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Acto cuarto

               
                                              
 

El teatro representa el interior de una torre ruinosa y desmantelada en el alcázar del CONDESTABLE. La escena estará dividida por tres grandes arcos góticos: en el fondo habrá un balconcillo por donde se verá el resplandor de la luna. A los dos lados del primer término dos puertas también de gusto gótico. La escena estará escasamente iluminada por la sola luz de una lámpara: el interior casi a oscuras. Tres asientos estropeados.

 
 

Escena I

 

DON JUAN. RIVADENEIRA. Después cuatro hombres armados completamente.

 
RIVADENEIRA Está la noche serena:
ved cómo brilla la luna.
JUAN Sí, mas su luz importuna
da de lleno en esa almena.
RIVADENEIRA �Tenéis por eso temor 5
de que pueda ver la gente
la maniobra desde el puente
a través del resplandor?
�No sabéis de noche el miedo
que al pueblo inspira esta torre, 10
pensando que la recorre
la hechicera de Toledo?
Si pasa alguno, se asombra
y pide a Dios protección,
como vea en el torreón 15
nuestros bultos o su sombra.
Más que dañarnos la luz
nuestro intento favorece.
JUAN Por más que tú digas, crece
en mi pecho la inquietud. 20 [60]
RIVADENEIRA �Tembláis, señor?
JUAN                             Tiemblo, sí:
penetra mi cuerpo un frío...
RIVADENEIRA Son los vapores del río
que se elevan hasta aquí,
y entran por ese balcón. 25
JUAN �Vendrá Jimena?
RIVADENEIRA                              Vendrá.
JUAN �Y quién la acompañará?
RIVADENEIRA Ninguno más que Chacón.
�Y Alfonso?
JUAN Aún no le han llamado, 30
pero cerca está palacio.
RIVADENEIRA Malo es andar tan despacio:
pudiera haberse ausentado.
JUAN Quiero yo que la orden dé
el condestable mi tío, 35
no diga que su albedrío
mal de su grado forcé.
Antes que venga Vivero
hay algo que ejecutar.
RIVADENEIRA Podéis desde ahora mandar. 40
JUAN Llama a la gente primero.
 

(RIVADENEIRA llega hasta los arcos, hace una seña, y salen por el fondo los cuatro hombres armados.)

 
�Son cuatro?
RIVADENEIRA                        Cuatro, y armados
de broquel, daga y puñal:
a la primera señal
vos los veréis arrojados, 45
aunque mil vidas perdieran,
vuestras órdenes cumplir.
JUAN Él no osará resistir.
RIVADENEIRA �Y sus esfuerzos pudieran,
aunque tal vez lo intentara, 50
conseguir algo?
JUAN                         No a fe;
pero es valiente.
RIVADENEIRA                           Lo sé.
JUAN Nunca al riesgo volvió cara. [61]
RIVADENEIRA Para atajar la fiereza
de cualquier hombre arriesgado 55
el puñal que viene al lado,
 

(DON JUAN le enseña el puñal que lleva en la cintura: RIVADENEIRA le examina y se le devuelve.)

 
�pardiez! Es soberbia pieza.
JUAN Dos pulgadas tiene de ancha
la hoja; el puño es de oro,
preciada joya de un moro. 60
RIVADENEIRA Será lástima si mancha
tanta riqueza Vivero
con su vil sangre; Jimena
ya es más digna de la estrena
de su bien templado acero. 65
JUAN Tú vienes a la ligera.
RIVADENEIRA Sólo sirvo para intrigas.
JUAN Basta con que tú lo digas.
RIVADENEIRA Mirad que la gente espera.
JUAN Con ellos al corredor 70
llégate, y de mi orden manda
desenclavar la baranda
para aparentar mejor
que fue casual la caída:
después que esté desclavada 75
la dejáis bien colocada,
pero apenas sostenida.
RIVADENEIRA Entiendo; que a poco impulso
vaya a estrellarse alla abajo.
JUAN Costará poco trabajo, 80
pero hay que andarse con pulso.
RIVADENEIRA Vamos, muchachos; aquí.
 

(Éntranse RIVADENEIRA y los cuatro hombres por los arcos, y forcejean para arrancar la baranda del balcón, como lo indican los versos.)

