Ibérica por la libertad
Volumen 9, N.º 1, 15 de enero de 1961

¿Pasarán el puente?
IBÉRICA es un boletín de información dedicado a los asuntos españoles y patrocinado por un grupo de americanos que creen que la lucha de España por la libertad es una parte de la lucha universal por la libertad, y que hay que combatir sin descanso en cada frente y contra cada forma que el totalitarismo presente.
IBÉRICA se consagra a la España del futuro, a la España liberal que será una amiga y una aliada de los Estados Unidos en el sentido espiritual y no sólo en sentido material.
IBÉRICA ofrece a todos los españoles que mantienen sus esperanzas en una España libre y democrática, la oportunidad de expresar sus opiniones al pueblo americano y a los países de Hispano-América. Para aquellos que no son españoles, pero que simpatizan con estas aspiraciones, quedan abiertas así mismo las páginas de IBÉRICA.
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Durante unos quince años -desde el 40 al 55- el gobierno de Franco vivió una era de verdadera prosperidad y tranquilidad. A raíz de su victoria las hoy llamadas «nuevas generaciones» andaban aún de pantalón corto. El pueblo adulto se dividía de modo tajante en vencedores y vencidos; aquéllos, satisfechos y repletos de orgullo y de dinero; éstos, aterrorizados por la inmensa sangría de la guerra civil, por las cárceles y el hambre. Nadie se atrevía a hablar sino delante de amigos seguros. Únicamente cuando la ONU condenó el régimen opresor, algunos empezaron a levantar la voz en los lugares públicos. Pero la alegría duró poco tiempo, y los grupos que soñaban con romper su larga clandestinidad tuvieron que dejar para más tarde todo intento de actuación, abierta o solapada, en el ámbito nacional.
En aquel entonces, Franco hubiera podido parafrasear la famosa contestación dada por el ministro Sebastiani en septiembre de 1831 a la Cámara de Diputados francesa para explicar el aplastamiento de Varsovia por las tropas rusas, y decir a su vez: «de ahora en adelante el orden reina en España».
En 1956, esa falsa paz cimentada con sangre y ya resquebrajada por la presión exterior se rompió definitivamente con el surgimiento de las nuevas generaciones. El gobierno se percató entonces de que la juventud se le escapaba de las manos. Hasta hoy no ha logrado recobrarla.
Este despertar no hubiera tenido quizás tanto alcance si no coincidiera también con el malestar de los jóvenes sacerdotes. Ante la vida escandalosa y grotesca que les ofrecía la alta sociedad española, muchos empezaron a inquietarse sinceramente y a preguntarse si todo aquello que veían no se asemejaba más a Sodoma y a Gomorra que al mundo cristiano predicado por los evangelistas.
Hasta tal punto llegaron la inquietud de los unos y el escándalo de los otros, que incluso algunas de las altas jerarquías de la Iglesia pensaron en ir atenuando poco a poco su complicidad con el régimen. Así, el obispo de Málaga, don Ángel Herrera -que en plena guerra civil se negó a hacer una gestión con las autoridades franquistas para evitar el asesinato del diputado católico Carrasco y Formiguera-, defraudado tal vez por la política social del régimen, no vaciló en declarar lo siguiente en su Carta Pastoral del 12 de enero de 1956:
Poco después, desde otro sector de la Iglesia -el de los jesuitas-, el Padre José María Díaz Alegría pronunció en Madrid el 5 de abril una conferencia en la Cámara de Comercio sobre las responsabilidades del catolicismo español en torno al tema del salario. Frente a un público desprevenido y que seguramente esperaba oír vagas exhortaciones al ejercicio de la caridad, el Padre Díaz Alegría concretó en ocho puntos el problema obrero español:
Como es natural, éstas y otras manifestaciones parecidas, que por falta de espacio no podemos reflejar aquí, dieron un enorme aliento a las juventudes politizadas -pertenecientes o no al sector católico-, pues por fin veían alguna reacción del lado de la Iglesia. A partir de ese momento le sería más difícil al gobierno sostener que la oposición era tan sólo «comunista» y hacérselo creer a la opinión extranjera.
Al socaire de este despertar, los grupos dinámicos de la Iglesia, la HOAC (Hermandad Obrera de Acción Católica), la JOC (Juventud Obrera Católica), y otros menos importantes, pero tan combativos, como los del Padre Marañón o de Julio Cerón, cobraron valor y esperanza. Pese a la represión policíaca (en el mismo mes de abril de 1956 encarcelaron a los comités directivos de la JOC de Sabadell y de Tarrasa), siguieron difundiendo noticias, elaborando documentos sobre la situación del país y extendiendo su influencia entre las clases más desfavorecidas. En el norte de España, saltándose a la torera las prohibiciones y la censura, seis sacerdotes, dos abogados, un catedrático y dos obreros reaccionaron ante el aplazamiento del Congreso del Apostolado Seglar que debía celebrarse en la segunda quincena de noviembre de 1956 y entregaron a la opinión pública el magnífico Informe sobre la situación del catolicismo español en la sociedad actual, en cuyas páginas, una vez más, se denunciaban las monstruosas características de la alta burguesía española: «su entrega sin hondura ni consistencia religiosa al disfrute bobo e inelegante de la paz actual; su desentendimiento de todo noble afán de justicia social y de mejoramiento del pueblo; su lujo injustificado e insultante; su inmoralidad, cuyo aumento hace aumentar en proporción la hipocresía, y su fiero egoísmo».


En aquel invierno de 1956 se produjo también otro hecho importante: la toma de posición de la Agrupación Socialista Universitaria frente a la Iglesia Católica. Después de largas conversaciones sostenidas con los grupos católicos de izquierda y con el obispo de Solsona, secretario del Episcopado Español, los jóvenes de la ASU decidieron elevar al referido prelado un escrito, en marzo de 1957, en el que no sólo se hacía el proceso del régimen actual, sino que se definía de un modo nuevo el pensamiento de las nuevas generaciones socialistas ante el contenido social del catolicismo. En efecto, rompiendo con una tradición anticlerical que no siempre, justo es reconocerlo, careció de justificaciones, la ASU hizo la siguiente declaración:
El gobierno franquista, inquieto ante todas estas manifestaciones, arreció la represión. Constantemente nos llegaban al exterior noticias acerca de las detenciones y malos tratos sufridos por nuestros camaradas en España. Al ver que, pese a tener metido el dedo en la llaga, las altas jerarquías de la Iglesia seguían observando una actitud de prudencia y de espera, decidimos elevar al Vaticano un expediente sobre el problema de nuestra patria. El 26 de junio de 1957 salieron para Roma nuestros documentos, acompañados de una carta dirigida a Pío XII en la que, entre otras, se hacían las siguientes advertencias y consideraciones:
Esta carta que acompañaba el expediente sobre España fue recibida, nos consta, por el Papa Pío XII. En vano esperamos la contestación. En cuanto al derecho de asilo, que solicitábamos para nuestros camaradas, nada sabemos hasta la fecha de que haya sido permitido, ordenado o concedido.
Naturalmente, este abandono de los fieles por parte de la mayoría de las más altas jerarquías de la Iglesia, unido a la diplomática abstención del Vaticano y a las brutales persecuciones de la policía franquista, terminó por crear en España una especie de «Iglesia del silencio» compuesta por las asociaciones clandestinas de militantes católicos. Durante la Pascua de Resurrección de 1958 -año poco marcado por acontecimientos en el orden religioso-, la Agrupación de Católicos Independientes de España (ACIE) dirigió desde la clandestinidad una Carta Abierta a los cinco Obispos Procuradores en Cortes donde, después de justificar la ausencia de firmas por el temor de la máquina represiva del Régimen, denunciaban la complicidad de la Iglesia y la extraña actitud de los destinatarios del documento: «Es inquietante para los católicos el silencio reiterado de Vuestras Excelencias en asuntos políticos que hubieran merecido una palabra de la jerarquía. Nos disgusta que ese silencio pueda interpretarse como una tácita aprobación de los métodos del Régimen (...). Hay que reconocer que el pueblo sencillo -por una visión simplista, difícil de remover en estos momentos- considera a la Iglesia española cómplice de las inmoralidades que ha cometido y comete el Régimen (...). No obstante, el pueblo tampoco ignora que el Estado actual procura, con habilidad luciferina, servirse de la Iglesia, según la expresión afortunada del cardenal Ottaviani, y no la sirve más que en lo que le parece, porque la situación social proclama que el Régimen no cumple -y lo pretende cínicamente- los principios del Código de Malinas y de las encíclicas de León XIII. Los Sindicatos no son católicos, según lo expuso con clarividencia una pastoral del obispo de Canarias, Dr. Pildain. Es voz popular que se restringe la difusión de algunas pastorales y se mutilan los discursos del Papa -así el de la opinión pública- en todo aquello que no favorezca a la dictadura (...). De todo tiene noticia el pueblo español que soporta con repugnancia a un Régimen que alardea ostensiblemente de católico mientras mantiene vivo -y lo recuerda en conmemoraciones oficiales- el odio de la guerra civil.»

