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ArribaAbajoFrancisco de Quevedo (1580-1645)




ArribaAbajo[Santo silencio profeso:]


   Santo silencio profeso:
no quiero, amigos, hablar;
pues vemos que por callar
a nadie se hizo proceso.
Ya es tiempo de tener seso:
bailen los otros al son,

      chitón.

   Que piquen con buen concierto
al caballo más altivo
picadores, si está vivo;
pasteleros, si está muerto;
que con hojaldre cubierto
nos den un pastel frisón,

      chitón.

   Que por buscar pareceres
revuelvan muy desvelados
los bártulos los letrados,
los abades sus mujeres.
Si en los estrados las vieres,
que ganan más que el varón,

      chitón.

   Que trague el otro jumento
por doncella una sirena
más catada que colmena,
más probada que argumento;
que llame estrecho aposento
donde se entró de rondón,

       chitón.

   Que pretenda el maridillo,
de puro valiente y bravo,
ser en una escuadra cabo,
siendo cabo de cuchillo;
que le vendan el membrillo
que tiralle era razón,

      chitón.

   Que duelos nunca le falten
al sastre que chupan brujas;
que le salten las agujas,
y a su mujer se las salten;
que sus dedales esmalten
un doblón y otro doblón,

      chitón.

   Que el letrado venga a ser
rico con su mujer bella,
más por buen parecer della,
que por su buen parecer,
y que por bien parecer
traiga barba de cabrón,

      chitón.

   Que tonos a sus galanes
cante Juanilla estafando,
porque ya piden cantando
las niñas, como alemanes;
que en tono haciendo ademanes,
pidan sin ton y sin son,

      chitón.

   Mujer hay en el lugar
que a mil coches, por gozallos,
echará cuatro caballos,
que los sabe bien echar.
Yo sé quien manda salar
su coche como jamón,

      chitón.

   Que pida una y otra vez,
fingiendo virgen el alma,
la tierna doncella palma,
y es dátil su doncellez;
y que lo apruebe el jüez
por la sangre de un pichón,

      chitón.




ArribaAbajoPoderoso caballero es don Dinero


   Madre, yo al oro me humillo;
él es mi amante y mi amado,
pues, de puro enamorado,
de contino anda amarillo;
que pues, doblón o sencillo,
hace todo cuanto quiero,

      poderoso caballero
      es don Dinero.

   Nace en las Indias honrado,
donde el mundo le acompaña;
viene a morir en España,
y es en Genova enterrado.
Y pues quien le trae al lado
es hermoso, aunque sea fiero,

      poderoso caballero
      es don Dinero.

   Es galán y es como un oro,
tiene quebrado el color,
persona de gran valor,
tan cristiano como moro.
Pues que da y quita el decoro
y quebranta cualquier fuero,

      poderoso caballero
       es don Dinero.

   Son sus padres principales,
y es de nobles descendiente,
porque en las venas de Oriente
todas las sangres son reales;
y pues es quien hace iguales
al duque y al ganadero,

      poderoso caballero
       es don Dinero.

   Mas ¿a quién no maravilla
ver en su gloria sin tasa
que es lo menos de su casa
doña Blanca de Castilla?
Pero, pues da al bajo silla
y al cobarde hace guerrero,

      poderoso caballero
       es don Dinero.

   Sus escudos de armas nobles
son siempre tan principales,
que sin sus escudos reales
no hay escudos de armas dobles;
y pues a los mismos robles
da codicia su minero,

      poderoso caballero
       es don Dinero,

   Por importar en los tratos
y dar tan buenos consejos,
en las casas de los viejos,
gatos le guardan de gatos.
Y pues él rompe recatos
y ablanda al juez más severo,

      poderoso caballero
      es don Dinero.

   Y es tanta su majestad
(aunque son sus duelos hartos),
que con haberle hecho cuartos,
no pierde su autoridad;
pero, pues da calidad
al noble y al pordiosero,

      poderoso caballero
       es don Dinero.

   Nunca vi damas ingratas
a su gusto y afición;
que a las caras de un doblón
hacen sus caras baratas;
y pues las hace bravatas
desde una bolsa de cuero,

      poderoso caballero
       es don Dinero.

   Más valen en cualquier tierra
(¡mirad si es harto sagaz!)
sus escudos en la paz
que rodelas en la guerra.
Y pues al pobre le entierra
y hace proprio al forastero,

      poderoso caballero
       es don Dinero.




ArribaAbajoA una vieja que traía una Muerte de oro


   No sé a cuál crea de los dos,
viéndoos, Ana, cual os veis;
si vos la Muerte traéis,
o si os trae la Muerte a vos.

