores | | | | brillante el iris lo ostenta. | | | | Las esmeraldas son verdes, | | | | verde el color del que espera | | | | y las ondas del Océano | | | | y el laurel de los poetas. | | |
|
| Es tu mejilla temprana | | | | rosa de escarcha cubierta, | | | | en que el carmín de los pétalos | | | | se ve al través de las perlas. | | | | Y sin embargo, | | | | sé que te quejas | | | | porque tus ojos | | | | crees que la afean: | | | | pues no lo creas, | | | | que parecen tus pupilas, | | | | húmedas, verdes e inquietas, | | | | tempranas hojas de almendro | | | | que al soplo del aire tiemblan. | | |
|
| Es tu boca de rubíes | | | | purpúrea granada abierta. | | | | que en el estío convida a | | | | apagar la sed en ella. | | | | Y sin embargo, | | | | sé que te quejas | | | | porque tus ojos | | | | crees que la afean: | | | | pues no lo creas, | | | | que parecen, si enojada | | | | tus pupilas centellean, | | | | las olas del mar que rompen | | | | en las cantábricas peñas. | | |
|
| Es tu frente que corona | | | | crespo el oro en ancha trenza, | | | | nevada cumbre en que el día | | | | su postrera luz refleja. | | | | Y sin embargo, | | | | sé que te quejas | | | | porque tus ojos | | | | crees que la afean: | | | | pues no lo eras, | | | | que, entre las rubias pestañas, | | | | junto a las sienes, semejan | | | | broches de esmeralda y oro | | | | que un blanco armiño sujetan. | | |
|
- XIII -
|
|  Tu pupila es azul, y cuando ríes | | | | su claridad suave me recuerda | | | | el trémulo fulgor de la mañana | | | | que en el mar se refleja. | | |
|
| Tu pupila es azul, y cuando lloras | | | | las transparentes lágrimas en ella | | | | se me figuran gotas de rocío | | | | sobre una violeta. | | |
|
| Tu pupila es azul, y si en su fondo | | | | como un punto de luz radia una idea, | | | | me parece en el cielo de la tarde | | | | ¡una perdida estrella! | | |
|
- XIV -
|
|  Te vi un punto, y, flotando ante mis ojos, | | | | la imagen de tus ojos se quedó | | | | como la mancha oscura, orlada en fuego, | | | | que flota y ciega si se mira al sol. | | |
|
| Adondequiera que la vista fijo | | | | torno a ver sus pupilas llamear; | | | | mas no te encuentro a ti, que es tu mirada: | | | | unos ojos, los tuyos, nada más. | | |
|
| De mi alcoba en el ángulo los miro | | | | desasidos fantásticos lucir: | | | | cuando duermo los siento que se ciernen | | | | de par en par abiertos sobre mí. | | |
|
| Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche | | | | llevan al caminante a perecer: | | | | yo me siento arrastrado por tus ojos, | | | | pero adónde me arrastran no lo sé. | | |
|
- XV -
|
|  Cendal flotante de leve bruma, | | | | rizada cinta de blanca espuma, | | | | rumor sonoro | | | | de arpa de oro, | | | | beso del aura, onda de luz, | | | | eso eres tú. | | |
|
| Tú, sombra aérea, que cuantas veces | | | | voy a tocarte te desvaneces | | | | como la llama, como el sonido, | | | | como la niebla, como el gemido | | | | del lago azul. | | |
|
| En mar sin playas onda sonante, | | | | en el vacío cometa errante, | | | | largo lamento | | | | del ronco viento, | | | | ansia perpetua de algo mejor, | | | | eso soy yo. | | |
|
| ¡Yo, que a tus ojos en mi agonía | | | | los ojos vuelvo de noche y día; | | | | yo, que incansable corro demente | | | | tras una sombra, tras la hija ardiente | | | | de una visión! | | |
|
- XVI -
|
|  Si al mecer las azules campanillas | | | | de tu balcón | | | | crees que suspirando pasa el viento | | | | murmurador, | | | | sabe que, oculto entre las verdes hojas, | | | | suspiro yo. | | |
|
| Si al resonar confuso a tus espaldas | | | | vago rumor | | | | crees que por tu nombre te ha llamado | | | | lejana voz, | | | | sabe que, entre las sombras que te cercan, | | | | te llamo yo. | | |
|
| Si te turba medroso en la alta noche | | | | tu corazón, | | | | al sentir en tus labios un aliento | | | | abrasador, | | | | sabe que, aunque invisible, al lado tuyo | | | | respiro yo. | | |
|
- XVII -
| |  Hoy la tierra y los cielos me sonríen; | | | | hoy llega al fondo de mi alma el sol; | | | | hoy la he visto..., la he visto y me ha mirado... | | | | ¡Hoy creo en Dios! | | |
- XVIII -
|
|  Fatigada del baile, | | | | encendido el color, breve el aliento, | | | | apoyada en mi brazo, | | | | del salón se detuvo en un extremo. | | |
|
| Entre la leve gasa | | | | que levanta el palpitante seno | | | | una flor se mecía | | | | en compasado y dulce movimiento. | | |
|
| Como en cuna de nácar | | | | que empuja el mar y que acaricia el céfiro, | | | | tal vez allí dormía | | | | al soplo de sus labios entreabiertos. | | |
|
| ¡Oh! ¿Quién así -pensaba- | | | | dejar pudiera deslizarse el tiempo? | | | | ¡Oh, si las flores duermen, | | | | qué dulcísimo sueño! | | |
|
- XIX -
|
|  Cuando sobre el pecho inclinas | | | | la melancólica frente, | | | | una azucena tronchada | | | | me pareces. | | |
|
