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ArribaAbajoActo II

 

La escena representa uno de los salones principales del castillo de Argelez, en los Pirineos. Puerta en el fondo con un gran tapiz. A los lados, trofeos. A la derecha, en primer término, una ventana ojival con vidrios de colores; en segundo otra puerta, con tapiz también. A la izquierda, en primer término, una gran chimenea de campana interior, y en ella una hoguera. A los lados, bancos y tres sillones blasonados; en segundo término, otra puerta como la de enfrente. La estancia, grande, severa, algo sombría. A la izquierda, en una mesa, una lámpara encendida. La hoguera despide grandes llamaradas; cuando se amortigua y domina la luz exterior, la luna proyecta sobre el suelo la ventana con sus varios colores.

 

Escena I

 

BEATRIZ y MANFREDO, sentados junto a la chimenea y muy cerca uno de otro.

 
MANFREDO
Estás triste como nunca,
y de mi mano tu mano
huyó, sintiendo tal vez
repugnancia a mi contacto.
BEATRIZ
Estoy triste como siempre, 5
que la tristeza ha tomado
asiento en mi corazón,
con tal imperio y tal mando,
que sólo la muerte puede
dar libertad al esclavo. 10
MANFREDO
Pues venga para los dos,
que tampoco lo rechazo.
BEATRIZ
¿Tú morir? ¿Por qué, Manfredo?
¿Pues no conseguiste acaso
mi amor? ¿Y mi amor no ha sido 15
todo lo que has codiciado?
Pues vive y goza: o confiesa
que del deleite en el vaso
ya sólo queda amargura,
y vergüenza y desencanto. 20
MANFREDO
Porque es mentira tu amor.
Porque te tengo en mis brazos
y sólo estrecho una fría
inerte estatua de mármol.
Y tu ser, tu pensamiento, 25
tu alma, lo que yo más amo,
hielo escupiéndome al rostro,
se escapan bajo mis labios,
diciendo en voz desdeñosa:
«No somos para el bastardo.» 30
BEATRIZ
No es eso, no me comprendes.
MANFREDO
Que sólo a Jaime has amado;
esto es lo que yo comprendo.
BEATRIZ
Yo te amé, Manfredo, tanto,
que con ser Jaime tan noble, 35
y con ser tú tan villano,
huyó de «él» y fuése a ti
todo mi ser arrastrado
por la atracción del abismo
que en tu corazón labraron, 40
o las garras de Satán
o la hiel del desengaño.
Y ya vencido mi honor,
y ya tu empeño logrado,
me dije: «Pues esta dicha 45
impura me cuesta tanto,
apurémosla, que debe
ser digna del ángel malo»,
y quise gozar, vivir,
cobrarme de mi pecado..., 50
y no pude, porque siempre,
entre mi pecho y tus brazos,
«¡él!» se interpuso.
MANFREDO
¿Quién?
BEATRIZ
Jaime.
Sentí el fuego de sus labios,
y su cariñosa voz, 55
y a veces hasta su mano
recogiendo en mis mejillas
los despojos de mi llanto.
MANFREDO

 (Pensativo.) 

Yo también. Mas fué ilusión,
los muertos jamás lograron 60
ni alzar la fúnebre losa,
ni desnudar los sudarios.
BEATRIZ

 (Con supersticioso terror.) 

¿Y si quedan insepultos
de un castillo abandonado
entre las sangrientas ruinas? 65
¿Y si tan sólo lograron
por losa un torreón hundido,
la ortiga y el jaramago
por mortaja, y en el pecho
su sangre por epitafio? 70
Y entonces, di: ¿no podrán
una noche, y a los rayos
de la luna, levantarse...?
¿Qué es eso?... ¿No has escuchado?
De la noche en el silencio, 75
el eco triste y lejano
de una trompeta de guerra
repitió los toques bárbaros.
Alguien se acerca al castillo
y avisa a los castellanos. 80
¡Si fuera Jaime!

 (Con espanto, acercándose a MANFREDO y buscando en él protección.)  

MANFREDO
Imposible.

 (Asomándose a la ventana.)  

Nada se oye. Fué un engaño
de tu loco pensamiento,
o de ave salvaje el canto,
o quizá de hambriento lobo 85
el aullido prolongado.
BEATRIZ
¿No será Jaime?
MANFREDO
Beatriz,
¿aún dudas? Murió mi hermano
la noche aquella, después
de rechazar tres asaltos. 90
Los fugitivos lo dicen,
la fama lo ha pregonado,
y lo demuestra su ausencia...
BEATRIZ

 (Al oído.) 

Y nosotros lo deseamos.
¿Verdad?
MANFREDO
Basta ya.
BEATRIZ
Pues oye:
95
no sé cómo, ni sé cuándo,
pero yo sé que vendrá.
Alguna vez con espanto
le veremos al volver
hacia atrás el rostro cárdeno. 100
¡Manfredo! ¡Manfredo!... ¡Mira!

 (Volviendo la cabeza y señalando su propia sombra.) 

MANFREDO
Es de tu cuerpo adorado
la sombra que sobre el muro
esas llamas arrojaron.
BEATRIZ
¡Y qué negra me parece! 105
MANFREDO
¡Y a mí tu cuerpo, qué blanco!
¡Mal haya fuego que trueca
en negrura el alabastro!
BEATRIZ
Pues el fuego de tu amor
hizo conmigo otro tanto. 110
 

(Se vuelven a sentar junto al fuego y quedan silenciosos.)