   Queredme la muerte dar,
por que mis males remate,
que en mí tiene hambre que mate
y en vos no hay ya qué matar.




ArribaAbajoA un médico


   Yacen de un home en esta piedra dura
el cuerpo yermo y las cenizas frías.
Médico fue, cuchillo de natura,
causa de todas las riquezas mías.

   Y agora cierro en honda sepultura
los miembros que rigió por largos días,
y aun con ser Muerte yo, no se la diera,
si dél para matarle no aprendiera.




ArribaAbajoA un avariento


   En aqueste enterramiento
humilde, pobre y mezquino,
yace envuelto en oro fino
un hombre rico avariento.

   Murió con cien mil dolores,
sin poderlo remediar.
Tan sólo por no gastar,
ni aun gasta malos humores.




ArribaAbajoAl mosquito de trompetilla


   Saturno alado, rüido
con alas, átomo armado,
bruja ave, aguijón alado,
cruel sangrador zumbido,
menestril, pulga, cupido,
clarín, chinche, trompetero;
no toques, mosca barbero,
que, mosquito postillón,
le vienes a dar rejón,
sin ser marido, a mi cuero.




ArribaAbajoA Celestina


   Yace en esta tierra fría,
digna de toda crianza,
la vieja cuya alabanza
tantas plumas merecía.

   No quiso en el cielo entrar
a gozar de las estrellas,
por no estar entre doncellas
que no pudiese manchar.




ArribaAbajoDesafío de dos jaques


Jácara

   A la orilla de un pellejo,
en la taberna de Lepre,
sobre si bebe poquito,
y sobre si sobrebebe,
   Mascaraque el de Sevilla,
Zamborondón el de Yepes,
se dijeron mesurados
lo de sendos remoquetes.
   Hubo palabras mayores
de lo de «No como liebre.»
«Ni yo a la mujer del gallo
nadie ha visto que la almuerce.»
   «¿Tú te apitonas conmigo?»
«¿Yédete el alma, pobrete?»
«Salgamos a berrear,
veremos a quién le yede.»
   Hubo mientes como el puño,
hubo puño como el mientes,
granizo de sombrerazos
y diluvio de cachetes.
   Hallóse allí Calamorra,
sorbe, si no mata, siete,
bravo de contaduría,
de relaciones valiente.
   Con lo del «Ténganse, digo»,
y un varapalo solene,
solfeando coscorrones,
hace que todos se arredren.
   Zamborondón, que de zupia
enlazaba el capacete,
armado de tinto en blanco,
con malla de cepa el vientre,
   acandilando la boca
y sorbido de mofletes,
a la campaña endereza,
llevando el vino a traspieses.
   Entrambos las hojarascas
en el camino previenen:
el uno, la Sacabucha,
y el otro, la Sacamete.
   Séquito llevan de danza:
en puros pícaros hierven;
por una y por otra parte
van amigos y parientes.
   Acogióse a toda calza
a dar el punto a la Méndez
el cañón de Mascaraque,
Marquillos de Turuleque.
   A la Puente Segoviana
los dos jayanes descienden,
asmáticos los resuellos,
descoloridas las teces.
   Como se tienen los dos
por malos correspondientes,
de espaldas van atisbando
los pasos con que se mueven.
   Manzorro, cuyo apellido
es del solar de los equis,
que metedor y pañal
de paces ha sido siempre,
   preciado de repertorio,
y almanaque de caletre,
quiso ensalmar la pendencia,
y propuso que se cuele.
   Bramaban como los aires
del enojado noviembre,
y de andar a sopetones
los dos están en sus trece.
   Mogagón, que del sosquín
ha sido zaino eminente,
y en los soplos y el cantar
es juntos órgano y fuelles,
   dijo, en bajando a lo llano,
que está entre el Parque y la Puente:
«Para una danza de espadas,
el sitio dice cómeme.»
   Los dos se hicieron atrás,
y las capas se revuelven:
sacaron a relucir
las espadas hechas sierpes.
   Mascataque es Angulema,
científico, y Arquimedes,
y más amigo de atajos
que las mulas de alquileres.
   Zamborondón, que de líneas
ninguna palabra entiende,
y esgrime a lo colchonero,
Euclides de mantinientes,
   desatando torbellinos
de tajos y de reveses,
le rasgó en la jeta un palmo,
le cortó en la cholla un jeme.
   El otro, con la sagita,
le dio en el brazo un piquete;
ambos están con el mes:
colorado corre el pebre.
    Acudieron dos lacayos
y gran borbotón de gente;
andaba el «Ténganse afuera»,
y «Llamen quien los confiese.»
   Tirábanse por encima
de los piadosos tenientes,
amenazando la caspa,
unas heridas de peine.
    En esto, desaforada,
con una cara de viernes,
que pudiera ser acelga
entre lentejas y arenques,
    la Méndez llegó chillando,
con trasudores de aceite,
derramado por los hombros
el columpio de las liendres.
   El «¡Voto a Cristo!» arrojaba
que no le oyeron más fuerte
en la legua de Getafe
ni las mulas ni los ejes.
   «Cuando pensé que tuvieras
que contar más de una muerte,
¿te miro de Maribarbas,
con dos rasguños las sienes?
   «Ándaste tú reparando
si Moñorros me divierte,
¿y no reparas un chirlo
que todo el testuz te yende?
   «¿Estaba esa hoja en Babia,
que no socorrió tus dientes?
¿De recibidor te precias,
cuando por dador te vendes?»
    Llegóse a Zamborondón,
callando bonicamente,
y sonóle las narices
con una navaja a cercen,
   diciendo: «Chirlo por chirlo,
goce deste la Pebete;
quien a mi amigo atarasca,
mi brazo le calavere.»
    A puñaladas se abrasan;
unos con otros se envuelven;
andaba el «Moja la olla»
tras la goda delincuente,
    cuando se vieron cercados
de alguaciles y corchetes,
de plumas y de tinteros,
de espadas y de broqueles.
   Al «¡Ténganse a la justicia!»,
todo cristiano ensordece.
«Favor al rey» piden todos
los chillones escribientes.
   La Méndez dijo: «Mancebos,
si favor para el rey quieren,
a mí me parece bien:
llévenle esta cinta verde.»
   Unos se fueron al Ángel,
con el diablo a retraerse;
otros, por medio del río,
tomaron trote de peces.
   Manzorro cogió dos capas,
una vaina y un machete:
que desde niño se halla
lo que a ninguno se pierde.




