Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.

1.       Otro de los escritores de la época, Azorín, reconoce su deuda con la Institución: «El espíritu de la Institución Libre ha determinado el grupo de escritores de 1898; ese espíritu ha suscitado el amor a la Naturaleza y, consecuentemente, al paisaje y a las cosas naturales» (OC, t. III, Madrid, Aguilar, pág., 1.215).

     Sobre la influencia de Giner en el 98, vid. BERMÚDEZ-CAÑETE, F.: «Giner de los Ríos y la Generación del 98», Cuadernos Hispanoamericanos, 317 (1976), págs. 414-424.

     M.ª C. PENA señala la importancia que la Geografía tuvo en el 98 debido a la influencia de la Institución y en la consideración que ambos grupos tuvieron de definir la Geografía como ciencia en la «base del patriotismo», en palabras de Azorín. M.ª C. PENA: Pintura de paisaje e ideología. La Generación del 98, Madrid, Taurus, 1982, pág. 86.

     Para RAMSDEN «La Generación del 98, acaso inevitablemente, es notable por ser una generación de excursionistas». Destaca más adelante el influjo del determinismo de H. Taine en el 98. «El problema de España», en MAINER, J.C.: Modernismo y 98, t. VI, pág. 25, Historia y crítica de la Literatura Española, Barcelona, Crítica.

Anterior


2.       Para las relaciones entre Unamuno y Giner, vid. GÓMEZ MOLLERA: Unamuno «agitador de espíritus» y Giner. Correspondencia inédita. También remito al artículo citado de Bermúdez-Cañete.

     Sobre sus coincidencias en el tema del paisaje y en la búsqueda de lugares históricos y artísticos, reproduzco la carta de Giner a Unamuno, fechada en Madrid, 5-XII-02: «Amigo mío: muchas gracias por sus Paisajes. Acabo ahora mismo de leer «La Flecha» con verdadero encanto. Siento no haberle leído in situ. ¡Cuando he estado ahí no haber ido a la Flecha! Suyo siempre affmo. a. y c.» (D. GÓMEZ MOLLERA: ibíd., pág. 117.

Anterior


3.       «Sí; aunque coinciden en el apasionamiento por el tema de España, los presupuestos filosóficos de Giner y los del 98 son bien distintos», BERMÚDEZ-CAÑETE: art. cit., pág. 416.

Anterior


4.       ORTEGA CANTERO, N.: «La experiencia viajera en la Institución Libre de Enseñanza», Viajeros y paisajes, Madrid, Alianza, 1988, pág. 72.

Anterior


5.       Los institucionistas, desencantados de la participación política más directa, sugerían la posibilidad de una regeneración nacional por medio de la educación, radicando nuestro fracaso en una falta de preparación intelectual y moral; la regeneración de España se habría de llevar a cabo con la ayuda de una educación nueva que sirviera para reconocer nuestra verdadera personalidad, nuestro carácter y nuestra historia; existía en esta actitud algo del idealismo romántico, remozado por el conocimiento de la nueva ciencia y del Positivismo que estos intelectuales conocían bien». PENA: op. cit., pág. 60.

Anterior


6.       Manuel B. COSSÍO: «Principios pedagógicos de la Institución», De su jornada (fragmentos), Madrid, 1929, pág. 19; apud N. ORTEGA CANTERO: art. cit., pág. 70.

Anterior


7.       ORTEGA CANTERO, N.: ibíd., pág. 73.

Anterior


8.       Como ejemplo de ese afán divulgativo, recordemos la creación de la «Sociedad para Estudios del Guadarrama» en 1886 por Macpherson, Quiroga y Sama, de la que formó parte Beruete. Según PENA: op. cit., pág. 78, «por doquier surgieron sociedades dedicadas al estudio geográfico o geológico del paisaje, sus actividades tuvieron en principio un carácter científico alentado por las corrientes positivistas europeas». En punto a Unamuno, vid. el Epílogo al libro de Pérez Cardenal, Alpinismo castellano. Guía y crónica de excursiones por las sierras de Gredos, Béjar y Francia, recogido en el t. VIII de sus Obras Completas, págs. 1.031-1.032.

Anterior


9.       Tomo los datos del art. cit. de ORTEGA CANTERO, pág. 77.

Anterior


10.       «Lo compara con la parte vital de la anatomía humana, con el eje del cuerpo, señalando que este paisaje es lo que pudiera llamarse «+la espina dorsal de España», el centro corporal y anímico con el que mejor se identifica el espíritu patrio», PENA: op. cit., pág. 64.