 
MANFREDO
¿En qué piensas?
BEATRIZ
No lo sé.
¡Son pensamientos tan vagos!
Y tú, ¿qué tienes?
MANFREDO
¿Qué tengo?
Que siempre sabor amargo
hay en todas las palabras 115
de tus labios y mis labios.
¿Por qué no somos felices?

 (Con desesperación.)  

¿Por qué, di, si nos amamos?
BEATRIZ
Yo no lo sé. ¡Calla! ¡Escucha!
MANFREDO
Ahora, sí.
 

(Escuchan los dos con angustia.)

 
BEATRIZ
Fué un prolongado
120
gemido.
MANFREDO
Tienes razón.
Pero es Juana. Está llorando.
Pasa un día y otro día,
sin reposo y sin descanso,
junto a la puerta de bronce 125
que cierra el fúnebre espacio
en que fué a morir Roger.
Y si sube por si acaso,
es que escuchó desde lejos
del puente el desplome rápido. 130
Entonces viene.
BEATRIZ
¿Y a qué?
MANFREDO

 (Con misterio.) 

A preguntar si ha llegado.
BEATRIZ

 (Con temor.) 

¡Si ha llegado! ¿Quién? ¡Responde!
MANFREDO

 (Con repugnancia.) 

¿Quién ha de ser?
BEATRIZ
¿Él?
MANFREDO
Mi hermano.
BEATRIZ
Ve a buscarla. Quiero verla. 135
MANFREDO
Será inútil el mandato.
BEATRIZ
¿Su presencia te da miedo?
MANFREDO
¿Miedo yo?
BEATRIZ
Pues ve. Te aguardo.
MANFREDO
Ella no sabrá?...
BEATRIZ
¡No sé!
MANFREDO
Prudente es averiguarlo. 140

 (Vase por la izquierda, segundo término.)  



Escena II

 

BEATRIZ, sola.

 
BEATRIZ
Cuando se aleja Manfredo
me parece que respiro;
pero si sola me quedo,
todo lo que en torno miro
no sé por qué me da miedo. 145
Toda voz es son doliente;
todo ser, monstruo irritado,
y todo acude a mi mente
cual fantasma del pasado
o amenaza del presente. 150
Mi adorado camarín
en que con Jaime veía,
allá de la tarde al fin,
ponerse al astro del día
tras cortinas de carmín. 155
Esa ventana ojival
a que ansiosa me asomaba
al escuchar la señal
de que mi dueño tornaba
a su castillo condal. 160
Y la banda carmesí
que bordé con embeleso
una y otra noche aquí,
y que al partir le ceñí
mientras él me daba un beso. 165
Esa armadura, terror

 (Señalando a su trofeo.)  

de los moros de Granada,
que limpié con tanto amor,
porque venía manchada
con sangre de su señor. 170
Hasta su clarín de guerra,
que imagino que otra vez
 

(Se oye, en efecto, el toque de un clarín.)

 
resuena al pie de la sierra,
anunciando que a su tierra
vuelve el conde de Argelez. 175
Hasta el noble y viejo hogar
en que al amor de la lumbre
él me solía contar,
bajo la ahumada techumbre,
las consejas del lugar. 180
Todo como estaba se halla;
todo lo espera fiel,
desde la piedra a la malla;
hasta su viejo lebrel
y su corcel de batalla. 185
Todos constantes le han sido,
todos la fe le han guardado,
ninguno le dió al olvido
más que su dueño querido,
más que su dueño adorado. 190
Y todo así en el torreón
desde el muro a la coraza,
desde el lebrel al bridón,
es una eterna amenaza
y una eterna acusación. 195
¡Qué más! Hasta este tapiz,

 (Mirando con horror al fondo.)  

el espanto comprendiendo
de esta mujer infeliz,
parece que está diciendo:
«¡Aquí está!»


Escena III

 

BEATRIZ, DON JAIME, seguido de algunos PAJES y escuderos. Se levanta el tapiz, y aparece DON JAIME y los que le acompañan.

 
BEATRIZ
¡Jaime!

 (Retrocede al ver a su esposo.)  

DON JAIME

 (Avanzando.) 

¡Beatriz!
200
 

(BEATRIZ da un grito y cae desmayada en tierra. DON JAIME la levanta y la sostiene entre sus brazos. Los demás se aproximan.)

 
No temáis... Fué la emoción;
que venga pronto mi hermano.
Vuelve el calor a su mano
y el latido al corazón.
¡Mi Beatriz!... ¡Mi amor!... ¡Cuán bella! 205
Manfredo y no más testigos.

 (Dirigiéndose al acompañamiento.)  

Idos, mis buenos amigos;
dejadme a solas con ella.
Mas preparar el torreón.

 (Deteniéndolos con el gesto.)  

Como os he dicho al entrar, 210
que me sigue y va a llegar
el monarca de Aragón.
 

(Vase por el fondo el acompañamiento.)

 


Escena IV

 

DON JAIME y BATRIZ, desmayada.

 
DON JAIME
Único amor de mi vida,
por quien perdí como infame
torre por mí defendida, 215
abre los ojos y dame
con ellos la bienvenida.
Yo arrojé por ti contento,
en la sangrienta jornada,
honra y existencia al viento, 220
y ahora quiero una mirada
de amor y agradecimiento.
Mas no tardes, vida mía,
que helada estás por acaso
como una escultura fría, 225
y este fuego en que me abraso
a un mármol animaría.
Si vives, vive mujer;

 (Con ansiedad.)  

si has muerto, no tardes, no,
en hacérmelo entender, 230
que tú muerta y vivo yo,
¡ya ves que no puede ser!
 