ArribaAbajoAl ruiseñor


   Flor con voz, volante flor,
silbo alado, voz pintada,
lira de pluma animada
y ramillete cantor;
di, átomo volador,
florido acento de pluma,
bella organizada suma
de lo hermoso y lo süave,
¿cómo cabe en sola un ave
cuanto el contrapunto suma?




ArribaAbajoEnseña a morir antes y que la mayor parte de la muerte es la vida, y ésta no se siente, y la menor, que es el último suspiro, es la que da pena


   Señor don Juan, pues con la fiebre apenas
se calienta la sangre desmayada,
y por la mucha edad, desabrigada,
tiembla, no pulsa, entre la arteria y venas;

   pues que de nieve están las cumbres llenas,
la boca, de los años saqueada,
la vista, enferma, en noche sepultada,
y las potencias, de ejercicio ajenas,

   salid a recibir la sepultura,
acariciad la tumba y monumento:
que morir vivo es última cordura.

   La mayor parte de la muerte siento
que se pasa en contentos y locura,
y a la menor se guarda el sentimiento.




ArribaAbajoRepreséntase la brevedad de lo que se vive y cuán nada parece lo que se vivió


   ¡Ah, de la vida!... ¿Nadie me responde?
¡Aquí, de los antaños que he vivido!
La Fortuna mis tiempos ha mordido;
las Horas mi locura las esconde.

   ¡Que sin poder saber cómo ni adónde
la salud y la edad se hayan huído!
Falta la vida, asiste lo vivido,
y no hay calamidad que no me ronde.

   Ayer se fue; mañana no ha llegado;
hoy se está yendo sin parar un punto;
soy un fue, y un será, y un es cansado.

   En el hoy y mañana y ayer, junto
pañales y mortaja, y he quedado
presentes sucesiones de difunto.




ArribaAbajoPeligro del que sube muy alto, y más si es por la caída de otro


   Para, si subes; si has llegado, baja;
que ascender a rodar es desatino;
mas si subiste, logra tu camino,
pues quien desciende de la cumbre, ataja.

   Detener de Fortuna la rodaja,
a pocos concedió poder divino;
y si la cumbre desvanece el tino,
también tal vez la cumbre se desgaja.

   El que puede caer, si él se derriba,
ya que no se conserva, se previene
contra el semblante de la suerte esquiva.

   Y pues nadie que llega se detiene,
tema más quien se mire más arriba;
y el que subió, por quien rodando viene.




ArribaAbajoAconseja a un amigo, que estaba en buena posesión de nobleza, no trate de calificarse, por que no le descubran lo que no se sabe


   Solar y ejecutoria de tu abuelo
es la ignorada antigüedad sin dolo;
no escudriñes al tiempo el protocolo,
ni corras al silencio antiguo el velo.