 
�Fortun! Arranca ese clavo.
�Pardiez! La frescura alabo;
�qué haces tú parado ahí? 85
Con el cuento de esa lanza
haz fuerza por allí tú:
no aflojes, por Belcebú. [62]
�Quién de vosotros alcanza
aquel hierro?
 
 

Escena II

 

Dichos. DON ÁLVARO, que entra por una de las puertas laterales.

 
ÁLVARO (A DON JUAN.)
                    �Qué rumor 90
es ése...? �Qué estáis haciendo?
JUAN Vuestras órdenes cumpliendo
desclavando el corredor.
ÁLVARO Manda al punto que lo dejen.
JUAN Me sorprendéis... �Y por qué? 95
ÁLVARO A solas te lo diré. (Sentándose.)
JUAN Voy a mandar que despejen.
�Fernando!
 

(Llamando: llega RIVADENEIRA, y hablan algo separados del CONDESTABLE.)

 
RIVADENEIRA                     �Qué me mandáis?
JUAN Saca esa gente de aquí.
RIVADENEIRA �Y dejaremos así 100
el corredor? �No miráis
que está ya casi arrancada
la baranda de su quicio?
JUAN Yo aprecio vuestro servicio,
pero la orden está dada: 105
el condestable lo ordena.
RIVADENEIRA �He! Suspended el trabajo.
JUAN Esperad todos abajo
hasta que venga Jimena.
 

(Acercándose a DON ÁLVARO, que estará como pensativo.)

 
Señor, �se llama a Vivero? 110
ÁLVARO Ese paso está ya dado:
vendrá al instante.
JUAN (Aparte a RIVADENEIRA.)
                              �Cuidado!
Ya lo oyes.
RIVADENEIRA                   Abajo espero. [63]
JUAN Confío en tu diligencia.
RIVADENEIRA Ya me lo diréis mañana. 115
JUAN La mano.
RIVADENEIRA                  De buena gana.
 

(Se dan las manos: RIVADENEIRA recita aparte el último verso después de haberse separado de DON JUAN.)

 
(Avisaré al de Plasencia.)
 
 

Escena III

 

DON ÁLVARO. DON JUAN. Sentados.

 
ÁLVARO No hay ya tiempo que perder;
siéntate un rato a mi lado,
te diré por qué he mandado 120
el trabajo suspender.
Después del amanecer
van a venir a prenderme.
JUAN Pensarán que el león duerme
a esa hora desprevenido. 125
ÁLVARO Ya les dirá su rugido
que no te encuentran inerme.
JUAN Todo lo vais a arriesgar
como intentéis defenderos.
ÁLVARO �Pues qué tantos desafueros 130
mi espada no ha de vengar?
JUAN Dad al discurso lugar;
mirad que no tenéis gente.
ÁLVARO Jamás habla así un valiente.
JUAN Temeridad no es valor. 135
ÁLVARO �Y será acaso mejor
que al yugo rinda mi frente?
Si fue propicia mi estrella,
contra infanzones perversos,
en mil encuentros diversos, 140
�por qué no entregarme a ella?
JUAN Vuestra confianza es bella,
mas no fundada en razón:
mirad que en esta ocasión,
aunque os asista la ley, 145 [64]
tenéis contra vos al rey;
no os engañe el corazón.
En Medina y en Olmedo
triunfasteis, es verdad, vos,
pero entonces erais dos. 150
ÁLVARO �Y fue el rey o mi denuedo
el que impuso grima y miedo
a los altivos contrarios?
JUAN Ahora los tiempos son varios.
ÁLVARO Pero mi brazo es el mismo. 155
JUAN Abriendo están vuestro abismo
esos votos temerarios.
Escuchadme, señor: yo
os profesé desde niño
una afición, un cariño 160
cual ninguno os profesó;
al par que mi edad creció,
crecieron mis simpatías:
vuestros más felices días
son mis más dulces memorias, 165
bien sabéis que vuestras glorias
han sido siempre las mías.
Tomad, tomad mi consejo,
y dejad vuestro valor
para otra ocasión mejor: 170
por mi vida os lo aconsejo.
Mañana cuando el reflejo
del sol nos venga a alumbrar,
lejos debemos estar
de Burgos algunas leguas. 175
ÁLVARO �Y acaso nos darán treguas?
JUAN De sobra: voy a acabar.
Fuera de aquí, con sosiego
llamaremos vuestra gente,
que ahora se encuentra ausente: 180
con ella ostentaréis luego
de vuestra bravura el fuego
y la indomable pujanza;
y entonces habrá esperanza
de que podáis dar la ley 185 [65]
a la nobleza y al rey
con la punta de la lanza.
ÁLVARO Si venganza has olvidado.
JUAN �No esperamos a Vivero?
ÁLVARO Es que además también quiero 190
quedar del fraile vengado.
JUAN Dejad eso a mi cuidado.
ÁLVARO Me entrego en un todo a ti.
JUAN En la escalera sentí
cierto rumor, viene gente. 195
ÁLVARO Será Vivero: impaciente
me tenía: ya está aquí.
 
