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ArribaAbajoDinero, relaciones sociales y significación en Lo Prohibido

Alda Blanco


«Resulta entonces que la sociedad capitalista es una sociedad no transparente. ¿Por qué? Porque las relaciones entre las personas pasan por las cosas y por la relación entre esas cosas: mercancía, dinero, capital».


HENRI LEFEVBRE107                


Como es sabido la Restauración es la piedra de toque para el análisis del desarrollo económico y político de la España moderna. En este período se configuran las clases y las alianzas entre ellas que integran el nuevo estado español hasta la Segunda República. Es en la historia española un momento definitivo para el despegue capitalista y el ascenso de los sectores de la burguesía financiera e industrial a los bloques de poder. Es, por lo tanto, un momento de expansión que trae consigo el crecimiento de la burguesía y pequeña burguesía. Y es el momento histórico que Galdós se propone novelar en Lo Prohibido (1884-1885). Al igual que Zola,108 Galdós aboga por el rompimiento con las viejas estructuras literarias: el costumbrismo (Pereda, Mesonero Romanos y la Fernán Caballero), el romanticismo y toda influencia francesa en la literatura española, para que así pueda florecer la novela en España.109 En 1870 escribe su famosa declaración: la nueva novela tiene que fijarse en la clase media que «es hoy la base del orden social; [ya que] ella asume por su iniciativa y por su inteligencia la soberanía de las naciones, y en ella está el hombre del siglo XIX con sus virtudes, sus vicios, su noble e insaciable aspiración, su afán de reformas, su actividad pasmosa».110 Esta clase es sumamente importante para todo novelista, dice Galdós, ya que, no solamente ofrece un sinfín de material novelable, sino que es también un mercado literario en expansión. Galdós es muy consciente de su tarea como novelista, y es en gran medida esta conciencia lo que hace que sea el gran novelista de la Restauración.

El que sea la Restauración el momento del gran despegue económico significa que habrá un gran movimiento dentro de la configuración económica y social. La expansión capitalista crea nuevas clases, destruye otras, afectando con su movimiento a la totalidad de la realidad española. En este momento un usurero como Torquemada puede llegar a ser un gran magnate de la Banca y hasta Senador. Un comerciante local de paños, como Santa Cruz, puede convertirse en el más rico y respetado comerciante de Madrid. El capital se ha puesto en marcha y, con él, la burguesía española. En esta España, en donde en pocos años se puede hacer una fortuna o caer en la miseria, Galdós crea para Lo Prohibido unos personajes que están sólidamente afincados en su clase. El hecho de que solamente se novelen cuatro años significa que no   —62→   asistimos ni a la génesis ni al cenit de esta clase.111 Por comparación con la serie Torquemada, hace aquí Galdós lo que podríamos llamar un estudio sincrónico de la burguesía financiera madrileña de 1880-1884. Con ello se propone novelar los conflictos y tendencias ideológicas que ocurren en el seno de ese sector.

Pero los conflictos ideológicos que tienen lugar en Lo Prohibido no asumen un carácter político. Para Galdós, las rencillas políticas y los cambios que puedan ocurrir dentro de este ambiente durante la Restauración, no son determinantes, ya que no afectan ni al funcionamiento político del país, ni al poder del Estado. Galdós es consciente de que la política en la Restauración no es más que la alternancia en el gobierno de distintos grupos de la clase dominante, grupos que están en fundamental acuerdo sobre la vida política española. Queda claro en esta novela que el poder político en la Restauración está en manos de lo que Tuñón de Lara llama el «bloque de poder oligárquico»112 constituido por la nobleza terrateniente y las burguesías industrial, financiera y comerciante. Estas nuevas capas de la burguesía pactan y forman parte de un gobierno fuertemente influenciado por la aristocracia terrateniente, según explica Jutglar,113 ya que este gobierno aseguraba tranquilidad y paz social, fundamentales para el desarrollo capitalista. Una vez liquidada políticamente la burguesía republicana y las clases populares entre 1868 y 1875, el «bloque de poder» toma la dirección del proceso de la Restauración. En Lo Prohibido un número significativo de personajes, entre ellos el narrador autobiográfico,114 José María Bueno de Guzmán, participan en la política nacional en calidad de senadores o diputados. Esto apunta al hecho de que la clase en la cual se mueven José María y sus amigos tiene acceso directo al poder político, es decir, son miembros del «bloque de poder». Sin embargo, habiendo tanto personaje involucrado en la política, no hay conflictos políticos en la novela. Con esta aparente paradoja, Galdós expone lo que significaba el nivel político en estos años de la Restauración.