Al final de este doloroso escrito, pedían los católicos independientes que los Obispos Procuradores en Cortes dimitieran exponiendo sus razones, o bien que, aprovechando el mismo juego del régimen, acelerasen desde dentro su caída, y, en todo caso, deshiciesen públicamente el equívoco según el cual la Iglesia gobierna el país. Los Obispos Procuradores se guardaron muy bien, claro está, de manifestar la más mínima reacción pública.
El año 1958 terminó sin mayores incidentes, salvo el durísimo sermón dado el 8 de diciembre por Don Aureli María Escarré, abad de Montserrat, en respuesta a un discurso pronunciado por el gobernador civil de Barcelona el 30 de noviembre contra el resurgir del catalanismo, en el que, implícitamente, acusaba de complicidad al Padre Escarré. A principios de enero de 1959 circuló por toda Cataluña un escrito exhortando al pueblo a que se solidarizara con la actitud adoptada por el abad.
En marzo, los católicos volvieron al ataque. Esta vez la denuncia corrió a cargo de «Els católics amatents de les 8 diócesis catalanes» que elevaron un escrito al arzobispo de Tarragona y a los obispos de Lérida y de Tortosa, pidiéndoles que rectificasen su actitud «decididamente política y anticatalana» y cesasen de calificar a Franco de «hombre providencial», «campeón del cristianismo», «dedo de Dios», «heroico gonfaloniero de la Iglesia» y otras cosas por el estilo. Con cierta ironía estos católicos catalanes le decían a sus obispos: «¿Creen VV. EE. que la dictadura durará siempre? ¿No ven que las personas de VV. EE. serán radicalmente incompatibles con lo que venga después, y que para salvar a la Iglesia española será preciso llegar a un acuerdo con la Santa Sede, y que esto representará el ostracismo definitivo de VV. EE. y de otros prelados?»
Los obispos no chistaron y la vida siguió su curso habitual hasta la llegada del Cardenal Tisserant, quien, el 26 de abril, consagró el nuevo altar mayor de la basílica de Montserrat. Aprovechando la ocasión, los católicos volvieron a lanzar octavillas pidiendo que cesara «el confusionismo creado por la supeditación del poder espiritual al temporal».
Tal vez movida por esta incesante presión de la nueva «Iglesia del silencio» se formó en los meses siguientes una «Unión Nacional del Clero Español», de carácter naturalmente extraoficial, que lanzó en agosto un manifiesto en el que sus autores expresaban su ruptura con el régimen y declaraban rotundamente: «No puede permitirse que el pueblo español siga creyendo todavía que la Iglesia es solidaria en este país de un régimen que le ha despojado de los derechos sociales y políticos consustanciales con el mundo cristiano occidental.» Este manifiesto, publicado por Il Messagero de Roma, y por Informations Catholiques Internationales de Francia, causó verdadera sensación en el mundo católico.

¿Cabe pensar acaso que estas repetidas quejas ablandaron el corazón de los obispos? No lo sabemos. En todo caso, lo cierto es que a fines de noviembre y con motivo de la clausura de la Semana Social en Madrid, Monseñor Pla y Deniel, cardenal primado, declaró abiertamente que el hecho de «proclamar la doctrina social de la Iglesia y no aplicarla constituía un escándalo grave», mientras por su parte Monseñor González Moralejo, obispo auxiliar de Valencia, afirmaba que todos los congresistas habían coincidido en un punto, a saber, que no sólo la caridad sino también la justicia no se observaban en España.
A partir de este momento, y en gran parte a causa del Plan de Estabilización, los acontecimientos se precipitaron. El 15 de enero de 1960, los metropolitanos españoles -4 cardenales y 8 arzobispos- publicaron una declaración colectiva en la que destacaban cuan injusto es pedir austeridad a los trabajadores y empleados, víctimas de la inflación provocada por los dirigentes. A esta declaración siguió otra el 1.º de mayo, redactada por la HOAC para destacar la amargura de los obreros al comprobar que el peso de la estabilización recaía principalmente sobre ellos. La difusión de este escrito tropezó con la oposición de las autoridades civiles, e incluso con la de Monseñor Eijo y Garay, obispo de Madrid y consejero nacional de Falange.
Pocos días después -el 19 de mayo- estalló el escándalo del Palacio de la Música de Barcelona, donde, al final de un concierto dado en homenaje y recuerdo del poeta Maragall, los jóvenes católicos catalanes entonaron el «Cant de la Senyera» escrito por el poeta y prohibido desde 1939. La policía intervino en el acto y detuvo a unas 20 personas entre las que figuraba el Dr. Jordi Pujol, médico de 32 años, quien fue bárbaramente torturado y más tarde condenado a 7 años de cárcel. Como todos los detenidos pertenecían a agrupaciones católicas, sus compañeros -más de mil- se reunieron en el patio del Palacio Arzobispal para pedir al obispo, Dr. Modrego, que condenase públicamente esta manifestación del salvajismo del Régimen. Al cabo de varios días de insistencia lograron que el Dr. Modrego aceptase recibir una delegación. Después de una discusión agria y áspera, el obispo, que se negaba a reconocer los hechos, justificó su abstención diciéndoles: ¿queréis que me ocurra lo mismo que al obispo de Oporto?2 Ante tanta cobardía, los manifestantes comprendieron que no había nada que esperar de un obispo de esa catadura moral.
Sobre los hechos ocurridos a fines de mayo huelga que insistamos demasiado pues son del dominio público, nacional e internacional; en un escrito colectivo dirigido a los obispos de Vitoria, San Sebastián, Pamplona y Bilbao, 339 sacerdotes vascos denunciaron la opresión del pueblo español, los encarcelamientos arbitrarios y la práctica de la tortura en las comisarías de policía. ¿Qué pasó luego en los obispados? No lo sabemos. Lo cierto es que los obispos esperaron hasta el 7 de julio para publicar en la prensa una declaración tan despiadada como injusta en la que, después de dudar de la autenticidad del documento, afirmaban que contenía «falsedades evidentes» y que «por su carácter político» no podían aceptarlo. Dos días más tarde, el Nuncio de Su Santidad, Monseñor Antoniutti -que habría de referirse de nuevo a este asunto en las semanas siguientes- se quejó a su vez en el Sexto Congreso Mundial de la Prensa Católica, celebrado en Comillas, de la publicidad que «en algunos ambientes» se daba a «los ataques hechos a esta Iglesia por algunos de sus hijos extraviados». Y no pararon ahí las cosas; el 6 de octubre intervino de nuevo el Obispo de Bilbao para denunciar en una pastoral «ese afán de novedades y progresos mal entendidos que conducen fatalmente a una rebeldía más o menos abierta». El dos de noviembre, la prensa franquista publicó el nuevo discurso pronunciado por Monseñor Antoniutti en la inauguración del seminario diocesano de Bilbao, en el que calificó más o menos abiertamente de «soldados reos de traición» a los sacerdotes vascos. El día 7 le tocó el turno al obispo de Málaga, don Ángel Herrera, para denunciar, apoyándose en textos de San Pablo y de León XIII, a aquellos que «no siguen la legítima autoridad» y amenazarles con «castigar toda desobediencia» y reducirlos «a perfecta obediencia».
A pesar de todas estas advertencias, el «viento general de rebeldía», como lo calificó un editorial de la prensa franquista, siguió soplando con fuerza en el norte de España. Las autoridades eclesiásticas desplazaron a unos sesenta sacerdotes vascos a otros lugares, pero no pudieron impedir que los católicos continuaran difundiendo hojas clandestinas en apoyo de la petición de los 339 sacerdotes. Esta campaña culminó por fin en la presentación al obispo de Bilbao de un nuevo escrito firmado poco antes de Nochebuena por más de 10.000 fieles que piden a Monseñor Gurpide que dé a conocer a sus diocesanos el texto de la referida petición, que muestre cuáles son los puntos de evidente falsedad o incompatibles con un documento sacerdotal, y que declare si contiene o no observaciones justas y atinadas sobre la situación actual. ¿Qué harán los obispos? Tratándose de la jerarquía eclesiástica es muy difícil establecer pronósticos, pero en todo caso parece improbable que puedan resistir durante mucho tiempo a esta incesante presión de los fieles.
