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Los cortesanos de don Juan II

Drama histórico original en cuatro actos y en variedad de metros

Jerónimo Morán











     PERSONAJES

                                         
DON JUAN II, rey de Castilla CHACÓN
ALFONSO PÉREZ DE VIVERO UN RELIGIOSO DOMINICO
DON ÁLVARO DE LUNA UN CAMARERO DE PALACIO
EL CONDE DE PLASENCIA CUATRO HOMBRES ARMADOS
EL CONDE DE HARO RICOS HOMBRES
DON JUAN DE LUNA PAJES
DOÑA JIMENA SOLDADOS
LAURA, camarera PUEBLO
FERNANDO DE RIVADENEIRA



La escena es en Burgos: época la Semana Santa del año 1453.

               
                                                  
 
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Acto primero

 
 

Jardín de palacio.

 
 

Escena I

 

DOÑA JIMENA. LAURA.

 
LAURA �Ello es, señora, que al fin
estáis aquí más serena?
JIMENA Algún alivio a mi pena
encuentro en este jardín:
en él, Laura, fácilmente 5
se aplacan mis amarguras,
y es que soñadas venturas
tornan en él a mi mente.
Aquí, sin saber por qué,
goza adormecida el alma 10
gratos momentos de calma
cual en mi infancia gocé.
Si abismada en triste duelo
lanzo afligida un suspiro,
el aura que aquí respiro 15
es un aura de consuelo.
Ahora mismo, Laura mía,
un dulce presentimiento
disipa el crudo tormento
que agitó mi fantasía. 20
LAURA Señora, vos que tan bella
sois, que todos en la Corte
os siguen como a su norte,
os miran como su estrella:
vos, la huérfana mimada 25
en palacio por los reyes, [6]
cuyos caprichos son leyes:
la querida, la envidiada.
Vos, que ostentáis en los ojos
dos claras distintas llamas, 30
una que abrasa a las damas
y las causa mil enojos;
otra cuyo dulce fuego
busca el hombre inadvertido,
que cuando en él ha prendido 35
pierde por ella el sosiego.
Vos, la reina en los festines
y la reina en los torneos,
a cuyos pies sus trofeos
rinden tantos paladines, 40
�por qué el silencio buscáis,
por qué de la corte huís?
�Acaso no presumís
los tormentos que causáis!
JIMENA Laura, el corazón vacío 45
nada en la Corte me dice,
porque allí soy infelice
entre el alegre gentío:
que en vez de darme a gozar
instantes más halagüeños 50
aquellos rostros risueños
dan pábulo a mi pesar.
Mas ya que así te interesa
mi tormento y aflicción,
te abriré mi corazón... 55
LAURA Sí, cumplid vuestra promesa.
JIMENA Sólo el cariño de un padre
en mi infancia conocí,
que el darme la vida a mí
costó la suya a mi madre. 60
Mas... �ay! Cuán poco gocé
las paternales caricias...
mis infantiles delicias
pronto en lágrimas troqué:
niña huérfana en Toledo 65
cuando dos lustros cumplí, [7]
mi único apoyo perdí
en la batalla de Olmedo.
Tinto en sangre al espirar
mi padre a los pies del rey, 70
que es en los vasallos ley
por su rey la sangre dar,
dijo con voz lastimada:
�Rey don Juan, por vos muriendo,
una cosa os encomiendo; 75
mi única joya preciada,
�mi hija...! Rey, �no os asombre
verme llorar al morir!�
Y así �dejó de existir
apenas dijo mi nombre. 80
LAURA �Lloráis?
JIMENA                       Sí; pago el tributo
que es debido a su memoria.
LAURA Lamentable es vuestra historia;
cubre el corazón de luto.
JIMENA Después de su muerte, yo 85
a palacio fui llevada
y a la reina encomendada,
que su dama me nombró.
Pasado algún tiempo vi
allí en la Corte a Vivero, 90
el más gentil caballero
que en mis días conocí.
Era de don Juan doncel
y de contino le vía,
conoció mi simpatía 95
y aficionóseme él.
Diome a entender sus amores;
yo me rendí a sus protestas,
y en las zambras y otras fiestas
vestimos unos colores. 100
Mas también fue breve y vana
por esta vez mi alegría:
socorros al rey pedía
el príncipe de Viana;
don Juan a su hijo mandó 105 [8]
con soldados y dinero,
y el desdichado Vivero
con el príncipe partió.
En Navarra su pujanza
dio a Castilla alto renombre, 110
haciendo en breve su nombre
más temible que su lanza.
Pero �ay! Que si nunca pudo
contrario alguno domarle,
no fue imposible cercarle 115
sirviendo a Carlos de escudo.
En poder el de Viana
cayó del rey su enemigo,
teniendo en Aibar consigo
a Vivero.
LAURA                    �Suerte insana 120
y enemiga por demás!
JIMENA Terrible, Laura, cruel.
LAURA �Y supisteis después de él?
JIMENA No he vuelto a saber jamás.
LAURA (Mirando adentro.) 125
El rey se acerca hacia aquí:
con don Álvaro pasea.
JIMENA Vamos, Laura, no nos vea.
LAURA �A palacio?
JIMENA (Señalando con la mano el interior del jardín.)
                      No, hacia allí.
 