   Estudia en el osar deste mozuelo,
descaminado escándalo del polo;
para probar que descendió de Apolo,
probó, cayendo, descender del cielo.

   No revuelvas los huesos sepultados;
que hallarás más gusanos que blasones,
en testigos de nuevo examinados.

   Que de multiplicar informaciones,
puedes temer multiplicar quemados,
y con las mismas pruebas Faetones.




ArribaAbajoAdvertencia a España de que ansí como se ha hecho señora de muchos, ansí será de tantos enemigos invidiada y perseguida, y necesita continua prevención por esa causa


   Un godo, que una cueva en la montaña
guardó, pudo cobrar las dos Castillas;
del Betis y Genil las dos orillas,
los herederos de tan grande hazaña.

   A Navarra te dio justicia y maña;
y un casamiento, en Aragón, las sillas
con que a Sicilia y Nápoles humillas,
y a quien Milán espléndida acompaña.

   Muerte infeliz en Portugal arbola
tus castillos. Colón pasó los godos
al ignorado cerco de esta bola.

   Y es más fácil, ¡oh España!, en muchos modos,
que lo que a todos les quitaste sola
te puedan a ti sola quitar todos.




ArribaAbajoDesde la torre


   Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.

   Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.

   Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra, ¡oh gran don Iosef!, docta la emprenta.

   En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquélla el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.




ArribaAbajoA Roma sepultada en sus ruinas


   Buscas en Roma a Roma, ¡oh, peregrino!,
y en Roma misma a Roma, no la hallas:
cadáver son las que ostentó murallas,
y tumba de sí proprio el Aventino.

   Yace donde reinaba el Palatino;
y limadas del tiempo las medallas,
más se muestran destrozo a las batallas
de las edades que blasón latino.

   Sólo el Tibre quedó, cuya corriente,
si ciudad la regó, ya sepultura
la llora con funesto son doliente.

   ¡Oh, Roma!, en tu grandeza, en tu hermosura,
huyó lo que era firme, y solamente
lo fugitivo permanece y dura.




ArribaAbajoMemoria inmortal de don Pedro Girón, duque de Osuna, muerto en la prisión


   Faltar pudo su patria al grande Osuna,
pero no a su defensa sus hazañas;
diéronle muerte y cárcel las Españas,
de quien él hizo esclava la Fortuna.

   Lloraron sus invidias una a una
con las proprias naciones las extrañas;
su tumba son de Flandes las campañas,
y su epitafio la sangrienta luna.

   En sus exequias encendió al Vesubio
Parténope, y Trinacria al Mongibelo;
el llanto militar creció en diluvio.

   Diole el mejor lugar Marte en su cielo;
la Mosa, el Rin, el Tajo y el Danubio
murmuran con dolor su desconsuelo.




ArribaAbajoCon ejemplos muestra a Flora la brevedad de la hermosura para no malograrla


   La mocedad del año, la ambiciosa
vergüenza del jardín, el encarnado
oloroso rubí, Tiro abrevïado,
también del año presunción hermosa;

   la ostentación lozana de la rosa,
deidad del campo, estrella del cercado;
el almendro en su propria flor nevado,
que anticiparse a los calores osa,

   reprehensiones son, ¡oh Flora!, mudas
de la hermosura y la soberbia humana,
que a las leyes de flor está sujeta.

   Tu edad se pasará mientras lo dudas;
de ayer te habrás de arrepentir mañana,
y tarde y con dolor serás discreta.




ArribaAbajoVenganza en figura de consejo a la hermosura pasada


   Ya, Laura, que descansa tu ventana
en sueño que otra edad tuvo despierta,
y, atentos los umbrales de tu puerta,
ya no escuchan de amante queja insana;

   pues cerca de la noche, a la mañana
de tu niñez sucede tarde yerta,
mustia la primavera, la luz muerta,
despoblada la voz, la frente cana:

   cuelga el espejo a Venus, donde miras
y lloras la que fuiste en la que hoy eres;
pues, suspiraste entonces, hoy suspiras.

   Y ansí, lo que no quieren ni tú quieres
ver, no verán los ojos, ni tus iras,
cuando vives vejez y niñez mueres.




ArribaAbajoAfectos varios de su corazón fluctuando en las ondas de los cabellos de Lisi


   En crespa tempestad del oro undoso,
nada golfos de luz ardiente y pura
mi corazón, sediento de hermosura,
si el cabello deslazas generoso.

   Leandro, en mar de fuego proceloso,
su amor ostenta, su vivir apura;
Ícaro, en senda de oro mal segura,
arde sus alas por morir glorioso.

   Con pretensión de fénix, encendidas
sus esperanzas, que difuntas lloro,
intenta que su muerte engendre vidas.