(BEATRIZ comienza a volver en sí.)

 
¡Alma, si del cuerpo inerte
rompiste ya la clausura,
dímelo, que yo iré a verte 235
y a contemplar tu hermosura
en el seno de la muerte!
Ya el calor vuelve a su mano,
ya de vida una centella...


Escena V

 

BEATRIZ, DON JAIME y MANFREDO. BEATRIZ, desmayada en los brazos de DON JAIME, pero volviendo poco a poco en sí. MANFREDO, por la izquierda, segundo término.

 
MANFREDO
Rogué a Juana, pero en vano... 240

 (Aparte. Reparando en el grupo que forman DON JAIME y BEATRIZ.)  

¡En ajenos brazos ella!...
¡Miserable!
 

(Dice esto precipitándose sobre DON JAIME; éste se vuelve y se reconocen.)

 
¡Jaime!

 (Retrocediendo.)  

DON JAIME

 (Con explosión de alegría.) 

¡Hermano!
A mi pecho, o ¡vive Dios!
que creeré que te doy miedo.
MANFREDO
¡Jaime!... ¡Jaime!

 (Acercándose poco a poco.)  

DON JAIME
¡Ven, Manfredo!
245
¡En un abrazo los dos!
 

(Sin soltar a BEATRIZ, coge con el brazo a su hermano.)

 
MANFREDO
Basta...
DON JAIME
Mira, vuelve en sí.
BEATRIZ
¿Dónde estoy?

 (Mirando, como si no comprendiese, a DON JAIME y a MANFREDO.)  

¡Virgen sagrada!
¡Jaime y tú!

 (Reconociéndolos al fin.)  

DON JAIME
¡Beatriz amada!
BEATRIZ
¡Suéltame!...
MANFREDO
¡También a mí!
250
 

(Los dos se arrancan de los brazos de DON JAIME; los dos retroceden unos pasos y quedan a alguna distancia de él, contemplándole con terror. Pausa.)

 
DON JAIME
Singular recibimiento,
y recibimiento triste.
No comprendo en qué consiste,
pero extraña angustia siento.
Vuestro aspecto al contemplar 255
dudo si soy, y esto es llano,
el esposo y el hermano
que torna al fin a su hogar,
o más bien sombra importuna,
sin contornos y sin vida, 260
de unas ruinas desprendida
a los rayos de la luna;
sombra de muerte y tristeza,
que viene a llamar medrosa
a la puerta desdeñosa 265
de su antigua fortaleza.
MANFREDO

 (Reponiéndose algo y acercándose con fingido afán.) 

¿Qué dices? No, por favor...

 (A BEATRIZ.)  

Confunde nuestra alegría...
DON JAIME
Pues cualquiera pensaría,
al veros, que era pavor. 270
MANFREDO

 (Esforzándose de nuevo por fingir.) 

¡Qué idea!... Si es que... se dijo...
por gentes que aquí llegaron
que los franceses que entraron
a nadie, a nadie..., de fijo,
dejar quisieron con vida. 275
DON JAIME
No quisieron, eso es cierto.
BEATRIZ
Y entonces te juzgué muerto.
 

(Dice esto con supremo esfuerzo, por decir algo, y rompe a llorar. DON JAIME se acerca a ella con interés. Ella le tiende los brazos con afán convulsivo.)

 
¿Ves mi faz descolorida?
DON JAIME
Sí, cual lirio que se trunca.
Esta faz...
BEATRIZ
Ya no es aquélla.
280
DON JAIME
Pero aun así estás muy bella;
¡quizá más bella que nunca!
BEATRIZ
Y mis ojos, Jaime, di,
¿brillan como antes mis ojos?
DON JAIME
Sí brillan, pero están rojos. 285
BEATRIZ
De tanto llorar por ti.
DON JAIME
¿No me engañas? ¿No? Mi bien,
ese llanto triste y puro;
¿fué por mí?
BEATRIZ
Por ti, lo juro.
MANFREDO

 (Con verdad y celosa amargura.) 

Por ti, lo juro también. 290
DON JAIME
¡Os creo!

 (Con arranque de noble confianza. Pausa. Queda de nuevo pensativo.) 

¿Pero el horror
que sentisteis y el espanto?...
BEATRIZ
¡Es que se parecen tanto,
Jaime, el placer y el dolor!
DON JAIME
¡Eso para ser feliz 295
es necesario que sea!
¡Eso es preciso que crea!

 (Como queriendo imponerse a sí mismo.)  

BEATRIZ

 (Con ansiedad.) 

¿Pero lo crees?
DON JAIME

 (Con nuevo arranque de amor y de confianza.) 

¡Sí, Beatriz!
Con tanta sangrienta herida
y con tanto delirar, 300
casi he llegado a olvidar
cómo se vive en la vida;
que del dolor el tormento
en mí se echó la suerte
que las sombras de la muerte 305
aún traigo en el pensamiento.
¡Otra vez a mí los dos!

 (Abriendo los brazos con expansión y alegría.)  

 

(BEATRIZ se acerca a su esposo. MANFREDO también.)

 
BEATRIZ
¡Sí, Jaime!
 

(Se abrazan otra vez; MANFREDO se separa al instante, con dulzura, y trata de variar la conversación.)