 

Escena IV

 

Dichos. VIVERO.

 
VIVERO Salud, condestable; mil prósperos años
concédaos el cielo.
ÁLVARO                                  Y a vos, contador,
os libre de viles traidores amaños. 200
Tomad un asiento.
VIVERO                                 Admito ese honor.
 
(Sentándose al lado del CONDESTABLE.)
 
ÁLVARO Estáis hoy, Alfonso, demás lisonjero:
de buen cortesano preciaros podéis.
VIVERO Me precio, maestre, de un ánimo entero
para usar la espada, que aquí al lado veis. 205
ÁLVARO Sois hombre valiente: confieso a fe mía
que en vuestra mancilla mi lengua no ha hablado.
VIVERO Pues yo al escucharos por cierto creía
que hablabais, maestre, conmigo enojado.
ÁLVARO Si hubiera un motivo pudierais pensar. 210
VIVERO Mirad discurriendo si vos le encontráis.
ÁLVARO Tal vez no me fuera difícil de hallar.
VIVERO �Pardiez! No os entiendo, si claro no habláis.
ÁLVARO �El bueno de Alfonso aún no ha presumido
por qué el condestable llamado le ha? 215
VIVERO Don Álvaro, en ello nada he discurrido,
pero ahora lo pienso, y acierto quizá.
�Habrá ya llegado a vuestra noticia [66]
la orden que manda se os ponga en prisión?
ÁLVARO No es eso; desprecio del rey la injusticia 220
que cubre así al trono de oprobio y baldón.
VIVERO En vano en defensa de vuestra persona
no ha mucho en la corte mi influjo empleé;
la altiva grandeza rindió a la corona;
don Juan a sus cargos dio crédito y fe. 225
Mas yo desde luego por mi vida os juro
que daros aviso de todo pensaba,
para que os pusierais con tiempo en seguro
del lazo insidioso que se os preparaba.
ÁLVARO No es eso, os repito; estáis engañado: 230
no más disimulo, señor contador.
�Sabéis que alucina vuestro desenfado?
Cualquiera diría que habláis con candor.
VIVERO Callad, condestable, que si hora perdono
la ofensa injuriosa que osado me hacéis, 235
es porque contemplo que de vuestro encono
menos culpa que otros vos mismo tenéis.
ÁLVARO �Perdón? Vuestra lengua mirad lo que dice.
VIVERO �Queréis que riñamos? No es ésta ocasión.
ÁLVARO �Reñir...! �Yo el maestre...! Con vos... �Infelice! 240
Picáis en muy alto, novel campeón.
VIVERO Sacadme de dudas, y ya que he venido
mostradme el objeto que traigo yo aquí.
ÁLVARO Despacio. Decidme... �Qué os ha parecido
el fraile insensato que habló contra mí? 245
VIVERO Os he dicho antes, y extraño que ahora
la misma pregunta de nuevo me hagáis,
que me ha parecido su lengua traidora
digna de cortarse por vos.
ÁLVARO                                               �Hola! Estáis
asaz justiciero: no así yo os creía, 250
ni ver vuestro rostro pensé tan sereno.
VIVERO Bastarda sospecha acaso podría...
ÁLVARO Tened: de sospechas estoy bien ajeno.
VIVERO Entonces dejaisme por Dios confundido:
no atino la causa de hallaros así. 255
ÁLVARO No habéis a mi alcázar en vano venido:
�queréis que os lo diga?
VIVERO                                         Don Álvaro, sí. [67]
ÁLVARO Pues bien: esas cartas mirad con cuidado,
 
(Entregándole unos papeles.)
 
y ved si su letra tal vez conocéis:
el rostro, Vivero, se os ha demudado. 260
VIVERO Tomad.
 