   Avaro y rico y pobre, en el tesoro,
el castigo y la hambre imita a Midas,
Tántalo en fugitiva fuente de oro.




ArribaAbajoRetrato de Lisi que traía en una sortija


   En breve cárcel traigo aprisionado,
con toda su familia de oro ardiente,
el cerco de la luz resplandeciente,
y grande imperio del Amor cerrado.

   Traigo el campo que pacen estrellado
las fieras altas de la piel luciente:
y a escondidas del cielo y del Oriente,
día de luz y pacto mejorado.

   Traigo todas las Indias en mi mano,
perlas que, en un diamante, por rubíes,
pronuncian con desdén sonoro yelo,

   y razonan tal vez fuego tirano
relámpagos de risa carmesíes,
auroras, gala y presunción del cielo.




ArribaAbajoAmor constante más allá de la muerte


   Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra que me llevare al blanco día,
y podrá desatar esta alma mía
hora a su afán ansioso lisonjera;

   mas no, de esotra parte, en la ribera,
dejará la memoria, en donde ardía:
nadar sabe mi llama la agua fría,
y perder el respeto a ley severa.

   Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
medulas que han gloriosamente ardido,

   su cuerpo dejarán, no su cuidado;
serán cenizas, mas tendrán sentido;
polvo serán, mas polvo enamorado.




ArribaAbajoA un hombre de gran nariz


   Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una alquitara medio viva,
érase un peje espada mal barbado;

   era un reloj de sol mal encarado,
érase un elefante boca arriba,
érase una nariz sayón y escriba,
un Ovidio Nasón mal narigado.

   Érase el espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
las doce tribus de narices era;

   érase un naricísimo infinito,
frisón archinariz caratulera,
sabañón garrafal, morado y frito.




ArribaAbajoMujer puntiaguda con enaguas


   Si eres campana, ¿dónde está el badajo?;
si pirámide andante, vete a Egito;
si peonza al revés, trae sobrescrito;
si pan de azúcar, en Motril te encajo.

   Si chapitel, ¿qué haces acá abajo?
Si de disciplinante mal contrito
eres el cucurucho y el delito,
llámente los cipreses arrendajo.

   Si eres punzón, ¿por qué el estuche dejas?
Si cubilete, saca el testimonio;
si eres coroza, encájate en las viejas.

   Si buída visión de San Antonio,
llámate doña Embudo con guedejas;
si mujer, da esas faldas al demonio.




ArribaAbajoPronuncia con sus nombres los trastos y miserias de la vida


   La vida empieza en lágrimas y caca,
luego viene la mu, con mama y coco,
síguense las viruelas, baba y moco,
y luego llega el trompo y la matraca.

   En creciendo, la amiga y la sonsaca
con ella embiste el apetito loco;
en subiendo a mancebo, todo es poco,
y después la intención peca en bellaca.

   Llega a ser hombre, y todo lo trabuca:
soltero sigue toda perendeca;
casado se convierte en mala cuca.

   Viejo encanece, arrúgase y se seca;
llega la muerte, y todo lo bazuca,
y lo que deja paga, y lo que peca.




ArribaAbajoA Góngora


   Yo te untaré mis obras con tocino,
porque no me las muerdas, Gongorilla,
perro de los ingenios de Castilla,
docto en pullas, cual mozo de camino.

   Apenas hombre, sacerdote indino,
que aprendiste sin christus la cartilla;
chocarrero de Córdoba y Sevilla,
y, en la corte, bufón a lo divino.

   ¿Por qué censuras tú la lengua griega
siendo sólo rabí de la judía,
cosa que tu nariz aun no lo niega?

   No escribas versos más, por vida mía;
aunque aquesto de escribas se te pega,
por tener de sayón la rebeldía.




ArribaAbajoReceta para hacer Soledades en un día


   Quien quisiere ser culto en sólo un día,
la jeri (aprenderá) gonza siguiente:
fulgores, arrogar, joven, presiente,
candor, construye, métrica armonía;

   poco, mucho, si no, purpuracía,
neutralidad, conculca, erige, mente,
pulsa, ostenta, librar, adolescente,
señas traslada, pira, frustra, arpía,

   cede, impide, cisuras, petulante,
palestra, liba, meta, argento, alterna,
si bien disuelve émulo canoro.

   Use mucho de líquido y de errante,
su poco de nocturno y de caverna,
anden listos livor, adunco y poro.

   Que ya toda Castilla,
con sola esta cartilla,
se abrasa de poetas babilones,
escribiendo sonetos confusiones;
y en la Mancha, pastores y gañanes,
atestadas de ajos las barrigas,
hacen ya cultedades como migas.




