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1

Cf. Marqués del Saltillo, «Un prócer romántico. El Conde del Campo de Alange», Boletín de la Biblioteca Menéndez y Pelayo, I, 1931, p. 136.

 

2

Condesa de Campo Alange, «Carta de don Eugenio de Ochoa con noticias literarias y políticas», Correo Erudito, IV, 29, 1946, p. 21.

 

3

Para la localización de artículos de Campo Alange y su contexto, cf. Sara Gamazo Berrueco, La «Revista Española» (Madrid, 1832-1836). Introducción, estudio y antología, ETD Micropublicaciones, 1989.

 

4

Antonio Ros de Olano, Observaciones sobre el carácter militar y político de la guerra del Norte, Madrid, Impr. de D. Miguel de Burgos, 1836, p. 38. Valle-Inclán «incrustó» un relato de Ros de Olano en sus novelas de La guerra carlista, del que trato en un estudio de próxima publicación. En el caso de esta narración de Campo Alange, sólo es posible pensar que ha dejado huella en la recreación del ambiente liberal; en concreto, en el vals que toca Eulalia y los comentarios del narrador acerca del poder evocador de la música. Leonardo Romero Tobar ha hecho referencia al valor literario de Pamplona y Elizondo («Relato y grabado en las revistas románticas: los inicios de una relación», Voz y Letra, I, 1990, p. 168).

 

5

Fragmento que provoca una réplica de José de Madrazo, seguida de la consiguiente contrarréplica; cuestión muy sugerente que, por su amplitud, no podemos tratar aquí. Sin duda, a pesar de la unidad de propósitos de El Artista, hay diferencias entre los colaboradores; sin quizá llegar a facciones distintas (cf. Francisco Calvo Serraller y Ángel González García, pról. a El Artista, Madrid, 1835-1836, ed. facsímil, Madrid, Turner, 1981, pp. XII-XIII).

 

6

«El poeta es un pintor. Al dibujante pertenecen el exterior, las formas materiales [...]. El poeta se apodera del interior, penetra los misterios, lee en el alma, pinta lo invisible, da formas a lo que no las tiene, presenta al hombre desnudo de la corteza exterior y aprecia justamente sus acciones, no por los resultados, sino por la intención que presidió en ellas, en una palabra, analiza y pinta las causas cuyos efectos materiales copia el pintor. Para esto observa continuamente el corazón humano, se observa a sí mismo: ésta es la ocupación que llena su existencia. Estudia y copia.»

(El Artista, I, 118).                


En las citas de El Artista, se omiten las abreviaduras de tomo y página, y se actualiza la ortografía.

 

7

Juan Donoso Cortés, Discurso de apertura [de la cátedra de Humanidades] en el Colegio de Cáceres, Obras Completas, I, Madrid, BAC, 1970, pp. 182-205.

 

8

«Un viaje es complemento de la educación. Ni importa un bledo que ésta se halle aún por empezar, pues todo lo suple el viaje. Es un barniz de tal naturaleza, que da color a lo que no tiene forma. Vivimos en un siglo de movimiento: vivimos a escape: las luces se comunican por medio de las diligencias, y para alcanzarlas, fuerza es desempedrar los caminos. ¡Jóvenes, viajad!»

(El Artista, II, 171).                


 

9

Como los códices, cuyas páginas emplean como papel de envolver: «En buena hora recorran los maniáticos y casi locos extranjeros nuestras provincias [...]; en buen hora se dejen robar gustosamente, y aun apalear en los caminos, para tener luego la estéril satisfacción de describir un encuentro con ladrones españoles [...]; sigan por luengos años gastando sus pesetas en librotes antiguos, aumentando así considerablemente el consumo de papel de estraza; y llévense todos esos cuadros viejos, que ni para tapar las gateras de los desvanes tomaríamos, aunque de valde nos los diesen: que, en cambio de esto, nosotros les sacaremos precioso papel pintado [...]»

(El Artista, II, 171)                


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10

«Absurda pretensión es la de algunos que quisieran ver exclusivamente adoptadas las mismas formas, los mismos tipos en todas las épocas y países, tanto en la literatura como en todas las nobles y bellas artes: hombres que sólo un bello conocen, círculo estrecho como el de sus facultades intelectuales, fuera del cual nada ven sino monstruosidades y delirio. Es, sin embargo, una ley de la naturaleza humana que cuanto nos rodea haya de influir poderosamente en nuestro modo de ver, en nuestra manera de pensar [...]. En medio de las revueltas interiores y de las guerras continuas con los extranjeros [...], Sevilla ha conservado una fisonomía particular, hija solamente del clima y de la naturaleza.»

(El Artista, II, 182)                


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