 
MANFREDO
No nos dijiste
cómo salvarte pudiste.
DON JAIME
¿Cómo? Por obra de Dios. 310
 

(Coge a BEATRIZ por una mano y la hace sentar. Él se sienta a su lado. MANFREDO, en pie. Pausa.)

 
Rechazar pude el asalto
con mis bravos montañeses,
y con cuerpos de franceses
vióse el foso rebosar.
Por el fuego derretido 315
vomitaba cada almena,
como monstruo a boca llena,
plomo hirviente sin cesar.
Siempre las hondas silbando,
y las ballestas crujiendo, 320
y los de afuera cayendo
al pie siempre del torreón.
Y a la luna, y en mi mano,
por mi sangre ya manchada
y por todos aclamada, 325
la bandera de Aragón.
Pero estaba el enemigo
en la misma fortaleza,
y aunque Dios me es buen testigo
que luché para morir, 330
o por débiles sus brazos,
o mi cuerpo por robusto,
o el Destino por adusto,
no lo pude conseguir.
Sólo, sí, perdí el sentido; 335
algo horrible vino luego:
tempestad de sangre y fuego
por encima me pasó.
Transcurrieron muchas horas,
el castillo fué incendiado, 340
y fué luego abandonado
cual cadáver: «como yo».
«Él» y yo en abrazo estrecho.
Yo enterrado hasta los hombros,
como si él con sus escombros 345
consiguiérame abrazar.
Y a mi vez con ansia loca,
aferrado, en mi agonía,
a las piedras que podía
con mis brazos alcanzar. 350
A otra noche, entre las ruinas,
moribundo y desangrado,
o ya en ellas sepultado,
o guardándolas tal vez,
por piedad que el cielo premie, 355
con mi helado cuerpo dieron
unos monjes que vinieron
del convento de Argelez.
Mal cerradas mis heridas,
pero el alma otra vez brava, 360
del rey supe que se hallaba
detenido en Cervellón.
Llegué; vile, dije al punto:
«Aún me queda alguna sangre;
si aprovecha, cual barrunto, 365
tómala, rey de Aragón.»
Y ésta es toda mi aventura.
Pero el rey...
 

(Se oye ruido del puente levadizo.)

 
MANFREDO
¿El rey te sigue?
DON JAIME
Ha querido que le abrigue
una noche por leal 370
el castillo de mis padres.
Y presumo que ha llegado,
porque el puente han desplomado
de la torre señorial.

 (Se levanta, va a la ventana y mira por ella.) 

Ya se escuchan los clarines; 375
y las armas ya rechinan;
hacia el puente se encaminan:
ven, Beatriz, vamos los dos.
Que don Pedro te contemple,
y que piense bien y note 380
que más más vale que su lote
el que quiso darme Dios.
 

(Vanse por el foro BEATRIZ y DON JAIME.)

 


Escena VI

 

MANFREDO, solo.

 
MANFREDO
A todos dió ese reparto
o buena parte o buen lote;
sólo al bastardo por befa 385
su bastardía tocóle.
Al rey su reino, y a más
el de Sicilia, que a botes
supo ganar de su lanza,
en eso estamos conformes; 390
pero que aun siendo muy buenos,
no han podido ser mejores
que los que yo hubiera dado
al frente de mis varones
a tener una corona 395
y un ejército de nobles.
A mi hermano sus castillos,
y su condado, y su nombre,
y por completar su dicha,
de mujer tal los amores, 400
que por lograrlos he dado
de los inmortales goces
del cielo toda mi parte,
si es que alguna en tales dones
a un bastardo como yo 405
se le guarda y reconoce.
A mí, en cambio.... nada, nada;
ni coronas, ni blasones,
ni gloria, ni amor siquiera,
que de traidor y de torpe 410
no lleve sello maldito
y no manche cuanto toque.
Y por si esto no bastase,
siempre, de día y de noche,
una voz que nunca suena 415
y que eternamente se oye,
en las largas galerías,
en los huecos de las torres,
en los pliegues de las nubes
y en las frondas de los bosques. 420
Voz que dice sin cesar:
«Caín, Caín fué más noble.
Por algo Dios y tu padre
no quisieron darte nombre.»


Escena VII

 

MANFREDO y JUANA, por la izquierda, segundo término. Viene vestida de luto, y al entrar mira con empeño a MANFREDO.

 
MANFREDO
Juana, ¿qué buscas aquí? 425
JUANA
Lo único que ya me resta:
la venganza.
MANFREDO
¿Quién la apresta?
JUANA
Yo.
MANFREDO
¿Contra quién?
JUANA
Contra ti.
MANFREDO
Eres injusta.
JUANA
¡Villano!
¿No fuiste tú su asesino? 430
MANFREDO
Yo, no. Lo fué su destino.
JUANA
Pero lo fué por tu mano.

 (Pausa.)  

El amor de mi Roger
era cuanto yo tenía:
ni más venturas pedía, 435
ni más codiciaba ser,
de este tránsito mortal
en el áspero sendero,
que del humilde escudero
la compañera leal. 440
Dió por ciega la fortuna
a ti y a los tuyos todo;
y a nosotros, ¡pobre lodo!,
mala fosa y mala cuna.
Para la cuna, el dolor; 445
para la fosa, una cruz;
y sólo un rayo de luz
de la una a la otra: «el amor».
Pues ese rayo, remedo
de más altos resplandores, 450
lo apagaron tus furores.
¡Y no sé por qué, Manfredo!
¿Tomé parte alguna vez
en tus glorias o reveses?
¿Te he impedido yo que fueses 455
conde o duque de Argelez?
¿Fuí yo de tu bastardía
la causa ni la ocasión?
¿Pues qué ganó tu blasón
con «su muerte» y mi agonía? 460
MANFREDO
Deliras y te perdono.
JUANA
¿Tu perdón? Ya viene tarde;
y con mostrarte cobarde,
aún haces mayor mi encono.
MANFREDO
Vete.
JUANA
Cuando hable con él.
465
MANFREDO
¡Con él! ¿Con quién?
JUANA
Con tu hermano.