Con esta exposición de los acontecimientos más notables de los últimos años en el plano religioso -que oportunamente remitiremos al Vaticano-, hemos querido destacar ante la opinión internacional que en España existe una auténtica oposición católica antifranquista que las autoridades persiguen con verdadera ferocidad; que esta oposición, por no disponer de garantías legales ni de una prensa libre, constituye una verdadera Iglesia militante del silencio; que sus miembros son objeto de torturas, según consta en declaraciones registradas ante notarios españoles, y que si el Vaticano no interviene y tolera a sabiendas estas persecuciones, seguirá haciéndose cómplice de una de las mayores monstruosidades del siglo, como lo es la persecución de los católicos por un Estado que se dice inspirado por la Iglesia.
Que cada palo aguante con su vela. Nosotros tenemos el deber de denunciar ante la opinión pública los sufrimientos de nuestros compatriotas. Si los obispos españoles y el Nuncio de Su Santidad creen que la razón de Estado o las conveniencias personales justifican su complicidad, allá ellos. León XIII dijo en su encíclica Inmortale Dei que «no es justo ni equitativo querer poner en la mente y en los ojos de los hombres las cosas contrarias a la verdad y a la virtud». Opinamos nosotros lo mismo y, pese a quien pese, seguiremos clamando nuestras verdades hasta que hayamos acabado con la tiranía.
XAVIER FLORES


Dos hechos íntimamente relacionados deben destacarse al enfrentarnos con el tema de las relaciones del mundo hispánico y el mundo anglosajón en América: la vecindad geográfica y, por lo que respecta al pasado histórico de España, el largo periodo -casi siglo y medio- de choque político, diplomático y cultural con la poderosa república del Norte, convertido, al fin, en conflicto armado. Cuando, con su independencia, los Estados Unidos nacen a la vida histórica, encuentran a España en sus fronteras y en posesión de la mayor parte del Continente que ella había descubierto, colonizado y organizado antes que ninguna otra potencia europea.
En las nuevas circunstancias, los habitantes de las trece colonias originales, protestantes y puritanos de procedencia inglesa u holandesa, se sienten herederos de una vieja rivalidad político-religiosa, que arranca de los comienzos mismos de la Edad Moderna y pronto justificarán su incipiente espíritu expansionista con la tradicional hostilidad hacia un pueblo que por más de dos siglos había sido considerado como el campeón del catolicismo contrarreformista y, por lo tanto, como el principal enemigo de su fe. España era, para el puritano, la encarnación de todos los males de la «leyenda negra» y de unos valores -si es que éstos se reconocían- diametralmente opuestos a los suyos.
Los dos hechos mencionados -vecindad y choque de culturas- determinarán, a través de un complejo proceso histórico, una serie de antagonismos y atracciones, todavía operantes en las relaciones entre las dos culturas, aunque no siempre se tenga conciencia de ello.
Así ocurre que la reacción primaria o inmediata del norteamericano medio ante algo español o hispánico es, en la mayoría de los casos, de despego y extrañeza sea intelectual, social o moral y, en algunos, de contumaz ignorancia, reacción no siempre limitada al hombre vulgar o inculto. Es curiosa, por ejemplo, la desvalorización de lo hispánico en el mundo académico e intelectual. Desvalorización probablemente inconsciente e involuntaria, pero no por ello menos evidente. Los profesores de los departamentos hispánicos sabemos bien lo poco que contamos -con raras excepciones- en los consejos universitarios o en la enseñanza general de las humanidades. Todo esto, a pesar de la noble tradición del hispanismo norteamericano, así como del volumen y excelencia de la enseñanza del español. Y en evidente contraste, por otro lado, con la estimación de ciertos valores por parte de gran número de escritores, según veremos.
Sabido es que, con excepción de Cervantes, rara vez aparece un nombre español en esas listas imponentes a las que algunos supuestos sabios tratan ingenuamente de reducir el legado literario del mundo. Se hallarán historias del teatro europeo en que apenas se menciona la comedia española del Siglo de Oro que tanto influyó en el drama francés e inglés. El conocimiento de la literatura española, fuera de los especialistas, se limita por lo común a los nombres de Cervantes, Lorca y quizás Ortega. Cuando Juan Ramón Jiménez recibió el Premio Nobel, pocos, incluso entre la gente culta, conocían el nombre del gran poeta, a pesar de haber vivido éste muchos años en los Estados Unidos.
Lorca ha sido la excepción en los últimos tiempos pero, cuando sus obras se representan, decoraciones, trajes y gestos nos hacen pensar en una tierra remota y exótica con algún sarape o sombrero mejicano para dar color local. Actores, directores y críticos, aunque conscientes a su manera del valor poético y dramático de su teatro, muy pocas veces logran penetrar en lo que realmente constituye la esencia de su arte: la fusión de poesía y realidad, que es la esencia del arte español.
Casals, Segovia, Victoria de los Ángeles, Picasso (considerado generalmente como pintor francés), Miró y Dalí, o Zuloaga, Sorolla, Granados y Falla, de la generación anterior, son nombres muy conocidos entre los amantes del arte. Lo cual no obsta para que el norteamericano medio siga creyendo que los toreros y los bailarines flamencos son la más genuina y casi única manifestación artística de España.
Conviene hacer resaltar, desde el principio, algunos factores típicos de carácter negativo para más adelante tratar de obtener una comprensión más cabal de unas relaciones muy complejas y reveladoras, creo yo, en sus grandes contradicciones, de cómo en la historia se rechazan y acercan dos culturas de signo, en gran medida, contrario. Porque, claro está, el problema tiene muchas facetas, algunas de las cuales parecen desmentir todo lo que hemos dicho. Por de pronto, y sin salir todavía de las generalizaciones, podría señalarse una extraña afinidad entre algunos rasgos del carácter español y del norteamericano, que trasciende los prejuicios intelectuales e históricos.
De ser cierta tal afinidad, se apoyaría en un concepto parecido de la vida y de la personalidad humana. Españoles y norteamericanos parecen compartir un sentimiento casi instintivo -vital y no racional- de lo que llamaríamos el hombre entero (en inglés, the whole man); la firme creencia de que lo que verdaderamente cuenta es la persona, el individuo. Se trata de un sentimiento evidente en el español anárquico; soterrado, pero no menos real, en el norteamericano, ser, en apariencia, tan sociable y hasta gregario.
Hay posiblemente también la impresión, más o menos consciente, del carácter complementario de ambas culturas: la hispánica y la anglo-americana.
Ello explicarla el que, como veremos, pese a la ignorancia del norteamericano medio y a los graves conflictos históricos, nunca en algunas capas intelectuales haya desaparecido el interés por la cultura española, que en muchos casos ha superado al que se ha tenido por otras culturas europeas.
Y por lo que se refiere al norteamericano corriente y moliente, no deja de ser paradójico el que, a pesar de todos sus prejuicios, cuando por alguna razón entra en contacto directo y personal con la vida española, suele despertarse en él gran entusiasmo y simpatía. Yo he visto en España a más de un yanqui típico tratando de sobrepasar en españolidad o españolismo, y hasta en flamenquería, a los mismos españoles. Reacción nada nueva, si se recuerda la de algunos ingleses.

* * *
Pero vengamos ya a resumir lo más brevemente posible el conflicto histórico cuyos antecedentes inmediatos se encontrarán en 1763, años antes de la independencia norteamericana, cuando, tras la guerra de los siete años; entra España en posesión de la Luisiana y que no terminará hasta la guerra de 1898. Apuntemos de paso que ha sido ésta la única guerra nacional de los Estados Unidos. Quiero decir de nación a nación, antes de los conflictos internacionales del siglo XX. Descontamos las luchas con Inglaterra, prolongación de la guerra de la Independencia, y la guerra con Méjico, que entra dentro del programa expansionista en el mundo hispánico.
Fueron muchos los puntos en disputa; pero la raíz del choque hay que buscarla en la fatalidad histórica que enfrentó a un país joven, lleno desde el primer momento de propósitos definidos de expansión, con otro viejo, debilitado por una lucha secular contra los poderes de la Europa moderna y ya en camino de la liquidación inevitable de su gran imperio.
Durante la guerra de la Independencia norteamericana, España, aliada de Francia y rival de Inglaterra, prestó ayuda a las colonias rebeldes -hecho a menudo olvidado-, pero a pesar de los esfuerzos de los comisionados en París y Madrid, Franklin, Lee y John Jay, nunca llegó a firmar un tratado de alianza ni se decidió, hasta pasado algún tiempo, a reconocer oficialmente a la nueva nación.
