Tres artistas gallegos en Puerto Rico: Compostela, Botello y Granell
María del Pilar González Lamela

Desde los comienzos de la colonización de América en el siglo XVI la emigración gallega tuvo una importante participación en esta magna empresa. Este componente étnico y cultura de alguna manera se reflejó en la formación y evolución de los pueblos americanos. En unos países fue más fuerte la presencia gallega que en otros. Por ejemplo, en la Argentina, en México y en Cuba se establecieron núcleos y organizaciones que se ocuparon de mantener los vínculos y las tradiciones de la tierra gallega. En Puerto Rico, este fenómeno se manifestó de manera más atenuada. La mayor corriente migratoria de gallegos a la isla ocurrió a mediados del siglo XIX.
No es difícil suponer, por ejemplo, que muchos albañiles y canteros de origen gallego trabajaran en la construcción de las fortificaciones de San Juan; así también durante el siglo XIX, como era la costumbre, alguno que otro artista viajero, gallego peregrino por tierras americanas, recogiera apuntes de los paisajes, la gente y los monumentos del país. Pero para poder entender este fenómeno es imprescindible continuar la labor de investigación; nuestra historia del arte es un terreno aún fértil para trabajar.
Enrique Lafuente Ferrari y Osiris Delgado Mercado señalan la presencia en Puerto Rico del joven pintor ferrolano, Jenaro Pérez Villaamil. El artista llegó a la isla hacia el año de 1830 para hacer los decorados del recién construido Teatro Municipal. Le acompañó su hermano Juan, también pintor. En 1832 ya estaban de regreso en —176→ España. Años más tarde, en 1882, Alejandro Tapia y Rivera, a quien se le dedicaría el Teatro Municipal, comentó que había visto los bocetos del telón de boca y que éstos eran muy hermosos. Desgraciadamente, los huracanes que azotaron la isla deterioraron el trabajo decorativo de los dos Villaamiles, al punto de la total desaparición. Con posterioridad a este viaje al Caribe, Jenaro Pérez Villaamil se destacó como pintor de carácter romántico y fue director y profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid.
Poco más de un siglo después llegaron a Puerto Rico tres artistas gallegos que dejaron una huella significativa en el arte puertorriqueño contemporáneo. La razón de su viaje a la isla no fue la del emigrante que voluntariamente abandona la patria y marcha hacia lo desconocido motivado por la curiosidad, el afán de aventura o la necesidad de hacer algún dinero. El momento fue otro, la razón fue urgente: el exilio de la Guerra Civil Española. Los tres comenzaron su destierro en Francia, luego se encontraron en la República Dominicana1 y, más tarde, el reencuentro fue en Puerto Rico. El primero en arribar fue el escultor Francisco Vázquez Díaz -Compostela-; el segundo, el pintor Ángel Botello Barros y el tercero, también pintor, Eugenio Fernández Granell.
Es mi intención en esta ocasión presentar a estos tres gallegos cuyos nombres serán desconocidos a la joven generación de estudiantes universitarios. Para otros, no tan jóvenes, les será de grata recordación, y para nuestros distinguidos visitantes gallegos, son figuras casi legendarias, cuya vida y producción artística quedó separada o, mejor dicho, desgajada de la historia del arte gallego, y que estoy segura también querrán conocer. Comenzaré a presentarlos por orden de llegada a Puerto Rico y acompañaré la información con algunas ilustraciones.
Francisco Vázquez Díaz nació en Santiago de Compostela el 7 de septiembre de 1898. Su padre fue cantero. Posiblemente la herencia —177→ paterna por un lado, y por el otro, la riqueza artística de la tradición de la talla en piedra de la monumental ciudad compostelana tuvo que ver en la formación del joven escultor.
Cursó estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Santiago y luego se trasladó a Madrid donde trabajó en los talleres de Emiliano Sánchez y en los de Lizárraga y Herráiz. También estudió con los escultores Mateo Inurria y José Capuz.
En 1927 montó una exposición al aire libre en las escalinatas del edificio de las Cortes Españolas en la Carrera de San Gerónimo. La Policía lo desalojó del lugar y entonces el artista marchó con las piezas a la Plaza de la Cibeles y más tarde a la Plaza Castelar. Como resultado de esta atrevida acción, la exposición efímera le dio a conocer en los círculos artísticos madrileños y comenzó a recibir encargos y nuevos proyectos.
