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ArribaAbajoLa Cenicienta

16 versiones y variantes


Cuentos del 1032 al 1047


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1032. La Cenicienta

SANTIAGO DEL ESTERO

Era un viudo que tenía una hija y se volvió a casar. Se casó con una viuda que tenía dos niñas. La niña del viudo era muy bonita y buena. Las chicas, las otras, eran feas y tenían mucha envidia por la belleza de la criatura.

Sin embargo, el padre, que la quería mucho a su hijita, sufría a la par de ella, y nunca reprendía ni a la señora ni a las hijastras.

La habían relegado ya al olvido y ya la llevaron a la cocina para que hiciera todos los trabajos de la cocina y le llamaban la Cenicienta, porque siempre andaba sucia de ceniza y mal vestida.

La Cenicienta cuidaba todos los animalitos. En fin, ella hacía todo el trabajo más humilde.

Ella tenía un corderito que lo estimaba mucho porque se lo dieron cuando era chiquitito y ella lo crió y lo alimentó. Y lo quería mucho a su corderito. El corderito la conocía a ella y se venía a donde ella estaba.

Un día de envidia se lo mataron, se lo carniaron al corderito. Y la mandaron a ella a lavar las tripitas al río. Entonces fue la niña ésta. Estaba lavando las tripitas. Vino una correntada tan fuerte del río que se las llevó a las tripitas. Y ella lloraba por sus tripitas. Iba por medio del río llorando. Entonces le sale un viejito y le dice:

-¿Por qué lloras m'hijita? -que le dice.

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-¡Ay!, señor -que le dice-, el río me ha llevado las tripitas y ahora mi madrasta me va a castigar si no las llevo lavadas.

-No te aflijas, m'hijita -le dice-, yo te las voy a buscar y te las voy a traer.

Y entra el viejito al río y se fue y le trajo todas las tripitas bien lavaditas ya y se las entregó.

-¡Ah!, ¡señor! -le dice.

Arrodilladita ella le daba las gracias, le daba las gracias al señor, éste, que le había encontrado las tripitas. Y le quería besar las manos.

-No, m'hijita -que le dice-. Levantesé y lleve sus tripitas. Oiga -que le dice-, cuando cante un gallo usté mire para arriba -que le dice-. Y cuando rebuzne un burro, mire para abajo. ¿Se va acordar bien?

-Sí, señor -que le dice-, muchas gracias.

Y en eso canta un gallo y ella mira para arriba. Y rebuzna un burro y mira para abajo. Y entonces le cae una estrella a la niña en la frente. Que le relumbraba tanto, que le daba tantas luces. Y el viejito desapareció. Entonces ella se ata la cabecita para que no la vieran las otras la estrella.

Va. Le reciben las tripitas.

-¿Y qué te da por andar con la cabeza tapada? -que le dicen-. Desatate esa cabeza.

Tiran el pañuelo y la desatan. Y le ven esa estrella tan hermosa que tenía en la cabeza. Entonces:

-¿Qué has hecho, m'hijita? -que le dice la madrasta-. ¿Qué has hecho?

-Nada -que le dice-, más que un señor me ha encontrado, me ha dicho que mire para arriba cuando cante un gallo y cuando rebuzne un burro que mire para abajo.

Entonces las chicas envidiosas mataron un corderito y también llevaron las tripitas al río a lavar. Y van y las dejaron ir, las empujaron para que se vayan. Y entonces sale el viejito y les dice -que se hacían las que lloraban ellas- y que por qué lloraban. Y le dicen que porque el río les llevaba las tripitas.   —335→   Entonces el viejito entró a comedirse a buscar las tripitas. Y después que se va el viejito dice una:

-Que va agarrar este viejo infeliz, qué va encontrar. Las tripas ya las va llevar el agua. No me las va traer nada.

Y después viene el viejito con las tripas y le entrega. Y dice:

-Oiga, niña -que le dice-, cuando cante un gallo, hai mirar para abajo, y cuando rebuzne un burro, mire para arriba.

Entonce cantó un gallo y miró para abajo, y rebuznó un burro y miró para arriba.

Y con la otra pasó lo mismo.

Entonces les cayó una tripa larga, en medio é la frente. Entonces las chicas no hallaban qué hacerse. La retorcían y se las hacían como un rodete y se ponían un trapo encima. Y la madre, contenta, diciendo que sus hijas habían obtenido la estrella, sale a encontrarlas y se da con que tenían una tripa en lugar de una estrella. Y se la cortaban y más larga les aparecía. Se las volvía a cortar la vieja y más se le crecía. Y así, sufrieron mucho con eso.

Y una noche, el Rey quería dar un baile. Un baile para que buscara novia el Príncipe.

Y entonces se fueron todas las chicas, porque de todas edades y de toda categoría recibían en el baile. De manera que fueron las dos niñas de la casa y la Cenicienta quedó como de costumbre haciendo su faena de la casa. Como a las doce de la noche -tenía una varita mágica que el viejito también le dio a ella y la llevaba escondida, que no se la vieron-, golpió la varita y pidió ella un hermoso traje, color de oro, muy bonito, y todo lo necesario para el traje, zapatos y todo del mismo color. Y el carruaje del mismo color del traje y de todos los accesorios que ella llevaba.

Entonce se presentó al baile. Todos quedaron estáticos porque nadie sabía qué chica era ni de dónde venía esta niña tan linda, tan bonita como era ella y tan lujosa, tan bien arreglada como iba. Entonces estuvo en el baile. El Príncipe se enamoró, la sacó a bailar. Bailó con ella toda la noche. Y al tiempo ya, al amanecer, tenía ella que volver a entregar todo lo que le había pedido a la varita. Entonces trató de huir, como   —336→   que efectivamente en un abrir y cerrar de ojos se desapareció ella del baile y el Príncipe quedó triste porque no sabía ni quién era ni adónde buscarla después.

Pero a la segunda noche del baile volvieron a ir todas y ella quedó en la cocina.

Entonces, ya cuando todas se fueron y quedó ella sola, volvió a tocar su varita y le pidió otro traje de color celeste, como el cielo, todo del mismo color, todos los accesorios, todo. El carruaje y todo, con unos hermosos caballos. Así que en todo llamaba la atención esta chica. Y cuando entró, el Príncipe enamorado fue, corrió a ella y la hizo bailar toda la noche. Hasta que después, llegada la hora que tenía que desaparecer ella, ya se volvió a desaparecer.

Y el Príncipe no hallaba qué hacer. Y mandaba por todas las casas a buscarla a esta chica y no la encontraban en ninguna parte y no sabía qué hacer.

Pero la tercera noche que tenía que volver la chica, como la esperaba, puso en las escalera una cosa como para que se pegara un poco y pudiera ella dejar algo de ella para saber adónde estaba. En una mesa la había sacado y la conversaba mucho, la tenía al lado de él. No se separó de ella en toda la noche.

Y las otras muertas de envidia sin saber quién era esta chica tan linda.

El Príncipe, en lo que estaba en la mesa, le dice:

-¿Por qué no te destapas la cabeza?

Y le saca y le ve esa hermosa estrella que tenía. Más se enamoró este joven de ella. Lo quería dejar. Pero en un momento se fue ella. Al salir corriendo para tomar el coche, se le pega un zapato y ella no pensó en el zapato, siguió corriendo para que el Príncipe no la alcance y subió a su coche y se fue. Pero ya al Príncipe le quedó el zapato de ella.

Al otro día andaba un edecán con un zapatito de oro, en un almohadón, sin encontrar a quién le quedaba bien. Fue a la casa de ellas y las chicas, las niñas de la casa se cortaron, una un dedo. Les sangraba y le ensuciaron el zapato. Después volvió a la otra y tampoco le quedaba bien, y se cortó un pedazo del talón. Y tampoco le entraba. Por último no encontró más adonde   —337→   buscar y que había dicho si no tenía alguna sirvienta, algo. Que no, que la sirvienta, que estaba en medio de la ceniza.

-Nu importa, señora -que le dice-, yo se lo voy a medir el zapatito. Estoy cansado de andar y no poder encontrar la dueña del zapato.

Va y le pone el zapato, tal cual, como si la medida de ella hubiera sido. Así que áhi se encontró él con ella.

Y después la sacó el Príncipe de la casa.

Ya ella pidió un traje bueno. Ya se vistió bien. Y salió a la par del Príncipe. Y la sacó el Príncipe de la casa y estuvo en la casa de él hasta que hicieron todos los trámites y se casó con ella.

Y las otras niñas se morían de envidia.


Y colorín colorado
el cuento se ha terminado.



Rosario Argüello de Doza, 84 años. Estancia Balbuena. Ojo de Agua. Santiago del Estero, 1970.

La narradora ha nacido y ha pasado toda su vida en el lugar.



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1033. La niña bonita y la madre de crianza

SANTIAGO DEL ESTERO

Era una señora que tenía una hija bastante morena y una criadita hermosa.

Entonces, a la chica linda la manda a cuidar las ovejas. Tenía un corderito. Ya tenía astitas el corderito.

Le dio de castigo que esa lana del cordero que tiene que hilar en un día. Lo esquilaron al corderito.

Va la bonita a cuidar las ovejas y lleva la lana. Y hace el hilo en el brazo y en las astitas del cordero. El cordero iba por detrás de ella, haciendo el hilo. Y bueno, de allá viene la chica linda con el hilo y todo completo. Entonce la negrita le dice a la mamá:

-¿Cómo puede ser que la chica ésta traiga todo el hilo completo? Por que yo también hago -le dice la negrita- y no alcanzo.