Aunque la actitud de España era anti-británica, tenía que actuar con cautela ante la consciencia de futuros peligros: tales como la inseguridad de sus límites y los temores ante la reacción de sus propias colonias que pronto siguieron el ejemplo de las inglesas.
Una década antes [de que Jefferson comprara La Luisiana] -escribe Beard- había cientos de «pioneros» americanos en los territorios [españoles] allende el Misisipí; a fines del siglo XVIII el obispo de Luisiana informaba de cómo «los norteamericanos se habían desparramado por el país hasta llegar casi a Tejas y corrompían a los indios y criollos con el ejemplo de su temperamento revuelto y ambicioso». Ya numerosos hombres de empresa y agentes de la expansión se extendían por el Oeste, soñaban con anexiones imperiales y tenían los ojos puestos en México.4 |
Los norteamericanos estaban resueltos a que el Misisipí permaneciera abierto al tránsito comercial. España trataba simplemente de contener la marea. Se iniciaron lentas negociaciones, pero Napoleón forzó al gobierno español a devolver la Luisiana a Francia y casi inmediatamente se la vendió a Jefferson.
España protestó en vano. Napoleón no había cumplido las condiciones que en el pacto de San Ildefonso se establecían para que Francia entrase en posesión de los territorios devueltos y, por lo tanto, había vendido algo que no le pertenecía aún legalmente. Bajo nuevas presiones, el gobierno de Madrid tuvo que ceder. Pronto se le presentó otro problema, porque Napoleón había dejado indecisos ex profeso los límites de la Luisiana. Parece ser que, cuando los comisionados Monroe y Livingston se apremiaron a que los precisara, contestó cínicamente: «Si la oscuridad no existiese, sería quizás buena política el crearla.»
Esta imprecisión intencionada hizo posible que los Estados Unidos reclamaran la Florida occidental. Así comenzó un largo capítulo de tensión diplomática que culminó en el Tratado de la venta de la Florida en 1819. Si el tiempo lo permitiera, sería interesante examinar la maraña de intrigas, reclamaciones, cargos y contracargos, incidentes y amenazas que surgieron durante más de quince años hasta llegar a un arreglo de los diferentes asuntos. Aparte de la adquisición de ambas Floridas y de las interminables discusiones sobre límites, la negociación se complicaba sin cesar con los ataques de piratas y filibusteros, con varias incursiones a los territorios de Florida y Tejas, con la ocupación de la isla Amelia, y por último, y no era lo menos grave, con la acción de los agentes de Méjico y Sur América, ya en su guerra de Independencia.
Tras hábiles debates y regateos entre John Quincy Adams, Secretario de Estado, y el Ministro español, Luis de Onís, se firmó el Tratado de 1819. Los Estados Unidos, al par que redondeaban su territorio en el sureste, ganaban acceso ilimitado hacia el inmenso Oeste y quedaban en libertad para prestar ayuda franca a la causa de la independencia de Hispanoamérica. Para España fue el fin de su dominio en lo que es hoy territorio norteamericano; salió de una situación insostenible y salvó su dignidad, que parecía ser lo único que importaba a la corte de Madrid durante este triste periodo de su decadencia y del ocaso de su imperio.

Veamos cómo resume la cuestión uno de los historiadores norteamericanos más respetados, Henry Adams, descendiente además del Secretario de Estado que firmó el tratado:
El odio al español -escribe- era para el habitante de Tennessee tan natural como el odio al indio, y el desprecio por los derechos del gobierno español no difería del que sentía por una tribu india. Si se trataba de indios y españoles la idea de la ley que el colonizador del Oeste tenía era sumamente elástica: su único propósito era arrojar a ambas razas del país y apoderarse de sus tierras... Al fin, más de la mitad del territorio de los Estados Unidos fue despojo del imperio español, rara vez adquirido con perfecta decencia. Para resumir, España tuvo una gran influencia sobre los Estados Unidos pero fue la influencia de la ballena sobre sus apresadores - el encanto de una víctima enorme, desamparada y lucrativa.5 |
Después del convenio de las Floridas, las fuerzas del «Destino Manifiesto» siguieron su avance. Se dirigieron hacia Tejas y Cuba.
La tensión inmediata cedió, pero el fin aún estaba lejos. Sólo se llegó a él con la salida definitiva de España de este hemisferio en 1898. Sería prolijo e innecesario examinar los diferentes incidentes, episodios o momentos de tirantez. Baste mencionar algunos: la Doctrina de Monroe, con miras, es cierto, más contra las naciones de la Santa Alianza que contra España; la expedición de López en 1850, la aventura de Maximiliano en Méjico, el asunto del Virginius, 1873, la Guerra del Pacífico, y, por supuesto, la apremiante cuestión de Cuba.
El proceso se consumó en 1898, fecha que dejó una impresión indeleble en el espíritu español. En la historia de los Estados Unidos, tras la agitación marcial de aquellos años, se ha olvidado por completo. Bastará citar, para comprender el estado de ánimo de la España derrotada, las palabras con que ésta aceptó las condiciones del gobierno norteamericano al firmar el 12 de agosto los preliminares de la paz, antes del Tratado de París:
Estas demandas nos despojan de la última memoria de un pasado glorioso y nos expulsan... del hemisferio occidental poblado y civilizado por medio de las memorables hazañas de nuestros mayores.6 |
Es de todos conocida la reacción, ante el desastre, de los intelectuales españoles, de la llamada Generación del 98, pero quizás sea pertinente evocar las melancólicas palabras de un español criado en los Estados Unidos e intelectual, si no sentimentalmente, apartado de su país de origen. Me refiero a George Santayana, en su poema Spain in America:
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En este breve resumen de diferencias inevitables no hay el menor propósito moralizador ni se implica ningún juicio histórico. La lucha por el poder entre las naciones decadentes y las que nacen a la vida es tan normal e ineludible como un fenómeno de la naturaleza.
La mayoría de los historiadores norteamericanos, desde Henry Adams hasta Beard, desde Commager y Morison hasta Bemis, han estudiado objetivamente, y no sin simpatía hacia el vencido, los acontecimientos que condujeron al desastre de 1898. Contamos, además, con un estudio completo e imparcial de las relaciones entre los Estados Unidos y España: el libro en tres gruesos volúmenes del Almirante French Ensor Chadwick, que comprendió con toda claridad las raíces profundas del conflicto:
Chadwick es aún más específico en la página final:
La guerra fue el último acto de la lucha por la supremacía entre los anglosajones y los hombres de raza latina en la América del Norte. Felipe, Elizabeth, Drake, Howard, Chatham, Vernon, Wolfe, Montcalm, Washington; todos tomaron parte en ella. La expedición de la Armada Invencible, las tempranas y sanguinarias luchas en la Carolina y Florida, la Guerra de los Siete Años que echó a Francia del continente americano, no fueron sino actos del mismo drama, cuyo punto culminante, en 1898, hizo dueños de todo el continente del norte a los anglosajones y a los mejicanos. Fue el fin de una lucha de razas que duró trescientos años. El dominio español en América, en el cual hubo mucho de gloria al par que de ignominia, con espléndidos y heroicos episodios, noble abnegación y grandes realizaciones, iba a acabar en un sacrificio final, aceptado con nobleza, en el mar que tantos conflictos presenció a través de generaciones entre las dos razas. Aunque España había de perder sus dominios americanos, no perdió la buena voluntad y la alta estimación del pueblo americano, unido a ella por la cadena forjada por el gran descubridor y para el que España ha de ser siempre la tierra que tanto contribuyó a la historia del mundo occidental.8 |
Al entrar el siglo XX, España, retirada entre sus muros y en espera «a que los años cierren sus heridas», como dice el verso de Santayana, desaparece prácticamente del escenario internacional. Hasta 1936, con la Guerra Civil, no volverán los norteamericanos a saber nada, políticamente hablando, de un país que tanta importancia había tenido en la historia de su propia nación. Hoy son las bases militares las que vuelven a establecer una relación política entre los dos.
