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A poco de haberse hecho la conquista, en Atlixco, un indio celebró con un español un convenio de entregarle unas cargas de maíz. Ocurrió allí una fiesta de toros a que asistieron ambos, el indio quería saltar a la plaza para torear, mas el español se lo impedía diciéndole que se exponía a que lo matase el toro; entonces el indio penetrando la causa de su oposición le dijo: Señor, déjame ir a torear, y sábete que si me mata el toro, tus cargas de maíz quedan seguras y no las perderás. Esto es conocer a los hombres, y así los conocen los indios. (N. del A.)



 

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Página 387, tomo 2. (N. del A.)



 

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En el año de 1831 se ventiló esta cuestión en el Congreso General de México. Oyéronse discursos admirables sobre este asunto... Tagle, el divino Tagle hizo varios que encantaron a la Asamblea, y creo que el mismo Cicerón le habría tenido envidia. Éste fue el triunfo de la elocuencia, de la justicia y también de la compasión genial de nuestros diputados. El Gobierno anglo-americano tuvo un desengaño que sin duda no esperaba de nosotros, y apuró sus esfuerzos parar recabar tan inicua pretensión. (N. del A.)



 

43

El autor del Quijote quería que esta profesión se sistemase y no la ejercitasen personas de poco más o menos, como lacayos o mujercillas. En el día está no poco reglamentada en México, y más de lo que debiera. (N. del A.)



 

44

Vetancurt, página 95, 2.ª parte, tomo 3.º. (N. del A.)



 

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Éste es el resultado fatal de las bellas teorías de los autores de economía política. No negaré que en esta ciencia hay axiomas y principios generales que convienen a todos los pueblos; mas el caso está en saberlos aplicar a las necesidades de cada uno. Una ley que es favorable a un pueblo es tal vez dañosa a otro. La ley para ser útil debe ser, como decía Alfonso el Sabio, convenible. (N. del A.)



 

46

Primer tomo de las Mañanas..., página 5. (N. del A.)



 

47

Véase el Centzontli de 27 de octubre de 1823 desde el número 30 al 50. (N. del A.)



 

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El señor Zurita refiere de Tlahuicole la anécdota siguiente que, aunque vergonzosa, toca a la Historia y debe contarse: «Ocho días antes que muriese -dice- le hicieron muy grandes fiestas, bailes y banquetes, según sus antiguos ritos, y entre estos banquetes que le hicieron, quieren decir que le dieron a comer, ¡cosa vergonzosa y no para contada!, la de su mujer, guisada en un potaje, porque como estuviese de asiento más de tres años en México la mujer que más quería, le fue a ver para hacer vida con él o morir con su marido, y así acabaron los dos en su cautiverio, y ambos fueron sacrificados». La pasión vehemente de este hombre terrible fue el amor. Es para mí un problema quién de estos consortes tenía más fuerte fibra. (N. del A.)



 

49

Alude a que era un hombre grave, mesurado y circunspecto que imponía con su presencia. (N. del A.)



 
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