-Bueno, m'hija -le dice-. Llevá este cordero. Sacale la lana y llevá vos para que hiles así como ella -dice.

Le preguntaban las instrucciones de ella, y ella no les daba. Pero la habían espiado. Han visto que el corderito la ayudaba.

Bueno, entonces, se va la otra por detrás de las ovejas. Ella tenía otro corderito de ella. No si hacía el hilo. Envolvía en el brazo, envolvía en las astitas del cordero. No si hacía el hilo.

Bué... Viene...

-¿Y el hilo?

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-No, mamá, no puedo. Nu hi podido.

-¿Que no ti ha ayudado el cordero? ¿No ti avisó ella cómo hilaba?

-No, no mi ha ayudado y ella no mi ha avisado.

-¿Cómo hicistes vos para hilar? -le decían.

-Yo hi hilado... -que dice.

-Bueno, vamos a carniado al cordero de ésta.

Lu han carniado al cordero. Ella lloraba mezquinando al corderito.

Carniaron al cordero. Bueno, carniado el cordero, la chica lleva todas las tripitas, todas las pancitas al río. A lavarlas todas las tripitas.

Así cuando ha estado lavando las tripitas, viene un viejito. Un viejito así, roñocito, sucito.

-¡Ay, m'hija! -dice que le dice-, ¿qué estás haciendo vos? -dice que le dice.

-Aquí, por castigo estoy lavando estas tripitas. Me ha dado de castigo quien me ha criado.

-Bueno -dice que le dice-, vos estás lavando esto, ¿por qué no me lavas a mí también estas llagas que tengo?

-Cómo no -dice que le dice-. Cómo no lo voy a lavar.

Dice que lo lavaba. Lo lavó bien al viejito.

Y... Bueno...

-¿No me tienes asco?

-No -que le dice-. ¿Por qué le voy a tener asco?

Bueno, lo lavó. Y...

-Bueno, m'hija -dice que le dice-. A vos te han dado este castigo. Bueno, recibilo. Cuando cante el gallo, mirá arriba, y cuando grite el burro, mirá abajo.

Bueno... Así había hecho. Cantó el gallo, miró para arriba. Ha venido una estrella, se le prendió en la frente. Gritó el burro, miró para abajo y nada s' hizo.

Bueno, se va la chica, relumbrando la estrella, a la casa de la madre que la ha criado. Entonces, cuando llegó allá relumbrando...

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-¡Ay! -diz que le dice-, ¿de dónde has traído eso? ¿De dónde? ¿De dónde? ¿Cómo has traído? ¿Cómo has conseguido?

Bueno, que le dice:

-Esto me ha venido di arriba y se mi ha prendido en la frente.

Y ella avisó lo del viejito.

-Bueno, hija -dice-, vos vas hacer lo mismo -a la negrita-. Vas a llevar el cordero y hacer tal cual.

Entonce a la negrita, le dice la madre:

-Andá a carnearlo al cordero.

-Pero, mamá, cómo lo vamos a carnear al cordero.

-Cómo no lo vamos a carnear al cordero que no ti ha ayudado nada. No ti ha ayudado como la ha ayudado a la otra, a hilar y todo.

Y bueno... Le ha carneado al cordero. Lloraba ella también, mezquinando el cordero.

-Bueno, ahora te vas a llevar a lavar las tripas al río.

Y... bueno... se ha ido llevando las tripitas al río. Allá diz que estaba lavando ella, llorando, mezquinando el corderito. Y di allá diz que el viejito, el viejito ése, roñoso, sucito:

-Qué haces, m' hija -que le dice.

-¡Ay! -que le dice-. ¡Salí viejo roñoso, sucio!

-No, m' hija, te pregunto qué haces.

-'Toy lavando estas tripas.

-Y no podrás lavarme a mí.

-No, sois un roñoso.

-Bueno m' hija -dice que le dice-. Ahora, cuando grite el burro mirá pa arriba y cuando cante el gallo mirá abajo.

Bué... Gritó el burro, miró para arriba. Se le prendió una parte fea del burro. Bué... Canta el gano, miró abajo, no se le prende nada.

Bueno. Se va a la casa con un tremendo castigo de Dios en la frente, las cosas del burro. Entonces:

-¡Ay, m' hija!, ¿por qué traes esto? -dice la madre.

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Áhi hi visto un viejo que yo no lu hi querido lavar y mi ha dado este regalo. Mi ha dicho que yo cuando cante el gallo mire abajo y cuando grite el burro que mire arriba. Entonces con eso me ha venido esto, mamá. ¿Cómo me saco?

Qué se iba sacar. Bueno, pasó eso.

-Bueno, m' hija; ahora, ¡qué vamos hacer!

-Bueno, mamá -que le dice-, usté más sabe. ¿Por qué a ésta no la mete bajo de una batea?

Que la chica ya ha tenido su festejante, la bonita.

-Vamos a meterla bajo la batea y a vos en una urna.

Porque la mamá quere que este festejante la festeje a la negrita. No a la linda.

Entonces viene el niño, un niño viene y pregunta de la niña linda.

-Está en la urna -la madre le dice-. Está en la urna.

Y el festejante no ha creído que está en la urna. Y viene un perrito ojos azules, un perrito blanco, zarquito138. Le pega la vuelta a la batea. Entonces el niño se da cuenta que áhi está la niña, bajo de la batea. Entonces que le dice el niño:

-Yo no interesco a la de la urna. Yo interesco a la que está bajo de la batea.

-¡Ah, no! La bonita es la que está en la urna.

-¡Ah, no!, señora -le dice el niño-, la bonita está en la batea.

-A ver.

Bué... Entonces la han visto a la pobrecita. La han sacado de abajo de la batea. Entonce el niño dice:

-Yo, a ésta la pretendo, no a la que está en la urna.

-Bueno, ¿qué va hacer?

Entonces la mujer ha pensado matarla a la niña. Y piensa mandarla a los desiertos.

La manda a la bonita a los desiertos.

¡Qué va hacer! Ha tenido que ir.

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Allá en los desiertos ha hallado un palacio, la bonita. Ha hallado un palacio que habían sabido vivir siete hombres. Cada uno con un perro.

Bueno, la niña vio que había siete camas y todas las cosas para siete hombres. Entonces ella ha hecho la comida, arregló todo, y cuando ha sentido que venía gente, ha corrido y se ha escondido en el hueco de un mistol, de ese árbol. Y así han pasado varios días. Entonces li han dicho que no tenga miedo, que ella va ser como la hermana, como la madre de ellos. Y ha quedado áhi, como dueña de casa. Y ha vivido con ellos.

Por áhi ha tenido noticia la madre que la ha criado a la bonita. Bueno, entonces, dice, mira a una bruja que vaya a matarla a la bonita y traile los ojos.

Bué... ha ido la bruja. Ha ido y la ha encontrado. Por áhi cuando ella ya iba ya para llegar, sale el perrito blanco, el ojito azul. Dice que le dice:

-El ojito mío llevelé a la señora.

Le saca el ojito azul del perrito blanco y le lleva la bruja.

Con eso se conforma la vieja, que ya lo ha muerto a la bonita.

Y ese perrito era el ángel de la guarda.

María Manuela Herrera de García, 70 años. Ancocha. Atamisqui. Santiago del Estero, 1971.Variante del cuento tradicional.



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1034. La Cenicienta

CATAMARCA

Había una vez una señora viuda que tenía dos hijas y un hombre viudo que tenía una hija. Entonces se casaron.

Las hijas de la señora eran feas y le tenían envidia a la hija del viudo. Como era tan bonita ella, la pusieron en la cocina. Y como no la dejaban lavarse, 'taba siempre llena de ceniza, y la llamaban la Cenicienta.

La mandaban a cuidar las ovejas a los cerros. Y le mandaban canastadas de lana para que hile.

Entonce ella tenía una ovejita, que le metía la lanita por la boquita y salía por la colita hiladita y torcidita.

Y ella podía traer toda la lana hilada a las casas. Si no traía le pegaban. La ovejita era de virtú, por eso la ayudaba. Entonce dice una de las hermanastras:

-Mamá, mamá, mire cómo trae de bien torcido el hilo, ella. Mañana voy a ir a ver cómo hace.

Bueno. Se va a la punta del cerro, al otro día, y la pilló que le metía por la boquita la lana a la ovejita, y salía por la colita hiladita y torcidita.

Y entonce139 vienen y le matan la corderita. Y la mandan a lavar la pancita al río. Y ella lloraba y lloraba... Y cuando   —344→   'taba lavando la pancita, viene un pez y le lleva la pancita. Y lloraba y lloraba... Y se le aparece un viejito que era Dios. Y le dice:

-¿Por qué llora, niña linda?

-Porque el pez mi ha llevado la pancita de mi corderita.

-Mirá allá, en aquella casita, tu pancita está en un plato. Tirá todas las cosas que ahí están.

Entonce ella ha ido, le ha acomodado, le ha limpiado, le ha dejado bien limpia la casa. Entonce va ande 'ta el viejito. El viejito le dice:

-Traeme un vaso de agua.

Le trae un vaso con agua y le dice:

-Te vas a llevar el vaso con agua. Cuando cante el gallo, bajá el vaso y cuando rebuzne el burro levantá el vaso. Y atate bien la cabeza, así no te ven en la casa.

Y se va. Canta el gallo y baja el vaso, y le cae una estrella en la frente. Rebuzna el burro y levanta el vaso.

Al otro día le dicen:

-¿Por qué tenés atada la cabeza?

-Porque me duele la cabeza.