 

Escena II

 

El REY. DON ÁLVARO.

 
REY Venid, el mi condestable: 130
aquí en el jardín podemos
sin testigos importunos
departir con más secreto
cosas que a vos interesan,
y a mí, y aún a todo el reino. 135
ÁLVARO Que son cosas que se fraguan
en nuestro daño sospecho: [9]
puede contar vuestra alteza
con mi brazo y con mi acero.
REY Ya sabéis con cuánto gusto 140
vuestro vasallaje acepto,
don Álvaro: conocéis
el cariño que os profeso
sabéis que viene de antiguo
el origen de mi afecto; 145
y que si es verdad que siempre
mis gustos fueron los vuestros,
lo es también que mil pesares
me ha ocasionado teneros
siempre junto a mí, malgrado 150
de infanzones altaneros.
ÁLVARO Y sé además, rey don Juan
que cuando han turbado el reino
los extraños y los propios
con guerras y desafueros, 155
fui yo siempre con mi gente
en la campaña el primero,
ora venciendo sus huestes,
o frustrando sus proyectos.
REY Harto sé vuestros servicios, 160
excusad esos recuerdos.
En pocas palabras, Luna,
tenéis que partir, y luego,
de mi Corte.
ÁLVARO                      �Así pagáis
mi adhesión y mis esfuerzos? 165
�Me desterráis..! Por dar gusto
a traidores consejeros:
dudo si soñando estoy.
REY Condestable, no os destierro;
pero es preciso que vos, 170
por nuestro común provecho,
os apartéis de mi lado,
es forzoso: me enternezco
sólo al pensarlo; los nobles
así lo exigen: yo debo 175
darlos gusto. [10]
ÁLVARO                      �Darlos gusto!
Vive Dios que me avergüenzo
de que así un rey de Castilla
se muestre débil, pudiendo
aterrar con sólo un grito 180
a esos vasallos protervos.
REY �Queréis que nuevos disturbios
alteren la paz del reino?
�Queréis que presa otra vez
por los nobles turbulentos, 185
y ajada mi real persona,
se resientan los cimientos
del mismo trono?
ÁLVARO                               Don Juan,
vuestro honor es lo que quiero:
confunda vuestro poder 190
a esos hombres altaneros:
una orden dadme, una sola,
y a morder van al momento
la tierra que pisan...
REY                                  �No!
Harto de sangre sedientos 195
habéis todos derramado
la de tanto infeliz pueblo:
vuestra obediencia tan sola,
condestable, es lo que quiero.
ÁLVARO �Mi obediencia...! �Y qué se cifra 200
en ella, rey?
REY                     El sosiego,
la paz.
ÁLVARO           Don Juan, ilusiones
son ésas: vanos ensueños
os forjáis... �Buscáis la paz
�la paz! gobernando el reino 205
ambiciosos ricos homes
que han conquistado sus puestos
a viva fuerza, y que tienen
tantos rivales entre ellos?
REY Condestable, así es preciso: 210
hacedlo por mí; os lo ruego: [11]
si algún amor conserváis
al antiguo compañero
de vuestra infancia, marchad,
salid de Burgos, ya os tengo 215
ofrecido antes de ahora,
y por mi fe os lo prometo
segunda vez, conservaros
todos cuantos privilegios
os he concedido, y más 220
os doy en este momento,
el ducado de Trujillo:
hacedlo, Luna; os ofrezco
que volveréis a mi lado
así que aquietado el reino 225
se encuentre.
ÁLVARO                       Basta, don Juan:
no más mercedes anhelo;
que aunque tarde, reconozco
lo que importa el valimiento
de los reyes: sé muy bien 230
que hay en Burgos de secreto
hombres de armas destinados
contra mí; sé que un refuerzo
traerá el conde de Plasencia
además...
REY                 �Si sabéis eso, 235
por qué despreciáis ingrato
mis amistosos consejos?
ÁLVARO Porque os perdéis vos también
al tiempo que yo me pierdo;
porque no se dobla a nadie 240
la rectitud de los cetros;
y porque no es justo, en fin,
que así logren sus intentos,
hombres cobardes.
REY                                   �Oís?
Gente se acerca, silencio. 245 [12]
 