(Devolviéndoselas después de haberlas recorrido por alto.)
 
ÁLVARO                  Mi conducta ya no extrañaréis.
VIVERO Don Álvaro, cierto que asaz se parecen
esos caracteres a la letra mía.
ÁLVARO Con tales excusas no se desvanecen
cargos que están claros cual la luz del día. 265
VIVERO Estoy inocente del pérfido amaño:
el solo recelo mancilla mi honor.
Jamás tal mudanza creyera en un año.
ÁLVARO Y yo no creyera que fueseis traidor.
Aún no era llegado el tiempo oportuno 270
para disculparos, noble paladín.
VIVERO (Levantándose, y echando mano a la espada.)
Si tales denuestos me hiciera otro alguno,
por Cristo bendito que ya dado fin
hubiera esta daga a viles querellas.
ÁLVARO Por mi vida os ruego que no os sofoquéis: 275
 
(Volviéndole a entregar las cartas.)
 
Tomad, pues, las cartas; tomad, y leellas.
VIVERO Estoy indignado.
ÁLVARO                             Sentaros podéis.
 
(VIVERO se sienta, y lee las cartas con detenimiento.)
 
VIVERO Señor, de esos pliegos los viles renglones
mis rasgos es cierto que fieles imitan,
pero son tan falsos como las razones 280
que así a la venganza vuestro ánimo incitan.
�Y hablar de Jimena...! �Jimena que es pura
más que el puro rayo del radiante sol!
Vengar yo os prometo la vil impostura
a fe de cristiano y a fe de español. 285
Es cierto que el fraile fue su confesor;
�mas sólo por eso habéis de creer
que diera ese paso pérfido y traidor
una tan sencilla cándida mujer?
Nunca un caballero noble y castellano 290 [68]
de sí propio en mengua tal cosa pensara:
por vuestro honor mismo, mostradme el villano
que arroja el veneno y oculta su cara.
Creedme, creedme, señor condestable,
os han sorprendido con una falsía: 295
traición ha sido ésa, traición miserable,
que antes descubro del próximo día,
y �guay! del infame que en mi daño atenta
y a vos así engaña y a mí me mancilla.
�Don Álvaro! Impune ninguno me afrenta, 300
ninguno debajo del rey de Castilla.
ÁLVARO No abuséis, Vivero, más de mi paciencia,
 
(Levantándose: VIVERO y DON JUAN hacen lo mismo.)
 
hace ya algún tiempo que os conozco a fondo.
VIVERO Tranquilo me tiene, señor, mi conciencia:
nunca avergonzado la frente yo escondo. 305
Lástima es por cierto que no conozcáis
también las personas que tenéis al lado.
ÁLVARO Inútil es todo lo que hablando estáis;
por ahora conmigo ya habéis acabado:
con don Juan os dejo; a él a vuestro antojo 310
dadle más descargos, si así lo queréis.
 

(Se marcha: DON JUAN vuelve a sentarse.)

 
VIVERO También yo me marcho.
 

(VIVERO llega a una de las puertas, forcejea para abrirla, y no pudiendo conseguirlo vuelve a la escena.)

 
JUAN                                         �Pues cómo volvéis?
VIVERO Está por defuera corrido el cerrojo.
 
 

Escena V

 

VIVERO. DON JUAN.