ArribaAbajoLlama a Aminta al campo en amoroso desafío


   Pues quita al año Primavera el ceño
y el verano risueño
restituye a la tierra sus colores
y en donde vimos nieve vemos flores,
y las plantas vestidas
gozan las verdes vidas,
dando, a la voz del pájaro pintado,
las ramas sombras y silencio el prado,
ven, Aminta, que quiero
que, viéndote primero,
agradezca sus flores este llano
más a tu blanco pie que no al verano.

   Ven; veráste al espejo de esta fuente,
pues, suelta la corriente,
del cautiverio líquido del frío,
perdiendo el nombre aumenta el suyo al río.
Las aguas que han pasado
oirás por este prado
llorar no haberte visto, con tristeza;
mas en las que mirares tu belleza
verás alegre risa
y cómo las dan prisa,
murmurando su suerte a las primeras,
por poderte gozar las venideras.

   Si te detiene el sol ardiente y puro,
ven, que yo te aseguro
que, si te ofende, le has de vencer luego,
pues se vale él de luz y tú de fuego;
mas si gustas de sombra,
en esta verde alfombra
una vid tiene un olmo muy espeso;
no sé si diga que abrazado o preso,
y a sombra de sus ramas
le darán nuestras llamas,
ya los digan abrazos o prisiones,
invidia al olmo y a la vid pasiones.

   Ven, que te aguardan ya los ruiseñores,
y los tonos mejores,
por que los oigas tú, dulce tirana,
los dejan de cantar a la mañana.
Tendremos invidiosas
las tórtolas mimosas,
pues, viéndonos de gloria y gusto ricos,
imitarán los labios con los picos:
aprenderemos dellas
soledad y querellas,
y, en pago, aprenderán de nuestros lazos
su voz requiebros y su pluma abrazos.

   ¡Ay, sí llegases ya, qué tiernamente,
al ruido de esta fuente,
gastáramos las horas y los vientos,
en suspiros y músicos acentos!
Tu aliento bebería
en ardiente porfía
que igualase las flores de este suelo
y las estrellas con que alumbra el cielo,
y sellaría en tus ojos,
soberbios con despojos,
y en tus mejillas sin igual, tan bellas,
sin prado, flores y sin cielo, estrellas.

   Halláranos aquí la blanca Aurora
riendo, cuando llora;
la noche, alegres, cuando en cielo y tierra
tantos ojos nos abre como cierra.
Fuéramos cada instante
nueva amada y amante:
y ansí tendría en firmeza tan crecida
la muerte estorbo y suspensión la vida:
y vieran nuestras bocas,
en ramos de estas rocas,
ya las aves consortes, ya las viudas,
más elocuentes ser cuando más mudas.




ArribaAbajoHimno a las estrellas


   A vosotras, estrellas,
alza el vuelo mi pluma temerosa,
del piélago de luz ricas centellas;
lumbres que enciende triste y dolorosa
a las exequias del difunto día,
güérfana de su luz, la noche fría;

   ejército de oro,
que, por campañas de zafir marchando,
guardáis el trono del eterno coro
con diversas escuadras militando;
Argos divino de cristal y fuego,
por cuyos ojos vela el mundo ciego;

   señas esclarecidas
que, con llama parlera y elocuente,
por el mudo silencio repartidas,
a la sombra servís de voz ardiente;
pompa que da la noche a sus vestidos,
letras de luz, misterios encendidos;

   de la tiniebla triste
preciosas joyas, y del sueño helado
galas, que en competencia del sol viste;
espías del amante recatado,
fuentes de luz para animar el suelo,
flores lucientes del jardín del cielo,

   vosotras de la luna
familia relumbrante, ninfas claras,
cuyos pasos arrastran la Fortuna,
con cuyos movimientos muda caras,
árbitros de la paz y de la guerra,
que, en ausencia del sol, regís la tierra;

   vosotras de la suerte
dispensadoras, luces tutelares
que dais la vida, que acercáis la muerte,
mudando de semblante, de lugares;
llamas, que habláis con doctos movimientos,
cuyos trémulos rayos son acentos;

   vosotras que, enojadas,
a la sed de los surcos y sembrados
la bebida negáis, o ya, abrasadas,
dais en ceniza el pasto a los ganados,
y, si miráis benignas y clementes,
el cielo es labrador para las gentes;

   vosotras, cuyas leyes
guarda observante el tiempo en toda parte,
amenazas de príncipes y reyes,
si os aborta Saturno, Jove o Marte;
ya fijas vais, o ya llevéis delante
por lúbricos caminos greña errante,

   si amasteis en la vida
y ya en el firmamento estáis clavadas,
pues la pena de amor nunca se olvida,
y aun suspiráis en signos transformadas,
con Amarilis, ninfa la más bella,
estrellas, ordenad que tenga estrella.