 

Escena III

 

Dichos. El CONDE DE HARO.

 
REY �Qué se le ocurre al de Haro?
HARO Guarde a vuestra alteza el cielo.
REY �Llegó el conde de Plasencia?
HARO Con trescientos ballesteros
entró en la ciudad no ha mucho, 250
y ahora viene sus respetos
a ofrecer a vuestra alteza:
en palacio espera...
REY                                 Debo
verle al punto, y darle gracias
por el solícito esmero 255
con que ha cumplido mis órdenes.
HARO Es ley, señor, así hacerlo.
REY Vos, condestable, después
cuidad de verme, que tengo
algunas cosas que hablaros. 260
Vamos, conde.
HARO                        Os obedezco.
ÁLVARO (Aparte al REY.)
Tenga presente su alteza
en oportuno momento
que el de Luna no es cobarde,
y que siempre fue muy vuestro. 265
 
 

Escena IV

 

DON ÁLVARO.

 
ÁLVARO Ya, don Álvaro, menguando
va el esplendor de tu luna:
tu poder se va estrellando
contra el poder de otro bando;
�sucumbirás por fortuna? 270
�Sucumbir...! �Y mi ambición?
Vive Dios que fuera mengua; [13]
pero �ay! Que en esta ocasión
desmiente mi corazón
lo que pronuncia mi lengua. 275
Si en pobre cuna nací
fruto de bastardo amor,
�qué he venido a hacer yo aquí?
�Por qué ha de cegarme así,
trono, tu vano esplendor? 280
Todo falsedad, mentira,
es la corte y su privanza,
veneno que sólo inspira
a quien de cerca la mira
envidia y sed de venganza. 285
Mas yo que conozco tarde
su perfidia y sus engaños,
�por qué he de ceder cobarde,
ya que de él tengo hecho alarde,
un poder de tantos años? 290
�Jamás, jamás...! �Ceder yo?
�Y a la nobleza altanera!
Se engaña quien lo pensó:
de grado tal vez cediera,
pero por fuerza... eso, �no! 295
 
 

Escena V

 

DOÑA JIMENA. LAURA.

 
LAURA Se marcharon al momento
ya estamos en libertad:
aquí hay, señora, un asiento:
venid, venid, descansad.
JIMENA (Reclinándose en un banco de piedra.)
Aprovecho la ocasión. 300
No sé qué oculto beleño
entorpece mi razón
y me está brindando al sueño.
LAURA Un momento de sosiego
os viniera bien a fe. 305
JIMENA Es verdad, sí; vuelve luego:
ahora, Laura, déjame. [14]
 
 

Escena VI

 

DOÑA JIMENA.

 
JIMENA �Por qué el recuerdo de mi tierna infancia
vierte en mi pecho tan amarga hiel?
�Por qué el hado con bárbara constancia 310
así me aflige sin cesar cruel?
Tristes memorias mi afligida mente
se complace tan sólo en recordar,
y pasan una a una velozmente,
y tornan mis dolores a aumentar. 315
Ven, sueño, ven, que tú eres en mi duelo
único alivio a mi dolor tenaz,
mi único dulce bienhechor consuelo:
ya siento que se acerca, llega en paz.
 