 
JUAN También yo, contador, quiero
otras cosas recordaros, 315
que pienso que han de agradaros;
pero sentaos primero.
VIVERO Ya podéis, Luna, empezar.
JUAN �No tomáis asiento?
VIVERO                                     No.
JUAN Pues de esa manera yo 320 [69]
me tendré que levantar.
El acaso llevó ayer
al jardín del rey a un hombre;
excuso decir su nombre,
vos le debéis conocer. 325
Llegó a tiempo que se hallaba
allí la dama más bella
que en el palacio descuella
entre las demás: estaba
con ella, en plática allí, 330
de pies a cabeza armado,
un doncel enamorado...
VIVERO �Pensáis burlaros de mí?
Reparad que aunque indefenso
estoy, en la red metido, 335
que algún traidor me ha tendido,
conservo una espada.
JUAN                                      Pienso
que sois receloso asaz.
VIVERO Ahora, don Juan, proseguid;
mas sed breve, y advertid 340
lo que os he dicho.
JUAN                                  Escuchad.
Como los dos amadores
no anhelaban que ninguno
se presentase importuno
a interrumpir sus amores, 345
así que sintieron ruido
el hombre se retiró,
no muy lejos, pues quedó
allí a la mano escondido.
VIVERO �Si tanto de oprobio os llena, 350
cómo osáis, hombre insolente,
conmigo aquí, frente a frente,
recordar aquella escena?
Merecíais, vive Dios,
que en el rostro os escupiera. 355
JUAN Habladme de otra manera,
que ahora estoy solo con vos.
VIVERO Callad: �queréis que os confunda
trayéndoos a la memoria [70]
todo lo que de esa historia 360
en mengua vuestra redunda,
y que os hallabais dispuesto
vos sin duda a suprimir?
�Pardiez! Habreislo de oír
únicamente por esto. 365
Habéis, Luna, de saber
que el hombre que entró, cobarde
de sus fuerzas hizo alarde
contra una débil mujer.
Dijisteis que allí cercano 370
el paladín se escondió,
y es verdad, porque salió
a contener al villano
que hollando así toda ley
de humanidad y decoro 375
profanó con tal desdoro
el mismo jardín del rey;
pues, pese al hombre malvado,
existe una providencia
que vela por la inocencia, 380
bien lo sabéis vos.
JUAN                               �Cuidado!
vuestra lengua no me irrite,
esforzado paladín,
que no hay como en el jardín
en este sitio quien grite, 385
ni está tan armado él:
ahora ha cambiado la escena:
a encontrarse aquí Jimena
yo hiciera vuestro papel.
VIVERO Tened la lengua, el de Luna, 390
si no queréis que esta daga
mis ofensas satisfaga
todas juntas.
JUAN                       �Por fortuna
acaso pasos sentís?
VIVERO No, don Juan: �por qué tembláis? 395
Descolorido os quedáis.
JUAN �Nada, Alfonso, presumís?
VIVERO �Pensáis que venga a prender [71]
a don Álvaro, Plasencia?
JUAN No es por eso mi impaciencia; 400
los pasos son de mujer.
Tiemblo, Vivero, por vos.
VIVERO No os comprendo bien... �por mí?
JUAN Mirad, Alfonso, hacia allí.
 

(Mientras VIVERO mira ansiosamente a una de las dos puertas, DON JUAN se marcha por la otra.)

 
VIVERO �Es Jimena...! �Justo Dios! 405
 

(JIMENA aparece fija en el dintel de la puerta: recorre la escena con la vista, y después se arroja en los brazos de VIVERO.)

 
 

Escena VI

 

VIVERO. DOÑA JIMENA.

 
JIMENA �Alfonso! �Alfonso!
VIVERO                                     �Jimena!
JIMENA Tu mano tiembla... �Ay de mí!
�Por qué muestras esa pena?
�Por qué el dolor te enajena?
VIVERO �Quién te ha conducido aquí? 410
JIMENA Esta carta por ti escrita.
 
(Entregándole un papel.)
 
VIVERO �Aborrecido papel!
 

(VIVERO se le arrebata, le mira, y luego le hace pedazos, con señales de la más violenta desesperación.)