 (Al notar un movimiento de MANFREDO.)  

Sé que vino. Aunque lejano,
oí ladrar a su lebrel.
Tendido y triste esperaba
junto al puente levadizo. 470
Yo en un negro pasadizo
junto a una puerta lloraba.
Pero él tuvo mejor suerte
que mi suerte maldecida:
su dueño tornó con vida, 475
mi dueño quedó en la muerte.
En fin, ello es que los dos
al mismo tiempo esperamos
y al mismo tiempo lloramos;
y de este modo, ante Dios, 480
en lenguaje bien sencillo,
de un puente los duros gonces,
y de una puerta los bronces,
probarán que este castillo
dentro de su barbacana, 485
no vió bajo sus dinteles
más que dos seres fieles:
«un lebrel y una villana».
MANFREDO

 (Acercándose amenazador.) 

¿Por qué dices eso?
JUANA
no puedes interrogarme. 490
MANFREDO
¿Y tú puedes afrentarme?
JUANA
Sí puedo.
MANFREDO

 (Cogiéndola de un brazo.) 

¡Por Belcebú,
que hablarás!
JUANA
Al de Argelez.
MANFREDO
Llevo su sangre.
JUANA
No entera.
Alguna: y de tal manera, 495
que ésa te sube a la tez.
MANFREDO
¡Juana!

 (Amenazando.)  

Vete.
JUANA

 (Conteniéndose.)  

Cuando le hable.
MANFREDO
Pronto.
JUANA
Que no.
MANFREDO
¡Y me provoca!
Eres implacable o loca.
JUANA
Lo que tú fuiste: implacable. 500
MANFREDO
No puedes verle.
JUANA
Es de ley
que le vea.
MANFREDO
El soberano
viene con él.
JUANA

 (Con alegría.) 

¡Con tu hermano!
MANFREDO
El rey.

 (Asomándose al fondo.) 

JUANA
Pues mejor, al rey.


Escena VIII

 

DON JAIME, BEATRIZ, DON PEDRO III DE ARAGÓN, MANFREDO, JUANA, varones, capitanes, escuderos, pajes, etc.; todos llegan por el fondo. Delante, dos pajes, que corren el tapiz, y otros dos con luces, que las dejan o sobre la mesa o en las basas de los trofeos. DON JAIME, BEATRIZ y el REY, a medida que el diálogo lo indica, avanzan hasta colocarse en primer término, pero a la izquierda; MANFREDO y JUANA quedan en primer término, pero a la derecha; los varones, casi en primer término; en segundo, el resto del acompañamiento; guardia de almogávares a la puerta.

 
DON JAIME
Entrad, señor, y tenga mi castillo, 505
baluarte heroico de pasados tiempos
la honra de ver sobre sus anchos muros
al vencedor, y al rey, y al caballero.
REY
Varón aragonés, mi noble conde,
bien defendiste el apretado cerco. 510
Mucho Aragón te debe.
DON JAIME

 (Con repugnancia y enojo.) 

¡Nada, nada!
REY
Tu mano: yo también mucho te debo.

 (Le da la mano.)  

Para ti no quisiste recompensa.
DON JAIME
No la quise, señor; no la merezco.
REY
Mal juez en propia causa es uno mismo. 515
DON JAIME
¿Dónde hallarlo, señor, más justiciero?

 (Con amargura.)  

El perder un castillo, más merece
que noble galardón, duro escarmiento.
REY
Al que infame vendió la fortaleza,
tu brazo se lo impuso y yo lo apruebo. 520
Al que cual tú se hundió bajo sus ruinas...
DON JAIME
Nególe Dios, por justo o por severo,
el solo galardón a que aspiraba:
de ellas hacer sepulcro de su cuerpo.
REY
Venza tu voluntad, pues tú lo quieres; 525
pero en esta ocasión yo te recuerdo
que muchas veces me pediste, conde,
lo que yo te negué y hoy te concedo.
 

(Movimiento de DON JAIME.)

 
Ennoblecer a un hombre que tu sangre
lleva en sus venas y quizá tu aliento. 530
 

(Movimiento de MANFREDO.)

 
DON JAIME
¡Señor, señor!

 (Con extraordinaria alegría.) 

REY
¿En dónde está tu hermano?
Quiero hacerle tu igual.
 

(MANFREDO retrocede instintivamente a segundo término, y se hunde, por decirlo así, en sí mismo. El actor interpretará con su talento las sensaciones que debe experimentar al ver que por méritos del hermano, a quien deshonra, y por ruegos suyos puede realizar todos sus sueños de ambición.)

 
MANFREDO

 (Aparte.) 

¡Gran Dios!
 

(JAIME se dirige gozoso a MANFREDO, le trae de la mano y se lo presenta al REY. MANFREDO dobla la rodilla y aún más la cabeza. Al ir a traerle.)