Anterior


11.       ALTAMIRA, R.: «El paisaje y los parques nacionales de España», Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, XLV, 736, 1921, pág. 220; apud ORTEGA CANTERO: art. cit., pág. 67.

Anterior


12.       «La experiencia viajera es conocimiento y reconocimiento: debe poner al hombre en contacto directo -hacerlo comulgar- con la idea divina. Es una experiencia intelectual y es mucho más: una experiencia sentimental y anímica, una experiencia de abandono religioso», ORTEGA CANTERO: art. cit., pág. 76.

Anterior


13.       Guadarrama había sido descubierto por los viajeros extranjeros. T. Gautier en su poemario España dedica dos poemas («Les yeux bleus de la montagne» y «La petite fleur rose») en los que muestra el magnífico espectáculo que contempla.

     Asimismo, vid. el artículo de Azorín: «Los franceses y el Guadarrama», recogido en Clásicos y modernos, Buenos Aires, Losada, 1971, págs. 153-157. En él, Azorín habla de la Guide du voyageur en Espagne de Bory de Saint-Vicent, de Théophile Gautier, de las crónicas de Amadeo Achard, Un mois en Espagne, de Alejandro Dumas y del entusiasmo que el paisaje del Guadarrama causó en todos ellos.

Anterior


14.       ORTEGA CANTERO: art. cit., pág. 76.

Anterior


15.       Si bien el paisaje no es tema central de este trabajo, creo conveniente tratarlo en este punto como precedente de la contemplación unamuniana y por la relación que éste tiene con la experiencia viajera.

Anterior


16.       Vid. F. GINER: «Paisaje».

Anterior


17.       Vid. la apreciación de Unamuno sobre el Voyage de Gautier y su rechazo de los datos científicos, OC., pág. 1.386.

     Acerca del subjetivismo o cientifismo de los escritores del llamado 98, conviene traer aquí dos opiniones: por un lado, la de C. PARIS (Unamuno, estructura de su mundo intelectual, Barcelona, Península): «... casi siempre que se ha hablado de estética del 98 se ha destacado su tendencia al idealismo y a la irracionalización, sin duda característica y muy sobresaliente, pero esto no nos debe hacer olvidar que mantuvieron, además, un carácter cientifista anclado en el Positivismo, sin el cual no se entendería en su totalidad su actitud». Por otro lado, ABELLÁN, J. L. (ed.) (Visión de Esparta en la Generación del 98, Madrid, Magisterio Español, 1977), afirma que: «su conocimiento no proviene nunca de los métodos científicos de investigación sociológica, sino de la observación subjetiva, lo que les llevará hacia el lirismo y la ensoñación», pág. 12.

Anterior


18.       PENA, M.ª C.: op. cit., págs. 10 y 75.

Anterior


19.       «Los textos en torno a la descripción de paisajes de los institucionistas están cargados de conocimientos pedagógicos, mineralógicos y geográficos en general, sacados directamente de las excursiones por el campo y la montaña», PENA, M.ª C.: op. cit., pág. 76.

Anterior


20.       Esta interesante clasificación, la ofrece el profesor MARTÍNEZ CACHERO en su introducción a Azorín, La ruta de Don Quijote, Madrid, Cátedra, pág. 31.

Anterior


21.       Sobre algunos de estos aspectos, vid. mi artículo sobre «Miguel de Unamuno y Azorín: Teoría y práctica del viaje», Anales Azorinianos, 3 (1986), págs. 265-273.

Anterior


22.       Vid. J. ALBERICH: Los ingleses y otros temas de Pío Baroja, Madrid, Alfaguara, 1966, págs. 38-63 y FLORES ARROYUELO: Pío Baroja y la Historia, Madrid, Helios, págs. 440-445. En ambas obras encontramos una relación de libros de viajes que Pío Baroja recopiló en su biblioteca.

Anterior


23.       LITVAK, Lily: «Giro Bayo: un peregrino en Indias», Culturas, supl. lit. Diario 16, 49, 16-3-1986.

Anterior


24.       Introducción de M. ALVAR (ed.): Poesías, Barcelona, Labor, 1975, pág.

Anterior


25.       Ibíd, pág. 21.

Anterior


26.       Ibíd, pág. 24.

Anterior


27.       Las guías Baedeker comenzaron a publicarse en 1839 por Karl Baedeker, descendiente de una familia de libreros editores alemanes. En 1898 se editó por primera vez la Guía de España y Portugal. Para Unamuno, OC., pág. 1.386, el Baedeker deforma la visión del lugar visitado: «lo malo es cuando ha venido [el francés] como discípulo de la docta Alemania, con un Baedeker en la mano y armado de papeletas y de Literatur, es decir de la bibliografía».