A Severiano Rodríguez lo trataba yo desde la niñez; a Villalonga le conocí en Madrid. El primero era diputado ministerial, el segundo, de oposición, lo cual no impedía que viviesen en armonía perfecta, y que en la confianza de los coloquios privados se riesen de las batallas del Congreso y de los antagonismos de partido. Representantes ambos de una misma provincia, habían celebrado un pacto muy ingenioso: cuando el uno estaba en la oposición, el otro estaba en el poder, y, alternando de este modo, aseguraban y perpetuaban de mancun (sic) su influencia en los distritos. Su rivalidad política era sólo aparente, una fácil comedia para esclavizar y tener por suya la provincia, que si se ha de decir la verdad, no salía mal librada de esta tutela, pues para conseguir carreteras, repartir bien los destinos y hacer que no se examinara la gestión municipal, no había más pillines. Ellos aseguraban que la provincia era feliz bajo su combinado feudalismo.115



La política, pues, no interfiere en las relaciones sociales de los miembros del «bloque de poder» ya que el pacto entre Cánovas y Sagasta está implícito en ellas. Lo que sí subraya Galdós es que las tendencias y actitudes políticas dentro de esta clase están ligadas al miedo a perder el dinero (como, por ejemplo, en el caso de los «mareos» de don Rafael).116

Una y otra vez, Galdós hace del dinero el fundamento no sólo de las ideas políticas sino de las relaciones sociales. El dinero es, en efecto, el concepto central en el cual se basan los dos temas principales de Lo Prohibido.   —63→   No ha de sorprendernos que el dinero juegue un papel tan importante en esta novela, ya que en el mundo capitalista donde viven los personajes de Galdós todas las relaciones aparecen como relaciones crematísticas. En el mundo capitalista, el dinero es una mercancía pero a la vez se ha convertido en el «equivalente general», asumiendo de esta manera una existencia independiente, al ser el dinero «el representante general de la riqueza material, pues puede trocarse directamente en cualquier mercancía».117 El cambio de función del dinero de instrumento de cambio a representante de la riqueza burguesa hace que el papel del dinero sea alterado. El dinero ya no aparece como una relación social de producción, sino como medida de riqueza.

El dinero no es únicamente una finalidad de la pasión, de enriquecerse, es su finalidad por excelencia. La pasión es esencialmente auri sacra fames. La pasión de enriquecerse, contrariamente a las riquezas naturales particularmente, tales como los vestidos, adornos, ganados, etc., no puede existir sino cuando la riqueza general, como tal, se ha individualizado en un objeto especial, y puede por consiguiente ser fijada bajo la forma de una mercancía aislada. El dinero parece ser, tanto la finalidad como el origen de la pasión de enriquecerse.118



En la sociedad de cambio, el dinero cobra una importancia fundamental en las vidas de todos sus miembros y en particular de la burguesía que lo controlaba.

El primer tema, que se manifiesta en la forma de la administración del dinero, se puede categorizar como la lucha de tendencias ideológicas dentro de la burguesía financiera madrileña. En el planteamiento se da por supuesto el carácter todopoderoso que ejerce el dinero en una sociedad basada en el valor de cambio. El segundo tema funciona como la negación de las premisas del primero. En este hilo de la novela, Galdós pone en cuestión el poder real y el valor del dinero. La coexistencia de estas dos temáticas, unidas en torno a la historia de la familia Bueno de Guzmán y del amor, crean el movimiento dialéctico de la novela.

Empieza la novela con la llegada a Madrid de José María Bueno de Guzmán, capitalista agrario andaluz, y trata de su incorporación a la familia Bueno de Guzmán, miembros de la burguesía financiera. Los miembros de la familia son don Rafael, doña Pilar y sus hijos: Eloísa, María Juana, Camila y Raimundo. Cada uno de estos personajes -y en el caso de las hijas, sus maridos- representa una tendencia ideológica de este sector de la burguesía. Las mujeres -completamente tradicionales en esto- no participan activamente en la vida económica, situación privativa de sus maridos. Sin embargo, tienen las mujeres una importancia económica clave, ya que poseen un valor de cambio dado por su posición de clase. El matrimonio funcionaba particularmente en la Restauración como mecanismo de consolidación y construcción de alianzas entre las clases en el poder. Testifican este hecho los diversos matrimonios en esta novela al igual que el matrimonio entre Torquemada y Fidela Aguila. Eloísa se casa con Pepe Carrillo, pobre, pero noble, y con aspiraciones a heredar un título. María Juana está casada con Cristóbal Medina, prestamista hipotecario, accionista del Banco, miembro de la Bolsa y con mucho dinero, Camila se casa con un Miquis, familia manchega de profesionales, que está en el ejército y sin un real. Raimundo, el único hijo, es un señorito e improductivo económicamente. Los lazos familiares   —64→   hacen que convivan todos en la misma clase, aunque objetivamente Camila y Miquis no formen parte de ella. El que Galdós mantenga a Camila y a Constantino en la misma clase responde a los cánones naturalistas, a los cuales se ciñe Galdós en esta novela,119 ya que el Naturalismo tomaba la familia como núcleo para novelar. La familia y su estudio es el eje sobre el cual gira la novela. Se podría decir que en esta obra el hecho de que Galdós se mantenga dentro de los cánones naturalistas hace que el concepto «familia» predomine sobre la situación objetiva de clase de Camila y Constantino. El experimento «familia Bueno de Guzmán» se haría sumamente complicado al introducir a Camila y Constantino como pertenecientes a otra clase. Hay que recordar que el experimento ha de ser manejable.