ÁNGEL DEL RÍO
(Continuará)
Falso balance
El 21 de diciembre por la noche, cada español tiene la desilusión de no haber sido agraciado con el premio «gordo» de la Lotería. Y se consuela tres días después comiendo todo el turrón que su bolsillo le permite. Luego vienen los Inocentes y, para mayor inocentada el Jefe del Estado acostumbra a largarnos un discursito radiado a fines del año. Pienso que tampoco faltará esta vez, para convencernos de que vivimos en el mejor de los mundos. El caso es que, siguiendo tan ilustre ejemplo, los medios oficiales y oficiosos hacen balance del año que expira. Pero en esta obtención de saldos políticos los contables suelen ser algo tramposillos y colorean de rosa el «Haber» ocultando con vergonzante cuidado el «Debe». Para tomar un ejemplo a mano, ABC se ha permitido uno de estos balances hecho con prolijidad en doce páginas de apretada prosa. Por él desfilan viajes de los ministros, entrevistas del Caudillo (con Don Juan, Oliveira Salazar y Nasser), varias citas del embajador Sr. John Davis Lodge en elogio del régimen, un poco de «bombo» al Valle de los Caídos... Se habla de futbol -¡mucho de futbol!- y nada de ciencia, literatura, etc. Es decir, de la única universidad de que se habla es de la del «Opus Dei» en Pamplona.
Pero la famosa «Memoria y balance del año 1960» va más lejos. Menciona el Congreso internacional de prensa católica, no para referirse a sus resoluciones sobre la libertad, sino al discurso agresivo del Nuncio contra los sacerdotes vascos. Habla como de un éxito del viaje del Sr. Castiella a Londres, donde fue abucheado constantemente e impedido de hablar en los Comunes. Reconozcamos una cosa: este balance habla sin cesar de los problemas económicos y a cada mes resulta que «la preocupación económica no abandona a los ministros».
Naturalmente, yo no voy a hacer el contrapunto de este balance, sino a decirles algo a ustedes sobre este mes de diciembre. Pero resulta que la incapacidad para resolver los grandes problemas nacionales, de que tantas pruebas ha dado y sigue dando el gobierno del Caudillo, es de tal naturaleza, que dentro de este mes se manifiestan todos ellos con plena virulencia.
Un acontecimiento importante
El impacto producido por la carta de los sacerdotes vascos es uno de los mayores acontecimientos del año. Y su importancia no ha hecho sino aumentar en estos momentos en que decenas de millares de católicos de Vizcaya y Guipúzcoa han estampado su firma en sendos documentos dirigidos a los obispos de estas diócesis, pidiéndoles «Dar a conocer a sus diocesanos el texto rechazado (la carta de los 339), puesto que la repulsa recaída sobre él, ampliamente difundida, ha ocasionado una gran perturbación de conciencia».
«Mostrar cuáles son los puntos de evidente falsedad o que sean incompatibles con un documento sacerdotal, así como el que su origen haya sido turbio y sus fines de escándalo propagandístico, hayan tenido graves repercusiones contra la propia Iglesia. Declarar si en la aludida carta existen o no observaciones justas y atinadas, que precisen urgente remedio, y cuáles sean estas observaciones, de acuerdo con la doctrina común y universalmente enseñada por la Iglesia».
Ya es sabido que el Obispo Font (San Sebastián) ha respondido con un exabrupto, agravando la cuestión, y que el Obispo Gúrpide (Bilbao) ha dado la callada por respuesta. Este asunto ha sido planteado en la reciente reunión de arzobispos españoles, pero fue inmediatamente dado de lado, con objeto de no tomar posición sobre él, criterio que, según se afirmó, fijé del Primado, Pla y Deniel.
Otro documento, que circula por Guipúzcoa, con el respaldo de numerosísimos católicos, emprende la defensa de los sacerdotes y critica particularmente la posición del Nuncio. En este extenso documento puede leerse: «No está mal que los sacerdotes hayan tenido, si la han tenido, una preocupación política, desde el momento en que no les ha servido para abusar de su función. Lo que ciertamente sería criticable es que la preocupación política no haya sido, al mismo tiempo, preocupación religiosa... Supone en cambio actuación política partidista... b) Elogiar abiertamente, como lo ha hecho el Nuncio en Santander, la guerra española, citando los obispos y sacerdotes "víctimas de la agresión atea", "de la violencia de las fuerzas tenebrosas del anticristo moderno", etc.»
Y más adelante:
«La intervención del Nuncio supone una justificación, no sólo del origen del Régimen español, sino de su realidad actual.»
Con referencia al Nuncio, también se conoce la carta que le ha enviado don Santiago Segura, sobrino del cardenal Segura, cuya copia ha sido depositada en la notaría de don Francisco Lobato, donde está protocolizada con el número 3519. Esta carta, en realidad, es simplemente una demostración apoyada en citas, de la contradicción existente entre el discurso del Nuncio el 2 de noviembre en Bilbao y el pronunciado en Sevilla, en 1955, atacando violentamente al cardenal Segura y tratándolo de «rigorista» y de «intransigente». La carta termina así: «Tal vez seamos ovejas descarriadas del rebaño de Cristo, pero si es así, todavía estamos esperando, como Él dijo, al Buen Pastor que deje su rebaño en el aprisco y venga a buscarnos.»
Del Nuncio, se cuenta y no se acaba. Personas autorizadas me han dicho que existen fotografías suyas saludando con el brazo en alto cuando estaba, durante la guerra civil, en zona franquista como Delegado Apostólico. Y que existen incluso textos suyos donde manifiesta su abierta simpatía por el fascismo de Mussolini. Nada de esto puede extrañarnos en una persona que lleva su simpatía por el régimen a tomar actitudes que no comparten ni siquiera numerosos miembros de la jerarquía española.
La contradictoria situación económica
Pero éste es tan solo uno de los puntos de la crisis española. Otro, el endémico, es el económico. El Sr. Navarro Rubio se ha mostrado muy optimista en las Cortes por lo que respecta a la situación financiera; incluso se han suprimido algunos impuestos indirectos. Es verdad que la llamada estabilización ha conseguido un reajuste financiero, basado en lo siguiente: la enorme cantidad de divisas del Turismo que antes se negociaban de estraperlo y después de la devaluación pasan por el Instituto de Moneda Extranjera; la disminución de importaciones causada por la baja de la demanda en el mercado interior; la contracción del crédito. Ahora bien, la recesión económica no ha sido resuelta. Y Navarro Rubio no lo ha ocultado en las Cortes: «Esto no quiere decir -afirmó- que todos los sectores económicos aparezcan en la misma línea de recuperación y que no existan. Ya advertimos, desde el primer momento, que la estabilización produciría efectos discriminatorios sobre las empresas.» Sigue diciendo que las empresas vigorosas subsistirán y las otras... lo que se busca es precisamente que desaparezcan. Y confesando que «los problemas de la economía existirán siempre» y que «todas las dificultades merecen nuestra atención».
La medida propuesta por el ministro, y que ya ha salido en el Boletín Oficial, demuestra que el gobierno retrocede para intentar llegar a la reactivación: se suprime el tope que se había puesto a los créditos concedidos por la banca privada, pero como contrapartida se obliga a los bancos a que constituyan un depósito obligatorio de reservas en el Banco de España, medida ésta que perjudicará a los bancos más pequeños, pero en modo alguno a los seis o siete «peces gordos».
En los medios oficiales se ha hablado de una mayor actividad industrial en los dos últimos meses del año; en realidad no se trata de una verdadera reactivación, sino de que muchas empresas, que habían estado vendiendo stocks acumulados de la época de la inflación, los han agotado y trabajan para reponerlos. La demanda interior no ha aumentado y, por si fuera poco, los expertos calculan que las malas cosechas de este año supondrán una merma de unos 9.000 millones de pesetas, cuya mayor parte hubieran sido dedicados al consumo.
Navarro Rubio ha hablado de un plan de desarrollo económico, pero en el Gobierno no reina unanimidad sobre este asunto. Solís y su equipo quieren pisarles el terreno a los «opusdeístas» y para eso quieren trazar su propio plan en el Congreso sindical que se han inventado para el mes de enero. Este plan prevé la creación de 75.000 nuevos puestos de trabajo durante quince años consecutivos. La cifra, aunque imposible de alcanzar en la situación actual, no deja de ser irrisoria, por lo siguiente: en quince años la progresión demográfica española exigirá muchos más puestos de trabajo y, además, si se tienen en cuenta sólo las cifras actuales hacen falta más puestos de trabajo industriales para solucionar el exceso de mano de obra en el campo.
Sin embargo, el equipo Ullastres-Navarro no quiere crear grandes problemas a los empresarios y sólo admitiría ese plan a base de un previo aumento de las exportaciones (sobre todo industriales) porque no cuenta con ninguna reforma de estructura capaz de elevar el poder de compra de la población.
En fin, la situación es tan contradictoria que, mientras con una mano los ministros firman la liberalización de varias mercancías más para su importación, con la otra restablecen el intervencionismo poniendo tasa a los precios del cemento. Esto se explica, en parte, por la enorme preocupación que causa la crisis de la construcción, a cuyo alivio se encaminan diferentes esfuerzos oficiales.