En esta época decidió adoptar el pseudónimo de «Compostela», nombre de su ciudad natal, y porque además, ya se conocía un artista con los mismos apellidos, el pintor Daniel Vázquez Díaz.
Un par de años después, hizo los trabajos decorativos del Pabellón de Galicia para la Exposición Iberoamericana celebrada en Sevilla. En 1930 recibió una beca de la Junta de Ampliación de Estudios y marchó a París donde trabajó en un taller de escultura y en una fábrica de vitrales, donde adquirió más experiencia. Al año siguiente, regresó a España y expuso en el Museo de Arte Moderno de Madrid, en la Asociación de Amigos del Arte en Santiago y en los Casinos de Vigo y La Coruña.
Al comenzar la guerra ingresó en el ejército republicano. Fue el escultor oficial del Quinto Regimiento y su labor consistía en hacer las mascarillas de los muertos. Su preocupación ante la terrible situación por la que pasaba España, le llevó a esculpir varias obras con un contenido satírico y mordaz, como por ejemplo, una pieza que representaba el oso, el oso madrileño, dándole con el árbol de madroño al general Franco en la cabeza. También en esa época colaboró con escritos en las revistas antifascistas, Nueva Galicia y El Miliciano Gallego.
Cuando terminó la Guerra Civil marchó a Francia donde estuvo de refugiado en varios campos de concentración hasta que la SERE (Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles) lo embarcó, como a tantos miles de españoles, rumbo a América. Llegó a la República Dominicana, en el vapor De La Salte, el 19 de diciembre de 1939. Permaneció varios meses en la Ciudad de Trujillo, como se llamaba entonces —178→ a la capital dominicana. Instaló un taller en la calle Arzobispo Merino y trabajó en varios encargos que le hiciera el rector de la Universidad de Santo Domingo, don Julio Ortega Frier. Entre éstos, los retratos del educador puertorriqueño Eugenio María de Hostos, el del Presidente Jacinto Peynado y el del General Rafael Trujillo.
Por mediación del Dr. Ángel Rodríguez Olleros, médico español refugiado en Puerto Rico, recibió una invitación para conocer la isla. Llegó a San Juan el 12 de octubre de 1940. Al mes siguiente tuvo una exposición en la Universidad. Presentó obras esculpidas en maderas tropicales, entre ellas varios retratos y representaciones de animales. La profesora Margot Arce, que dictaba cátedra en el Departamento de Estudios Hispánicos, publicó una reseña sobre la exposición del escultor gallego. Y dice doña Margot:
Compostela es maestro en el difícil arte de la talla directa. La madera, la piedra, cobran vida, plasticidad, vibración bajo los golpes de su gubia o de su cincel. De esa lucha tan inmediata con la materia resistente e informe van brotando los ritmos que descubren la presencia inefable del espíritu. Las masas y las líneas se organizan en una composición serena, o palpitan con dinamismo poderoso, como si la vida animara las formas inertes. El alma del escultor trasciende a la materia sin intermediarios. Los trazos son precisos, de áspera energía, con un dominio acabado de todos los recursos técnicos. El modelo vivo se purifica y se reduce a esquemas de líneas y de volúmenes que revelan lo expresivo y destacan los rasgos particulares y personales de más honda verdad psicológica. Los juegos y contrastes de luces y de sombras destacan las calidades táctiles del dibujo, la hábil disposición de las masas, lo característico del modelo, que lo define como una realidad señera, única2. |
A fines de noviembre Compostela presentó otra exposición en el Ateneo Puertorriqueño. Durante la noche de apertura su paisano y exiliado también, el historiador del arte, Sebastián González García, hizo la presentación del artista:
—179→Con la obra del Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago, obra del Maestro Mateo, se señalan rumbos en la escultura compostelana. Para siempre, serán pautas de los talleres locales, dos de las características de Mateo; la talla directa y el gusto por la representación de animales3. |
Compostela recibió numerosos encargos para llevar a cabo retratos. Por ejemplo, para la Sala Puertorriqueña de la biblioteca, la Universidad de Puerto Rico le encomendó la talla del busto de Antonio S. Pedreira, destacado intelectual puertorriqueño, profesor y director del Departamento de Estudios Hispánicos, quien recién había fallecido. Pedreira fue fundador de esta sala y, tras su muerte, la viuda donó su colección de libros.