Los historiadores J. Vicens Vives, Tuñón de Lara y Jutglar coinciden, al analizar el bloque de poder oligárquico, en que la aristocracia mantiene la hegemonía ideológica con sus «mitos y creencias».120 Para estos investigadores la proliferación de títulos otorgados y creados durante la Restauración y las fuertes alianzas entre la aristocracia y la alta burguesía a través del matrimonio apuntan al hecho de que la burguesía estaba asimilándose a la ideología aristocrática. En el momento en que Galdós escribe Lo Prohibido, esta hegemonía no está tan clara y Galdós nos lo hace notar. Tomemos por ejemplo el tema de los títulos. Aunque hay muchos personajes con título en la novela, ninguno de los miembros de la familia compra un título o aspira a tenerlo a pesar de que su adquisición está dentro de sus posibilidades económicas. Interesante es señalar que, aunque subsiste el título como signo de una ideología aristocrática, dada la nueva sociedad en que reina el valor de cambio, el título se ha convertido, como todo lo demás, en una mercancía al alcance del dinero. No importa ya la herencia sino el poder adquisitivo. El único que quiere un título es Carrillo, que tiene derecho a tenerlo y sin embargo no lo hereda. No existe el afán dentro de esta familia, que se codea con la Corte, de hacerse noble. Para ellos, el título no tiene ni un valor simbólico ni ideológico. La familia Bueno de Guzmán no es una excepción creada por Galdós, sino que representa la actitud de algunos miembros de la burguesía frente a las expresiones más superficiales de la ideología aristocrática (piénsese en Torquemada, que acepta su título a regañadientes).

A despecho de su cinismo práctico, muchos de los grandes burgueses de la época, no podían olvidar sus verdaderas raíces de fabricantes y de especuladores, ni tampoco el optimismo liberal de sus padres, que ellos habían sacrificado en aras de un orden provechoso para sus arcas particulares... sus negativas al ennoblecimiento que hicieron exclamar a Sagasta que preferían los 'títulos de deuda' a los títulos nobiliarios, respondían a una responsabilidad de espíritu de clase no abandonada aun en su totalidad, a pesar de sus pactismos conservadores.121



Al tratar la novela de las relaciones de la burguesía financiera, el dinero es el concepto primario, ya que este sector de la burguesía obtiene su capital del tráfico del dinero. A diferencia de la burguesía industrial, en la cual el capital se reproduce a raíz de la plusvalía y no del dinero, en la burguesía financiera el capital parece casi mágico, ya que el dinero se reproduce sin medios de producción o necesidad de fábricas y obreros. Es importante esta distinción entre estos sectores de la burguesía, ya que en el sector de la burguesía financiera la mistificación del capital se hace total. Explica Marx:

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En el capital aportador de intereses se configura por lo tanto con toda pureza de ese fetiche automático, el valor se autovaloriza, el dinero que incuba dinero; y en esta forma no presenta cicatriz alguna de su nacimiento.

La relación social se ha consumado de ese modo como relación de una cosa, el dinero, consigo mismo. En vez de la real transformación del dinero en capital se muestra aquí su mera forma sin contenido [...] Así aparece totalmente como propiedad del dinero el producir valor, el arrojar intereses, como es propiedad de un peral dar peras. Y el prestamista vende su dinero como tal cosa capaz de arrojar beneficios. [...] En este momento se ha consumado la fetichización del capital y de la representación del fetiche capital.

En la ecuación D - D' tenemos la forma conceptual del capital, la inversión y la cosificación de las relaciones de producción elevadas a la última potencia; la configuración portadora de interés, la configuración simple del capital, en la cual queda presupuesto en su propio proceso de reproducción; capacidad del dinero o de la mercancía de dar valor a su propio valor, independientemente de la reproducción; la mistificación del capital en su forma más llamativa.122



La administración del dinero va íntimamente ligada a los valores burgueses o aristocráticos que tengan los personajes. En este sector financiero de la burguesía, más que en otros, la administración del dinero es esencial a la sobrevivencia, dado el carácter de los negocios que se llevan a cabo. La especulación y la Bolsa junto con el préstamo son los pilares económicos de este sector de la clase. En estas tres áreas interviene un gran elemento de juego y riesgo. El financiero tiene que ser audaz y tiene que estar siempre sobre el dinero para hacerlo productivo, teniendo que saber qué acciones comprar y vender y cómo especular con ellas para que su negocio sea productivo. También tiene que saber a quién prestar dinero, lo cual obliga a la necesidad de conocer las vidas de todos. Es en el aspecto de la administración del dinero en donde se producen los choques de las diferentes ideologías.

