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270.       Sermón del Rey D. Jaime, pág 70.

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271.       Algunos atribuyen esta hazaña a Wifredo el Velloso y otros al Conde don Ramón Berenguer III, pero tal vez sería en otra ocasión y con otros dragones, porque cada comarca tiene el suyo. Los detalles de la que se atribuye a Wifredo merecen contarse. Salió el Conde en busca del animal seguido de todos sus caballeros que le acompañaron hasta cerca la cueva de la fiera. Encaminóse solo a una eminencia vecina a su guarida, y metióse en una especie de cabaña construida ya a propósito, erizada por afuera de puntas de lanzas, espadas y otras armas. Al despuntar el día empezó a sonar su bocina, a cuyo sonido acudió furioso el dragón, que al punto embistió la acerada cabaña rodeándola con sus escamosos anillos. Pero su mismo ímpetu fue su muerte, pues quedó atravesado de cien heridas que le abrieron los hierros del escondrijo del Conde. Al oír sus feroces gritos, salió éste y arremetió a la malherida fiera, que, sintiéndose desangrada y débil para luchar con tal adversario, echó a volar. Mas impávido el caballero asióse con una mano de una de sus patas, y con la otra fuele clavando sendas estocadas mientras con ella remontaba por los aires, con espanto y compasión de cuántos desde lejos miraban tan prodigioso combate. Con la pérdida de la sangre fue también perdiendo sus fuerzas, y descendiendo pausadamente espiró sobre una eminencia, donde el Conde, según cuentan, fundó una iglesia en memoria de tan señalada victoria. -No sé si esta tradición podría conducirnos a la aclaración del origen de algunas de nuestras costumbres; pero, si no se les quiere dar un sentido místico, ¿a qué debemos atribuir las figuras del dragón que desde los antiguos tiempos pasean públicamente los pueblos de las vecinas comarcas en sus fiestas mayores y días de regocijo? Aunque es cierto que con el decurso del tiempo y mayormente con las últimas revoluciones se han perdido algunos usos antiguos, sin embargo todavía se conservan puros en muchas partes, y el que quiere presenciar una escena de una fiesta popular y campestre de aquellos tiempos diríjase al bello Panadés, entre en Villafranca cuando su fiesta mayor, y contemple sus extrañas mojigangas, su misterio de los diablos, su dragón con su extrañísima música, sus bailes de gitanas, su paso de moros y cristianos, y quizás por un solo momento verá realizado en parte lo que leyó en viejas y polvorosas crónicas.

     En cuanto al hecho de Vilardell, la historia y documentos justifican la tradición. El Rey D. Pedro III, según Menescal en el sermón citado y Feliu, Anales, en su Historia cuenta que su padre el Rey Alfonso, en una acción de la guerra de Cerdeña, viendo muerto su caballo, libróse de la multitud de enemigos que le acometían echando mano a la espada de Vilardell y defendiéndose con ella hasta que le dieron otro. Había antes comprado aquella famosa espada el Rey D. Alfonso II, como resulta de un documento por el cual manda que se paguen a Berenguer de Vilardell, que sería descendente del arriba mencionado, 2040 sueldos barceloneses, que es lo que faltaba para el completo pago de la espada llamada de Vilardell, que éste le cediera «Mandamus vobis quatenus incontinenti visis praesentibus solvatis Berengario de Vilardello duo millia et XL solidos barchinonenses remanentes si ad solvendum de praetio emptionis ensis vocati de Vilardello quam ab eo emimus et facta sibi solutione praedicta recuperetis ab eo praesentem litteram cum apoca de soluto. Datum Barchinone 6 Nonas Martii 1285». -Alfon. II. Regist. 65 fol. 34. La cantidad que se nombra prueba la celebridad que entonces disfrutaría aquella arma, fama que todavía en parte se conserva en nuestros días; pero ¿confirma que fuese aquella la espada con que se mató al dragón? Así lo creerían sin duda el que la compraba y el que la vendía, y cuando nada más significase este documento, es una prueba de que también los poderosos de la tierra pagaban tributo a las tradiciones y piadosas creencias populares.

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272.       Trabajóse en ellas con particular ahínco desde 1387 hasta 1389, como lo demuestran los libros de la obra de dicha Iglesia, y esculpió la mayor parte de sus labores y remate Francisco Muler. La que da sobre la puerta de Santa Eulalia fue, como dice Campmany, destinada para las horas como lo indica la delicada estructura del último cuerpo de campanas. «En efecto, hallamos entre los antiguos apuntamientos del Archivo municipal de la Ciudad que en el año 1393, a expensas del Ayuntamiento, se fundió la gran campana para el Reloj y que en aquel mismo año se subió a dicha torre, con el nombre vulgar de Seny de les hores. De lo que se infiere la época anterior de tres años de Reloj público de Barcelona al de la catedral de Sevilla, que hasta aquí se había ponderado entre nuestros historiadores como el primero de torre que se había conocido en España, cuya colocación presenció como cosa maravillosa el Rey de Castilla D. Enrique III en 1396». Memorias históricas, tomo IV.

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273.       Estudios literarios de M. M.

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274.       En la actualidad se trata seriamente de la terminación de la Catedral, y en especial de la construcción de la fachada. Al efecto, hace algún tiempo se abrió un concurso particular a fin de adoptar el mejor proyecto para esta última, presentándose tres que se expusieron al público y sobre los cuales no ha recaído aún resolución definitiva. Este concurso llamó poderosamente la atención, ocupándose extensamente la prensa de los planos presentados, uno de los cuales parece realizaría el ideal de Piferrer en lo que se refiere a la terminación del cimborio.

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275.       El llano de Barcelona va desapareciendo rápidamente, ocupado por las construcciones del Ensanche; de manera que, desde lo alto de las torres de la Catedral, la vista sólo percibe un verdadero mar de edificios.

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276.       FLÓREZ, tomo Barcelona.

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277.       Véase lo que decimos en la nota 126.

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278.       CAMPILLO, Disquisi. et. vet. Anal., tit. 18.

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279.       FLÓREZ.

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