A partir de 1942, el artista decidió asentarse en Puerto Rico y en diciembre de ese mismo año contrajo matrimonio con la destacada profesora Margot Arce, con quien procreó tres hijos (Francisco Rafael, Carmen y María Consuelo). Durante dos décadas (1942-1962) la producción de retratos fue bastante prolífica. Entre ellos cabe mencionar el del doctor Ramón Lavandero, el del profesor Rafael W. Ramírez, el del pensador Eugenio María de Hostos, el del actor cómico Ramón Ortiz del Rivero -Diplo-, el del cellista Pablo Casals y el del profesor Facundo Bueso, entre tantos otros. Para estos retratos Compostela utilizó maderas locales como la caoba, el aceitillo y el ausubo. También de extracción local trabajó la piedra pedernal, el granito y el mármol de Barranquitas. Hizo además varias obras en bronce, tanto retratos como figuras de animales; por ejemplo, Los Alcatraces, monumento colocado en el área de Puerta de Tierra, a la entrada de la isleta de San Juan.
Durante los cuarenta y ocho años que Compostela vivió en Puerto Rico llevó a cabo también una labor docente. En 1943 fue contratado como instructor del Colegio de Artes Industriales, departamento adscrito a la Facultad de Pedagogía de la Universidad de Puerto Rico. Allí ofreció cursillos de vaciado en yeso, modelado en barro, talla en madera y repujado en cuero. Al ponerse en práctica la reforma curricular en 1948, se le ofreció al artista un trabajo de siete horas diarias para atender grupos de veinte estudiantes, con un sueldo de $1.800 dólares anuales. Tantas horas de trabajo rendidas por sólo $150 al mes no era un ofrecimiento razonable por lo que Compostela decidió renunciar. Desgraciadamente —180→ , la renuncia fue aceptada y la Universidad perdió un buen maestro de talla en madera y piedra para la Escuela de Artes Industriales.
En 1957, por recomendación de Ricardo Alegría, Compostela fue nombrado director del taller de escultura del Instituto de Cultura Puertorriqueña, labor que rindió en la institución hasta 1968, ya como profesor de la Escuela de Artes Plásticas, adscrita al Instituto. Allí adiestró a varios jóvenes en las técnicas de la talla en madera, en piedra y el vaciado en bronce. Entre sus discípulos más destacados cabe mencionar a: José Alicea, los hermanos Teófilo y Tomás Batista y Rafael López del Campo.
Compostela fue un trabajador incansable. Llevó a cabo varias exposiciones individuales y colectivas. Para sus obras utilizó varios materiales: maderas locales, piedras, mármoles y bronce; utilizó el tema del retrato y las figuras de animales, siendo el pingüino su preferido desde la década de los veinte hasta los ochenta. El sentido de humor y la crítica mordaz hizo que el artista representara estos pingüinos humanizados. Cabe mencionar algunas obras tituladas: El pingüino escultor, El pingüino pintor, La orquesta de los pingüinos, etc. Sobre este tema Salvador Tió apunta:
Siguiendo la tradición española de ver primero las cosas, creo que ha sido Compostela el primero en ver y aprovechar las características casi humanas del pingüino para hacer con ellas su obra de mayor significación. Se prestaba el hallazgo para ironizar, para caricaturizar, y Compostela lo ha aprovechado dignamente... y profusamente4. |
La considerable producción de obras hechas por Compostela en Puerto Rico, la variedad en técnicas y temática, el manejo de los materiales, la destreza y pulcritud en los acabados, caracterizan su obra. Además, sus enseñanzas en los talleres de arte y la cantidad de monumentos de carácter público que se conservan en el país son pruebas evidentes de la importancia que tiene su obra en la historia de la escultura en Puerto Rico. Definitivamente, Compostela es una figura decisiva en el desarrollo de la escultura puertorriqueña.
