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Hallándose presente la justicia Mayor Gaspar de Medina, se acerca Rosas a la escribanía pública de Juan Nieto para que certifique que «haría tres años poco mas o menos a que comenzó a ocuparse en escrevir la descripción, conquista y allanamiento de la Provincia de Tucumán, desde que en nombre de su Magestad entró a conquistarla el capitán Diego de Roxas hasta el govierno de Juan Ramírez de Velasco, para servir a Su Magestad con ella, haciendo la relación de las personas que en ella le an servido; la qual tiene acabada en trescientas hojas de papel y dirigida al excelentísimo Condestable de Castilla; y porque está imposibilitado de ir a los rreinos de Castilla, a solicitar la impresión del, dava e dió su poder complido tal qual en tal caso se requiere, a Juan Ramírez de Velasco, governador destas provincias, para que por él y en su nombre, representando su propia persona, parezca ante Su Magestad y en su nombre se la ofrezca y pida y gane licencia para la impresión y parezca en el Tribunal del Santo Oficio, a cuya corrección la somete, a solicitar el examen della; y porque en el tiempo que se a ocupado en escribilla a recibido del dicho Juan Ramírez de Velasco, muchas buenas obras, las quales an sido y son de más interés del que le pudiera dar la impresión de la dicha obra, libremente, sin fuerza ni violencia ninguna, estando ausente el dicho Juan Ramírez de Velasco de la raya de su jurisdicción, en presencia del dicho capitán Gaspar de Medina y de los testigos infrascriptos, hazía e hizo donación pura e inrrebocable del dicho libro llamado Famatina [...] y dió este dicho poder y donación al dicho Juan Ramírez de Velasco sin limitación alguna, para todos aquellos casos y cosas tocantes a la impresión de dicho libro, y si fuere su gusto, la pueda vender libremente a quien más le diese por ella [...] con tal condición que el nombre del dicho libro no se le pueda mudar ni entremeter en ella mas de veynte e dos cantos que lleva escritos en trescientas hoxas, ni le quite el nombre del autor, y haziéndose qualquier cosas destas, rreboca e anula este dicho poder e donación» (Cabrera 1917: 90), «Famatina» era el nombre de un pueblo de la región en el cual se dieron rebeliones indígenas. La documentación de levantamientos que he hallado, sin embargo, se remonta a la década de 1630 (Boman 1918: 30), fecha que no coincide con la redacción del poema de Rosas. Bien podría haberse tratado, sin embargo, de algunas rebeliones anteriores en ese lugar. Cabrera (1917) sugiere que Famatina fue un poema épico, quizás porque su título tiene ecos del poema Argentina de Martín Barco del Centenera y porque en el documento se dice que el libro constaba de veintidós cantos. No hay, sin embargo, ningún dato que verifique inequívocamente su conjetura.

 

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No hemos dado con estos lugares, aunque es muy probable que no fuesen encomiendas muy rentables. Enrique de Gandía, por ejemplo, anota que, hacia 1597, el mismo Juan Ramírez de Velasco, Gobernador, Capitán General y Justicia Mayor del Río de la Plata, decía lo siguiente sobre las regiones de Tucumán: «Estas provincias es tierra pobre y de pocos indios», para luego añadir que «ningún encomendero estaba en condiciones de regalar un ornamento completo para una iglesia de indios» (Gandía 1939: 77). Asimismo, en carta del mismo Ramírez de Velasco, del 10 de diciembre de 1586, se lee: «ay en toda esta governacion dozientos vezinos encomenderos de yndios toda gente pobre e humilde» (Jaimes Freyre 1915: 103). En general, como nos recuerda Susan E. Ramírez, «the phase of encomendero dominance was short lived [...] epidemics in the viceroyalty [of] [...] Peru in the 1520s, 1540s, 1550s, and late 1560s decimated the Indian population, and consequently reduced the tribute-paying labor force and, thus the value of the encomienda grants» (1986: 22).

 

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Recientemente, Lohmann Villena (1997) hace un repaso importante de los datos que se conocen sobre el poeta.

 

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El poema elegiaco se encuentra en la Relación historiada de las Exequias funerales de la Magestad del Rey Philipo II nuestro señor (1600: folio 154v.) y se halla reproducido en Lasarte 1988: 97.

 

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En el poema de las damas leemos una queja, jocosa sin duda, de que el poeta no recibió en Lima los laureles que merecía: «Dichosa vuestra laguna / pues que merece gozalle, / y desdichado Perú / pues no supo granjearle» (Paz y Meliá 1907: 167). El seudónimo, además de ser un posible juego carnavalesco de Rosas de Oquendo en torno a la identidad de su narrador, algo que se verá más adelante, también forma parte de su contraste de apellidos populares con altisonantes para así satirizar las pretensiones de la corte, blanco reiterado en su poema. Por otro lado, la «carta» parece ser parte de una convención practicada en academias. En Lima, años más tarde, por ejemplo, en un certamen poético que se dio en la Universidad de San Marcos en 1689 por la ocasión de la llegada del virrey conde de la Monclova desde México, se propusieron doce temas, entre ellos una carta en tercetos de la ciudad de Lima a la de México en las que se le consolaba por la pérdida del conde (Valle y Caviedes 1990: 59).

 

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Véanse referencias a estos poemas en Rosas de Oquendo 1990: ix. El poema «Discreto y necio» fue publicado en Lasarte 1988: 97, pero con un error editorial que aquí corregimos. En el verso 9 «Como» debe ser «Oquendo».

 

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Para algunos datos sobre estos poemas remito al lector a Rosas de Oquendo 1990: ix. Es significativo que de toda la obra que puede ser del poeta solo la Sátira y su «conversión» se hallan en los dos manuscritos que contienen su poesía -los de Madrid y Pensilvania-. El segundo lleva los títulos de «Desengaños de Matheo de Oquendo acerca / de lo que pasa en el mundo» (f. 14v.) y «Conocimiento propio de Mateo Roças de Oquendo» (f. 5r.). Los poemas «Respuesta de Oquendo a un poeta» y la glosa «Es porque si fuera no», anteriormente inéditos, fueron publicados en Lasarte 1988: 85-99. Hay también otras obras que transcribieron Paz y Meliá, y Alfonso Reyes suponiendo que eran del autor. Esto, sin embargo, es conjetura poco fundamentada y preferimos no incluirlas como parte de la obra del poeta. Para una explicación del caso, véase Rosas de Oquendo 1990: ix y ss.

 

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David Harms, en su edición, apunta que Javier Durán Barceló vio la rúbrica al lado de la identificación del autor como letra del conde de Gondomar. No hay, sin embargo, ningún otro dato que sirva para verificar esto. Por otro lado, muy curiosamente, Harms indica que el conde de Gondomar y Mateo Rosas de Oquendo habían sido amigos, dato realmente enigmático y sin ningún fundamento del cual yo tenga noticia (1995: 39-40, n. 55).

 

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Para las múltiples invenciones biográficas en torno a Valle y Caviedes véanse las correcciones y precisiones llevadas a cabo por Lohmann Villena (Valle y Caviedes 1990:17 y ss.).

 

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Otros dos estudios importantes son de Luis Jaime Cisneros (1966) y su apartado crítico (Valle y Caviedes 1990: 91-210). Para una bibliografía bastante completa consúltese Valle y Caviedes 1990: 913-934.