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De su vida y obra se ocupó tempranamente Andrés Goldsborough (1965) en un apasionado y benevolente ensayo, en el que existen muchas lagunas tanto de su trayectoria vital como literaria. En fechas más recientes, Enrique Fuster (2003), heredero del legado Gregorio Martínez Sierra-Catalina Bárcena publicó otra biografía más completa, y con tintes líricos. Sobre sus empresas editoriales, véase Reyero (1984); sobre su labor en el Teatro del Arte, Reyero (1980). Respecto a su paso por Hollywood, Checa (2002).
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O'Connor lamenta que la Sociedad General de Autores reconozca «más de doscientos títulos atribuidos exclusivamente a Gregorio Martínez Sierra, incluidas las traducciones y adaptaciones, pero excluidos los numerosos artículos críticos y creadores con que colaboró en las publicaciones periódicas» (2003: 25).
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Poco se sabe de la interesante figura de Leonard Williams. Cristina Viñes (2006: 131) escribe sobre él: «Escritor e hispanista galés, enviado como corresponsal de The Times a España, se identificó tan profundamente con nuestro país, en el que prácticamente vivió hasta el resto de sus días, que le dedicó la que se ha considerado su obra maestra El país de los dones».
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Germán Gullón (1996: 2-3) afirma: «Juan Ramón Jiménez, Gregorio Martínez Sierra, y Leonard Williams, fueron hombres clave en esa renovación de estilo editorial. Sus nombres van asociados con la revista Helios(1903-1904) y Renacimiento (1907), las dos grandes del modernismo simbolista, y su actividad e influencia se hizo sentir a lo largo y a lo ancho del espectro editorial nacional [...] Gregorio Martínez Sierra fue el gran promotor de estas revistas, la pasión que las hizo posible. La edición de revistas literarias, y concretamente, de estas revistas literarias, primorosamente confeccionadas, al gusto selecto de JRJ, especialmente la segunda».
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Lo cuenta Juan Ramón en una carta de 1902 dirigida a Rubén Darío: «Querido maestro: Cinco amigos míos, y yo vamos a hacer una revista literaria seria y fina: algo como el Mercure de France: un tomo mensual de 150 páginas, muy bien editado». (Fogelquist, 1975: 328).
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Paniagua relaciona la apariencia de la revista con la voluntad aséptica de los escritores que la representaban: «Muy sencilla, muy sobria, sin dibujos, con portada de tonos fríos, «RENACIMIENTO» era en su aspecto externo una publicación distante y fría: un bello invernadero para estas criaturas modernistas» (1964: 153).
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Esta característica de la personalidad de Martínez Sierra es resaltada por R. Cansinos Assens, quien pone en su boca unas significativas palabras, dirigidas a Juan Ramón: «-Hay que unir los números a las letras. Los números son también Poesía. Hay que tener sentido práctico. Hay que llevar la Poesía a la vida. Yo entiendo algo de números, soy hijo de comerciante, tengo un temperamento organizador y he de hacer que el público nos conozca, que te conozca a ti y a los Machado, y a usted, joven amigo.»
(2005: 85). Recientemente se ha publicado un artículo dedicado al mundo editorial de inicios de siglo que toma la que podríamos llamar consigna de Martínez Sierra: «Unir los números a las letras» (Rivalan-Guégo, 2012).
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No cabe duda de en las primeras décadas del siglo XX fueron cambiando las formas de edición (respecto a las ediciones del XIX, primera innovación) y se asumió la labor pedagógica y regeneradora de la lectura. No en vano José Gallach y Torras, en 1909, en la I Asamblea Nacional de Editores y Libreros de España, afirma la responsabilidad de los editores en «la depuración del buen gusto, para obtener un ejemplar modelo, y de este modo acostumbrar[emos] a los lectores a inclinarse insensiblemente a todo lo bello, despertando en la gran masa el sentimiento artístico» (Botrel, 2008: 29).
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El hijo de Ruiz-Castillo explica: «Pero ha de venir del Nuevo Mundo el fracaso financiero por decretar las repúblicas hispanoamericanas la congelación de los pagos a países del viejo continente con motivo de la guerra mundial iniciada en julio de 1914. La consiguiente falta de realización del activo y penuria de liquidez inherente provoca la disolución de la sociedad propietaria de Renacimiento» (1972: 93).
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Afirma Raquel Sánchez: «En Madrid el eco modernista se dejó notar en la obra de Manuel Fontanals y en la «Biblioteca Estrella», cuyas colecciones, aunque sólo decoraban la cubierta, destacaron por su belleza» (2012: 257)