(Se queda dormida.)
 
 

Escena VII

 

DOÑA JIMENA, dormida. VIVERO completamente armado a uso del siglo XV. CHACÓN.

 
CHACÓN Pardiez, señor, es extraño 320
que tengáis tales caprichos.
VIVERO He de ver al rey, Chacón,
al instante: así es preciso.
�No nos dijeron afuera
que se hallaba en este sitio? 325
CHACÓN Ya veis que no le encontramos:
tengo los huesos molidos
de correr... �catorce leguas!
Trepando cuestas y riscos,
y en una sola jornada. 330
VIVERO Todo necesario ha sido
para escapar de las garras
del de Navarra...
CHACÓN (Viendo a JIMENA, en quien no habían reparado hasta ahora.) [15]
                           �Quedito!
Venimos buscando reyes
y encontramos angelitos 335
dormidos sobre las piedras:
llegad, mi señor...
VIVERO (Contemplando a JIMENA de cerca.)
                     �Qué miro!
Es Jimena... �Dios eterno,
siempre bella..!
CHACÓN                         Es un prodigio.
VIVERO �Jimena, Jimena...! �Es cierto 340
que te vuelvo a ver..? �Bien mío!
�Cuántas penas me ha costado
tu memoria!
CHACÓN                      (�Con suspiros
se nos viene...? �Qué apostamos
a que pierde los estribos 345
el buen amo, y se le antoja
hacer algún desatino?
�Pobre niña...! Pero no...
Con tanto correr... pues digo,
que está ahora el cuerpo a propósito 350
para cosas de amoríos.) (Aparte.)
VIVERO Vete, Chacón.
CHACÓN                        �Qué decís?
VIVERO Que te vayas.
CHACÓN                        �Ahora mismo?
VIVERO En el momento.
CHACÓN                         �Pardiez!
Que jamás en los peligros 355
me ha mandado que te deje.
�Parece que no es preciso
ya ver al rey?
VIVERO                         No, Chacón.
CHACÓN De ese modo...
VIVERO                           �Por Dios vivo!
Obedece y no repliques. 360
CHACÓN Obedezco y no replico.
(Dios del débil, dadla fuerzas,
porque el hombre es algo arisco.) (Aparte.) [16]
 
 

Escena VIII

 

VIVERO. DOÑA JIMENA.

 
VIVERO Objeto de mi amor, prenda querida,
después de males y peligros tantos, 365
vuelvo a tu lado a embellecer mi vida,
vuelvo esclavo a gemir de tus encantos.
No más guerra, no más, sólo la llama
arde de amor en mi abrasado pecho:
en vano del Dios Marte la oriflama 370
apagarla pretende a mi despecho.
�Qué triunfos, qué laureles, qué despojos
en las lides jamás ganó mi espada
que puedan compararse de sus ojos
a una sola de amor dulce mirada! 375
Despierta, ídolo mío, y a tu lado
mira de nuevo a tu amador rendido.
 
(JIMENA se agita entre sueños.)
 
Mas sus labios mi nombre han pronunciado...
�Y pude necio yo temer su olvido!
Sueña... sin duda el corazón la anuncia 380
un término a su largo y triste duelo:
y es mi nombre �mi nombre! El que pronuncia:
aquí estoy a tus pies... �ángel del cielo!
 
(Arrodillándose.)
 
JIMENA (Los dos versos primeros los recita incorporándose; después vuelve a reclinarse.)
�Vana, vana ilusión...! �Ésa es su sombra
que me finge de amor el frenesí: 385
�el eco de su voz ya no me nombra!
VIVERO Heme, hermosa Jimena, heme ante ti.
 
(Tomándola una mano y despertándola.)
 