Y le dehatan y le brilla la estrella, y dicen:

-¡Um!... Ven qui a ésta li había caído una estrella...

Y entonce las otras le preguntan cómo había pasado eso. Ella les cuenta. Entonce al otro día mata una oveja una de las hermanastra y se va a lavar la pancita. Y lloraba y lloraba... Y vino el pez y le llevó la pancita.

Entonce le dice el viejito:

-¿Por qué llora, niña linda?

-Porque el pez me llevó la pancita.

Y entonce le dice:

-Allá, en aquella casita, está la pancita en un plato.

-Bueno, bueno -dice.

-Andá, tirá todas las cosas, y quemamelas140 y traete un vaso con agua.

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Bueno, va, le quema la casita, le tira todo y le trae el vaso con agua. Y entonce le dice:

-Cuando cante el gallo levanta el vaso y cuando rebuzne el burro, baja el vaso.

Bueno. Se va a su casa. Esa noche, canta el gallo y levanta el vaso; rebuzna el burro y baja el vaso y le cae la cosa del burro en la frente. Entonce ella se puso muy desesperada. Y entonce va y si ata la cabeza ella. Y le preguntan:

-¿Qué te pasa?

-Me duele la cabeza.

Y se dehata, y tenía colgada la cosa del burro.

Y entonces había una fiesta, y el Rey las invita. Y claro, no la querían llevar a la Cenicienta. Y le decían:

-¡Qué vas a ir vos, sucia!

Se van las otras a la fiesta.

Entonces ella estaba sola y se le aparece el viejito, y le dice:

-¿Querés ir a la fiesta del Rey?

-Sí, sí -dice ella- y mis hermanastras no me quieren llevar.

-Andá, de la güerta traé un zapallo grande, y vení.

Va y trae el zapallo.

Y del zapallo forma una carroza. Y de unos ratones forma los caballos. Entonce le trae un vestido muy lindo, unos zapatos, unos collares. Y queda bien arreglada como una princesa. Y entonce le dice:

-Cuando toquen las campanas de las doce de la noche, venga, porque si no se le va desaparecer todo, ¿no?

-Bueno, bueno -dice ella.

Entonce se va. Y estaba el Príncipe. Y dicen:

-Vea, vea, allí ha llegado una Princesa.

-Venga, recíbala usté.

-Bueno, bueno -dice y va.

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Y él la recibe. Y con ella no más bailaba.

Y entonce, después que ha bailado toda la noche tocan los campanazos de las doce de la noche y sale corriendo y pierde un zapatito...

Llega allá, y queda el zapallo en la güerta, y todas las cosas como estaban.

El Príncipe ha recogido el zapato y ha empezado a buscar esta niña tan linda que tenía una estrella en la frente.

Al otro día141 andaba el Príncipe midiendo el zapato a todas las niñas, en todas las casas.

Cuando llegó a la casa de la Cenicienta, una de las hermanastras se cortó los dedos para que le entrara el zapato, pero la vieron. La otra se cortó el talón, pero la vieron. Entonces empezaron a preguntar de quién era el zapatito.

Y salió la Cenicienta de la cocina y dice:

-Yo, yo me lo mido al zapatito.

Y le dicen:

-¡Qué te vas a medir vos, sucia, si no te lavás los pies nunca!

-No, dejelá que venga -dice el Príncipe.

Y viene y se prueba y le calza justo el zapatito. Y va el Príncipe y se casa con ella.

Jorge Eduardo Busto, 13 años. Copacabana. Tinogasta. Catamarca, 1970.

El narrador oyó el cuento a los padres y a los abuelos.



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1035. La Cenicienta

CATAMARCA

Dice que había una señora con dos hijas. Que ella lo quería más a una que a la otra. A ésta la habían echau a la cocina y le decían la Cenicienta.

Que le había mandado a la chica que no quería que le cuesa una falda sin costura.

Que si había ido la chica llorando y que había habido un anciano y le dice:

-¿Porque llora, mi ama?

-Mi mama mi ha mandau que cuesa la falda sin costura.

Que ha venido una chiva y li ha agarrado la falda y que le 'taba cutipando142. Entonce que después que li había entregado la falda sin costura.

Ya cuando había llegado a la casa, la otra hermana, que le dice:

-¡A no, no, no! La chiva había sido la pícara. Ella li había sabíu coser la falda sin costura.

Han veníu y lo habían carniau la chiva y la habían mandado con la panza que vaya a lavarla al río. Cuando la estaba lavando la había agarrado un pescau. Y que si había ido la chica río abajo, llorando. Y ha salido otra vez el viejito. Que le dice:

-¿Porque llora mi ama?

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-Un pescado mi ha quitado la panza -que le dice.

-Mire, vaya a sentarse. Cuando cante el gallo levante la cabeza, cuando rebuzne el burro baje la cabeza.

Que si había ido y había hecho como li había dicho el viejito, y ha venido una cosa y se li había pegado esa cosa y había sido una estrella.

Y la otra chica, también de envidiosa había muerto una chiva y si había ido, llorando. Si había bajau con una panza también la había tirau dentro l'agua.

Y había salíu el viejito y li había dicho:

-¿Porque llora mi ama?

Que dice:

-Porque el pescau mi ha quitau una panza.

Y que le dice:

-Vaya a sentarse. Cuando cante el gallo, baje la cabeza. Cuando rebuzne el burro levante la cabeza.

Y que ha hecho eso. Y que ha veníu y se li había pegado una cosa negra en la frente. Y ha veníu y li ha dicho a la madre:

-Mire, mamita lo que se mi ha pegau.

Dice:

-No, hijita, si eso es la tortera 'el burro -que le dice.

Y dice qui han visto que era castigo por envidiosa.

Dice que el Rey ha hecho una fiesta.

Y si ha ido la madre con la hija que ella quería a la fiesta.

La otra chica si había quedau llorando.

Y que ha veníu el viejito y li había dau traje y zapatos y un coche muy lindo. Y había dicho que vaya pero que cuando den las doce de la noche salga, en el momento; ante que se desaparezca todo.

Y había llegau a la fiesta y el Rey ha venido y ha bailado con ella no más. Cuando han dau las doce qui había salíu corriendo y ha perdíu un zapatito.

Al otro día qui habían salido los empliados del Rey a buscala a la dueña del zapatito.

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Dice que a todas les había medido el zapatito y la hermana envidiosa hacía fuerza por ponerseló. A ninguna le entraba. Y después había salido la Cenicienta y a ella li había andado muy bien. Y si había casau el Rey con ella.

Elsa Elvira Castro, 11 años. Plaza de San Pedro. Fiambalá. Tinogasta. Catamarca, 1970.

Aprendió el cuento de los campesinos del lugar.



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1036. La niña con la estrella en la frente

LA RIOJA

En un pueblito que no me acuerdo el nombre, vivía una vieja que tenía dos hijas, una propia y la otra era criadita no más. La criada era más linda que la otra, y la hacían trabajar más. Todos los días tenía que cuidar las cabras y ayudar en los quihaceres de la casa. Como veían que ella era más linda que la otra, la vieja y la hija le tenían envidia, y siempre la vestían más humilde. Pero la pobre chica era muy buena y obediente. Un día la mandaron a lavar unas tripas en un arroyo que quedaba cerca de la casa, y cuando estaba lavandolás, se le apareció un viejito y le dice:

-¿Qué estás haciendo, niñita?

-Lavando estas tripitas -le contesta.

-Bueno -le dice otra vez el viejito- mañana, cuando cante el gallo vas a mirar para arriba y cuando rebuzne el burro vas a mirar para abajo.

-Bueno -le contesta la chica.

Y al día siguiente la niña ha hecho como le ha dicho el viejito. Cuando cantó el gallo miró para arriba y le salió una estrella en la frente, y cuando rebuznó el burro miró para abajo y cayó en el suelo un estierco143 de burro.

La chica quedaba más linda todavía con la estrella en la frente, y era mayor la envidia de la otra niña. Le preguntaron   —351→   cómo había hecho para que le salga esa estrella en la frente, y le contó del viejito que le había salido cuando estaba lavando las tripitas. Entonces la vieja la mandó a la otra hija a que vaya a lavar tripas en el arroyo, y se fue. Cuando estaba lavandolás se le aparece el viejito y le dice:

-¿Qué estás haciendo, niñita?

-Lavando estas tripitas.

-Bueno -contesta-, mañana cuando cante el gallo vas a mirar para abajo, y cuando cante el burro vas a mirar para arriba.

Se fue contenta, y al día siguiente así lo hizo. Cuando cantó el gallo miró para abajo, y cuando rebuznó el burro miró para arriba y le salió un estierco de burro en la frente. Lloraba, pero no había caso, no se lo podía sacar, y eso le pasaba nada más que por envidiosa.

Francisco Flores, 66 años. Nueva Esperanza. General San Martín. La Rioja, 1950.

El narrador ha olvidado buena parte del final del cuento tradicional.



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1037. La Cenicienta

LA RIOJA

Era un señor viudo que tenía una hija muy bonita. Se casó con una señora viuda, también, que tenía dos hijas, más o menos regulares no más, nada muy lindas.

Al principio se llevaban bien, pero después, a esta chica bonita le tenían envidia y la mandan a la cocina. La tenían para la cocina, la tenían separada de las otras dos. La castigaron y la mandaron a la cocina, que no saliera más, y la llamaban la Cenicienta.

Esta niña tenía un cabrito y se lo carniaron un día. La señora le dio los menudos, las tripitas, que vaya a lavarlas al río. Y hacía un frío terrible.

Bueno...

