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Es interesante notar que en una de sus parodias judiciales (42) hay una referencia al «libro» o «cuaderno» de Valle y Caviedes, suerte de inserción Quijotesca, o barroca, de su texto y autor dentro de la propia obra. Allí dice, por ejemplo, el haber sacado su «quaderno» «Azañas de la Ygnorancia». Véase Cáceres 1972: 358 y ss.

 

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Esto nos recuerda las reflexiones o apóstrofes al lector (u oyente) del narrador de la Sátira de Rosas de Oquendo, quien en su sermón vituperativo de Lima dice que no «habrá uno entre todos / a quien no le alcance parte» (Rosas de Oquendo 1990: vv. 45-46).

 

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La identificación entre la medicina y la sátira era bastante común, como se observa en las poéticas neoaristotélicas de la época. Francisco de Cáscales, por ejemplo, en su Tablas poéticas (1606), nos advierte que «Ase de ver el poeta satírico como el médico, que para curar la malaria del enfermo, aunque aplica medicinas acerbas y amargas, las compone con algún buen sabor» (1975: 180).

 

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Según Ferrari, «their similarity to theatrical performances is immediately apparent if one bears in mind certain of their features: the division of the lessons into different phases [...] the institution of a paid entrance ticket and the performance of music to entertain the audience» (1987: 82). También añade Ferrari que estos espectáculos solían hacerse durante carnaval (1987: 97) y recuenta las advertencias que se llevaban a cabo en torno al interés sobre la visualización de los órganos genitales (1987: 98-99 y passim).

 

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El palabras de J. H. Elliott, «El buen rey [...] como dispensador de favores, recompensa los servicios prestados, otorgando a sus vasallos cargos y honores de acuerdo con un cuidadoso y calibrado sistema por el cual, al menos en teoría, cada servicio de un vasallo encuentre su debida recompensa en una merced, o favor, del rey [...] Esta era la sociedad patrimonial, construida en torno a una concepción de obligaciones mutuas, simbolizadas en las palabras servicio y merced, que se desmoronó a finales de la Edad Media, reconstruyéndose en Castilla durante el reinado de Fernando e Isabel [1474-1504], y llevándose a través del océano para implantarse en las islas y el continente americano» (Bethell 1990: vol. 1, 132). Según Walter Mignolo, «en el contexto de la expansión castellana en América, era un reporte sobre las empresas conquistadoras bastante heterogéneo (como el Diario de Colón o las "cartas" de Cortés) que fue oficializado a partir de los cuestionarios solicitados por la corona a partir de 1574 cuando se instituyó el proyecto de Ovando y Godoy de recoger sistemáticamente "relaciones geográficas e históricas" de Indias» (Restrepo 1999: 83).

 

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Véase, por ejemplo, el estudio de Stephanie Merrim (1986) y, en general, el de Lewis Hanke (1977).

 

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Entre los versos que recoge Dorantes se lee que «en leyes de presunción / se tiene por inviolable / que sólo goce del fruto / quien lo regó con su sangre» (Rosas de Oquendo 1990: vv. 1635-1638).

 

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Para una relación de la posición burocrática del Juez Oficial de la Hacienda Real en el virreinato véase Cobo 1956: 345-346.

 

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Véase Jaimes Freyre 1914: 173-179. También es interesante la carta escrita por el Gobernador de Tucumán, Juan Ramírez de Velasco, el 30 de octubre de 1591, en la cual le describe a «S. M.» la entrada y fundación de la ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja. Allí leemos que descubrió «al pareser de diez o doze mill yndios gente e gallarda y vien vistida con los quales y con otros tantos que tiene la provincia de Londres hize en nombre de vuestra majestad 56 encomiendas dexe hecho un fuerte qual conviene para la defensa de 51 españoles que dexe en el prueidos de armas y municiones y bastimentos para de aquí a la cosecha del trigo de mas de duzientas hanegas de comida que agora les enbio halle entre los yndios algunas muestras de plata y dicen ay en la tiera grandes minerales» (Boman 1918: 12). Sobre esta ciudad, en 1607, el gobernador de Tucumán Alonso de Ribera, la describía con las siguientes palabras: «La ciudad de Todos Santos de la Nueva Rioja tiene 62 vecinos con seis mil Indios de pas. Sin otros muchos de guerra los dos de a 300 Indios vno con 250, 3 de a 200, 6 de a 150, 10 de a 100 y tres de a 80 y los demas de a 20, 30, 60 y vno de 15» (Jaimes Freyre 1915: 133).

 

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La aproximación de Elizabeth Davis, quien resume las posiciones polarizadas, sí sugiere una Araucana ideológicamente ambivalente, ambivalencia que según ella respondería a la subjetividad del autor (2000: 20-21 y passim).