El artista falleció a consecuencia de un fallo renal el 21 de febrero de 1988.
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El pintor Botello Barros nació en Cangas de Morrazo, en la provincia de Pontevedra el 20 de junio de 1913. Cursó sus estudios primarios en el Colegio de los Jesuitas de Vigo. Cuando tenía once años, falleció su padre, y la familia -su madre y cuatro hermanos- decidió trasladarse a Burdeos. Allí Ángel estudió en L'Ecole des Beaux Arts desde 1930 hasta 1934 y participó en algunas exposiciones locales. En 1935, Botello regresó a España y recibió una beca de la Diputación Provincial de Pontevedra para llevar a cabo estudios en la Academia de San Fernando en Madrid. Estos quedaron truncados a causa de la guerra y fue reclutado por el ejército republicano. Estuvo en el regimiento comandado por el General Líster y trabajó en la preparación de planos cartográficos. Al finalizar la contienda, Ángel y su familia huyeron a Francia donde permanecieron por algún tiempo en un campo de refugiados. En junio de 1939 embarcaron en el vapor De La Salle rumbo a las islas del Caribe. La ruta cubría varias islas francesas, y en la Guadalupe tomaron un barco que hizo escala en Puerto Plata, República Dominicana, donde desembarcaron y permanecieron hasta 1941.
En ese mismo año Botello llegó a Puerto Rico invitado por la Universidad. Aquí se encontró con varios amigos, como Compostela, que ya se habían marchado de la República Dominicana por la represión del gobierno trujillista y se habían establecido en la isla vecina. La exposición en la Universidad se llevó a cabo unos días después de su llegada, a fines de mayo. La actividad fue un éxito y un mes más tarde, el pintor presentó otra exhibición en el Salón de Actos del Casino. El Ateneo auspició también la exposición y la doctora Margot Arce hizo la presentación del artista:
Observa Luis Palés Matos, mirando los paisajes tropicales de Botello Barros, que el ojo extranjero casi siempre capta con más fidelidad que el nuestro la luz y el color de estas tierras; acaso porque la relación diaria constante embote la perspicacia del mirar.5
En —182→ una entrevista que le hizo el periodista Arturo Ramos Llompart, Botello Barros confesó:
En estas islas he hallado motivos pictóricos de valor inapreciable. Gozosamente me he sumergido en el color, en la luz, en esa cálida sensualidad que emana del ambiente. No quiero que esto se tome como adulación; pero le aseguro que siempre soñé con pintar el Trópico. No se puede imaginar usted el placer estético que he experimentado captando para el lienzo estas playas doradas y el mar azul, las negritas de piel bruñida, las telas polícromas... Toda mi pasión de artista se ha centrado en ese objetivo: pintar el Trópico.6 |
En 1942 Botello viajó a La Habana donde permaneció casi un año. En 1944 se trasladó a Haití, residió en Puerto Príncipe, se casó con Christianne Auguste y llevó a cabo varias exposiciones en el país así como también hizo varios retratos para el Presidente Elie Lecot y su familia.
En junio de 1947, el matrimonio Botello hizo una corta visita a San Juan y un año más tarde regresaron a la isla. Durante esta tercera etapa en Puerto Rico, 1948-1950, Ángel fue profesor de pintura de la Academia de Arte de Edna Coll. Además, en marzo de 1948 expuso treinta obras en la Sala de Exposiciones de la Universidad. En esta ocasión, presentó trabajos hechos en Haití (paisajes, desnudos, escenas costumbristas y del folklore haitiano), varios retratos de damas puertorriqueñas y un retrato de su esposa Christianne. Botello marchó a Nueva York en 1950 y se estableció en la ciudad por un período de tres años.