Ella se fue descalza al río, a lavar las tripas. Cuando las 'taba lavando se le apareció un viejito y le preguntó qué 'taba haciendo. Entonces ella le dijo:

-'Toy lavando estas tripitas, que me mandó mi madrasta.

Entonce el viejito le dice, bueno, que lave las tripitas y cuando termine, se va a poner en la frente, un trapito. Entonce ella, cuando le dijo así lo miró y vio un reflejo, una luz que se le aparecía en la frente. Pero ella no sabía qué era esto. Entonce, a pesar de la curiosidá, obedeció lo que el viejito le decía. Rompió el delantal que tenía y se puso una vincha. Una hermosa estrella tenía en la frente. Entonce la tapó.

Y al ir a la casa, le decían que qué le pasaba, qué tenía.

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-Y no sé -dice.

Le contó ella lo que el viejito li había dicho.

Entonce la madrasta y las otras hermanas le arrancaron la vincha que tenía en la frente y vieron esta hermosa estrella, y quedaron pasmadas de la luz. Querían arrancarle de la frente la estrella, enojadas. Y agarraron barro, ceniza mojada, le pusieron en la estrella, pero nada, no desapareció, seguía brillando. Entonce la castigaron y la mandaron a la cocina, que no saliera más.

Bueno...

Al otro día carnearon otro cabrito y la mandaron a la otra chica a lavar las tripitas. Al estar lavando las tripitas se le apareció el viejito. Le pregunta qué lo que hacía. Entonce ella le dice que 'taba lavando esas tripitas. Claro como este señor sabía por qué lo hacía, que era nada más que por envidia, entonces él le dice:

-Terminá de lavar y te atás la cabeza con un trapo.

Y al ir a la casa, le destapó la madre creyendo que se iba con una hermosa estrella como la otra chica, y se dio con la tortera del burro, que 'taba toda pegada en la frente. Entonce la madre la quería cortar. Cuando más le cortaba más si agrandaba. Entonce, claro, lloraba muchísimo la chica y la madre. Igual empezaron a martirizarla a la otra chica, a la Cenicienta.

Con la otra hija de la viuda pasó lo mismo. La mandaron a lavar las tripitas, le salió el viejito y después li apareció en la frente, pegada, la tortera del burro.

Una noche daban en el pueblo una gran fiesta en la casa del Rey. Este rey tenía un hijo soltero. Las hijas de la viuda con la madre se fueron a la fiesta.

El viejito li había dado a la niña del viudo una varillita de virtú para que ella le pidiera lo que necesitara. Esa noche, cuando quedó sola, le pidió un hermoso traje y un carruaje, y se fue al baile.

Cuando la niña se presentó, el hijo del Rey vino y estuvo con ella bailando toda la noche, hasta que la niña, en un descuido salió del baile, subió al carruaje y se fue sin que la pudieran hacer quedar. Pero al subir al carruaje, esta chica perdió un zapato.

  —354→  

Entonce, al día siguiente buscaba este Príncipe, quién la había visto a la niña que era tan hermosa y con esta estrella, que iluminaba todo el salón y que había perdido el zapato. Buscaba quién era la dueña del zapato ése. Por todas las casas del pueblo andaba viendo, con muchos sirvientes, a quién li andaba ese zapato, hasta que al fin llegó a la casa de estas niñas. Entonces, a la niña que tenía la estrella, a la Cenicienta, la escondieron. Les midieron el zapato a las hijas de la señora. Ellas decían que les iba andar el zapato, pero no les andaba. Hasta que la encontraron a la chica. Le midieron el zapato y era ella. Entonce la llevó y se casó con ella.

Hicieron una gran fiesta y vivieron muchos años muy felices.

Ana Zulema Larrosa, 60 años. Malligasta. Chilecito. La Rioja, 1968.

A la narradora le contó este cuento la abuela, Antonia Iribarren de Bazán, que era, como ella, originaria de la región y sabía muchos cuentos.



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1038. La Cenicienta

SAN JUAN

Era una vez que había una niña llamada Mariquita. Había quedado güérfana de madre y el padre si había casado de nuevo. La madrasta144 de esta niña tenía dos hijas. Mariquita era muy linda y güena y las hijas de la madrasta eran feas y malas. Entonces le tomaron rabia y envidia a Mariquita, y la echaron a la cocina. Ella tenía qui hacer todos los trabajos más sucios. La madrasta y las otras niñas la mortificaban a Mariquita todo el día, de la envidia que le tenían. No le daban ropa pa qué se mudara ni le dejaban ni un minuto de tiempo pa que se lavara y se peinara. Andaba siempre llena de ceniza de estar a la orilla del juego145. Por eso, ya no la llamaban por el nombre, y le pusieron Cenicienta. El padre sufría de ver a su hija en el estado que estaba, pero como la nueva señora era muy mala, no podía hacer nada.

La madrasta y las hijas iban a fiestas, y a la146 Mariquita la despreciaban y la dejaban siempre en la casa trabajando.

Una vez la Cenicienta 'taba lavando las tripitas di un corderito en un arroyo. Era un corderito d'ella que li habían matado.   —356→   En eso l'agua le llevó las tripitas. Ella jue corriendo atrás de las tripitas que le llevaba l'agua. Después de un güen rato que iba corriendo y llorando, se topó con un viejito que la llamó:

-Vení, Mariquita, yo te gua ayudar pa encontrar tus tripitas. Limpiame un poquito los ojos qui ando medio ciego.

Mariquita lo vio al viejito tan sucio y tan pobre que le dio mucha lástima y áhi no más se puso a limpiarlo y a arreglarlo. Después di un rato, el viejito le dijo:

-Tomá, Mariquita, esta varillita de virtú. Pedile todo lo que necesitís, que te lo va a dar. Tenís que decir:


Varillita de virtú,
por la virtú que Dios ti ha dau,
por la salú que me dais,
y por la que me darís,
que yo tenga tal y tal cosa...



Mariquita se despidió del viejito y le agradeció mucho.

Mariquita se jue muy contenta y cuando llegó ande 'taba lavando las tripitas del cordero, las encontró todas juntitas y lavaditas. Ya se dio cuenta que ese viejito era Dios que la ayudaba, y se metió en el seno la varillita de virtú y se la llevó bien guardadita, pa que no se la quitaran.

En ese lugar había un rey soltero y esa noche daba un gran baile en el palacio, porque quería elegir novia pa casarse.

La madrasta de Mariquita hizo que sus hijas se vistieran muy bien y las llevó al baile.

Cuando Mariquita se quedó sola, le dijo a la varillita:


Varillita de virtú,
por la virtú que Dios ti ha dau,
por la salú que me dais,
y por la que me darís,
que yo tenga un traje el más lindo que naide tenga
y un coche como no lo tiene ni el Rey.



  —357→  

Al mesmo momento si apareció un coche con unos caballos lindísimos y con lacayos que lu atendían, y áhi 'taba un traje lujosísimo. Áhi no más se lo puso Mariquita y salió pal baile. Áhi jue la almiración de todos cuando la vieron a Mariquita, a esta niña tan hermosa que naide conocía. Y más era la almiración del Rey. El Rey bailó toda la noche con ella. Cuando ya venía l'alba, Mariquita, en un descuido salió en su coche del palacio y naide pudo saber ande iba.

A la noche siguiente pasó lo mesmo, y Margarita jue con un traje más bonito y en un coche más lujoso. Tamién147 se despareció148 en un momento y naide supo ande s'iba en su coche al clariar l'alba.

A la noche siguiente el Rey ordenó a los sirvientes del palacio que pongan pega pega en l'escalera por donde Mariquita salía y se desparecía.

Ya llegó Mariquita al baile con un traje más bonito, como naide había visto y con zapatitos di oro. Y ella 'taba más linda que nunca.

El Rey bailó toda la noche con ella y a la madrugada, Mariquita se despidió y salió muy apurada. Áhi agarró por l'escalera con pega pega y empezó a pegarse los pieses, pero al fin salió no más corriendo, pero se le quedó pegau un zapatito di oro. Áhi corrieron los sirvientes y le trajieron al Rey el zapatito.

Al día siguiente salió el Rey con todos los sirvientes a buscar la dueña del zapatito di oro. A todas las niñas se lo medía pero no le entraba a ninguna.

Al fin, después de andar muchos días, ya llegó a casa de Mariquita. Ella 'taba en la cocina, mal vestida y sucia. La madrasta sacó a las dos hijas pa que se midan el zapatito. A una l'hizo cortar los dedos de los pieses y a la otra los talones, pero ni así les calzó el zapatito. Entonces los sirvientes le dijieron al Rey que en la cocina había una niña muy linda, que por qué no la hacía llamar. La madrasta y las hijas no querían por nada, pero al fin la llamaron.

  —358→  

En cuantito se lo puso al zapatito, le calzó bien, y áhi se dio cuenta el Rey que esa era la niña del baile y de todo lo que le pasaba. Áhi no más se la llevó al palacio y le hizo dar de las mejores ropas y zapatos.

A los tres días el Rey se casó con Mariquita y hicieron grandes fiestas que duraron muchos días.


Y jueron felices,
comieron perdices,
y a mí no me dieron
porque yo no quise.



Ramona Peña, 75 años. Angaco Sur. Angaco. San Juan, 1953.

Campesina rústica; ha concurrido un año a la escuela local.



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1039. La Cenicienta

SAN LUIS

Había una señora que tenía dos hijas y tenía una chica que la había criado, ¡era criadita! A esta chica le decían la Cenicienta. La chica tenía una corderita que le habían dado, y ella la tenía siempre con ella, a la corderita, que era guaschita.