«Éxitos diplomáticos»
En cuanto a los «éxitos diplomáticos» están tan a la orden del día que hay quienes empiezan a temer por la suerte que pueda correr el titular de la cartera en cuestión, Sr. Castiella. Y no es que Castiella tenga una culpa especial en los resultados de una política extranjera que, en su mayor parte, se la dan ya hecha. Pero, si el caso llega, alguien tiene que pagar los vidrios rotos.
En concreto, la diplomacia española se encuentra cada día más aislada, y esta situación se ha agravado durante el presente mes. La presencia en España de los extremistas de derecha franceses ha dado lugar a una serie de incidentes a los que ya me he referido en ocasiones anteriores. La cuestión puede resumirse así: desde que entraron en territorio español el Gobierno les envió la policía militar que al principio se limitó a protegerlos y más tarde comenzó a vigilarlos. Varios altos mandos del Ejército, y el propio ministro de la guerra, general Barroso, estaban inclinados a ofrecerles todo apoyo, creyendo en el inminente triunfo de un golpe de Estado en Francia. La situación exterior cambió y las posibilidades del golpe citado se esfumaron por el momento.
Nuestro hábil Caudillo se mostró más complaciente con el embajador de Francia y, a partir de ese momento, se ha encargado su cuñadísimo, Sr. Serrano Súñer, de apadrinar a los refugiados fascistas o militares. Con eso nada se pierde en las esferas oficiales, pues don Ramón puede ser desautorizado en cualquier momento, y en cambio se gana guardando en reserva a ese equipo fascista por si se cambian las tornas. Claro es que se trata de un doble juego, hecho además de manera algo tosca. Por otra parte, los falangistas de pura cepa (los que quedan) la gozan con estos amigos y he podido saber directamente los contactos establecidos entre el francés Sr. Susini y falangistas de la Guardia de Franco.
No paran ahí las cosas: en una de mis anteriores crónicas decía yo que no me extrañaría ver un buen día al Sultán de Marruecos acusado de «prosovietismo» por los franquistas. Pues ya llegó. Dos editoriales del Ya del 12 y del 17 de diciembre insinúan que «Rabat puede estar al dictado de Moscú». La idea, al parecer, ha sido expresada por Lequerica en la ONU, pero probablemente no será suya. El periódico de Acción Católica dice así: «Ello nos hace comprobar con un nuevo hecho la desventurada infiltración política de los soviets en el Magreb.» Pero, ¿por qué se «sovietizan» Mohamed V y el moderado gobierno que dirige su hijo? Pues: 1.º porque siguen reclamando los territorios ocupados por España; 2.º porque han prohibido la entrada y circulación en Marruecos de prensa franquista; 3.º porque han aplicado medidas restrictivas en el frontera de Beni Enzar en la zona de Melilla, y 4.º porque le han dicho al Gobierno de Madrid que las tropas españolas que todavía estacionan allí tienen que marcharse.
Y como en los medios oficiales han tomado esto a pecho, se ha ordenado una campaña en la radio contra el gobierno de Marruecos y ya se sabe que éste va a enviar una enérgica nota de protesta, que tal vez ya haya llegado a manos de los servicios del Sr. Castiella.
La difícil situación de la España oficial en Marruecos, Sahara y Guinea, refuerza la ya tradicional alianza del Caudillo con Oliveira Salazar, cuya postura colonial tampoco es muy brillante. La Dirección general de Prensa ha dado normas para que se escriba en favor del gobierno de Portugal argumentando que este país «no tiene colonias, sino provincias».
Inquietudes en el gobierno y actuaciones ridículas
La otra inquietud del Gobierno del Caudillo la supone el lector, tal vez mejor que yo; está causada por la presencia de un hombre demócrata y joven en la presidencia de los Estados Unidos. Hay quien no duerme ya pensando en que el Sr. Lodge puede marcharse y en que futuros diplomáticos norteamericanos podrían enterarse, con plena objetividad, de las torturas policíacas, los procesos militares por delitos de opinión, etc.
En los medios oficiales se tiene que sentir inquietud cuando numerosas personalidades del liberalismo moderado español se dirigen al presidente Kennedy para decirle: «Evidentemente, los asuntos internos de los países deben ser resueltos por sus ciudadanos y no por presión extranjera. Pero, aun así y todo, esperamos que su Administración encuentre los caminos correctos para dar a los españoles la oportunidad que están solicitando para expresar sus opiniones y para moverse pacíficamente hacia una situación democrática» (entre los firmantes figuran los Srs. Gil Robles, Ridruejo, Tierno Galván, Prados Arrarte, Ruiz Gallardón, Menchaca, Zulueta).
En fin, y aunque esto parezca más cosa de broma, no ha sido minúscula la «plancha» del Sr. Bilbao al decir, desde la presidencia de las Cortes: «Fabiola ostenta ya en sus sienes la corona que en nombre de España le regaló nuestro querido Caudillo.» Hasta los Procuradores en Cortes -que ya es decir- sabían lo que había pasado con la corona. Le venía un poco ancha a Fabiola y cuando se la dieron para ajustarla al joyero de la Casa Real de Bélgica, resultó que las perlas de la corona eran falsas. El ridículo ha sido mayúsculo; el Caudillo se apresuró a excusarse, pero la noticia transcendió a varios periódicos europeos amigos de lo sensacional. En suma: Fabiola ostentó en sus sienes la corona de la reina Astrid y el pobre Sr. Bilbao ha perdido una ocasión más de callarse.
Sabido es que, aunque el gobierno lo niegue, el problema de recuperar la paz civil es uno de los aspectos esenciales de la política española, porque forma parte de los deseos elementales del 99% de los españoles. Pero el gobierno estima, consciente o subconscientemente, que la paz civil daría al traste con su dominación. Por eso continúan los procesos y las condenas; el joven falangista que trató de traidor a Franco en el Valle de los Caídos ha sido condenado a diez años y un día de prisión. Esta condena ha caído muy mal en ciertos medios que apoyaron la acción de este muchacho. Se recordará que cuando fue detenido, en la Basílica, porque él mismo declaró haber lanzado los gritos, los restantes miembros de su centuria se pusieron firmes y lo saludaron militarmente, ante la indignación del Caudillo y de Barroso. Entre los falangistas se atribuye al ministro del Ejército la dureza de esta sentencia pronunciada -¿cómo no?- por un tribunal militar.

También es probable que se vea una nueva causa contra el profesor Tierno Galván en el próximo mes de enero.
Esto de los procesos no tiene fin y también es otro aspecto ridículo de la política oficial que el Sr. Iturmendi, ministro de Justicia, finja indignación ante el dictamen de una Comisión internacional de juristas y declare lo «humano y cristiano» del régimen penitenciario español, cuando él, como ministro de Justicia, pinta muy poco en los hechos que se imputan al régimen español. Porque se trata, precisamente, de que los delitos políticos y simples actos de opinión son juzgados por tribunales militares en consejo sumarísimo, sin defensores abogados, sin prueba testifical, sin ninguna garantía. ¿Qué tiene que ver en esto el pobre Sr. Iturmendi ni sus establecimientos penitenciarios? (que están naturalmente en causa, pero relativamente menos que la conducta de la policía y de los tribunales militares). Este pobre señor, que sueña con genealogías de nobleza, se vería en apurado trance si tuviera que responder personalmente a cualquier profesional jurídico de otro país; por eso prefiere insultarlos.
La verdad se abre paso
En fin, un clima de paz civil requiere un mínimo de moralidad. Pues he aquí el último botón de muestra. No contentos, los servidores del régimen, con haber dado el «premio Planeta» al policía Salvador Tomás, se acaba de conceder ahora el «Premio nacional de periodismo Jaime Balmes» al director de Pueblo, Emilio Romero. También se ha hecho una película con su detestable obra La Paz empieza nunca y el Ministerio de Información hace incluir en todas partes gacetillas de tonos elogiosos para Romero. ¿Por qué? Porque Emilio Romero ha llevado la campaña de denuncia y ataque vil contra el escritor Luis Goytisolo cuando éste estaba en la cárcel; ha atacado calumniosamente a su hermano Juan Goytisolo, al Express de París, a las ediciones Gallimard, a todo ese liberalismo que huele a azufre. Emilio Romero, hace unos días, cuando el manifiesto contra la censura, amenazó a los tres periodistas de Pueblo que lo han firmado, diciéndoles «¿Conque manifiestos, eh? ¿Quién os manda meteros en eso?» A lo que le respondieron: «No es un manifiesto sino una petición a dos ministros.»