Galdós subraya varios factores para la determinación de estos valores ideológicos. Los tres factores que influyen en la creación de los distintos seres económicos son: su extracción de clase, su situación objetiva con relación a los medios de producción (o en el caso de este sector, la reproducción del dinero) y el carácter nacional hereditario. El despilfarro y la no productividad monetaria van ligados a Eloísa y Carrillo, y los valores burgueses de ahorro y productividad a María Juana y Medina. Conociendo ya las genealogías notamos que la extracción de clase pesa en la formación de la ideología.

La mentalidad señorial se caracteriza por su desprecio hacia el dinero, que si existe, está para gastarlo y no para hacerlo productivo y rendir capital. Es una mentalidad precapitalista que se centra, esencialmente, en la economía de consumo. Es ésta, precisamente, la mentalidad que rige las actitudes que toma Eloísa en su vida cotidiana. Su obsesión por la acumulación de objetos, al no haber ingresos en su casa, requiere su continuo endeudamiento con los prestamistas. Por su parte, Carrillo, su marido, cuando hereda el dinero de su tía, se dedica a la filantropía, que es la negación de la productividad. En contraste con ellos están María Juana y Medina, portaestandartes de los valores burgueses. Son un matrimonio prudente, no gastan lo que no tienen, ahorran, son «morales» y siempre están en la moderación. Sus valores son el producto de la conciencia de clase que tiene Medina, que se manifiesta en la buena administración, virtud ejemplar de la moral burguesa. Raimundo, ya hemos dicho, es un señorito, al estilo Juanito Santa Cruz, que vive de los sablazos que les da a sus amigos y familiares.

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En cuanto a José María, hay que volver a introducir la discusión de la herencia.123 Habíamos concluido que Galdós desdobla la herencia en propiedad y neurosis y que las neurosis de la familia Bueno de Guzmán estaban íntimamente ligadas al dinero. Se transmite en esta familia tanto la propiedad como el miedo a su pérdida, que se transforma en una neurosis. Pero con José María, Galdós introduce la herencia en una nueva forma: el carácter nacional hereditario. La situación objetiva de José María en los medios de producción es clara, ya que es el personaje más rico de la novela (incluso se le llega a comparar con los Larios de Málaga). Su aproximación a los diversos miembros de la familia Bueno de Guzmán no es a través de posiciones ideológicas o intereses económicos comunes, sino del enamoramiento y la pasión, resultados de su herencia nacional. José María es hijo de inglesa y de andaluz, y esta mezcla le hace percibirse a sí mismo como esquizofrénico cultural. A su padre le achaca la pasión, que le convierte en un obsesionado y que le sale en sus momentos de enamoramiento haciéndole olvidar todo. Por otra parte, su madre le ha aportado la razón y las concepciones económicas inglesas. José María es muy buen administrador, y en el momento que se sienta a una mesa para hacer números, le da una especie de fiebre comercial y también le entra la obsesión. Hereda, entonces, valores que van ligados a ciertas características nacionales, producto de la ideología del siglo XIX. Vemos que el denominador común de sus dos actitudes es la de la obsesión neurótica. Hay en José María una lucha constante entre estas dos influencias que lo arriman a uno u otro lado del espectro ideológico representado por los personajes de la novela. Por pasión sexual y amor se acerca a Eloísa; cuando le sale la vena inglesa se arrima a María Juana y a Medina. Aunque tiene un carácter neurótico y pasional, nunca pierde sus bases económicas, es decir, predomina en él un fuerte espíritu capitalista que no le permite nunca perder su dinero. El que exista esta dualidad en José María es importante ya que para Galdós, los modelos ingleses eran dignos de imitación. Los valores económico-sociales implícitos en la dualidad cultural de José María son los de la burguesía del XIX, que quería integrar ciertos elementos de la tradición nacional y valores burgueses anglosajones. La fusión encarnada en José María es la del capitalismo inglés y el subdesarrollo español. La condición de dependencia del capitalismo español, como se verá más adelante con relación al inglés, se manifiesta en la esquizofrenia cultural de José María. El énfasis en la herencia cultural de José María y su carácter fácilmente obsesionable obedecen una vez más al desdoblamiento dialéctico de la herencia en Lo Prohibido en bases económicas y estética naturalista.