Las hijas de la señora eran muy feas y la Cenicienta era muy donosita. Y las otras eran muy envidiosas y malas, y no la querían. Siempre la mortificaban por todo, y la tenían muy mal vestida. No la dejaban ni que se lavara ni que se peinara para que pareciera más pior.

Un día, las muchachas le dijeron a la Cenicienta que le iban a carnear la corderita. La chica lloraba, que no se la carnearan, pero se la carnearon no más. La mandaron a la Cenicienta a lavar los menudos de la corderita en el arroyo. Se jue llorando, al arroyo, a lavar los menuditos, y en eso que estaba llorando y lavando los menuditos, se le escapó la pancita de la corderita y se la llevó l'agua. En eso que iba encontró una viejita, y le dijo:

-¿Para dónde vas m'hijita?

-Voy buscando una pancita que estaba lavando y me la quitó l'agua.

-Mirá -le dijo la viejita- andá más abajo. Ahí hay un viejito, y él tiene la pancita, él te la va a entregar.

Así lo hizo la chica. Se jue y encontró el viejito y le dijo si no había visto una pancita de cordero, que le había tráido l'agua.

-Sí -le dijo el viejito- pero si querís que te la entregue, me tenís que lavar la cara y los pieses.

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Quesque era un viejito muy sucio. Se vía que de viejo el pobre no se podía lavar. A la chica le dio lástima este pobre viejo, y corrió a alzar agua y lo lavó bien, bien, por la cara y en los pieses. Quedó limpito el viejito, que daba gusto. Lo lavó con cariño, como si fuera un padre.

-Bueno -le dijo el viejito-, tomá tu pancita y andate. Mañana, a la madrugada, cuando cante el gallo, levantá la cabeza y mirá arriba, cuando rebuzne el burro, bajá la cabeza y mirá para abajo. Vas a tener el premio por lo que sos tan buena y condolida de las desgracias ajenas.

Y la Cenicienta se jue, muy contenta, a su casa, por haber encontrado la pancita, así no la iban a retar, y de haber hecho una caridá al viejito.

Ella se levantaba muy temprano, al primer canto 'el gallo, siempre, siempre, a trabajar. Y así, la chica hizo lo que le dijo el viejito: cuando cantó el gallo, levantó la cabeza y le cayeron dos estrellas di oro en la frente. Cuando rebunó el burro, ella bajó la cabeza y no le pasó nada.

Cuando se levantaron las niñas mayores y le vieron las estrellas, muy envidiosas, le preguntaron que cómo había hecho para tener eso. La chica les contó que se le había ido la pancita en el agua, y que se la había encontrado un viejito muy bueno, que estaba río abajo. Que ella le había lavado la cara y los pieses. Como las otras dos niñas eran tan interesadas y envidiosas quisieron hacer lo mismo. Le pidieron a la madre que les carniaran las corderitas, que ellas tenían. Así lo hizo la madre, y ellas se jueron a lavar los menuditos entre las piedras del arroyo. Ya cuando estuvieron haciendosé las que lavaban las tripitas, largaron las pancitas para que las llevara l'agua. Al ratito se jueron por la orilla a buscar las pancitas. Se toparon con una viejita, y haciendosé las que lloraban, le dijieron que l'agua les había llevado las pancitas de cordero que habían estado lavando, y que las iban a retar en las casas. Entonce la viejita les dijo:

-Vayansén más abajo y ahí van a encontrar un viejito. Él les tiene las pancitas.

Siguieron las niñas hasta que encontraron el viejito, y le preguntaron si no había visto unas pancitas que les había quitado l'agua, y el viejito les dijo:

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-Sí, aquí las tengo, pero si quieren que se las entregue, me tienen que lavar la cara y los pieses, muy bien lavados.

-Güeno -dijieron las niñas.

Jueron, alzaron agua. Con asco lo que vieron el viejito sucio, le pasaron de mala gana un poco de agua por la cara y los pieses, así no más. Entre dientes protestaban lo que tenían que arrimarse a ese viejito tan cochino, como decían.

-Bueno -le dijo el viejito- aquí tienen la pancita, y les voy a dar una virtú. Cuando esta madrugada cante el gallo, ustedes bajen la cabeza, cuando rebuzne el burro, levanten la cabeza y miren para arriba.

Las niñas se jueron muy contentas. Ya se vían con las estrellas di oro, y pensaban de hacer atar la cabeza de la Cenicienta para que nadie viera que ella también tenía esa virtú. Ya llegó la madrugada, y las niñas esperaban el momento muy apuradas. Cuando cantó el gallo bajaron la cabeza y miraron para abajo. No pasó nada. Cuando rebuznó el burro, levantaron la cabeza y miraron para arriba. Entonces les cayeron unas tremendas orejas de burro. Se querían morir, las dos, lo que se vían así. La madre estaba también desesperada, se ataron la cabeza y se enojaban con la Cenicienta, crendo que las había engañado. Ya vinieron los parientes y los vecinos, para ver las estrellas di oro que les habían dicho las niñas que iban a tener, y las encontraron con unas orejas de burros grandotas. La Cenicienta, aunque andaba con ropas viejas, y que no le dejaban ni que se arreglara, estaba lindísima, con sus dos estrellas di oro.

Cuando cundió la noticia de que había una niña muy donosa que tenía la virtú de tener dos estrellas di oro, vinieron de las partes más lejas, reyes, condes, príncipes, a pretenderla. Las mayores la escondieron a la Cenicienta, por todos los medios, pero un príncipe muy poderoso, entró no más en la casa, la reconoció y se casó con ella. Hicieron una fiesta muy grande, que duró muchos días.

Las envidiosas se dieron cuenta que Dios las castigaba así y daba el premio a la Cenicienta, que era humilde y buena.

Julián Aguilera, 39 años. El Saladillo. Pringles. San Luis, 1948.



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1040. Estrellita de oro

La Cenicienta


SAN LUIS

Que era un señor que tenía una hija muy linda y una señora que tenía dos hijas. Estos eran viudos y se casaron.

El hombre había dado a la hija una ternerita guacha, que ella quería mucho. La mujer no quiso ser menos y les dio a las hijas de ella una ternerita también para que criaran.

La mujer antes de casarse le hacía muchos cariños a la hija del viudo. Después que se casaron, la mujer lo empezó a gobernar al hombre y a mortificar a la hijastra.

Un día le ordenó la mujer al hombre que le carniara la ternera de la hija d'él. La chica lloraba, pero el padre no tuvo más remedio que matar a la ternerita. La madrasta la castigó y la mandó a lavar los menuditos a un río que había áhi cerca.

La chica jue y se puso a lavar los menuditos. La chica, por llorar, los menuditos se los llevó el río. La chica tomó río abajo buscándolos. Encontró dos señoras que 'taban lavando, y les dice:

-Señoras lavanderas, ¿no me han visto pasar por acá unos menuditos?

-Sí -le dicen-, te vamos a decir si los ayudás a lavar.

-Muy bien, señoras -les dice.

Les ayudó a lavar y le dicen ellas:

-Andá más abajo, áhi vas a encontrar un viejito que te va a decir ande los podís encontrar a los menuditos.

  —363→  

Fue adonde 'taba el viejo y le dice:

-Señor, ¿no me ha visto pasar unos menuditos por acá?

El viejito le dice:

-Sólo que me limpiés todas las llagas que tengo te voy a decir.

-¡Cómo no, señor! -que le dice.

Y el viejito que 'taba llagado completamente, pero la niña no le tenía asco, sinó que le tenía lástima. Cuando lo limpió bien le dijo el viejito:

-Andá a aquella casita que se ve allá, esa es mi casa. Hay unos chicos allá. Echamelés la basura del patio, adentro, que todo se haga un desorden. Me los aporriás, me los castigás bien a los chicos y te acostás a dormir. Cuando cante el callo, levantá la cabeza; cuando refune149 el burro, escondé la cabeza. Y a la mañana buscá abajo de una mesa que áhi 'tán los menuditos en una tinajita.

Y así hizo todo lo que le dijo el viejito. Cuando cantó el gallo levantó la cabeza y le cayó una estrella di oro en la frente. Cuando refunó el burro, escondió la cabeza. A la mañana sacó los menuditos, se notó que tenía una estrella en la frente, y se fue a su casa.

Cuando la divisó la madrasta se quedó almirada porque no sabía qué era lo que tenía en la frente. Y cuando vido lo que tenía, le ató la cabeza con un trapo de limpiar las ollas. Entonce la niña le contó a la madrasta todo lo que le había sucedido. Entonce lo mandó al marido que le carniara la ternerita de la hija mayor. Ella si hacía la que lloraba y también se jue a lavar los menuditos al río. Los dejó que se los llevara l'agua y se jue río abajo. Encontró las lavanderas y les dice:

-Lavanderas, ¿no me han visto pasar unos menuditos por acá?

-Si nos ayudás a lavar te vamos a decir -le dicen.

-¡Más se lo quisieran!150 -les dice-. ¿Que acaso yo soy su piona?

  —364→  

-Andá más abajo -le dicen-. Encontrarás un viejito y él te dará noticia de los menuditos.

Fue y encontró al viejito y le dice:

-Viejo, ¿no me has visto unos menuditos por acá?

-Sí, te voy a decir -le dice-, pero si me limpiás todas las llagas que tengo.

-¡Qué más te quisieras, viejo sucio! -le dice.

-Bueno -le dice-, andá a aquella casita. Áhi es mi casa. Hay unos chicos. Castigamelós bien a los chicos. Alzá la basura y la echás adentro, que quede todo en desorden. Y entonce te acostás a dormir. Cuando cante el gallo levantá la cabeza y cuando refune el burro escondés la cabeza.