Pero lo que se sabe menos de Emilio Romero, premio Balmes, Director de Pueblo, Director de Tiempo Nuevo, procurador en Cortes, miembro de la comisión de ley de prensa, etc., es que fue condenado el 9 de abril de 1946, por la Audiencia Provincial de Castellón, a un año de prisión por malversaciones en el Sanatorio Antituberculoso de Villarreal de los Infantes. Pero el Director general de Prensa lo sacó de la cárcel (era entonces Juan Aparicio).
El Supremo, con fecha 28 de junio de 1947, desestimó el recurso de Romero contra la sentencia de la Audiencia de Castellón. Todo esto es público, con los detalles de las 32.000 ptas. «distraídas», pues la sentencia del Supremo figura en la Colección legislativa de España: Jurisprudencia criminal (1947, tomo 2, volumen 2, págs. 281 a 283). En resumen: éste es el señor que recibe premios, homenajes, cargos y que es un personaje del régimen. Se me olvidaba: su hermana Raquel es la secretaria de Arias Salgado. ¿Quién protege a esta familia? ¿Y por qué?
Éste es el clima de inmoralidad, de zancadilla y golpe bajo contra el que se elevan hasta personas de conservadurismo tan acentuado como el Sr. Pemán. En un artículo publicado en ABC bajo el título de Out Side, insiste en que «no se puede pegar a un rival que está caído en el suelo o agarrado por la espalda... Sería preciso que en todo exceso de poder, en toda anulación del contrario, en toda sordera para la opinión ajena, se pitara "¡fuera de juego!"».
Balance del régimen
El balance que el régimen hace de 1960 es falso, porque pretende ignorar la verdad española. Pero hay otro balance que, sin dejar de ser triste, está repleto de esperanzas, con la fecundidad del mañana. En 1960, el gobierno se ha visto obligado a destituir a Galinsoga y a Acedo, ante la protesta unánime de los barceloneses: el viaje de Franco a Cataluña no fue un éxito, sino un fracaso, una ocasión para detener y torturar a numerosos catalanes, entre ellos al doctor Jordi Pujol.
El año 1960 ha sido el de la protesta de los sacerdotes vascos, secundado por todo su pueblo; ha sido el de peticiones de miles de personas dirigidas a las Cortes y al Caudillo por la libertad de los presos; el de las protestas del Colegio de Abogados de Barcelona y de 400 personalidades de la misma capital contra las torturas policíacas; el de la protesta de toda la intelectualidad española contra la censura. Por último, la histórica carta del Primado de España, Cardenal Pla y Deniel dirigida al ministro Sr. Solís, carta de la que nos ocuparemos con extensión, que debe señalarse como acontecimiento máximo, no sólo del año, sino quizá de todos los años de dictadura. Quiérase o no, ella señala la oposición de la Iglesia española a la política franquista. ¡Ya era hora!
TELMO LORENZO
Madrid, 28 de Diciembre de 1960
Desde hace tiempo esperábamos signos animadores de un cambio en algunos de los elementos que han sido, hasta hoy, bases sólidas del régimen dictatorial español. Durante años la Iglesia católica española ha sido uno de los pilares en que se apoyaba el franquismo. Los que hemos seguido atentamente las vicisitudes de la vida española desde el comienzo de la guerra civil, hemos pasado por momentos de estupor, de indignación y de amargura, no ya por la guerra en sí, que nos hacía vibrar de angustia y emoción, sino también por la naturaleza y condición de algunos elementos que, de una manera o de otra, fomentaron la iniciación del conflicto y ayudaron luego a sostenerlo.
Está dentro de la fatalidad a que están sujetos los actos humanos colectivos que entablada una lucha se asocien a uno u otro bando fuerzas que defienden intereses afines, intereses situados en la misma área; así ha sido siempre y así continuará el ritmo de las humanas batallas si no acabamos con esa bárbara manifestación vital.
Esas alianzas, decimos, están dentro de la trayectoria de las luchas armadas; lo que no cae dentro de esas luchas, lo que no debe estar dentro de esas luchas, son aquellas fuerzas espirituales que tienen su órbita propia y que al salirse de ella, como ocurriría con cualquier cuerpo sideral, no pueden producir sino catástrofes: así la Iglesia.
Ese momento de estupor lo sufrimos cuando altas figuras de la Iglesia española salían a bendecir las armas que se dirigían a luchar contra otros españoles en la misma patria y en frentes opuestos; nos hemos indignado cuando hemos visto a prelados y altas jerarquías apoyar en su comienzo al régimen franquista de una manera ostensible, con las mismas características del fascismo italiano y del nazismo alemán al presentarse públicamente al lado del dictador con saludo ajeno a la Iglesia, con el saludo nazi frente a un pueblo católico.
Situada la Iglesia en ese plano beligerante, la impresión que recibían los de fuera, los observadores desapasionados, era una ola de indignación y a aquel sentimiento siguió el de amargura al comprobar un día y otro, un mes y otro, un año y otro, que la Iglesia católica española seguía sorda y ciega a los clamores del pueblo, a su condición miserable, a la angustia de ese pueblo oprimido y a la demanda del auxilio que necesitaba.
Hoy nos encontramos sorprendidos al oír la voz de protesta que sale de la más alta de las autoridades de la Iglesia española: la del Primado Enrique Pla y Deniel. ¿Cómo explicarnos la carta dirigida por esa máxima autoridad al ministro de Franco Sr. Solís? ¿Cómo explicar esa pública ruptura -porque así es- de la Iglesia con el régimen después de veinticinco años de colaboración?
Se insinúa que la Iglesia española quiere tomar posición para el futuro y disociarse hoy de su antiguo protegido. Sin que quitemos valor a esa versión debemos señalar lo que, a nuestro juicio, es la causa de esta ostensible posición. Desde hace tiempo existe un hondo malestar en el seno del clero, malestar que ha llegado al divorcio completo entre los sacerdotes y la Jerarquía, divorcio que trascendió al dominio público con el manifiesto de los 339 sacerdotes vascos -los más cultos de España- dirigido a sus obispos respectivos y la reacción de esos obispos ante tal manifiesto, hecha pública también, en una declaración en la que se dudaba de la autenticidad del documento y se afirmaba que «contenía falsedades»; a lo que hay que añadir la intervención del Nuncio de Su Santidad Monseñor Antoniutti.
Es decir, la jerarquía ha continuado apoyando al régimen, quienes se han separado de él de manera inequívoca son los sacerdotes, el humilde clero, el que está en contacto con el pueblo, el que puede apreciar por tanto su angustiosa situación, su sorda lucha por la vida. Ésa es la causa de la disidencia dentro de la Iglesia española: la rebelión de los sacerdotes ante el silencio culpable de la jerarquía, ciega y sorda al clamor popular. Ahí está para confirmar nuestra afirmación la petición presentada al obispo de Bilbao firmada por más de 10.000 fieles rogando dé a conocer cuáles son los puntos de falsedad del manifiesto presentado por los sacerdotes.
El silencio de la Jerarquía se ha roto, pero por la voluntad y el empuje del clero, de los humildes sacerdotes.
Carta al arzobispo
SAN SEBASTIÁN, 20 dic., Ibérica: -En estas provincias del norte de España circula profusamente una carta dirigida al arzobispo de Pamplona y firmada por «Unos pamploneses», de la que reproducimos los párrafos siguientes:
Sigue la comedia africana
MADRID, 20 dic., Ibérica: -Tres representantes negros toman parte hoy en la sesión plenaria de la Asamblea española, es la tercera sesión de este género que celebran las llamadas «Cortes». Estos nuevos procuradores son: don Wilvardo Jones Niger, alcalde de Santa Isabel, isla de Fernando Poo, don Carlos Cabrera James, también de la isla de Fernando Poo, y don Felipe Esono, del Río Muni, en la Guinea española. Las dos posesiones españolas de África central (Fernando Poo y la Guinea) pasaron a ser, en julio de 1958, provincias españolas, como Ifni y Río de Oro lo llegaron a ser seis meses antes.
Escándalo en la Facultad de Derecho
MADRID, 19 dic., Ibérica: -El miércoles pasado hubo un buen escándalo en la Facultad de Derecho por haber prohibido el Decano una fiesta que los estudiantes habían organizado. Llegaron los guardias para apaciguar el escándalo, pero los estudiantes los recibieron a ladrillazo limpio, siendo detenidos algunos de ellos. El Decano tuvo que acceder al fin, a la una de la tarde, a las peticiones de una delegación en nombre de los estudiantes. Se retiró la fuerza pública y fueron liberados los detenidos. Los estudiantes que manifestaron en los claustros eran más de dos mil y dieron muchos mueras a la dictadura.