 
No es mío...
JIMENA                      Tu letra imita.
VIVERO �Es verdad...! �Suerte maldita!
�Nos asesinan con él! 415
JIMENA Tu escudero me le dio
en tu nombre.
VIVERO                         �Dónde está?
JIMENA Él aquí me acompañó.
VIVERO �Pueda salir de aquí yo,
y él mis iras temblará! 420
�Traidores, venid, venid
todos a la vez armados: [72]
yo os reto a muerte, salid!
�Juro por Dios que en la lid
quedaréis escarmentados! 425
�Jimena...! �No te predice
nada triste el corazón?
�Nada esta torre, te dice?
�Nos han vendido!
JIMENA                                  �Infelice!
VIVERO �Cielos! �Tened compasión! 430
(Enajenado completamente.)
�Mirad en su frente pura
retratada la virtud,
mirad su casta hermosura!
�No es para ella la amargura!
�No es para ella el ataúd! 435
�Morir tú...! �Paloma mía!
�Temprana y fragante flor!
�Y ha de gozarse el traidor
Juan de Luna en tu agonía
y en tu muerte...! �Horror! �Horror! 440
JIMENA �Qué importa que separarnos
logre aquí en el triste suelo
y la existencia arrancarnos,
si hemos después de juntarnos
mal que le pese en el cielo? 445
VIVERO �Morir! �morir...! �Por piedad!
Aleja ese pensamiento:
torna a mi pecho la paz,
desvanece esta ansiedad
que dentro del alma siento. 450
Yo nuestro sepulcro abrí,
Jimena hermosa... �Perdón!
�Por qué a Castilla volví?
�Necio! Insensato de mí!
JIMENA Alfonso... por compasión... 455
�Qué frenesí te enajena?
Vuelve en ti, querido mío:
mírame, soy yo, es Jimena
la que contempla tu pena.
VIVERO Perdona mi desvarío. 460
JUAN �Por qué así desconfiar [73]
tan pronto de nuestra suerte?
Aún nos podemos salvar.
VIVERO Era el temor de perderte
el que me hizo delirar. 465
Dices bien, nos salvaremos:
no tiembles, no tiembles, no:
por donde salir busquemos,
y abrirnos paso podremos,
que aún tengo una espada yo. 470
 

(Saca la espada, y recorre la escena forcejeando en las puertas, como lo indican los versos.)

 
Esta puerta está cerrada:
y esta otra lo está también.
Si pudiera con la espada...
pero es empresa arriesgada:
ven hacia aquí dentro, ven. 475
 

(Éntranse por los arcos.)

 
JIMENA �Qué altura...! �Oh Dios!
(Gritando desde el corredor.)
VIVERO                                           �No ves gente
a la otra parte del río?
van a pasar ahora el puente.
JIMENA Ya nos salvamos... �Dios mío!
�Favor...! �Socorro!
VIVERO                                 Detente: 480
no grites, que esa impaciencia
puede perdernos quizá.
Será el conde de Plasencia.
JIMENA Dios protege a la inocencia.
VIVERO �Cómo tan pronto vendrá? 485
 
 

Escena VII

 

Dichos. DON JUAN. RIVADENEIRA y los cuatro hombres, todos con los aceros desenvainados.

 
RIVADENEIRA Ahí en el corredor oigo sus voces.
JUAN Cargad todos sobre él y desarmadle:
donde su libertad hallar procura
encuentre su cadalso el miserable.
Ni una gota de sangre ha de verterse: 490 [74]
ya sabéis lo que quiere el condestable.
UNO Seréis obedecido.
RIVADENEIRA                            Vamos pronto.
JUAN Yo marcho con vosotros.
RIVADENEIRA                                         Adelante.
 

(Éntranse donde se halla VIVERO, y se oye el ruido de la pelea.)

 
VIVERO Déjame sólo aquí, ya oigo sus pasos.
JIMENA Moriré junto a ti.
VIVERO                                 �Fuera, cobardes! 495
�Cargad mil sobre mí, nada me importa,
de mil derramaré la inicua sangre!
JIMENA �Socorro...! �Compasión!
RIVADENEIRA                                           Callad.
JUAN                                                        �Silencio!
 

(VIVERO viene defendiéndose de RIVADENEIRA y los cuatro hombres que le acuchillan, y sale de la escena. DON JUAN detiene a JIMENA en el interior, y vuelve con ella a la escena así que ésta se halle desocupada.)

 
VIVERO �Aquí, Luna traidor; ven a vengarte!
 
 

Escena VIII

 

DON JUAN. DOÑA JIMENA.