Ella lo hizo todo al revés. Cuando cantó el gallo bajó la cabeza. Cuando refunó el burro levantó la cabeza y le cayó el mondondo del burro en la frente. Sacó los menuditos y se fue a la casa de ella.

La madre salió corriendo cuando la divisó a la hija porque creyó que tenía la estrella di oro en la frente. Y ve que es el mondongo del burro. Que no sabía qué hacer de afligida y que le ata la cabeza con un pañuelo de seda blanco.

Bueno, que a la segunda hija le pasó todo como a la primera. Que le mataron la ternerita y fue a lavar los menuditos. Que dejó escapar los menuditos y fue adonde estaban las lavanderas, y no les quiso ayudar. Y fue donde 'taba el viejo y no le quiso limpiar las llagas. Y cuando cantó el gallo escondió la cabeza, y la levantó cuando refunó el burro. También le salió el mondongo del burro en la frente. Cuando llegó a la casa de la madre se quería morir, pero no tuvo más que callarse y atarle la cabeza con un pañuelo blanco de seda.

Bueno. Que se fue el padre a una casa de negocio a comprar cosas para las hijas. La hija de él que le encargó que le traiga tres porotitos. Las otras le encargaron muchísimas cosas de adorno. El padre les trajo todo lo que habían encargado.

La niña fue y enterró sus tres porotitos en la esquina de la huertita de la casa, que ella cuidaba y regaba. Había soñado que esos porotitos serían su virtú, que le darían lo que ella les pidiera. Después salieron tres plantitas muy lindas.

El domingo se fue la madrasta a misa con las dos hijas y la niña quedó en la cocina trabajando. Que ella se lo pasaba en la   —365→   cocina haciendo los trabajos más feos. Cuando se fueron, ella fue y les pidió a sus porotitos un traje muy lindo y lujoso y un coche de lo mejor. En seguida llegó el coche y le trajo un vestido. Se vistió y se fue a misa.

Cuando entró a la iglesia, todo el mundo no hacía más que mirar esta niña tan bonita y paqueta151. Apena terminó la misa tomó su coche y se fue. Todos quedaron con la curiosidá de qué princesa sería ésa.

Cuando volvió a la casa la Cenicienta, que así la llamaban porque 'taba siempre trabajando en la cocina y llena de humo y de ceniza, se puso su vestidito viejo y siguió atendiendo su trabajo.

Llegó la madrasta y las hijas y no hacían otra cosa que hablar de la princesa que había ido a misa, que nadie la conocía y que era tan linda y lujosa.

Al domingo siguiente se fue la madrasta con las hijas a misa y la niña volvió a pedir a sus porotitos un traje mejor y un coche mejor que el que había tenido. Al ratito no más llegó el coche, se vistió y se fue. Cuando terminó la misa se volvió.

Llegó la madrasta con las hijas y que ponderaban esa niña tan linda que a todos había llamado la atención y que no sabían quién era.

Al tercer domingo volvieron a ir a misa y la dejaron a la niña. Que nunca la llevaban a ninguna parte y le tenían envidia lo que era tan linda y tenía esa estrella que era de virtú de Dios.

Cuando quedó sola la niña fue a la esquina de la huertita y pidió a sus porotitos un traje y un coche mejor que los que había tenido. Al momento se presentó el coche que deslumbraba, con unos caballos tan lindos como no se habían visto nunca. El traje brillaba lleno de perlas y diamantes. Y se fue a misa. Cuando llegó, todo el mundo no hacía más que mirala. Cuando terminó la misa, salió muy apurada porque se le hacía tarde, y al salir se le salió un zapatito y en el apuro, lo dejó no más. Y lo encontró un príncipe que 'taba áhi y que la había 'stado mirando a la niña los tres domingos. Y que dice el Príncipe:

-Con la dueña de este zapato me voy a casar yo.

  —366→  

Volvieron a la casa la madrasta y las hijas, muy almiradas de la princesa que iba a misa, y que dice la madre:

-¿Viste, hija, que la princesa se parecía a la pobre Cenicienta?

-No, ¡qué se va a parecer! -que dijieron las envidiosas.

El Príncipe empezó a recorrer todos los lugares y a ir a todas las casas buscando la dueña del zapatito di oro y no la encontraba. Y llegó a la casa de Estrellita de Oro, que era la única que le faltaba.

Y la madrasta dijo que había de ser su hija, y que las llamó. Y ¡qué!, no les anduvo bien el zapato. Entonce preguntó el príncipe si no había otra niña, y la madrasta dijo que sí, pero que era una chinita152 que no vale nada. Entonce el Príncipe le exige que la llame, que la quiere ver lo mismo. Van y la obligan que salga así como está no más, pero la niña dice que va a ir a prepararse153.

Va la niña y les pide a sus porotitos un traje y un coche mejor de los que había tenido antes. Y se viste y se presenta. Y todos se querían morir de verla así, y con la estrella de oro en la frente. Y el Príncipe le puso el zapatito, y ¡claro! era ella la dueña y le anduvo lo más bien.

La madrasta y las hijas trataban de hacerla quedar mal con el Príncipe, pero él se casó no más con Estrellita de Oro y se fueron.

Y las envidiosas quedaron castigadas y con el mondongo154 del burro en la frente, para pior desgracia.

Margarita de Rivero, 68 años. Los Cerros Largos. San Martín. San Luis, 1951.

En el cuento figuran motivos nuevos.



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1041. La niña soberbia y la niña humilde

SAN LUIS

Había una Reina que tenía una hija y una criada. Entonce, a la criada la mandaba siempre que hiciera todas las cosas y a la hija no.

Y había un río que quedaba lejo de las casas.

Y entonce siempre la mandaba que juera a traer agua del río. En el río había como una pileta, ¿no? Y ahí iba ella con el cántaro y alzaba l'agua. Y ésta, como se demoraba siempre por que era lejos, le pegaba. Cada vez que venía le pegaba la Reina, porque es que se demoraba.

Bueno... Y que ya ella nu hallaba qui hacer, la criada, de tanto que la aporriaban.

Y un día que jue al río, y se li apareció una ancianita. Que le dice que le diera agua. Entonce que le dice ella:

-Bueno.

Entonce que le da en la vasijita que llevaba para llenar el cántaro.

-No -que le dice-, yo voy a tomar del cántaro.

-Bueno.

Le dio el cántaro que tomara agua. Tomó agua, ella, y le agradeció. Que le dijo que sería una güena niña, ella, y que Dios la conservaría, y que ella la bendecía. Entonce ella llenó el cántaro y se jue para las casas. Y claro, otra vez jue allá y otra vez que le pegaban porque se demoraba. Entonce, cuando la chica   —368→   jue a las casas, la última vez cuando se le apareció la viejita, que cuando ella hablaba, que le salían perlas de la boca. ¡Uh!, que si asustaba la Reina, y que decía:

-¿Qué? ¿Qué es esto? -que le dice.

Y, mientras más la chica hablaba, que aparecían más perlas que caían al suelo. Y la Reina, que le decía a la hija que viniera a juntarlas. Y dice:

-¡Yo no sé qué misterio tiene esta chinita!

Y después que dice la hija:

-Mamá, yo voy a ir. ¡Porque será un misterio! Voy a ir yo a alzar agua.

Y es que jue. Bueno, la señora que 'taba entusiasmada. Envidiosa entonce, que le dice:

-Andá vos.

Porque dice que perlas y flores que le salían de la boca. Palabra que decía la chica, más que le salían. Claro, el misterio que jue, que la viejita ésa le hacía una gracia a la chica. La viejita era María Santísima que se le apareció porque la chica era humilde y todo.

Entonce ya jue la otra chica. 'Taba alzando l'agua cuando se le apareció la viejita otra vez, y que le pidió agua. Que le dijo que tomara si quería de la bebida. No le quiso dar. Que le diera en el cántaro, que le dice.

-¡No! ¡En el cántaro no le voy a dar!

-Si no me das -que le dice-, no tomaré.

Y se desapareció la viejita. Y alzó l'agua ella y se jue pa las casas. Cuando jue allá, que le dice:

-Mamá -que le dice-, si mi ha aparecido una persona, allá, una anciana, no sé quién es.

-¡Niña! -que si asustaba ella-. ¿Y qué te dijo?

-Me pidió agua.

-¿Le diste?

-¡No! ¡Cómo le voy a dar agua yo en lo que tomamos nosotros! ¿Ve? ¡Mire!...

  —369→  

Es que, cuando la chica le conversaba a la madre eso, que le saltaban bichos de la boca. Matuastos, lagartos, que caían al suelo.

Que se desesperaba la madre lo que la vía.

¡Y cómo la otra chica tenía esa virtud!

Ya que la martirizaban. Siempre la mandaban al agua otra vez, y siempre ella venía con el misterio que tenía ella, y la otra no. Era soberbia la otra niña.

Al último, una vez que se le apareció un joven a la chica. Ya 'taba una chica moza. Y entonce el joven se apareció él y ahí le preguntaba cómo la trataban, y le dijo que él era hijo de un Rey. Y le dijo que si ella se quería casá con él. Y ella no le dijo nada.

Después el joven jue a la casa del Rey a hablar con el Rey, que él quería casase con esa chica.