JIMENA (Se levanta.)
�Me engaña mi fantasía,
o estamos juntos los dos?
�Alfonso!
VIVERO                   �Jimena mía! 390
JIMENA �Yo que sueño le creía, [17]
y es realidad...! �Justo Dios!
VIVERO También, Jimena, soñabas,
y en tu profético ensueño
de placer me enajenabas, 395
porque el nombre pronunciabas
del que te aclama su dueño.
JIMENA Ese nombre, Alfonso, aquí
le tuve siempre esculpido,
mientras tú lejos de mí 400
tal vez dabas al olvido
mi amoroso frenesí.
VIVERO Calla, ingrata... �olvidar yo
tu cariño y tu ternura!
Jamás Alfonso olvidó 405
a la hermosa en quien cifró
su amor todo y su ventura.
�Y tú has podido creer
que Alfonso infiel te sería?
JIMENA No supe lo que decía. 410
�Cómo es que te vuelvo a ver?
VIVERO Escucha, Jimena mía.
El rey me alejó de aquí,
si el corazón no me engaña,
por separarme de ti, 415
por eso de su orden fui
con don Enrique a campaña.
Y a la par que maldiciendo
siempre esa guerra importuna,
allí entre el marcial estruendo 420
pensé cambiar combatiendo
nuestra contraria fortuna.
Donde los peligros, yo
allí el primero a buscarlos:
jamás mi pecho tembló; 425
por eso el príncipe Carlos
mil honras me dispensó.
Pero �ay! En hora menguada
me llevó una vez consigo
sobre Aivar, villa cercada, 430
pues fuimos en la jornada [18]
presa del rey su enemigo.
Prisioneros en Estella
juntos el príncipe y yo
maldiciendo nuestra estrella 435
�cuánta amorosa centella
en mi pecho se encendió!
En la vigilada almena
con cánticos de amargura
Carlos plañía su pena, 440
y yo lloraba, Jimena,
nuestra fatal desventura.
Mas al fin, hermosa mía,
tuvo el cielo compasión,
pues lució dichoso un día 445
en que burlando al vigía
pude huir de la prisión.
Don Carlos se quedó allí
por convenencia de estado:
yo desque libre me vi 450
a mis banderas volví,
del príncipe Enrique al lado.
Lleno Enrique de contento
me despachó con urgencia
para Burgos, y al momento 455
salgo allí del campamento
en alas de mi impaciencia.
A Burgos llego por fin:
busco en palacio a don Juan;
me mandan a este jardín, 460
y hallo en él un serafín
dormido entre el arrayán.
JIMENA �Alfonso...! Qué lisonjero...
VIVERO �Tan poca fe yo te inspiro?
JIMENA Gente se acerca, Vivero. 465
VIVERO De nadie ser visto quiero:
aquí a un lado me retiro. (Se oculta.) [19]
 
 

Escena IX

 

DOÑA JIMENA. DON JUAN DE LUNA.

 
JUAN (�Tan sola Jimena
y en sitio apartado?
Fortuna ha guiado 470
mis pasos aquí.
Si osado la digo
mi afán amoroso...
�Saldré victorioso?
Yo pienso que sí.) (Aparte.) 475
Dios guarde al lucero
de toda Castilla,
la estrella que brilla
con más esplendor...
JIMENA Estáis cortesano: 480
ya es ésa, el de Luna,
lisonja importuna:
callad, por favor.
JUAN Jamás lisonjeros
han sido mis labios. 485
JIMENA Entonces agravios
haceisme tal vez.
JUAN Piedad... �Oh Jimena!
�Por qué así me miras?
Depón esas iras, 490
depón la altivez.
JIMENA Tened esa lengua,
tened, que me infama.
�Por qué así a una dama
cobarde injuriáis? 495
Jamás os creyera,
don Juan, tan osado;
que estáis ya casado
sin duda olvidáis.
JUAN �Mi lengua ofenderte! 500
�Jimena...! Esos lazos
mañana pedazos
u hoy mismo se harán, [20]
que tanto en mí puede,
gentil criatura, 505
tu amor, tu hermosura...
 
(JIMENA da muestra de impaciencia.)
 
