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Pavimento romano descubierto en Bobadilla

Rafael Romero Barros





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Conocido es ya el aparecimiento de esta preciada reliquia, de la época romana, de la cual se ha dado cuenta en la sesión del día 14 de Julio próximo pasado, celebrada por la Comisión provincial de Monumentos, y como objeto de importancia artística ó histórica, exhumado en los límites de esta provincia, y según la geografía hispano-romana, dentro de la antigua Bética, sobre la que Córdoba ejerció tan alta hegemonía, y creyendo en este hallazgo interesados á todos los cordobeses amantes de su historia, al no ser dado exhibirlo á la contemplación y estudio de estos, vamos a tratar de dar una ligera idea de aquella obra de acabada taracea, no para satisfacer tan solo su legítimo deseo, cuanto para demostrar por éste, como está demostrado por otros muchos restos de las pasadas edades, que se hallan con frecuencia en este hermoso suelo, que no son exagerados los relatos de los antiguos analistas, al encomiar la cultura y la grandeza que alcanzó en mejores días nuestra muy amada patria.

Mide dicho pavimento 5,35 m. de longitud por 4,10 m. de latitud, determinando una figura rectangular, orientada á los puntos cardinales y extendiendo su eje longitudinal de N. á S. Limítalo Por el frente y los costados E. y O. un muro de piedra franca de 0,80 m. de espesor, faltando este muro en el lado N., lo cual   —96→   comprueba que por esta parte debió ser el ingreso á la Cella ó Cámara á que exornó tan peregrina solería.

Hállase esta formada con muy finas tessellas de colores brillantes y suma transparencia, entre los cuales alternan el azul turquí, el ultramar claro, el verde, el rojo, el amarillo indio, el melado y el blanco que, hábilmente concertados con las líneas y empleando sus tonos con ingenio para dar el claro oscuro, van formando á maravilla delicadas lacerías, trenzas, lazos y figuras variadas, cuyo carácter recuerdan los ornatos ninivitas, asirios y caldeos, que ostentan las ruinas de los célebres palacios de Nimrud, de Kuyundjik y Khorsabad, y cuyo gusto, extendido por Egipto, Persia y por la India, alterado por los propios ideales, fué luego transmitido por herencia á Grecia y Roma y á las razas visigoda y muslemita, que dominaron á España.

Divídese el ornato en sentido longitudinal, ó sea de N. á S., en dos compartimientos: el primero, que mide 1,5 m., está la entrada y aparece cual vestíbulo ó narthex, al cual decora una linda tracería de geométricos enlaces, cuyo generador es un cuadrado, y de sus ángulos salientes parten dos cintas pareadas, que se apartan en opuesta dirección y luego suben paralelas, y en un término dado se dirigen con perfecta simetría á tocar los ángulos externos de un cuadrado en sentido vertical y horizontal, octógonos, cuadrados, y entre estos, figuras regulares de seis lados y de forma romboidal, á cuya exornación, sencilla y elegante por extremo, dan bello matiz el azul oscuro, el amarillo y el ultramar claro.

El segundo compartimiento, eliminada de la longitud total la medida que dimos al primero, queda de forma cuadrada, y en éste, como lugar preferente de la cámara, á que hubo de pertenecer el pavimento, se hace la exornación mucho más bella y espléndida.

Constituyen esta, aparte de una amplia franja que á manera de moldura ciñe en su conjunto á los dos compartimientos, y que después describiremos, cuatro lindas cenefas, separadas por filetes ó cintas de color azul oscuro y blanco, y cuyas cenefas avanzan hacia el centro dejando en este un espacio cuadrado y paralelo al exterior; mas este espacio se halla destruído, apenas conservando hacia sus ángulos sobre fondo blanco, patinado por el   —97→   tiempo, algunas tessellitas, de líneas incoherentes, por las cuales no es posible formar ni vaga idea de las figuras ó exornos que pudieron decorarlo.

La primer cenefa ú orla que sigue en dirección al centro, después de la amplia franja que indicamos, se halla separada de esta por un filete de color azul oscuro, y simula una serie de arcos semicirculares que al entrecortarse por sus centros respectivos, van armónicamente describiendo doble serie de arquillos apuntados, y en sus intermedios pechinas figuradas y en su borde superior ligera crestería de dientes de sierra, cuyas líneas y figuras vense coloridas con rojo, azul oscuro y claro y con el melado y blanco, ofreciendo en su conjunto un delicioso efecto.

Limita á esta cenefa otra cinta ó filete de color azul oscuro más estrecho que el anterior, el cual la abona á la par que presta á la siguiente orla más realce, y esta, de mayor latitud que la primera ya descrita, figura una cadena de eslabones liriformes, unidos entre sí por un pequeño eje horizontal á manera de bisagra, en los que alternan obteniendo agradable claro oscuro el azul turquí, el melado, el amarillo y rojo.

Ciñe á esta otro filete de ancho y tono iguales á los del anterior, y que á su vez avalora á la cenefa siguiente, la cual ostenta una elegante lacería compuesta de dos cintas perfiladas con colores, que se enlazan y se mueven con perfecta simetría, describiendo muy gallarda orla de enlaces circulares en forma de funículo, y en la cual brillan, diestramente combinados, el azul oscuro, el claro, el amarillo y el blanco.