 
JUAN Esperemos los dos en este sitio. 500
JIMENA Quiero morir con él; monstruo, dejadme.
�Maldición sobre vos!
JUAN                                     No deis más voces:
inútil es gritar: todo es en balde:
llegó el momento de vengar la afrenta
que me hicisteis los dos...
JIMENA                                        �Hombre execrable! 505
Tiembla por ti; los cielos nos protegen.
Acaso tú pisando los umbrales
estás ya del sepulcro.
JUAN                                  Son delirios
que tu imaginación quiere forjarse.
JIMENA Ya Vivero tal vez no lucha solo; 510
pronto hollarán sus plantas al cobarde
que a su vida atentó... �No sentís ruido? [75]
no es el rumor de un bárbaro combate;
ni es gente amiga vuestra.
 
 

Escena IX

 

Dichos. VIVERO. RIVADENEIRA. Los cuatro armados.

 
RIVERO (Llega aprisionado por los cuatro hombres, que forcejean para conducirle al foro.)
                                       �A Dios, Jimena!
�Me llevan a morir!
JIMENA (Arrojándose a los pies de DON JUAN.)
                               �Piedad!
VIVERO                                               �Infames! 515
Dejadme, quiero verla. �Dueño mío!
 
(Consigue desasirse y corre hacia JIMENA.)
 
JIMENA �Ven a mis brazos, ven!
VIVERO                                      �Dichoso instante!
JUAN Ejecutad las órdenes al punto
de mi tío y señor el condestable.
VIVERO La muerte junto a ti no me acobarda: 520
llegad, heridme aquí.
 
(Vuelven a apoderarse de VIVERO.)
 
JIMENA                                   �Por Dios, dejadle!
�Un momento no más, sólo un momento!
JUAN Cumplid vuestra misión: pronto arrojadle.
 

(DON JUAN retiene por fuerza junto a él a JIMENA mientras RIVADENEIRA y los cuatro hombres conducen a VIVERO al corredor.)

 
JIMENA �Dónde le conducís, dónde, malvados?
Cebad en mí el furor, verted mi sangre; 525
yo doy por él mi vida.
VIVERO (Desde el corredor.) �A Dios, Jimena!
�Misericordia...! �Oh Dios!
 
(Al tiempo de arrojarle se oye el ruido que hace el cuerpo al caer.)
 
JIMENA Gózate, infame,
en tu bárbaro triunfo: �ya no existe!
�Muere a mis manos tú, muere, cobarde! 530
 

(Arrebata frenéticamente a DON JUAN el puñal que éste lleva en la cintura, y le hiere a él.) [76]

 
�Tu puñal asesino es quien te hiere!
JUAN �Compasión...! �Compasión! (Cayendo.)
JIMENA                                                 �Logré vengarle!
 

(Con delirante complacencia: cae desplomada sobre un sillón. RIVADENEIRA y los cuatro hombres van a salir, y sintiendo ruido de armas y gente que llega huyen velozmente: hasta la conclusión del drama se oirá dentro ruido de espadas y gente que pelea.)

 
 

Escena X

 

Los precedentes. El REY. HARO. PLASENCIA. SOLDADOS. Dos hombres con hachas encendidas.

 

(Entra primero el REY con dos o tres, y recita en el dintel de la puerta los primeros versos, vuelto de espaldas hacia la escena.)

 
REY Guardad todas las puertas, ballesteros:
ninguno de los pérfidos se salve:
si alguno se resiste, dadle muerte, 535
sin respetar al mismo condestable.
Llegad, condes, llegad, que aún será tiempo.
 

(Entran todos: el REY se adelanta con espada en mano acompañado de los hombres que traen las hachas: al tropezar casi con DON JUAN retrocede horrorizado.)

 
�Qué espectáculo...! �Oh Dios! Tinto en su sangre
se revuelca don Juan.
 

(JIMENA se levanta lánguidamente como saliendo de un letargo, y recorre dolorosamente la escena con la vista.)

 
JIMENA                                          �Alfonso ha muerto!
 

(Arrojándose a los pies del REY, que se adelanta. Durante esta escena los SOLDADOS después de haber peleado con los asesinos de VIVERO, consiguen desarmarlos y prenderlos.)

 
�Monarca de Castilla, llegáis tarde! 540
 

FIN DEL DRAMA

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