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70.       CONDE, tom. 1, cap. 19.

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71.       ROMEY, Historia de España, parte 2.ª, cap. 7.º, dice -que también en Rosas y que aquella flota se compuso de un gran número de bajeles del mayor porte entonces usado en la guerra, cuyos modelos, según decían, habían venido del puerto de Constantinopla, a la sazón el más señalado en la construcción naval.

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72.       Los estudios de los códices árabes, y su interpretación por sabios orientalistas, así como la investigación de documentos españoles que se refieren a los primeros días de la dominación mahometana, permiten confirmar como verdadera la existencia de diferentes núcleos de resistencia patria, en toda la cordillera pirenaica, simultáneamente con el que apareció en los montes de Cantabria.

     Por lo que hace a Cataluña, debe apreciarse, como a primer dato, la circunstancia de haber sido de los últimos territorios de la Península donde entraron los invasores.

     La constitución del reino de Tadmir, en la frontera sud del antiguo país ibérico, o sea, en la parte meridional de Murcia, y el haber los caudillos mahometanos llevado sus primeras correrías hacia el centro y el occidente de España, prueban que la cordillera ibérica fue el primer valladar que se opuso a su triunfante marcha, Salvado, no obstante, éste, y si bien en 714 hallamos ya a Muza al pie de los Pirineos, no tardamos muchos años en encontrar pruebas manifiestas de la resistencia de los hispano-godos, refugiados en las escabrosidades del Pirineo oriental. Desde luego, puede comprenderse que, siendo estas partes de la Península las últimas en que se dejó sentir el yugo de los árabes, había de refluir en ella la oleada de los fugitivos, que no querían sujetarse a la extranjera dominación. Estos fueron subiendo a las tierras altas, hasta quedarse en las fragosidades de los bosques y en las abruptas peñas, donde sufrían mil penalidades, especialmente el hambre. Los territorios comprendidos a derecha e izquierda del Fresser, y la montaña de Montgrony, fueron el núcleo de la resistencia. Allí aparece, como caudillo de los cristianos, el príncipe Quintiliano, cuya existencia, a pesar de haber sido discutida, puede confirmarse. Por allí se verificó la derrota de las tropas de Abdelmelec, al regresar del Afrank en 737; y aquellos territorios sirvieron de base para las sucesivas entradas de los godo-francos, que fueron libertando al país de la oleada.

     Pero ese principio de resistencia, ese albor de reconquista nacional catalana, que apareció simultáneamente con la asturiana, y sin ninguna dependencia de ésta, tuvo, como un centinela avanzado, el castillo de Egara o de Tarrassa, donde permanecieron independientes un puñado de cristianos, hasta el siglo IX en que vieron ondear en el llano el lábaro de la cruz que venía a socorrerles.

     Este hecho excepcional de una resistencia aislada en medio de un país completamente dominado, y al lado de una ciudad destruida por los invasores, como lo fue Egara, puede explicarse por la proximidad de los inaccesibles riscos de la montaña de San Lorenzo del Munt: donde la tradición coloca precisamente, en tiempos posteriores, la escena de interesantes leyendas de la época de los condes, que aluden directamente a la liberación del país.

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73.       Crónicon del Pacense FLÓREZ, España Sagrada, tomo 8, Apénd. 2, pág. 312. -CONDE, tom. 1, cap. 26.

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74.       Cuando, vuelta a quebrantar la fe que a Carlomagno habían jurado, Ludovico Pío vino en 810 contra ellos, tuvo que precaverse para evitar una repetición de aquella jornada.

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75.       Todo este magnífico, cuánto sencillo y vigoroso canto de aquella batalla, que en parte se conserva todavía en el Pirineo, está retratando la condición y la vida de los antiguos Eskaldunac con rasgos tan vivos e ingenuos, que no podemos menos de darlo a luz por tercera vez, continuándolo aquí:

     «Un grito ha sonado en las montañas de los Eskaldunac, y en pie delante de su puerta, el etcheco-jauna aplicó el oído, y dijo: '¿Quién va? ¿qué me quieren?', y el perro que dormía a los pies de su amo se ha levantado, y resuenan sus ladridos en torno de Altabizar.

     Un ruido retumba por el collado de Ibañeta, y va acercándose, estremeciendo al pasar las rocas a derecha e izquierda: es el sordo murmurio de un ejército que sube. Desde la cumbre de las montañas los nuestros le contestan: han tocado sus bocinas de asta de buey, y el etcheco-jauna aguza sus flechas.

     ¡Ya vienen! ¡ya vienen! ¡qué bosque de lanzas! ¡cuál ondean en el centro las banderas! ¡cómo centellean sus armas! ¿Cuántos son? ¡muchacho, cuéntalos bien! Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, diez y seis, diez y siete, diez y ocho, diez y nueve, veinte.

     ¡Veinte, y muchos millares aún! Perderíamos el tiempo contándolos. Unamos nuestros forzudos brazos, arranquemos de cuajo estas peñas, y de lo alto de las montañas precipitémoslas sobre sus cabezas. ¡Aplastémoslos! ¡matémoslos!

     ¿Qué buscan en nuestras montañas esos hombres del Norte? ¿porqué han venido a turbar nuestra paz? Si Dios hace montañas, las hace para que no las pasen los hombres. Pero las peñas bajan rodando, y aplastan las tropas; corre la sangre en arroyos, palpitan las carnes despedazadas, ¡oh! ¡cuánto hueso hecho polvo! ¡qué mar de sangre!

     Huid, huid, los que aún tenéis fuerzas y un caballo. Huye, rey Carlomagno, con tus negras plumas y tu capa roja. Allí yace tendido sin vida tu sobrino, tu más valiente, tu amado Roldán; no le valió su intrepidez. Y ahora, Eskaldunac, abandonemos las rocas, y bajemos aprisa, lanzando nuestras flechas a los que huyen.

     ¡Helos, helos que huyen! ¡huyen! ¿Dónde está, pues, el bosque de lanzas? ¿dónde esas banderas, que ondeaban en el centro? Ya no centellean sus armaduras teñidas de sangre. ¿Cuántos son? muchacho, cuéntalos bien. Veinte, diez y nueve, diez y ocho, diez y siete, diez y seis, quince, catorce, trece, doce, once, diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno.

     ¡Uno! ya ni uno queda. Se acabó. Etcheco-jauna, bien podéis volveros a vuestra casa con vuestro perro, abrazar a vuestra esposa y vuestros hijos, limpiar vuestras flechas, atarlas con vuestra bocina de asta de buey, y dormir encima. Por la noche vendrán las águilas a comerse estas carnes destrozadas, y todos esos huesos blanquearán para siempre.»

     Hállase en idioma éuskaro con el título de Altabizaren cantúa en la obra de M. Michel Recueil' Chansons de Roland, append. pág. 226, y en el Journal del' Institut historique, tom. 1, pág. 176.

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76.       Este deslinde de entrambas cuestiones no lo hemos visto en ninguno de nuestros historiadores; siendo él tan indispensable, que si en la de sucesión y organización del estado, Asturias vence a las demás provincias en certeza y aún en prioridad, en la de independencia del país compiten entre sí y son simultáneos todos los pueblos del Pirineo.

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77.       CONDE, cap. 21 de la Segunda Parte.

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78.       El principal argumento que debieran aducir los historiadores de los reinos de Aragón y Navarra es que, pues se presentó en el siglo X formado el reino y con monarca al frente, de una u otra manera hubo de comenzarse.

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79.       La ortografía propia de esta palabra es sometent, que alude al ruido con que se anuncian tales alzamientos (metent só).

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