Después de esta, avanza un filete que, con otro paralelo ó igual al mismo y á los ya descritos, dejan al promedio espacio para desarrollar la cuarta y última cenefa, la cual está formada de pequeños losanges, simulando con el claro oscuro de los tonos que ingeniosamente la coloran y sombrean, una superficie convexa, á la que exorna, á trechos graduados, una faja diagonal de color de ultramar claro, y en el resto, se conciertan con las líneas el azul oscuro, el rojo, el amarillo y blanco, dando término en el centro á las cenefas ya descritas, y las que con su bella conjunción deleitan á la vista y la recrean con su vario y peregrino ornato; y por último, constituyen la rica exornación de la gran   —98→   franja que ciñe como un marco á los dos compartimientos, otra serie de adornos figurados por dos aspas curvilíneas de remates agudos y en forma de volutas, dispuestos en sentido horizontal y vertical, y exornados en sus centros con haces de estrechas cintas, que se abren describiendo lindos lazos cruciformes, resaltando en este decorado el azul oscuro, como sombra; el rojo y el amarillo como media tinta, y como luz para obtener realce, el tono blanco.

Ahora bien; la pureza de estas líneas, la disposición de los colores y la brillante materia de que está formada dicha solería musácea, parece como que extienden la filiación genética de esta, haciéndola remontar al siglo de Constantino Magno, período histórico en el cual, tanto en Roma como en sus dominios, obtenía aún altos medros este linaje de pintura musivaria; las menudas piezas (sectilia ó segmenta) que la forman, de vivos y claros colores, no son pequeñas partes de mármoles ni jaspes; antes bien parecen ser de una concreción artificial silícea, no exenta de ingerencia vítrea, por sus tonos transparentes, y la que, á nuestro entender, procede de Bizancio, y la creemos además generadora del brillante Foseifesa, con el que los artistas bizantinos, alcanzando ya esta industria mayor vuelo, seis siglos más tarde decoraban la soberbia cúpula y el frontis del mihrab de nuestra célebre mezquita.

Es lástima, en verdad, que la rara circunstancia de estar solo destruído el centro del compartimiento principal, nos prive de la luz que pudieran ministrarnos las huellas permanentes de haber habido allí ó algún pequeño simulacro de dioses ó de fiestas populares, algún emblema mítico, ó un ara, símbolo ó estatua, y de alguna de las cuales deducir el destino que hubo de tener esta lujosa cámara, así como podemos precisar que no fué pieza accesoria, por la riqueza y primor que en su decoración ostenta.

Hanse exhumado, entre otros varios restos del arte y de la industria romanos, mediante excavaciones practicadas en torno de aquel paraje por orden de su ilustre poseedor, tégulas, fragmentos de ánforas, trozos de revestimiento de muros (marmoratum) qué conservan persistentes los colores de pintura al fresco, el rostro de un sacerdote romano esculpido en mármol blanco y de   —99→   natural tamaño, y sobre el mismo pavimento trozos de madera, granos de trigo calcinados y en derredor huellas de fuego.

Así, pues, dados estos precedentes, el de haberse encontrado á poca más distancia otro pavimento de argamasa, y en tiempos anteriores no lejanos varios sepulcros, un ánfora rellena de oro en polvo, incrustada en una cavidad hecha en el muro, y que la ignorancia de los descubridores, al creer que estaba llena de monedas, rompió é inutilizó sin fruto alguno al verse chasqueados, y la circunstancia de hallarse estos vestigios en una hermosa llanura distante del río Guadalfone, ó Guadalhorce, predisponen á creer que en aquel llano debió existir un pueblo ó ciudad de no escasa valía, y que el pavimento que estudiamos pudo pertenecer á un pequeño delubro.

La favorable situación del llano en que han aparecido estos vestigios, enclavado, según la geografía hispano-romana, en la fértil región turdetana de la Bética, no lejos del camino militar que venía por Antequera desde Cádiz hasta Córdoba, y en cuya parte se agrupaban poblaciones importantes á gozar de la bondad de sus terrenos, da motivo á la sospecha de que en este paraje delicioso debió existir una ciudad ó pueblo esencialmente industrial y agrícola, que pudo abastecer á los ejércitos romanos en sus marchas y dar vida y pábulo al comercio en aquella región privilegiada, y que, como otros muchos pueblos y ciudades, de los que no queda ni el recuerdo, ha desaparecido de la haz de la tierra, aniquilado por la mano destructora de los tiempos.

En torno de este despoblado, sin hacer menuda cuenta de los pueblos y aun colonias destruídas en parajes no distantes de esta parte del convento astigitano, contábanse en la edad romana Astigi-Vetus, Arastigi, Iluro, Antium, Nescania, Vesci-Favencia, y Antikaria, pueblos hoy que conservan sus recuerdos con nuevos nombres y modestas construcciones, y que en tiempo de los Césares gozaron de suma prepotencia; y á cuatro millas del Sur del mismo despoblado existe otro, en el cual fué la célebre ciudad Singilis Barbensis ó barbicana, centro del municipio Magno Flavio Libero Singiliense, á cuyo municipio pudo bien pertenecer el pueblo ó la ciudad que suponemos debió de florecer en este despoblado.

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Al escribir estas líneas prosiguen en aquel paraje las excavaciones dirigidas por el dueño del terreno Excmo. Sr. Marqués de la Vega de Armijo, á quien, aunque deseoso de donar aquel mosaico al Museo de Antigüedades, hemos hecho desistir de tal propósito, aconsejándolo lo guarde en aquel sitio, poniéndolo á cubierto de los temporales, puesto que la extracción y conducción de tan extenso pavimento, sobre ser difícil y arriesgada por extremo y de éxito dudoso, habría de ocasionarlo, á no dudarlo, si no la pérdida total, muchos y muy graves desperfectos.





Córdoba, 1.º de Agosto de 1891.

(Del Diario de Córdoba, 2 de Agosto de 1891.)



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