 
DON JAIME
¡Manfredo!
REY
Conde del Ampurdán, que un mismo padre
su sangre os repartió prueben tus hechos.

 (Le hace levantar.)  

¿También rechazas la merced que le hago? 535

 (A DON JAIME.)  

DON JAIME
Esta no la rechazo, no; la acepto.
Y aunque él la pagará, que mucho puede,
somos dos los deudores, rey don Pedro.
MANFREDO
Para que haya deudor es necesario
que haya otra cosa más: deuda primero. 540
REY
La deuda existe, pues la acepta el conde.

 (Con extrañeza y acento de severidad.)  

MANFREDO

 (Con energía.) 

Si él la acepta, señor, yo no la acepto.
DON JAIME
¿Qué dices?
MANFREDO
La verdad, y esto no amengua
ni mi lealtad, señor, ni mi respeto.
Mas por mérito ajeno concedida, 545
la merced es afrenta antes que premio.

 (Con fiereza.) 

REY

 (Con enojo y desdén.) 

Las mercedes que otorga tu monarca
jamás afrenta son, ni aun recayendo
en un ser... como tú.
MANFREDO
Porque no corran
peligro semejante no las quiero. 550
REY
¿Y si lo mando yo?
MANFREDO
De llevar nombre
o no llevarlo, ¡oh rey!, yo soy el dueño;
ni mi hermano ni vos. Soy lo que he sido.
Pues bastardo nací, bastardo quedo.
REY

 (Avanzando amenazador.) 

¿Tú desprecias?...
DON JAIME

 (Interponiéndose.) 

¡Señor!
BEATRIZ

 (Lo mismo.) 

¡Señor!
REY

 (Conteniéndose.) 

Ya basta.
555
En Aragón, del noble y del plebeyo
la libertad es ley, según afirma
de la «unión general el privilegio».
¿Quieres bastardo ser? Como te plazca;
mas retírate atrás, y al par quedemos 560
los que somos iguales: reyes unos,
varones otros y ambos caballeros.

 (Aparte, pensativo y sombrío.)  

Como un bastardo: todos mala yerba.
Así fué Fernán-Sánchez, bien me acuerdo.
DON JAIME
Su fiereza excusad: es noble arranque... 565
REY
Basta, Argelez...
DON JAIME
Señor...
REY
Aquí acabemos.
DON JAIME
Enojado quedáis.
REY
No, ciertamente:
y la noche pasar, en prueba de ello,
quiero contigo y con tu noble esposa
en íntima velada y junto al fuego. 570
No ved al rey en mí. El huésped sólo
es el que os pide lumbre, albergue y lecho.
 

(Se sienta el REY en uno de los sillones blasonados, al lado del hogar; a su derecha, BEATRIZ; a su izquierda, DON JAIME. MANFREDO, siempre en pie, en segundo término. JUANA, muy cerca de él. Con tono bondadoso y familiar.)

 
A este castillo feudal,
¿no trajo jamás el viento
el enamorado acento 575
de la musa provenzal?
¿Ningún trovador llegó
bien amado o mal ferido?
DON JAIME

 (Con interés.) 

Uno solo, y ése ha sido
mi hermano.
REY

 (Con disgusto.) 

Tu hermano, no.
580

 (A BEATRIZ.)  

Aunque soy hombre de guerra,
me agrada la poesía.
¿La condesa no tendría,
de esta torre o de esta tierra,
guardada allá en su memoria, 585
que yo sé que es peregrina,
alguna fabla divina
o alguna sabrosa historia?
BEATRIZ

 (Con tono glacial, a pesar suyo. Es mujer y no olvida que acaba el REY de afrentar a MANFREDO.) 

No puedo al rey, mi señor,
ofrecer lo que desea. 590
Nada recuerdo que sea
digno de tan alto honor.
REY

 (Cortés y respetuoso, pero contrariado y sin poder dominarse por completo.) 

Perdonad: ¡cómo ha de ser!
Seguiré la vuelta dando
a la estancia, mendigando 595
un poco de gay saber:
a ti no te he de pedir

 (Fijando la vista en DON JAIME y hablándole afectuosamente.)  

lo que no me puedes dar.
Tú sólo sabes luchar.
DON JAIME
Y mal, pues no sé morir. 600
REY

 (Volviéndose a los de segunda fila.) 

¿Y entre esta gente tampoco
habrá ninguno que quiera,
de trovador a manera,
o de bufón o de loco,
inflamar su fantasía, 605
aguzar su entendimiento,
y de este modo contento
procurarnos y alegría?
Que estén solas no es razón
en tal empresa esas ramas, 610

 (Señalando a la hoguera.)  

que todas se vuelvan llamas
para dar luz al salón.

  (El REY pasa la vista por varios grupos que le rodean. Silencio. Pausa. A cada momento se muestra más y más contrariado, y juega maquinalmente con el puño de su espada.) 

Nada: silencio otra vez.
Por ninguna parte medro.
Mal tratan al rey don Pedro 615
en la torre de Argelez.
Menos me costó en rigor
la conquista de Sicilia
que encontrar en tu familia,
bueno o malo, un trovador. 620
JUANA

 (Adelantándose.) 

Si una leyenda deseáis,
rey de Aragón, y tras ella
de un crimen la roja huella,
disteis con lo que buscáis.
DON JAIME

 (Con sorpresa.) 

¡Juana!
BEATRIZ

 (Con terror.) 