¡Uh!, la martirizaron en la casa, enteramente, que ya no la dejaron 'tar. Hasta la tiraron. No le daban de comer, nada. Porque la Reina quería que se casara la hija. Al último de tanto sufrir ella, se jue a un bosque. Nu hallaba qué hacer, desesperada. Ya la tiraron de la casa. Y ella era buena, humilde, la chica. Y bueno, áhi cuando andaba sufriendo en el bosque, si apareció el joven. Que le dijo que él la iba a pedir al Rey, y que él s'iba a casar con ella.

Y al fin se casó con el Príncipe. Y las otras quedaron en la miseria. Por soberbias, ¿ve? Dios las castigó.

Alicia Amaya de Gutiérrez, 72 años. Las Chacras. San Martín. San Luis, 1968.

Campesina analfabeta. La narradora dice que aprendió el cuento de una viejita del lugar que sabía muchos cuentos, pero que ella ha olvidado algunas partes.



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1042. La Cenicienta

CÓRDOBA

Dice que había una señora que tenía dos hijas. Una de ellas era muy fea, asquerosa, y la otra regularcita. Ésta más lindita se casó y tuvo la gran desgracia de perder la vida al tener una nena. Y la nena se la dejó a la madre de ella para que se la criara. Y dice que esta chiquita era muy bonita. Y iba creciendo y más bonita se ponía. Y lo que la vía tan linda, la fea la agarró a aborrecer a la sobrina. Y cada día, lo que la vía más bonita más odio le iba tomando. Y a causa de esta hija fea, cuando la niñita tuvo cinco años, ya la tiraron a la cocina para que ella empezara a hacer las cosas de la cocina. Y ya a esa edá iba siendo capaz de hacer algo. Ella ya hacía el fuego, calentaba el agua y les llevaba el mate a la cama a la abuela y a la tía.

Y dice que a esta chica no le daban más que unos cueros pa que duerma. Y que 'taba siempre sucia y llena de ceniza. Y que le dice la fea a la madre que le pusieran la Cenicienta. Como la tenían en la cocina no más, siempre 'taba sucia con ceniza.

Ya creció a la edá de diez año y ya alcanzaba a desempeñarse en todo. Les daba el mate y les hacía la comida como podía. La mandaban al mercado, a los almacenes. Siempre andaba hilachenta, sucia. Ya se sabe lo que es ser güérfana y más cuando la aborrecen.

Dice que una vez la encuentra una señora, cuando iba al mercado, que venía con unos cuatro corderos, y dice que le dice:

-¿No querís que te dé un cordero pa que lo criés, pa que te acompañe?

  —371→  

-Cómo lo voy a criar, señora, si mi abuela y mi tía se enojan. Sólo que le dé la lechecita o el juguito de mazamorra que me den a mí.

-Eso -que le dice la señora.

Lo acetó la chica. Y va a la casa. Dice que lo que la vieron a la chica con el cordero en los brazos, que le dice la fea:

-Mire, mamá, a esta chinita con ese animal en los brazos. Quiteseló y largueló.

Que le dice la chica:

-¿Pórque me lo va a quitar si me lo han dado pa que me acompañe?

Entonce que le dice la vieja:

-Dejalo, dejalo que lo críe.

Y así, esta chica andaba por todos lados con el corderito. Lo crió con mucho cariño. Y ya 'taba grandecito el cordero y gordito.

Bueno. Y dice que un día le dice que agarre ese bicho y que lo tire.

Y bueno, que un día la mandan al mercado y le dicen:

-No lo llevís a ese bicho. Encerralo y dejalo.

Y dice que cuando salió la chica, sacaron el cordero y lo degollaron. Lo carniaron. Y dice que cuando volvió la chica, de lejo no más devisó que 'taban carniando un animal, pero no sabía que era su corderito.

Y dice que cuando llegó y vio, dice:

-Pero, agüelita, pero que no ve que no tenía más compañía que el corderito ¿pórque me lo mataron?

Lo que sacó es que la castigaron.

Bueno. Y después que le sacaron las tripitas, las pusieron en una palangana y que la mandaron al río a lavar las tripitas. Y la chica andaba llorando no más. ¡Qué se le iba acabar el duelo si le habían muerto su compañero!

Y la chica se jue llorando. Y le dijeron:

-Y si dejáis ir una tripita en la corriente del arroyo, no volváis.

  —372→  

Y así que le dieron contadas las tripitas. Y dice que se jue y se puso a lavar las tripitas y a llorar. Y dice que por áhi va y se le escapa una tripita. Y se largó ella a buscar la tripita río abajo. Y dice que cuando caminó un trecho, llorando, dice que al otro lado del arroyo devisa un señor muy hermoso, de ropaje blanco. Y dice que le dice:

-¿Qué buscás, buena niña?

-Una tripita, porque si la pierdo me van a castigar.

-Pasá a este lado ande 'toy yo. Yo te la daré.

Pasó la niña y ha pasado del lado izquierdo, y le dijo:

-Mirá, vení, lavame con tus manitos esta llaga y te daré tu tripita.

Y dice que pasó ella y lo hizo con todo gusto.

-Bueno -que le dice-, basta.

Y sacó la tripita y se la dio. Y le dice:

-Mirá, te voy a dar un consejo, hija mía, porque te quiero mucho y te tengo mucha lástima. Que esta noche 'tés muy alerta. Esta noche no te duermas. Cuando refune el burro bajá la cabecita y cuando cante el gallo levantá la cabecita.

Dice que la Cenicienta se fue con la tripita muy contenta. Y dice que se puso a cebar mate y a darles. Y dice que cuando ya jue de noche 'taba apurada por acostarse. No dormía ella esperando la novedá.

Dice que pasó toda la noche despierta. Al alba, ya oyó lejos el burro, y bajó la cabecita. Y ya cantó el gallo y levantó la cabeza y le cayó una estrea en la frente.

Bueno, a la mañana, se levantó ya y cuando iba adentro, deslumbraba esta criatura con la estrea. Y que ya le vieron la estrea y que se la querían sacar. Que la rajuñaban y rajuñaban para sacarselá y no podían. Y bueno, más envidia tenía la fea. Y que le dice:

-¿Qué te ha pasado chinita? Y vos que sois la Cenicienta no podés andar con eso.

Entonce dispusieron de ponerle una vincha para que no viera nadie lo que tenía esta niña. Y la niña contó cómo había encontrado a ese señor en el arroyo y cómo le había dado esa virtú.

  —373→  

Bueno. Que le dice la fea:

-Vea, mamá, usté debería carniar otro cordero y darme las tripitas a mí para ir a lavarlas en el río.

Y dice que le dice la madre:

-Bueno, hija, así vamos a hacer. Le voy a dar las tripitas pero no me deje perder ni una. También, pobre de vos si dejás perder una; te voy a matar.

Simulacro que hicieron así.

Entonce fue y compró un cordero, lo degolló y hizo lo mismo que con la Cenicienta. La misma simulación que hizo con el otro cordero.

Bueno. Esta niña chica, la Cenicienta, la habían mandado al mercado. Y dice que le dice el dueño del mercado:

-¿Qué tenis, que ti han puesto esa vincha? Y un trapo tan sucio que ti han puesto. Sacateló.

-No, la abuela no quiere que me saque esta vincha.

Y le dice el dueño del mercado:

-¿Maver? -agarró y le sacó la venda.

Cuando vieron, todos se almiraron y halagaron a esta criatura. Y que, le dijieron:

-¿Por qué te hacen eso?

-Yo no sé -dice ella.

La pobre criatura no sabía que tenía esto. La infeliz criatura no tenía espejo nunca. Vía el vislumbre no más cuando se sacaba la vincha, pero no sabía qué era eso. Y se divulgó por todo el contorno del pueblo lo que tenía esta criatura y llegó a los oídos del Rey que vivía en otro pueblo.

Y bueno. Vamos a lo que le pasó a la otra, a la fea. Se jue al arroyo la chinita mala. Y salió haciendosé la que lloraba, de pícara. Y se sentó a hacer la que lavaba. Y dice que por áhi ella largó de intento una tripita. Y siguió por la orilla del arroyo haciendosé la que lloraba. Y dice que ya caminó la distancia hasta donde estaba este señor, con el ropaje tan hermoso.

Dice que le dice:

-¿Qué busca, buena niña?

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-Una tripita, que me ha llevado el agua y mi mamá me va a castigar si no la llevo.

Y dice que le dice este señor:

-Pasá a donde yo estoy y te voy a dar tu tripita.

Bueno, ya ha pasado y le dice:

-Lavame esta llaga y yo te daré la tripita.

Y dice que le dice ella:

-¡Qué más te quisieras viejo puerco, que yo te voy a lavar esa llaga!

Ése fue el contesto de ella. Jueron las palabras de la guasa155 y sin saber con quién trataba.

Y dice que saca la tripita y le dice:

-Tome su tripita, aquí la tiene y le voy a decir una cosa.

'Té usté muy alerta. Vea, al alba, no se duerma. Esta noche van a cantar dos animales, el burro y el gallo. Cuando cante el burro, usté levante la cabeza y cuando cante el gallo usté baje la cabeza.

Y bueno, y dice que ya se fue a la casa de la madre. Y ya pegó la vuelta y se jue sin despedirse, ni nada.

Y ya llegó a la casa. Y que le dice la madre:

-¿Cómo te ha ido, hija mía?

-Bien, mamita. También me va a caer una estrea.

Bueno. No vía la hora que ya juera la noche.

La Cenicienta andaba siempre trabajando. Y por último llegó la hora. Se acostó muy temprano. Y dice que ya jue la hora. Y cantó el gallo, y ella bajó la cabeza. Y sintió cantar el burro y levantó la cabeza. Entonce sintió esta mujer que le cayó una cosa en la frente, que no sabía qué era, si eran las orejas del burro o qué parte del burro era. Y entonce que le dice a la madre:

-Levante, mamá, venga, vea, que 'toy apretada la frente.

