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También la primera proclama del Ejército sublevado en Cádiz, en 1820, firmada por el Jefe del Estado Mayor, Felipe de Arco Agüero, se movería dentro de estos esquemas: «El Ejército nacional, al pronunciarse por la Constitución de la Monarquía Española, promul gada en Cádiz por sus legítimos representantes no trata de ningún modo de atentar a los derechos del legítimo Monarca que ella reconoce: más convencido de que todas las operaciones de su Gobierno, por una fatalidad tan funesta como incomprensible, sólo han contribuido a hacer desgraciada a una Nación que hizo tantos sacrificios por sancionarla, cree que solo este pronunciamiento puede salvarla, tanto a ella como al Príncipe, del estado de nulidad en que se encuentra». Apud. FERNANDO DÍAZ-PLAJA, La Historia de España en sus documentos. El siglo XIX. Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1954, págs. 145-6.
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En realidad, esta tendencia revisionista respecto del liberalismo doceañista se había manifestado ya en septiembre de 1815, con motivo de la fracasada rebelión de Porlier, quien estaba casado con una hermana del Conde de Toreno. «El Marquesito», como era llamado Porlier, reclamaba en su proclama el fin d el despotismo y la convocatoria de Cortes, pero también la revisión de la Constitución de 1812, como recuerda Brian R. Hamnett: «una tendencia liberal moderada existía en la posición de Porlier, ya que ofrecía a la nobeza poner fin a su exclusión como grupo de participación en el proceso de tomar decisiones. A cambio de la pérdida de sus privilegios señoriales bajo la Constitución restaurada», op. cit., pág. 252.
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Obras de Alvaro Flórez Estrada, op. cit., pág. 209. El subrayado es mío.