Ahora bien, si en este análisis nos limitásemos a la familia Bueno de Guzmán, se podría concluir que las distintas tendencias ideológicas se ven «determinadas» por la extracción de clase de los diferentes personajes que coexisten en esta nueva clase social. Ampliando el análisis, notamos que junto a su procedencia de clase también se resalta la situación objetiva (su falta o no de dinero) del personaje dentro del mundo económico. Los aristócratas que funcionan económicamente como capitalistas han tenido -dado que es una sociedad basada en el capital- que adaptarse a las exigencias económicas de la nueva sociedad, es decir, han tenido que aburguesar ciertos aspectos de su ideología. No tienen que aburguesar su estilo de vida basada en el lujo, sino   —67→   su actitud hacia el capital. «Una cosa análoga puede comprobarse en la sociedad capitalista en todos los grupos 'privilegiados' cuya situación de clase no está fundada de un modo inmediatamente económico. En la medida en que una capa así consigue 'capitalizarse', transformar sus 'privilegios' en relaciones económicas capitalistas de dominio, aumenta su capacidad de adaptación al desarrollo económico real [ejemplo]: los terratenientes».124 Ejemplo de esto es el Marqués de Fúcar, viejo aristócrata millonario y no por su título sino por sus negocios. La aristocracia sin tierras ni capital se mantiene en esta clase por el inmenso valor de cambio simbólico que tienen sus títulos, pero su supervivencia siempre es precaria y dependiente de los usureros y prestamistas, y acaban muchas veces desclasados. Los dos polos ideológicos de este sector de la burguesía son Eloísa y Medina; los otros personajes funcionan también dentro de este parámetro.

Eloísa es el despilfarro y la pura apariencia. Su mundo es el de la acumulación de objetos de lujo y por consiguiente de «buen gusto». La riqueza se manifiesta, en la ideología de la clase ociosa, en el lujo. «Since the consumption of these more excellent goods is an evidence of wealth, it becomes honorific; and conversely, the failure to consume in due quantity and quality becomes a mark of inferiority and demerit».125 Vemos entonces que el gusto y el lujo están íntimamente relacionados, ya que la belleza refleja el costo y el costo la belleza.126 Es el valor de cambio el que finalmente define la belleza en la ideología burguesa. La ostentación de lujo es una actividad fundamental en la vida de ese sector de la burguesía financiera que simboliza Eloísa. Explica Sombart127 que este sector de las altas finanzas se ha caracterizado por la participación análoga con la aristocracia en relación al consumo de lujo desde el capitalismo incipiente. El fruto del consumo aparece dentro de las casas (en forma de muebles, cuadros, porcelanas, etc.), en las comidas y banquetes y en la ropa. El valor de uso de los objetos es, en el caso de Eloísa, secundario a su valor de cambio, ya que representa el poder adquisitivo de su dueña. Frecuentemente, los objetos pasan de ser objetos a ser mediaciones entre las personas, y finalmente adquieren una aparente existencia propia, recordándonos el fetichismo de la mercancía analizado por Marx. En los famosos Jueves de Eloísa, los cuadros y objetos de lujo se transforman en el centro de atención de los invitados, hasta tal punto que José María comenta, «Pero dejemos las cosas que parecían personas, y vamos a las personas que parecían cosas» (O.C. IV, p. 1729). ¿Qué es esto sino la expresión de la cosificación de la realidad en boca de José María? Se puede argumentar correctamente que este intercambio entre objetos y personas es característico del mundo burgués; lo es, pero a lo que va Galdós es a la crítica también de la mentalidad neo-aristocrática que gasta sin recursos económicos. Eloísa establece su reputación a través de las comilonas de los jueves a las que acuden los hombres más prepotentes de la burguesía financiera. El financiamiento de estas comilonas viene de Carrillo, que ya ha heredado, y del amante José María. Ante el espectáculo de los Jueves, José María comenta: «Y se gastaba totalmente su caudal, aparentando un bienestar que no poseía, ostentando un lujo prestado y mentiroso. Y todo por tener una corte de aduladores y parásitos. Comedia o mejor aristocrático sainete» (O.C. IV, p. 1729). Una vez muerto Carrillo y abandonada por José María, comienza la caída vertiginosa de Eloísa hacia   —68→   la prostitución. Su obsesión por el dinero unida a su no productividad económica (ya que es mujer burguesa) le hace a Eloísa recurrir a venderse a diversos hombres ricos para que la mantengan en el estilo a que estaba acostumbrada. Es un final trágico para esta mujer, pero a través de ella Galdós señala el peligro del dinero como razón de ser. El dinero, en el caso particular de Eloísa, ha permeado y mediatizado su relación con la realidad a tal punto que ella misma se ha convertido en una mercancía con valor de cambio, al caer en la prostitución. Su relación amorosa con José María le había dado acceso a su fortuna, pero la base de la relación era el amor y no el dinero. Sintiéndose traicionada emocional y económicamente por José María vemos que en sus relaciones posteriores lo único que busca es el dinero; el amor ya no existe para Eloísa.