En 1953 regresó a Puerto Rico y decidió radicarse definitivamente en San Juan. A finales del año, Botello se asoció con una diseñadora norteamericana, y juntos establecieron la Galería de Arte Las Antillas en el Hotel Caribe Hilton. El concepto fue innovador en la isla, pues el lugar presentaba obras de pintura, escultura, talla en madera y cerámica, además, vestidos de mujer y joyería con motivos y diseños propios del Caribe: temas indígenas y africanos. Botello se interesó por las piezas de imaginería popular, tradición de la artesanía puertorriqueña que comenzaba a extinguirse. El artista logró rescatar muchas de estas piezas -santos de palo- los limpiaba y restauraba con gran aprecio y sentido —183→ del valor artístico que las piezas tenían. Interesado en difundir este trabajo manual invitó a los artesanos a vender sus obras en su local. Las Antillas fue prácticamente la primera galería de arte que se dedicaba en el país con una prolongada duración.
La Galería Las Antillas permaneció en el local del Hotel Caribe Hilton hasta 1960, fecha en la cual Botello la trasladó al bajo de una hermosa casa en la Calle del Cristo en el Viejo San Juan, restaurada por el propio artista. A través de la Galería Botello, su nuevo nombre, el pintor divulgó su obra e hizo los contactos para exponer en el exterior, logrando un sitial destacado en el mercado local y sobre todo norteamericano. Ángel y su esposa Christianne tuvieron la visión de integrarse al auge del turismo en Puerto Rico que se inició en la década del sesenta. En 1968, abrieron una sucursal de la galería en el centro comercial Plaza Las Américas, en Hato Rey. Ambas galerías han ayudado a promover la obra de los artistas puertorriqueños. La Galería Botello fue y sigue siendo una de las más importantes del país.
La pintura de Botello antes de llegar a América seguía el estilo impresionista, producto con toda probabilidad de su educación francesa; ejemplo de ello son los paisajes gallegos de gran colorido y de cortas y sueltas pinceladas. Pero la primera etapa caribeña de la obra de Botello, 1939-1949, se caracterizó por la intensidad cromática y las figuras femeninas de gran sensualidad, así como los paisajes de vegetación exuberante, obras que podría considerarse bajo un estilo más a lo Paul Gauguin. A partir de la década de los cincuenta el artista comenzó a esquematizar las figuras, enfatizando el dibujo, en algunos casos cabezas de rasgos indígenas casi monocromas. Sin embargo, fue en los años sesenta que Botello generó no sólo una producción inmensa sino también una variación en los medios: pintura, escultura en metal, litografía y serigrafía. Su estilo se inclinó hacia unos temas más característicos: los niños, inspirados en sus hijos (Manuel, Juan y Françoise) son figuras constituidas con formas cuasi picassianas y con colores fuertes: rojo, azul, verde y amarillo.
Botello fue un trabajador incansable. Tras una prolongada enfermedad el artista falleció en San Juan el 11 de noviembre de 1986.
Eugenio Fernández Granell nació en La Coruña el 28 de noviembre de 1912. Estudió el bachillerato en Santiago de Compostela y marchó a Madrid donde prosiguió estudios de música en el Conservatorio Nacional, —184→ especializándose en violín. Su afición por la literatura se reflejo desde la adolescencia cuando, junto a su hermano Mario, realizaba manualmente la revista SIR (Sociedad Infantil Revolucionaria). Más tarde, en Madrid, colaboró con las revistas de vanguardia: Nueva España, El Pueblo Gallego, Leviatán y Pan (Poetas, Artistas y Navegantes). Sus ideas liberales se canalizaron a través de su ingreso, en 1932, a la Opción de Izquierda (Izquierda Comunista) dirigido por Andreu Nin, y en 1935 por el ingreso al POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), colaboró en las revistas del partido: La Batalla, La Nueva Era, El Combatiente Rojo, e hizo crítica de arte para la revista Poum. En Madrid participó también en las tertulias de intelectuales en la Granja de El Henar y conoció entre otros a los hermanos Eduardo y Rafael Dieste, ambos escritores, al crítico de arte Santiago Arbos Ballesté, los pintores Torres García, Wifredo Lam y Cándido Fernández Mazas.
Durante la guerra, participó con las milicias del POUM y fue comisario de guerra de la Brigada 74 en el frente del este. Mientras tanto, colaboraba con la revista Hora de España, publicada en Valencia. Posteriormente se trasladó al frente de Cataluña, pero el 13 de febrero de 1939 salió de España hacia Francia donde estuvo en varios campos de concentración. Finalmente, en Le Havre embarcó rumbo a Chile en el vapor De La Salle; no obstante, el destino final fue la República Dominicana.