¡Juana!
REY
Esa mujer
625
que se presenta enlutada,
trayendo nuestra velada
dolor en vez de placer,
¿quién es?
JUANA
Quien viene a pedir
venganza, rey justiciero. 630
BEATRIZ

 (Con cierto apresuramiento.) 

La esposa de un escudero.
JUANA
Su viuda, queréis decir.
DON JAIME
¿Murió Roger?

 (Con verdadero sentimiento y con sorpresa.)  

JUANA
Sí, murió.
REY

 (A DON JAIME.) 

Roger se llamaba un bravo
que tú me enviaste y que al cabo 635
de San Feliú mandé yo.
Cierto mensaje le di
que contestación pedía.
¿La traía?
JUANA
La traía.
cuando murió.
REY
¿Dónde?
JUANA
Aquí.
640
REY
Expón tu agravio.
JUANA
Al final
del cuento o de la conseja.
REY
¿Una conseja?
JUANA
Tan vieja
como esta torre feudal.
REY
¿Y tú la sabes?
JUANA
Tal vez.
645
Mas contarla corresponde
en justicia...
REY
¿A quién?
JUANA
Al conde.
REY

 (Volviéndose a DON JAIME.) 

Pues comience el de Argelez.
DON JAIME

 (A JUANA.) 

¿Una leyenda?
JUANA
Sí.
DON JAIME
¿Cuál?
JUANA
La de la puerta de bronce 650
que, al girar sobre su gonce,
se cierra de modo tal,
que ninguno, a no ser vos,
o aquel que el condado herede
y el secreto, abrirla puede. 655
REY
¿Y ahora?
DON JAIME
Sí.
REY
Gracias a Dios.
 

(Pausa. Movimiento general para prepararse a oír la leyenda.)

 
DON JAIME
En otros siglos de ambiciones locas
fundaron esta torre mis abuelos:
diéronle base las gigantes rocas
y a sus almenas pabellón los cielos. 660
El moro fronterizo, el tiempo duro,
despoblado el breñal, el torreón fuerte,
sólo su ancho recinto era seguro
albergue en vida y sepultura en muerte.
Y así, en la base de la torre erguida, 665
bajo el cimiento y en la roca brava,
cual negra cripta y fúnebre guarida
labróse extensa y anchurosa cava.
Allí fueron, señor, de mis mayores,
a dormir en sepulcros, esparcidos 670
por fosas, nichos y anchos corredores,
los despojos del alma desprendidos.
Y en ese del descanso eterno centro,
que grandezas humanas avasalla,
descansaré también, si antes no encuentro 675
sepultura en el campo de batalla.
REY
¿Y la leyenda?
DON JAIME
Señor,
antigua crónica cuenta
que halló muerte en lid sangrienta
contra el árabe Almanzor 680
cierto conde de Argelez,
que su cadáver trajeron
al castillo, y que le hicieron
exequias de su alta prez,
y de su nombre y caudal 685
dignas por toda manera,
que, según pensaban, era
caballero sin rival.
Tendido en su sepultura,
entre las manos su espada, 690
la lápida levantada,
por mortaja la armadura,
le dejan: salen, en pos,
la puerta de encina y hierro
gira, y en aquel encierro 695
se quedan el muerto y Dios.
Pero no: también quedaron,
cual severos juzgadores,
las sombras de sus mayores,
las de aquellos que bajaron 700
antes que él a la región
de la eterna oscuridad,
donde se ve la verdad
sin la llama de un hachón,
donde el engaño no medra 705
ni el criminal nos fascina,
donde el cuerpo se reclina
y duerme en lecho de piedra.
Y la leyenda, al llegar
a este punto, diz que luego 710
que todo quedó en sosiego,
comenzaron a brotar
fantasmas en larga hilera
que el sepulcro circundaron
y que del muro miraron 715
por tan extraña manera
y con mirada tan dura,
si mira huecos sin ojos,
los terrenales despojos,
al través de la armadura, 720
que ante el negro tribunal
aquella carne sin vida
agitóse estremecida
en su cárcel de metal.
¿Recordó algún olvidado 725
secreto, antiguo y profundo,
algo que ignoraba el mundo,
crimen, deshonra o pecado?
Ello es que poco después
rompió la puerta de encina 730
y huyó a la torre vecina
un cadáver con arnés.
Y ya desde aquella noche
no hubo paz en el castillo;
porque al extinguirse el brillo 735
del sol y su rojo broche
traspasar el monte oscuro,
mostrábase el alma en pena,
ya apoyada en una almena,
ya vagando por el muro: 740
sombra con fieros rigores
por otras sombras tratada,
y por ellas arrojada
del panteón de sus mayores;
mísero despojo inerte 745
de un ser noble y poderoso,
a quien nunca dió la suerte
ni una noche de reposo
en el seno de la muerte.
JUANA

 (Aparte.) 

Todos bajan la frente: ¿por qué todos 750
tiemblan y palidecen y se callan?

 (En voz alta, al REY.)  

¿No queréis conocer de la leyenda
la conclusión?
REY
Sí, a fe.
JUANA
Pues bien...
REY
Acaba.
JUANA
La puerta del panteón, que era de encina,
por otra se cambió fuerte y pesada, 755
toda de bronce la segunda, y dicen
que desde Roma una reliquia santa
trajeron, y por ella, y entre rezos,
la metálica puerta fué tocada.
Con esto y con abrirse por oculta 760
combinación de misteriosa máquina,
que sólo el conde sabe, se ha librado
este viejo castillo de fantasmas.
Hasta aquí la leyenda, y ahora el crimen.
REY
Y también la justicia.
JUANA
A reclamarla,
765
rey de Aragón, a tu poder acudo.
REY
A nadie la negué.
JUANA
Lo sé.
REY
Pues habla.
JUANA
Pues en ese panteón, que hace algún tiempo
del castillo a las gentes franco se halla,
porque en él una imagen milagrosa 770
se venera en capilla subterránea,
un hombre a mi Roger penetrar hizo,
no sé por qué razón ni por qué causa,
si por engaño fué, que sí sería...
MANFREDO

 (Adelantándose.) 