Hemos insistido en que la Restauración es un período de gran movimiento y reajuste dado que es un momento de transición: económico, social y político. Atestiguan esta movilidad social y el cambio en la configuración de las clases, las diferentes genealogías, que Galdós siempre cuida de darnos, entre ellas las de Medina, Carrillo y Torres. Carrillo, antiguo aristócrata, ha perdido su dinero y vive de los préstamos y luego de su herencia. Medina hereda dinero de su padre, que había hecho mucho dinero con los transportes en la primera guerra civil, y se establece como un respetable financiero. Quizás sea más característico aún el caso de Torres. Comienza de hortera, se asocia con Torquemada y se dedica a la usura, de ahí pasa a alquilar pianos y gracias a la coyuntura, a su habilidad y a su inteligencia, se convierte en uno de los personajes más importantes de la Bolsa. Aunque la premisa de este trabajo es que existe una lucha ideológica dentro de la burguesía financiera y que las tendencias están claramente delineadas por Galdós, existen también oscilaciones dentro de las diferentes posiciones ideológicas. Las relaciones sociales en Lo Prohibido nunca son estáticas, sino que pueden cambiar en función de cambios a nivel infraestructural, por ejemplo, o de cambios ideológicos.

A diferencia de Francia, no existe en España, por parte de la burguesía, esa ruptura emanada de la revolución burguesa con la aristocracia y la creación de un nuevo orden, no sólo político sino también cultural. En España, es la imitación y no la creación lo que se da culturalmente en este ambiente. La aristocracia ejerce un fuerte poder ideológico al nivel de ese aspecto de la cultura que es la moda (la comida, los trajes, el lenguaje, la decoración de las casas, etc.), ya que es ella la que posee el «buen gusto». Como hemos visto antes, el «buen gusto» significa riqueza, lo cual quiere decir que todo aquel con dinero intentará tener «buen gusto» y otros, como Eloísa exhibirán en todo el «buen gusto» con la esperanza de aparentar riqueza. No es que el «buen gusto» haya pertenecido históricamente a la aristocracia, sino que ha sido la aristocracia, como clase dominante, la que ha definido el «buen gusto». El concepto «buen gusto» significa, en esencia, lo que pocos poseen. Algunos burgueses, como Medina, intentan crear un nuevo estilo de vida menos ostentoso y basado sobre las concepciones burguesas que ya hemos discutido. Galdós resalta, por ejemplo, el rechazo de Medina hacia la comida francesa, considerada como la comida más elegante, siendo esta su forma de luchar en contra de la tendencia a la imitación de lo francés que le rodea.

Al ser España un país dependiente económicamente, la dependencia cultural   —69→   también existe. Este hecho no se da tanto por una imposición, como sería el caso que se da ahora entre Latinoamérica y USA, sino por un sentimiento de inferioridad por parte de algunos sectores de la clase dominante ante esos modelos que han podido «progresar». No es una situación subjetiva en la cual se encuentra el capitalismo español, sino una situación en la cual han intervenido capitales extranjeros en el desarrollo de la industria española haciendo de España, objetivamente, un país dependiente en vías de desarrollo. Esta conciencia de «desarrollo» implica la noción de progreso. Al no poder desarrollar una infraestructura fuerte, el progreso significa la importación de modelos y de capital. Al mirar hacia afuera en busca de todo aquello que pueda ayudar al progreso, Inglaterra y Francia se convierten en sociedades modelos dignas de imitación ya que han podido lograr el ideal, la sociedad burguesa. Aunque éste es también el ideal de Medina, piensa, sin embargo, que el progreso y la vida de la burguesía tienen que ser autóctonos y no de imitación. La misma conciencia de clase que le hace no interesarse por los títulos, le hace no querer ser extranjerizante, caracterizándole un nacionalismo férreo, propio de las burguesías nacionales.

El afán de imitación, que resalta Galdós, es lo que puede llevar a posibles cambios ideológicos que podrían resultar peligrosos para aquellos, como Medina, que son conscientes de que tiene que haber una oposición a los valores neo-aristocráticos.

El ejemplo del poder ideológico de la aristocracia, que se mediatiza a través del gusto, se ve claramente en los lunes de María Juana. Una vez arruinada Eloísa, María Juana comienza sus propias comidas los lunes. En contraste con las comidas de los jueves, los lunes son muy discretos, poca gente y con comida española. Los que se reúnen en casa de Medina son algunos miembros de la Bolsa, banqueros y comerciantes. Les une un gran desprecio hacia la aristocracia y el mundo de las apariencias. María Juana empieza los lunes de una manera discreta, pero cada vez los va haciendo no solamente más elegantes, sino que a través de José María comienza a invitar a algunos de los personajes que acudían a la mesa de Eloísa. Los dos mundos se van encontrando socialmente y comienza la reproducción de «los jueves». Ante el peligro de verse sumergido en el mundo que tanto odia y le parece tan peligroso para el progreso de España, Medina pone fin a los lunes, afirmando así la importancia de no participar, ni aun a nivel de comilonas, con las tendencias ideológicas que pueden mantener a España en un retraso económico o en condición de dependencia.