| Porque al darte la pureza | | | | de que es símbolo celeste, | | | | como a ella te hizo Dios: | | | | de oro y nieve. | | |
|
- XX -
| |  Sabe, si alguna vez tus labios rojos | | | | quema invisible atmósfera abrasada, | | | | que el alma que hablar puede con los ojos | | | | también puede besar con la mirada. | | |
- XXI -
| |  -¿Qué es poesía? -dices mientras clavas | | | | en mi pupila tu pupila azul-. | | | | ¿Qué es poesía? ¿Y tú me lo preguntas? | | | | Poesía... eres tú. | | |
- XXII -
| |  ¿Cómo vive esa rosa que has prendido | | | | junto a tu corazón? | | | | Nunca hasta ahora contemplé en la tierra | | | | sobre el volcán la flor. | | |
- XXIII -
| |  Por una mirada, un mundo; | | | | Por una sonrisa, un cielo; | | | | por un beso... ¡yo no sé | | | | qué te diera por un beso! | | |
- XXIV -
|
|  Dos rojas lenguas de fuego | | | | que a un mismo tronco enlazadas | | | | se aproximan y al besarse | | | | forman una sola llama; | | |
|
| dos notas que del laúd | | | | a un tiempo la mano arranca | | | | y en el espacio se encuentran | | | | y armoniosas se abrazan; | | |
|
| dos olas que vienen juntas | | | | a morir sobre una playa | | | | y que al romper se coronan | | | | con un penacho de plata; | | |
|
| dos jirones de vapor | | | | que del lago se levantan | | | | y al juntarse allí en el cielo | | | | forman una nube blanca: | | |
|
| dos ideas que al par brotan, | | | | dos besos que a un tiempo estallan, | | | | dos ecos que se confunden...: | | | | eso son nuestras dos almas. | | |
|
- XXV -
|
|  Cuando en la noche te envuelven | | | | las alas de tul del sueño | | | | y tus tendidas pestañas | | | | semejan arcos de ébano, | | | | por escuchar los latidos | | | | de tu corazón inquieto | | | | y reclinar tu dormida | | | | cabeza sobre mi pecho | | | | diera, alma mía, | | | | cuanto poseo: | | | | ¡la luz, el aire | | | | y el pensamiento! | | |
|
| Cuando se clavan tus ojos | | | | en un invisible objeto | | | | y tus labios ilumina | | | | de una sonrisa el reflejo, | | | | por leer sobre tu frente | | | | el callado pensamiento, | | | | que pasa como la nube | | | | del mar sobre el ancho espejo, | | | | diera, alma mía, | | | | cuanto deseo: | | | | ¡la fama, el oro, | | | | la gloria, el genio! | | |
|
| Cuando enmudece tu lengua, | | | | y se apresura tu aliento, | | | | y tus mejillas se encienden, | | | | y entornas tus ojos negros, | | | | por ver entre tus pestañas | | | | brillar con húmedo fuego | | | | la ardiente chispa que brota | | | | del volcán de los deseos, | | | | diera, alma mía, | | | | por cuanto espero: | | | | ¡la fe, el espíritu, | | | | la tierra, el cielo! | | |
|
- XXVI -
| |  Voy contra mi interés al confesarlo; | | | | pero yo, amada mía, | | | | pienso, cual tú, que una oda sólo es buena | | | | de un billete del Banco al dorso escrita. | | | | No faltará algún necio que al oírlo | | | | se haga cruces y diga: | | | | «Mujer al fin del siglo diecinueve, | | | | material y prosaica...» ¡Bobería! | | | | ¡Voces que hacen correr cuatro poetas | | | | que en invierno se embozan con la lira! | | | | ¡Ladridos de los perros a la luna! | | | | Tú sabes y yo sé que en esta vida, | | | | con genio, es muy contado quien la escribe, | | | | y con oro, cualquiera hace poesía. | | |
- XXVII -
|
|  Despierta, tiemblo al mirarte; | | | | dormida, me atrevo a verte; | | | | por eso, alma de mi alma, | | | | yo velo mientras tú duermes. | | |
|
| Despierta, ríes, y al reír, tus labios | | | | inquietos me parecen | | | | relámpagos de grana que serpean | | | | sobre un cielo de nieve. | | |
|
| Dormida, los extremos de tu boca | | | | pliega sonrisa leve, | | | | suave como el rastro luminoso | | | | que deja un sol que muere. | | | | -¡Duerme! | | |
|
| Despierta, miras, y al mirar, tus ojos | | | | húmedos resplandeces | | | | como la onda azul, en cuya cresta | | | | chispeando el sol hiere. | | |
|
| Al través de tus párpados, dormida, | | | | tranquilo fulgor viertes, | | | | cual derrama de luz templado rayo, | | | | lámpara transparente... | | | | -¡Duerme! | | |
|
| Despierta, hablas, y al hablar, vibrantes | | | | tus palabras parecen | | | | lluvia de perlas que en dorada copa | | | | se derrama a torrentes. | | |
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| Dormida, en el murmullo de tu aliento | | | | acompasado y tenue, | | | | escucho yo un poema que mi alma | | | | enamorada entiende... | | | | -¡Duerme! | | |
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| Sobre el corazón la mano | | | | me he puesto por que no suene | | | | su latido y de la noche | | | | turbe la calma solemne. | | |
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| De tu balcón las persianas | | | | cerré ya por que no entre | | | | el resplandor enojoso | | | | de la aurora y te despierte... | | | | -¡Duerme! | | |
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Rimas y leyendas
Gustavo Adolfo Bécquer
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