Mintió quien dijo tal, que fué a estocadas. 775
 

(Movimiento de sorpresa en todos.)

 
REY

 (A JUANA.) 

Más tarde lo sabremos: tú, prosigue.
JUANA
El hombre de quien hablo a mi monarca,
dentro la presa ya, la hoja de bronce
con estruendo y furor cierra y encaja...
REY
¿Y tiempo no será?
 

(Levantándose. Todos se levantan.)

 
JUANA
Ya sólo es tiempo
780
para el castigo, ¡oh rey!, o la venganza.
REY
El asesino di. Pronto, su nombre.
JUANA
El bastardo.
MANFREDO
Yo fuí.
REY
Lo adivinaba.
DON JAIME

 (Acercándose a él como para protegerle.) 

¡Manfredo!
JUANA
¿Vaciláis porque es su hermano?
La justicia es mentira.
REY
No, insensata.
785
De mi ley la cuchilla segar supo
«cabeza» tan indómita y tan alta
que el nivel alcanzó no pocas veces
de don Jaime, su padre y su monarca.
Nivel halló después por mi mandato 790
del turbio Cinca en las revueltas aguas.
Si con mi propio hermano hice justicia,
con «ése», ¿qué no haré?
BEATRIZ

 (Aparte.) 

¡Dios santo!
JUANA
¡Gracias!
DON JAIME

 (Avanzando respetuoso, pero decidido, hasta el REY.) 

Es mi sangre, señor.
REY
No por entero:
tan sólo la mitad.
DON JAIME
Pues ésa basta
795
para que yo le quiera y le defienda
con todo el corazón y toda el alma.
REY
¡Justicia en él haré si la merece!
DON JAIME
Que la merezca o no, de mí se ampara.
MANFREDO
No, Jaime; mi delito reconozco. 800
La sentencia, señor.
REY
Será mañana.
DON JAIME
¡No será!..., perdonad..., mientras yo viva.
Es mi vasallo.
REY

 (Imponiendo silencio.) 

Y yo soy tu monarca.

 (A un capitán que sale a cumplimentar la orden.)  

Buen Oliver, coloca centinelas
del panteón en la puerta. Con el alba 805
despiértenme, que asuntos hay que importan.
Y tú, mi noble conde, de mi cámara
el camino me muestra, que fué ruda
y sin descanso alguno la jornada.
DON JAIME

 (Se dirige, precediendo al REY, hacia la puerta de la derecha.) 

Venid, señor, que vuestro es el castillo. 810
 

(Dos pajes toman luces y se disponen a marchar delante del REY, así como dos de sus capitanes a acompañarle. El REY se dirige hacia la puerta expresada, pero lentamente, después de saludar a los demás varones. BEATRIZ se acerca a su esposo; JUANA se coloca al lado de la puerta; MANFREDO, en el centro.)

 
MANFREDO

 (Inclinándose ante el REY al pasar éste.) 

¡Justicia quiero!
BEATRIZ

 (Adelantándose unos pasos.) 

¡Compasión!
JUANA
¡Venganza!
REY

 (En el umbral de la puerta.) 

Con la luz de la aurora querrá el Cielo
dar luz también al que de allí la aguarda.
 

(Salen en el orden siguiente, por la puerta de la derecha: los dos pajes, con las luces; el REY; dos capitanes. Quedan al lado de la puerta DON JAIME y BEATRIZ; algo separada, JUANA; en el centro, MANFREDO. Salen por el fondo las demás personas.)

 


Escena IX

 

BEATRIZ, JUANA, DON JAIME y MANFREDO. BEATRIZ y DON JAIME vienen al centro a buscar a MANFREDO. JUANA, en pie, al lado de la puerta por donde salió el REY.

 
BEATRIZ

 (A MANFREDO.) 

¡Huye!
MANFREDO
¡Jamás!
DON JAIME
No temas. Con mi vida
de la tuya respondo. Con mi espada 815
atajaré, si necesario fuere,
al mismo rey si ciego se empeñara,
a contrafuero y contra ley, en darse
por juez de mis vasallos en mi casa.
Mi hermano eres: tu escudo es mi cariño. 820
MANFREDO
Abandóname, Jaime.
DON JAIME
No. Te aguarda
monarca de Aragón, quien no te cede
ni por el corazón ni por el alma.

 (Volviéndose hacia la puerta por donde salió DON PEDRO.) 

JUANA

 (En voz alta, como desafiando a DON JAIME.) 

Duerme, rey de Aragón: junto a tu puerta
en vela está la vïuda y la villana. 825
DON JAIME

 (Como en contestación.) 

El conde de Argelez vela tu sueño:
duerme, rey de Aragón; duerme hasta el alba.
 

(Queda JUANA en pie al lado de la puerta; DON JAIME, en el centro, mirando hacia aquella parte; BEATRIZ y MANFREDO, a su izquierda.)

 


 
 
TELÓN
 
 


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