Las luchas, pues, giran alrededor de si se van a adoptar valores burgueses en esta sociedad burguesa, o si se van a seguir arrastrando los lastres de los valores aristocráticos. Lo que se debate en la primera parte de esta novela es cuáles van a ser los valores hegemónicos en el «bloque». Lo que permite esta discusión, interna al texto, es la premisa de que el dinero es omnipotente en esta sociedad. Uno de los factores que distinguen a la sociedad capitalista de las anteriores es que todo tiene un valor de cambio, ya que la base de nuestra sociedad es la compra de la fuerza de trabajo. Todo está en venta y se puede comprar. Para el dinero no hay barreras, ni el matrimonio, institución «sagrada». Este hecho lo establece Galdós a través de las relaciones entre José María y Eloísa. Una vez que José María decide seducirla, la compra con regalos   —70→   y préstamos. Lo que inicialmente le era prohibido -por estar casada Eloísa- lo adquiere con el dinero.128 La relación adúltera de Eloísa y José María es abiertamente aprobada por todos, ya que en cierta manera es el dinero de José María el que les permite comer en casa de Eloísa los jueves. La moralidad también está, por lo tanto, mediatizada por el oportunismo que genera el dinero.

La discusión hasta ahora se ha centrado en Eloísa, y su obsesión por los objetos y el dinero. Lo que tiene que quedar claro es que la crítica que se le hace en el texto no se dirige a su pasión por acumular objetos, sino a que no tiene la base económica para hacerlo. El capitalismo requiere, no solamente producción, sino también consumo: no se puede condenar el consumo dentro de la ideología burguesa. Esto se ve en que José María consume igual que Eloísa. Su casa, por ejemplo, está puesta a la última moda. Pero a la vez que consume, también invierte su fortuna en inmuebles y en acciones. Al ser el suyo capital productivo no hay condenación ni crítica, sino todo lo contrario. Su mentalidad es típicamente capitalista, no solamente en su política económica, sino también en su vida personal. El capitalismo requiere expansión de mercados y a la vez la creación de nuevos deseos para así poder producir más mercancías que satisfagan estos nuevos deseos. De esta manera el sentimiento que opera en la gente es el de la insatisfacción y el anhelo de tener siempre aún más. Vemos reproducidas así, a nivel ideológico, las necesidades del sistema. Este mecanismo no se limita a la vida económica y al consumo de mercancías, sino también a las relaciones sociales. Esta ideología de insatisfacción y de consumo es la que opera en José María, llevándole al fin al rechazo de Eloísa. Una vez muerto Carrillo y ante la certeza de que Eloísa espera de él el matrimonio, rápidamente se desenamora de ella y se fija en Camila. ¿Qué es esto sino el consumismo en la esfera de las relaciones amorosas?

Con la relación entre Camila y José María, Galdós plantea el otro tema principal de la novela. Al enamorarse de ella, José María asume que puede proceder de la misma manera que lo había hecho con Eloísa, pero se topa con la negativa de Camila de aceptar su dinero. Camila está felizmente casada con Constantino, un simple oficial de caballería sin dinero. Su matrimonio es turbulento ya que siempre se pelean, pero les une un profundo amor desprovisto de intereses económicos. Son sanos, pobres, y están llenos de pasión. Estas tres características les apartan, desde el principio, de los otros personajes de la novela. La pasión que se tienen no es una pasión a lo prohibido, como en el caso de José María, sino el compromiso de hacer que su relación funcione. No le basta a Galdós con estas cualidades para hacerles diferentes, sino que también hace que en esta familia llena de neurosis, Camila se logre salvar de ellas. Camila es el primer miembro de la familia Bueno de Guzmán que no se ve afectada por la neurosis. Don Rafael al hacer el recuento de las locuras familiares habla de que «esas prontitudes suyas, esas extravagancias, esas sinceridades tan chocantes y a veces de tan mal gusto, no son más que chiquilladas que se irán curando con la edad [...] Si es forzoso que también descubra y señale en Camila una puntada de neurosis no encuentro otra más merecedora de tal nombre que querer a ese bruto» (O. C. IV, p. 1080). Este hecho se hace fundamental para el análisis de la novela, al haber establecido en la nota 108 que Lo Prohibido es una novela naturalista. Galdós siempre, de un   —71→   modo u otro, presenta cualidades «simbólicas» en sus novelas. En ésta, las dos características simbólicas son la higiene y la salud. Descubrimos que la gran «extravaganza» de Camila es la del baño y la manía de tener siempre abiertas las ventanas de su casa; es decir, la higiene. De hecho, Galdós usa la salud como factor importante en la oposición que establece entre Camila y Constantino con los otros personajes de la novela. La salud, en esta novela, se contrapone a las «enfermedades» del resto de la familia y a la vez simboliza la honestidad y el amor. En Fortunata y Jacinta desarrolla aún más este símbolo al hacerlo la característica fundamental de Fortunata y del pueblo que ella simboliza.129 Esta característica, que Galdós liga tan íntimamente con una clase, es la que me lleva a pensar que Camila, pocos años después, se convertirá en Fortunata. Aparte de estas cualidades simbólicas, lo que caracteriza a Camila y a Constantino es que a ninguno de los dos se les puede seducir con dinero. Para ellos lo más importante es su matrimonio, ya que es la expresión de su amor. El amor predomina sobre todo lo demás.