Y ya se levantó la madre.

-¡Ay, hija mía! -que le dice-. ¡Qué castigo! ¡Qué castigo!   —375→   No comprendo yo lo que te ha caído en la frente.

Y le dice:

-Traite un cuchío, te voy a cortar lo que te ha caído en la frente, un miembro terrible ti ha caído en la frente.

Y lo que le tironiaba la madre para sacarle era un dolor que no podía resistir. Entonce agarró un trapo y le hizo una gran vincha, porque era muy grande lo que tenía. Ya ve usté cómo castiga Dios. Y dice que ya se levantaron muy tristes, las dos niñas envinchadas.

Y dice que esto había llegado a los óidos del Rey. Esto tan curioso. Y dice que le dice el Rey al Príncipe Real:

-Te vas a tomar el coche real y te vas a ir por todas las casas más pobres, buscando a esa niña que tiene una estrea en la frente.

Que lo mandó al Príncipe con dos lacayos. Y entonce dice que el Príncipe salió a buscar dando vuelta a todas las casas. Y dice que le dice un señor:

-Usté vaya al mercado y áhi va a ver la niña y por áhi le van a dar noticia.

Y dice que se jue el Príncipe. Y que le dice el dueño del mercado:

-En aquella casa la va a encontrar. Es una güérfana que le dan mal trato y la tienen envidiandolá no más.

Bueno. Entonce dice que se dirigió a la casa. Lo saludó muy cortés la señora, pero no lo invitó que se bajara. Dice que le dice:

-A bajarme vengo, señora, ¿por qué no me convida?

-No acostumbro a envitar a la gente rica. Bajesé si quere.

Miren qué modo de tratar un Príncipe. Entonce dice que le ha dicho:

-Mire, señora, me han dicho que usté tiene una niña que tiene una estrea en la frente.

Pero como la vieja ya estaba alerta, la niña ya 'taba escondida en una caja grande de madera, que tenía.

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Dice que le dijo:

-Yo no tengo ninguna niña con estrea en la frente. Yo sólo tengo una niña que tiene otra cosa en la frente. Si usté quere pasar, pase, áhi 'tá sentada en el estrado.

Que tenía estrado la casa. Entonce tenían estrado todas las casas. Y dice que sintió horror cuando vio el Príncipe este mostruo que tenía la pobre mujer. Y se retiró el Príncipe. Y entonce dice que principió a toriar el cuzquito de lo casa, y que decía para el lado de la caja:


«Ñu, ñau, caja pitiña,
niña estrea en la frente.
Burrita pajiña,
sentada en el estrado».



El cuzquito hablaba clarito, esto. Era como un ángel que le estaba aclarando el caso. Por tres veces dice que le decía al Príncipe. Entonce el Príncipe se volvió y sintió lo que decía el cuzquito.

Y dice que la vieja le pegó un puntapié y lo tiró afuera.

Y entonce le dice el Príncipe:

-Usté me va a dar la llave de la caja.

-Pero usté no es el dueño de la caja. En mi casa hago lo que quero.

Se lo impuso el Príncipe y tuvo que entregar la llave al Príncipe.

Y sacaron la niña. Y dice, qué placer, qué gusto tuvo el Príncipe de ver esta niña tan bonita, con una estrea en la frente. Y la sacó de la caja y la puso en el coche para que fuera su esposa. Y la Cenicienta se casó con el Príncipe después de cumplir los quince años. La llevaron al palacio y la educaron. Y la vistieron como Princesa.

Ese fue un ejemplo para las envidiosas.

Ese viejito que le hizo caer la estrea en la frente era Dios.

Josefa Roldán, 80 años. Tulumba. Córdoba, 1952.

A pesar de la edad de la narradora, conserva sus muy buenas aptitudes para relatar.



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1043. La Cenicienta

CORRIENTES

Dice que había una vez un señor viudo que tenía una hija que era muy hermosa y que él le quería mucho, pero dice que se casó otra vez y entonces tuvo dos hijas, pero no eran tan lindas como la otra, y eran muy malas. Las tres se criaron juntas, pero las dos hermanas eran malas y envidiosas con la huerfanita linda, y la hacían trabajar mucho y la pusieron de cocinera. Ella era linda y muy buenita.

Un día dice que llegó a la casa de ellas un señor príncipe que llevaba unos zapatitos lindos para que se probaran las niñas y la que calzara los zapatitos la iba a elegir para su novia. Todas se probaron y sólo a la huerfanita buena le quedaron bien. En el pueblo del Príncipe había una fiesta y tenían que ir las tres niñas. El Príncipe tenía que ver puestos los zapatitos en los pies de la niña que calzó más bien y le iba a conocer y tenía que bailar con ella.

La niña buena tenía que cocinar ligero para poder ir a la fiesta, tenía que hacer una tortilla de alverjas. Como estaba apurada se le volcaron todas las alverjas y ella afligida dijo:

-¡Dios mío!, me mandaste volcar las alverjas, ¡qué voy a hacer!

Entonces Dios, como era buena le mandó del cielo muchas palomitas que bajaron junto a ella y cada una tomó en su pico una alverja y entregó a la niña y después volaron otra vez al   —378→   cielo; entonces la niña hizo la tortilla y después de terminar sus trabajos fue con sus hermanas a la fiesta. El Príncipe dice que la conoció por los zapatitos y la sacó a bailar. Después la pidió para su esposa, se casó con ella, la llevó a su palacio y fueron muy felices, como se merecía la niña tan buena y tan linda.

Cecilia Noguera, 13 años. Mercedes. Corrientes, 1951.



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1044. María la Cenicienta

NEUQUÉN

Que era un hombre que quedó viudo y tenía una hijita. Que la hijita era muy bonita y se llamaba María. Que este hombre se casó con otra señora y tuvo dos hijas feas. Se murió este hombre y quedó la señora con las dos hijas y la entenada. A la entenada la tenía de sirvienta, siempre en la cocina, en la orilla del fuego, y por eso le pusieron la Cenicienta y le decían María Cenicienta. Así no más la llamaban.

Una noche, la señora va a un baile, a la casa del Rey, con las dos hijas. Y la Cenicienta queda como siempre acostada en un cuartito, porque nunca la sacaban a ningún lado.

María Cenicienta cuando las vio que se fueron muy arregladas, le dio un poco de tristeza, pero se acostó y se quedó dormida. Estaba muy cansada porque tenía que hacer todo el trabajo ella sola.

Y en lo que está durmiendo, se le aparece la madre, que era muerta, y le dice que ahí le trae un vestido y un par de zapatos, que se vista y se vaya al baile. Que ella le va a mandar un carrito156 que la vaya a dejar, y cuando se quera venir que la vaya a buscar.

Entonce María Cenicienta se viste y viene el carrito y la lleva al baile.

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Estaba María Cenicienta más elegante que todas. No la conocía nadie. El Príncipe bailó toda la noche con ella.

Cuando ya se quere retirar, viene el carrito a buscarla y cuando va a saltar al carrito se le cae un zapato. Y ella, apurada por volver a la casa, que no la vea la madrasta, lo deja no más. El Rey lo ve al zapato y con todo disimulo lo guarda.

Al otro día el Rey manda con un muchacho a preguntar de quén es el zapato, a quén le queda bien y que con la dueña del zapato se iba a casar él.

El muchacho anduvo por todas las casas y al fin llega a la casa de la señora y las dos hijas y la entenada. En primer lugar las dos hijas se prueban el zapato y no les queda bien. Ellas hacen fuerza para ponerse el zapato, pero, nada.

Entonce dice el muchacho que llamen a María Cenicienta, que era la única que faltaba. La señora decía que qué le iba a quedar bien y no la quería llamar. Pero la tuvo que llamar porque era orden del Rey de que todas las niñas de ese lugar, fueran como fueran se tenían que poner el zapato hasta que saliera la dueña. Vino María Cenicienta, se puso el zapato y le quedó bien, porque era de ella.

Entonce el muchacho salió gritando por la calle que había aparecido la novia del Rey.

Entonce viene el Rey a pedirla y se casa. Y la lleva a la casa del Rey.

Esta señora quedó con mucho odio para María Cenicienta. El Rey se daba cuenta y le dice a María Cenicienta que cuidado con esa señora que le podía hacer algún mal. Y siempre la manijaba bien encerrada, que no saliera afuera y todo.

Y un día se aparece una viejita con un canasto de manzanas, y le regala una manzana, la más linda de todas. María Cenicienta la prueba y se queda dormida. Se cayó al suelo como muerta. Y llega el Rey y la encuentra en el suelo. El Rey se pone muy triste, pero creyendo que estaba muerta, la mandá hacer el cajón y todo.

Ya cuando la iban a enterrar, en lo que dan vuelta el cajón, se afloja un pedazo de manzana que tenía en la garganta, y   —381→   vive otra vez. Tenía el pedazo de manzana trancado en la garganta. Entonce María Cenicienta le dice al Rey que ha venido una viejita vendiendo manzanas y le ha regalado una, ésa que le ha hecho mal.

Entonce el Rey se da cuenta que es la madrasta de ella, y la hizo llamar y la mató.

Y el Rey y María Cenicienta quedaron viviendo muy felices.

Y se acabó el cuento.

Yolanda del Carmen Parada, 24 años. Chos Malal. Neuquén, 1960.

Buena narradora; trabaja como sirvienta.

El cuento contiene el motivo de la manzana venenosa del cuento de Blanca Nieve.