Protesta contra la censura
Con el título «Un manifiesto de los intelectuales al Gobierno», The Times de Londres, del 23 de diciembre, publicó la siguiente noticia:
La bandera republicana en Lieja
PARÍS, 29 dic., Ibérica: -El semanario L'Express de hoy, en una crónica de su corresponsal en Bélgica, dice entre otras cosas: «En Lieja, en estado de sitio, rodeada de tropas, con las plazas estratégicas ocupadas por los paracaidistas, 50.000 huelguistas se habían agrupado el 14 de diciembre en la plaza de Saint-Lambert. En el inmenso árbol de Noel se izó la bandera roja y a su lado -dirigida al soberano- se izó la bandera de la República española. Al día siguiente de la regia boda, el emblema republicano flotaba sobre las dos mayores empresas de la cuenca minera de Lieja.»
10 años a un policía
MADRID, 18 dic., (Reuters): -En Madrid un tribunal militar ha condenado a un policía a 10 años y un día de prisión por haber sido acusado de proferir insultos contra el general Franco y el ministro del Interior, general Alonso Vega.
El policía, Alfredo García, perteneciente al cuerpo de la Policía Armada, estaba acusado de haber escrito en las barracas de la policía de Madrid: ¡Viva Rusia!, ¡Muera Franco!, ¡Muera el ministro del Interior que ha expulsado de la policía cabos comunistas!, ¡Viva el Marxismo!»
La sentencia está sujeta a confirmación por las autoridades militares.
Disminuye la renta nacional
MADRID, 2 enero, Ibérica: -La renta nacional de 1960, según los primeros avances, ha disminuido con relación al año anterior: de 15.501 ptas. por habitante pasa a 14.332; como se ve, la baja es aproximadamente del 8%. La noticia es importante y refleja las catastróficas condiciones de la economía española. En los medios oficiales se quiere achacar el percance a la baja producción determinada por las malas cosechas. El índice de producción total en 1960 ha sido, tomando como base 100, el bienio 1953-54, de 113'6, mientras que el año pasado fue de 123'3.
España en las prisiones
PARÍS, 16 dic., Ibérica: -El Semanario L'Express de ayer publica una reproducción fotográfica de parte de una carta que los presos políticos del penal de Burgos han hecho llegar clandestinamente a su redacción y una foto en la que aparecen varios presos políticos, entre ellos los señores Raimundo Ortega, Julio Cerón y Antonio Amat.
El citado semanario dice:
La mano de obra extranjera
GINEBRA, 17 dic., Ibérica: -Le Journal de Genève de hoy publica lo siguiente: «La Oficina federal de industrias, artes y oficios y del trabajo y de la policía federal de extranjeros, comunica: Numerosos residentes españoles han venido este año en busca de trabajo a Suiza. El empleo de trabajadores de España por parte de los patronos suizos ha dado lugar a cierto número de cuestiones -principalmente en lo que se refiere al procedimiento a seguir- por el hecho de que las condiciones de contrato son distintas a las nuestras, y por ello están en curso conversaciones con las autoridades españolas para la conclusión eventual de un acuerdo entre los dos países con el deseo de simplificar lo más posible los trámites para el empleo de la mano de obra española.»
Estados Unidos refuerza la flota española
GINEBRA, 26 dic., Ibérica: -Le Journal de Genève de hoy publica en primera plana con el título que encabeza esta información el siguiente artículo, de su colaborador Richard Scott Mowrer:
Carta al presidente Kennedy
Representantes de los partidos Social de Acción Democrática, Demócrata Cristiano y Monárquico, del interior de España, han dirigido al Presidente Kennedy la carta que reproducimos a continuación:
El primado advierte al gobierno
El New York Times, del 1 de este mes de enero, publicó una crónica de su corresponsal en Madrid, Benjamin Welles, con el título que encabeza estas líneas. De ella damos un extracto a continuación.
El cardenal Enrique Pla y Deniel, Primado de España, ha advertido al régimen del Generalísimo Francisco Franco que es inminente un conflicto entre la Iglesia y el Estado. El Primado ha dicho que hay dos problemas básicos envueltos en el conflicto: la falta de representación auténtica de las masas obreras en el Gobierno y la continua persecución por parte del régimen de las Hermandades Obreras Católicas, que están apoyadas por la Iglesia.
Las relaciones del Estado con las Hermandades, ha advertido el Cardenal, son «altamente peligrosas». Durante más de veinticinco años el Primado-Arzobispo de Toledo, de 84 años de edad, ha sido un estrecho colaborador del general Franco. Después del general Franco es el Cardenal la personalidad de más prestigio y autoridad en esta nación oficialmente católica. Por eso su advertencia es considerada altamente significativa.
Algunos observadores tradicionales creen que la Iglesia Católica en España, considerada siempre como reaccionaria, trata de consolidar su posición en un futuro régimen separándose prudente y cautelosamente del aspecto más represivo de la dictadura del general Franco.
La advertencia del Primado está contenida en una carta de 2.500 palabras y tiene fecha de 15 de noviembre, pero su contenido no ha sido hecho público y sólo tienen conocimiento de ella un número limitado de altas personalidades. La carta ha sido dirigida al Ministro de Falange Sr. Solís, jefe del Movimiento Nacional.
El Primado acusa al Sr. Solís y a sus Sindicatos de haber impedido sistemáticamente su actuación y haber perseguido las Hermandades Católicas. Eso es absolutamente verdad, ha dicho el Cardenal, a pesar de ser el propio Cardenal Presidente de Acción Católica y patrocinar las Hermandades Católicas, y a pesar de las garantías concedidas en el Concordato.
El Cardenal ha seguido acusando al régimen de emplear métodos «totalitarios» sosteniendo que «la actuación en 1960 no puede ser la misma que en 1940».
Al citar el hecho de que los jefes de las Hermandades Obreras han sido invitados recientemente a visitar las uniones de trabajadores americanos, expresó su indignación ante el «triste contraste que ofrecen las condiciones de los obreros en los Estados Unidos con las de España».
Muchachas a Australia
MADRID, 17 dic., Ibérica: -El ABC de hoy publica la siguiente información: Sesenta y cuatro jóvenes solteras han salido ayer rumbo a Australia del aeropuerto de Barajas a bordo de un tetramotor de transportes aéreos internacionales. Ésta es la cuarta expedición organizada durante este año. El número de jóvenes que integran estas expediciones es de ciento noventa y ocho.
En régimen de internado, y durante un mes, han recibido estas muchachas un cursillo de preparación: inglés, formación religiosa y humana, costura, cocina y usos y costumbres de Australia.
Llamamiento pro amnistía
PARÍS, 23 dic., Ibérica: -Le Monde de hoy publica, bajo el título «Llamamiento pro amnistía de los detenidos y exilados políticos», lo siguiente: Desde hace algunos días circula un manifiesto en el que se hace un llamamiento en favor de la amnistía para los detenidos y exilados políticos españoles y propone además la reunión en París de una Conferencia de la Europa Occidental para tratar de la citada amnistía. El documento ha sido ya firmado por gran número de personalidades francesas y extranjeras del mundo de las letras, las artes, las ciencias y la política. Entre los firmantes figuran: Vicente Auriol, Jean Cocteau, François Mauriac, André Maurois, Luis Aragón, Jean Cassou, Marc Chagall, Pierre Cot, Jean-Marie Domenach, Benoit Franchon, Pierre Gascar, Francisque Gay, Armand Lanoux, Pablo Picasso, Tanguy-Prigent, Henri Torres, Daniel Mayer y el R. P. Riquet (Francia).
Rosamond Lehmann, Sir Bertrand Russell, Elwyn Jones, Roderic Bowen, Lord Beveridge, Lord Henderson, Sir Leslie Plumer (Gran Bretaña). Siguen las firmas de otras personalidades de Grecia, Italia, Suecia, Noruega, Suiza, Bélgica y Australia.
Acuerdos entre los sindicatos libres y los sindicatos católicos
La Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (C.I.O.S.L.) y la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos (C.I.S.C.), ante la agravación continua de las condiciones de vida de los trabajadores españoles y la intensificación de la persecución antisindical por parte del gobierno franquista, se han puesto de acuerdo para emprender una acción conjunta de solidaridad y apoyo a los trabajadores de España.
Como primera medida de tal acción conjunta, la C.I.O.S.L. y la C.I.S.C. han adoptado la Declaración que reproducimos a continuación.