Aunque viven en la misma clase que los otros personajes, por relaciones de familia, siempre se mantienen y les mantienen al margen de su clase. Esta marginación la construye Galdós para crear en la estructura de la novela la negación de la clase dominante, ya que Camila y Constantino conllevan valores que se oponen a los existentes. A otro nivel, la marginalización tiene que existir, ya que ni objetivamente ni subjetivamente pertenecen a esta clase. Camila y Constantino, por la manera en que se relacionan entre ellos y se enfrentan con sus problemas cotidianos, son la negación ideológica de todo este sector de la burguesía. Por una parte les separa su amor tan genuino; por otra, el hecho de que al no tener dinero viven dentro de sus posibilidades. Rehusan préstamos, no decoran su casa a la moda, y cuando no pueden pagar una sirvienta, Camila se ocupa de la casa. Son la negación de la hipocresía y de las apariencias. Habíamos visto que la imitación era un modo de vida para muchos personajes. Camila, sin embargo, no imita a nadie. Al contrario, crea su propia forma de vestir y de decorar su casa. Contrastando con las mujeres que se cambian de vestido según la hora del día, a Camila siempre la encontramos en combinación o en bata dentro de su casa, y para fregar los suelos se pone las botas de Constantino. Su casa, aunque tiene bonitas decoraciones, escandaliza a sus hermanas por su «mal gusto». Los ejemplos de su forma de vida tan radicalmente opuesta a los de los otros personajes son muchos. Lo importante es que ante la posibilidad de integración a la clase dominante que les ofrece José María, Camila y Constantino la rechazan. El rechazo y desprecio hacia el dinero, por parte de los dos, no se fundamenta en la perspectiva neo-aristocrática que hemos visto antes en la novela sino, paradójicamente, en una perspectiva burguesa que acepta el dinero como parte indispensable de la sociedad de valor de cambio, para sobrevivir, pero que se niega a aceptar la invasión del dinero en las relaciones sociales. Galdós mantiene todo el problema al margen de la política, enfocándolo hacia el nivel de los valores humanos. Por lo demás, en esta novela, se ve el fracaso del poder del dinero a través de José María, que no puede penetrar en este reducto, que son Camila y Constantino, y muere en el intento.

La novela, pues, está construida en base a dos oposiciones y de ellas surge la resolución utópica de Galdós. En la primera oposición, la existente entre   —72→   las diferentes tendencias ideológicas de la burguesía financiera, el dinero reina con su poder de mediatización de todas las relaciones sociales. Aunque Medina y sus amigos suponen el rompimiento ideológico con los vestigios del Antiguo Régimen y el progreso económico de España, sus valores y formas de vida cotidiana se nutren de hipocresía y competencia, sometiendo su vida al dinero y a la mediocridad. José María en sus idas y venidas entre la casa de Camila y María Juana, nota que en casa de María Juana no existe la pasión, el calor humano ni el amor. Es a través de la segunda oposición, la que se establece entre Camila y Constantino y los otros personajes, donde Galdós hace su crítica a este sector de la burguesía y presenta su solución, Niega, por medio de esta pareja, el dinero como razón de ser de la vida, proponiendo como alternativa el amor y la pasión. El amor y la pasión que había sentido José María, aunque real en su manera de experimentarlo, resulta ser, en contraste con el amor que se tienen Camila y Constantino, una expresión del poder del dinero. Lo que mata a José María es la revelación de que el dinero no puede comprarlo todo, y que hay personas que se oponen conscientemente a la entrada del dinero en sus relaciones sociales. Para Galdós, aunque la sociedad se rige por el valor de cambio, hay sitio en ella para el valor de uso; lo que significaría, en sus términos, la humanización de la sociedad burguesa, que Galdós ve ya como cosificada. La resolución que da Galdós en esta novela es la de un burgués humanista. La alternativa utópica que se nos presenta por medio de Camila y Constantino es la de un mundo burgués con amor y honestidad; en pocas palabras, sin contradicciones. Es una solución utópico-burguesa, ya que si los valores de Camila y Constantino son en verdad burgueses no han de poder escaparse de las relaciones establecidas por el modo burgués (capitalista) de producción: la sociedad burguesa sólo puede existir si se mantienen las relaciones sociales alienadas y cosificadas.

Universidad de Wisconsin. Madison



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