Anterior


28.       No vamos a entrar en la polémica entre Modernismo y Generación del 98 pues no concierne directamente a este trabajo.

Anterior


29.       «El que siguiendo mi producción literaria se haya fijado en mis novelas, excepción hecha de la primera de ellas en tiempo de Paz en la guerra, habrá podido observar que rehuyo en ellas las descripciones de paisajes y hasta el situarlas en época y lugar determinados, en darles color temporal y local. Ni en Amor y pedagogía, ni en Niebla, ni en Abel Sánchez, ni en mis Tres novelas ejemplares, ni en La Tía Tula hay apenas paisajes ni indicaciones geográficas y cronológicas. Y ello obedece al propósito de dar a mis novelas la mayor intensidad y el mayor carácter dramáticos posibles, reduciéndolas, en cuanto quepa, a diálogos y relatos de acción y de sentimientos -en forma de monólogo esto- y ahorrando lo que en la dramaturgia se llama acotaciones». (Prólogo Andanzas).

Anterior


30.       «Figuras del 98. Unamuno», La Generación del 98, Salamanca, Anaya, pág. 119.

Anterior


31.       Si bien podemos constatar la fluidez del pensamiento de Unamuno en su producción literaria, recomiendo la consulta del artículo del profesor Guillermo CARNERO: «El concepto de responsabilidad social del escritor en Miguel de Unamuno», en A.L.E. UA., 1, Alicante, Universidad de Alicante, 1982, que lo demuestra claramente.

Anterior


32.       Término empleado por ORTEGA CANTERO en «La experiencia viajera en la Institución Libre de Enseñanza», en Viajeros y paisajes, Madrid, Alianza, 1988, págs. 67-88.

Anterior


33.       Por un lado, pretende que el turismo no llegue a determinados lugares de la geografía española reservados a viajeros con sensibilidad; por otro lado, intenta darlos a conocer al gran público.

Anterior


34.       Viajero siempre limitado a su país.

Anterior


35.       Vid. Obras Completas.

Anterior


36.       Dice Unamuno «... he visitado treinta de las cuarenta y nueve capitales de sus provincias y muchas otras ciudades y villas...» («De Salamanca a Barcelona», OC., pág. 435).

Anterior


37.       Remito a la bibliografía que consta al final de este trabajo.

Anterior


38.       «La pesca en Espinho», OC., págs. 218-223. Unamuno consulta la historia portuguesa a propósito de las barcas de pesca, F. de SOUSA: Tratado das illas noves o Carvalho, Chorographia portuguesa.

Anterior


39.       Unamuno lee a Miró en «Soñando el Peñón de Ifach». OC., t. I, págs. 691-693.

Anterior


40.       Unamuno consulta desde las guías turísticas hasta las recomendaciones de los ferrocarriles, que obedece y desobedece a conveniencia. Vid. «O Bom Jesus Do Monte» o «Guarda». OC., t. I.

Anterior


41.       «Abrió el paraguas por fin y se quedó un momento suspenso y pensando: 'Ahora, ¿hacia dónde voy? ¿Tiro a la derecha o a la izquierda?'. Porque Augusto no era un caminante, sino un paseante de la vida. 'Esperaré a que pase un perro -se dijo- y tomaré la dirección inicial que él toma'». Augusto acaba siguiendo los ojos de una moza. Niebla, Madrid, Taurus, 1982, pág. 63.

Anterior


42.       «¡Qué encanto éste de recorrer a la ventura calles por una ciudad que no se conoce! Perderse y volver al mismo sitio, descubrir que este callejón lleva a aquella plazuela que ya vimos, satisfacer así a poca costa el instinto del descubridor de nuevas tierras», OC., pág. 227.

Anterior


43.       Sobre historiadores locales recordemos sus contactos en «Las Hurdes», OC., pág. 408. Sobre sus visitas a casinos y partidas de ajedrez, OC., pág. 405. No olvidemos que Unamuno intenta conocer el lugar visitado sin entrar en contacto con la cultura oficial: «Cuando llego, pues, a una de esas capitales de provincia procuro encontrarme no tanto con los encargados de administrar oficialmente arte, literatura, ciencia o filosofía, como con los que de estas cosas se preocupen», OC., pág. 401. «El arqueólogo local -y apenas hay villa y ciudad que no lo tenga-» es uno de los objetivos del escritor vasco en sus visitas, «sujeto más ameno y más digno de ser conocido», OC., pág. 332.

