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ArribaAbajoActo II

 

Al levantarse el telón, hay tres bancos largos, sin respaldo, en escena, adornados con cintas y oropeles; el del medio tiene a un costado una cobertura tricolor, que oculta la plaqueta que habrá de descubrirse.

 
 

BÁEZ y ALEN se pasean y conversan.

 

BÁEZ.-  ¿Cuál es tu experiencia, después de estos años?

ALEN.-  Lo que miro, lo que veo, no es halagador.

BÁEZ.-   ¿Por qué decís?

ALEN.-   Es una ruda lucha, cuesta mantenerse fiel. Primero te frenan; no tanta prisa, ¡cuidado! No se hace justicia sin profunda reflexión. Pero a medida que te quedás te asaltan las dudas propias, y las urgencias ajenas. Vos sos el único, el último socorro de los débiles, de los que tienen hambre y sed de justicia; lo curioso es que también los fuertes te necesitan para enmascarar su rudeza. Y vos estás solo, condenadamente solo porque nadie te ayuda a buscar una decisión justa; y además, nadie cree en vos. Otros ya dilapidaron tu nombre y tu prestigio. Vacilás, podés tomarte tiempo hasta que los minutos, las horas, los días te acosan como harpías. Todos te emplazan, te requieren justicia, su justicia, que pongas la fuerza de la ley a su servicio. Te cansás; todo el cuerpo está empapado del sudor de la fatiga. Adelante no está una meta, no está el descanso, sino una lucha interminable.

BÁEZ.-  Te situás a un nivel demasiado alto. No vas a poder mantenerte mucho tiempo en esa posición. ¿Por qué extremar las cosas? ¿Qué es para vos la justicia?

ALEN.-  La justicia es la forma en que Dios hace el bien... Me figuro que Dios no puede ser simplemente bueno, o misericordioso sin contemplar las razones de los otros. Su bondad para uno tendrá que tener en cuenta los efectos que produce en los demás. Su voluntad de hacer el bien, sólo puede expresarse haciendo justicia. Si Dios es bondad, Dios es justicia.

BÁEZ.-   ¿Y esa justicia es la que querés realizar?

ALEN.-  Es la que debiera querer realizar; pero se está tan lejos... Nosotros representamos al Estado, y al Estado no le interesa la justicia. Le interesa el orden social, aunque para conseguirlo salgan cantidad de machucados, o lisiados, o muertos. Para eso se ha inventado la guerra silenciosa del expediente; allí pueden disparar cañones sin estampido; dar puñaladas que arden y matan, pero sin sangre. Todo se ahoga en mares de tinta y tiempo. En cada uno de esos expedientes hay gritos, traición, chantaje, odio, delitos... montón de sufrimientos apaciguados en arenales de paciencia, enterrados en el polvo acumulado por el tiempo.

BÁEZ.-  No creas, he visto buena justicia y magistrados excelentes.

ALEN.-   De oro y acero, pero discretamente aislados. La gran justicia es lujo de exquisitos que se degrada pronto en manos ineptas, o temblorosas, o roídas por la codicia. Pero aquello excelente sirve de vidriera; es el espejismo que mantiene viva una esperanza; y la paciencia. Al fin, ni las partes quieren ya justicia, quieren ganar como sea. Cuando la victoria llega, está vieja, reumática, temblorosa, sin agresividad. El cansancio y el tiempo toman el ropaje de la justicia; se ha disipado el ánima constituida por el ideal.

 

(Entra por lateral derecha un conjunto de arpas y guitarras, seguido de custodia policial. A una orden de ésta, empieza a ejecutar alegres polcas. Los músicos llevan traje de presidio.)

 
 

(Van entrando por ambos lados profesionales del Foro, hombres y mujeres con portafolios o expedientes en la mano; alguna gente de pueblo. Se reúnen y conversan ponderando los bancos que señalan y examinan.)

 

BÁEZ.-    (A ALEN.)  Va a empezar el acto.

 

(Entra un personaje vestido de oscuro que, subiéndose sobre uno de los bancos, anuncia: «Señoras y señores, el acto de inauguración va a comenzar». Cesa la música, se hace silencio, y habla.)

 

  «Excelentísimo señor presidente del Tribunal; excelentísimos señores dignatarios, representantes de naciones extranjeras y de este propio país; señores magistrados y abnegados miembros del Foro; señores empleados de menor cuantía, ujieres, dactilógrafos, pasantes, ordenanzas, custodios y materia prima de procesados, condenados, prófugos y otros disimulados delincuentes; distinguidas damas y caballeros: es para mí un altísimo honor dirigir la palabra a tan calificada concurrencia con motivo de la inauguración de estas comodidades que hoy se habilitan para uso del público concurrente a nuestra Casa de Astrea.

»Esta obra se ha llevado a cabo por iniciativa de la superioridad que, sensible, ha podido constatar el cansancio de los concurrentes a nuestras oficinas, por esperar de pie, con explicable nerviosismo, las tramitaciones judiciales. De hoy en más, podrán esperarlas sentados.»

PUBLICO.-   ¡Muy bien!  (Aplausos.) 

BÁEZ.-  »Además, esta obra tiene profunda derivación social. Estando sentados, los lustrabotas podrán realizar sus servicios, y llevar a sus hogares la asistencia económica que les es tan necesaria; los vendedores de diarios tendrán mayor oportunidad de colocar sus ejemplares; las chiperas y pasteleras mercarán más fácilmente pues es obvio que el ocio confortable es proclive a ser distraído con alguna leve disipación.

PUBLICO.-  ¡Cierto!