�No escuchas mi afán?
JIMENA �Silencio...! Dejadme:
silencio, os repito:
yo nunca un delito 510
podré consentir.
�Queréis, mal que os pese,
que todo os lo diga?
Por si algo os obliga
habreislo de oír. 515
Sabed lo primero
que no quiero oiros,
que vuestros suspiros
enfado me dan;
que vuestras protestas 520
y vuestros amores,
y vuestros favores
me cansan, don Juan.
JUAN �Los dos aquí solos,
mujer orgullosa, 525
y tu lengua osa
mi amor propio herir?
�Pardiez! No conoces
acaso al de Luna:
�mi hablar te importuna? 530
Pues hasme de oír.
Murió allá en Navarra
tu amante Vivero:
esto es lo primero,
escucha el final... 535
�Qué miras? No hay nadie,
da rienda a tu pena,
no temas, Jimena,
de mí ningún mal.
Detente... �te marchas? 540
 

(JIMENA va a marcharse. DON JUAN la detiene tomándola bruscamente una mano.) [21]

 
por Dios soberano
que más bella mano
no he visto jamás.
Parece que tiemblas.
�Do está aquella furia? 545
�Por qué no me injuria
tu labio ya más?
 
 

Escena X

 

Dichos. VIVERO, con la visera calada.

 
VIVERO (Harto estuve ya callando:
no más insultos tolero.) (Aparte.)
Mal parece un caballero 550
a una dama amenazando.
�El de Luna...! Os confundís...
Ahora el que tiembla sois vos.
JUAN Atrevido sois por Dios;
con mucho fuero venís. 555
Si porque estáis tan armado
habláis con tanta osadía,
os engañáis a fe mía:
tengo yo valor sobrado
para...
VIVERO            Sí, tenéis valor 560
para ofender a una dama.
JUAN Callad, callad; nadie infama
impunemente mi honor.
VIVERO Como tengáis el arrojo
para vengar una ofensa, 565
que con la dama indefensa...
JUAN Temed, si os burláis, mi enojo.
�Quién sois, que así os atrevéis
a insultar a un caballero?
Descubrid...
VIVERO                     Mirad. (Alzándose la visera.)
JUAN                                  �Vivero! 570
VIVERO Ya, don Juan, me conocéis.
JUAN �Vos aquí...! [22]
VIVERO                        �Muerto en campaña
fue Vivero? Pues su sombra
parece que no os asombra,
y es por cierto cosa extraña. 575
JUAN �Vive Dios!
JIMENA                      Basta, os perdono.
VIVERO Y yo también: idos, Luna.
JUAN �Perdonarme...! �Por fortuna
olvidáis los dos mi encono?
Ved cómo me he de marchar. 580
VIVERO De buen grado.
JUAN (Sacando la espada.)
                       No, primero
el buen temple de mi acero,
Alfonso, habéis de probar.
VIVERO (Desenvainando también.)
Si vos lo queréis así...
JIMENA (Interponiéndose entre ambos.)
�Luna...! �Alfonso! �Por piedad! 585
VIVERO Deja, Jimena.
JUAN                       Apartad.
JIMENA (Gritando en el foro: VIVERO y DON JUAN riñen entre tanto: LAURA llega sobresaltada.)
�Laura! Ven: �triste de mí...!
�Laura, Laura...!
 
 

Escena XI

 

Dichos. LAURA.

 
LAURA                         �Santo cielo!
�Qué ruido es éste, señora?
Caballeros, en mal hora 590
vinisteis con vuestro duelo
a redoblar nuestra pena.
Mirad, por allí el rey viene.
JUAN Disimular me conviene.
(Envainando la espada.)
VIVERO Venid conmigo, Jimena. 595
 

(Envainando también. Se lleva a JIMENA por el [23] foro, LAURA los sigue, DON JUAN empieza a recitar los versos de la escena siguiente antes de que se oculten.)

 
 

Escena XII

 

DON JUAN.

 
JUAN El rey viene, sí, es verdad:
disimular es preciso:
vuestra suerte así lo quiso,
pero mis iras temblad.
El valimiento y poder 600
del condestable mi tío
pronto estará a mi albedrío:
o vengarme, o perecer.
Me consuela esa esperanza;
será inútil su defensa, 605
que si ha sido atroz la ofensa
lo ha de ser más la venganza. [24]
 

FIN DEL ACTO PRIMERO

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