Anterior


44.       Ramón PÉREZ DE AYALA en su Viaje entretenido al país del ocio, Madrid, Guadarrama, 1975, explica acertadamente qué es una guía: «Una guía es como un mecanismo. Si nos dejamos literalmente conducir por ella, procederemos en un orden mecánico; pero no biológico. La cuestión es limpiar los ojos de la carne y del entendimiento, y poner en punto los espontáneos resortes elásticos de la imaginación. De este modo, con cualquier itinerario, sea el que fuese, se verifica una reciprocidad o ayuntamiento fértil; vamos hacia las cosas, a la vez que las cosas vienen hacia nosotros mismos, y a la par humanizamos un aspecto del mundo objetivo. En una palabra: vivimos. Nuestro Vives casi reduce la Pedagogía a enseñar a ver por primera vez; y asiente: 'Los sentidos son nuestros primeros maestros'».

Anterior


45.       Vid. las diferentes ópticas de Unamuno y de SÁNCHEZ MORALES sobre Cáceres, en el artículo de este último: «Crisis espiritual de Unamuno y su evasión a Extremadura», R.E.E., III (1970).

Anterior


46.       En «Camino de Yuste», OC., págs. 478-480, Unamuno siente nostalgia de los peregrinos medievales, para quienes el camino era «lo interesante, lo vivo (...), gozándose en cada posada (...) Hoy el camino es un puro medio, y se va a devorarlo o suprimirlo en lo posible, atento al fin del viaje. Fin que tampoco suele importar mucho» (pág. 479). En «En la quietud de la vieja ciudad», OC., págs. 394-399, subraya la importancia del camino: «Yo, por mi parte, no corro cuando puedo ir al paso, a pie, y enterándome del camino. ¿Que recorro poco espacio? ¿Y qué? Todo pedazo de espacio es infinito dentro de sí».

Anterior


47.       Requisito que ya hallamos en la Institución Libre de Enseñanza: «Cuando los hombres del 98 comienzan sus tareas como escritores, una serie de problemas les salen al paso. El primero, previo a cualquier otro, es el desconocimiento de España. Ignorancia de su pasado, pero ignorancia también de su imagen. Por eso, quehacer inmediato, se va a buscar el sentido de nuestra historia; la significación de nuestra literatura o cada una de las huellas que hacen bellos nuestros paisajes», ALVAR, M.: «Unamuno y el paisaje de España», en Estudios y ensayos de literatura contemporánea, Madrid, Gredos, 1971, pág. 169. En el libro Madrid (Obras selectas, Madrid, Biblioteca Nueva, 1969), Azorín confirma esta idea: «Estaba ya descubierto el paisanaje de España y estaban descubiertas sus viejas ciudades y las costumbres tradicionales. Pero nosotros hemos ampliado esos descubrimientos y hemos de dar entonación lírica y sentimental a cosas y hombres de España» (pág. 876).

Anterior


48.       «Sus juicios sobre España y lo español se inspiran en una inicial rebeldía, un inconformismo de base, que busca la palingenesia de la patria mediante un conocimiento de su realidad y de sus problemas. Pero, este conocimiento por el que se afanan, lo buscan mediante viajes por las tierras, los pueblos, las ciudades, los viejos monumentos, en un constante recorrer los caminos de España», ABELLÁN, J. L. (ed.): Visión de España en la Generación del 98, Madrid, Magisterio Español, 1972, pág. 12.

Anterior


49.       «...los 'intelectuales' del noventa y ocho sacaron una misma conclusión: la urgencia de buscar en zonas de pensamiento y actividad ajenas a la política los medios de rescatar a España de su progresiva catalepsia», LÓPEZ-MORILLAS, J.: Hacia el 98: literatura, sociedad, ideología, Barcelona, Ariel, 1972, págs. 242-243.

     Azorín, miembro del 98, es partidario de la necesidad de tal conocimiento: «Y para amar a un país -¿se nos permite que lo digamos una vez más?-; para amar a un país es preciso conocerlo, conocer su flora, sus paisajes, su historia, las condiciones todas de su medio físico». «De Madrid a San Sebastián» recogido por GARCÍA MERCADAL en La amada España, Barcelona, Destino, 1967, págs. 18-29.

Anterior