BÁEZ.-  »Por otra parte, estos recios bancos que aquí veis, resistentes al sol, al mal trato y a la intemperie, son apenas el comienzo de las obras de buena política y sanas realizaciones que con la ayuda de las naciones amigas y hermanas, se han de hacer y llevar adelante.

PÚBLICO.-  ¡Muy bien!  (Aplausos.) 

BÁEZ.-   »Cumpliendo expresas instrucciones de mis principales, me place anunciar que todas las oficinas de un ala de este edificio, serán trasladadas y reorganizadas en la otra, mediante un adecuado aprovechamiento de los espacios, de acuerdo a los adelantos de la técnica, y a un más científico embolsamiento y estiba de expedientes y papeles. El amplio lugar así ganado se usará para brindar funcionales comodidades a los señores miembros del Foro.

UNO DEL PÚBLICO.-   ¡Tre hurra a los señores miembros del Foro!... ¡Hip, hip, hip... hurra; hip, hip, hip... hurra!...

BÁEZ.-  »En primer término, se habilitará una peluquería y barbería, de manera tal que mientras se realizan tramitaciones, se pueda ocupar el entretiempo en atender la higiene personal y mejor apariencia. Este servicio tendrá una sección manicuría y otra de pedicuría, además de una subsección de masajes, de modo que el gremio luzca optimista, sin lacras de ardorosos callos, juanetes u ojos de gallo, reduciendo, en lo posible, las malsanas adiposidades. Por otro lado, a los testigos campesinos que concurran descalzos, se les podrá brindar recortes y tratamientos de durezas como el pyta-jeká, el pysa-tronco y el pysa-jo-á, sin olvidar el pulido y pintura uni o bicolor de las uñas pediculares. Así, estos honestos ciudadanos tendrán ocasión de mirar otra cosa más divertida que el mero piso mientras hagan sus laboriosas deposiciones.

PÚBLICO.-  Tre hurra tre por tre a las laboriosas deposiciones... ¡Hip, hip, hip, ra, ra, ra... hip, hip, hip, ra, ra, ra...!

BÁEZ.-  »Otro sí, se montará asimismo una surtida biblioteca que incluirá no más de un código penal y otro de procedimientos; habrá, sí, lo anuncio y lo veréis cumplido, surtidas colecciones de revistas de historietas, novelas policiales, fotonovelas, diarios, crucigramas, y otros ítems adecuados para matar el tiempo sin preocupaciones.

»Otro sí más: se pondrán también, en sala separada, varios juegos de damas, ajedrez, ludo, dominó, ta-te-tí, bingo, dados; quedarán incentivados el rummy y la canasta, por ser juegos de amical divertimiento. El truco, por ruidoso, quedará excluido; aquellos de envite, como el poker, el monte, el siete y medio, etcétera, también se prohibirán por provocar tensiones.

PÚBLICO.-  ¡Muy bien!  (Aplausos.) 

BÁEZ.-  »Otro sí aún más: se habilitará un amplio dormitorio, que para su óptimo aprovechamiento se dotará de hamacas superpuestas, donde los interesados podrán pasar a esperar entregándose al pacífico sueño, a la par que sus asuntos. Para quienes quieran hamacarse, se asegurará un piolín con equidistantes nudos a una pared lateral, de manera que usando indiferentemente la mano o los entrededos del pie, los somnolientos, sin turbarse, puedan arrullarse rítmicamente, con un plácido y fresco vaivén. En este salón se guardará un estricto silencio; a las personas que emitan ronquidos, tengan inquietas pesadillas, o expelan ruidosas expansiones gaseosas, sin distinción de sexos, religión o partido, se les aplicará la Acordada Institucional N.º 5, cancelándoseles la matrícula.

»Otro sí, todavía agrego: se pondrá a disposición de los abogados una sala de tejer para hacer calcetas, tricotas, fajas, ponchos, manteles y diversas artesanías en crochet, punto cruz y otros, por ser este entretenimiento una milenaria y comprobada forma de apaciguar la espera. Lo probó la fiel Penélope cuando esperaba a su esposo Ulises por más de veinte años. Se habilitarán diversos modelos para los profesionales todavía inexpertos, y se les ofrecerá asesoramiento por antiguas pupilas del Buen Pastor, de habilidad reconocida, para asegurar primorosas confecciones.

PÚBLICO.-  ¡Muy bien!, a las pupilas del Buen Pastor, asesoras laborales de los abogados, tre hurra tre por tre, ¡hip, hip, hip... ra, ra, ra...!

BÁEZ.-   »Con estos cambios, la justicia espera calmar la impaciencia del gremio forense que suele quejarse de la lentitud, pobreza e infuncionalidad de nuestras modernas instalaciones. La idea es aprovechar el clima de sopor y aburrimiento orientándolo por la buena senda, y no irritarlo por falta de comodidades. Para terminar, debo decir que éste es un plan piloto que se extenderá a otras dependencias, según la evaluación que se haga de su comportamiento socio-político-económico-bio-jurídico. He dicho.»

 

(Después de terminar, luego de un fuerte aplauso, se procede a descubrir la placa, que dice: «Bancos levantados para practicar la espera...» -lo que viene después es confuso y no se puede leer.)

 
 

(El conjunto vuelve a ejecutar con brío, podría hacerse sonar uno o dos petardos; entran mozos con traje de penados que portan bandejas con guampas y jarras. Sirven tereré.)

 
 

(Algunas parejas se ponen a bailar, luego se generaliza el baile animadamente, con algunos ¡puipu!)

 

 
 
TELÓN