   Si entre vosotras una
miró sobre su parto y nacimiento
y della se encargó desde la cuna
dispensando su acción, su movimiento,
pedidla, estrellas, a cualquier que sea,
que la incline siquiera a que me vea.

   Yo en tanto, desatado
en humo, rico aliento de Pancaya,
haré que, peregrino y abrasado,
en busca vuestra por los aires vaya;
recataré del sol la lira mía
y empezaré a cantar muriendo el día.

   Las tenebrosas aves,
que el silencio embarazan con gemido,
volando torpes y cantando graves,
más agüeros que tonos al oído,
para adular mis ansias y mis penas,
ya mis musas serán, ya mis sirenas.




ArribaEpístola satírica y censoria contra las costumbres presentes de los castellanos, escrita a don Gaspar de Guzmán, conde de Olivares, en su valimiento


   No he de callar, por más que con el dedo,
ya tocando la boca, o ya la frente,
silencio avises, o amenaces miedo.
    ¿No ha de haber un espíritu valiente?
¿Siempre se ha de sentir lo que se dice?
¿Nunca se ha de decir lo que se siente?
   Hoy, sin miedo que libre escandalice,
puede hablar el ingenio, asegurado
de que mayor poder le atemorice.
   En otros siglos pudo ser pecado
severo estudio y la verdad desnuda,
y romper el silencio el bien hablado.
   Pues sepa quien lo niega, y quien lo duda,
que es lengua la verdad de Dios severo
y la lengua de Dios nunca fue muda.
   Son la verdad y Dios, Dios verdadero,
ni eternidad divina los separa,
ni de los dos alguno fue primero.
   Si Dios a la verdad se adelantara,
siendo verdad, implicación hubiera
en ser, y en que verdad de ser dejara.
   La justicia de Dios es verdadera,
y la misericordia, y todo cuanto
es Dios, todo ha de ser verdad entera.
   Señor excelentísimo, mi llanto
ya no consiente márgenes ni orillas:
inundación será la de mi canto.
   Ya sumergirse miro mis mejillas,
la vista por dos urnas derramada
sobre las aras de las dos Castillas.
   Yace aquella virtud desaliñada,
que fue, si rica menos, más temida,
en vanidad y en sueño sepultada.
   Y aquella libertad esclarecida,
que en donde supo hallar honrada muerte,
nunca quiso tener más larga vida.
   Y pródiga de l'alma, nación fuerte,
contaba por afrentas de los años,
envejecer en brazos de la suerte.
   Del tiempo el ocio torpe, y los engaños
del paso de las horas y del día,
reputaban los nuestros por extraños.
   Nadie contaba cuánta edad vivía,
sino de qué manera: ni aun un hora
lograba sin afán su valentía.
   La robusta virtud era señora,
y sola dominaba al pueblo rudo;
edad, si mal hablada, vencedora.
   El temor de la mano daba escudo
al corazón, que, en ella confiado,
todas las armas despreció desnudo.
Multiplicó en escuadras un soldado
su honor precioso, su ánimo valiente,
de sola honesta obligación armado.
    Y debajo del cielo aquella gente
si no a más descansado, a más honroso
sueño entregó los ojos, no la mente.
   Hilaba la mujer para su esposo
la mortaja, primero que el vestido;
menos le vio galán, que peligroso.
    Acompañaba el lado del marido
más veces en la hueste, que en la cama;
sano le aventuró, vengóle herido.
   Todas matronas, y ninguna dama:
que nombres del halago cortesano
no admitió lo severo de su fama.
   Derramado y sonoro el Oceano
era divorcio de las rubias minas
que usurparon la paz del pecho humano.
   Ni los trujo costumbres peregrinas
el áspero dinero, ni el Oriente
compró la honestidad con piedras finas.
    Joya fue la virtud pura y ardiente;
gala el merecimiento y alabanza;
sólo se codiciaba lo decente.
   No de la pluma dependió la lanza,
ni el cántabro con cajas y tinteros
hizo el campo heredad, sino matanza.
   Y España, con legítimos dineros,
no mendigando el crédito a Liguria,
más quiso los turbantes que los ceros.
    Menos fuera la pérdida y la injuria,
si se volvieran Muzas los asientos;
que esta usura es peor que aquella furia.
    Caducaban las aves en los vientos,
y espiraba decrépito el venado:
grande vejez duró en los elementos.
    Que el vientre, entonces bien disciplinado,
buscó satisfacción, y no hartura,
y estaba la garganta sin pecado.
    Del mayor infanzón de aquella pura
república de grandes hombres, era
