Véase, en el tratado Del alma, la teoría a que se refiere esta opinión.
Véase el lib. V, 7.
Véase el lib. VI, 2.
Aristóteles refuta aquí la opinión de Aristipo. Ha observado ya en otra parte, pero sin examinar el valor de esta idea, que Aristipo proscribe las matemáticas, lib. III, 2. Se encuentran algunos detalles sobre este punto en los comentaristas. Véase a Filopón, página 556; Alej., Schol., pág. 817; Siriano, Pet. Schol., pág. 289; Bagolini, pág. 55, b.: Cod. Reg., Schol., página 817.
Este capítulo y el siguiente son una reproducción literal de una parte del cap. VII del lib. I.
Véase el lib. VII, 9.
En el cap. II de este libro.
Esta hipótesis es la de Platón.
Los comentaristas antiguos atribuyen esta opinión a Jenócrates, Alej. Schol., página 818; Siriano, Pet. Schol., pag. 804; Bagol., pág. 71, a.; Filipón, pág. 56, b., etc.; M. Ravaisson, Ensayo, t. I, pág. 178; en nota, y en su precioso trabajo sobre Espeusipo, VII, página 28, ha intentado demostrar que a este último filósofo y no a Jenócrates, debe atribuirse esta opinión. Según M. Ravaisson, la verdadera doctrina de Jenócrates es la de la identidad del número ideal y del número matemático. No nos toca decidir la cuestión; nos parece, sin embargo, que el dictamen de los comentaristas sobre un hecho que podía comprobarse en su tiempo, y sobre el que, independientemente de su testimonio, nosotros sólo podemos formar conjeturas, no es cosa de desdeñar, como parece hacerlo este sabio crítico, y vacilamos en condenarlos.
No se sabe a qué filósofo debe atribuirse esta opinión.
Jenócrates, según M. Ravaisson.
Véase lib. V, 6.
Esta idea está desenvuelta en el cap. I, del lib. VI de la Física: Bekk, pág. 231.
Siriano dice, a propósito de este pasaje: «Aristóteles expone por extenso sus opiniones sobre los principios físicos en la Física y en el tratado de la producción y de la destrucción, y refuta aquí la mayor parte de los sistemas de los antiguos. En cuanto a los principios morales o lógicos no entra en su plan tratarlos aquí: ha hablado ya de ellos en los tratados de Ética y de la demostración.» Petit. Schol., pág. 822; Bagolini, pág. 98, a.
Véase el lib. III, 2,
[en állois lógois]. Aristóteles con estas palabras
alude, según los comentaristas, a su tratado
[perì ouranoû]. Aristóteles demuestra, en efecto, en
esta obra, lib. I, 7, que ningún ser en potencia puede
permanecer eternamente en potencia; que toda potencia, en un
instante dado, pasa necesariamente al acto. De Caelo, I, 7;
Bekk., pág. 274.
Simón Karsten, Parmenid. Eleat. Relig., págs. 48, 130 y sig.
Veáse el lib. V, 7.
Se trata de Platón, según algunos comentaristas; pero Siriano pretende que Aristóteles ha violentado el sentido de los términos, y que astutamente asimila el procedimiento de sus adversarios con el de los geómetras: quibus versutissime subjunxit quod imitari forte nituntur geometras. Bagolini, f. 106.
Veáse los primeros capítulos del lib. XII.
Platón.
En el libro precedente.
Esto es, con números de cosas sensibles, que se
considerarán hecha abstracción estas cosas mismas.
[ex aphairéseos arithmoí], como dice Alejandro de
Afrodisia, Schol., página 826.
Véase el lib. XII, 10.
Es
sabido que Simónides de Ceos, a la vez poeta y crítico,
escribió en verso y prosa. En sus misceláneas trata de la
cuestión del
[makròs lógos]. Siriano considera la observación de
Aristóteles y su comparación como una majadería.
Principium enim formale dicentes unum, materialem (materiale?) autem numerum quem infinitum vocabant ob oequalem eorum in infinitum augmentum, etc. Filopón, pág. 65, a.
Se cree que fue el maestro de Pitágoras.
Espeusipo.
Espeusipo, y probablemente también Jenócrates.
Physic., auscult., II. 2; Bekk., págs. 193 y 194. Véase el lib. V, 24.
Véase el lib. V, 24.
En el sistema de Empédocles,
Ita et unum et non unum ad se invicem pugnantia, corrumpent se ipsa. Attamen non est contrarium rixa mixto. Attamen subintrans ipsunt corrumpit: multo magis contraria, coexistentia, ideis, corrumpent ipsas. Filopón, pág. 66, a.
Era, según los comentaristas, un pitagórico.
Los comentaristas creen que Aristóteles hace alusión en este pasaje a los versos de Empédocles sobre la constitución de los huesos de que hemos hablado al final del libro I.
Los caldeos, según los comentaristas.
El verso heroico o hexámetro se componía primitivamente de cinco pies dáctilos y un pie troqueo; en conjunto diecisiete sílabas.
Se llamaba la derecha del verso la primera parte desde el principio hasta el medio, y la izquierda era la última parte.