El 24 de febrero de 1940 arribó a Puerto Plata junto a Amparo Segarra, la que sería su esposa. Por un tiempo permanecieron en la colonia agrícola de Dajabón, pero más tarde se trasladaron a Ciudad Trujillo, donde Fernández Granell se dedicó a ofrecer clases de violín y a diseñar muebles. Poco a poco se fue integrando al ambiente cultural dominicano y se asoció al grupo literario de vanguardia, la Poesía Sorprendida, compuesto por el chileno Alberto Baeza Flores y los dominicanos Franklin Mieses, Freddy Gatón Arce y Mariano Lebrón Sauvignon. En octubre de 1943 el grupo publicó la revista La Poesía Sorprendida, en la cual Granell colaboró con textos y viñetas.
Un año después de llegar a Santo Domingo, nació su hija Natalia, y Granell comenzó a pintar profesionalmente. Además, colaboró con el compositor español, también exiliado, Enrique Casal Chapí en la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional y también fue violinista de la misma. Comenzó sus reportajes periodísticos en La Nación, sobre arte, literatura y música. Uno de sus primeros artículos fue la entrevista a André Breton en el Hotel Palace de Ciudad Trujillo. Breton, máximo exponente del surrealismo, llegó a Santo Domingo, procedente de Martinica, junto —185→ a su familia y varios amigos; entre ellos, el pintor cubano Wifredo Lam y el teórico francés, Pierre Mabille. Los Breton permanecieron sólo unos días, pues continuaron su viaje a Nueva York.
Entre las actividades que Granell llevó a cabo en Santo Domingo, cabe mencionar la ilustración de libros, el diseño de escenografías para teatro y guiñol, la participación en varias exposiciones de arte, la adaptación de textos literarios para obras de teatro, la colaboración en varias revistas y la fundación del Círculo de Bellas Artes, junto a otros españoles exiliados, Manolo Pascual y Alfredo Matilla.
El distinguido intelectual Javier Malagán apunta:
Granell era sin duda el más polifacético de la emigración republicana en Santo Domingo, pues figuró en la mayoría de las actividades culturales de la misma y de modo destacado: poeta, periodista, novelista, pintor, música....7 |
La obra pictórica de Fernández Granell se inició en Santo Domingo, donde se desarrolló de manera ininterrumpida. Granell se empapó de los colores, las formas y también de la mitología y el folclore caribeño. Inventó su propio repertorio, personajes y folclore, como las cabezas de indios. No obstante, su estilo es europeo, adquirido en Europa, hacia el año 1934 o 1935, con anterioridad a su viaje y peregrinaje americano. La influencia del surrealismo es determinante en su obra, sobre todo captado a través de la revista Minotaura. El propio artista confiesa:
Bueno, fue a través de esta revista que trajo de París Fernández Mazas. Ante ella quedamos asombrados por la belleza y la originalidad de las pinturas, de las fotografías y de los textos de Paul Eluard, Luis Aragón, Breton, Benjamín Péret. En fin, conocimos a los principales expositores de las teorías y de las ideas surrealistas y nos influyó a todos muchísimo, y a mí muy especialmente.8 |
En —186→ octubre de 1946, la familia Fernández Granell se vio obligada a abandonar Ciudad Trujillo, debido a la negativa del artista a firmar la carta de apoyo al General Trujillo. Marcharon a Guatemala donde permanecieron por tres años.
Granell fue invitado a presentar una exhibición en la Sala de Exposiciones de la Universidad de Puerto Rico en abril de 1946. El artista envió las piezas pero no pudo viajar para estar presente en la exposición. La prensa cubrió el evento en un interesante artículo de Alfredo Matilla quien presentó el surrealismo de Granell al público puertorriqueño, limitado entonces con relación a las obras surrealistas.