una vaca sustento y armadura.
   No había venido al gusto lisonjera
la pimienta arrugada, ni del clavo
la adulación fragrante forastera.
   Carnero y vaca fue principio y cabo,
y con rojos pimientos, y ajos duros,
tan bien como el señor comió el esclavo.
   Bebió la sed los arroyuelos puros:
después mostraron del carchesio a Baco
el camino los brindis mal seguros.
   El rostro macilento, el cuerpo flaco
eran recuerdo del trabajo honroso,
y honra y provecho andaban en un saco.
   Pudo sin miedo un español velloso
llamar a los tudescos bacchanales,
y al holandés hereje y alevoso.
   Pudo acusar los celos desiguales
a la Italia; pero hoy, de muchos modos,
somos copias, si son originales.
   Las descendencias gastan muchos godos,
todos blasonan, nadie los imita;
y no son sucesores, sino apodos.
   Vino el betún precioso que vomita
la ballena, o la espuma de las olas,
que el vicio, no el olor, nos acredita,
   Y quedaron las huestes españolas
bien perfumadas, pero mal regidas,
y alhajas las que fueron pieles solas.
   Estaban las hazañas mal vestidas,
y aún no se hartaba de buriel y lana
la vanidad de fembras presumidas.
   A la seda pomposa siciliana
que manchó ardiente múrice, el romano
y el oro hicieron áspera y tirana.
   Nunca al duro español supo el gusano
persuadir que vistiese su mortaja,
intercediendo el can por el verano.
   Hoy desprecia el honor al que trabaja,
y entonces fue el trabajo ejecutoria,
y el vicio gradüó la gente baja.
   Pretende el aleaudo joven gloria
por dejar la vacada sin marido,
y de Ceres ofende la memoria.
   Un animal a la labor nacido,
y símbolo celoso a los mortales,
que a Jove fue disfraz, y fue vestido;
   que un tiempo endureció manos reales,
y detrás de él los cónsules gimieron,
y rumia luz en campos celestiales;
¿por cuál enemistad se persuadieron
a que su apocamiento fuese hazaña,
y a las mieses tan grande ofensa hicieron?
   ¡Qué cosa es ver un infanzón de España,
abreviado en la silla a la gineta,
y gastar un caballo en una caña!
   Que la niñez al gallo le acometa
con semejante munición apruebo;
mas no la edad madura y la perfeta.
   Ejercite sus fuerzas el mancebo
en frentes de escuadrones, no en la frente
del útil bruto l'asta del acebo.
   El trompeta le llama diligente,
dando fuerza de ley el viento vano,
y al son esté el ejército obediente.
   ¡Con cuánta majestad llena la mano
la pica, y el mosquete carga el hombro,
del que se atreve a ser buen castellano!
   Con asco entre las otras gentes nombro,
al que de su persona, sin decoro,
más quiere nota dar, que dar asombro.
   Gineta y cañas son contagio moro;
restitúyanse justas y torneos,
y hagan paces las capas con el toro.
   Pasadnos vos de juegos a trofeos,
que sólo grande rey y buen privado
pueden ejecutar estos deseos.
   Vos, que hacéis repetir siglo pasado,
con desembarazarnos las personas,
y sacar a los miembros de cuidado,
   vos distes libertad con las valonas,
para que sean corteses las cabezas,
desnudando el enfado a las coronas.
   Y, pues vos earaendastes las cortezas,
dad a la mejor parte medicina:
vuélvanse los tablados fortalezas.
   Que la cortés estrella, que os inclina
a privar sin intento y sin venganza,
milagro que la invidia desatina,
   tiene por sola bienaventuranza
el reconocimiento temeroso,
no presumida y ciega confianza.
   Y si os dio el ascendiente generoso
escudos, de armas y blasones llenos,
y por timbre el martirio glorïoso,
   mejores sean por vos los que eran buenos
Guzmanes, y la cumbre desdeñosa
os muestre a su pesar campos serenos.
   Lograd, señor, edad tan venturosa;
y cuando nuestras fuerzas examina
persecución unida y belicosa,
   la militar valiente disciplina
tenga más platicantes que la plaza;
descansen tela falsa y tela fina.
   Suceda a la marlota la coraza,
y si el Corpus con danzas no los pide,
velillos y oropel no hagan baza.
   El que en treinta lacayos los divide,
hace suerte en el toro, y con un dedo
la hace en él la vara que los mide.
   Mandadlo ansí, que aseguraros puedo
que habéis de restaurar más que Pelayo;
pues valdrá por ejércitos el miedo,
y os verá el cielo administrar su rayo.