A mediados de septiembre de 1949, la Universidad de Puerto Rico volvió a presentar una exposición de Granell. En esta ocasión el artista viajó a la isla para mostrar su colección de cuarenta y cuatro obras. Fue entonces que le fue ofrecido un contrato para enseñar en la Universidad. En enero de 1950 llegó a San Juan junto a su familia: su esposa Amparo, su hijastro Elton Anglada y su hija Natalia. Se instaló en un ambiente académico con personas conocidas, distinguidos intelectuales españoles exiliados como él: Segundo Serrano Poncela, Alfredo Matilla, José Medina Echevarría, Juan Ramón Jiménez y Federico de Onís, entre otros. Granell fue profesor del Departamento de Bellas Artes de la Facultad de Humanidades desde enero de 1950 hasta julio de 1961. Dictó los cursos de pintura, dibujo e historia del arte y fue director de la Sala de Exposiciones. La versatilidad artística de Granell, demostrada en la República Dominicana y también durante su estancia en Guatemala, lo llevaron a una creación y diligencia continua en este nuevo exilio.
Su labor docente fue muy importante porque por su espíritu innovador y comunicativo logró orientar a varios puertorriqueños hacia la vanguardia artística. Granell organizó exposiciones de sus discípulos y expuso con ellos. En julio de 1952, se presentó la primera de estas exposiciones. La doctora Monelisa Pérez Marchand comenta:
Esta exposición de los trabajos pictóricos de los discípulos del pintor Fernández Granell nos parece índice claro de tres cosas por lo menos: en primer lugar, la habilidad del maestro para comunicar a sus estudiantes el carácter liberador de la actividad artística, en segundo y tercer lugar, la rica intuición plástico-poética y la capacidad de nuestro pueblo para incorporarse a las formas vivas de expresión artística de nuestra época.9 |
En —187→ marzo de 1956 Granell volvió a exhibir con sus discípulos, entre los que figuran: Roberto Alberty, Otto Bravo, Frances del Valle, Rafael Ferrer, José María Lima, Luis Maisonet, Julio Rosado del Valle y Ernesto Ruiz de la Mata. El hermoso y sencillo catálogo de la exposición fue diseñado y hecho a mano por Granell y sus estudiantes. Junto al maestro, algunos de estos jóvenes fundaron ese mismo año el grupo Mirador Azul y elaboraron un portafolio de dibujos utilizando varios medios como la tinta, la aguada y la acuarela. A tono con la corriente surrealista también inventaban diálogos y juegos -Las encuestas / Juegos surrealistas. Los jóvenes se reunían con el maestro y ante preguntas sin ningún orden concreto, respondían de acuerdo a su imaginación, como si fueran juegos del inconsciente10.
Granell se mantuvo en comunicación con algunos de los dirigentes del Surrealismo. En 1950 dos dibujos suyos ilustraron el Almanach Surréaliste du Demi-Siécle, publicación coordinada por André Breton y Benjamín Péret. Durante el verano de 1954, Granell dirigió un viaje a Europa para un grupo de estudiantes de la Universidad de Puerto Rico. En París se reunió nuevamente con Breton, Péret y Lam, asistió a las reuniones en el Café Alfred de Musset, centro de tertulias de los surrealistas, y logró una exposición individual en la Galería L'Etoile Scellé en la cual presentó obras pintadas en Puerto Rico. En 1952 viajó a Nueva York y allí conoció a Marcel Duchamp, cofundador del Dadaísmo y escritor asociado al Surrealismo.
La vena literaria de Granell continuó con fluidez. En la Universidad de Puerto Rico colaboró con las revistas Universidad y La Torre, para las cuales ilustró y escribió artículos. En 1951 publicó en la Editorial Caribe un magnífico libro escrito e ilustrado por él con dibujos a tinta china, Isla cofre mítico, con una tirada de 250 ejemplares. Estelle Irizarry apunta sobre el hermoso libro de Granell:
Isla cofre mítico tiene algo de poesía, ensayo, biografía, estudio literario y divagación lírica... Pero el libro de Granell es también una reacción creativa a otro de Breton: Martinique Charmeuse de Serpents. Isla es un viaje espiritual y literario que fue impulsado por una maravilla surrealista... Es un tributo al libro de Breton y una crónica al redescubrimiento del ensueño, la fábula, y la libertad de América, llevado a cabo por surrealistas europeos.11 |
Granell —188→ renunció a su plaza en la Universidad de Puerto Rico para establecerse en Nueva York, donde permaneció ofreciendo cursos de literatura española en el Brooklyn College hasta su jubilación en 1982. Tres años más tarde, el matrimonio Granell trasladó su residencia a Madrid donde actualmente residen. Sin duda, su traslado a Nueva York le permitió un mejor acercamiento al Surrealismo de vanguardia y le abrió nuevas puertas para dar a conocer su arte. La etapa puertorriqueña, así como la dominicana, en la pintura de Granell fue decisiva en el desarrollo de su obra. La composición, el dominio del color y la forma son notables en esta época, así como también los cambios que empezaron a gestarse partiendo de una figuración hacia elementos un poco más abstractos, texturas más rugosas y pinceladas más cortas.
El genio creativo de Granell le lleva a trabajar la plástica y la literatura, y al respecto nos dice Pablo Jiménez:
Una de las cosas que más sorprende dentro de la producción de Eugenio Granell es la diversidad de géneros en los que apoya su práctica surrealista: la poesía, el relato, la crónica, por supuesto la pintura y el dibujo, la fotografía, el collage, el ready-made e incluso, aunque sólo sea como proyecto, el cine. Esta múltiple experiencia permite un acercamiento muy rico al trasfondo que anima todo su trabajo, y la aventura de encontrar unas claves comunes, de rastrear lo que queda del propio artista tras las exigencias e incluso las seducciones de cada género, está todavía por emprenderse. Ya que, sin ir más lejos, quedan parcelas enteras de la producción de Granell que todavía se resisten al estudio. Cuando precisamente en un artista de las características de Eugenio Granell, en el que la fuerza (sic) la unidad de la mirada se anteponen a cualquier otra consideración, este tipo de trabajo sería realmente importante.12 |
La presencia de Granell en Puerto Rico -nueve años- fue muy importante para el desarrollo de un arte de vanguardia en el país. El surrealismo granelliano con su actitud y espíritu innovador ayudó a —189→ sentar las bases para establecer un arte más acorde con la época. Mediante sus cursos de arte, conferencias, exposiciones y manejo de distintos medios, Granell logró despertar las inquietudes de varios artistas jóvenes que a partir de los sesenta hasta los noventa han sorprendido y continúan haciéndolo con su arte. Uno de ellos fue Roberto Alberty y otro es Rafael Ferrer. Para ellos, Granell fue siempre su maestro, aunque cada uno siguió vertientes de estilos diferentes.
El artista sigue muy activo, especialmente tras el establecimiento de la Fundación Granell en Santiago de Compostela, institución que albergará toda su colección.
María del Pilar González Lamela, puertorriqueña, realizó sus estudios en la Universidad de Puerto Rico y en la de Florida, y se doctoró en la Universidad de Valladolid con una tesis sobre la Guerra Civil Española y el exilio artístico en Cuba, República Dominicana y Puerto Rico. Actualmente es catedrática del Departamento de Bellas Artes de la Universidad de Puerto Rico, y participa en la redacción de catálogos de exposiciones de artistas, así como en revistas especializadas de Arte.
—190→Compostela junto al retrato de su esposa la doctora Margot Arce.
—191→Madre e hijo. Escultura de Compostela.
—192→Máscara de Pedro Albizu Campos hecha por Compostela.
—193→Compostela junto al Monumento dedicado al doctor Facundo Bueso, URP, 1965.
—194→Bahía de Panjón. Ángel Botello Barros, 1935. Óleo sobre lienzo.
—195→Hermanas haitianas. Ángel Botello Barros en la exposición del artista en la URP, 1948.
—196→Christianne. Ángel Botello Barros, 1953. Óleo sobre lienzo.
—197→André Breton y Eugenio Fernández Granell en Ciudad Trujillo, 1941.
—198→Mujeres llorando a Castelao. E. Fernández Granell. c. 1950. Carboncillo.
—199→Retrato póstumo de Baltasar Gracián. E. Fernández Grannell. 19545. Óleo sobre lienzo.
—200→E. Fernández Granell y sus discípulos en la UPR.
—201→Exposición A. Botello Barros. UPR. Marzo 1948. Botello y A. Matilla.











